De nuevo, obligatoriamente obligados…

 

the-washington-post

Hoy hace exactamente ocho años que escribí el post que figura a continuación en el que ensalzaba la figura de Obama, recién proclamado Presidente de los Estados Unidos. Lo he vuelto a leer para recobrar fuerzas tras conocer hoy que Donald Trump lo releva en la Presidencia, con una hoja de ruta para su país y para el mundo en general, muy preocupante en el fondo y forma de su ideología, de sus palabras, de su hilo conductor en la vida personal, profesional y política. 

Vuelvo a pensar que «es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo», vivirlo, sufrirlo, pasearlo y «morirlo», si se pudiera expresar así.

Mientras, por si nos sirve para seguir creyendo que otro mundo es posible, vuelvo al Club de las Personas Dignas, al que pertenezco junto a millones de personas sensatas, para compartir estos sentimientos y para buscar apoyo moral para seguir luchando en defensa de valores que me/nos permitan no confundir, nunca, valor y precio de la libertad, de la democracia auténtica. Aunque sé que para Trump son, desgraciadamente, pura mercancía.

Sevilla, 9/XI/2016

_________________________________________

Obligatoriamente obligados

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo


Barack Obama

Estoy asistiendo al mayor espectáculo del mundo, desde la vertiente económica y financiera, del que no me quiero sentir ajeno y es verdad que he vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo y que vuelve a recuperar todo su esplendor.

Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, pasearlo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Aún así, esta semana se ha producido un hecho incontestable: muchas personas nos hemos adueñado (¡con perdón!) del personaje Barack Hussein Obama, por unos segundos, por un día, sin aspirar siquiera a ser reyes y reinas de nuestros pequeños mundos, porque intuíamos que algo podía cambiar, aunque no fuera el mundo grande, en cualquiera de sus versiones: primer, segundo, tercer…, habitado por seres humanos que adoran su particular mundo de secreto: el de cada una, el de cada uno:

“Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos” (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Pero es que sabemos poco de él (del mundo…). Como decía Rafael Ballesteros,

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Y sin embargo, estamos aquí, Obama, obligatoriamente obligados a entenderlo…, obligatoriamente obligados a poder.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Sí podemos

Sevilla, 9/XI/2008

 

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 1. Necesidad urgente de Política Digital

big-data

Vuelvo una vez más de mi corazón a mis asuntos. Inicio hoy una serie dedicada a los big data de carácter público (datos públicos masivos), por ser el marco natural profesional en el que me he desenvuelto siempre y porque estoy convencido que es un yacimiento de inteligencia pública digital que se debe poner siempre al servicio de la ciudadanía, que es de donde se recopila la información depositada en la Administración de forma natural. En este cuaderno digital he escrito muchas veces sobre inteligencia pública digital y se puede rastrear esta información a través del buscador que contiene. Ahora, solo quiero recordar el hilo conductor de los artículos referidos, entendiendo este constructo mediante una metodología en la que llevo trabajando varios años: la deconstrucción de las acepciones tradicionales de Inteligencia, acompañada de dos adjetivos: Pública y Digital con mayúscula, porque nos referimos exclusivamente a la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos.

La definición de “big data” que utilizan Viktor Mayer-Schönberger y Kennet Cukier en su libro “Big data. La revolución de los datos masivos”, me parece un punto de partida muy interesante para enmarcar estos apuntes digitales: “capacidad de la sociedad de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios de valor significativo”. Fíjense que si agregamos el adjetivo “público” a esta definición, llegamos a una conclusión muy parecida a la que he venido desarrollando como inteligencia pública digital a lo largo de los últimos diez años: capacidad de la ciudadanía de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios públicos de valor significativo, a través del Gobierno correspondiente y de la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utilizan las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los citados bienes y servicios públicos.

