Un informe, imprescindible, para conocer la verdad de lo ocurrido en las residencias de mayores, en Madrid

Informe de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid

Te marchaste sin decirnos adiós / Yo sé que tú no pudiste decirnos adiós / ¿No sabes tú que tampoco / nosotros hemos podido / decirte adiós? / Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben.

Rafael Alberti, Canción 55, Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)

Sevilla, 16/III/2024

Nueve meses después de haber publicado en este cuaderno digital un artículo, Personas mayores pidieron ayer en Madrid, verdad, justicia y reparación para las víctimas del COVID-19 en las Residencias, vuelvo a recordar de nuevo aquella tragedia, porque hay que olvidar el olvido. Siguiendo a Fray Luis León, “como decíamos ayer”, como dije entonces, la vida, a veces, demuestra su cara desnuda y vergonzante de silencios cómplices ante las injusticas sociales que se producen a diario, reforzando de esta forma el Estado de Malestar y con paradojas incomprensibles cuando vemos, por ejemplo, que se “premian» con millones de votos a responsables de desaguisados inhumanos, con resultados de muerte, de un calado excepcional. En el caso que me ocupa hoy de nuevo, la muerte de personas mayores por el «abandono» a su suerte, durante la pandemia en todo el país, pero especialmente en Madrid, debería remover nuestras conciencias -más allá de las cifras frías- de una vez por todas y exigir responsabilidades políticas de todo tipo. Sentí una emoción especial al ver aquellos días, en junio de 2023, un grupo de personas, familiares fundamentalmente de personas mayores fallecidas durante la primera ola de la pandemia, manifestándose tres años después ante las puertas de los juzgados de Plaza de Castilla, coincidiendo con la declaración de una persona, Alberto Reyero, exconsejero de Políticas Sociales del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, que al menos ha reconocido la amarga situación vivida bajo su responsabilidad política en esos días terribles de 2020 durante la pandemia. Lo sorprendente es que no es una «causa general» por lo ocurrido en todo el país, como señaló el juez instructor de esta causa que afectaba sólo a dos residencias de Madrid, sino los trámites derivados de una querella presentada por un grupo de afectados, en la que se pide que se investigue a fondo lo ocurrido y que se depuren las responsabilidades por los protocolos de no derivación de residencias a hospitales, concretamente en esa Comunidad.

Si escribo hoy, de nuevo, sobre esta situación lacerante, es para amplificar y divulgar un informe, imprescindible, para conocer la verdad de lo ocurrido en las residencias de mayores, en Madrid, que publicó ayer la Comisión Ciudadana por la Verdad, impulsada por asociaciones de familiares y sociedad civil, en el que se informa que el 21,5% de mayores que vivían en residencias fallecieron en los meses de marzo y abril del año fatídico de la pandemia, 2020, por la mala atención y porque no se les derivó a hospitales. El resultado final es demoledor: más de 4.000 mayores muertos en 2020 en residencias de Madrid se podrían haber salvado.

Creo, a la luz de este informe, que no hay que bajar la guardia en relación con este asunto de tanta transcendencia humana, personal, social y, también, de delimitación de responsabilidades políticas, caiga quien caiga, porque estos hechos no deberían quedar impunes. Es más, no deberían prescribir, ante la pasividad social de un país que está viviendo el ocaso de la democracia. Por esta razón de la razón y del corazón, público hoy esta reflexión, con objeto de que quien la lea contribuya a su difusión máxima, en homenaje a las miles de personas mayores que murieron por la indignidad política de quienes tomaron decisiones que avergüenzan cualquier conciencia en personas dignas. Por extensión, a sus familiares y a los profesionales que les ayudaron, como pudieron, a morir en medio de esta injusticia manifiesta.

Lean el informe, por favor, porque nos permite emitir juicios bien informados, no opiniones. Es lo mínimo que podemos hacer para contribuir al esclarecimiento final y justo de estos hechos. Colabore, por favor, en su difusión, porque en este caso, entre otros muchos, debemos olvidar el olvido.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

UNICEF aborda los problemas de vivienda, pobreza y derechos de la infancia en nuestro país

UNICEF España, Yo también vivo aquí. Vivienda, pobreza y derechos de infancia

Sevilla, 13/III/2024

Una vez más, desgraciadamente, vuelvo a tratar a título de denuncia social, la realidad de la pobreza infantil en España y, por cercanía, en mi Comunidad, Andalucía, pero creo que es una obligación ética acercarme a esta situación lacerante, que me conmueve y conturba de forma directa, desde mi condición de ciudadano que hace ciudad (polis) y país, es decir, que hace política en su sentido más primigenio, con independencia de las obligaciones de Estado en este ámbito de responsabilidad pública, que son obvias, para buscar las mejores respuestas posibles a unos hechos irrefutables que afectan a un 28,9% de los niños y niñas de este país y, por proximidad física, de Andalucía. Así lo afirmaba, una vez más, en el análisis que publiqué el pasado 7 de diciembre de 2023, Hay que denunciar la pobreza infantil en España, como el rayo que no cesa, sobre un informe publicado en esas fechas, UNICEF, España: pobreza infantil en medio de la abundancia,  en el que resaltaba que España es el país de la UE con la tasa de pobreza infantil más alta, con un 27,8%.

Hoy, escribo de nuevo con alma estas palabras, sobre lo que amo, la felicidad digna de los niños y niñas de este territorio en el que vivo, porque aprendí de Miguel Hernández su capacidad de amar, salvando lo que haya que salvar: Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores. / Esta obstinada piedra de mí brota / y sobre mí dirige la insistencia / de sus lluviosos rayos destructores. En esta ocasión, sobre otro informe reciente de UNICEF España, Yo también vivo aquí. Vivienda, pobreza y derechos de infancia, del que recomiendo, como siempre, su lectura atenta con objeto de que se puedan emitir juicios bien informados en cuestiones tan sensibles para salvaguardar la dignidad humana infanto-juvenil de un país democrático. Quizás sea una frase de una madre de este país, en situación de pobreza extrema, la que mejor resume el hilo conductor del citado informe: “Mis hijos y yo nos abrigamos más en el piso que en la calle”. Sobran muchas palabras para interpretar esta situación que afecta ya a casi 800.000 hogares en España.

