Cita con Saramago, buscando con él una isla, a veces habitada

Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

José Saramago, En la isla a veces habitada

Sevilla, 27/V/2022

Ayer tuve un encuentro especial con Saramago, en un acto organizado por la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras y la Fundación Cajasol, enmarcado en unas Jornadas en torno a su figura, bajo la denominación de Saramago. Las huellas de la literatura, de sus obras, de su vida, como dejaron constancia de ello las cuatro personas que intervinieron en la mesa redonda convocada a tal efecto. Moderó la Mesa, con una introducción excelente, la escritora y directora del Centro Andaluz de las Letras, Eva Díaz, junto a Pilar del Río, viuda del escritor y presidenta de la Fundación José Saramago, Mercedes de Pablos, escritora y periodista, y Juan Pinilla, periodista, escritor y cantor, que cerró el acto con un poema que cantó y sirvió de hilo conductor en el acto, En la isla a veces habitada (1), citado por todos los componentes de la mesa en diferentes variaciones sobre el mismo poema:

En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches, mañanas y madrugadas
en que no necesitamos morir.
En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado definitivamente
y entra en nosotros una gran serenidad,
y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra
y la apretamos en las manos. Con dulzura.

Allí está toda la verdad soportable:
el contorno, la voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres,
con la paz y con la sonrisa de quien se reconoce
y viajó alrededor del mundo infatigable,
porque mordió el alma hasta sus huesos.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

Pilar del Río, presentó su nuevo libro, La intuición de la isla. Los días de José Saramago en Lanzarote, del que ya hice una referencia expresa en mi artículo del pasado miércoles, Intuición desde la tegala de Saramago, a modo de presentación del libro de Pilar del Río y que ya he empezado a leer apasionadamente. A continuación hizo su presentación Mercedes de Pablos, sobre un libro que recogerá un retrato más íntimo sobre el escritor, fruto de su conocimiento personal a lo largo de los años, y que llevará por título, Saramago, la altura del hombre, de publicación inminente. Finalmente, Juan Pinilla, con un gracejo especial de deslumbramiento por la vida y obra del premio Nobel, desde su niñez rediviva, contó cómo lo descubrió y por qué le dedica páginas especiales de la conjunción del su pensamiento y sentimiento, envueltos en palabras desde el corazón, en su libro publicación próxima, El Nobel de lo imposible.

Afortunadamente, la organización de estas jornadas ha proporcionado la retransmisión directa del encuentro citado y animo a contemplarlo y escucharlo para no contaminar nada de lo que allí ocurrió, con momentos mágicos como el cierre del encuentro con el cantor y miembro de la mesa, Juan Pinilla, que abrochó el acto con el cante de las palabras de Saramago en su precioso poema, que nos conmovió a todos y que supuso una bocanada de aire fresco y esperanza ante la situación maltrecha de este país en su deriva actual hacia mares procelosos de ocaso e indignidad democrática.

(1) Saramago, José, en Provavelmente alegría, 2014, 7ª ed., Lisboa: Fundación José Saramago.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

2.001 artículos, una odisea personal en el espacio digital

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Constantino Cavafis, Ítaca

Sevilla, 22/V/2022

Al alcanzar hoy el número de 2.001 artículos (post) publicados en este cuaderno digital desde diciembre de 2005, traigo a mi memoria de hipocampo el objetivo que ya pretendió Stanley Kubrick, en 1968, con su película, 2001: una odisea del espacio, cuando manifestaba que era “una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, en la que sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música”. Salvando lo que haya que salvar, a lo largo de esta maravillosa experiencia he escrito millones de palabras, leídas a través de casi dos millones de visitas a este blog, desde su inicio el 11 de diciembre de 2005, pretendiendo siempre ser consecuente con su subtítulo, que sigue apareciendo desde su nacimiento, es decir, alcanzar con cada publicación un objetivo como resultado pretendido, al estilo Kubrick: buscar islas desconocidas todavía por descubrir en el sentido de “penetrar directamente en el subconsciente de cada persona, lector o lectora, con su carga emotiva y filosófica” en todos y cada uno de sus contenidos, con objeto de que cada artículo o post, fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al lector a un nivel interno de conciencia como lo hace la música, tantas veces citada y reproducida en textos y contextos diferentes. Lo que puedo asegurar hoy al hacer un alto en este camino digital, es que ha sido un viaje largo, una odisea, en el sentido más clásico del término, en su primera acepción aceptada por el Diccionario de la RAE: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas, mis pre-ocupaciones (así, con guion), porque de todo hay en la viña del Señor de mis mayores, como cantaba mi paisano Antonio Machado, al que nunca he olvidado en esta bitácora o cuaderno de derrota, en lenguaje del mar.