De esta forma, se comprende bien el constructo inteligencia pública digital que sustenta los datos masivos de carácter público, como base de la política de interés público digital, a través del gobierno digital correspondiente, en ámbitos tan importantes como la educación, salud y servicios sociales, entre otros, con las acepciones siguientes:

  1. La ciudadanía es capaz de adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan en la relación con el Gobierno y la Administración digital, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida [la habilidad] de haberse hecho muy capaz de ella [por la voluntad del Gobierno correspondiente], en el marco de lo propugnado por el Artículo 103 de la Constitución al referirse de forma muy breve a la Administración.
  2. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba mediante disposiciones, el desarrollo de la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  3. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba que la inteligencia pública digital permite a la ciudadanía, a la que sirve, adquirir conocimiento por empoderamiento, como capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que viva, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  4. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe saber discernir que la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás (Big Data), a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
  5. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica del doble uso, con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública (a través de Big Data).

Creo que como punto de partida es un planteamiento ideológico muy correcto, pero el problema estriba en que es imprescindible que se aborde en el marco de una política digital de Estado desde el punto de vista legislativo, porque al final tiene que estar ordenada y no solo organizada (de ahí la diferencia). La política digital de los datos masivos de carácter público (big data public), tiene que tener carácter sustantivo y no solo de conglomerado de peculiaridades de las Comunidades Autónomas, como si la política digital fuese una carrera de relevos 4×400. Estamos hablando de derechos y deberes digitales, no solo de mercancías centradas en bienes y productos digitales de libre adquisición por la ciudadanía.

Las políticas digitales de big data de carácter público, necesitan esta cobertura estatal, de gobernanza desde el Estado, con una visión de estrategia pública digital de amplio espectro. No todo debe quedar en el cumplimiento de la Agenda Digital europea, aunque figure en el nomenclátor de un Ministerio compartido con realidades tan heterogéneas como energía y turismo, como lo hemos conocido sobre el papel del BOE el viernes pasado. O el desarrollo de esta Agenda solo para exquisitos digitales que solo serán los que al final tendrán acceso a todos los beneficios que contempla. Tiene que ser una decisión de Estado, planificada y legislada, para que el principio de equidad digital no se rompa nunca.

Como decía en la Introducción de mi libro Gobierno electrónico, abierto, en Andalucía, sigo haciendo una defensa a ultranza de la capacidad del recurso no agotado en este país, la inteligencia: “[…] porque el cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, dado que es su componente esencial, […]. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y cómo se reacciona ante ella. Asimismo, expresan estas páginas la necesidad de frecuentar el futuro, utilizando el tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en mi cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Por último, recuerdo una aclaración sustantiva para comprender bien qué significa la Política Digital, como acción estratégica, planificada, programada y financiada por el Gobierno correspondiente y no solo como responsabilidad de la Administración: no hay que confundir Gobierno Digital con Administración Digital, porque el antecedente es el Gobierno no la Administración, que siempre es consecuencia de quien tiene la responsabilidad de administrarla. Gobierno Digital es la continua optimización en la prestación de servicios públicos, acceso a la información pública (Big Data) y participación ciudadana mediante la transformación interna y externa de las relaciones institucionales, personales y sociales, con base en el uso de las TIC, como actitud política sostenida en el tiempo y en programas políticos llevados a cabo por la Administración Pública Digital. La Administración Digital utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación como soporte del Gobierno Digital, como componentes del mismo. Es decir, no existe Administración Digital sin Gobierno Digital, no se deben alterar los términos, porque se da el caso de Administraciones que tienen magníficas infraestructuras digitales sin Gobierno Digital alguno o muy desdibujado. No hablemos si esto ocurre con los datos públicos masivos, porque el problema no son las infraestructuras o programas digitales de la Administración, sino de la estrategia digital que figure en la Política Digital del Gobierno correspondiente. Esa es la cuestión.

Sevilla, 5/XI/2016

(1) Mayer-Schönberger, Viktor y Cukier, Kenneth (2015, 2ª ed.). Big data. La revolución de los datos masivos. Madrid: Turner Publicaciones.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: http://www.ingenieur.de/Branchen/IT-Telekommunikation/Anwendungen-Mangelware

Continuidad, nada cambia

Acabamos de conocer la composición del nuevo Gobierno y todo es continuidad, nada cambia, aunque todo está cambiando en nuestras vidas y hay muy pocas zonas seguras en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), lo grababa en la razón y en el corazón, en etapas que han quedado registradas en la memoria situada en una región profunda de mi cerebro, el hipocampo, mediante su compromiso activo a través de la música:

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos.

