Estrategia digital de la Administración Pública en los Centros de Atención y Servicios a la Ciudadanía

cauce

La revista digital Andalucía Educativa, de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, ha publicado en su último número un artículo que he escrito en relación con la estrategia digital que debería contemplar la Administración Pública, con visión de Estado, en los Centros de Atención y Servicios a la Ciudadanía, que figura a continuación. Está integrado en un número monográfico sobre la experiencia del Centro de Atención a Usuarios de la Comunidad Educativa en Andalucía (CAUCE), de sumo interés para conocer a fondo la experiencia actual en este tipo de servicios de carácter público.

Agradezco mucho la invitación que me hicieron en el comienzo del verano para colaborar en este número. Tengo un respeto reverencial a la Administración Pública. En este caso, al tratarse de experiencias de servicios públicos que se desarrollan con financiación pública y que, hoy más que nunca, necesitan un revulsivo estratégico político digital de amplio espectro. 

Sevilla, 19/IX/2016

Estrategia digital de la Administración Pública en los Centros de Atención y Servicios a la Ciudadanía

1. Introducción

La Administración Pública, en España, necesita un revulsivo importante en relación con la atención y prestación de servicios a la ciudadanía. Esto es posible solo a través de las estrategias digitales de Gobiernos abiertos, transparentes, donde el empoderamiento de la ciudadanía sea una realidad incontestable que permita su colaboración y participación real y efectiva. Sin estrategia digital de carácter público es muy difícil acometer transformaciones profundas en la Administración, una organización muy afrancesada en nuestro país, hiperregulada, sin atisbos de cambiar en el corto plazo y con escasa, por no decir casi nula participación de la ciudadanía en este proceso urgente de transformación social. Por ello, es imprescindible comenzar a plantear cambios estratégicos en el Gobierno del país, desde la perspectiva digital, para que se pueda regular la transformación señalada anteriormente que permeabilice los Gobiernos de las Comunidades Autónomas y que pasa por ordenar administrativamente estos cambios en aras del alumbramiento de una nueva organización abierta, transparente, de carácter público, como es la Administración. En este orden, ordenación más organización, pero no al revés, porque lo que se puede conseguir a veces es digitalizar el desorden al no tener claros los objetivos institucionales que se deben  plantear en la ordenación administrativa de las estrategias digitales reguladas de carácter público.

En la Administración existen múltiples tipologías de Centros de Atención y Servicios a la Ciudadanía, en una maraña de siglas y títulos que muestran la diversidad organizativa que hay detrás con escasa dimensión estratégica de carácter público, que es por donde hay que empezar con objeto de garantizar atención y servicios institucionales cohesionados, integrados y con economía de valores públicos y de escala a todos los niveles posibles, económicos y organizacionales. Es decir, la dimensión estratégica es el pilar fundamental del diseño e implantación, que no instalación, de este tipo de Centros. La Administración tiene que elaborar y desarrollar una estrategia digital de amplio espectro, siendo una de sus manifestaciones, entre otras, la implantación de este tipo de servicios a través de un Centro especializado que tenga un núcleo común para preservar la identidad corporativa de la Administración que lo gestiona y donde se sectorice posteriormente la tipología de los servicios a los que tenga que responder ante la ciudadanía y, sin lugar a dudas, a los empleados públicos afectados por estas prestaciones. Me estoy refiriendo a que no deben implantarse Centros diferenciados por servicios públicos, bien sea en rango ministerial o de consejerías, sino uno común, superespecializado y de alta resolución para atender todo tipo de demandas ciudadanas, que responda a las necesidades reales de las personas presuntamente implicadas (incluidos los empleados públicos) y que obedezca a trabajos de campo previos para conocer con detalle los llamados “hechos de vida” que preocupan de verdad a los que tienen que recibir los citados servicios y, por qué no decirlo también, de quienes los prestan. Hoy no existe problema tecnológico para resolver esta superespecialización, existe tecnología suficiente, porque se puede organizar perfectamente la captación y respuesta de la demanda ciudadana y pública, con economías de escala más que evidentes, aunque nunca debería ser la tecnología la principal razón estratégica en la implantación de los mismos.

La Administración no es sensible a veces a este tipo de planteamientos estratégicos. Piensa que es necesario implantar un Centro de Atención a la Ciudadanía y lo lleva a cabo sin tener en cuenta estos principios expuestos anteriormente, creciendo los centros como por esporas y de forma desordenada la extensión de estos servicios, con escasa identidad corporativa en la prestación de los mismos y con nula economía de valores públicos y de escala, sirviendo como ejemplo sencillo las diferentes funcionales nucleares de cualquier servicio público, los diferentes argumentarios y locuciones en la recepción de llamadas y en el seguimiento de las mismas, por no decir la casi nula proactividad en la gestión de los mismos, de lo que hablaremos posteriormente. Es muy corriente estar siempre a la espera, como las llamadas, más que identificar la necesidad para resolverla con carácter proactivo y no reactivo a través de campañas relacionadas siempre con los hechos de vida que afectan a la ciudadanía. Esta situación es real en la actualidad y crea desconcierto en la ciudadanía porque no hay un espacio común de atención, sino múltiples centros y cada uno con una forma de actuar y presentarse en sociedad.

Por estas razones expongo a continuación los principios estratégicos que se deberían contemplar en un giro copernicano de la Administración al incorporar a su estrategia digital de amplio espectro la especialización de la atención a la ciudadanía y la prestación derivada de los servicios públicos que correspondan a esta actividad de vital importancia para salvaguardar el interés general que debe perseguir siempre.

2. Principios estratégicos en la implantación de Centros de Atención y Servicios a la Ciudadanía.

2.1. MARCO ESTRATÉGICO. El Centro debe ser siempre una proyección de la estrategia digital corporativa de la Administración Pública que corresponda, comentada anteriormente, atendiendo a tres grandes pilares básicos:

  • ESTRATEGIA DIGITAL EN LA RELACIÓN CON LA CIUDADANÍA, entendida como el  proceso organizativo mediante el cual la Administración incorpora a sus funciones corporativas los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su cambio y como modelo de integración tecnológica orientada a la ciudadanía.
  • CALIDAD DE LA ATENCIÓN DIGITAL, mediante la provisión de servicios accesibles y equitativos, con un nivel profesional óptimo, que tiene en cuenta el estado del conocimiento actual de su objetivo estratégico y los recursos digitales disponibles, logrando la adhesión y satisfacción de la ciudadanía.
  • ÉTICA PÚBLICA DIGITAL, como acción pública mediante la cual se hace operativa la estrategia digital de la Administración correspondiente, su paradigma y objetivos, sobre la base de que la ciudadanía es el centro de la misma, su suelo firme constitucional, en términos de equidad y empoderamiento compartido.

2.2. MODELO FUNCIONAL. Debe responder siempre al respeto reverencial a los denominados hechos de vida de la ciudadanía, que se deben utilizar siempre como patrones para determinar y desarrollar las líneas funcionales nucleares en este tipo de centros, tal y como se explica a continuación. Una vez clarificado este patrón común donde la ciudadanía juega un papel estelar, hay que establecer cuatro líneas funcionales que interactúan entre sí, pero que siempre tienen que tener absoluta correspondencia. Estas son las siguientes:

  • Línea Funcional de Información: en esta línea funcional se engloban aquellos servicios que tienen un carácter meramente informativo de cara a la ciudadanía y a los profesionales que deben prestarla, de forma que ante una consulta general de los mismos, se les proporcione de la forma más eficiente posible la información que solicitan o que puede ayudarles a resolver el problema que presentan. En este caso, son la ciudadanía o los profesionales los que ante una duda o consulta que se le plantee, toman la iniciativa, siendo el Centro un ente proactivo o reactivo, dependiendo de la atención que tenga que prestar en cada momento.
  • Línea Funcional de Participación: en esta línea funcional se engloban aquellos servicios en los que se produce una transferencia de poder consultivo, interactivo y decisorio al propio ciudadano sobre elementos cruciales en su vida ordinaria. El ciudadano o profesional pasa a tener un papel más activo en su relación con la Administración, a la vez que adquiere una mayor capacidad y posibilidad de decisión. En los servicios enmarcados en esta línea, el Centro deja de tener un papel meramente reactivo y pasa a prestar servicios más personalizados que ya no se centran sólo en la información general, sino en la particular asociada a cada ciudadano en concreto.
  • Línea Funcional de Interactividad: en esta línea funcional se engloban aquellos servicios en los que existe una alta interactividad o comunicación bidireccional entre la ciudadanía y la Administración. Se enmarcan aquí, tanto servicios en los que la propia ciudadanía da el primer paso de la interacción, como otros en los que será el Centro el que establezca el primer contacto con la ciudadanía y los profesionales. En todos los casos estos servicios estarán orientados a un ciudadano en concreto, no teniendo carácter generalista.
  • Línea Funcional de Proactividad y Personalización: en esta línea funcional se enmarcan aquellos servicios en los que existe un alto grado de personalización o bien es el propio Centro el que toma la iniciativa en todos los casos en el establecimiento de contacto con la ciudadanía. El Centro deja de ser un ente reactivo y pasa a prestar servicios proactivos, antes de que estos sean demandados por la ciudadanía y profesionales, siendo éste un identificador estratégico y esencial del Centro.

