En tiempos de turbación ideológica progresista, debemos ser inaccesibles al desaliento

Hannah Arendt

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 29/VI/2025 – 13:34 h (CET+2)

Estamos rodeados de desánimo, desafección política y desaliento. No basta ya el recuerdo de la solución cinematográfica a nuestros males: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, aunque, siguiendo el famoso canon, lo que representan ciertas películas no es ya pura coincidencia con lo que está pasando y estamos viendo y sufriendo a diario. Recuerdo ahora que en 2023 ya escribí sobre esta realidad existencial, que hoy rescato al ser testigo directo de cómo se desarrollan los acontecimientos políticos de alcance mundial a la sombra del traje nuevo del emperador Trump. Vean por qué.

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, por ejemplo, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequiblesentonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimodesfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, los polémicos escándalos de corrupción en la política de nuestro país, por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde el despacho oval de la Casa Blanca o desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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Porvenir, porque no vienes nunca

Ángel González (1925-2008)

Sevilla, 10/VI/2025 – 08:30 h (CET+2)

En el año en el que se cumple el centenario del nacimiento del poeta Ángel González, deseo estar cerca de él de nuevo. Lo hice ya el pasado enero, porque ya estaba pre-ocupado (con guion) del porvenir, el futuro y el día después personal y el de nuestro país.

La razón principal para buscar refugio de nuevo en su poesía, en este mundo de turbación y mudanzas, es la espera impaciente de un porvenir justo y benéfico, visto lo visto, para personas de alma inquieta, como es mi caso.

En este contexto, entro hoy en mi biblioteca, mi clínica del alma (tal y como aprendí a llamarla así gracias al historiador siciliano Diodoro de Sículo, en el siglo I a.C.) y leo su precioso poema Porvenir, que me conmueve en este aquí y ahora (hic et nunc), como si fuera la primera vez que llegara a él:

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
… Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre
.

Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó la primera versión del carpe diem infantil, lejos del porvenir imaginario, casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, apreciando que mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo y para que no olvidara nunca que a veces es envidioso, como lo susurraba Horacio a Leucónoe, una mujer con mente blanca, limpia, que podía adaptar al breve espacio de la vida, o de cada momento particular, una esperanza larga. Ahí estaba el secreto, porque cada día lleva siempre el tiempo dentro, su carpe diem, su necesaria captura, porque no vuelve, mucho menos hoy día ante el incierto mañana, ante el incierto porvenir. Por cierto, es lo que dijo y nos legó el poeta Quinto Horacio Flaco, hace tan solo veintidós siglos: Vive el día de hoy [Carpe diem]. /Captúralo. / No te fíes del incierto mañana. Para que no se olvide, ni siquiera un momento.

Mañana, será miércoles de nuevo, como pensaba Ángel González, uno más, pero desconociendo lo que está por venir en cada segundo de mi vida, porque esa es la quintaesencia del porvenir, que no viene nunca. A pesar de todo, me consuela pensar junto a él, que mi corazón mañana volverá a latir casi cien veces por minuto, un lujo para mi porvenir inmediato y del que sé que depende casi exclusivamente, en mi matusalénica edad, mi espera y esperanza día a día.

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“Futuro imperfecto” no es sólo un programa más de Andreu Buenafuente

Charles Chaplin, en El gran dictador (1940)

El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era. El futuro es preparar al hombre para lo que no ha sido nunca.

Paul Valéry

Sevilla, 16/V/2025 – 14:02 h (CET+2)

La semana pasada se estrenó en la 1 de RTVE un programa dirigido y protagonizado por Andreu Buenafuente bajo un título, Futuro imperfecto, a quien le deseo lo mejor en su trayectoria profesional, que me ha recordado el título homónimo de una serie de diez artículos que publiqué en 2021 cuando iniciábamos la famosa “desescalada” del coronavirus y dábamos los primeros pasos para iniciar el mejor camino en la Reconstrucción colectiva del país.  Han pasado casi cuatro años y puede ser un buen momento para analizar su contenido e intentar juzgar si el futuro que se avecinaba en las postrimerías de la pandemia ha sido al final imperfecto o no. La imagen de Chaplin en El gran dictador (¿les suena?), simboliza muy bien el estado del arte político y democrático actual, su presente imperfecto, más que su futuro predictivo implícito, donde cualquier parecido con la realidad actual ya no es pura coincidencia. Juzguen ustedes.

La sinopsis oficial del programa de Buenafuente nos puede situar en el hilo conductor del proyecto televisivo: «Buenafuente, con su reconocida marca de sarcasmo y agudeza, reflexiona sobre las preocupaciones sociales, políticas y culturales que atraviesan nuestra vida cotidiana, acompañado de invitados y colaboradores que aportan miradas diversas y provocadoras. El programa alterna monólogos, entrevistas y piezas audiovisuales, creando un formato dinámico y participativo que hace reír al espectador sin renunciar a la crítica ni a la reflexión. Con un tono cercano y sin ofrecer respuestas fáciles, ‘Futuro Imperfecto’ invita a cuestionar el rumbo del mundo contemporáneo y ofrece una nueva propuesta televisiva donde el humor se convierte en herramienta para el pensamiento crítico». En este contexto, creo que la lectura renovada de mi serie, con nuevos ojos y nueva mente en este tiempo que ha transcurrido, puede ser un buen ejercicio de crítica sobre algo que intuí en su planteamiento: el futuro nunca volverá a ser lo que era, sin que necesariamente tengamos que juzgarlo como peor de lo anteriormente conocido.