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

En estos días, especialmente duros en la vertiente política, económica y laboral, estamos tomando conciencia de que sufrimos el síndrome de la inadaptación permanente ante una situación de la que hemos perdido el control, tomándolo otros que ni siquiera conocemos a veces y que están perfectamente identificados, habiéndonos quedado con su cara, que es la de siempre, la que refleja de forma dura una seria advertencia: no es bueno tanto cambio y esto no puede continuar así, arriesgando tanto dinero de unos pocos en un mundo de muchos, que además es muy manirroto:

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Les cuento ahora la verdad, la intrahistoria de estas palabras. He mantenido un texto escrito en 2011 sobre el Club de las Personas Dignas. He considerado que hoy es bueno que hablemos de esto en el Club, por higiene mental, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, pero compartiremos la realidad cambiante, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los tristes y los tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y se frotarán las manos en el  nuevo Gobierno, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas:

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Sevilla, 3/XI/2016

He andado muchos caminos…

facultad-de-trabajo-social

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

Antonio Machado, en Soledades (1903)

La semana pasada me invitaron a participar en un acto académico en la Universidad de Huelva, presidido por el Rector y la Decana de la Facultad de Trabajo Social. El motivo era la celebración del 50 aniversario de la creación de la Escuela de Asistentes Sociales, en Huelva, donde se inició la andadura que finalizaría en este siglo con la creación de la Facultad de Trabajo Social, en la que estudian ya en este Curso más de quinientos alumnos. Fue una experiencia cargada de sentimiento que, como diría Alberti, se escuchó mucho más fuerte que el viento, porque un acto académico de este nivel si no tiene sentimiento es eso, solo un acto. Compartí la mesa de ponentes con personas que han ejercido la dirección desde 1978, cuando era Escuela de Trabajo Social y hasta hoy, como Facultad.

Adjunto a continuación las palabras que pronuncié, recordando los cinco años que dirigí aquella querida Escuela, recién llegado de Roma, donde además ejercí la docencia, cuestión que era incuestionable para mi al tiempo de ser director de la misma.

Sevilla, 3/XI/2016

________________________________

He andado muchos caminos

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL – 50 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA PRIMERA ESCUELA DE ASISTENTES SOCIALES DE HUELVA

Autoridades académicas, claustro de profesores de la Facultad, entre los que hoy figuran alumnos de mi etapa como Director y profesor; profesoras, profesores, alumnas y alumnos de ayer y de hoy:

Empezar esta intervención conmemorativa de cincuenta años de vida de unos estudios que han andado muchos caminos sociales y han abierto también muchas veredas, “es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”. Así lo expresaba Ítalo Calvino en una obra preciosa, El arte de empezar y el arte de acabar, que se publicó después de fallecer días antes de pronunciar unas conferencias en Harvard, en 1985, sobre seis propuestas para el próximo milenio. La Escuela de Asistentes Sociales nació en diciembre de 1966 en esta ciudad y ahora me invitan a participar en este acto conmemorativo por el hecho de haber sido Director de la misma de 1978 a 1983, en el milenio anterior, una etapa fascinante para mi persona de todos y, sobre todo, la de secreto.