2.3. HECHOS DE VIDA. Se reconoce la importancia de considerar en la implantación de este tipo de Centros,  una idea-fuerza: el “hecho de vida”, con trazabilidad cognitiva muy bien definida, entendido como acontecimiento vital de una persona ó profesional que desencadena una necesidad de atención o servicio por parte de la Administración  y que se convierte en una actividad prioritaria en su vida ordinaria. El hecho de vida será el “patrón” determinante del Centro en relación con los procesos definidos para ser atendidos, debiéndose actualizar con una periodicidad planificada de claro matiz proactivo, no reactivo, en relación con las situaciones vitales más sentidas y percibidas por la ciudadanía, que generarán marcadores (indicadores) de gestión en el Centro.

  • Por su especial dificultad de implantación e intelección, se quiere resaltar que afectará desde la perspectiva horizontal y como tal hecho de vida, en el área directiva de los empleados públicos, en términos de calidad percibida y sentida por ellos, en un proceso de retroalimentación permanente con los profesionales que atienden el Centro de forma directa, nunca “agentes”, es decir, los hechos de vida de la ciudadanía y declarados como tal en el ámbito de actuación de los profesionales citados serán patrones de conducta a observar y prestar especial atención como “marcadores de gestión” y “procesos” que se proyectan a los hechos de vida profesional que afectan a los mismos. Asimismo, un Proceso es una secuencia ordenada y repetitiva de actuaciones orientadas a generar un valor añadido sobre una entrada para obtener una salida determinada, interpretando el hecho de vida como un todo para centrar bien todo el “proceso” en el que está inmerso el “acontecimiento vital que desencadena una consecuencia ó resultado de información o servicio”.

2.4. CARTERA DE SERVICIOS. La Cartera de Servicios de un Centro de Información y Servicios de la Administración es el conjunto de procedimientos, procesos, técnicas y tecnologías, definidos en un catálogo general aprobado y priorizado por la Dirección estratégica correspondiente, que responden a necesidades y demandas de la ciudadanía, como hechos de vida, mediante los que se hacen efectivos la información y servicios del Centro y basada tecnológicamente en el modelo adaptado de gestión de relación con la ciudadanía (CiRM), sin que en este artículo se entre en detalles tecnológicos que ahora no corresponde abordar directamente. Esta cartera tiene que respetar siempre la interrelación y ponderación de las cuatro líneas funcionales explicadas anteriormente, con objeto de que no se produzcan desequilibrios en las mismas. Es frecuente observar cómo la línea de información suele ser preponderante sacrificando de forma no razonable la de participación e interrelación, obviamente indispensables para una buena obtención de estándares de calidad sentida y percibida en la evaluación formativa correspondiente. No digamos nada de la afectación a la línea de personalización, tan demandada por la ciudadanía.

Al abordarse en este artículo la existencia de un único Centro estratégico de Información y Servicios de la Administración, es fácil colegir que la cartera de servicios será común en servicios horizontales de trazabilidad compartida, abordándose posteriormente los sectoriales, tales como salud, educación, servicios sociales, vivienda, turismo y deporte, etc., pero con un hilo conductor común.

2.5. EVALUACIÓN. Evaluar es emitir juicios bien informados. Así lo definía Carol Weiss destacando la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas. No existe esta cultura en España y a nivel de ciudadanía somos muy tolerantes con este tipo de actividad que es fundamental para ponderar qué y cómo se desarrollan los compromisos adquiridos en relación con proyectos estratégicos que se implanten, tales como este tipo de Centros. La metodología es clara: transparencia al poder en las políticas y programas políticos a examen en relación con este tipo de proyectos, tanto en la evaluación formativa (día a día), como sumativa (final), por ejemplo, al concluir cada ciclo evaluativo del Centro.

3. Conclusiones

Si hubiera que extraer una idea fuerza de los planteamientos anteriores se podría concretar en una sola: es imprescindible la participación estratégica tanto de los empleados públicos como de la ciudadanía, como presuntos usuarios, en el diseño, desarrollo e implantación de un Centro de Atención y Servicios a la Ciudadanía, en los términos estratégicos expuestos anteriormente, porque será la verdadera gestión diaria del conocimiento en el mismo la que revierta en calidad integral pretendida, percibida y sentida. Está demostrado en cualquier proceso de gestión de cambio y comunicación, colaterales al de implantación, que no se debe despreciar ningún segmento interviniente en los procesos a digitalizar. Todos son necesarios, básicamente, porque hay personas detrás (empleados públicos) y delante (ciudadanos). Ese es el riesgo también a digitalizar y asumir de forma corporativa con la Gestión del Cambio e implantación del Centro que siempre se deben incorporar como proyectos específicos del gran proyecto estratégico de creación de un Centro Corporativo de estas características en la Administración.

Posiblemente, en una presentación progresiva, cuidada y participativa, se puedan despejar muchas incógnitas y atender muchas inquietudes basadas casi siempre en el rumor acerca de la implantación en la Administración Pública de un Centro con estas bases estratégicas digitales. Es siempre un proceso clave en la comunicación bidireccional: ascendente y descendente, jerarquizada y compartida, clara y concisa, responsable e ilusionante, motivadora y proactiva, percibida y sentida, creíble y presentable, con la dignidad que imprime a todos los actos institucionales la ética pública, en este caso, administrativa y digital, como factor crítico de éxito en su implantación estratégica.

En definitiva, se espera que los empleados públicos, artífices reales del éxito de este tipo de Centros estén preparados en su entrada en funcionamiento con visión estratégica para ser capaces de adquirir los conocimientos básicos de la tecnología de gestión de la relación con los ciudadanos en su aplicación a los procedimientos y procesos administrativos que corresponda; iniciar el aprendizaje como profesionales activos en la prestación de los servicios derivados de este tipo de Centros; desarrollar el conocimiento de las habilidades específicas de información proactiva más que reactiva, interactividad, proactividad y participación en la gestión del Centro; adoptar nuevas actitudes profesionales de gestión del cambio respecto a su modo de desarrollar el trabajo en la actualidad y en el futuro inmediato y, por último, en relación con las Unidades directivas implicadas, comunicar a los empleados públicos adscritos a cada unidad afectada en la implantación del mismo su finalidad estratégica y su respectiva proyección especializada a tenor de las competencias a atender con un patrón corporativo común y con la tecnología adecuada. Es más, son los propios empleados públicos los que se pueden beneficiar de este tipo de información y servicios, de amplio espectro, en cualquier puesto que ocupen en la Administración, porque también deben ser objetivo de estos Centros.

Una última reflexión sobre la transferencia de la operación de este tipo de Centros al sector privado, tan habitual en la Administración Pública española. Desde una responsabilidad de estrategia digital de carácter público, la gestión de este tipo de Centros puede llevarse a cabo desde una perspectiva híbrida, es decir, la planificación, implantación, dirección y evaluación del Centro nunca se deberían delegar a empresas especializadas en este tipo de Centros en el sector privado, no así la operación técnica y tecnológica del mismo que necesita siempre fuertes inversiones para su actualización, gestión y formación que la Administración no debería asumir nunca de forma directa, diferenciando perfectamente inversión y gasto en el análisis del coste/beneficio de estas implantaciones, así como en la tutela directiva irrenunciable en la evaluación continua, formativa y sumativa, de este tipo de Centros.