El resumen ejecutivo del informe, que comparto y transcribo por la declaración de las principales líneas de investigación, que se tratan a lo largo de sus páginas, resalta cuestiones que considero de transcendental relevancia: “La vivienda afecta de forma importante a los niveles de pobreza infantil, sin embargo, los niños y niñas están muy poco presentes en las normativas y políticas que facilitan el acceso a ese derecho. […] La tasa de pobreza infantil en España es del 28,9%, es decir 2,3 millones de niños y niñas. Pero, además, deduciendo de los ingresos los gastos de la vivienda, 780.000 niños, niñas y adolescentes más caerían en riesgo de pobreza, elevando la tasa hasta el 38,6% (2023). […] La sobrecarga en el gasto en vivienda en el hogar es mayor para los menores de 18 años que para el resto de los grupos de edad, cosa que solo ocurre en seis países de la UE, alcanzando el 11,5% (2022), lo que nos sitúa en la cuarta posición de los países de la UE (2022) en este indicador, detrás de Grecia, Luxemburgo y Bulgaria. Los hogares en situación de pobreza, además, tienen 15 veces más posibilidades de asumir una sobrecarga de costes de la vivienda que los que no están en pobreza. Las tasas más altas de retrasos en pagos relacionados con la vivienda se concentran en hogares con niños y niñas, con un especial impacto en los hogares monoparentales (con mujeres como responsables en su gran mayoría), que también son los que más dificultades sufren para poder mantener la vivienda a una temperatura adecuada. Los niños, niñas y adolescentes, como corroboran los datos, asumen cargas especialmente pesadas en relación con la vivienda, desde las dificultades de acceso por la situación de bajos ingresos, hasta los problemas para cubrir las necesidades específicas (menor tamaño, acceso a la educación y otros servicios en el entorno, estado precario de la vivienda). Incluso en indicadores como la carencia severa en vivienda, en el que España está en una posición media respecto al promedio europeo (afecta al 3,4% de la población), el indicador casi se duplica cuando se trata de menores de 18 años, hasta el 6,2% (2020); además, esta carencia se multiplica casi por cinco cuando se trata de los niños y niñas que viven en un hogar en riesgo de pobreza, respecto de los niños que no están en esta situación. Esta situación hace que la infancia sufra consecuencias por no poder ejercitar el derecho a una vivienda digna, tanto en su vida y la de sus familias, como en el ejercicio de otros derechos. La exclusión residencial (en términos de vivienda inadecuada e inseguridad en la tenencia) tiene efectos sobre la salud física y mental y la educación de niños y niñas, pero también en el acceso al ocio y actividades de tiempo libre y en las relaciones intrafamiliares o con iguales, aparte de los impactos que pueda tener en sus oportunidades futuras. Problemas de salud física relacionados con la exposición al frío o al calor excesivo, a humedades o a intoxicación por humo. Problemas de salud mental y bienestar relacionados con el hacinamiento o la incertidumbre en el futuro (por ejemplo, en casos de desahucio o de impacto de facturas) que elevan los niveles de estrés de los niños y los adultos complicando incluso el adecuado ejercicio de la crianza. Los niños, niñas y adolescentes en vivienda inadecuadas sufren también el impacto negativo en su educación. La falta de espacio, de intimidad, de posibilidad de concentrarse y de tener recursos básicos (material escolar, electricidad o una temperatura adecuada) dificultan el éxito educativo y favorecen el absentismo. A causa de las humedades o la falta de higiene los niños y niñas pueden verse señalados en el centro educativo por su olor o su aspecto. Estos impactos son mucho más notorios y graves cuando se producen en contextos y situaciones de alta vulnerabilidad (desahucios, chabolismo, asentamientos informales o jóvenes ex tutelados) como los que se ilustran en este informe, de la mano de organizaciones sociales con experiencia en el abordaje de la vulnerabilidad residencial. Junto con estos datos y este análisis de consecuencias se constata un panorama de escasa respuesta, hasta el momento, desde las políticas públicas de vivienda a las necesidades y derechos específicos de la infancia. Aunque los cambios normativos como la Ley por el derecho a la vivienda avanzan en el reconocimiento de la misma como derecho, o la Garantía Infantil Europea la considera como uno de los cinco ámbitos de actuación, en muchas de las políticas públicas relacionadas, como en los planes de vivienda, la infancia está invisibilizada o aparece como un mero anexo a la situación familiar (un “factor de vulnerabilidad”). Esa falta de mirada a los niños y niñas en el ámbito de la vivienda bien merece la reflexión y una apuesta por medidas que los incluyan como sujetos con derechos y necesidades específicas”.

Una vez expuestos los problemas en este ámbito de actuación nacional, se aborda finalmente la siguiente conclusión y su desarrollo pertinente: “La vivienda se constituye como una dimensión principal de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Un derecho en sí mismo y una precondición para el adecuado ejercicio de otros derechos”, junto a 9 propuestas que sintetizo a continuación:

  1. Impulsar, reforzar y dotar de recursos las medidas en el ámbito de vivienda del Plan Estatal para la Implementación de la Garantía Infantil Europea, para poder alcanzar las metas y objetivos propuestos.
  2. Asegurar que la ampliación del parque público permanente de vivienda en alquiler reúna las condiciones adecuadas para familias con niños y niñas.
  3. Mejorar los datos, la investigación y el conocimiento sobre dónde y cómo viven los niños, niñas y adolescentes.
  4. Desarrollar en medidas concretas el concepto de “especial atención” a “las familias, hogares y unidades de convivencia con menores a cargo”, que aparece en varios artículos de la Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda.
  5. Elaborar y adoptar herramientas de análisis del interés superior del niño en la normativa, las políticas, las estrategias de vivienda y el diseño de las ayudas, tanto a nivel nacional como autonómico y local.
  6. Desarrollar una Estrategia estatal de erradicación de asentamientos chabolistas y de infravivienda, con pleno respeto de las garantías legales y los derechos fundamentales de las personas residentes, asegurando una alternativa habitacional digna y un proceso de inclusión social.
  7. Garantizar activamente el acceso a un empadronamiento libre de obstáculos que permita el acceso pleno a los servicios de salud, educación y servicios sociales de los niños y las familias migrantes.
  8. Implementar y reforzar políticas que prevengan la situación de sinhogarismo en aquellos y aquellas jóvenes que provienen del sistema de protección de menores y que se ven abocados a acudir al sistema de atención a las personas sin hogar cuando cumplen la mayoría de edad.
  9. Ofrecer soluciones habitacionales seguras para la infancia beneficiaria de protección internacional, dando prioridad a las viviendas unifamiliares.

Para finalizar, deseo expresar una vez más que es muy importante conocer con datos científicos que 3.185.308 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía (INE, padrón continuo a 1 de enero de 2022), es decir, un 37,5% del total de población en esta Comunidad, está viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 11,9% del total, más de un millón de personas en Andalucía, arrojando cifras lo suficientemente elocuentes para confirmar que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Además, hay que resaltar y recordar en esta ocasión que la tasa de pobreza infantil en España es del 28,9%, es decir afecta a 2,3 millones de niños y niñas, de los cuales en Andalucía se aproxima a una cifra escandalosa, más de 800.000 niños y niñas en esta situación, en una proyección de uno de cada tres niños en este país en situación de pobreza. Pero, además, deduciendo de los ingresos los gastos de la vivienda, 780.000 niños, niñas y adolescentes más caerían en riesgo de pobreza, elevando la tasa hasta el 38,6% (2023). Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, ¿qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país?, un mundo magistralmente descrito por Eduardo Galeano, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: debemos compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo ante un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se puede y se deben denunciar estas cifras que afectan a tantas personas, con un objetivo claro: que se aprueben leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación. Es la única vía para que se transforme la sociedad española, permitiendo que la igualdad, solidaridad y justicia social permita a todos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies, tantas veces citados en este cuaderno digital, que procuro no olvidarlos aunque a veces yo sea un pájaro herido por el principio de realidad de la pobreza severa y exclusión social que nos asola, con cifras -desde mi punto de vista- insoportables para atender como merece la dignidad humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

La izquierda ya no es lo que era, pero ¿qué debe ser ahora?

Fotomontaje y fotografía (izqda.) / JA COBEÑA

A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…
A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Sevilla, 3/III/2024

He leído recientemente en un artículo magnífico de Neus Tomàs, directora adjunta de elDiario.es, con un titular ¿Qué era y qué es la izquierda?, que me interesa y preocupa a la vez en este mundo al revés que describió de forma rotunda Eduardo Galeano y en el que estamos instalados, una frase que no he olvidado en estos días en el que ha emergido la corrupción política como clásico popular de este país, en esta ocasión en territorios de la izquierda: “Los huecos que deja la izquierda los ocupa la derecha incluso disfrazada de un rojipardismo que va ganando espacio en columnas, redes y asociaciones de activistas. Para hacer frente a este fenómeno, la izquierda necesita pensadores honestos y valientes que digan lo que los ciudadanos que se identifican en este espectro ideológico no quieren escuchar. Lo honesto y valiente es eso y no buscar siempre el aplauso fácil y a menudo estéril”.

Si hoy lo traigo a colación es porque me solivianta la falta de autocrítica de la izquierda con estas situaciones, recurriendo fácilmente al “y tú más”, a modo de bálsamo de Fierabrás para curar heridas de desafección política cada vez más alarmantes, con un mar revuelto lleno de supuestos militantes de carnet o virtuales, de la izquierda me refiero, que se tiran de barcos a la deriva por falta de dirección política, creo que de ideología de base, de creencia política, sin mezcla alguna de cuadernos de “derrota”, en argot marino, reproduciendo aquella sorprendente noticia que nos contaba cómo el capitán Francesco Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio (Italia), en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad, nunca mejor dicho.

