Decir Marte es decir Bradbury

Prólogo manuscrito de Borges, a la edición de Crónicas marcianas (1955)

Sevilla, 19/II/2021

Los marcianos existen y somos nosotros. Esta frase enigmática resumen bien la filosofía implícita de Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) sobre el planeta rojo, tan de moda en estos días en los que una nave americana ha amartizado en él con gran éxito, en una misión de la NASA cuyo objetivo es encontrar rastros de vida microbiana de hace miles de millones de años. ¿Perseverancia humana, como el nombre de la misión espacial o intrepidez marciana, sustituyendo a la palabra miedo de Bradbury? Borges lo explicó muy bien en el prólogo a la primera edición de Crónicas marcianas en español, en 1955, en la editorial Minotauro: “ya el Renacimiento observó, por boca de Giordano Bruno y de Bacon, que los verdaderos antiguos somos nosotros y no los hombres del Génesis o de Homero… ¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad?». En 2012, la ausencia de este escritor, maestro de la ficción interplanetaria, dejó huérfanos a quienes intentaban responder a una pregunta multisecular: ¿la condición marciana, si es que existe, sería diferente a la humana? Inquietante pregunta para los que nos preocupa indagar sobre la traída y llevada condición de las personas en el planeta Tierra, porque después de muchos siglos seguimos constatando que no nos llevamos demasiado bien unos con otros, incluso habiendo mirado durante tantos años a los Cielos para responder a preguntas tan concretas como la expuesta anteriormente.

Tengo que reconocer que la ficción planetaria nunca me supo levantar al igual que la música militar, porque de Bradbury sigo admirando -sobre todo- una obra vinculada con la existencia de los libros y su mensaje multisecular, Fahrenheit 451, tan recordada siempre y que se hizo muy popular a través de la excelente versión cinematográfica de François Truffaut. Pero al César lo que es del César y a la NASA lo que es de Marte, porque ayer consiguió amartizar una nave espacial en una operación interplanetaria sin precedentes. Afortunadamente, ya no hay bomberos que apaguen el incendio del alma de quienes leen, aunque hay otros bomberos actuales, pirómanos virtuales, que incendian las redes con falsas noticias y bulos sin com-pasión (así) alguna.

Borges planteó en su Prólogo a Crónicas marcianas interrogantes muy serios sobre la experiencia marciana: “Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”. Es quizás , la tercera expedición, la que todavía puede inquietarnos más al estar cada día más próximo el desembarco de un o una astronauta en Marte: “Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara. Quiero asimismo destacar el episodio titulado El marciano, que encierra una patética variación del mito de Proteo”.

Borges explicó con cierto sarcasmo el término cienciaficción (sciencefiction), aunque el simbolismo de la realidad marciana, tanto para Bradbury como para Borges, es parecida: la condición humana ya venía de lejos. ¿De Marte? Probablemente, porque como decía Tom, el hijo querido de La Farge y Anna (tercera expedición), querido en Tierra y soñado en Marte: “cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”, es decir, imitar a Proteo, el dios del mar, descrito por Homero en La Odisea como ‘anciano hombre del mar’ (halios geron) y pastor de las manadas de focas de Poseidón, cuya principal virtud era ver a través de las profundidades y de predecir el futuro, aunque en un mitema familiar a varias culturas, cambiaba de forma para evitar tener que hacerlo, contestando sólo a quien era capaz de seguirlo a través de sus metamorfosis. Predecir el futuro o no, sabiendo eso sí cuál es la condición humana, tanto en la Tierra, en Marte o la separación de los Cielos sumeroacádicos que contaban los ancianos de Mesopotamia, en las riberas del Tigris y del Éufrates, a los nietos sentados en sus piernas y con la mirada puesta siempre en la Tierra. Soñar despiertos, esa ha sido siempre la cuestión.

El amartizaje de ayer ha sido otro pequeño paso del hombre, de la mujer y un gran paso de la Humanidad, para intentar descifrar quienes somos, cuál es nuestra condición, aunque Bradbury ya nos avisó a tiempo: los marcianos existen y somos nosotros. Es nuestra condición o el natural, carácter o genio de cada persona, tal y como lo aprendí del profesor Vinaty, un francés muy particular, en la Universidad romana de la que fui alumno durante un tiempo marciano, en el pleno sentido del adjetivo tan bien tratado por Bradbury.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Bonhams : BORGES (JORGE LUIS) Autograph manuscript, signed («Jorge Luis Borges»), of his Prologue to Ray Bradbury’s Martian Chronicles, 1955

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Mendel y su amor a los libros

Sevilla, 18/II/2021

Leer es un arte y una pasión que alumbra la vida. Federico García Lorca me enseñó a amar la lectura y a valorar el significado de tener un libro en las manos: “Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras” (1).

Con este eco lorquiano, he recordado que guardo en mi biblioteca de secreto una obra preciosa de Stefan Zweig, Mendel, el de los libros (2), un autor al que me he referido en diversas ocasiones en este cuaderno digital, sobre todo porque dijo en su visita a Sevilla en la primavera de 1905 que aquí se podía ser feliz, a pesar de la pobreza que estaba presente en esta semblanza que tiene ya más de cien años y que también denunció. En este cuento de Zweig, citado por Irene Vallejo en su excelente publicación, El infinito en un junco, recoge una cita al finalizar su obra que dice textualmente: “Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a todos los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”.

Es verdad que en tiempos de coronavirus la lectura es un gran bálsamo ante el desconcierto vital que está suponiendo esta situación sobrevenida. He vuelto a leer el cuento de Zweig y sigo descubriendo en él elementos de enseñanza profunda sobre el comportamiento humano en sociedad, sobre todo cuando sufre individual y colectivamente y se necesita alguna explicación que pueda estar en los libros: “En Jakob Mendel, aquel pequeño librero de viejo de Galitzia [Polonia], contemplé por primera vez, siendo joven, el vasto misterio de la concentración absoluta, que hace tanto al artista como al erudito, al verdadero sabio como al loco de remate, esa trágica felicidad y desgracia de la obsesión completa”. Jacob Mendel era un judío de Galitzia, que solo confiaba su concentración a la lectura de los libros, porque fuera de ellos casi nada existe: “Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado”.