Pasen hojas o pantallas y vean o lean. No voy a competir con los sabios monólogos y mensajes sarcásticos de Buenafuente, pero de lo que estoy convencido es que parte de los “derechos de autor” de la imperfección humana en el devenir de cada día, a lo que llamamos futuro, me “corresponde” desde una perspectiva ética, nada más, porque aprendí en su día de Antonio Machado que no hay que confundir nunca el valor y el precio, bien sean de objetos o productos humanos. Eso sólo lo hacen los necios.

En este contexto, vuelvo a señalar las referencias de los diez artículos escritos bajo el epígrafe citado: Futuro imperfecto. Lo que significan hoy, en el presente actual, corresponde discernirlo a las personas que los lean y analicen su contenido. Nada más.

Futuro imperfecto / 1. ¿Será el amor el mejor camino?

Futuro imperfecto / 2. Todo dependerá de las Kas con que se contemple la vida

Futuro imperfecto / 3. Vendrán tiempos mejores

Futuro imperfecto / 4. Iremos juntos, con el futuro detrás y el presente delante

Futuro imperfecto / 5. Superaremos el miedo

Futuro imperfecto / 6. Lo moderno será clásico

Futuro imperfecto / 7. Todo será un paréntesis

Futuro imperfecto / 8. Todavía nos quedarán los puentes de Madison

Futuro imperfecto / 9. ¿Qué será, será…?

Futuro imperfecto / y 10. ¡Venceremos!

Vuelvo a publicar el tercer artículo de la serie, porque creo sinceramente que no ha perdido actualidad en nuestro futuro imperfecto actual. Juzguen ustedes.

oooooOOOooooo

Futuro imperfecto / 3. Vendrán tiempos mejores

Sevilla, 3/VII/2021

Todo futuro imperfecto que se precie expresa siempre un deseo. Hoy elijo uno en estos tiempos modernos de coronavirus, vendrán tiempos mejores, porque necesitamos poner letras de oro a aquellas situaciones que deseamos que ocurran más pronto que tarde. Los pesimistas, que se precian de ser optimistas bien informados, suelen ver el horizonte negro casi siempre, aunque el haiku 123 de Benedetti, Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado, escrito en 1999 (1),  tiene una carga de profundidad ética que siempre recuerdo amablemente. Esto nos lleva indefectiblemente a recordar una pintada en un muro de la ciudad de Bogotá, ¡Dejemos el pesimismo para tiempos mejores!, que escribió alguien, quién sabe quién, tal y como lo cuenta Eduardo Galeano en su obra Patas arriba. La escuela del mundo al revés, a la que acudo con frecuencia en este ir del timbo al tambo de la vida.

Vamos despejando incógnitas en esta serie, dos en concreto, el amor es el mejor camino para vivir en el futuro y todo va a depender del color con el que miremos ese futuro simple o imperfecto, porque así lo podemos llamar con profundo respeto a la gramática española, aunque la verdad radica en que tomamos conciencia, cada día que pasa, de que el futuro, por simple o imperfecto que sea, ya no es lo que era, sin que esta reflexión sea negativa en principio, porque sabemos que hay una toma de conciencia popular de que vendrán, efectivamente, tiempos mejores, porque el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Así lo comprobamos en el contador mundial de población, que nos facilita la información en tiempo real sobre cada persona que nace o muere en cualquier parte del mundo, siendo conscientes de que a esta hora, constituimos una población mundial de casi siete mil novecientos millones de personas, tantas como deseos tenemos o tendrán, atendiendo a la edad, los que formamos parte del presente y futuro de este loco mundo al derecho y al revés.

En este contexto de recordado una experiencia que conocí en 2013, sobre un constructor de globos terráqueos, Peter Bellerby, que me sugirió en su momento reflexionar sobre un oficio de trasfondo ético muy actual: ¿quién no ha pensado en momentos de intimidad bajarse del mundo presente, en clave marxiana, para crear y construir uno nuevo, un nuevo futuro en definitiva, un tiempo mejor, más acorde con el respeto a los derechos humanos esenciales y con las expectativas para ser y estar en el mundo de la forma más digna, solidaria y humana posible? También, para dibujarlo y pintarlo de forma diferente, como Bellerby y diseñarlo de forma más acorde con la realidad soñada de cada uno, porque pertenezco al Club de los que pensamos que otro mundo es posible, trabajando día a día para pintar otra realidad y otro futuro más amable con todo y todos, en el micromundo donde vivimos, estamos y somos.