Doy ahora un paso más porque interpreto que el problema no es sólo de la izquierda sino de su más allá o acá. según se mire, sino de algo más profundo, de la democracia, de su ocaso, porque la responsabilidad principal de la izquierda es ser la gran defensora de sus grandes principios, porque no hay otros: ideología, igualdad, libertad y justicia social. Lo digo porque, ahora más que nunca, la izquierda necesita armarse ideológicamente ante el fascismo que nos rodea en el ocaso de la democracia, cuestión a la que he dedicado muchas páginas en este cuaderno digital. En este contexto, he recordado que con motivo de la celebración en 2022 del centenario del nacimiento del poeta, escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini, al que profeso admiración desde hace ya muchos años, se publicaron nuevas ediciones de su obra y ensayos de gran valor para no olvidar su contribución en la lucha por un mundo mejor, a través de una ideología de izquierda contra el fascismo que nunca ocultó, denunciando algo muy grave cuando se instala “como normalidad, como codificación del trasfondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Pasolini sigue muy presente en mi pensamiento crítico y acudo frecuentemente a él. Además, una obra de Miguel Dalmau Soler, Pasolini. El último profeta, ganadora del XXXIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2022.

Si lo traigo a colación en esta reflexión crítica sobre el ocaso de las izquierdas es porque hay una obra que resume muy bien su concepción del antifascismo, El fascismo de los antifascistas, al tratar de forma sorprendente y de plena actualidad, cómo se amplía cada vez más el círculo del fascismo, haciendo una llamada de atención sobre algo que está ocurriendo en la actualidad en nuestro país, porque también podemos encontrar fascismo en diferentes círculos de la sociedad, incluso en las capas liberales, algunas de falsa izquierda, ultraderecha y capitalistas “apolíticos” que tanto atosigan al mundo. Hay que tener en cuenta que en esta obra se recogen artículos y entrevistas que van de 1962 a 1975, año en el que Pasolini murió asesinado en la playa de Ostia, muy cerca de Roma. De ahí su sorprendente actualidad. La sinopsis oficial del libro deja claro estos planeamientos anteriores: “La reflexión sobre el fascismo y su evolución histórica recorre toda la obra de Pasolini: este volumen recoge algunos de sus textos más significativos escritos sobre el tema entre septiembre de 1962 y febrero de 1975. En ellos Pasolini advierte contra una nueva forma de fascismo, más sutil e insidiosa, entendida “como normalidad, como codificación del trasfondo brutalmente egoísta de una sociedad”. Es el sistema de consumo, que desde los años sesenta se encarga de la homologación cultural de todos los países: un poder sin rostro, sin camisa negra y sin fez, pero capaz de moldear vidas y conciencias. Más de cuarenta años después, estas intervenciones mantienen intacta su fuerza crítica, lo que nos permite captar algunos de los rasgos más profundos del mundo actual”.

Existe una frase muy extendida en los coloquios de este país, cuando se afirma con una rotundidad que da miedo, que todos los partidos políticos y quienes los representan, son iguales, sin excepción alguna, cortando por el mismo rasero a la izquierda y a la derecha. No estoy de acuerdo, ni acepto esta expresión a modo de mantra, aunque es comprensible que exista un descrédito generalizado de la política y de los políticos que la llevan a cabo, pero los árboles impiden ver a veces el bosque y no es justo generalizar sin compasión sobre la llamada “clase” política. El hartazgo es evidente, pero es imprescindible separar la paja del heno como nos enseñaron hace ya muchos años, unos en el lenguaje del campo puro y duro, otros en la doctrina oficial de la Iglesia, ahora aplicado a la política en general. Siendo una verdad incuestionable, ¿por qué es necesario acabar con análisis totalitarios y absolutistas de los casos de corrupción, en los que no se salva nada ni nadie, porque se dice que “la política es así, al final todos son iguales”.

Creo que por higiene mental es imprescindible diagnosticar bien la situación y colaborar en la reconstrucción de la democracia día a día, en la que la izquierda tiene mucho que decir y hacer, mucho más en un país tan cartesiano y dual para todo lo que se hace visible “políticamente hablando” en el día a día. Vivimos unos momentos que exigen mucho rigor en la toma de decisiones que facilita la democracia y no todos los programas políticos son iguales, ni los políticos que los ejecutan tampoco. Ser de derechas, centro o izquierda, de sus extremos, también del arriba o abajo actual, en este país, parece que imprime carácter hasta que la muerte te separe y está mal visto socialmente que haya alternancia en la pertenencia a un determinado partido o a otro. Es verdad que aparentemente parece una gran contradicción estar defendiendo un día los valores de la socialdemocracia más exigente y al otro los del liberalismo más feroz. Normalmente pasa porque las ideologías son un flanco muy débil en nuestro país dado que los partidos no han estado muy finos a la hora de aceptar militantes en sus filas y la formación en la «creencia» en sus idearios brilla muchas veces por su ausencia. Esta es una realidad que hay que aceptar pero lo que no es normal es que haya unos desplazamientos de pertenencia a partidos o de votos, tan agresivos, como a los que estamos asistiendo en la actualidad, por no hablar del principal partido de este país: el abstencionista. El llamado voto de castigo existe, pero deja detrás una gran incógnita: ¿se conocían bien las ideologías y los programas de los partidos a los que se han votado con anterioridad?, ¿se puede cambiar tan fácilmente de chaqueta por los errores de determinados miembros de un partido?, ¿se conocía bien el ideario de un programa, más allá de acciones concretas de algunos representantes eximios del mismo?

Indiscutiblemente, todos los partidos no son iguales, ni tampoco las personas que los representan. Tampoco somos iguales los electores, sean de derechas o de izquierdas. Basta conocer la trayectoria histórica de los partidos que han existido en los cuarenta y cinco años de democracia en este país, para no dejar duda alguna que no es lo mismo la historia de la derecha o del centro que la de la izquierda, por mucho que se quiera generalizar sin compasión alguna en análisis que no resisten el más mínimo juicio de valor crítico. Todos no han sido iguales, luego todos no son iguales ahora si se respeta la historia y este aserto se debería defender por la militancia más activa de cada partido. Se ha tenido que hacer un camino político al andar que es de bien nacido reconocerlo y pregonarlo para que no haya duda alguna sobre su legitimidad. El tratamiento de la memoria histórica y democrática de este país es una cuestión recurrente que no sólo hay que aplicar al tiempo de la guerra civil y sus daños colaterales, sino también en cada momento actual, porque la memoria histórica integra también el ayer del país y su proyección en la vida de cada persona que lo integra. Por ejemplo, todos los partidos no han tratado igual a Andalucía a lo largo de su reciente historia política, cuestión que no se debería olvidar nunca.

Andalucía ha sido una experiencia especial a lo largo de esta etapa democrática. Se critica duramente que la izquierda haya estado gobernando durante treinta y siete años en esta Comunidad hasta que pasó a la oposición en las elecciones de 2018,  pero fue la decisión de los andaluces, sin más paliativos. Vino la alternancia, que había que acatarla sin más porque ese es el gran secreto de la democracia, el respeto casi reverencial al voto de cada elector. En democracia éstas son las reglas del juego, aunque a determinadas personas nos duela vivir determinados triunfos políticos porque las políticas que se llevan a cabo no respetan el interés general de todos los andaluces, sin dejar a nadie atrás. Siempre recuerdo lo que he vivido en diversas convocatorias electorales, época propicia para las deserciones casi colectivas del electorado de izquierdas, propiciando la división y, por extensión, lo que se llama técnicamente “abstención”, cambiando lo que haya que cambiar, que me llevó a crear un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Este aforismo aprovecha el texto dentro del contexto que se aconseja en estos planteamientos de aproximación a la cruda realidad y que lo definen en sí mismos: “Era objetivo, porque he asistido a deserciones de todo tipo de la izquierda en diversas convocatorias. Era inteligible, porque muchas personas que se mantenían en el puente de mando personal, político y profesional, sabían que era cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica era obvia: o barco o mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Era verdad, desgraciadamente, que cada uno estaba al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora, llamémosla hoy, partido. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte, buscando islas desconocidas, que se encuentran. Y pasadas esas fechas críticas, nació un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar…