La guerra en 1915 le jugó una mala pasada, al ser detenido por sospechoso ruso que campaba libremente por Viena, porque su origen suponía un peligro público para Austria, sin que aquello lo pudiera comprender en el interrogatorio al que fue sometido el día que lo detuvieron en el café Gluck y acabara unos días después en un campo de concentración de prisioneros civiles rusos cerca de Komorn, sin poder leer al haberse roto sus gafas, su único medio de conexión con el mundo exterior de su vida: “Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado”.

La señora que cuidaba los aseos de la cafetería Gluck era la memoria viva de lo que había pasado con Jakob Mendel, el de los libros. Ella cuenta en primera persona su liberación del campo de concentración y su regreso a su adorada mesa con tapa de mármol del café Gluck: “Un día, Jesús, María y José, no puedo creer lo que ven mis ojos, se abre la puerta, ya sabe usted, de refilón, tan sólo una rendija, como solía abrir el siempre, y el pobre señor Mendel entra en el café dando un tropezón. Llevaba puesto un raído capote militar lleno de zurcidos, y en la cabeza algo que alguna vez debió de ser un sombrero, uno que habrían tirado. No tenía cuello de camisa, y parecía la muerte, con el rostro y el pelo grises, y tan flaco que daba lástima. Pero entra, directo, como si nada hubiera ocurrido. No pregunta nada, no dice nada. Va hacia su mesa, allí, y se quita el abrigo, pero no como en otro tiempo, con agilidad y sin esfuerzo, sino respirando con dificultad. Aquella vez no traía ningún libro. Se limita a sentarse y no dice nada. Tan sólo clava la vista ante él con los ojos vacíos por completo, resecos. Sólo poco a poco, cuando le llevamos todo el paquete con los escritos que habían llegado para él desde Alemania, se puso de nuevo a leer. Pero ya no era el mismo”.

Tanto dolor por aquél trato inhumano ya no le permitió a Mendel volver a ser quien era: “Y en la memoria de Mendel, en aquel teclado único del conocimiento, las teclas, a su regreso, estaban atascadas. Cuando de vez en vez alguien venía a recabar información , él se quedaba sentado, inmóvil, agotado, y ya no comprendía con exactitud, no oía bien, y olvidaba lo que le habían dicho. Mendel ya no era Mendel, como el mundo ya no era el mundo”.

Aquella mujer que limpiaba los aseos y que vio por última vez a Mendel el de los libros, que durante veinticinco años le había cepillado el abrigo y le había cosido los botones y que le había visto por última vez antes de morir en la puerta del café Gluck, al que había vuelto en un regreso furtivo, me ha recordado a la limpiadora del cuento de la isla desconocida de José Saramago, porque los libros nos hacen salir de nosotros mismos para conocer el mundo: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Es lo que comprendieron los dos protagonistas junto a Mendel de una historia mágica y sorprendente sobre la lectura, sobre todo la señora Sporschil, al haberse quedado con el libro que había dejado en su mesa Mendel el día que lo echaron definitivamente del café Gluck por robar panecillos para comer, porque no tenía dinero para pagarlos, y que le creaba mala conciencia a ella: “Quédeselo tranquila. A nuestro viejo amigo Mendel le habría encantado que al menos una entre los muchos miles de personas que le deben un libro aún se acuerde de él. Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto. Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él. Yo, en cambio, me había olvidado de Mendel el de los libros durante años. Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para unir, por encima del propio aliento, a todos los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”.

Muchos años después de conocer a Mendel he ido a buscarlo de nuevo, al igual que aquel personaje del relato de Zweig intentaba recordarlo en sitio habitual, porque en estos momentos de pandemia, un azote mundial, necesito buscar refugio en los libros: “Veinte años después había ido a parar de nuevo a su cuartel general, el café Gluck, en la parte alta de la Alserstraße. Jakob Mendel. ¿Cómo había podido olvidarle? Era impensable. Durante tanto tiempo. A aquel ser humano de lo más particular, a aquel hombre legendario. A aquel peculiar portento universal, famoso en la universidad y en un círculo reducido y respetuoso… Cómo había podido olvidarle, a él, el mago, el corredor de libros que, imperturbable, se sentaba allí día tras día, de la mañana a la noche. Símbolo del conocimiento. ¡Gloria y honra del café Gluck!”.

(1) Federico García Lorca (1931), en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros.

(2) Zweig, Stefan (2009). Mendel, el de los libros. Barcelona: Acantilado

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ciudadano Jesús (2ª edición)

Enrique Irazoqui y Pier Paolo Pasolini, durante el rodaje de Il vangelo secondo Matteo / Domenico Notarangelo

Sevilla, 21/XII/2020

Vuelvo a poner a disposición de la Noosfera, a modo de promoción ética digital y fuera de la lógica habitual de mercado, mi nueva publicación, Ciudadano Jesús, una pequeña obra que -siguiendo el aserto de Baltasar Gracián, lo breve, si bueno, dos veces bueno– pretendo que también sea buena, en el buen sentido de la palabra «buena» (siempre cerca de Antonio Machado), porque ante la discutida Navidad que ya está con nosotros y que muchos pretenden «salvar», sólo reinterpreto a través de voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, según la palabra y obra de escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género.

Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos, que siempre ha despertado un gran interés general, situación que me sigue sobrecogiendo en el momento actual de tanto desamparo existencial.