 

Optimistas bien informados

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Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. Matsuo Bashō (1644-1694)

Hablo de los pesimistas, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti (1) en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. Efectivamente, ante la situación actual del país desde la perspectiva política, estamos obligatoriamente obligados a informarnos bien de lo que sucede, caminando por las grandes alamedas de la transparencia que todos los días hay que buscar, no vaya a ser que nos ocurra lo mismo que a Diógenes de Sinope, prototipo de la escuela cínica, cuando “buscaba a un hombre”. Un día estaba en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Pesimismo en estado puro.

Otra cosa es que, en plan pesimista total, sepamos detectar algo importante en política: localizar los elementos de verdad en todo lo que se mueve en este ámbito, informarnos bien como optimistas natos que somos, porque en ese mundillo político corre la voz de que si algunos dijeran alguna vez la verdad…, mentirían.

Sevilla, 14/IX/2016

(1) Benedetti, Mario (2001). Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://cronopiolandia.wordpress.com/category/mario-benedetti/

 

Los alumnos cantan siempre a sus Maestros de vida

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http://elpais.com/elpais/2016/09/12/videos/1473674285_976962.html

Ha comenzado el curso escolar 2016-2017, avanzando paulatinamente en todos los niveles educativos que contempla la discutida legislación vigente, piedra angular en el presente y futuro de España. Enseñar en cualquier nivel de educación, en un país tan necesitado de ella como el nuestro, debería ser siempre un momento mágico en la vida profesional de un profesor o profesora, mejor de un maestro o maestra, si es posible con “M” mayúscula. Es un momento crucial, como cuando nos enfrentamos al fenómeno de la página en blanco, en este caso una persona, desde los locos bajitos a los universitarios consolidados como tales, incluso los profesionales discentes, donde tienen la oportunidad de decir todo o nada, enseñando, pero que en cualquier caso se espera siempre que digan algo especial.

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https://www.facebook.com/TimMcGraw

Es lo que han debido reconocer y sentir en su vida escolar los alumnos de enseñanza secundaria del profesor Ben Ellis, más de 400 y varios profesores colegas del Instituto Christ Presbyterian Academy de Nashville (Tennessee, EE UU), cuando han ido a su casa a cantarle una bella canción, Holy spirit, como muestra evidente del respeto, agradecimiento y afecto a quien les enseña a ser personas dignas cada día (carpe diem). Lo sabemos gracias a las redes sociales, porque un amigo, el cantante country Tim McGrow, subió el video el sábado pasado, alcanzando ya más de 23 millones de reproducciones en unos días. Me emocionan estas manifestaciones de respeto al trabajo bien hecho de un maestro de la enseñanza, en cualquier nivel, tal y como nos lo han transmitido películas preciosas durante los últimos diez años, entre las que destaco, Ser y Tener, Hoy comienza todo, El club de los poetas muertos, Maestro Lazhar, Los chicos del coro (¡qué hermosa canción de despedida a su querido profesor!) y la última que he visto, El profesor de violín.

Este país necesita aprender de estos alumnos de Nashville, porque más allá de visionar el vídeo en un momento puntual que pasa, llenándose nuestros ojos de lágrimas, tiene un trasfondo ejemplarizante. La educación es la piedra angular de un país, como he dicho anteriormente y más allá de las disputas políticas de cómo llevar a cabo la ciclópea tarea de educar uniendo voluntades de siglas políticas, por cierto nada inocentes, está la quintaesencia de educar para la vida, uniendo siempre, conocimiento, aptitudes y actitudes para ser personas dignas en el mundo actual. Cuando se desequilibra este trío de ases educativos, se producen resultados no pretendidos, que al fin y al cabo son los objetivos docentes no alcanzados. Suspenden los profesores y suspende el país, no solo los alumnos.

El profesor Ellis está viviendo su carpe diem particular que seguro que les habrá enseñando a sus alumnos cantores: “Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. […] Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia”.

Comprendo mejor que nunca que estos alumnos de Nashville hayan ido hasta la ventana de su profesor para cantarle su agradecimiento por ser como es, en un momento crucial de su existencia, así como que alguno le haya gritado “Capitán” en su pequeña persona de secreto, dándole las gracias, cantando, por haber aprendido la importancia del carpe diem que cada uno tiene que experimentar en su propia vida.

Sevilla, 13/IX/2016

NOTA: Vídeo y enlace recuperados hoy del diario El País: http://elpais.com/elpais/2016/09/12/videos/1473674285_976962.html

Grandes alamedas para personas libres

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Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Horas antes de finalizar este día, cargado de recuerdos amargos para la humanidad, por el terrible atentado de las Torres Gemelas en 2001, deseo recordar también que hoy se cumplen 43 años del golpe de estado en Chile. Las palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento, sigo leyéndolas e interiorizándolas en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Marcia Tambutti, nieta del Presidente Allende, ha dirigido un documental, Allende, mi abuelo Allende, que ha supuesto una aportación fundamental para conocer de forma más cercana al presidente tristemente fallecido y que me permitirá conocer aspectos humanos de un líder carismático de mi persona de secreto: “En un relato conmovedor y honesto, es la primera investigación sobre Allende realizada desde el círculo íntimo del mandatario y está hecha sobre la base de 32 entrevistas a personas que lo conocieron de cerca. Son todos testimonios inéditos, como el de Tencha Bussi de Allende, la viuda del Presidente fallecida en junio de 2009, cuando el filme estaba en plena confección. La realizadora también logra hacer hablar a su tía Carmen Paz Allende Bussi, la primogénita del mandatario, que vive en Santiago y que por décadas ha cultivado un bajo perfil, alejado de la prensa. Sentada en el patio de la casa de calle Guardia Vieja de la capital chilena, la vivienda familiar desde 1953 decorada como si el tiempo no hubiese pasado, Tambutti explica que el hecho de que ella estuviera preparada para desempolvar recuerdos, no significaba que su familia también. “Me faltó abuelo, quería saber más de él. Lejos del exhibicionismo y desde el cariño más profundo, a través de este documental me propuse entender las razones de este silencio, que se explica en una inmensa parte por la existencia de episodios dolorosos” (2).

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Sevilla, 11/IX/2016

(1) La imagen se ha recuperado hoy de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2) Montes, Rocío (2015, 1 de marzo). El Tabú de Salvador Allende. El País.com.

El síndrome de la última versión

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La Keynote de Apple celebrada ayer en San Francisco, me recuerda siempre el síndrome de la última versión, como rasgo patológico que preocupa cada día más a la sociedad científica. No está catalogado como tal todavía en la Clasificación Internacional de Enfermedades, pero estaría muy cerca de un cuadro de frustración que podríamos definirlo como “sentimiento displacentero de incompletud que surge como consecuencia de un conflicto psicológico no resuelto en relación con la no posesión de la última tecnología de la información y comunicación, el último gadget tecnológico en sus múltiples manifestaciones”.

¿Quién duda del éxito de Apple en el mundo actual? Las cifras que maneja son abrumadoras: como empresa líder en el mercado de la telefonía inteligente, tabletas, ordenadores, equipos reproductores de música, etc. Igualmente podríamos hablar del éxito irrefutable de su gran adversario Samsung. Más de lo mismo, con Google, Android, Amazon, etc. El problema estriba en que sus mercancías nunca son inocentes y junto al indudable beneficio social que han supuesto y suponen para la humanidad, nos llevan inexorablemente a integrarnos en el mercado puro y duro si queremos estar a la última en todo lo que producen y presentan con periodicidad cada vez más corta y que la sociedad actual, tan lastrada por la situación económica y ética, no es capaz de digerir .

El problema radica en el enfoque ético de lo que realmente se necesita consumir, no en la bondad de los servicios que nos prestan, es decir, el denominado sentido de la medida. Pero el mercado no es inocente y cada vez se excita más la intrusión en nuestras vidas para plantearnos que ahí están las novedades y que sin ellas la vida no es tan completa y feliz. Con ocasión de la navidad de 2010, época en la que siempre se excitan las necesidades de tener lo último de lo último, escribí por primera vez sobre este síndrome de la última versión, aunque ya lo había citado en múltiples intervenciones profesionales: “Mañana es Nochebuena y pasado mañana, Navidad. Pero con la presión del mercado no sé si tengo la última versión de la Navidad perpetua, porque creo que la del iPad ya me la he bajado, del iTunes, también; igual la del móvil, de mi Notebook, no sé, si lo sé de mi Smartphone, la del procesador de texto no lo sé bien porque no depende de mí, mi televisor no sé si es Full o Ready (siempre HD), ¿Ultra Slim?, y si el TDT es HD; del teléfono fijo no sé cómo anda, mi coche ya va por dos versiones más, y mi microondas, lavadora, plancha y horno, ya van también por no sé qué versión. ¿Y mis trajes y corbatas, cinturones, abrigo, gabardina, gafas, etc. etc…? Y la última versión del menú de la cena de Navidad, ¿por dónde va? Esto es un no parar”.