Los que hemos optado por iniciar estos viajes a islas desconocidas, a lo largo de la vida y utilizando sólo la imaginación, sabemos que la recomendación a Ulises del viaje a Ítaca, según Constantino Cavafis, era una extraordinaria guía de viaje: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. Después de estos casi diecisiete años de vida del blog, sólo sé que no sabemos lo que nos pasa y a la vuelta de cualquier viaje de norte a sur y de este a oeste en nuestro hemisferio particular e inquietante en esta etapa tan larga, concreta, viajando en “La isla desconocida”, la carabela metafórica de José Saramago en “El cuento de la isla desconocida”, protagonizado por el protagonista del mismo a modo del Ulises que casi todos llevamos dentro, puede que nos ocurra también como al protagonista de un poema de Ángel González, Los ilusos de Ulises, que tampoco olvido: Siempre, después de un viaje, / una mirada terca se aferra a lo que busca, / y es un hueco sombrío, una luz pavorosa / tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve. // Fidelidad, afán inútil. / ¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte? / Nadie ha sido capaz / -ni aun los que han muerto- / de destejer la trama / de los días.

Hoy, al publicar el artículo 2.001, pienso que sigue existiendo el misterio de las trama de cada día, difícil de destejer. Yo he buscado entre las páginas de los poemas de Ángel González alguna solución a este dilema existencial y lo único que he encontrado en sus notas de viajero son unas referencias en su primera página de estas notas que también son inquietantes, referidas contextualmente a una visión de su estancia en Washington: Siempre es igual aquí el verano: / sofocante y violento. / Pero, / hace muy pocos años todavía / este paisaje no era así. Era / más limpio y apacible -me cuentan, / más apacible, más sereno. Cambiando lo que haya que cambiar, el misterio sigue estando en destejer la trama de cada día, de cada viaje hacia alguna parte. Algo que he procurado respetar al enfrentarme a la página en blanco en cada publicación en este blog, pretendiendo siempre ser fiel a Ítalo Calvino, para decir algo esencial. Probablemente, habría que editar urgentemente una nueva guía de viajes, la guía Cavafis, para aprender la clave de todo viaje que, en muchas ocasiones, es una mudanza al interior de nosotros mismos. Así lo aprendí hace ya muchos años en un viaje que inicié en la carabela “La isla desconocida”, como he contado anteriormente, porque Saramago la ofreció al mundo a modo de guía para navegantes inquietos, que recomiendo como cita encontrada en la guía de Cavafis, guía imprescindible para personas aventureras que necesitan encontrar islas desconocidas, siguiendo el cuaderno de bitácora del propio Saramago y escuchando la voz protagonista de una mujer admirable que aplica siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Así empezó la aventura de este blog, el 11 de diciembre de 2005, en una declaración de principios que no he olvidado jamás: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)”.

La guía Cavafis me ofrece hoy claves importantes en sus versos finales para no equivocarme al continuar este viaje apasionante del blog, preparando siempre los avíos en tierra, antes de iniciar una nueva singladura, que no debo olvidar a pesar de este logro milenario: Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Ítacas. Las de hoy, que también existen, las de siempre, abriendo una página de esta guía imaginaria de Cavafis redivivo, que no olvido: Que muchas sean las mañanas de verano / en que llegues -¡con qué placer y alegría!- / a puertos nunca vistos antes.

NOTA: la imagen de cabecera es un fotomontaje que he realizado sobre la portada de El cuento de la isla desconocida de José Saramago, en la versión en tailandés (เรื่องของเกาะที่ไม่รู้จัก), que pude tener en mis manos y hojear durante la visita a la biblioteca del premio Nobel en Tías (Lanzarote), en el mes de agosto de 2010, casi unos días después de su fallecimiento.