En tal sentido, adjunto el Prólogo completo del libro, como guía de lo que viene después, una recopilación de la Navidad anterior, la de 2019, a la que miro ahora por el espejo retrovisor de mi vida, la de la «antigua» normalidad, fundamentalmente porque me ofrece un horizonte de espera y esperanza cuando frecuento también el nuevo futuro.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

PRÓLOGO

Las páginas que siguen, marcadas por la brevedad de una efeméride que se celebra anualmente, tienen este año un texto y contexto muy especiales, lastradas por una pandemia que no ha dejado nada igual que antes. Este año, en un tiempo de silencio, en el que vivo en la actualidad, he querido salir de él por un momento y recuperar a modo de termómetro vital los artículos que escribí en torno a la navidad del año 2019, hasta la fecha de cierre oficial de las fiestas que se celebra el 6 de enero, el día de Reyes, a modo de espejo retrovisor de cómo escribía en la “antigua normalidad” navideña. Fundamentalmente, por un motivo: la Navidad, este año, ya no será lo que era, aunque como aviso para navegantes esa es la gran preocupación del mercado, salvarla a toda costa, cuando lo que necesitamos es comprender que puede ser una gran oportunidad para pasar más tiempo en el rincón de pensar y actuar adecuadamente, de forma responsable, aunque sólo sea como homenaje al auténtico protagonista de la navidad: el ciudadano Jesús y su familia, a los que siempre retraté de la misma forma.

En plena pandemia, esta navidad no quiero que tenga mayúscula ni siquiera en su grafía ordinaria, sino que sea una navidad laica, con especial atención a la navidad de los nadies, los dueños de nada, excelentemente descritos por Eduardo Galeano y con especial relevancia ahora como consecuencia directa de la pandemia, interpretando su verdadero contenido, es decir, una historia que tiene muchos siglos de antigüedad en torno a la figura del nacimiento del ciudadano Jesús de Nazareth, que hilvanó un mensaje lleno de esperanza en su corta vida y recogido de forma espléndida, con un toque periodístico, por el joven Marcos, que lo hizo más cercano y humano para todos.

Hace treinta y seis años publiqué por estas fechas un artículo periodístico con el título de Ciudadano Jesús [1]. Lo he repasado cada Navidad desde aquella ocasión y me reafirmo en cada párrafo del mismo, porque no ha perdido su vigencia: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Decía Baltasar Gracián que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”. Este pequeño libro se hace grande por su hilo conductor, que intenta reinterpretar en voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, para escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos y que siempre ha despertado un gran interés general que es lo que me entusiasma.

Espero que la lectura pausada de estas líneas sirva para algo bueno en un tiempo en el que necesitamos defender a toda costa el principio llamado esperanza, ante el poder omnímodo del mercado, que reviste de necesidad lo que solamente es consumo, incluso de un relato histórico que, como la rosa de Juan Ramón Jiménez, no deberíamos tocarlo en beneficio de todos. Sólo reinterpretarlo, para poder transformar el mundo que no nos gusta, volviendo a leer las “pequeñas memorias” de Saramago, buscando el final de la microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión recordando aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, incluso en la navidad de 2020.


[1] teatro-de-barrio-libro1.pdf (wordpress.com)

NOTA: la imagen de la portada del libro, utilizada en la cabecera de este post, está tomada durante el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini “Il vangelo secondo Matteo” (1964). Figuran en ella Enrique Irazoqui (izqda.), que interpretó el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini (dcha.). Fue realizada por Domenico Notarangelo – (Opera propria, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=52221008).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ciudadano Jesús

Enrique Irazoqui y Pier Paolo Pasolini, durante el rodaje de Il vangelo secondo Matteo / Domenico Notarangelo

Sevilla, 5/XII/2020

Hoy pongo a disposición de la Noosfera una nueva publicación, Ciudadano Jesús, una pequeña obra que, aunque breve y siguiendo el aserto de Baltasar Gracián, lo breve, si bueno, dos veces bueno, pretendo que también sea buena, en el buen sentido de la palabra «buena», porque ante la discutida Navidad que viene y que muchos pretenden «salvar», sólo reinterpreto a través de voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, según la palabra y obra de escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos, que siempre ha despertado un gran interés general, situación que me sigue sobrecogiendo en el momento actual de tanto desamparo existencial.

En tal sentido, adjunto el Prólogo completo del libro, como guía de lo que viene después, una recopilación de la Navidad anterior, la de 2019, a la que miro ahora por el espejo retrovisor de mi vida, la de la «antigua» normalidad.

PRÓLOGO

Las páginas que siguen, marcadas por la brevedad de una efeméride que se celebra anualmente, tienen este año un texto y contexto muy especiales, lastradas por una pandemia que no ha dejado nada igual que antes. Este año, en un tiempo de silencio, en el que vivo en la actualidad, he querido salir de él por un momento y recuperar a modo de termómetro vital los artículos que escribí en torno a la navidad del año 2019, hasta la fecha de cierre oficial de las fiestas que se celebra el 6 de enero, el día de Reyes, a modo de espejo retrovisor de cómo escribía en la “antigua normalidad” navideña. Fundamentalmente, por un motivo: la Navidad, este año, ya no será lo que era, aunque como aviso para navegantes esa es la gran preocupación del mercado, salvarla a toda costa, cuando lo que necesitamos es comprender que puede ser una gran oportunidad para pasar más tiempo en el rincón de pensar y actuar adecuadamente, de forma responsable, aunque sólo sea como homenaje al auténtico protagonista de la navidad: el ciudadano Jesús y su familia, a los que siempre retraté de la misma forma.

En plena pandemia, esta navidad no quiero que tenga mayúscula ni siquiera en su grafía ordinaria, sino que sea una navidad laica, con especial atención a la navidad de los nadies, los dueños de nada, excelentemente descritos por Eduardo Galeano y con especial relevancia ahora como consecuencia directa de la pandemia, interpretando su verdadero contenido, es decir, una historia que tiene muchos siglos de antigüedad en torno a la figura del nacimiento del ciudadano Jesús de Nazareth, que hilvanó un mensaje lleno de esperanza en su corta vida y recogido de forma espléndida, con un toque periodístico, por el joven Marcos, que lo hizo más cercano y humano para todos.