Ayer vi a Tim Cook sin el encanto ensoñador de Steve Jobs, anunciando últimas versiones de todo lo que se mueve en la empresa de la manzana mordida. Pensé en el impacto sobre el síndrome que presento en estas palabras de desasosiego, digital por supuesto, acordándome también de lo que escribí aquella Navidad 1.0, que en este momento es de rabiosa actualidad: “Lo más grave es que la versión de la inteligencia no sé tampoco por cual versión va. La del alma, ni te cuento. La del corazón, creo que ya va por una versión inalcanzable. Y mientras salgo a comprar lo último de lo último que indican los gurús de la mercadotecnia, en la tarde previa a la Nochebuena, porque la versión última de la Navidad, la del año pasado y anteriores, ya no sirve, me encuentro que para muchas personas la ultimísima ya está agotada. Y la frustración es enorme, porque “el sentimiento displacentero de incompletud” de las personas que se frustran porque no tienen la última versión de todo lo que está quieto o se mueve a nuestro alrededor, es una realidad que no está versionada. Por eso me acuerdo de Rafael Alberti tantas veces en la Navidad, cuando siendo un adolescente leí aquél poema precioso recogido en El Alba del alhelí, “El Platero”:

– A la Virgen, un collar
y al niño Dios, un anillo,
– Platerillo no te los podré pagar,
– ¡Si yo no quiero dinero!
– ¿Y entonces qué? di.
– Besar al niño es lo que yo quiero.
– Besa, sí

Y una cosa más, que diría Steve Jobs en sus Keynotes para recordar: hoy día me doy cuenta que no necesito versiones de casi nada porque tengo cerca unas personas que esperan como el platerillo de veinte siglos atrás que no confunda nunca, como todo necio, valor y precio.

Low Todo, para entendernos… es la etiqueta que busco hoy, la que deseamos encontrar, en definitiva, los que deseamos vivir ligeros de equipaje, lejos de las últimas versiones de todo, para no frustrarnos, porque hoy, afortunadamente, me basta con lo tengo y necesito si soy capaz de actualizar todos los días el sentido de la medida y de los sueños que me permiten ser feliz cada día.

Sevilla, 8/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.zonamovilidad.es/fotos/2/tim-cook-apple_1_thumb_1280.jpg

La verdad de las mentiras políticas

VARGAS LLOSA

No escribo estas palabras por desencanto existencial como algún lector puede deducir de su hilo conductor, sino por necesidad de expresar algo que me conmueve todavía: necesitamos conocer la verdad de lo que ocurre en nuestro aquí y ahora, pero la política, a veces, no es buena compañera de camino. No es la primera vez que escribo sobre este aserto, pero me lo ha recordado en esta ocasión un libro de Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, a modo de diccionario de verdades sobre realidades contadas por autores célebres como novelas inolvidables sobre la vida y la muerte, en una dialéctica casi imposible de entender a tiempo.

En el caso de la literatura, la aproximación a ella nos descubre casi siempre la verdad de las mentiras “piadosas”, aunque no inocentes, que se narran a lo largo de la prosa novelada. Igual que en la advertencia de los títulos de crédito de muchas películas: cualquier parecido del guión con la realidad es pura coincidencia. Es decir, ya sabemos qué nos estamos jugando existencialmente, estamos avisados. No ocurre así con la política, porque las mentiras políticas nos llevan de la mano, afortunadamente con honrosas excepciones porque todos los políticos no son iguales, al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ella, aunque nadie nos avisó de que eso no iba a ser así, confiando en ella como elemento crucial de la democracia.

¿Los programas políticos tendrían que incorporar en sus índices, la llamada de atención que hacíamos referencia anteriormente, sobre la ficción que encierran en sí mismos? No quiero pensarlo y por esa razón voy al cine a ver películas basadas en hechos reales que me conmuevan (El profesor de violín) y vuelvo a leer la obra de Vargas Llosa citada para comprobar si a través de la palabra literaria puedo encontrar la verdad que no encuentro en la realidad política actual: la ficción literaria, dice él, es por sí sola “una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos. Y, por lo tanto, un corrosivo permanente de todos los poderes, que quisieran tener a los hombres satisfechos y conformes. Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro”.

Si nos dijeran la verdad mentirían”, escribí después de las elecciones generales en España en diciembre de 2015 y finalizaba con una reflexión sobre la que hago hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

Sevilla, 5/IX/2016

#IzquierdaJamásVencida

 

Unos días de verano en Mallorca / 1. George Sand y Chopin

UN INVIERNO EN MALLORCA

… y la experiencia de la vida nos enseña que allí donde no se puede vivir en paz con nuestros semejantes, no existe admiración poética ni goces artísticos capaces de llenar el abismo que se abre en el fondo de nuestra alma.

George Sand, Un invierno en Mallorca

Inicio una serie de artículos dedicados a unos días vividos recientemente en Mallorca, recogiendo el espíritu y la letra de un libro muy controvertido sobre esta isla, Un invierno en Mallorca (1), de la escritora francesa George Sand (seudónimo de su auténtico nombre y género, Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), pareja de Chopin en una arriesgada aventura de amor en la isla en el siglo XIX, concretamente desde el 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, unos años después de la desamortización de la Cartuja donde finalmente se hospedaron. Inicié su lectura movido por la curiosidad de una experiencia muy atrevida de Sand y Chopin, en el contexto histórico de un país y de una isla con serias limitaciones sociales y sin vestigio alguno de lo que llegaría a ser un día todavía muy lejano en el espacio y en el tiempo.

La lectura es una semblanza muy dura sobre Mallorca, es más, creo que no me equivoco si la catalogo como demoledora. No conocía esta aventura tan atrevida para los momentos en los que tuvo lugar, pero la sombra de Chopin, “nuestro enfermo” en palabras recurrentes de Sand al referirse al gran músico, nunca por su nombre, me atenazaba en la lectura de un libro que me dejaba con el espíritu sobrecogido al leer cada página, ante una descripción que no deja títere con cabeza en esta isla. Allí estaba él, con la etiqueta equivocada de “tísico”, echado de mala manera de la primera casa que habitaron y de la que tuvieron que salir de muy mala forma, Son Vent, en Establiments, de la que tuvieron que comprar finalmente y a precio de oro todo lo que de alguna forma había entrado en contacto con el músico, como si fuese un apestado, por una enfermedad que no era tal.

Vivieron al final en una celda de La Cartuja de Valldemossa, que actualmente se puede visitar, de la que cuenta detalles verdaderamente asombrosos, donde Chopin compuso obras inolvidables en su pianino Pleyel, expresamente traído desde París, “llegado en el mejor estado posible a pesar del mar y del mal tiempo, y de la aduana de Palma…”, que “llenaba la bóveda elevada y resonante de la celda con un sonido magnífico”, tales como algunos de sus Preludios entre los que destaca el llamado “Gota de Lluvia” (op. 28, No. 15), la segunda Balada en fa mayor op. 38, el tercer Scherzo en do sostenido menor op. 39 y una de las Polonesas, la op. 40. Referido al preludio Gota de Lluvia, Sand escribió sobre el compositor: “[…] Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a sí mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, negó haberlas oído. Se enfadó mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón- contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, pero transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales.»

Tengo que reconocer que encontré en este libro una frase en sus primeras páginas, como nota del autor, que me pareció muy afortunada: “¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo? […] Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir?”. Efectivamente, un viaje siempre es un punto de partida para vivir nuevas experiencias, ir hacia alguna parte…, a un lugar escondido en el alma. Y esta razón de partir fue la que me impulsó a buscar ahora en Mallorca algo más que viajar a cualquier precio, sin estar obligado a hacerlo.

Sevilla, 11/VIII/2016

(1) Sand, George (1975). Un invierno en Mallorca. Palma de Mallorca: Ediciones La Cartuja.

