La invasión de Ucrania nos está enfermando el alma

Albert György, Melancolía o El vacío del alma, 2012 – Muelle de Mont Blanc, Ginebra (Suiza)

Sevilla, 12/III/2022

… nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era.

Eduardo Galeano, en Patras arriba. La escuela del mundo al revés

En los primeros días de la creación, supe hace ya muchos años que la tierra estaba “hueca y vacía”. La verdad es que pasaron casi desapercibidas en mi vida estas dos realidades, pero en este tiempo de controversia permanente, con una invasión en Ucrania que nos conmueve a diario, son dos palabras que vuelven a tener una importancia transcendental. En aquél relato mágico del Génesis, la deidad correspondiente solucionó el problema de la oquedad y el vacío creando lo que le pareció “muy bueno”, el ser humano, a diferencia de los cielos y tierra, por ejemplo, que sólo eran creaciones “buenas”. Ese adverbio, muy, puso al ser humano en un sitio especial y así lo han contado durante miles de años los abuelos a sus nietos, en las orillas del Tigris y el Éufrates, en el actual Iraq, desde que la escritura nos lo recuerda en relatos que ya tienen más de 2.700 años.

Ha pasado mucho tiempo, pero estamos viviendo la invasión de Ucrania, para dejarla hueca y vacía en un alarde de imperialismo sin límites, un símbolo de profundo calado existencial. En este contexto, he recordado que el año pasado visité el Museo Nacional Reina Sofía, prácticamente vacío, en una visita fugaz a Picasso a través de su obra magna, Guernica, ante la que me detuve escudriñando cada centímetro de una pintura que considero prodigiosa, por su simbolismo y por lo que supone reflexionar sobre ella, en vivo y en directo, después de su azaroso viaje por el mundo. En la ida y vuelta por las salas del surrealismo, bastante huecas y vacías, hice la parada obligada ante esta sorprendente manifestación de dolor y rabia por lo acontecido no sólo en Guernica, sino en todo el país, aunque la frágil memoria histórica que nos embarga lo olvide a pasos agigantados, provocando en mi alma un duro vacío difícil de explicar. Una situación que ahora, con la realidad de Ucrania, se hace más cercana todavía.

Salvando lo que haya que salvar, lo que quiero demostrar es que lo más preocupante ante lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo casi minuto a minuto, es constatar el vacío de valores humanos en el Primer Mundo, en las grandes potencias occidentales, para comprenderlo en su justo sentido, porque aunque vivamos en ese mal llamado «primer mundo», no somos conscientes de que nuestra vida se vacía de valores y esperanza, porque la convivencia es cada día más difícil, dado que lo que acusa el vacío es el alma humana que se consuela a duras penas con su soledad de nuevos ricos o complejos imperialistas como los de Putin. En las clases finales de Eduardo Galeano en su escuela del mundo al revés, aborda unas lecciones de la sociedad de consumo y un curso intensivo de incomunicación, que ahora sufrimos por ejemplo por los acontecimientos de Ucrania, con una reflexión impecable, que leo una y mil veces en esta ardiente impaciencia ante la crisis mundial que se avecina y la escasez de todo que nos rodea por las esquinas del consumo, simbolizado en los elevados precios de las energías y las posibles estanterías vacías en comercios y superficies de todo tipo, es decir la manifestación palpable de que la tierra se queda poco a poco “hueca y vacía”, sin que se aviste un dios que vuelva a recordarnos que lo mejor que tiene el mundo son las personas que lo pueblan: “Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los oídos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta. Los presidentes de los países del sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertía a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen. Por estafa, porque prometen lo imposible. Si todos consumiéramos como consumen los exprimidores del mundo, nos quedaríamos sin mundo. Y por apología del crimen: este modelo de vida que se nos ofrece como un gran orgasmo de la vida, estos delirios del consumo que dicen ser la contraseña de la felicidad, nos están enfermando el alma y nos están dejando sin casa: aquella casa que el mundo quiso ser cuando todavía no era”.

Galeano lo confirma: este loco mundo, con Putin ahora al frente como protagonista indeseable, está enfermando nuestra alma y nos están dejando sin casa, con un sentimiento permanente de oquedad y vacío. Además, esta transformación existencial me lleva a escribir estas palabras con lo poco que me queda de esa alma vacía. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado de nuevo una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja, intentando salir como podemos del vacío y oquedad que nos rodea ahora, con la invasión de Ucrania como lección a aprender en un burdo mundo al revés, en el que constatamos que la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

No es lo mismo legitimidad que ética política

Sede de las Cortes Generales de Castilla y León, en Valladolid. Detalle del Hemiciclo.