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Carmen Linares y María Pagés, hijas de la luz con el cante y el baile dentro

Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022

Más el trabajo humano, / con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Sevilla, 6/V/2022

En el año en el que se celebra el primer centenario del Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, organizado por Federico García Lorca y Manuel de Falla, en nombre y representación del Centro Artístico de la ciudad, dos andaluzas de reconocido prestigio artístico, la cantaora Carmen Linares y la bailaora y coreógrafa María Pagés, recibieron ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022. En el acta del jurado se dice textualmente que “La obra de Carmen Linares y María Pagés es parte de la genealogía del flamenco contemporáneo. Ambas, en sus disciplinas, han ensanchado el cante y el baile desde el respeto por la tradición, apostando por ampliar sus cauces expresivos, impulsando así el carácter universal de un extraordinario patrimonio cultural, popular y sensorial. Con voluntad de permanente exploración, su trabajo dota al flamenco de nuevas herramientas a la vez que amplifica el lenguaje de una manifestación cultural que vive un momento de esplendor y búsqueda de nuevos horizontes. Ambas creadoras despliegan en su trayectoria experiencias que reivindican el flamenco como uno de los géneros musicales más sugerentes de nuestro tiempo y un acontecimiento artístico perenne y único”. También se añade por parte de la Fundación, en la presentación de sus trayectorias artísticas, que “convertidas en dos de las figuras más importantes del flamenco de las últimas décadas, en Carmen Linares y María Pagés converge el espíritu de varias generaciones que, desde el respeto por la tradición y la hondura de las raíces del flamenco, han sabido modernizar y adaptar su esencia al mundo contemporáneo, elevándolo, aún más si cabe, a la categoría de arte universal. Con su labor, ambas han abierto caminos de repercusión no solo artística sino también social y se han convertido en ejemplo de trabajo, talento y dedicación para futuras generaciones”.

En el acto de Granada en 1922, la experiencia sentida por el público asistente al mismo, llevó a Federico García Lorca a escribir palabras muy bellas, nacidas en su alma de secreto por el placer de convertirnos en “escuchaores” de esa forma de cantar tan arraigada en el dolor del pueblo andaluz. Las palabras que siguen lo demuestran de forma fehaciente. En el concurso no podían participar profesionales del cante, solo aficionados, para promocionar esta forma de expresarse el pueblo andaluz desde su base popular. En aquella ocasión, el poeta granadino hizo la presentación oficial del Concurso, el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico de Granada, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, en el que figuraban también otros escritores y poetas contemporáneos, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío, que también se expresa en el baile elegante que nos brinda siempre María Pagés, como “veedores” privilegiados de un arte que perdura a lo largo de los siglos.

Carmen Pacheco Rodríguez, Carmen Linares en honor a su lugar de nacimiento en Jaén, cantó en 1994 a Federico García Lorca, en sus Canciones populares antiguas. Es evidente que su forma de interpretar estas canciones tiene un sello especial en la voz y en la figura, así como en su alma de secreto. Por otra parte, en un dúo mágico, ver bailar a María Pagés es ver bailar a Andalucía a través de sus manos y brazos, como alguna vez ha explicado Víctor Ullate sobre esta excelente bailaora.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante y al baile. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  de todo lo que se canta y baila con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras, veedores y veedoras,  por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, llevándolos a un baile posible para todos. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy en la voz de Carmen Linares, con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre. He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra, también expresado maravillosamente por María Pagés, es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. Tal y como lo reconoció ayer la Fundación Princesa de Asturias al otorgar a la cantaora Carmen Linares y a la bailaora y coreógrafa María Pagés, el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022.