En memoria del Maestro Gustavo Bueno

GUSTAVO BUENO

El domingo pasado murió el filósofo libertario Gustavo Bueno. Conocí a fondo su obra durante mi etapa romana en los años setenta, lejos de la España que helaba el corazón, aprendiendo a formular teoría crítica marxista a través de su pensamiento, heterodoxo para muchos autores contemporáneos, discutido hasta la saciedad por sus escarceos con la mal llamada según él “televisión basura”, en los primeros años de este siglo. Asiduo tertuliano en aquellos platós, apabullaba a sus contertulios cuando les demostraba que no sabían lo que estaban diciendo, utilizando curiosamente la mayéutica socrática, tan marxista él, organizando unas trifulcas memorables de descalificación educada del adversario a través de la palabra. ¡Cómo le echo de menos en las tertulias políticas actuales, mediocres por antonomasia!

Si por algo lo recuerdo profundamente después de aquellos años italianos de encrucijada personal, siguiendo el modelo existencial de Ferrater Mora, es por un trabajo impecable publicado en las postrimerías del siglo veinte, bajo el título apasionante y en la línea de Ítalo Calvino, Diez propuestas, «desde la parte de España», para el próximo Milenio (1995), que tantas veces he citado en mis intervenciones públicas. He leído muchas veces este texto, excelente, provocador, como toda su obra, accesible para quienes aman de verdad este país, pero siempre me llamó poderosamente la atención la propuesta séptima sobre política orientada a conseguir, como mínimo, un uno por ciento de lectores de libros escritos en español, sobre temática científica o filosófica, en la que se resaltaba -entre otras- una verdaderamente urgente y asombrosa para este país trufado permanentemente de opiniones y de los “opinantes” mayores del reino, pero de escasa teoría crítica en casi todo lo que se dice: “Ahora bien, como canon del nivel óptimo que podrían alcanzar los juicios de los ciudadanos de una democracia real, ponemos la posesión de los conceptos indispensables para formar, no ya tanto opiniones, cuanto teorías críticas o, si se quiere «opiniones sistematizadas»”.

Vuelvo a leerla hoy, con el sentimiento de pérdida en este país de un referente sobre pensamiento crítico que tanta falta nos hace, que no volverá más, porque cuando mueren estas personas imprescindibles en el sentido que proclamó a los cuatro vientos Bertolt Brecht, se muere algo en el alma de este país que tanto necesitamos cuidar en el ámbito sobre todo de la teoría crítica en todo aquello que nos permitiría vivir de forma diferente, singular, en el sentido estricto del término.

Continuaba el profesor Bueno, como siempre lo he recordado, con su hilo conductor en defensa de la teoría crítica de la ciudadanía: “No existe, en el fin del Milenio, otro camino para aproximarse a este canon que el camino de la lectura de «prosa científica y filosófica» que suministre instrumentos al efecto. El límite canónico de la democracia real (que, en realidad, es el que está inspirando las leyes de educación media obligatoria) contiene también ese ideal de «consumo universal de prosa científica y filosófica». Pero este límite canónico es inalcanzable en muchos años (por no decir en siglos, o nunca jamás). Y esto es lo que aconseja, no tanto a prescindir del canon, cuanto de revertirlo al estado real, segregando las consecuencias posibles de esta reversión”.

Indudablemente, lo que pretendía explicar con gran sentido de crítica histórica y realista de este país, es que si hubiera auténtico interés político, para él fundamentalmente ciudadano, se podría formar un “tribunal popular disperso” que en torno a 250.000 personas, el 1% de la población según sus estimaciones, en condiciones reales de leer, que podría “resistir el oleaje caótico de las opiniones ignaras [que no tienen noticias de las cosas], y de formar el núcleo de una opinión pública responsable”. Memorable, ante tanta mediocridad política, famoseo televisivo, tertulias políticas y demás correlatos de medios de comunicación que cuidan mucho más el corazón que la mente.

Recomiendo la lectura completa de esta propuesta y, después, de las nueve restantes. Es quizá el mejor homenaje que podemos tributar hoy a la memoria del Maestro Bueno. Les dejo con el Final de estas propuestas, todo un símbolo de su “independencia” creativa y política en el sentido griego del término y para que no le olvidemos nunca:

Las diez propuestas ofrecidas no tienen una intención revolucionaria, en el sentido ordinario de este término. Sin embargo estas propuestas están formuladas en el ámbito de un sistema de ideas políticas que tampoco descarta la necesidad, supuestas dadas las condiciones adecuadas, de desencadenar un proceso revolucionario en el sentido más tradicional. En cualquier caso, las propuestas que hemos presentado y defendido han sido formuladas con la intención expresa de mantenerse en situación de relativa independencia respecto de los programas de los partidos políticos del arco parlamentario español, ya sean estos partidos de izquierda, ya sean de derecha o de centro.

La «independencia» que hemos procurado mantener no significa tampoco la defensa de la posibilidad de actuar al margen de todos los partidos políticos; se trata de una independencia sinecoide [1] que se establece ante la serie de propuestas y cada uno de los partidos políticos por separado, pero no del conjunto de todos ellos. Y esto es tanto como decir que los diferentes partidos políticos de izquierda, de derecha o de centro, podrían, en principio «traducir» nuestras propuestas a sus respectivos programas. Pero esta operación no ofrece la garantía de que las diversas traducciones sean concordantes entre sí, ni siquiera en el plano concreto de la práctica política real.

Sevilla, 9/VIII/2016

(1) Nota aclaratoria sobre el término “sinecoide” que aporto personalmente y que aparece en el texto citado: [De sineogmos,ou = juntura, costura.]  Conexión característica de un término k con un conjunto de términos {a,b,c,d,…n} cuando k debe ir vinculada necesariamente, pero alternativamente, a alguno o a varios de los términos del conjunto, pero no a ninguno de sus términos en particular (por lo cual la conexión sinecoide del término k no lo hace dependiente, sino «libre» respecto de un término dado, aunque dependa del conjunto). Un reostato puede ser analizado como un dispositivo en conexión sinecoide; los vínculos del individuo con otros individuos de su grupo social (sobre todo en sociedades complejas, por oposición a las sociedades con formas elementales de parentesco) suelen ser de tipo sinecoide [63]. {TCC 1440}.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de http://www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/15/964322/gustavo-bueno-cumple-90-anos-en-plena-forma/1

Entrevista en El Correo de Andalucía

Ha sido una experiencia especial la publicación de una entrevista hoy en El Correo de Andalucía, periódico en el que estuve presente en los inicios de la Transición, con la publicación de unos artículos que se pueden descargar aquí, bajo la denominación de Periódicas. El Correo era un medio de comunicación muy valiente en aquél tiempo “que todos los días abríamos para leer sus famosas páginas centrales, porque tocábamos la libertad con los ojos…”. Son doce colaboraciones, “artículos de opinión” llamaban los eruditos, en una época donde pensar estaba casi prohibido y para opinar había que irse “a la calle” porque en casi todos los sitios estaba reservado el derecho de admisión de los que no pensábamos como los demás… Todos tienen un contexto, es decir, no son inocentes. Por cierto, no lo pretendo, solo quiero hacer justicia a una época que nos permitió construir un Estado libre y una Andalucía sin tópicos. Gracias anticipadas”.

La entrevista de hoy es casi una continuidad de aquél perfil humano como hilo conductor que estaba detrás de cada artículo, pasando el túnel del tiempo. Mi agradecimiento sincero a Juan Luis Pavón, porque sin conocernos previamente ha sido capaz de sintetizar de forma admirable la intrahistoria personal e intransferible de un niño del Sur que después de un viaje a una parte muy concreta del país, a Madrid, con su discreto encanto de la burguesía, volvió a su ciudad natal para crecer en ella trabajando con amor y el sufrimiento que aúnan voluntades, en espacio, tiempo y con dinero públicos, en la permanente búsqueda de islas desconocidas para reforzar el progreso y la dignidad del sur sin olvidar nunca los otros puntos cardinales de este gran país.

Para quien le pueda interesar.

Sevilla, 31/VII/2016

SON Y ESTÁN

«La mediocridad y la catetez causan en España mucho gasto público improductivo»

José Antonio Cobeña, autor de la Estrategia de Política Digital de Andalucía. Logró la integración tecnológica completa de la sanidad, en manos del ciudadano mediante tarjeta con microchip. Su Plan Diraya fue multipremiado. Su vida es un zigzag de experiencias en pos de una misión

Juan Luis Pavón / Sevilla / 30 jul 2016 / 21:18 h.