Hace treinta y seis años publiqué por estas fechas un artículo periodístico con el título de Ciudadano Jesús [1]. Lo he repasado cada Navidad desde aquella ocasión y me reafirmo en cada párrafo del mismo, porque no ha perdido su vigencia: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Decía Baltasar Gracián que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”. Este pequeño libro se hace grande por su hilo conductor, que intenta reinterpretar en voces autorizadas la comprensión del niñodios y del ciudadano Jesús, para escritores, poetas, músicos, pintores y artistas de variado género. Me ha servido para acercarme a su figura y agradezco que me hayan dado la oportunidad de seguir interesándome por una historia contada a lo largo de los siglos y que siempre ha despertado un gran interés general que es lo que me entusiasma.

Espero que la lectura pausada de estas líneas sirva para algo bueno en un tiempo en el que necesitamos defender a toda costa el principio llamado esperanza, ante el poder omnímodo del mercado, que reviste de necesidad lo que solamente es consumo, incluso de un relato histórico que, como la rosa de Juan Ramón Jiménez, no deberíamos tocarlo en beneficio de todos. Sólo reinterpretarlo, para poder transformar el mundo que no nos gusta, volviendo a leer las “pequeñas memorias” de Saramago, buscando el final de la microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión recordando aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, incluso en la navidad de 2020.


[1] teatro-de-barrio-libro1.pdf (wordpress.com)

NOTA: la imagen de la portada del libro, utilizada en la cabecera de este post, está tomada durante el rodaje de la película de Pier Paolo Pasolini “Il vangelo secondo Matteo” (1964). Figuran en ella Enrique Irazoqui (izqda.), que interpretó el papel de Jesús y el director, Pier Paolo Pasolini (dcha.). Fue realizada por Domenico Notarangelo – (Opera propria, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=52221008).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Mascarones y mascaronas de proa

MASCARONES DE PROA LIBRO

Sevilla, 28/VII/2020

Hoy hace un año que publiqué Mascarones de proa, un homenaje a la vida y obra de Pablo Neruda, como recopilación de la serie que escribí en julio de 2019 en torno a los juguetes más grandes y más queridos por el poeta. Vuelvo a entregarlo a la Noosfera, con objeto de facilitar de nuevo su lectura de forma homogénea y para que se pueda descargar libremente al ponerse a disposición universal y gratuita de quien lo quiera leer en el contexto de este verano y atendiendo al hilo conductor que expreso en el Prólogo:

«Un marinero en tierra ama el mar a su forma y manera porque no lo conoce bien. Eso no significa que no lo admire profundamente porque sé que las personas somos capaces de admirarnos de todas las cosas. También de los mascarones y mascaronas de proa y popa, como símbolos extraordinarios de determinadas embarcaciones antiguas, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo. Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Para él eran solo juguetes grandes.

Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Volvamos a entrar en su casa de Isla Negra. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia.

Licencia de Creative Commons
Los mascarones de proa by José Antonio Cobeña Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.joseantoniocobena.com.

La ventana discreta

LA VENTANA DISCRETA

Sevilla, 6/VII/2020

 

Publico hoy mi libro LA VENTANA DISCRETA, una recopilación de los artículos que he escrito en este blog a lo largo del estado del alarma decretado por la pandemia de la COVID-19. Sigo manteniendo mi compromiso de no entrar en el mercado cultural en su lado más complejo y entregarlo a la Noosfera  sin contraprestación económica alguna, entendida como la malla pensante que recubre el mundo y que descubrí en mis años jóvenes de lecturas complejas como eran las de Teilhard de Chardin, comprometiéndome personalmente desde entonces con un aserto que aprendí del paleontólogo francés: el mundo sólo tiene interés hacia adelante.

Adelanto el Prólogo como anticipo de una lectura que servirá como reflexión ética de un tiempo complejo en el que hemos tenido la oportunidad de hacernos muchas preguntas antes de salir del túnel. Algunas respuestas las he encontrado en este largo camino y he decidido compartirlas de nuevo, sólo con la contraprestación soñada del respeto a lo escrito y la lectura de cada artículo al azar o por necesidad. El índice ofrece la oportunidad de elegir la lectura más adecuada para el momento más oportuno, con objeto de crear tejido crítico de pensamientos y sentimientos, porque de lo que estoy convencido es que ningún artículo es inocente y nunca pretendí que así lo fueran.

La lectura de algunos artículos pueden acompañarla con la audición de obras que forman parte de la banda sonora de mi vida. Creo que disfrutarán mucho escuchando a compositores excelentes que abarcan varios siglos de creación musical inolvidable, Mozart, Bach, Bacarisse, directores de orquesta, así como cantoras y cantores que nos ilusionaron alguna vez con su forma de transformar la vida: Pavarotti, Dalla, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Juan Manuel Serrat, Quilapayún, Víctor Jara, Julio Numhauser, Mercedes Sosa, Bob Dylan, Leonard Cohen, Ennio Morricone, John Williams, Josep Vincent, Itzhak Perlman, Arngunnur Árnadótir, Enrique Morente, Nicola Piovani, Teodor Currentzis, Samuel Barber y Stravinsky, entre otros. Los elegí porque he querido ser consecuente con el hilo conductor de la música entendida siempre como compañera en la alegría y medicina para el dolor  (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Gracias anticipadas por su audición y lectura acompañada.