Hay una palabra en el Diccionario de la Lengua Española, agradecimiento, que traduce bien lo que quiero expresar con palabras en este día especial. Sobre todo, aprecio la definición que recoge el Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, 120,2), que se ha comprendido socialmente de forma especial a lo largo de los siglos: agradecimiento es “El arte de reconocer, estimar y satisfacer el beneficio recibido”. Primero, por haber sido invitado por la Decana de esta Facultad a participar en una efeméride que para mí no es inocente, como casi todo lo que pasa en la vida. Después, porque esta Facultad tiene una intrahistoria muy querida para mí en años concretos, de los que quiero hablar brevemente. Llegué a la Escuela de Asistentes Sociales en 1977, como profesor, atento a lo que estaba sucediendo en ella, en una crisis institucional de la misma que se fraguó en el primer trimestre de 1978, con una fecha que no he olvidado nunca, el 6 de marzo de ese año, porque ese día se atisbó una solución institucional que desembocaría después en el nacimiento de la Fundación de la que hablaré más adelante. En la Cantata de Santa María de Iquique, declamada excelentemente por el grupo chileno Quilapayún en años de dolor para su país de origen, figura una idea de la que aprendimos algo importante: “con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”. La he recordado siempre porque es verdad que, en esos días, vivimos y compartimos una crisis total para su propia supervivencia, en momentos trascendentales de reivindicación de profesores y alumnos para que Huelva no perdiera un Centro educativo necesario, una ciudad que debía dar base sólida de educación y conocimiento a su presente y futuro más inmediato, que le permitiera ser más próspera y libre. Esta toma de conciencia por parte de profesores y alumnos de aquella época, así como encierro, lucha en la calle y presencia en los medios de comunicación, permitió que se fraguara un proyecto del que me nombraron por unanimidad director, que permitía consolidar una figura jurídica que sustentara la Escuela bajo la denominación de Fundación “Escuela de Trabajo Social de Huelva” y que desde mayo de 1980 comenzó su andadura hacia el mundo universitario en el que nos encontramos hoy. Personalmente viví momentos trascendentales de la Escuela durante ese tiempo fascinante, como director y profesor durante cinco años y hasta 1983, en los que todavía recuerdo cómo pudimos consolidar con la Escuela un proyecto de centro educativo de referencia, elaborando un plan de estudios sólido, dignificando los salarios del profesorado, restaurando el edificio de la calle Miguel de Unamuno, con obras de mejora donde ganamos espacio para tener mejores aulas, biblioteca, salón de actos, iluminación adecuada, espacios administrativos, etc.

En los cinco años de dirección, reconozco que casi tuvimos que empezar de cero en todas las áreas de actuación de la Escuela. Ganamos credibilidad en la ciudad de Huelva al estar presentes en muchas actividades culturales y sociales, creando un tejido de opinión favorable a su consolidación y a su futuro universitario. Recuerdo con emoción la elaboración cooperativa de los estatutos de la escuela, donde había una alta participación del alumnado en terrenos tan delicados como la valoración de continuidad del profesorado en el curso siguiente: un alumno, un voto, cuestión que me granjeó más de una enemistad. También, los primeros libros que llegaron a la Biblioteca, a través de donaciones que fuimos recibiendo de entidades oficiales y empresas, con ilusión y agradecimiento sentido. O la celebración anual de la semana de cine social, en la que participaban también los ciudadanos de Huelva, con hilos conductores de alto calado social. Es inolvidable la visita que recibimos del actor Paco Rabal, con motivo de la proyección de una película muy querida para él, El Ché Guevara, que me permitió hacerle una entrevista muy reveladora de su ideología no inocente. Aleccionadora también y simbólica para ciudadanos, profesores y alumnos.

Quiero acabar como empecé, con la idea de decirles algo especial. Como aprendí de Antonio Machado, les puedo asegurar que He andado muchos caminos, / que he abierto muchas veredas; / que he navegado en cien mares, y que he atracado en cien riberas. Es verdad, pero de todos ellos, la etapa en la dirección de la Escuela de Trabajo Social de Huelva me permitió un día atracar en su ribera, tan particular, para vivir una experiencia inolvidable que hoy solo puedo recordar envuelta en la palabra especial que les comentaba al principio, agradecimiento. ¿Saben por qué? Porque reconozco, estimo y siento satisfacción por el beneficio recibido y que devuelvo hoy a Huelva, a las instituciones sociales, profesores y alumnos que me acompañaron en aquella aventura apasionante, a ustedes también, a través de este acto, de estas palabras.

Mi enhorabuena hoy a todas las personas e instituciones que desde entonces y hasta hoy han hecho posible este sueño anhelado: que un día Huelva pudiera tener una Facultad como ésta, por haber podido llegar hasta aquí y con un presente y futuro muy prometedor para una provincia descubridora que estará siempre por descubrir.

 

Huelva, 26 de octubre de 2016

 

 

Cuando el No es SÍ

Consummatum est. Sí, ya está, no hay que pensarlo más, no le demos más vueltas, da igual que exista o no un relato convincente. Se ha decidido ya en la sede del PSOE y el Comité Federal ha votado “Abstención”, con estética incluida, más que ética… socialista. Y con el voto masivo y favorable a la abstención, de los miembros del Comité que representan a Andalucía.