Recuerdo siempre aquella imagen de Chaplin, en El gran dictador, con un mundo en sus manos. También, sus palabras finales dirigidas a Hannah en el personaje del entrañable barbero judío/Hynkel: “Hannah, ¿puedes oírme? Donde quiera que estés, mira a lo alto, Hannah! ¡Las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de la tinieblas hacia la luz, caminamos hacia un mundo nuevo, un mundo de bondad, en el que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición, de la brutalidad! ¡Mira a lo alto, Hannah, al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar, está volando hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro, que te pertenece a ti, a mí, a todos! ¡Mira a lo alto, Hannah, mira a lo alto!”.

En 2018, con motivo de la celebración de la exposición ARCO en Madrid, se divulgó el lema de la misma, “El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”, como declaración programática de lo que tenemos que hacer a diario sobre el futuro imperfecto de todos y cada uno, no inocente, porque es verdad, el futuro, que ya es parte del presente inmediato, depende de lo que queramos hacer en los tres mundos en los que tenemos que hacer deberes todos los días: el mundo de alrededor o ecosistema en el que vivimos, el mundo con los demás y el mundo personal e intransferible con en el que caminamos a diario haciendo camino al andar. Pero, ¿qué es lo que hay que hacer en cada uno de esos mundos de cara al futuro?, o de forma más abreviada (para no andarnos con rodeos): ¿qué hacer? (de trasfondo cultural leninista). Es verdad que cuando solemos acometer respuestas tomamos conciencia de que nos cambian constantemente las preguntas, pero la diferencia planteada por la pregunta citada de la exposición estriba en que cuando esperamos sólo lo que va a pasar, estamos quietos, paralizados en cualquier tipo de respuesta a los interrogantes de la vida, mientras que si pasamos al terreno de la acción escribimos páginas extraordinarias en el libro vital de cada uno. Si lo compartimos así, mejor, porque comprenderemos mejor que nunca que el amor y el sufrimiento es la única fuerza que no se equivoca al construir el futuro propio y el de los demás que lo buscan apasionadamente, porque aúna voluntades, como cantaba Quilapayún en su preciosa “Cantata de Santa María de Iquique”, tantas veces citada en este cuaderno digital y que no olvido. Sin tener que esperar a que el futuro imperfecto nos lo diseñen otros.

Cuando dicen esos otros que estamos saliendo de cualquier crisis, ahora de la pandemia, uno de los eufemismos más duros que hemos conocido en su efecto halo negativo, nos encontramos con la frialdad o bienestar de nuestro suelo firme, el ético, sobre el que se asientan todas nuestras verdades, nuestras respuestas a la vida personal e intransferible, al que le cambian el guion continuamente, porque cambian constantemente las preguntas de la vida: quiénes somos, por qué estamos, por qué vivimos a veces desesperadamente, por otras muy duras: qué somos, qué tenemos, por qué perdemos el norte del futuro que nos corresponde vivir y por qué morimos en vida cuando sufrimos cualquier revés no esperado.

Seguimos buscando las mejores respuestas para preparar a diario el futuro con lo que hacemos todos los días. Las que nos proporciona la inteligencia personal e intransferible, aquella que nos reconduce permanentemente a la búsqueda de la felicidad, porque intentamos solucionar los problemas que nos invaden. Aquella que supone aceptar que la infelicidad también existe, aunque traduce algo muy claro en la dialéctica derivada del uso de la razón y del corazón, porque debería figurar en el catálogo humano de las mejores respuestas al genérico qué hacer: la respuestabilidad (perdón por el neologismo) en estado puro, entendida como la capacidad para responder a las preguntas de la vida, presentes y futuras, con inteligencia y libertad, sabiendo que el mal y los hijos e hijas de las tinieblas también existen. Aunque nos las cambien constantemente.

Es curioso, pero es verdad: el futuro sigue siendo muchas veces lo que era porque no nos empeñamos en comprender que todo depende de lo que queramos hacer y en pensar que debemos salir del encierro cultural en una frase popular que nos deja inmóviles: cualquier tiempo pasado fue mejor. No es eso, no es eso. Está demostrado que el mundo sólo tiene interés cuando va hacia adelante, compartiendo entre todos tiempos mejores y posibles. Futuro imperfecto y simple, como deseos legítimos y necesarios en estado puro. Ante las sofisticadas dictaduras que todavía existen y se propagan en la política, en la mala y aviesa educación, en determinados trabajos, en las guerras, en el mercado y sus mercancías, en el poderoso caballero de negro «don dinero», Chaplin nos ofreció la mejor visión del futuro imperfecto: «¡al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar, está volando hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro, que te pertenece a ti, a mí, a todos!

(1) Benedetti, Mario (2001). Haiku 123 en Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

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¡Paz y Libertad!