Prólogo

El libro que tiene ante sus ojos tiene un texto y contexto, con temporalidad cerrada, porque son casi cien mil palabras escritas e hilvanadas durante el estado de alarma con motivo de la pandemia en España del coronavirus COVID-19, que comenzó el 14 de marzo de 2020 y que finalizó el 20 de junio del mismo año. Han sido casi cien días naturales que han pasado como si fueran cien años, con daños colaterales tan importantes como las vidas de miles de pacientes que finalmente fallecieron en condiciones muy dolorosas para ellos, sus familiares y amigos y, obviamente, para todos los profesionales sanitarios que los atendieron con una entrega ejemplar.

En este contexto decidí ponerme a escribir como compromiso intelectual por la terrible pandemia, incluso días antes de que se declarara el estado de alarma: “Estamos viviendo momentos difíciles con la expansión del coronavirus y los blogueros también tenemos una responsabilidad social ante esta situación. Es un aviso para navegantes actuales la importancia que tiene estar bien informados, con una responsabilidad transcendental de los poderes públicos en este caso. Necesitamos disponer de un plan de comunicación a nivel de Estado mediante el que se pueda disponer de la información exacta, veraz y objetiva hasta los límites que sea necesario conocer sin mezcla de mentira alguna. ¡Es el interés general!, tan cuidado por nuestra Constitución. Es la mejor vacuna en estos momentos porque la proliferación de noticias, algunas de ellas falsas e interesadas, está creando un tejido crítico de alta preocupación y desasosiego”. Era un auténtico aviso para navegantes en una situación que se avecinaba como muy conflictiva y preocupante.

Así fue y así intenté escribir con un hilo conductor en cada post: nos quedaba la palabra. Si, además, podía aportar un rictus de esperanza a la situación que se nos vino encima como si fuera una erupción volcánica de miedo y desconcierto, mucho mejor. Comencé con una serie, con un post diario, denominada “Una quincena especial”, porque así lo decía el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19: “La duración del estado de alarma que se declara por el presente real decreto es de quince días naturales”. Quince días que se fueron alargando finalmente hasta casi cien (99 exactamente), con prórrogas que llevaron a la Política, ¡qué gran palabra!, a una situación calamitosa y muy poco ejemplar por parte de algunos partidos (todos no son iguales), por la falta de entendimiento en momentos tan transcendentales para el país.

Esta serie la inicié justificando por qué escribía en concreto durante la primera quincena natural del estado de alarma: “Lo primero que quiero publicar es la razón de por qué escribo. En esta ocasión cobra especial interés porque así intercambiamos valores culturales e intelectuales en momentos de crisis de salud pública, que se vuelcan en cada palabra de este cuaderno porque la escritura tampoco es inocente, como casi todo en la vida. Son señas de identidad y de principios que conviene conocer antes de abordar esta singladura de quince días en la que, a modo de aviso para navegantes, sigo al pie de la letra una consigna de José Saramago en su “Cuento de la isla desconocida” en un tiempo en el que no se deben hacer mudanzas físicas aunque sí psíquicas y sociales: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

En vista de las sucesivas prórrogas, decidí continuar con una segunda serie a la que titulé “La ventana discreta”. Seguíamos confinados y era necesario continuar con el espíritu y la letra de la tarea iniciada en la primera serie, no desfalleciendo en el empeño de aunar voluntades con el amor y el sufrimiento, como aquellos protagonistas de Santa María de Iquique a los que cantaba maravillosamente Quilapayún en una canción que nunca he olvidado. Así presentaba la serie cuando comenzaba la segunda quincena de confinamiento, con un título también esperanzador, La ventana discreta, “a modo de perspectiva esperanzadora sobre la situación que estamos viviendo en cada “carpe diem” particular. Necesitamos abrir ventanas metafóricas que permitan contemplar la vida de otra forma, porque es una oportunidad única de recuperar diálogo interior con nuestra persona de todos y, sobre todo, con la de secreto. Durante estos días es probable que nos sintamos a veces solos ante el peligro, en silencio, pero permitiéndonos algo muy importante: reflexionar, reflexionar y reflexionar, pasar a la acción, porque las ventanas de la vida ofrecen siempre oportunidades. Parando un momento. Las ventanas nos invitan a contemplar de forma diferente lo que antes pasaba desapercibido: la ciudad tranquila, la llegada de la primavera, más pájaros, más vida, aunque sintamos muchas veces el vértigo existencial legítimo. Necesitamos fijar la mirada en lo que auténticamente merece la pena, es decir, levantarnos desde nuestra perspectiva ética e iniciar un camino de compromiso personal y social para cambiar ese horizonte cerrado, clásico, que en el tiempo anterior, al que llamamos pasado, no nos ha llevado a veces a ninguna parte”.

Había pasado ya un mes y las perspectivas no eran halagüeñas. Todo dejaba entrever que el confinamiento era una forma muy acertada de contener el virus y la tercera quincena era la crónica de un nuevo confinamiento anunciado. Es verdad que había una inquietud que se revestía de palabras especiales: bajar la curva, alcanzar la meseta, doblegar al virus y vencerlo, con prudencia, mucha prudencia y esperanza fundada en las mediadas que se estaban tomando, tan desconcertantes a veces. De esta forma, enfoqué una tercera serie, no numerada, en términos de búsqueda de la mejor salida posible a esta situación. Es lo que he denominado en el índice, Hacia la nueva normalidad, porque es un constructo que nos llenó de esperanza cuando apareció por primera vez, literalmente así, en el periódico oficial del Estado.

En esta recta final, que se alargaba mucho más tiempo del previsto inicialmente por la prisa existencial que nos entró a todos para salir del túnel, había que escribir, en la medida de los posible y sin faltar nunca al principio de realidad que todos teníamos que asumir, sobre la reconstrucción del país y con una mirada más ambiciosa todavía, sobre la reconstrucción del mundo, porque todo lo humano nos pertenece, con independencia de dónde vivamos: “Necesitamos pensar ya en la Reconstrucción del Mundo para poder reconstruir España. Así de claro y contundente. Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte. En este contexto, he recordado como tarea preparatoria un cuento precioso de Jorge Luis Borges, El Congreso, que ya he comentado una vez en este cuaderno digital, porque traduce una realidad existencial del devenir del mundo en el que todos estamos ahora obligatoriamente obligados a comprenderlo para entendernos mejor. Leerlo es casi una obligación de Estado.