Lo siento, de verdad. No soy militante socialista, pero me considero cerca de los que menos tienen en el terreno del paro lacerante que existe en este aquí y ahora del país, así como de los que sufren todos los días el asalto a derechos y deberes ciudadanos en el estado del bienestar. También, de los que tienen ideología como suelo firme de su existencia, es decir, de su ética personal y colectiva. Siento que no se haya entendido lo que intentaron explicar las urnas, en las que estaba también mi voto: los partidos tenían que unirse para ofrecer un gobierno compartido por diversas siglas, pero no en una sopa de letras, sino con una base ideológica común. Lo que ha ocurrido en Ferraz, es todo lo contrario.

Recientemente, lo he escrito: ¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?. Lo publico de nuevo, porque mantengo todas y cada una de sus palabras. Para quien lo quiera comprender en su persona de todos y en la de secreto, como me ocurre en este momento. Hoy completaría la referencia a Groucho Marx, recordando también una frase suya que explicaría bien esta decisión histórica del Comité Federal: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros». Lo han demostrado.

Sevilla, 23/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

GROUCHO Y CHICO.jpg

Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

El Nobel de Literatura ya no está en el viento

bob-dylan

Ha sorprendido al mundo: Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura 2016, contra casi todo pronóstico canónico de estos premios. Las personas que hemos vivido en sus años reivindicativos y que sabemos que forma parte de la banda sonora de nuestras vidas, no nos extraña esta sorprendente decisión de los Nobel, porque se ha entregado el premio a un extraordinario representante de una generación que protestaba contra un mundo diseñado por el enemigo. 

He vuelto a leer con detalle la letra de una de mis canciones preferidas de Dylan, Soplando en el viento, que ya transcribí en un post que escribí en 2006 en este blog, con motivo de la publicación de un nuevo álbum, de  nombre programático: Tiempos Modernos.

Reproduzco a continuación el citado artículo,  La respuesta ya no está en el viento, que hoy se amplifica al constatar aquella reflexión como hilo conductor: la respuesta está en las personas, hoy, en el premio dado a una que nos ha representado durante décadas, con palabras hermosas para ilusionarnos y seguir creyendo al paso de los años que, efectivamente, otro mundo es posible. Con tu quiero y mi puedo.

Este es mi pequeño homenaje.

Sevilla, 13/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2012/05/Bob-Dylan.jpg

La respuesta ya no está en el viento

Bob Dylan vuelve. Ha escogido para su nuevo álbum un título con reminiscencias cinematográficas de gran calado: Tiempos Modernos, aquella prodigiosa película que toda buena cinéfila ó presunto cinéfilo sabe valorar en su justa medida. Pero mi recuerdo no va hoy por esos derroteros. He recordado a Dylan por aquella hermosa letra de su canción, inolvidable: Soplando en el viento (Blowin´in the wind):

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en  la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean  prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

cuando he conocido que el Profesor Stephen Hawking se ha decantado por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio del año en curso: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? La solución escogida confía en el ser humano. Prodigioso. Queda claro que la respuesta no es inocente y alberga una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recoge como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostiene que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquél aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 34 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad deseperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder aquellas nueve cuestiones a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos, más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace setenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual ya no es tampoco pura coincidencia.

Sevilla, 26/VIII/2006

Sevilla se abre en Lesbos

Anoche tuvimos la oportunidad de conocer con detalle lo que Sevilla ha hecho en Lesbos el pasado invierno, cuyos protagonistas, entre otros, han sido tres bomberos sevillanos, pertenecientes a la ONG PROEM-AID, de los cuales, Manuel Blanco, nos lo contó ayer en directo dentro de la programación que la Iniciativa Sevilla Abierta (ISA) preparó de forma excelente para la noche en blanco de Sevilla. Fue sobrecogedor escucharlo, con un aplomo que solo se transmite cuando has vivido esa experiencia de forma tan radical.