León Felipe nos recuerda hoy que hay que ganar, junto al pan, la luz con el dolor de los ojos

Xulio Formoso: León Felipe

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

León Felipe, en El dolor (Ganarás la luz1975)

Sevilla, 1/V/2025 – 08:45 h (CET+2)

En el día internacional dedicado al trabajo, me acerco de nuevo al gran poeta español León Felipe, para encontrar un sentido a una celebración que este año, de acuerdo con las grandes organizaciones sindicales del país, se dedica a la lucha para alcanzar grandes objetivos laborales: «Proteger lo conquistado, ganar futuro». UGT y CCOO convocan a la ciudadanía para que les acompañen y acudan a manifestaciones con el objetivo de poner en valor lo conquistado para fortalecer las propuestas de presente y futuro, entre las que se fijan la reducción semanal de la jornada y la reforma del despido.

Justifican estas movilizaciones porque “frente a la precariedad, la desigualdad, el autoritarismo y la guerra, el sindicalismo de clase plantea propuestas, compromiso y movilización”, propuestas a las que siempre agrego personalmente, como en años anteriores, una especial: ganar más luz por el dolor que a veces contemplan nuestros ojos por lo que está pasando en el ocaso de la democracia. Además, el secretario general de CCOO también se ha referido en esta convocatoria “al contexto geopolítico y económico internacional para advertir sobre el impacto del regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos y le ha acusado de promover un “neocolonialismo 4.0” que pretende debilitar a la Unión Europea”.

Si traigo hoy a colación, de nuevo, al poeta León Felipe, en un día tan especial, es porque recuerdo con profundo respeto la lectura de un poema suyo, El dolor, que simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, rechazando el denostado reconocimiento como meros “recursos humanos”, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos “seres humanos”, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida… Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz también.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Muchas personas de este país, crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, aquello de “conseguir el pan con el sudor de la frente”, lo que nos permite comprender mejor a León Felipe, con sus palabras llenas de exilio interior y físico, porque una de sus razones laicas es que se puede ganar, con el trabajo digno, la luz para iluminar el día a día de nuestras vidas.


LA INTERNACIONAL, coro de Quilapayún con la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Sergio Ortega

También he recordado hoy un himno especial para celebrar este día, La Internacional, en una versión de Quilapayún que forma parte de la banda sonora de mi vida. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de este grupo chileno que me marcó para siempre y a los que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad.

Todo lo expuesto tiene hoy un sentido especial, en el Primero de Mayo y su más allá, sin quitar un ápice de importancia a la luz que este tiempo tan complejo también lleva dentro. Sobre todo , cuando el trabajo de cada día, de cada uno, de todos, es digno.

NOTA: la imagen la he recuperado de https://periodistas-es.com/leon-felipe-medio-siglo-muerte-recuerdo-zamora-9657

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¡Paz y Libertad!

Nuestros antepasados nos enseñaron ante la falta de luz, que sólo necesitaban una luciérnaga en la mano

Jud McCranie, Luciérnagas en Georgia (Estados Unidos), exposición de 8 segundos, 2017

Cien nombres tiene la luciérnaga, / pero ella ya no existe. / Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen, / la fábrica de no ser, / no es noticia. / Cien nombres tiene la luciérnaga, / cien sepulcros en la cripta / de un diccionario.

Manuel Rivas, O vagalume (La luciérnaga), en Lo que queda fuera

Sevilla, 30/IV/2025 – 14:22 h (CET+2)

El apagón eléctrico masivo que hemos sufrido en nuestro país el pasado lunes, es una fuente de reflexiones de amplio espectro para contrarrestarlo, cada uno con la responsabilidad propia o asociada que tenga. En la octava papal en la que estamos instalados podríamos decir con la finezza vaticana que les caracteriza, que los padres de la energía eléctrica en nuestro país sabrán responder. Deben hacerlo por imperativo propio de la democracia y el derecho a la información veraz y objetiva.

En este contexto he recordado a uno de mis maestros literarios, Manuel Rivas, en una conferencia que ya he recogido en este cuaderno digital, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra) (1), que figura también en su libro Lo que queda fuera, que recomiendo para una lectura atenta de su fondo y forma: “Mi último libro, un poemario, se titula O que fica fóra (‘Lo que queda fuera’). De alguna forma, es una respuesta al síndrome más extendido de nuestro tiempo, dominado por el Tecnopoder y la superstición del «solucionismo tecnológico». Ese síndrome es conocido por las siglas FOMO, es decir, Fear of Missing Out. El miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última. En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”.