Me retiro de nuevo a mi rincón de pensar, acompañado por Federico García Lorca, Carmen Linares y María Pagés, como escuchaor de las canciones populares andaluzas tan queridas para el poeta granadino, así como veedor de María Pagés en su baile mágico, para que personalmente, con sus significantes y significados a través de la cultura, de sus quejíos, siga muy pendiente de Andalucía, sobre todo de la exclusión de los más débiles y la pobreza infantil en nuestra tierra que, ante las elecciones próximas de junio, tiene una oportunidad de constituirse siempre en alborada de la democracia en Andalucía, no en su ocaso.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Carmen Linares y María Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes – Noticias – Área de Comunicación y Prensa – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es)

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Hoy es un día especial para ganar la luz con el dolor de los ojos

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz, 1975)

Sevilla, 1/V/2022

Dedicado de nuevo, en la celebración del Día Internacional del Trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de conseguir el pan con el sudor de la frente, para que comprendamos junto a León Felipe, de nuevo y con sus palabras llenas de exilio interior y físico, que una de sus razones laicas es que se puede ganar con el trabajo digno la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas.

Vuelvo a publicar, contextualizándolas en la realidad actual, las palabras que he dedicado en años anteriores a esta celebración, porque hoy día siguen teniendo el mismo valor, es más, no sólo hoy por ser fiesta laboral nacional, sino porque cada día que pasa en cada hoja de calendario personal o familiar, sin que tengamos que esperar a celebrar nada, sí debemos recordar con cierta amargura la situación de miles de personas y hogares españoles que siguen en el paro y con un horizonte muy complicado para encontrar trabajo y la dignidad asociada. Los «nadies» de siempre, a los que definió magistralmente Eduardo Galeano, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida…

Las palabras que siguen, en un poema desgarrador de León Felipe, El dolor, tienen hoy un sentido especial en el contexto de la Reconstrucción del Mundo después de la terrible pandemia y por la invasión de Ucrania. Obviamente, por su alcance en miles de trabajadores, en este día tan especial, La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como «recursos humanos», tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz, muy lejos de la maldición bíblica.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo lleva dentro, cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno. Ganar el pan con el sudor de nuestra frente ha sido el hilo conductor de las personas a lo largo de los años y todo por un «error humano». Así lo aprendió mi generación desde que tuvimos uso de razón. Dios lo tuvo claro desde el principio de los tiempos, porque frente a la creación de los cielos y la tierra, de los mares, que ya eran buenos por sí mismos, la del hombre vio que era muy buena, así como la de la mujer. Pero había un motivo que pesó mucho en la tradición oral de los pueblos ribereños, cerca del Tigres y del Éufrates y tenía que ver con una sospecha de ese Dios creador acerca de los problemas que podría tener el hombre si se quedaba solo cuando comenzaba a vivir. Y esa situación tan llamativa llevó a Dios a la creación de la mujer.

El problema vino después, cuando se quedaron solos los dos. Ahí comenzó la historia tan difícil del ser humano, la del dolor del mal hasta nuestros días. Al fin y al cabo, todo tiene que ver con la soledad cuando nos enfrentamos ante el bien y el mal: “por culpa de una serpiente comimos de la fruta prohibida y desde entonces hemos elaborado una macrohistoria de culpa y rescate que no nos deja vivir en paz. Y hemos grabado a fuego la responsabilidad transcultural de la mujer, del animal hembra en forma de serpiente, que echó a perder la vida tranquila en el paraíso: ¡mujer tenía que ser! El relato de la creación, en Génesis 3,1, deja bien claro el rol que iba a jugar en la historia de la humanidad la famosa serpiente porque “era el más astuto de los animales del campo que Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles el jardín?” Respondió la mujer a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.” Replicó la serpiente a la mujer: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y la mujer comió el fruto de este árbol del medio del jardín y dio también a su marido. Y lo que descubrieron es que estaban desnudos ante la vida sin entender nada. Además, habría que ganar desde entonces el pan con el trabajo, con el sudor de la frente. A partir de ese relato, el enfado de Dios se hizo presente hasta nuestros días, incluído el trabajo humano considerado como «castigo divino». Por eso he leído tantas veces a León Felipe, porque necesito creer que puedo ganar la luz de la vida a través del dolor de mis ojos, incluso por el trabajo con amor hecho, como decía Luis Cernuda. El relato bíblico es eso, sólo un relato, porque en este Día Internacional del Trabajo, mis ojos son las fuentes «del llanto» por los desempleados del mundo y, «de la luz«, por los que luchan todos los días, los imprescindibles de Bertolt Brecht, por un trabajo digno para todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de México recuerda a León Felipe como símbolo del exilio español (eluniversal.com.mx).