Aporto el reportaje de Canal Sur que les dedicó con motivo de la detención injusta que sufrieron durante unos días hasta que finalmente fueron puestos en libertad con cargos y hasta que se resuelva definitivamente el juicio, aún pendiente.

proemaid-en-lesbos

Sobran palabras y falta toma de conciencia para solidarizarnos con lo que ocurre en esta diáspora humana que continúa y que ya ha dejado de ser noticia desgraciadamente. Nos emocionamos con Manuel Blanco cuando él se emocionaba. Fue un ejemplo maravilloso de cómo podemos estar cerca de estas realidades solo con querer hacerlo. Gracias a todos los que seguís prestando este trabajo solidario, imprescindible. Desde Sevilla.

Sevilla, 8/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://proemaid.org/

Vanesa Cardui

vanessa-cardui

Quizá no es muy conocida esta “dama pintada” en el mundo del arte, pero desde hace millones de años viaja por el mundo desde que un día decidió abandonar África para asentarse en los cinco continentes posteriormente, aunque se caracteriza por algo especial: huye del frío constantemente y busca siempre calor, aunque tenga que hacer miles de kilómetros al año y pasar por una evolución continua de seis generaciones anuales. Se trata de una mariposa del género Vanessa, según la taxonomía de Linneo en 1758 y desde entonces se la conoce por este atractivo nombre, aunque su campo de asentamiento sea siempre algo no tan atractivo como los cardos, de ahí su denominación científica. En América se la conoce también con el sugerente nombre de “La dama pintada”.

Es solo una metáfora de la vida. Buscamos continuamente calor para vivir mejor, porque el frío nos enmudece, no digamos la tibieza y deberíamos copiar sin rubor alguno la experiencia de esta mariposa que como pasa en la vida, se asienta en los cardos cuando no hay nada mejor donde estar. En un país que nos hiela el corazón con tanta frecuencia últimamente, es interesante saber que científicos catalanes han descubierto que estas mariposas “son capaces de recorrer hasta 4.000 kilómetros hasta asentarse en la sabana tropical africana” y que gozan de unos recursos extraordinarios para llevar a cabo estas hazañas voladoras y de subsistencia, según manifiesta uno de sus principales investigadores de campo, Roger Vila: “Durante unos días migran hasta donde su instinto les dice […] detectan el norte magnético, perciben la temperatura y la presión atmosférica, son capaces de seleccionar los vientos adecuados y pueden guiarse por el sol” (1).

La mariposa Vanesa Cardui nos muestra hoy que científicos españoles dignifican este país desde Barcelona y Harvard, y nos dan el calor que nos falta para comprender lo que en 2013 decía el eminente cardiólogo Valentín Fuster: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en Andalucía, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…. Y comprobaremos que es verdad, que funcionan muchas cosas en esta maravillosa región. Lo que ocurre es que no nos ponemos a ello, como lo hace siempre Vanesa Cardui, porque lo único que sabemos que nos pasa es que no sabemos a veces lo que nos pasa. Ella, sorprendentemente, sí y esa es su gran lección.

Sevilla, 7/X/2016

(1) Quinteros, Micaela (2016, 7 de octubre). La mariposa que recorre 4.000 kilómetros en busca del calor. El País.com.

Un sueño llamado música

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

Mario Benedetti, Señales

En estos días de turbación voy con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, entre los que se encuentra el de escribir como compromiso intelectual y social. Esta es la razón que me llevó a participar cuando comenzaba el verano en un concurso de relatos convocado por CaixaBank, dedicado a promover la vida activa cuando se alcanzan los sesenta años. Envié un relato, Un sueño llamado música, que ha sido aprobado y que adjunto a continuación, estando ahora en la fase de votación previa a la designación de los finalistas. Con independencia de que se vote, en el caso de que así se considere oportuno, lo más relevante es constatar que 299 personas han escrito sus experiencias vitales o las de otros, que merecen siempre atención y respeto por lo que encierran de ejemplarizante cada una de ellas.

Escribí unos días antes una variación sobre el mismo tema, Un piano llamado sueño, que sirvió de base para este nuevo relato y que publiqué en este cuaderno de inteligencia digital. El hilo conductor de la vida descrita estaba allí y ahora solo reinterpreto de forma más extensa la infancia rediviva y el principio de realidad actual para una persona que sueña con construir un mundo diferente.

Espero que disfruten con su lectura al menos tanto como lo sentí interiormente al escribirlo. Gracias de antemano, siempre, por leerlo.