Salvando lo que haya que salvar, hay una referencia expresa en la citada conferencia al valor natural e histórico de las luciérnagas, que me ha iluminado (nunca mejor dicho) una respuesta inteligente a lo sucedido el pasado lunes: “Pier Paolo Pasolini publicó en primera página del Corriere della Sera, el 1 de febrero de 1975, un artículo titulado «Il vuoto del potere» (‘El vacío del poder’), más conocido en el tiempo como «La scomparsa delle lucciole» (‘La desaparición de las luciérnagas’) en el que decía: «En los primeros años sesenta, a causa de la contaminación del aire y sobre todo en el campo, a causa de la contaminación del agua (los ríos azules y los arroyos transparentes), comenzaron a desaparecer las luciérnagas. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Tras unos pocos años ya no había luciérnagas. Son ahora un recuerdo, bastante desgarrador, del pasado». Hoy nos resulta excepcional. Es difícil imaginar que un diario importante de nuestro tiempo publicase un artículo así en lugar central en primera página. Pero lo que más nos conmueve es el carácter premonitorio. Lo podemos leer como un obituario. De las luciérnagas y de Pasolini. Un obituario en el que decía: «Yo, por más multinacional que sea, daría toda la Montedison por una luciérnaga». Parece una hipérbole, una boutade. Pero sabemos que en boca de Pasolini tiene el acento de la verdad. Una boca que no cotiza en el mercado. Sabemos que lo haría, que cambiaría un emporio por una luciérnaga. Per una lucciola. Con una luciérnaga en la palma de la mano, aseguró Juan Rulfo, los indígenas zapotecas de Oaxaca tenían luz suficiente para atravesar la noche. La luciérnaga Pasolini, el gran cineasta que iluminó tantas noches de la humanidad, se consideraba a sí mismo sobre todo un escritor. En vísperas de ser brutalmente asesinado, martirizado, en un descampado de Ostia, cercano a Roma, el 31 de octubre de 1975, había declarado en una entrevista: «En mi pasaporte figura simplemente escritor».

La referencia a Juan Rulfo es preciosa y todo un símbolo de lo que estamos haciendo con la naturaleza. Nuestros antepasados no necesitaban red eléctrica alguna, ni distribuidoras, comercializadoras, ciclos combinados centrales nucleares, todo lo solucionaban con la ayuda de la madre naturaleza. El apagón generalizado, el cero absoluto energético, nos llevó a sentir miedo el pasado lunes, a sentir el abandono del llamado primer mundo. Por esta razón he recordado por qué escribió Manuel Rivas, como símbolo de la luz de la vida, sobre las luciérnagas: «En la antigua heráldica, en los escudos de la nobleza, era frecuente la presencia de animales con un valor simbólico: el lobo, el oso, la serpiente, el salmón, el ciervo. Los seres menudos, como la luciérnaga, la mariquita de siete puntos, la mariposa, la libélula, la abeja, la hormiga, la ranita de San Antón, el grillo, no tenían esa presencia. Pero ocurre algo extraordinario con esos y otros seres menudos. Su alto valor simbólico en la cultura popular. Anidan y crían en la Boca de la Literatura, sea oral o escrita, como tradición o vanguardia. La luciérnaga (lampyris nocticula), Este minúsculo coleóptero luminoso es el ser más nombrado de Galicia. El escritor y filólogo Xesús Alonso Montero recogió cien nombres en gallego para la luciérnaga. El más extendido es el de vagalume”.

Precisamente él explica la importancia de la desaparición paulatina de las luciérnagas: «Estos seres menudos son queridos por las palabras, los cantares, los versos. Podríamos decir que están imantados para el lenguaje. Son como amuletos en la voluntad de estilo del habla popular. Y adquieren un sentido de trascendencia, de la custodia de un más allá en la realidad. «La realidad siempre está más allá», escribe John Berger, «y eso es cierto tanto para los materialistas como para los idealistas». ¿Qué nos dicen hoy las luciérnagas, qué está ocurriendo en la frontera donde tiembla la realidad? Manuel Rivas, en el libro citado anteriormente, dedica un poema a este animal diminuto, O vagalume :

Cien nombres tiene la luciérnaga,
pero ella ya no existe.
Solo queda el rumor de luz en el país invisible. Ese crimen,
la fábrica de no ser,
no es noticia.
Cien nombres tiene la luciérnaga,
cien sepulcros en la cripta
de un diccionario

Agrega a continuación: «Hay una gran equivalencia entre la vida de los seres menudos y las palabras cuando van por libre. Son salvajes, sensoriales, excéntricas. Su hábitat es la orilla. En primera línea de riesgo. Como en la Comala de Juan Rulfo: «Allí donde se ventila la vida como si fuera un murmullo». Los pequeños seres y las palabras tienen algo muy importante en común. Avisan. son los primeros en detectar el «mal de aire». Esta, la de «mal de aire», es una expresión propia de la medicina popular para definir una dolencia, un malestar, una amenaza, que es a la vez ambiental y subjetiva, física y psíquica, exterior e interior. El «mal de aire» contemporáneo abarca el planeta. Con diferente intensidad, podemos decir que la tierra entera está en primera línea de riesgo. Los pequeños seres, como las luciérnagas, son los primeros en detectar y avisar cuando un «mal de aire» va tomando posesión. En la era Mayday, la de la emergencia ecológica, esos seres, insectos, anfibios, aves, constituyen la vanguardia de la red sensorial, transmiten información esencial en el manuscrito de la tierra».