Con la lectura del cuento de Borges, les dejo, no sin antes decir que en esta serie innominada escribí 54 post que junto a los anteriores, suman un total de 88, hasta que llegó la jornada mágica del 21 de junio de 2020, en la que finalizaba el estado de alarma y comenzaba el tiempo nuevo de la nueva normalidad. Ese día quise resumir con un título programático un final digno para este tiempo de espera y esperanza, Romanza para un tiempo nuevo, porque en ese día confluían tres hechos relevantes, interrelacionados entre sí en el calendario, no por azar sino por necesidad: “Comienza una etapa novedosa de normalidad, después de un estado de alarma que ha durado casi cien días, entra el verano por la puerta grande y se celebra el Día Europeo de la Música, como me ha recordado hoy de forma espléndida la Fundación Juan March, a la que sigo en su devenir diario desde que descubrí que era depositaria de una obra memorable de Bacarisse, el Concertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, al que denominó Romanza. Creo que la conjunción de las tres realidades expuestas, ofrecen hoy la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir la vida en otro mundo diferente. Como no podía ser de otra forma he elegido una obra que conjugara estas realidades: el Concertino citado, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta”.

Hemos entrado de lleno en la nueva normalidad, aprendiendo a cuidar y cuidarnos con medidas de autoprotección y respeto a la vida de los demás. Eso espero en la esperanza de que a partir de hoy creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como diría Rafael Alberti en un contexto tan difícil como tuvo que vivir y al que aportó también esperanza: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música ha demostrado durante el estado de alarma y el confinamiento subsiguiente que es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN

José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de los artículos de este libro; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

José Saramago, diez años después

LA TEGALA DE SARAMAGO 2020

Sevilla, 18/VI/2020

Hoy se cumplen diez años del fallecimiento de José Saramago, en Tías (Lanzarote), una isla que amo y en la que he vivido muchas experiencias inolvidables. Como la admiración y el respeto hacia él se demuestran también escribiendo con alma sobre su obra, entrego de nuevo a la Noosfera un libro que publiqué en 2014 en este cuaderno digital, LA TEGALA DE SARAMAGO, en homenaje permanente a él, en el que recopilé todas las referencias al autor a lo largo de los primeros ocho años de vida de mi blog. He escrito varios artículos, posteriormente, sobre este autor que tanto aprecio, que se pueden localizar a través del buscador incorporado a este blog, como homenaje continuo a su vida y obra. Un ejemplo clarificador fue la publicación de un post muy significativo en 2018, Saramago, veinte años después, volvió a Sevilla, con motivo de un acto promovido por el Consulado de Portugal en Sevilla y la Fundación Saramago, con la colaboración del Centro de Estudios Andaluces y del Centro Andaluz de las Letras, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía en ese año.

La convivencia en este tiempo del título y subtítulo de este cuaderno de bitácora/derrota, en lenguaje del mar, es decir, El mundo sólo tiene interés hacia adelante/Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, simboliza muy bien el hilo conductor que intenté tejer en el libro. El Prólogo y el epílogo, descubren la quintaesencia que intento transmitir.

De nuevo, gracias anticipadas por su lectura, aunque sería maravilloso que quien lo lea se quede navegando virtualmente en el sitio que reservo siempre en la amura de babor de «La isla desconocida», como homenaje permanente a un hombre y a una mujer que un día se atrevieron a iniciar la mejor singladura de sus vidas, tal y como él nos lo cuenta en su maravilloso Cuento de la isla desconocida, que tanto aprecio.

Algunos enlaces web del libro, con el paso de los años, están rotos y ya no se puede acceder a ellos. Pido disculpas, pero la realidad tan frágil de Internet y la fugacidad de ideas e imágenes en red nos hacen pagar este tributo. Aún así, mantengo el texto tal y como lo publiqué porque nadie se baña dos veces en el mismo río e incluso las ideas cambian, aunque reconozco aquí y ahora que los principios expuestos en el libro son los que tengo y además no tengo otros. Es solo un aviso para navegantes.

Adelanto la lectura del Prólogo, que reproduzco a continuación, para quien tenga a bien iniciar esta singladura que -estoy seguro- no le va a defraudar:

jose-saramago

LA TEGALA DE SARAMAGO

Prólogo

Necesitamos salir de nosotros mismos. Este aserto lo aprendí de José Saramago, cuando tuve la gran oportunidad de leer su cuento maravilloso, muy breve, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña desde 1998 en mi vida de todos y en la de secreto. Si a esta realidad ética le uno el descubrimiento de Teilhard en 1962, dejándome una huella indeleble, en su declaración de que el mundo solo tiene interés hacia adelante, es fácil comprender la quintaesencia de este nuevo libro, que recopila determinados post que escribí en los últimos años a la sombra de la tegala de Saramago.

Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…».

Escribiendo y leyendo de nuevo las páginas que siguen, que ya fueron escritas en su momento, que también puede ser en el hoy mío y en el de cada lector o lectora de esta nueva entrega a la Noosfera, doy un paso más en conocer ese niño que cada uno lleva dentro, el mío, el tuyo, el de todos y todas, desde el compromiso adquirido un día para navegar en “La Isla desconocida”, aunque Groucho Marx, con su especial gracejo, interpretó esta necesidad suplicando que lo buscaran inmediatamente [al niño], cuando el comentario general es que la torpeza de estar y ser en la vida, su razón de ser, se conoce y se sufre a veces desde que somos pequeños:

“- ¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“

Estoy muy agradecido a Saramago, por su testimonio permanente, que resalto especialmente en la última entrega de la serie que le dediqué en torno a su tegala particular, cuando probablemente observa desde no se sabe qué sitio del Cielo, cómo desde Roma se reinterpreta su vida y su obra, sin com-pasión [sic] alguna.