Todos los partidos no son iguales, ni las personas que los representan tampoco. Es probable que tomando conciencia de que tenemos que trabajar unidos para defender esa acción política diaria del partido al que voto, empecemos a ver las cosas de diferente forma, porque el empoderamiento, es decir, la capacidad para conocer lo que está sucediendo y participar posteriormente en las decisiones informadas para alcanzar los objetivos trazados, ya no es algo que corresponde solo a los demás sino a nosotros mismos. Es obvio que todos no somos iguales ni vamos en el mismo barco a la hora de votar. Me asombra para bien, ver todos los días a muchas personas que viajamos en la vida en patera, mientras otros nos saludan desde su “crucero de lujo”, real o imaginario, saludándonos desde la popa y diciéndonos incluso adiós. La verdad es que no es lo mismo, porque todos no son ni somos iguales. Los nadieslos hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, a los que siempre defendió Eduardo Galeano, están siempre en su sitio y pocos partidos los representan, porque todos no son ni somos iguales. No los olvido, navegando en mi patera ética por la memoria histórica de Andalucía, de mi ciudad, mi polis, donde desarrollo mi vida “política” como ciudadano. Llegado a puerto, la amarraré al noray ético de mi vida, que también existe. Hasta el próximo viaje “político” hacia alguna parte, a pesar de su fragilidad extrema.

El final del artículo citado al principio, de Neus Tomàs, da una clave muy importante para entender el hilo conductor de estas palabras: «El problema, sin duda, es que la izquierda ha abandonado a la gente común; pero el problema mayor es que la ha abandonado en mano de la derecha, que desprecia el amor a los desconocidos como ‘buenista’ y la fidelidad a los principios como ‘cosmopolita’. Pero el amor a los desconocidos es civilización; y la fidelidad a los principios es derecho”, escribió Santiago Alba Rico en un artículo en el que argumentaba que lo que está en disputa entre izquierda y derecha es algo tan elemental como el sentido común. El mismo que defiende Clara Serra cuando desmonta apriorismos sobre el feminismo y conceptos como el consentimiento. Cuando la izquierda recurre al Código Penal para resolver conflictos sociales o políticos se equivoca. Y si lo hace para abrazar el punitivismo yerra doblemente». Con ella me quedo. Ahora bien, la autocrítica de la izquierda por el último escándalo, con sentido común, ¿para cuándo?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Malos tiempos para la pobreza severa y exclusión social en Andalucía

Rótulo de la calle Andalucía amarga, en el barrio de El Cerro del Águila, en Sevilla, al que tanto amó Salvador Távora, autor de una obra homónima (Sevilla, 1930-2019) / JA COBEÑA

No te creas si te dicen que ya no sufre mi pueblo, porque aunque los pobres [andaluces] reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro.

Ricardo Cantalapiedra (los corchetes son míos)

Sevilla, 29/II/2024

En el día después de la celebración del día de Andalucía, vuelvo de mi corazón a mis asuntos con uno que me ocupa y pre-ocupa (con guion) mucho. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el pasado lunes, 26 de febrero, los resultados definitivos de la Encuesta de condiciones de vida (ECV) de 2023, acción que se realiza desde 2004 y que está basada en criterios armonizados para todos los países de la Unión Europea, siendo su objetivo fundamental disponer de una fuente de referencia sobre estadísticas comparativas de la distribución de ingresos y la exclusión social en el ámbito europeo: “La realización de la ECV permite poner a disposición de la Comisión Europea un instrumento estadístico de primer orden para el estudio de la pobreza y desigualdad, el seguimiento de la cohesión social en el territorio de su ámbito, el estudio de las necesidades de la población y del impacto de las políticas sociales y económicas sobre los hogares y las personas, así como para el diseño de nuevas políticas”.

Las personas que hojean este cuaderno digital con frecuencia, conocen mi debilidad ideológica por divulgar estos datos objetivos sobre una cuestión que considero de Estado y de Comunidades Autónomas, fundamentalmente porque no son inocentes y, también, porque nos permiten emitir juicios bien informados, como base de cualquier evaluación pertinente y constructiva, para no quedarnos en las meras opiniones sin mezcla de rigor alguno, algo que ocurre con mucha frecuencia en tertulias radiofónicas y televisivas de este país, por no hablar de los divulgadores profesionales de falsas noticias, que abundan por doquier.

Volviendo a nuestro cometido de hoy, como rayo que no cesa, destaco los principales resultados oficiales que nos proporciona la encuesta citada, sin interpretación alguna por mi parte que pueda desvirtuar el dato:

  • El porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social aumentó hasta el 26,5%, desde el 26,0% de 2022.
  • El porcentaje de población que se encontraba en situación de carencia material y social severa aumentó hasta el 9,0%, frente al 7,7% del año anterior.
  • El ingreso medio por persona alcanzó los 14.082 euros en 2022, con un crecimiento anual del 8,3%.
  • El 9,3% de la población llegó a fin de mes con “mucha dificultad”, frente al 8,7% de 2022.

Son datos malos, en general, que se detallan a continuación, atendiendo a grandes bloques de análisis técnico:

1. Población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE)

La tasa AROPE (ARisk OPoverty or social Exclusion) –porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social, se situó en el 26,5% de la población residente en España en 2023, frente al 26,0% del año anterior. Dos de sus tres componentes mejoraron: la tasa de riesgo de pobreza relativa y el porcentaje de población con baja intensidad en el empleo. Por el contrario, empeoró el porcentaje de población con carencia material y social severa.

2. Ingresos medios

El ingreso medio por persona alcanzó los 14.082 euros, cifra un 8,3% superior a la registrada el año precedente.

3. Dificultades económicas de los hogares en 2023

El 9,3% de la población manifestó llegar a fin de mes con “mucha dificultad” en 2023. Este porcentaje fue 0,6 puntos superior al registrado el año anterior. Por su parte, el 37,1% no tuvo capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 35,5% del año 2022. El 33,1% de la población no se pudo permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje fue 0,4 puntos inferior al registrado en 2022.

4. Resultados por comunidades autónomas

Las tasas AROPE de riesgo de pobreza o exclusión social más elevadas se dieron en el año 2023 en Andalucía (37,5%), Canarias (33,8%) y Extremadura (32,8%). En el lado contrario, País Vasco (15,5%) y Comunidad Foral de Navarra (17,2%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza o exclusión social más bajas. Respecto a las tasas de riesgo de pobreza, las más elevadas se dieron en Andalucía (30,5%), Extremadura (27,6%) y Canarias (26,1%). País Vasco (10,2%), Comunidad de Madrid (12,9%) y Comunidad Foral de Navarra (13,8%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza más bajas.

En relación con esta tabla y “atendiendo a las dificultades para llegar a fin de mes, Andalucía (13,6%), Extremadura (11,0%) y Canarias (9,9%) fueron las comunidades autónomas con mayores porcentajes de personas que llegaban a fin de mes con “mucha dificultad” en 2023. Las que presentaron los menores porcentajes fueron La Rioja (4,8%), Illes Balears (5,2%) y Principado de Asturias (5,6%)”.

De forma complementaria y para analizar esta situación de tasa AROPE en Andalucía, incluyo a continuación una tabla demostrativa del riesgo de pobreza o exclusión social (estrategia Europa 2020) y de sus componentes por comunidades autónomas, expresado en unidades porcentuales, con datos concretos referidos a Andalucía, y su evolución desde 2014:

Interpretando con atención objetiva esta tabla, se extraen las siguientes conclusiones, alguna de ellas ya señaladas anteriormente:

Andalucía ocupó en 2023 el primer lugar de las tasas AROPE de riesgo de pobreza o exclusión social más elevadas referidas al país entre todas las Comunidades Autónomas, con un porcentaje del 37,5%, superando en 10,6 puntos la media nacional del 26,9%. Esta tasa AROPE aglutina los tres componentes que la configuran, en los que Andalucía, desgraciadamente, supera en todos ellos la media nacional:

En el riesgo de pobreza (renta año anterior a la entrevista), 30,5%, Andalucía supera también, en este caso en 10,3 puntos la media nacional, 20,2%.