JA COBENA-EL CORREO

José Antonio Cobeña, apasionado por la música, con el órgano que tiene en su domicilio, en Sevilla. / Manuel Gómez

Por su blog lo conoceréis. Se titula ‘Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas’. Está presidido por la frase “El mundo solo tiene interés hacia adelante”, del teólogo francés Pierre Teilhard de Chardin. A lo largo de la entrevista, para explicar las vicisitudes de su vida, se reafirma varias veces en otra frase: “En el amor y en el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”, es de la ‘Cantata de Santa Maria de Iquique’, del grupo musical chileno Quilapayún. Y su personalidad, antes y ahora, está impulsada por la “ardiente impaciencia que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres”, parafraseando a Rimbaud citado por Neruda. Y, camino de cumplir 70 años, está cursando estudios de piano y de violín, apasionado por tocar música de Mozart y de Vivaldi. Es José Antonio Cobeña, vecino de la sevillana calle Antioquía, al lado del Polígono San Pablo. Su esposa es trabajadora social, tienen un hijo que es ingeniero informático. Pocos directores generales ha tenido la Junta de Andalucía con una biografía como la suya.

¿Cuáles son sus orígenes en Sevilla?

Nací en Sevilla en 1947, en una casa que todavía está en pie, en la calle Jesús del Gran Poder, 111. Allí estaba la iglesia de la Purísima Concepción de los jesuitas. Soy hijo póstumo, mi padre murió con 27 años a causa de las secuelas de las gravísimas heridas que sufrió en la guerra civil cuando lo alistaron a combatir en el frente de Extremadura. Evacuado a Sevilla, y mutilado, en el hospital conoció a mi madre, enfermera. Se quedó viuda estando embarazada, yo iba a ser ese tercer hijo. La situación económica de mi madre era muy difícil, y cuando yo tenía cuatro años, a dos de los tres hermanos nos enviaron a vivir en Madrid con mis tíos, de posición social y económica muy acomodada. Y no pude volver a Sevilla ni ver a mi madre hasta que cumplí 17 años. Disfrutaba del discreto encanto de la burguesía, en el barrio de Salamanca, pero sufrí una tremenda deslocalización sentimental. Tenía comodidades pero no tenía la familia que necesitaba. Madrid sí me aportó muy buena formación porque estuve en un colegio mixto que era muy avanzado para la época: el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cómo cambia su vida cuando regresa a Sevilla?

Cuando tenía 17 años, yo quería ser diplomático, pero hago un giro copernicano en mi vida e ingreso en la Iglesia. Entré a estudiar en el Colegio Menor de Umbrete. Quería dedicarme a los demás, con toda la ilusión del mundo. Años después, sufrí una crisis ideológica. Estuve muy vinculado a movimientos y asociaciones en defensa de las libertades. Y me daba cuenta de que la Iglesia no daba respuesta a eso. Me fui a Italia, y en Roma me convencí. Durante más de un año estuve muy en contacto con los ambientes culturales y políticos (recuerdo cuánto me interesó conocer de primera mano todo el cine de Pasolini), y también tuve mucha relación con exiliados españoles como Rafael Alberti y María Teresa León. Al tiempo, mantenía mi vinculación con Sevilla, y publiqué artículos en ‘El Correo de Andalucía’, gracias a la generosidad de sus directores: José María Javierre y José María Requena.

¿A qué se dedicó después?

Un amigo, psicólogo y profesor de Escuela de Trabajo Social en Huelva, al saber que volvía a España me animó a trabajar allí. Y en Huelva me impliqué mucho para ayudar a su desarrollo. Estaba convencido de que Huelva necesitaba mirar menos a las carabelas (pasado) y priorizar mucho más la educación (futuro). Lo primero: relanzar dicha Escuela, que corría riesgo de cierre. Me eligieron director por unanimidad. Y sin dejar de dar clases, lo hacía en las horas que nadie quería: o a las ocho de la mañana o a las tres de la tarde. Se creó una fundación para sustentarla, implicando a instituciones como el Ayuntamiento y el Gobierno Civil. Y fuimos muy atrevidos en su modelo de gestión, en 1978-79 aprobamos un estatuto del profesorado, y un sistema de evaluación para que los alumnos valoraran a los docentes, que podían perder la titularidad de la plaza si los alumnos argumentaban que no servía para nada.

¿Alguna otra iniciativa que enlazara con su vocación social?

Estuve al frente, como presidente del consejo de administración, de la creación, en 1982, del periódico ‘La Noticia de Huelva’. Veía necesario aunar voluntades políticas y sociales para el desarrollo de Huelva. Y, aunque mis enemigos me etiquetaban como el marxismo-leninismo más feroz, me reuní con todo tipo de personas. Por ejemplo, con Fraga Iribarne, lo recibí durante una visita suya a Huelva. Cuando me di cuenta de que el periódico no iba a consolidarse como un foco de libertades sino que podía ser fagocitado por determinadas siglas políticas, no colaboré en su desarrollo y se cerró en 1984. Convoqué un acto para explicar los motivos. Recuerdo una frase del periodista Pepe Fernández: “Habéis muerto por ser excesivamente libres”. Es verdad.

¿Cómo empezó en el ámbito de la gestión sanitaria?

En Huelva, de 1983 a 1987. Me eligieron en la Diputación para afrontar diversos cometidos, desde dirigir el Hogar Infantil de Ayamonte, a afrontar el cierre del Hospital Psiquiátrico, que estaba en pésima situación. El primero de España donde se hizo eso para iniciar la reforma psiquiátrica. Y también asumí la creación del primer centro provincial de atención a drogodependientes. Lo pasé muy mal durante esos años. Me acusaban de sacar los locos a la calle y de fomentar la toxicomanía. Necesité protección policial, me intervinieron el teléfono para protegerme de las amenazas. Entre la gestión de asuntos como esos, y todo lo que acarreaba mi impulso del periódico (en el que no cobraba nada, lo hacía por altruismo y en defensa de las libertades), por lo que también era objeto de ataques desde sectores empresariales y sociales con fuertes intereses en Huelva, mi coche fue asaltado 21 veces. A veces lo despeñaban a un terraplén y tenía que rescatarlo una grúa. Siempre estaré agradecido a Mapfre, siempre me renovaba las pólizas. Y también estaré siempre agradecido a la actitud respetuosa de personas como Pedro Rodríguez, quien fuera muchos años después alcalde de Huelva. Lo conocí como fotógrafo. Estamos en las antípodas ideológicas pero siempre ha habido cordialidad y afecto entre nosotros.

¿De qué manera evoluciona para convertirse en un precursor y adalid de la digitalización de la asistencia sanitaria?

Entré como directivo del Servicio Andaluz de Salud (SAS) en 1987, y en 1990 comencé a vislumbrar que el mundo iba hacia una revolución digital. Soy doctor en Psicología y doctor en Filosofía. Y estudié muchísimo para ponerme al día sobre esa ola tecnológica. En eso fue clave para mí leer a Nicholas Negroponte y toda su línea de pensamiento y experiencias desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En 1997 empezamos a forjar en el SAS la inmersión digital de todo el sistema sanitario. Ya era subdirector general, y José Haro, el director general, me ofreció hacerme cargo del área tecnológica. Y le dije que aceptaba siempre y cuando también asumiera las telecomunicaciones. Porque los avances no se extienden si no es a través de los canales de comunicación.

¿Cuál fue el primer paso?

Autoconvencernos del cambio dentro de los servicios centrales, para poder después abordar toda la red sanitaria. Comenzamos un plan masivo de 300 cursos de ofimática simple y compleja a todo el personal de los servicios centrales, que duró varios meses. Pusimos en marcha el correo electrónico, inauguramos la página web del SAS. Y todo eso es la antesala de una jornada crucial: 25 de abril del año 2000. En el salón de actos del Hospital de Antequera, reunimos a directivos de toda Andalucía y presentamos por primera vez lo que iba a ser el proyecto Diraya. Y expliqué el significado de esa palabra: Diraya, que en árabe es conocimiento. La elegí en homenaje al gran médico y pensador cordobés Averroes, que decía: “En la vida es mucho mejor trabajar en el ámbito del conocimiento, del Diraya, que hacerlo en el del Rivaya, que es la tradición”.

¿Se topó con muchas resistencias tanto en el organigrama político como entre la profesión médica?