Sevilla, 11/III/2022

Sé que estamos viviendo en una España al revés, donde la confusión de términos nos invade por tierra, mar y aire, sobre todo porque más allá del léxico hay una ideología no inocente detrás de muchas palabras, lo que se podría resumir en lo ocurrido ayer con una sola frase: todo vale en política. Lo afirmaba Eduardo Galeano en su visión del mundo al revés: al final, la izquierda está a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, o lo que es lo mismo, la ultraderecha está en el centro de la derecha, a la que pretende difuminar, fulminar o desenmascarar, quién sabe, ganando terreno político en un gobierno por estrenar. Así lo explicaba también Galeano, en palabras que todos las podemos entender muy bien: “No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos sólo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian… de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras los hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope” (1). La ética política no se improvisa ni se cambia de buenas a primeras, porque la gran verdad de la ética, en cualquiera de sus manifestaciones, consiste en defender siempre y sin fisuras la razón que justifica todos los actos humanos de bien, en libertad, con dignidad extrema, defendiendo siempre el interés general en democracia como su auténtico caldo de cultivo, porque sin ella no podemos avanzar mucho en la sociedad. Es la “solería” que se va poniendo cada día en todo el país, sin excepción alguna, con actos y actitudes que dignifican la política, que no la envilece o daña. El profesor López Aranguren, definía la ética como el “suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos”, que tantas veces he abordado en este blog.

Lo que sucedió ayer en la Comunidad de Castilla-León, a la que VOX gusta llamar “Castilla la Vieja”, tomen nota, en la que el partido de ultraderecha entra por primera vez en el Gobierno de una Comunidad, nada menos que con la Vicepresidencia, la Presidencia del Parlamento Autonómico y tres Consejerías, por determinar su alcance, es para mí un ejemplo meridiano de la España al revés. Conviene leer los términos exactos del Acuerdo de Legislatura, donde casi todo queda en palabras, porque lo que se ha manifestado por parte de los lideres de VOX, horas antes de su firma, era para tentarse la ropa. Todo muy democrático y muy legítimo, pero muy poco ético desde la perspectiva política, fundamentalmente porque ese partido de ultraderecha no cree en el Estado de las Autonomías, es decir, no cree en determinados artículos de la Constitución y va a por ella, confunde todo tipo de violencias y las equipara, para acabar invisibilizando la de género, que destaca sobre todas por su esencia de sufrimiento para las mujeres, dentro y fuera de las familias, porque ese escarnio contra ellas no sólo se produce en el seno de la familia, en el ámbito “intrafamiliar” dicen ellos, sino en el laboral o en el de la vida diaria y anónima de quienes la sufren minuto a minuto, entre otros muchos entornos nada amables por el simple hecho de ser mujer. A ello hay que agregar la criminalización de la migración que ellos llaman “ilegal”, cuando lo verdaderamente ilegal es que estemos rodeados de nadies que no tienen dónde ir y refugiarse, que necesitan más que nunca nuestra comprensión y apoyo. Y una cosa más, entre otras muchas en su programa político: la defensa de la memoria histórica es casi un cuento chino, como si de la guerra civil española en el siglo pasado no se derivaran responsabilidades de todo tipo a pesar del tiempo transcurrido. Lo que piensan de la pertenencia a Europa ya se conoce, porque su antieuropeísmo es de libro, por si esto se nos olvidaba también. Ya lo ha advertido el presidente del Partido Popular Europeo, Donald Tusk, al conocer el Acuerdo, del que ha dicho que es una “capitulación» del Partido Popular en España.

En este marco incomparable de falta de ética política, con un efecto halo de legitimidad, asistimos también a un reguero de manifestaciones de la derecha “encubriendo” como pueden y de forma vergonzante lo firmado ayer “in extremis” en Castilla-León, con una palabra como denominador común: el acuerdo es “legítimo”, pero cuando ellos analizan cómo se constituyó el Gobierno actual de este país, lo acusaban, y siguen haciéndolo de forma reiterada, de “ilegítimo”, sin despeinarse un solo momento. Y no es lo mismo, no. Un ejemplo: la confluencia de los partidos PSOE y Unidas Podemos, que hizo posible el gobierno actual del PSOE, no recoge en ningún momento la anuencia de programas incompatibles con la Constitución. El de Castilla-León, sí, porque es su quintaesencia anticonstitucional lo que les pesa más que los fárragos de las intervenciones públicas de sus líderes, que al final son solo palabras.