– Igualmente, en relación con la carencia material severa, en la que el diferencial con la media nacional es de 3 puntos porcentuales.

– Por último, en el indicador “Viviendo en hogares con baja intensidad en el trabajo (de 0 a 59 años), Andalucía, con un 12,3%, vuelve a superar la media nacional, 8,5%, en 3,8 puntos porcentuales.

Por el carácter divulgativo de este artículo, recomiendo que se acceda a los enlaces resaltados en el texto, con objeto de leer con detalle los resultados de la encuesta, de la que sólo he destacado aspectos fundamentales de la misma, siempre con un respeto riguroso a la información facilitada por el Organismo público, el Instituto Nacional de Estadística.

Para finalizar, deseo expresar que conocer con datos científicos que 3.185.308 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía (INE, padrón continuo a 1 de enero de 2022), es decir, un 37,5% del total de población en esta Comunidad, está viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 11,9% del total, más de un millón de personas en Andalucía, arrojando cifras lo suficientemente elocuentes para confirmar que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, un mundo magistralmente descrito por Eduardo Galeano, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: debemos compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo ante un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se puede y se deben denunciar estas cifras que afectan a tantas personas, con un objetivo claro: que se aprueben leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación. Es la única vía para que se transforme la sociedad española, permitiendo que la igualdad, solidaridad y justicia social permita a todos avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies, tantas veces citados en este cuaderno digital, que procuro no olvidarlos aunque a veces yo sea un pájaro herido por el principio de realidad de la pobreza severa y exclusión social que nos asola, con cifras -desde mi punto de vista- insoportables para atender como merece la dignidad humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

A pesar de todo, Andalucía es un sueño que varios andaluces, en 2024, llevamos dentro

Luis Cernuda

Pero no es más andaluz quien de andaluz se disfraza, sino quien lleva intacto dentro de sí, límpido y seductor, el reflejo de esta tierra misteriosa, perezosa y activa, vívida y soñadora.

Luis Cernuda, en Divagación sobre la Andalucía romántica, 1936

Sevilla, 28/II/2024, Día de Andalucía

Luis Cernuda, el poeta universal nacido en Sevilla, dijo en 1931 en un artículo publicado sobre “José Moreno Villa o los andaluces en España”, que “Andalucía, ya se sabe, es el Norte de España; pero no la busquéis en parte alguna, porque no estará allí. Andalucía es un sueño que varios andaluces llevamos dentro”. Es una metáfora preciosa basada en la actitud transformadora del aquel poeta malagueño, olvidado por muchas personas instaladas en el síndrome del Sur o que sufren el complejo territorial español de nuevo cuño, por mucho que Mario Benedetti se esforzara en resaltar las virtudes de esta localización privilegiada.

Hoy se cumple el 44º aniversario de la celebración del referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía del año 1980 que dio autonomía plena a la comunidad andaluza. Me reitero en la idea ya expresada en este cuaderno digital al recordar otra fecha memorable, el 4 de diciembre de 1977, para reivindicar la identidad de Andalucía en el nuevo escenario que se abría en el país después de tantos años de dictadura, recordando esta idea preciosa de Cernuda para acabar de una vez por todas con el complejo del Sur, para salir de las trincheras de la ignominia histórica que pesa como una losa en el ideario de esta tierra. Porque a pesar de lacras como el paro, la pobreza infantil y familiar, escasez de tejido industrial, problemas crónicos de sus agricultura y ganadería o los abandonos tempranos en educación, Andalucía puede ser el Norte de España en muchos caminos que se hacen hoy al andar.

La razón es clara y es la que deberíamos celebrar hoy en una fecha muy importante: Andalucía es un sueño que varios andaluces, no todos, llevamos dentro. Esta apreciación de algunos y no todos no era inocente para Cernuda porque él, mejor que nadie, sabía del comportamiento de sus paisanos en muchas manifestaciones sociales, culturales y políticas, porque todos los andaluces no somos iguales: «Más el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros» (A sus paisanos, en La desolación de la quimera). En 2017 recordé en este día de celebración a Juan Ramón Jiménez, otro poeta andaluz en el exilio como tantos otros, porque tenemos la suerte de comprobar que aunque ligeros de equipaje llevaban en sus maletas luz y sueños dentro: “[…] como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él; que somos nobles porque sabemos perdonar y comprender tanto a los que nos ofenden con el paro y la corrupción que a veces no hay nada que perdonar.

También, porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, porque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos, como Manuel Gerena me enseñó personalmente en un poema suyo muy querido. Con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra”.

Son mis principios andaluces y no tengo otros. Es verdad, porque Andalucía es un sueño que varios andaluces, todavía hoy y con lo que está cayendo, llevamos con su luz y su tiempo dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Vicios privados, públicas virtudes: un eterno retorno en política

Sevilla, 25/II/2024

Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan / por hacer de un gran panal un panal honrado. / Querer gozar de los beneficios del mundo, / y ser famosos en la guerra, y vivir / con holgura, / sin grandes vicios, es vana / utopía en el cerebro asentada. / Fraude, lujo y orgullo deben vivir / mientras disfrutemos de sus beneficios.

Bernardo de Mandeville, La fábula de las abejas: o Vicios Privados, Beneficios Públicos, 1705.

Lo ocurrido con un ciudadano llamado Koldo García, detenido esta semana y posteriormente puesto en libertad provisional, al que se le atribuyen los delitos de tráfico de influencias, cohecho, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal en relación con la presunta corrupción en la compra de mascarillas durante la pandemia, durante su etapa como asesor y cargo “de confianza” de José Luis Ávalos, diputado en la actualidad en el Congreso de este país y exministro, nos lleva a una reflexión ética sobre corrupción política, que he tratado ya en este cuaderno digital y que ahora retomo por la urgente, necesaria y didáctica dimisión por la responsabilidad “in vigilando”, que un “alto cargo” tiene que respetar siempre cuando le salpican hechos irrefutables de corrupción, aunque personalmente su trayectoria política sea impecable, cuando alguien de su entorno, de “su confianza”, es acusado de delitos tan graves de corrupción, como los enumerados anteriormente. Ante lo ocurrido hay que responder, políticamente hablando, con ejemplaridad a marchas forzadas. Hace tanto daño público la política corrupta ejercida por personas conocidas y anónimas, que acusamos cansancio ético, porque estamos rodeados y, lo peor, desafección política, a veces irrecuperable.

Hace catorce años escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto, desgraciadamente, que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado. Tal cual, sobre todo cuando esta dualidad impresentable se lleva a cabo como eterno retorno en política.

El hartazgo de determinadas actitudes políticas hace estragos y mucho daño en democracia, por lo que no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político con olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: «Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado«.

Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad. 

Desde la ventanilla del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título, Vicios privados, públicas virtudes. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits(La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo. 

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville:  Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de MandevillePsicología Política9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Quienes mienten la palabra, traicionan el alma humana

Eduardo Galeano

Sevilla, 21/II/2024

Sé que las palabras, a pesar de los esfuerzos encomiables de la Real Academia Española de la Lengua, al limpiarlas, fijarlas y darles esplendor, están atravesando momentos complicados, porque están sobrepasadas por las imágenes y los símbolos que se han atrincherado en las redes sociales y en los teléfonos móviles, reforzando a diario la expresión que conocemos bien: “una imagen (o un emoticono) vale más que mil palabras”. Personalmente, no creo que ocurra en todos los casos, porque pertenezco a una escuela vital que sigue defendiendo el poder de la palabra, al estar convencido de que lleva dentro el alma de cada uno, de cada una, como seña de identidad humana. No lo digo como una ocurrencia a título de salvavidas del momento, sino que sé que “en lengua guaraní, ñe’e significa «palabra» y también significa «alma». Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma”, tal y como lo conocí a través de Eduardo Galeano en una obra sugerente, Las palabras andantes (1), que recomiendo como manual de supervivencia en estos tiempos tan modernos, en los que se falta tanto a la palabra con alma, verdadera, en los que tanto se miente. Es un mal endémico, “un mundo sin alma, desalmado, que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”, en palabras suyas también.