Sevilla, 6/X/2016

¿QUIERES VOTAR?: http://www.premiovidaactiva.com/es/experiencia/38/jose-antonio-cobena-fernandez.html

Un sueño llamado música

ja-cobena-fernandez

El relato que figura a continuación no es un cuento. Es parte de mi intrahistoria real, cumpliendo un sueño a los 67 años e iniciando la jubilación. Cuando era pequeño no pude aprender a tocar el piano ni el violín porque en mi casa, inmersa en el discreto encanto de la burguesía, aprender música era cosa de «cómicos” y yo no había nacido para «eso”, para «no ser gente de bien ni para perder el tiempo”. Ahora, con una edad respetada y respetable cumplo un sueño, que les cuento a continuación.

Érase una vez un piano que no sonaba en los últimos trece años. Un día, pasado su silencio sonoro, alguien abrió la tapa del teclado, retiró el paño rojo que cubría las 88 notas y mis manos, que siempre traían viejas señales (las de Benedetti: En las manos te traigo / viejas señales / son mis manos de ahora / no las de antes / doy lo que puedo / y no tengo vergüenza / del sentimiento), comenzaron a pulsarlas de nuevo emitiendo sonidos de partituras especiales.

Aquella situación de silencio era una verdadera sinfonía para un sueño. Lo importante ahora era saber esperar a que un día esas manos den lo que puedan, porque no se avergüenzan del sentimiento, que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento. Schumann, Albinoni y Mozart dejaron sus partituras en ese atril de los sueños, con mensajes confidenciales: el amor sabe esperar siempre y la música sabe llevar entre algodones determinados caminos de inteligencia emocional. Escucharon con atención reverencial una forma diferente de interpretarlas. Aquellas manos tenían que tocar una y mil veces notas complejas, pero todo sería posible si esas manos tenían claro que eran dedos de ahora, preparados para acariciar notas que un día se escribieron como señales para tocar solo en un piano que se llamara sueño.

Y el sueño se abrió a nuevas experiencias. Erase ahora un clave para aprender a tocar ensueños. Desde Japón, atravesando mares de nubes, me echaron los Reyes de este año un clave, que también estoy aprendiendo a tocar, junto a dos láminas preciosas para intercambiarlas en su tapa, aunque una de ellas, la que denominan «Latín”, era la más deseada después de haberla contemplado en el cuadro de Vermeer, La lección de música. El texto recoge la quintaesencia del periodo barroco: Musica laetitiae comes, medicina dolorum (La música es compañera en la alegría y medicina en el dolor).

Es maravilloso conocer esta sencilla historia gracias al mundo digital que la rodea. El clave lo es, con registros maravillosos de época que puedo reproducir hasta llegar al fortepiano, pasando por el órgano y los diversos temperamentos de un instrumento de sonido celeste.

Y como no hay dos sin tres, también tuve el año pasado otro sueño llamado violín. Erase ahora mi vinculación con un instrumento maravilloso que me ha enseñado cómo es su soportable levedad de ser. Aprender a tocar el piano, el clave y el violín, tres sueños ya muy lejanos en el tiempo de vivir, se han cruzado en un camino que he iniciado en una Escuela de Música siendo mayor, en una encrucijada que tanto admiro: la que aprendí un día de José Ferrater Mora, cuando me encontré en una muy especial y sólo sabía que no sabía lo importante que era cambiar lo superficial, lo profundo, el modo de pensar, aunque todo cambia en este mundo, cuando lo que verdaderamente tienes que escoger para cambiar se llama Persona, Naturaleza, Sociedad o algún Dios.

Mi violín también es un sueño, que suena con mis manos que siguen trayendo viejas señales, que son las de ahora, no las antes, aquellas manos de juventud. Es un sueño expresar lo que pueda de mí mismo con las de ahora, en el piano, el clave y el violín, porque… no me avergüenzan los sentimientos. Como me ocurre en estos días, sin volverme otro, a través de mis manos de ahora, de 69 años, no las de antes.

Pasando hojas del calendario al finalizar el curso escolar en mi Escuela, he comenzado a tocar minuetos que Mozart compuso con 6 años. El niño que llevo dentro quiere interpretarlos como él y mis dedos de 69 años acarician hoy teclas de un clave con alma, porque al despertar de mis sueños, Mozart está todavía aquí, en mi persona de secreto.