Las resistencias fueron enormes. Aquel día en Antequera, cuando terminó el acto, noté un gran escepticismo. Como si pensaran: “a este señor le ha dado un ataque digital, y habla de que la historia de salud va a ser del ciudadano y no del médico,…”. Pues todo se logró. Era un cambio enorme, suponía integrarlo todo y abandonar tentativas de otro tipo. Y crear una historia digital de salud de cada ciudadano, cuya titularidad fuera suya. Fue una labor excepcional de trabajo en equipo, conmigo hubo muchas personas convencidas de que, con valentía, era posible transformar mentalidades y sistemas. Y, cuando decidimos buscar en la Comisión Europea fondos para apoyar este gran proyecto, la acogida fue sensacional. Tanto interés deparó su puesta en marcha que en mayo de 2003 en Bruselas se concedió a Andalucía el premio europeo de estrategia digital de salud. Por delante no solo de cualquier región sino de cualquier país.

¿Fue su momento de gloria?

Nunca me ha gustado la fama y su fanfarria. Pero fue muy emotivo, al recoger el premio en Bruselas, dar una conferencia en el Salón Carlomagno de la Comisión Europea, y defender con ardor guerrero lo que se estaba haciendo en Andalucía. E hicimos una conexión en directo con niños pacientes del Hospital Virgen del Rocío, para mostrar la realidad del proyecto Mundo de Estrellas con el que se mejoró la calidad de vida de los niños y adolescentes en sus estancias hospitalarias, mediante el uso de tecnologías de la comunicación.

¿Por qué en España no se puso en común este modelo?

Diraya ha sido premiado en muchos ámbitos internacionales. En España, recibió la Cruz al Mérito Civil. Fui a recogerla con mucho orgullo, en nombre de Andalucía, de manos de Ana Pastor, por entonces ministra de Sanidad y ahora preside el Congreso de los Diputados. Ella fue muy afable, me parece una persona con criterio. Ese día hablé un buen rato con ella con el fin de proponerle una tarjeta única digital de salud para todos los españoles. Ya teníamos la andaluza, que era la primera con chip en todo el país desde un servicio público. Me dijo que sí, se llevó la propuesta a un consejo interterritorial de sanidad, acudí a esa reunión con mucho trabajo preparado sobre direccionamiento de redes para hacer ver a los representantes de las otras 16 autonomías cómo era fácil articularlo tecnológicamente mediante servidores de intercambio. Todos votaron que sí, pero nada se hizo. Había una apabullante tozudez, falta de visión política, mediocridad al poder, catetez. Y todo eso contribuye a que el gasto público improductivo sea mucho mayor.

¿En el Gobierno andaluz fue ganando peso para ser más un político que un gestor?

Mucha gente creía que yo era persona de partido, pero en verdad nunca lo fui. Ni quise pertenecer ni tenía por qué serlo. Siempre encontré apoyo, confiaron en mí, sin estar avalado por ninguna sigla ni por ningún linaje político. Eso me valió para afrontar la soledad decisional. Esos puestos de alta responsabilidad comportan la soledad en la toma de decisiones. En eso fui valiente. Y aprendí a aplicar un adagio medieval: “En comunidades no exhibas habilidades”. Cuando una persona tiene reconocimiento por alguna habilidad, intenta machacarte una parte de tu propia organización. Cierto es que de 2000 a 2004 fueron cuatro años de una intensidad extrema. Era secretario general del SAS y lo mismo estaba para un roto que para un descosido. Igual estaba en Londres negociando con directivos de la aseguradora Lloyd’s para que compraran el riesgo de las incidencias del sistema de salud de una región más grande que cinco países de la Unión Europea, que iba a Canal Sur TV a dar la cara en un programa de Paco Lobatón ante una familia que denunciaba que su hijo había muerto en un hospital con gangrena gaseosa.

Después le encomendaron extender la transformación digital a otros ámbitos de la Junta de Andalucía.

Dejé en 2004 el SAS, Carmen Martínez Aguayo me ofreció incorporarme a la Consejería de Hacienda para la transformación digital del sistema tributario. La base de mi trabajo era la misma: establecer estrategias, procesos y resultados. De ahí nace el Centro de Información y de Atención Tributaria (Ciyat) que todavía funciona. Pero en la Junta había que ir mucho más allá: las revoluciones digitales no pueden ser sectorizadas, porque entonces se tiende a la guerra de guerrillas y a los reinos de taifa entre diversos organismos, lo que siempre he criticado. Cuando en 2012 se constituye la Dirección General de Política Digital y asumo su dirección, llega la gran oportunidad. Por vez primera se definen los principios de la política digital para toda la Junta como decisión de gobierno. El decreto que los establece, de junio de 2012, fue para mí un hito. Engloba incluso a todas las empresas públicas de la Junta.

¿Tuvo que vencer muchas reticencias?

En los primeros nueve meses como director general de Política Digital impulsé un completo trabajo de campo para examinar todo el funcionamiento digital de una macroorganización como la Junta. Sé que pisaba muchos callos. Pero era llamativa la cantidad de centros de procesos de datos, qué locura, qué gasto público.

¿Recibía más parabienes fuera de Andalucía que dentro de la Junta?

La Administración andaluza tenía prestigio a nivel internacional por algunas estrategias de servicios digitales al ciudadano. Era notorio, a ojos de los demás, que estaban bien basadas en una dimensión estratégica muy sólida. Yo no paraba de recibir invitaciones para acudir a foros y simposios (en Alemania, en México, en Irlanda, etc.), con el fin de explicar qué se hacía en Andalucía. Tuve que poner como límite salir solo una vez al mes al extranjero, no podía descuidar la enorme cantidad de trabajo por delante, por mor de atender tanta petición de dar conferencias.

¿Cómo sobrellevaba que, a nivel mediático, sobre todo con el escándalo de los ERE, se asociara Andalucía a corrupción?

Cuando iba a cualquier foro, dentro y fuera de España, yo daba la cara por la rectitud de la inmensa mayoría de las actuaciones en el seno de la Junta de Andalucía. Lo decía en los coloquios: “Pregúntenme, no se preocupen. Estoy dispuesto a contestar. No me escondo”. No he tenido una actitud vergonzante. Sí una actitud humilde, defendiendo la dignidad pública, y sabiendo que estaba en una Administración que tenía heridas de muerte.

¿Por qué presentó su renuncia?

Renuncié al cargo de director general en 2013, cuando llevaba solo 16 meses en el puesto y me había comprometido a acometer en 48 meses un gran cambio digital en la gestión de toda la Junta. El plan era definir y organizar en los dos primeros años toda la política digital, y comenzar a aplicarla en el tercer año de esa legislatura. Pero yo no estaba en los cargos a cualquier precio. Me dolió mucho cómo funcionó y cómo concluyó sin pena ni gloria la comisión de investigación en el Parlamento andaluz sobre el caso de los ERE. En mi blog está publicado el texto que escribí: ‘Palabras para una renuncia a petición propia’. Se tenía que haber sido mucho más valiente políticamente. En las conclusiones de dicha comisión, solo se hace responsables a Manuel Gómez, interventor general de la Junta de Andalucía, y al señor Guerrero, ex director general de la Consejería de Empleo. Pero tampoco se defendió que la mayor parte de los profesionales, altos cargos y dirigentes políticos de la Administración son personas dignas que a diario se afanan en pro del servicio público. No podía soportar el descrédito generalizado hacia todos, el extendido comentario de que “todos somos iguales”. No, radicalmente no.

¿Notó que es mayor la soledad cuando no se está en el poder?

El día 1 de octubre del 2013 puse fin a mi carrera. Fue a la vez presentar mi cese en el Consejo de Gobierno, entregar todos los equipos de que disponía como alto cargo (teléfono móvil, ordenador portátil, etc.), y, con 66 años, tramitar mi jubilación. Un cambio tremendo. De estar en la cresta de la ola, con un volumen enorme de actividad, a quedar en soledad, rodeado de silencio. Salvo los amigos y amigas del alma, a partir del día siguiente ya no me llamaba nadie.

¿La estrategia digital que articuló para que comenzara a aplicarse de 2014 a 2016, ha tenido continuidad?