Como casi todos los días, he entrado en mi clínica del alma, mi biblioteca, buscando desesperadamente este libro de Galeano, que publicó en 1993 como un conjunto de reflexiones personales -ventanas e historias las llamaba él-, que me recordó algo que aprendí cuando me acerqué hace ya muchos años a la filosofía presocrática y descubrí que los atenienses, que amaban las palabras quietas y andantes, corrían todos los días hacia el Areópago porque estaban “ávidos de las últimas noticias”, que “volaban” también, aunque su primer deseo, el de los emisores de aquellas palabras fugaces, fuera andar acompañando a la ciudadanía política, en su sentido primigenio, a los que a través de ellas conformaban con sus actos la Ciudad. Era un círculo saludable y perfecto.

En este contexto, comprendo mejor que nunca lo que significa “mentir la palabra” y las traiciones que vivimos cada día tan cerca y en este aquí y ahora. En la resaca de los sucedido en las recientes elecciones en Galicia y como demócrata convencido, con conciencia plena de lo que significa serlo y vivirlo a diario, he vuelto a abrumarme con  las mentiras escuchadas en las diferentes interpretaciones de los resultados oficiales ya publicados, la mayoría de las veces sin mezcla alguna de autocrítica en uno u otro sentido, no salvando a casi ninguna sigla, porque he comprobado que tanto por parte de la izquierda, como de la derecha y su más allá, son incapaces de hacerla en beneficio de todos. En esta situación, es cuando he recordado la conceptualización doble de los guaraníes para expresar al mismo tiempo palabra y alma. Galeano lo explica también en este sentido, cuando abre su ventana del libro que quería escribir con palabras andantes, con alma, que, personalmente, me sobrecogió cuando lo leí por primera vez: “Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizás Gutenberg usó: el taller de José Francisco Borges en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil. El aire huele a tinta, huele a madera. Las planchas de madera, en altas pilas, esperan que Borges las talle, mientras los grabados frescos, recién despegados, se secan colgados de los alambres. Con su cara tallada en madera, Borges me mira sin decir palabra. En plena era de la televisión, Borges sigue siendo un artista de la antigua tradición del cordel. En minúsculos folletos, cuenta sucedidos y leyendas: él escribe los versos, talla los grabados, los imprime, los carga al hombro y los ofrece en los mercados, pueblo por pueblo, cantando en letanías las hazañas de gentes y fantasmas. Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada. Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar; y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”.

Al final, las auténticas palabras deben ser cuentos, porque las palabras no se explican, son auténticas cuando se mueven y van a todas partes, así como las noticias decimos que “vuelan”, aunque nosotros “volemos” menos para escucharlas a diferencia de los atenienses en el Areópago. Es lo que le ocurrió a Galeano en su encuentro con José Francisco Borges y así lo transmito: “Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”. O lo que es lo mismo, hoy, en este artículo: las palabras que lo integran nacen llevando el alma dentro, porque cuentan lo escuchado contando palabras, voces, que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto. Lo que tengo claro es que al comunicarlas, no traiciono el alma humana, porque no miento, son verdaderas.

(1) Galeano, Eduardo, Las palabras andantes. Madrid: Siglo XXI, 2003.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

¡Galicia, abre España a la libertad y al progreso!

Banco de Loiba, Ortigueira (La Coruña)

Sevilla, 16/II/2024

Hoy finaliza la campaña electoral en Galicia, con atisbos de cambio de signo político si las urnas lo permiten el próximo domingo. En democracia éstas son las reglas del juego, aunque no ha sido demasiado limpio durante la campaña electoral por parte de la derecha ultramontana y el desembarco masivo de la división acorazada del PP centralista, desenterrando la terrible experiencia de ETA, para sembrar inquietud y miedo entre los votantes. Por esta razón electoral, rememoro mi experiencia en la visita que hice a esa Comunidad en 2017, a la que tanto aprecio y a la que dediqué una serie de artículos en este cuaderno digital bajo el título de Luar na Galiza o lo que es lo mismo, resplandor de la luna en Galicia. Destaco, concretamente, la reflexión que dediqué a mi recorrido por Santiago de Compostela, que creo nos sirve para dar justo sentido a una seña de identidad que tradicionalmente se ha presentado de forma torticera cuando decimos que Galicia es “conservadora”, en su acepción más trasnochada y reforzada por la perspectiva política, pero no entendida en la legítima lucha de sus habitantes más progresistas por conservar sus tradiciones, su cultura tan rica y variopinta, su amplio conocimiento del mundo, la de sus viajeros hacia muchas partes cuando atraviesan la línea del horizonte, esa separación de la tierra y el mar como decorado permanente en sus almas de exilio. Admiro en este contexto su palabra “luar”, el resplandor de la luna, que da continuidad a la vida, iluminándola en cualquier momento como si fuera el faro de Fisterra, perpetuo en el alma, para facilitar un viaje interior caminando siempre hacia adelante.

Fue en ese viaje a Santiago de Compostela cuando pensé muchas veces en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas dependiendo de dónde se situaban las comas: Santiago, cierra, España, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en Don Quijote de la Mancha o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia. La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán. Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que nos ofreció Cervantes en Don Quijote de la Mancha y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. En primer lugar, porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan» (1).

En la segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: «Santiago y abre España, a la libertad y al progreso” o lo que hoy podría ser lo mismo pero pasando por el túnel de tiempo democrático, en un momento electoral crítico: ¡Galicia, abre España con tus votos a la libertad y al progreso!, ayudados por el resplandor de la luna (luar) que da continuidad a la vida, iluminándola en cualquier momento como si fuera el faro de Fisterra, perpetuo en el alma, omnipresente en el país, para facilitar a todos los que amamos esa tierra un viaje interior caminando siempre hacia adelante. Nosotros, desde Andalucía, junto a ellos también.

Unas horas antes de entrar en la jornada de reflexión en Galicia, me retiro a mi persona de secreto para escuchar una canción emblemática, Tú, gitana, que la relaciono inmediatamente con esta tierra: Tú, gitana que adivinas / dímelo, pues no lo sé / si saldré de esta aventura / o si en ella moriré. La canta Sara Vidal, acompañada por un conjunto al que admiro mucho, Luar na lubre (Resplandor de la luz en el bosque celta), grupo coruñés de música folk. Como casi nada es inocente en la vida, esta canción tampoco lo es, conociendo al autor de su música, Jose Zeca Afonso, el carismático líder de la revolución silenciosa de los claveles en Portugal, cantando como nadie Grándola, vila morena. Él recogió la letra de la canción, que pertenece al Cancioneiro popular de Vila Viçosa, de la que recojo una estrofa que no olvido: porque el pueblo es quien más ordena, a la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad.

El domingo, el pueblo gallego, con sus votos, ordenará su vida política, a la sombra del resplandor (luar) de su tierra. No me cabe la menor duda.

(1) Cervantes, Miguel de, Don Quijote de la Mancha. Edición del IV Centenario, 2004. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

NOTA: la imagen, el banco de Loiba, se ha recuperó el 25 de agosto de 2017 de: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2015/06/17/famoso-banco-loiba-noche-verano/0003_201506G17P28993.htm

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Mienten, sin compasión alguna, porque saben que algo queda

Sevilla, 15/II/2024

Vivimos rodeados de falsas noticias, falsas declaraciones, acusaciones falsas y así sucesivamente sin solución de continuidad, que se amplifican en los medios de comunicación y en su más allá, las redes sociales de cualquier marca, contaminadas por la mentira despiadada, caiga quien caiga y cueste lo que cueste a nivel personal. La verdad de lo que está pasando y viendo todos los días, se esconde, manipula y privatiza por doquier, por lo que el resultado está servido, convirtiéndose casi todo en públicas mentiras.

Decía Mark Twain, con cierto desdén, en La decadencia del arte de mentir que “Nadie podría vivir con alguien que dijera la verdad de forma habitual; por suerte, ninguno de nosotros ha tenido nunca que hacerlo», lo que no justifica la situación actual en la que estamos envueltos a diario ante tan poderosa señora, la mentira, junto a los profesionales que viven de ella, que incluso están en nómina por practicarla a diario sin mezcla de verdad alguna.