¿QUIERES VOTAR?: http://www.premiovidaactiva.com/es/experiencia/38/jose-antonio-cobena-fernandez.html

¡Perdonen de nuevo mi tristeza!

jacaranda10

Ya he escrito en este blog sobre situaciones que me entristecen por sus repercusiones en el alma humana. Sé que no vivimos en tiempos de lírica, pero creo que tenemos el derecho de reivindicar ética pública y política en este país tan hecho polvo en los últimos años y meses. Lo que hemos vivido en la semana que finaliza o comienza hoy (para aquellos que tienen alma judía, que de todo hay en la viña del Señor), es para llevarlo a la desolación del olvido o de la quimera. Para los que nos acusan de habernos equivocado de siglo y que por eso nos pasa lo que nos pasa, es decir, que nos entristecen las injusticias, cualquiera, aunque no con la misma intensidad, tanto las de Alepo como las de este país, diré que no es cierto, porque hemos tenido la suerte de vivir en dos siglos que son muy diferentes en su devenir histórico y muy importantes para la consolidación de la democracia en el terco día a día. Fundamentalmente, porque tuvimos la desgracia de vivir en una dictadura sin compasión alguna y ahora vivimos en libertad, pero lo que trasciende la temporalidad vivida que algunos tachan de equivocada es el derecho a vivir dignamente, aunque sepamos a través de los siglos que todo tiene su tiempo y cada tiempo su momento.

Sé que no nos sirve de nada intentar añadir un solo día a nuestra existencia o distinguir en qué se diferencia la persona humana del animal, si los dos se convierten un día en polvo y resolver la cuestión que más apesadumbra el alma humana: ¿quién me va a llevar de la mano a contemplar lo que hay después de esta vida? Ya lo dijo el Eclesiastés y mientras no se demuestre lo contrario no estaba equivocado de siglo…: no hay respuestas lógicas y lo único que sirve es caminar juntos defendiendo quizá ideales o utopías, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos [sic], que jamás se puede romper.

Vanidad de vanidades todo es vanidad, pero la sociedad tiene derecho a alcanzar el bien-ser (del que apenas se habla) y el bien-estar personal y social al que solo se aspira si lo garantizan gobiernos preocupados por los que menos tienen y por defender los principios de igualdad y solidaridad social. Bien-ser, porque es la esencia de la felicidad que alcanzan aquellos que saben disfrutar de lo que son y tienen sin necesitar nada más, aunque para los demás sea poco y porque rompen todos los moldes y estereotipos sociales del tener porque, repito, los que pertenecen al Club del Tener, es decir, los que tienen muchas cosas superfluas y dinero por encima de todo, piensan que los que cultivan Ser están (estamos) equivocados de siglo.

Si, además, pensamos que el bien-ser no está puesto en venta en el mercado, tiemblan los cimientos de los proveedores de mercancías, porque la cuenta de resultados del mundo que no se equivoca, sino que siempre acierta, puede resultar afectada. Es lo que ha pasado estos días con Pedro Sánchez, salvando lo que haya que salvar y como símbolo a tener en cuenta, porque solo pensar el mercado instalado en la sociedad española que se podía abrir una nueva forma de bien-ser y bien-estar en este país con un frente de izquierda, que protegiera los intereses generales y, sobre todo, sociales, educativos y de salud, por encima de todo, era para no consentirlo, vamos.

Por eso las fuerzas telúricas del poderoso caballero don dinero se han empleado a fondo, El País incluido, sin miramientos, como lo expresaba en el editorial del pasado viernes, 1 de octubre, entre otros del mismo fuste: “Pedro Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso”, con objeto de acabar con cualquier posibilidad que no pase por facilitar el gobierno de Rajoy, para garantizar la “gobernabilidad” de España que llaman algunos del PSOE, los críticos para entendernos.

Creo que comprenden que les pida hoy perdón por mi tristeza y que me retire unas horas a leer haikus de Mario Benedetti para aprender con uno de ellos (199), que hace unos años me asustaba el otoño y que…, cosas de la vida, equivocado de siglo para algunos, ya soy invierno.

Sevilla, 2/X/2016