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Una cita especial con Federico García Lorca

Federico García Lorca, escultura de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Granada, 21/IV/2022

Llevo a Federico García Lorca en mi memoria de hipocampo, la que me entrega siempre sentimientos y emociones especiales. Hoy, me he cruzado con él y le he prometido que volvería en unas horas para estar sentado a su lado, un rato, en su banco eterno de la Avenida de la Constitución, en Granada. Así ha sido y le he susurrado al oído que quería llevarme un recuerdo en el corazón de este encuentro en el que él ha sido el gran protagonista. Le he comentado que me acuerdo de su vida y obra muchas veces a lo largo de cada año y le he contado que escribo muchas páginas sobre acontecimientos preciosos de su vida en este cuaderno digital.

Él ha mantenido silencio y me ha contado en voz baja que se acuerda de la última vez que lo visité, aquí en Granada, el 25 de enero de 2017, porque sabía que tenía una deuda con él, entre otras muchas: visitarle en la casa de verano, en Huerta de San Vicente, 6. Se acordaba de que aquél día escribí unas palabras en su jardín, después de haber visitado las estancias (sabe que me encanta esta palabra) en las que él escribió, en el periodo 1926-1936, gran parte de su obra. Hemos comentado esta tarde cómo sentí algo especiaL al ver sus pinturas, por ejemplo la que le regaló Alberti como recuerdo del inicio de su amistad y otras entrañables en representación breve pero con sentido histórico para quien las quiera recordar ahora y siempre en la memoria de todos y en la de secreto. Dice que se emocionó cuando estuve cerca de su piano y cuando le conté que todos los lunes tocan para que no se apague su sonido, el que él obtenía de sus notas. Sabe también que me bastó ese detalle para recordar una visita breve, buena, que se convirtió aquél día en dos veces buena.

Detalle de la escultura de Federico García Lorca, obra de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Cuando veía hoy en sus manos, una obra muy querida por él, El Romancero gitano, ha venido a mi mente un recuerdo especial del encuentro en 2017: su preciosa mesa de escritorio, su «fábrica de versos», porque comprendí mejor que nunca sus palabras de compañía eterna: «Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto» (1). Es verdad, porque lo he sentido muy cerca. Es lo que me ha pasado hoy cuando me he sentado junto a él, en bronce inmovilizado, en un país ya libre, en una avenida de la Constitución que él siempre hubiera abrazado. Y le he puesto mi mano sobre las suyas, despidiéndome de este encuentro como si no hubiera pasado tiempo alguno. Para mí, porque no ha muerto, como él decía y porque sigue vivo en mi persona de secreto. Le he dicho que no lo olvido, en una fría tarde de su Granada querida. Su mirada lo decía todo.

(1) Gacela de la muerte oscura, en Diván del Tamarit, 1936.

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El júbilo de la primavera, según Cernuda, vence la desesperanza y el miedo

Ramón Gaya, Retrato de Luis Cernuda, 1932

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente

Luis Cernuda, en Ocnos

Sevilla, 21/III/2022, Día Mundial de la Poesía

Cuando llega esta estación, la primavera en Sevilla, Cernuda me recuerda siempre cosas importantes con su prosa poética, porque lo único que sabemos es que no sabemos en realidad lo que nos pasa y él nos ayuda a entenderlo (1), fundamentalmente porque estamos atravesando una etapa histórica plagada de dificultades y sinsentidos. En este caso, cuando canta a la primavera recordando a su tierra natal desde la tragedia del exilio, añorando cómo la naturaleza cuida a Sevilla:

Este año no conoces el despertar de la primavera por aquellos campos, cuando bajo el cielo gris, bien temprano a la mañana, oías los silbos impacientes de los pájaros, extrañando en las ramas aún secas la hojosa espesura húmeda de rocío que ya debía cobijarles. En lugar de praderas sembradas por las corolas del azafrán, tienes el asfalto sucio de estas calles; y no es el aire marceño de tibieza prematura, sino el frío retrasado quien te asalta en tu deambular, helándote a cada esquina.

Abstraído en este imaginar, marchas con nostalgia por la avenida del parque, donde revuela espectral a ras de tierra y te precede, fugitiva ala terrosa, una hoja del otoño último. Tan reseca es y oscura, que se diría muerta años atrás; imposible su verdor y frescura idos, como la juventud de aquel viejo, inmóvil allá, traspuesta la reja, hombros encogidos, manos en los bolsillos, aguardando no sabes qué.

Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfodelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en mercado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como promesa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía.

La primavera, con su luz y fragancia de azahar en Sevilla, llama a mis sentidos y se aloja en mi corazón, regalándome un júbilo de emociones y sentimientos, a modo de flores, que me ayudan a caminar por la pandemia que nos asola y nos da miedo, desesperanza y apatía, con una misión posible que necesitamos ahora más que nunca: iluminar la mente. También, para comprender qué significa la paz en tiempos de guerra, tan lejos, tan cerca.

Hoy se celebra también el Día Mundial de la Poesía, auspiciado por la UNESCO y adoptado como tal en la 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro. Conmemora a su vez «una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz». Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, ha lanzado hoy al mundo un mensaje con motivo de esta celebración en el que manifiesta lo siguiente: La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón. Como forma de expresión íntima que permite abrirse a los demás, la poesía enriquece el diálogo que cataliza todo progreso humano y es más necesaria que nunca en tiempos turbulentos.

En este contexto local y mundial, expreso a Luis Cernuda, mi paisano, el más sincero agradecimiento a su obra, porque siempre reconozco el trabajo que hizo con amor desde su alma exiliada, tan lejos de sus primaveras en Sevilla, cuando escribía estas palabras desde la sordidez de Escocia, que le llevaban a recordar entrañablemente su niñez y juventud en esta ciudad, en la que Stefan Zweig siempre pensó que se podía ser feliz. Aprendí de él algo muy importante que pidió a sus paisanos en esta sacrosanta ciudad: el reconocimiento a su trabajo bien hecho y envuelto en bellas palabras, que siempre lo merece ahora y en cualquier estación del año: «más el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros». No lo olvido en este tiempo tan difícil y complejo, porque hoy día me duele todavía que su país y sus paisanos olvidemos algo simbólico que nos enseñó él a comprenderlo: el valor intrínseco de la poesía, de la prosa poética, porque la primavera, por ejemplo, llama a nuestros sentidos, y a través de ellos a nuestro corazón, adonde entra templando nuestra sangre e iluminando nuestra mente. ¿Existe algo más bello?

Finalizo esta reflexión especial con un ejemplo del trabajo bien hecho de Mozart al ensalzar también la primavera, en una obra dedicada a Haydn en 1785, en un cuarteto recogido en su catálogo como No. 14 K. 387 in Sol mayor, fruto de un largo y laborioso trabajo, según sus palabras, del que he elegido el tercer movimiento (Andante cantabile), De la primavera, como homenaje al compositor salzburgués, interpretados por un cuarteto nacido en aquella ciudad, Hagen Quartet, que lo expresa de forma especial. Una delicia, en un día en el que la entrada de la nueva estación se celebra con una espera y esperanza sentidas. Para seguir viviendo y construyendo un mundo diferente, más amable, más cercano, más humano.

(1) Cernuda, Luis, La Primavera, en Ocnos (Poesía completa, vol. I), 1993. Madrid: Siruela.

NOTA: El 27 de diciembre de 2018, el Estado adquirió por 10.000 euros, en el remate final de una subasta de Durán, el Retrato de Luis Cernuda, 1932 (O/L, 65 x 55 cm.), pintado por Ramón Gaya: “Se ofrecía, también de su mano, un dibujito previo, a tinta, muy sencillo, pero como una especie de primera idea o boceto del óleo (23 x 18,5 cm.), fechado también en 1932. Ambos habían estado presentes en la muestra Entre la realidad y el deseo. Luis Cernuda 1902-1963, en la Residencia de Estudiantes en Madrid y en el Convento de Santa Inés en Sevilla, en 2002, y aparecían también, con otras piezas que se subastaban, en el libro A una verdad. Luis Cernuda (Sevilla-Madrid, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1988), edición coordinada por Andrés Trapiello y Juan Manuel Bonet. Ambos fueron vendidos por los precios iniciales, 10.000 euros el óleo y 3.000 la tinta, y en ese precio fueron adjudicados al Estado cuando ejerció su derecho”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.