Ese «mal de aire» sentido el pasado lunes a través del apagón, lo sufren también las palabras cercanas a nuestra alma viviendo esa situación, «sufren la contaminación, la corrosión, la depredación, la intoxicación, el olvido, la indiferencia y el odio que provocan los «herbicidas» del alma. La manipulación e incluso el terror semántico. Custodiar el sentido de las palabras es una prioritaria tarea ecológica sentipensante. Una manera de proteger lo que nombramos, de salvar la realidad». Custodiar lo que estaba ocurriendo el día del apagón total, obligaba a custodiar sobre todo las palabras informantes sobre lo que estaba pasando fuera. A pesar de todo y para intentar comprender lo que significa quedarnos fuera de ese mundo de engaño que nos rodea a diario con bulos y noticias falsas, me quedo con la reflexión de Manuel Rivas, cuando al hablar del FOMO, del “miedo a quedarse fuera. Fuera de la Gran Cháchara. Fuera de juego. No estar a la última”, nos ofrece una solución responsable: “En el fondo, pienso que ese síndrome puede ser la versión de un antiguo miedo. El miedo al abandono. Podríamos darle la vuelta y pensar que, justamente, lo más importante es «lo que queda fuera». Lo que no es efímero”. En esa tarea estoy, a veces confundido, porque creo que para abordarla me he equivocado de siglo, a pesar de que cada día que pasa frecuento el futuro, convencido de que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, la sensación que sentí el lunes pasado cuando se hizo la luz bíblica no sólo en el momento mágico de la creación del mundo, fiat lux, sino a las siete de la tarde, en Sevilla, la hora malva que tanto apreciaba Gabriel García Márquez. La que la naturaleza, tan sabia ella, ofrecía a los indígenas zapotecas de Oaxaca, porque ellos tenían luz suficiente para pasar la noche.

Me quedo, finalmente, con las últimas palabras de Manuel Rivas en la conferencia citada, ante los múltiples porqués de lo sucedido el pasado lunes:

Un puñado de porqués. Un puñado de palabras. Una luciérnaga en la palma de la mano.
Es todo lo que tenemos para empezar.
Y no es poca cosa.

(1) Rivas, Manuel, Por una luciérnaga (La ecología de las palabras en el manuscrito de la tierra). Conferencia Spinoza, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, REPÚBLICA DEL CONGO Y RUANDA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Día mundial del libro: leer y comprender es vivir

[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)

Sevilla, 23/IV/2025 – 08:35 h (CET+2)

Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor 2025, para el que, institucionalmente, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, ha publicado el cartel conmemorativo, realizado por el ilustrador Pep Montserrat, que fue Premio Nacional de Ilustración 2024 por su “gran capacidad de construir significados que van más allá del simple despliegue visual con una voz propia y reconocible”.

Como viene siendo habitual, según el Ministerio, “este cartel ilustra una frase del último galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’, que otorga el Ministerio de Cultura. En 2024 fue Álvaro Pombo, de quien se ha elegido, para inspirar el diseño, el siguiente texto: “Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir”.

Pep Montserrat ha manifestado en este sentido “que llegó a la idea “del libro como puerta, un espacio mayor, más libre, más amplio y rico”. Además, el autor ha añadido que para eso “fue muy útil romper con la idea de un ser humano leyendo y poder introducir otros elementos que pudieran jugar con esa idea de puerta”.

En este contexto cultural, el Ministerio de Cultura ha preparado una agenda conmemorativa de actividades que se extenderán a lo largo de la denominada ‘Semana cervantina’, que dio comienzo el pasado 21 de abril, contemplándose como acto principal la entrega hoy del Premio Literatura en Lengua Castellana ‘Miguel de Cervantes’ a Álvaro Pombo.

Una vez más, acudo a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer a Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura (1), que ya he comentado en este cuaderno digital y que tanto aprecio como regalo a las personas que admiro, haciendo un canto precioso a la lectura: “Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva. Los libros nos recuerdan, serenos y siempre dispuestos a desplegarse ante nuestros ojos, que la salud de las palabras enraíza en las editoriales, en las librerías, en los círculos de lecturas compartidas, en las bibliotecas, en las escuelas. Es allí donde imaginamos el futuro que nos une”.

Para mí los libros tienen algo especial, porque estremecen el alma. Me lo recuerda también Irene Vallejo en el libro citado, concretamente en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído en la inauguración de su biblioteca pública en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

Creo que en este día tan especial debemos conocer y valorar en su justa medida no sólo la flor de un día del sector del libro en nuestro país, sino los principales resultados en hábitos de lectura y compra de libros en España, en 2024, elaborados a través de una encuesta realizada por CONECTA para la Federación de Gremios de Editores de España y con el patrocinio del Ministerio de Cultura y CEDRO, reflejados en un Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024.

Álvaro Pombo tiene toda la razón y hoy, sus palabras, son un mensaje en nuestro buzón del tiempo de todos y cada uno: Leer es comprender. El acto de leer es entendimiento. Leer y comprender es vivir. Todos los días demostramos o no el valor de los libros en nuestro país y es lo que debemos recordar hoy de forma especial.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, Madrid: Siruela, 2020.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Francisco, solo Francisco

Sevilla, 21/IV/2025 / 11:42 h (CET+2)

Acaba de saltar al mundo la noticia del fallecimiento del papa Francisco, bautizado como Jorge Mario Bergoglio, que eligió para su pontificado un lema explicado por el Vaticano: “El lema del Santo Padre Francisco [miserando atque eligendo] procede de las Homilías de san Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)”.