Vuelvo a insistir en algo que he manifestado recientemente ante situaciones como la que he analizado anteriormente, por las que nos encontramos conturbados y decepcionados: ahora debo escribir estas líneas y saltarme algo que conozco bien por el arte de callar, porque cuando hablo y escribo es porque tengo algo más importante que decir que guardar silencio. Lo que ocurrió ayer en Castilla-León, nos recuerda que con unas elecciones legítimas los ciudadanos firmamos de algún modo un contrato social con la política que impera, lo que nos lleva a descubrir la conveniencia de estar vacunados contra la epidemia de intromisión en nuestra inteligencia social, que también existe. Comprendo mejor que nunca aquella frase del filósofo Emilio Lledó, que me marcó para siempre: Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. O seguir confundiendo legitimidad con ética política, que no es lo mismo.

Todo lo expuesto anteriormente es válido cuando estamos convencidos de que lo más importante en la sociedad es perseguir el interés general frente al individual y que la corrupción política (que no sólo es en el área económica) es el enemigo público número uno a combatir, porque cuando entra en la sociedad no deja títere con cabeza, todo se corrompe de forma tentacular y nos lleva a un conformismo y desafección política terribles. La tentación es huir hacia adelante, pero hacia ninguna parte, porque queramos o no necesitamos defender la democracia como la mejor forma de compartir la vida. Ante la decepción por lo ocurrido ayer en Castilla-León, es posible que volvamos a caer en la tentación de acudir a Góngora para que nos explique hoy esta situación a través de su famosa letrilla rediviva, «Ándeme yo caliente, ríase la gente»: Cuando cubra las montañas / De blanca nieve el enero, / Tenga yo lleno el brasero / De bellotas y castañas, / Y quien las dulces patrañas / Del Rey que rabió me cuente, / Y ríase la gente. […] Busque muy en hora buena / El mercader nuevos soles; / Yo conchas y caracoles / Entre la menuda arena, / Escuchando a Filomena (2) / Sobre el chopo de la fuente, / Y ríase la gente. Porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, que diría el torero El Guerra, por mucho que ante la falta de ética personal y colectiva, la de los Gobiernos correspondientes también, queramos normalizar lo indeseable en términos individuales y sociales para convertirlo todo en un mundo al revés sin contrato social alguno. O lo que es lo mismo, seguir confundiendo la legitimidad como acto pasajero para cubrir apariencias, con la ética como actitud permanente de dignidad pública y privada a lo largo de nuestra vida.

(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

(2) “Filomena” era la denominación de “la hembra del ruiseñor” en tiempos de Góngora (ver el Diccionario de Francisco Sobrino, 1705), en el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa. Bruselas: Francisco Foppens, p. 182,3.

NOTA: la imagen de cabecera, recuperada hoy de https://www.ccyl.es/Content/VisitaVirtual/, ofrece un detalle del Hemiciclo de las Cortes Generales de Castilla y León, en el que figura el Mosaico de los Cántaros, en mármol y caliza, que lo preside, datado en el siglo IV. La luz natural entra a través del cristal serigrafiado y láminas de alabastro.

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«Resistencia» no es sólo un nombre de barco

ENDURANCE – ERNEST SHACKLETON / RTVE

Sevilla, 10/III/2022

Hemos conocido recientemente el hallazgo del pecio en el mar de Weddell (Océano Atlántico), donde se encuentra casi intacto el velero bergantín Endurance (Resistencia), protagonista de la expedición de Ernest Shackleton, explorador polar angloirlandés y su primer comandante, hundido en 1915 a unas cuatro millas al sur de la posición que su capitán, Frank Worsley, registró antes de que la tripulación tuviera que abandonarlo, al quedar atrapado en el hielo. El 9 de agosto de 1914 y coincidiendo con la entrada oficial del Reino Unido en la Primera Guerra Mundial, el Endurance, de 44 metros de eslora, inició su mítica singladura hacia la Antártida desde el puerto inglés de Plymouth, pasando de forma obligada como inicio de la aventura antártica, por las islas de Georgia del Sur.