No. Se ha mantenido técnicamente la ordenación administrativa de la política digital, pero se han paralizado casi todos los proyectos, en un contexto de crisis económica. Siguió adelante el GIRO (Gestión Integrada de los Recursos Organizativos), pero se ha perdido toda la visión estratégica. Y eso propicia que se consoliden las ‘islas’ digitales dentro de la Administración, y un mayor gasto. Porque la estrategia exige una inversión temporal para iniciar un proceso que, años después, da sus frutos mediante la economía de escala. Evidentemente, era un proyecto muy molesto para muchas personas, lo sé, y para muchas estructuras. Porque era desmontar muchos chiringuitos digitales. Cuando hay una estrategia integral, no puede haber treinta centros de atención a la ciudadanía, tiene que haber solo uno, superespecializado. Y sin automatizar la relación de la Administración con el ciudadano. Eso para mí era un principio crucial: siempre una persona (identificándose con su nombre y apellidos) atendiendo al ciudadano, no hacerlo mediante una máquina. Eso es proactividad, alta disponibilidad, servicio público. Y una diferencia enorme respecto a la gran cantidad de servicios de atención digital al usuario, despersonalizados, que son una continua fuente de quejas.

¿Su formación humanista le ayuda a no convertir la innovación tecnológica en dogma de fe?

No me interesan las revoluciones digitales que están solo en manos de tecnólogos. Negroponte dice en su emblemático libro ‘El mundo digital’, que los bits no son entes morales pero que los bits transforman una sociedad si los ponemos al servicio de la ciudadanía.

¿Cómo enjuicia la situación política actual?

El problema trasciende de Andalucía, es en toda España: Hay un deterioro social y político progresivo. Falta visión de Estado. También en política digital. Y ya no se soluciona con una estrategia local o regional. Tiene que ser una estrategia de Estado, de dimensión nacional. Lo defiendo desde mi blog. Molesta a muchas autonomías que se le diga eso, pero incurriría en una catetez digital si no lo digo. Cuando se persigue el interés general no te puedes quedar en la medianía del chiringuito digital, que es lo que se acostumbra a montar, dando bandazos. Y no solo es caro. Es inútil. Es para morir de éxito a nivel local.

¿No le han llamado para aprovechar sus experiencias y conocimientos?

Poco. En Madrid, en la Escuela Nacional de Sanidad, me invitaron para intervenir en el curso de alta dirección en sistemas de tecnología de la información. En Sevilla, en la Escuela Superior de Ingeniería Informática, me han llamado para impartir una clase de dos horas. Estoy dedicando mi tiempo a escribir en mi blog, y a aprender a tocar piano y violín.

¿Qué propone para frenar en Andalucía la fuga de jóvenes talentos?

Lo que planteé desde la política digital: generar proyectos de servicio público tan innovadores que se convierten también en creación de conocimiento público, y en convocatoria de concursos para desarrollarlo, lo que faculta a cientos de titulados. Por eso firmé desde la Consejería de Hacienda un convenio con la Universidad de Sevilla.

Vivimos en un país enfermo

HACIA ADELANTE

Siempre hacia adelante

DAR YASIN (AP) | 25-11-2011
El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

Estas palabras las escribo en un día en el que también podríamos concluir que el mundo está enfermo, después de lo sucedido anoche en Niza. Mi pensamiento y sentimiento está con las víctimas de este desatino, con sus familias y con todas aquellas personas que luchan todos los días por desterrar la violencia de sus vidas. De cualquier tipo y que no deberíamos permitir que la soportaran; en ocasiones, debido a nuestros silencios cómplices y mucho más cerca de lo que creemos.

No me gusta escribir mirando hacia atrás o guardando silencio ante el presente desnudo, como el rey de Andersen, y menos con ira, pero estamos viviendo acontecimientos que necesitan un diagnóstico y tratamiento posterior, urgentes, para atender una enfermedad social que se extiende en este país como una plaga desde hace bastantes años. Me refiero a las tragaderas y comportamientos sociales que se aprecian en fenómenos tales como la oleada de solidaridad con el jugador Messi, que ha tenido una conducta de fraude fiscal impresentable, la tolerancia con los defraudadores de impuestos en general por más que estemos presuntamente convencidos de que “Hacienda somos todos” (casi siempre cuando hacemos reivindicaciones sociales que me afectan a mí y a mi familia, aunque no sea solidario a la hora de practicar ética ciudadana en el terco y próximo día a día), la utilización perversa de las redes sociales para hacer el máximo daño posible a los demás, la corrupción a nivel de partidos y entidades públicas de amplio espectro, las presuntas negociaciones políticas para clarificar la formación del Gobierno, la profusión de “Sálvame”, con perdón, que arrasa en determinado público objetivo de sofá y copa; la violencia diaria, a flor de piel, contra la mujer, contra los niños mediante el acoso escolar, contra los que son diferentes por razón de sexo, color o creencia.

No digamos nada sobre la abstención en las pasadas elecciones, más de diez millones de personas, que se ha convertido en el “partido político” con mayor número de votos, utilizando una metáfora bastante dura. Por último y como otro botón de muestra de nuestra enfermedad social, la incapacidad de diálogo constructivo por parte de los representantes políticos, permitiendo que el país continúe una deriva hacia ninguna parte.

Estamos viviendo unos tiempos modernos con sentimiento de desconcierto permanente ante las noticias políticas y económicas de diálogos casi imposibles, que llevan a un abatimiento colectivo entre los perdedores de las elecciones generales y en gran parte de las personas que me rodean, algunas con residencia política cercana a los partidos que han perdido limpiamente en democracia, porque no se sabe dónde va a parar la traída y llevada crisis. Por otra parte, tengo una sensación que me preocupa constantemente y radica en la apreciación contrastada de que no va a haber mar suficiente para acoger a todas las personas que se tiran por la borda de los diferentes barcos que surcan los mares de la vida política y económica, porque dicen que no pueden más y que hay que buscarse otra vida. Es más, los que piensan que la política no sirve para nada.

La situación es muy crítica, no cabe duda alguna, pero creo que debemos parar un momento la moviola de la tristeza y abatimiento para reconsiderar actitudes personales, familiares, laborales y políticas, para enfrentarnos a una realidad incontestable, la necesidad de hacer un pacto de Estado por la regeneración de la educación y de valores humanos, a todos los niveles imaginables. Es la mejor receta, por no decir la única, para estos momentos tan especiales que estamos atravesando, pero que debe contar con la aportación que cada una, cada uno, puede poner en su realidad propia y asociada, mirando siempre hacia adelante, como he querido simbolizar a lo largo de los diez años en este cuaderno de bitácora, como símbolo y actitud activa que aprendí hace muchos años del mensaje y del autor que da título a este blog, es decir, España solo tiene interés hacia adelante.

Escribí en 2011 unas palabras que necesito rescatar hoy en momentos de zozobra: “¿Dónde está la receta, para comprarla o el bálsamo de Fierabrás para beberlo y curar todas las heridas actuales en el cuerpo y en la mente? Sencillamente, no existen puntos de venta de estos productos mágicos, porque la revolución de la indignación activa está en el cerebro de las personas que deciden no arredrarse ante la situación adversa y seguir mirando hacia adelante, como el ciclista de la foto, avanzando en medio de la niebla espesa, con unas luces tenues que ayudan a seguir pedaleando, viviendo, trabajando, queriendo, enfrentándose de cara a la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la tentación de tirar la toalla y arrojarse al mar es una situación transitoria, dejando atrás compromisos y personas que necesitan manos amigas y cerebros inteligentes que luchen día a día por vencer el miedo escénico de seguir viviendo, saliendo a cubierta para dirigir la nave del alma que todos llevamos dentro, abandonando temporalmente la contramina mental y de trabajo duro, gris, que muchas veces desarrollamos, para gritar en cubierta, a cielo abierto, que no debemos abandonar los barcos en los que cada uno está enrolado, porque las creencias merecen la pena aferrarse a ellas, en cualquiera de las cuatro vertientes que un día, también muy lejano, aprendí de un gran hombre, José Ferrater Mora, en su precioso libro, El hombre en la encrucijada.

Decía el autor que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos”.

La inteligencia humana, educada en libertad, que nos une a todos y no está en el mercado libre, vence siempre al miedo y al dinero (una de las causas enmascaradas de la enfermedad que sufre el país), por muy poderoso caballero que sea. Es una maravillosa lección de la historia que han escrito las personas que hasta hoy nos han acompañado en un largo viaje iniciado desde África, hace ya doscientos mil años, en la búsqueda incesante del alfa y omega de la vida, mirando siempre hacia adelante, que es la única forma de que el mundo tenga interés para todos formando parte, ahora, del Club de las Personas Dignas.

Sevilla, 15/VII/2016