Prefiero quedarme con un mensaje del cuento tanta veces citado, donde pone en boca de una persona muy humilde, la limpiadora del palacio del rey, un gran secreto para ser más felices cada día, todos los días: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Sevilla, 10 de marzo de 2014

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

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Los sueños de Marcos

MARCOS 1986

Sevilla, 26/IV/2020

Al igual que pasa en la celebración clásica de los santos, las publicaciones también pueden tener su octava. En este caso, ayer, festividad de San Marcos evangelista, vio la luz una publicación nueva, Los sueños de Marcos, que pongo a disposición de la Noosfera desde hoy mismo y de la que publico a continuación un extracto del prólogo:

«Este libro recoge una selección de artículos publicados en mi blog, El mundo solo tiene interés hacia adelante, en los que mi hijo, nuestro hijo, de nombre Marcos, ha estado presente a lo largo de sus casi quince años de vida. Todo empezó en diciembre de 2005 y así lo expuse en la declaración de principios que publiqué el primer día de vida de este cuaderno digital: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en El cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)».

De alguna forma deseo devolver a Marcos, después de este tiempo pasado, el agradecimiento por haberme animado a emprender esta tarea que a día de hoy supone haber publicado más de mil cuatrocientos artículos o posts, en el lenguaje propio de este tipo de comunicación social. En aquel momento hice un contrato social con Jose Saramago, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones y de los compromisos, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos”.

Espero que disfruten con la lectura de las páginas que vuelven a estar presentes en la malla pensante mundial a través de la Noosfera (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (1), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Traigo a colación esta referencia porque es la quintaesencia de este blog, con un título programático: El mundo solo tiene interés hacia adelante, ahora mucho más valioso como aserto en tiempos de coronavirus.

En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964 y que preside diariamente este cuaderno digital), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto religiosa. Todo tiene interés si el mundo frecuenta el fututo yendo siempre hacia adelante.

Este libro recopilatorio se lo debía a Marcos. El llamado “dominio” del blog, igualmente. Sus sueños compartidos a lo largo de su vida también merecían este reconocimiento, porque he aprendido de él que soñar nos permite siempre crear cuando estamos despiertos.

NOTA: la imagen fue tomada por el autor en Benalmádena (Málaga), en agosto de 1986.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Mascarones de proa

MASCARONES DE PROA LIBRO

En la sección de Páginas de este blog, publico hoy en formato libro, Mascarones de proa, la serie que he escrito a lo largo de este mes de julio, con objeto de facilitar su lectura de forma homogénea y para que se pueda descargar libremente al ponerse a disposición universal y gratuita de la Noosfera, la malla de cerebros pensantes que habitan en el planeta.

Como afirmo en el Prólogo, «Un marinero en tierra ama el mar a su forma y manera porque no lo conoce bien. Eso no significa que no lo admire profundamente porque sé que las personas somos capaces de admirarnos de todas las cosas. También de los mascarones y mascaronas de proa y popa, como símbolos extraordinarios de determinadas embarcaciones antiguas, que daban brillo y esplendor a significantes de quienes surcaban los mares del mundo. Pablo Neruda amaba estas piezas marítimas, formando parte esencial de su casa en Isla Negra, en su amado Chile. Para él eran solo juguetes grandes.

Dicen los sabios del lugar y del tiempo marítimo que los mascarones de proa pretendían siempre calmar la ira divina a través de figuras amables que estaban autorizadas a romper continuamente las olas sin descanso alguno. Iban por delante, sin complejos, abriendo surcos marítimos en viajes apasionantes cuando, sobre todo, buscaban islas desconocidas. Voy a surcar también diversos mares de vida a través de ríos que buscan siempre el mar para culminar viajes fascinantes. Para mí, el más importante de todos: el de la palabra que nos queda a través del tiempo.

Todos llevamos un niño o una niña dentro. Neruda sabía que sus mascarones, los juguetes más grandes de su casa, le acompañaban siempre para seguir contándoles historias increíbles vividas durante sus singladuras azarosas: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.

Entremos en su casa de Isla Negra. Neruda nos espera siempre con ardiente paciencia.

Sevilla, 28/VII/2019

Licencia de Creative Commons
Los mascarones de proa by José Antonio Cobeña Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.joseantoniocobena.com.

Las mujeres que escriben son de letras tomar

FERIA DEL LIBRO 2018

Mujeres de letras tomar

Parece que hoy he encontrado el eslabón perdido con la Feria del Libro del año pasado, en un día que estoy preparando la visita al espacio en el que se celebra la de este año. Tiene un título programático, Mujeres de letras tomar, como hilo conductor de la Feria, que me parece paradigmático en los momentos actuales y que enlaza con el artículo que escribí el día después de la Feria anterior, en un pequeño homenaje que hice a las mujeres que escriben y que son de letras tomar.

Esta tarde quiero encontrarme con dos mujeres a las que he dedicado palabras de reconocimiento en este blog a lo largo del año, Carmen de Burgos y Luisa Carnés, no olvidando nunca a otras dos que me han marcado pasajes especiales de mi intrahistoria, María Teresa León y Zenobia Camprubí, como se puede comprobar repasando algunas hojas de este cuaderno de ayuda para encontrar escritoras olvidadas por culpa de nuestra desmemoria histórica.