La retranca gallega me ha enseñado algo importante y a tener en cuenta en este momento delicado para salvaguardar la democracia decente, que haberla hayla: si alguna vez los profesionales de la mentira intentaran decir la verdad de lo que está ocurriendo, estoy seguro de que mentirían, fundamentalmente porque están incapacitados para llevar la ética profesional hasta las últimas consecuencias.

Por desgracia, el modelo de comunicación social que abunda en nuestro país, a través de los altavoces de los medios financiados por el capital y su más allá, es el de la mentira descarada o camuflada en relación con casi todo lo que se mueve, salvando a miles de personas que hacen todos los días su trabajo con una dignidad encomiable. También es verdad que determinados representantes políticos de nuestro país dejan mucho que desear a la hora de analizar la verdad en su quehacer diario. En estos momentos, aplicando de forma tozuda el principio de realidad que asola nuestras vidas, soy consciente de que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas y presentes, enmarcadas en mentiras que parecen, en el mejor de los casos, verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dijeran la verdad algunos políticos, algunos medios de comunicación y sus comunicadores, no todos, mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era.

En este contexto, recuerdo de nuevo un libro aleccionador, El Ministerio de la Verdad: Una biografía del 1984 de George Orwell, de Dorian Lynskey, porque pone bastantes cosas en su sitio en el momento actual, a pesar de su distopía intrínseca. Su sinopsis oficial no deja lugar a duda alguna: “La fascinante obra 1984, de George Orwell, se ha convertido en un relato definitorio del mundo moderno. Su influencia cultural puede observarse en algunas de las creaciones más notables de los últimos setenta años, desde El cuento de la criada de Margaret Atwood hasta el hito televisivo Gran Hermano, mientras que ideas como «Policía del Pensamiento», «doblepensamiento» y «nuevalengua» están arraigadas en nuestro discurso. El Ministerio de la Verdad traza la vida de uno de los libros más influyentes del siglo XX y una obra que es cada vez más relevante en esta tumultuosa era de «noticias falsas» y «hechos alternativos». Dorian Lynskey investiga las influencias que confluyeron en la escritura de 1984, desde las experiencias de Orwell en la guerra civil española y en el Londres de la guerra hasta su fascinación por la ficción utópica y distópica. Lynskey explora el fenómeno en que se convirtió la novela cuando se publicó por primera vez, en 1949, y las formas cambiantes en que se ha leído desde entonces, revelando cómo la historia puede orientar a la ficción y cómo la ficción a su vez puede influir en la historia”.

El ocaso de la democracia tiene una misión muy próxima a la creación de un Ministerio de la Verdad, en términos orwellianos. La derecha cerril y la ultraderecha crean, poco a poco y a modo de gota malaya, un “nuevo lenguaje”, equívoco casi siempre, para defender su supuesta Verdad con mayúscula, manipulando todo lo que toca, convirtiendo todo en el contrario que haga falta, sin escrúpulo alguno y utilizando la maquinaria orwelliana de la única verdad posible. Creo que se puede llegar a entender así ya que los tres lemas del Ministerio de la Verdad de Orwell, (el lema del Ingsoc, acrónimo del “socialismo inglés” en la novela de Orwell), es decir, «La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza», se puede trasladar a cualquier partido totalitarista de corte de derechas y su más allá, como hemos podido visualizar y escuchar estos días atrás en el Congreso de los Diputados y en el Senado de nuestro país. Triste experiencia que va más allá de una distopía con visos de realidad, porque también frecuentan un lema que me horroriza: “Quien controla el pasado controla el futuro”, es decir, no conviene en este país que se respete la memoria democrática, porque los guardianes de la Verdad son ellos, a través de su propia policía del pensamiento político. Si hay que cambiar la verdad de la Historia se cambia, porque para eso está detrás la maquinaria del partido ultraderechista. El totalitarismo social y político está cerca y estamos avisados.

Visto lo visto estos días pasados en el devenir político de este país, entro de nuevo en mi Clínica del Alma, mi biblioteca, para leer a  Marco Fabio Quintiliano, abogado y profesor de retórica, nacido en Calahorra en el siglo I d. C., porque es rotundo en su Instituciones oratorias (1): “Por lo común, el discurso manifiesta las costumbres y descubre los secretos del corazón, y no sin razón dejaron escrito los griegos que cada uno habla en público según la vida que tiene” (XI, 1), es decir, el orador será honrado si es creído o creíble, como manifiesta también en el mismo libro, en el capítulo IV, 2: “Nunca habla mejor el orador que cuando parece hablar con verdad”. Lo que de verdad me llama la atención en Quintiliano es la contundencia a la hora de unir oratoria con ética, tal y como lo demuestra de forma reiterada en su libro: “No separo el oficio de orador de la bondad moral” (II, 18),  “Porque no solamente digo que el que ha de ser orador es necesario que sea hombre de bien, sino que no lo puede ser sino el que lo sea. Porque en la realidad no se les ha de tener por hombres de razón a aquellos que habiéndose propuesto el camino de la virtud y el de la maldad, quieren más bien seguir el peor; ni por prudentes a aquellos que no previendo el éxito de las cosas, se exponen ellos mismos a las muy terribles penas que llevan consigo las leyes y que son inseparables de la mala conciencia. Y si no solamente los sabios, sino que también la gente vulgar ha creído siempre que ningún hombre malo hay que al mismo tiempo no sea necio, cosa clara es que ningún necio podrá jamás llegar a ser orador” (XII, 1).

El que quiera entender que entienda, pero necesitamos buena oratoria de hombres buenos y mujeres buenas en política, para acabar con los escándalos y sonrojos parlamentarios. Lo que puedo asegurar es que hay que blindar la Verdad en el Congreso de los Diputados y en el Senado para responder de la mejor forma posible y no desde un Ministerio de la Verdad no inocente, de la derecha cerril y ultraderecha, a la pregunta que deja entrever lo sucedido: ¿No será que no hablan bien algunos padres y algunas madres de nuestra patria, que mienten más que hablan, porque no son buenas personas? En Quintiliano se puede encontrar alguna solución a esta realidad que nos asola.

(1) López Navia, Santiago A. (ed.), El arte de hablar bien y convencer. Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, 1997. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Sobre la obra de Quintiliano, he utilizado la citada por el autor en su libro, Quintiliano, Instituciones oratorias, en la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, editada en Madrid en 1916 por la Librería de Perlado y Páez, sucesores de Hernando, a la que se puede acceder online en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Sevilla, en la siguiente dirección: Instituciones oratorias – Universidad de Sevilla (us.es), con alguna corrección sintáctica para facilitar la comprensión del texto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!

Hablemos de tecnofeudalismo, digital por supuesto

Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital

Nicholas Negroponte, El mundo digital

Sevilla, 15/II/2024

Ayer se publicó en nuestro país un nuevo libro, Tecnofeudalismo, con un subtítulo calculado, El sigiloso sucesor del capitalismo, escrito por Yanis Varoufakis, autor a quien conocimos bien en 2015 como ministro de Finanzas en el gobierno heleno, una época en que Grecia resurgió serena y democráticamente en un amanecer hacia nuevos horizontes políticos que, por desgracia, no tardaron mucho en desaparecer estrepitosamente. El planteamiento reflejado en esta obra nace de un hilo conductor claro y contundente, sobre la base de que “el capitalismo ha muerto y el sistema que lo reemplaza no es mejor”, según se plantea en la sinopsis oficial del mismo: “Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus, han acabado con su huésped. Ésta es la principal conclusión a la que ha llegado el prestigioso economista Yanis Varoufakis tras años de estudio dedicados a desentrañar el origen y la transformación del sistema económico mundial. Los dos pilares en los que se asentaba el capitalismo han sido reemplazados: los mercados, por plataformas digitales que son auténticos feudos de las big tech; el beneficio, por la pura extracción de rentas. A partir de esta observación, confirmada por la crisis de 2008 y la provocada por la pandemia, Varoufakis ha desarrollado su teoría del «tecnofeudalismo», según la cual los nuevos señores feudales son los propietarios de lo que llama «capital de la nube», y los demás hemos vuelto a ser siervos, como en el medievo. Es este nuevo sistema de explotación lo que está detrás del aumento de la desigualdad. Sirviéndose de ejemplos que van desde la mitología griega y Mad Men hasta las criptomonedas y los videojuegos, este libro ofrece un arsenal analítico de valor inestimable para poder esclarecer la confusa realidad socioeconómica actual. Comprender el mundo que nos rodea es el primer paso para poder tomar el control, quizá por primera vez, de nuestro destino colectivo”.