Creo que ha sido un pontífice que ha luchado contra viento y marea por dignificar el rol de la Iglesia en el mundo actual, empezando por su propia Casa, el Vaticano, pero la Curia no se lo ha puesto fácil. Me consta que ha intentado sortear los bloqueos desde dentro en la eufemística Santa Sede, pero nunca mejor dicho con tono quijotesco, ¡con la propia Iglesia has topado, amigo Francisco!

Estos momentos son propicios para los panegíricos que tanto gustan a la Iglesia Católica, Apostólica y…Romana, por supuesto. Creo que su marcha al Cielo en el que creyó siempre, es la que suplicó su antecesor Pedro en vida para recobrar su esencia pontificia, según lo expresó maravillosamente Rafael Alberti, un comunista redomado, en su poema Basílica de san pedro:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Francisco, pescador de creencias, creía en la resurrección diaria y en la final, y eso, como le ocurría a Teresa de Jesús, le bastaba entre tanta miseria eclesial y mundana. Lo suyo, como le ocurrió a Pedro, ha sido una tarea de persona imprescindible en un mundo descreído, falto de valores, que ha cambiado su grey de fieles por turistas en sus iglesias, ¡ay, del turismo eclesial!, bastante vacías, aunque hoy podrá hacer una confidencia a su Dios sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, tal y como Alberti lo escribió también en Roma, peligro para caminantes: “Confiésalo, Señor, solo tus fieles / hoy son esos anónimos tropeles / que en todo ven una lección de arte. / Miran acá, miran allá, asombrados, / ángeles, puertas, cúpulas, dorados… / y no te encuentran por ninguna parte”.

Lo que ignoro es la respuesta de su Dios a estas confidencias tan profundas. Su testimonio de vida papal ha marcado pautas para el resurgimiento de una nueva iglesia donde deben ocupar un papel estelar los nadies, los ningunos, los ninguneados, los dueños de nada (Eduardo Galeano, dixit), no el cuerpo cardenalicio como guardianes excelsos de la fe, corpus donde ha encontrado tantos enemigos en la sombra o al descubierto, que de todo hay en la viña del Señor.

Gracias Francisco, gracias, porque entre luces y sombras, me quedo con tu voz próxima a los más débiles del mundo, millones de personas que han necesitado tu acogida y amparo, con especial atención al fenómeno de la migración. Me consta que lo has manifestado de mil maneras, con todos los medios vaticanos posibles y esas acciones te hacen merecedor del reconocimiento mundial de líder necesario e imprescindible.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/diciembre-transparencia-y-cambio-de-epoca-en-la-era-francisco/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA Y ORIENTE MEDIO, REPÚBLICA DEL CONGO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Andalucía canta al “Cristo resucitao”, porque para Él “tos somos iguales”

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos, / ni blancos ni negros, / ni payos ni gitanos. / Que para Él, tos somos iguales. / Que para Él, tos somos hermanos. // ¡Cristo ha resucitao! / ¡Cristo ha resucitao! /
¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!

Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, Anunciación de la Pascua, en Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982).

Sevilla, 20/IV/2025 – 08:00 h (CET+2)

Finalizo hoy esta breve serie sobre la interpretación laica de la Semana Santa, en un Domingo de Resurrección según el calendario gregoriano. Convencido, como estoy, de que en la «superficie espiritual» de Andalucía somos “escuchaores” de su dolor y de su alegría, vuelvo a dar hoy un sentido muy especial a esta palabra, escuchaor, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1). Por este motivo, he recurrido a la banda sonora de mi vida para rescatar una joya bastante desconocida en nuestra tierra, Ven y Sígueme. Un gitano llamado Mateo (1982), una obra discográfica llevada a cabo por Manolo Sanlúcar, Rocío Jurado y El Lebrijano, escogiendo hoy una canción de esta magna obra, Anunciación de la Pascua.

Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo también un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos (Manuel Gerena, dixit)

Personalmente, sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro, escuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario, incluso cuando canta la “Anunciación de la Pascua”. Como lo soñó Luis Cernuda en un día ya lejano, esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó nuestro paisano, sevillano y andaluz, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía, su auténtica resurrección laica: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, que escucho siempre con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro, que cantaba Ricardo Cantalapiedra en mis años jóvenes, porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, sino que la modifica para siempre.

He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas hace tan solo cien años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922: A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Escuchen atentamente esta canción. La Anunciación de la Pascua, es un mensaje laico, alentador, en un Domingo de Resurrección de estos tiempos tan modernos, difíciles y rodeados de un mundo al revés, que busca la dignidad humana continuamente. No hacen falta más palabras, porque para Él, tos somos iguales, tos somos hermanos.

No temáis, ¡no!,
porque el que habéis 
matao
no está muerto, ¡no!,
que ha 
resucitao.

Y para Él, y para Él no hay judíos ni ciegos,
ni blancos ni negros,
ni payos ni gitanos.
Que para Él, tos somos iguales.
Que para Él, tos somos hermanos.