Sevilla, 12/V/2018

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Son imprescindibles las mujeres que escriben

Creo que a María Teresa León apenas se la conoce en España, no más allá de haber compartido una larga vida con Rafael Alberti. Ayer, en la Feria del Libro de Sevilla, la vi en muchos mostradores de librerías que enseñaban sus cartas de identidad, entre las que se encontraban las portadas de varios libros de y sobre María Teresa León. Me alegré al reencontrarme con ella, haciéndose justicia al rescatarla del olvido porque creo que, al igual que el título de un libro sobre el que escribí en este cuaderno digital en 2007, las mujeres que escriben (y leen) son peligrosas imprescindibles, es más, han aportado y aportan una riqueza incuestionable a la literatura.

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO

Conocí más de cerca a María Teresa León durante mi estancia en Roma en 1976, cuando vivía junto a Rafael Alberti en Via Garibaldi, 88, en el Trastévere, no a ella directamente sino a la persona que la cuidaba en los primeros atisbos de la enfermedad que la alejaría después del mundo real. Supe de sus viajes en tren hacia Milán, para que atendieran su situación compleja. Aun así, tengo que reconocer que solo conocía bien a Alberti, pero María Teresa fue un descubrimiento que tardé muchos años en atender y leer con el detalle y respeto que mereció siempre.

Hay una anécdota en mi historia reciente que me ha marcado mucho, porque quizá fue una forma simbólica de devolver a María Teresa León lo que este país le había robado durante muchos años, por el exilio y algo más duro todavía, el olvido. Sucedió en una gran superficie localizada en Sevilla capital. Había ofertas de libros con precios de saldo y cerca de la caja donde me situé para pagar me encontré con una torre de diez libros iguales de María Teresa León, Memorias de la melancolía, a un euro el ejemplar. Los compré todos con gran asombro de la cajera que, entre productos frescos de diverso origen, se encontró de pronto con diez libros iguales, una mercancía casi desconocida, sobre los que me pidió una sencilla explicación por aquella forma de proceder. No conocía a la autora y aproveché para explicarle quién era y la melancolía que me producía verla en aquella situación. Fue una operación rescate in extremis como pequeño homenaje de respeto y para sacarla del olvido. A día de hoy, solo conservo un ejemplar, porque los nueve restantes los regalé a personas que aprecio y que saben tratar bien a María Teresa. Es verdad, salvando las distancias obviamente, que se volvió a reproducir en mí una memoria de la melancolía.

TRECE CUENTOS

En este contexto, he leído hoy un artículo precioso, Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida (1), que me ha parecido fascinante y que ha dejado al descubierto la ignorancia que tenemos en este país sobre la pléyade de mujeres escritoras que fueron silenciadas durante el régimen franquista. Me emociona conocer esta operación rescate de mujeres que escribieron maravillosamente bien, pero desde el exilio en el mayor número de casos. Luisa Carnés escribió dos obras señeras, de alto voltaje político, Tea Rooms y Trece cuentos, que por lo narrado en el artículo parecen apasionantes. Leerlas será el mejor homenaje a esta mujer, olvidada durante tantos años de desidia y desprecio a las mujeres escritoras de este país durante la posguerra y pertenecientes también a la denominada Generación del 27.

Al igual que los santos, la Feria del Libro de este año, que se clausuró ayer, tiene también su octava y este pequeño homenaje es como poner un broche de oro personal a este acontecimiento literario en esta ciudad, que tanto aportó para el controvertido descubrimiento de América y que todavía está por descubrir en su realidad actual. Mujeres escritoras, como Zenobia Camprubí, María Teresa León, Simone de Beauvoir y Luisa Carnés, entre otras muchas, merecen nuestro aprecio y respeto todos los días, porque sencillamente lo dedicamos hoy, especialmente, a sus libros.

Baste un ejemplo final de lo que escribí en 1976 sobre una mujer escritora citada anteriormente, Simone de Beauvoir, después de un análisis de su magnífica obra El segundo sexo, ignorada en España en los años de autos por su texto y contexto: “Es indudable que el análisis de Simone de Beauvoir sobre la infancia, no pasa de ser un análisis monocolor de su infancia, que era también la infancia de la época, década de los años diez y veinte del Siglo XX. Paradójicamente, acepto que muchas reflexiones de ella podrían aplicarse a décadas posteriores, donde la educación sexual (no olvidemos que es su preocupación fundamental en esta obra) ha brillado por su ausencia. Hoy, asistimos a un momento diferente, donde los jóvenes han hecho periclitar el edificio clásico de las inhibiciones y frustraciones sexuales. Bastaría citar el fenómeno registrado en Italia, con la publicación del libro “Porci con le ali”, donde Rocco y Antonia viven una experiencia sexo-política muy similar y donde el vocabulario utilizado para sus expresiones dialécticas, desde el principio y hasta el fin del libro, darían que pensar incluso a Simone. Junto a esta realidad, la formación real hoy es una formación de la calle, de los diferentes clubes, de la filmografía, donde el lenguaje desenfadado manifiesta un epifenómeno muy curioso: la insatisfacción por saturación (…). El problema radicó en que la lectura de “El segundo sexo”, a escondidas, por ser manzana prohibida, facilitó un curso acelerado de formación y de satisfacción de curiosidad, con todos los problemas que podría acarrear a las mujeres lectoras. Hoy, su obra, aporta datos de interés a nivel histórico, pero cualquier manual o revista “avanzada” abre ya los ojos a muchas realidades. Aun así, hay que reconocer la valiente realización de Simone de Beauvoir, su desesperada lucha por encontrar su libertad…” (2). También, lo que aportó a los hombres y mujeres de muchas épocas, lectores y lectoras de relatos basados en la libertad intelectual, la que amó María Teresa León, a quien tanto aprecio.

Sevilla, 29/V/2017

(1) Franch, Ignasi (2017, 28 de mayo). Los relatos olvidados de Luisa Carnés: exiliada republicana, escritora comprometida.
(2) Cobeña, J.A. (1976). La personalidad frustrada de Simone de Beauvoir. Trabajo de doctorado realizado en mayo de 1976, en Roma (sin publicar).