Es verdad que casi todo lo que nos rodea está en la nube, fundamentalmente nuestra propia vida, porque nuestros datos vitales los poseen unos pocos y casi sin darnos cuenta. Estos nuevos propietarios o reyes digitales, son los dueños actuales del mundo y casi nada se mueve sin que ellos lo “autoricen” de una forma u otra. Ante esta realidad inexorable, vuelve a ocupar un primer plano la teoría del doble uso de los avances tecnológicos y digitales en el mundo digital, porque lo peor que puede ocurrir ante la lectura de este libro, que nos puede servir de ejemplo para otras lecturas, es que pasemos a formar parte de los tecnófobos radicales, que también existen, porque enfrentarnos a esta realidad sin criterio o principio ético alguno es como poner puertas al campo digital. La defensa sensata de la ética digital, como elemento revolucionario y transformador de la sociedad actual, que también existe en todas las proyecciones posibles, me lleva a leer con mesura lo expuesto por Varoufakis en su libro. Muestra de ello es que en 2001 ya lo expuse en este cuaderno digital, en un momento especial en mi vida profesional: “No pertenezco a la legión de embajadores del tratamiento de la informática como los proclamadores de la buena nueva digital, del evangelio digital, en frase de Hans Magnus Enzensberger, aquellos que declaran a los ciudadanos como ignorantes molestos. No soy tampoco vendedor de cajas de trucos pragmáticas, en expresión del mismo autor. No me gustan las brechas digitales… Lo que he venido haciendo desde que tengo uso de razón es buscar sentido a la vida cualquiera que sea la posición que se ocupa en ese momento en el vivir diario”.

Hoy, al aproximarme al libro de Varoufakis, he vuelto a encontrarme con Enzensberger, en una entrevista realizada por el maestro Juan Cruz, que he leído varias veces, porque me volvió a sorprender su frescura mental cuando ya había alcanzado 87 años de experiencia vital, en el marco temporal de la publicación de su último libro, Reflexiones del señor Z. o migajas que dejaba caer, recogidas por sus oyentes. Han pasado veintitrés años y he recordado de forma entrañable un artículo suyo, El evangelio digital, publicado en Revista de Occidente, que me conmocionó en momentos transcendentales de mi carrera pública digital, fundamentalmente porque hacía una defensa de la ciudadanía tildada presuntamente de “ignorante”, “sierva” según Varoufakis, que ha vuelto a rescatar en el libro citado, sobre todo por las precauciones que hay que tomar en la llamada sociedad de la información y del conocimiento, así como por lo que fabrican algunos intelectuales a través de los departamentos de tonterías [sic], que incluso algunas pueden ser digitales por el uso y abuso desordenado de medios electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas, televisión, nube, etc.): “Sí, en ese sentido hay una parte reaccionaria del señor Z. Naturalmente estos aparatos no le gustan: no tiene móvil, lo rechaza, por tanto no tiene Twitter, ¡no, por favor, qué horror! En él hay todos los aspectos: el sabio, pero también el provocador, el gurú, el payaso… ¡Sí, está entre Sócrates y Jeff Koons! [risas]. Y sí, esta es una enciclopedia que alerta contra la estupidez humana. Pero tengo la cortesía de escribir libros breves; creo que es más amable que imponerle al público libros de mil páginas”.

Indiscutiblemente, hay que leer entre líneas estas afirmaciones sin darles patente de corso, porque es indudable que no dice tonterías de intelectual de tres al cuarto. Me ha preocupado siempre su reflexión acerca de que a veces digitalizamos tantos procesos humanos que se llega a considerar a los ciudadanos como ignorantes molestos por el mundo analógico en el que creemos que están instalados, pasando a formar parte del macromundo de torpes digitales, por qué no, siervos digitales también en el tecnofeudalismo actual. En todo se debe marcar siempre una delgada línea roja, sobre todo cuando la equidad digital sigue siendo una quimera en la sociedad actual donde se están tomando decisiones desde determinados centros de poder digital, por personas que caben en un taxi (digital, por supuesto) y que pueden llegar a afectar a la quintaesencia del ser humano (1), magníficamente expuesto también por Varoufakis. 

Juan Cruz aborda con delicadeza una cuestión esencial para una persona de tan dilatada vida intelectual, con la prevención digital que tanto lo ha caracterizado. Su protagonista, el señor Z, “dice que la avalancha de información se evaporará. Y añade que “existe vida más allá de los medios”. Ante esta observación, Enzensberger se muestra en estado puro: “Yo también digo que en este momento todos los medios hablan de la digitalización y predicen que todo ha de ser digital. ¡Abajo con el papel, es demasiado analógico! No estoy de acuerdo: yo como analógicamente, duermo analógicamente… Este es un sistema analógico. La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador. ¡No hay que exagerar con lo digital, no es la solución de todo! Los industriales dicen que hay que digitalizar lo más posible, porque hay capacidad de reducir el tamaño de las máquinas… ¿No te parece que se muere también analógicamente, no digitalmente?”.

Con esta reflexión, he vuelto a pensar en el maravilloso avance de la sociedad digital, aquél mundo que preconizó Negroponte y que ha aportado a la humanidad avances tan espectaculares y que, personalmente, fue un revulsivo en mi vida personal y profesional. Pero tengo que reconocer que tengo una profunda inquietud sobre la deriva digital que se está viviendo en el mundo actual, centrado todo en la acumulación de ese poder -digital por supuesto- en sólo unas cuantas personas que lo detentan sin compasión humana alguna y que se refugian en la llamada “nube”, que no se sabe a ciencia cierta dónde está, ni se la espera en el llamado “principio esperanza” para alcanzar la libertad en democracia, digital también, por supuesto. Voy a leer con intención sana este nuevo libro de Varoufakis, fundamentalmente porque vivo una ardiente impaciencia digital (Neruda, dixit), ya que lo que verdaderamente me preocupa es que todo está tan maravillosamente bien planificado desde la revolución digital en este siglo XXI, superando por goleada a la industrial de antaño, en sus sucesivas versiones, que lo único que sobra realmente es la persona “ignorante molesta”, “sierva digital” en definitiva, a la que no se le suelen ocurrir las tonterías de los intelectuales altaneros, tecnofeudales de nuevo cuño,  a los que criticó hace ya muchos años Hans Magnus Enzensberger.

Ya que hablamos del mundo digital, una cosa más, que diría Steve Jobs en sus intervenciones clásicas. Estoy convencido de que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, incluso la todopoderosa Nube, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas que son el corazón de las máquinas, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, en la Nube, porque sé que la inteligencia humana, digital, es decir, la base de la inteligencia artificial, puede y, sobre todo, debe, desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, fundamentalmente cuando seamos capaces de superar la dialéctica infernal de su «doble uso», es decir, la utilización de los descubrimientos digitales para tiempos de guerra y paz, como en el caso de los drones que sobrevuelan hoy de forma mortífera sobre Ucrania y Gaza o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola PlayStation que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia en la Nube: superar el tecnofeudalismo digital, que sí es verdad que nos invade y que ha venido para quedarse entre nosotros, para que podamos tomar de nuevo el control democrático del mundo actual, humano, por supuesto, en beneficio de todos y sin excepción alguna.

En el contexto comentado anteriormente, la reflexión de Negroponte que encabeza estas líneas sigue estando muy presente en mi vida, después de un largo recorrido digital: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

(1) Morozov, Evgeny (2015, 16 de mayo). Siervos y señores de Internet, El País.com. Artículo extraordinario que demuestra que Internet tampoco es inocente.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA Y GAZA, ¡Paz y Libertad!