¡Cristo ha resucitao!
¡Cristo ha resucitao!
¡Victoria, victoria, victoria de la raza humana!

No miréis tristes al cielo —gitanos, gitanos—,
gitanos sin alegría,
lo que hoy parece duelo —gitanos, gitanos—
ya es 
vía y cercanía.

Venid, gitanos, venid,
gitanos venid, gitanos… venid,
que Cristo aquí nos aguarda.

Todos nosotros veremos
el gran día de la Pascua,
—¡ay, Jesús, ay, Jesús!—
el gran día de la Pascua.

Cantareis con alegría —gitanos, gitanos—,
decía todo el que crea,
que Cristo ha 
resucitao —gitanos, gitanos—,
comienza nuestra tarea.

Todos nosotros creemos
que en Él la muerte no manda,
—¡Jesús, ay, Jesús!—
que en Él la muerte no manda.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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¡Paz y Libertad!

Sábado Laico, de pausa

Sonia Lafuente, patinadora olímpica

Sevilla, 19/IV/2025 – 09:22 h (CET+2)

Según el calendario gregoriano, tutelado por la iglesia católica, apostólica y romana, hoy es Sábado Santo, una jornada de reflexión para los creyentes católicos, después de recordar los graves acontecimientos acaecidos en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Desde mi perspectiva laica, es un sábado de pausa después del frenesí semanasantero de esta ciudad, del que casi nadie es ajeno por acción u omisión.

Benedetti, que siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, nos ofreció una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

Hoy, Sábado Laico también, estas palabras de Benedetti forman parte de un buen manual para aprender a hacer pausas en la vida apresurada que acometemos en cada despertar. Con la ilusión de comenzar de nuevo todo si fuera necesario, pero cantando las verdades (que también existen, como las palabras) y no engolfarse en las mentiras.

En este contexto, me acuerdo hoy (Brainard, dixit) que un conjunto madrileño de música indie, Izal, cantaba hasta su desaparición el encanto necesario de la pausa: Yo sólo pido pausa y tú me das ojos de huracán. / Yo sólo pido calma y tú haces espuma el agua del mar. / Sólo pido silencio y gritas que no digo la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / Yo sólo quiero pausa, tú rebobinar. / Yo sólo busco un ritmo lento, tú velocidad. / Yo sólo pido una dulce mentira, tú toda la verdad. / ¿Tú qué sabrás? Si despiertas lejos de esta casa. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. / ¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas. / ¿Tú qué sabrás? Si no vives dentro de esta jaula. He querido que hoy acompañara también a estas palabras una patinadora olímpica, Sonia Lafuente, porque expresa maravillosamente esta pausa necesaria e imprescindible y quizá, viéndola, la comprenderemos mejor.

Es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, en un Sábado Laico especial, diferente de los demás.

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¡Paz y Libertad!

Federico García Lorca amaba la Semana Santa de su niñez en Granada

Federico García Lorca en la emisora Unión Radio en 1929 / PERIODICO

Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Federico García Lorca, en Semana Santa en Granada.

Sevilla, 16/IV/2025 – 07:25 h (CET+2)

Vuelvo a publicar hoy un hallazgo conmovedor que hice el año pasado desde mi perspectiva laica de la Semana Santa, unas palabras en prosa de Federico García Lorca, entre la escasa obra en este género que nos legó. Se trata de unas “impresiones” sobre la Semana Santa en Granada (1), la ciudad que tanto amó y que tan mal lo trató. He vuelto a leerlas, descubriendo nuevas formas de comprender el alma secreta del poeta. Las comparto hoy de nuevo porque necesito su compañía en este mundo al revés, turbulento y descreído, tan falto de horizontes próximos de grandeza democrática y ciudadana. Sobre todo, porque en plena Semana Santa, atento a las palabras del poeta, estoy lejos del“tumulto barroco de la universal Sevilla”.

Semana Santa en Granada

El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra.

 A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.

A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.

O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.

El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.

Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón.

En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los «soldaos» romanos para ensayar. Los «soldaos» no eran cofradía, como los jacarandosos «armaos» de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: «porón…, ¡chas!», y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los «soldaos» romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: «Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.

Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con ta-ta-chín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la Plaza Nueva.

Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.

El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.

La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión… ; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.

Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaycín llaman «los tíos turistas», para ésos no está abierta el alma de la ciudad.

NOTA: Estas impresiones, a modo de alocución, sobre “Semana Santa en Granada”, aunque figuran compiladas en ediciones de sus Obras Completas, junto a Impresiones y Viajes, publicada en 1918, no figuran en estas últimas, porque son de fecha posterior, salvo error u omisión, concretamente del 5 de abril de 1936, en formato de alocución radiofónica, en Unión Radio. La imagen que encabeza este artículo se ha recuperado hoy de Lorca, de viva voz (elperiodico.com).

(1) García Lorca, Federico, Semana Santa en Granada, en Otras impresiones y paisajes. Obras completas, I (19ª edición), Madrid: Aguilar, p. 941-944, 1995. 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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