Futuro imperfecto / 1. ¿Será el amor el mejor camino?

Sevilla, 1/VII/2021

Comienza el mes de julio y el afianzamiento de la desescalada de todas las medidas tomadas en relación con la pandemia que nos ha envuelto la vida durante quince meses. Está claro que podemos frecuentar ya el futuro, que se me antoja imperfecto o simple, entendido según la Real Academia Española de la Lengua como “tiempo absoluto que expresa que algo existirá o tendrá lugar en un momento posterior al momento del habla”, pero indudablemente incierto. Este será el hilo conductor de esta serie en la que estableceré siempre una dialéctica en cada artículo sobre lo que ha sido y lo que será, tomando conciencia clara de que el futuro ya no será lo que era, porque nadie se baña dos veces en el mismo río y porque tampoco deseo que vuelva con sus errores históricos. La memoria ayuda a resolver sus muchos enigmas y fracasos, de los que deberíamos aprender para no volver a tropezar con la misma piedra.

Se ha atribuido durante mucho a tiempo a Groucho Marx la frase “el futuro ya no es lo que era”, cuando todo apunta a que su autor fue el poeta Paul Valéry, exactamente con esta expresión: “El problema de nuestro tiempo es que el futuro ya no es lo que era”, junto a otra que me parece de un contenido similar y didáctico en este tiempo de coronavirus: “El futuro es preparar al hombre para lo que no ha sido nunca”. Cualquiera de las dos aborda de forma breve lo que verdaderamente nos está pasando, aunque también debo afirmar sin ambages que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa y, mucho menos, lo que nos pasará a partir de ahora. Sea de quien sea la autoría, estoy seguro de que Groucho lo pensó siempre por su problemático devenir existencial, aunque él resolvió este dilema amando profundamente el presente: ¿Por qué debería preocuparme de la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?

En esta primera entrega, planteo una pregunta en torno al amor, un clásico popular donde los haya, pero que hoy tiene un sentido especial al haber encontrado una isla desconocida en el cine francés, una película que se estrena esta semana en este país, “Las cosas que decimos, las cosas que hacemos”, una película de factura francesa pura, dirigida por Emmanuel Mouret, ampliamente conocido por su trayectoria de cine existencial, durante la última década, en torno a una palabra, amor, de base contradictoria en sí misma. Hechos son amores y no buenas razones, se dice en este país y sobre el amor, no digamos. Lo he leído en una crítica cinematográfica de esta película y me ha parecido una reflexión extraordinaria: “La historia arranca cuando un joven escritor viaja, tras un cataclismo sentimental, a casa de su primo en el campo. El familiar no está, pero sí su joven prometida, embarazada, y la pareja de desconocidos entabla una relación de confianza en la que se cuentan sus penas amorosas. Pronto la narración se ramifica y retuerce, según avanza el relato y crecen los personajes. “Cuando hablamos de amor”, cuenta Mouret por videoconferencia, “todo el mundo parece estar de acuerdo en qué es, aunque si intentamos definir ese sentimiento y sus reglas, empiezan las confrontaciones”. Y apunta: “San Agustín decía: ‘¿Qué es el tiempo? Si nadie me pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé’. A mí con el amor me pasa lo mismo”. Y por eso puede que vuelva a él una y otra vez: “Las cosas que me parecen más interesantes son las que no se pueden aprehender”.

Admiro el cine francés y recientemente lo expresaba a raíz de la muerte de otro gran director, Bertrand Tavernier, del que he sido un seguidor fiel de sus obras. De su filmografía excelente y didáctica siempre, destaco una película preciosa, Hoy empieza todo, sobre un guion de Dominique Sampiero que leí completo para comprender bien su hilo argumental. El cine de calidad nunca es inocente, porque es la interpretación de una realidad más próxima de lo que parece. Cuando vemos una película contenemos la respiración. Todos nos enfrentamos a este momento en un cuerpo a cuerpo. Cuando encontramos las mejores historias, un gran corazón late, se alarma, va más despacio, sale de la sala cinematográfica con el deseo de seguir creyendo en un mundo diferente que todavía es posible. Todos los rostros miran en la misma dirección. Este impulso es el que aspiramos a que nos acompañe siempre, porque es el que nos permite descubrir y alimentar cualquier microhistoria saludable. ¿Saben por qué? Porque como decía el autor de la obra sobre la que está basada la película de Tavernier, aunque hoy comience todo, en verdad, todo se parece al amor digno que nos conmueve, es decir, que nos perturba, inquieta, altera, que nos provoca situaciones placenteras que consuelan a nuestra persona de secreto con fuerza y eficacia, afectando de lleno los sentimientos y emociones. Al fin y al cabo, porque aspiramos siempre a descubrir nuestra mejor historia.

Para empezar a aprehender estas cuestiones tan serias y profundas, ¿se podría concluir que el amor será el mejor camino para este verano? No se sabe, porque cada uno, con su cadaunada, responderá a la pregunta de San Agustín que contaba Mouret con el correlato del amor, ¿qué es el amor? y ahí empezará el problema, contarlo cada uno como mejor lo entiende y, sobre todo, lo vive, aunque la pregunta de la película siempre será nuestra sombra que no cesa: ¡cuidado con las cosas que decimos, porque probablemente no son las que hacemos! O al revés. El éxito está garantizado para el director francés porque ha puesto el dedo en la llaga del amor. Futuro imperfecto de este verano y en estado puro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

2 respuestas para “Futuro imperfecto / 1. ¿Será el amor el mejor camino?”

  1. Será siempre una buena decisión… Gracias por la lectura de estas palabras.

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