Quien frecuenta este cuaderno de derrota (en lenguaje del mar), sabe que está especializado en buscar islas desconocidas. Por este motivo, aventuras como la del Endurance (1) tienen un sitio de honor en este cuaderno digital, interpretándolo siempre desde la amura de babor de la vida, que no de estribor, por aquello de la ideología que, en mi caso, no es inocente. Aquella tripulación, al mando de su ideólogo, Ernest Shackleton, compuesta por un total de 28 hombres, reclutadas al parecer por un anuncio sorprendente, “Se requieren hombres para un viaje peligroso. Salario bajo. Frío polar. Horas de completa oscuridad. Regreso a salvo dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, tomó conciencia poco a poco de que la expedición tenía un final en las puertas de la Antártida porque el hielo les impedía continuar. Así estuvieron durante diez meses, esperando que el cambio de tiempo les permitiera reanudar la navegación, pero no ocurrió así y el barco sufrió las inclemencias del tiempo, dejándolo inservible hasta tal punto que ellos mismos comprobaron cómo se hundía en aquel tenebroso mar de Weddell. Lo sintetizó bien en una frase que pasó a la posteridad: “Se ha ido, muchachos”.

Lo que ocurrió desde aquel momento se conoce por numerosos reportajes, entrevistas, libros y recortes de prensa, porque es verdad que el resultado humano de aquella expedición fue sorprendente, en términos mucho más desesperanzados que los que figuraban en el anuncio citado, fundamentalmente porque hicieron honor a la denominación del barco: “Resistencia”. Shackleton, en un ejemplo de liderazgo digno de encomio, con el recurso de tres botes del barco, logró finalmente salvar a toda la tripulación, en un ejemplo de heroicidad y solidaridad que ha sabido reconocer la historia mundial. Una gesta que duró dos años, hasta que finalmente fueron rescatados todos el 30 de agosto de 1916 en la isla Elefante, el primer punto que alcanzaron después de la salida de la pequeña expedición para el rescate, comandada también por el propio Shackleton y cinco tripulantes del Endurance.

Tripulación del Endurance

Todo lo anterior, una aventura aleccionadora en todos sus términos, me recuerda una vez más el compromiso contraído por mí un día ya lejano con José Saramago, cuando comencé a escribir en este cuaderno de derrota mis anotaciones sobre la búsqueda incesante de islas desconocidas, en la clave que nos regaló con sus palabras trazadas en un libro inolvidable, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña siempre en los viajes hacia alguna parte de mi vida. Cualquier situación, como la descrita por ejemplo con la localización del Endurance, puede ser una buena excusa para volver a iniciar esta apasionante búsqueda. En 2014, con motivo de la publicación de un libro precioso, Atlas de islas remotasconocidas hasta donde he podido investigar, propuse que también se debería hacer un atlas de islas desconocidas, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque en el libro se hacía una reflexión sorprendente y, quizá, disuasoria: “El paraíso es una isla. Y el infierno también”. Todo ello me lleva a considerar también que hay que saber hacia dónde navegamos en el río o mar de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…

Así lo escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias para vivir con dignidad humana: “Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad”, porque […] “El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias a él, fueron 43 pequeñas páginas las que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente -intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso”.

El paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día. Quizá deberíamos aprender en el aquí y ahora de cada uno, de la misión y visión perfecta del charrán ártico, que persigue un objetivo claro que siempre cumple: alcanzar las metas propuestas volando por esos mundos de dios. Porque buscar islas desconocidas, es decir, descubrir cómo somos cuando decidimos vernos desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar en la vida sola o asociada. Al fin y al cabo, la vida se nos pasa… volando. También, resistiendo, como hemos podido comprobar durante la pandemia, situación que con la localización en estas fechas del Endurance, se nos antoja como una metáfora perfecta de lo que significó la supervivencia de aquella expedición en una expedición hacia alguna parte. Así lo cantábamos no hace tanto tiempo: Resistiré / Erguido frente a todo / Me volveré de hierro para endurecer la piel / Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte / Soy como el junco que se dobla / Pero siempre sigue en pie.

Vuelvo a entrar hoy en mi clínica del alma, mi biblioteca, para abrir de nuevo El cuento de la isla desconocida, de José Saramago, tantas veces citado como hilo conductor de estas páginas, y leo algo muy esclarecedor para viajar por mares y océanos procelosos, donde se encontraba por ejemplo el lugar inhóspito en el que tuvo lugar el hundimiento del Endurance: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer humilde del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

(1) Lansing, Alfred, Endurance. La prisión blanca, Madrid: Capitán Swuing, 2015.

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¡Ay, Luisico!, la intrahistoria de unos versos y dibujos de Federico García Lorca

Sevilla, 9/III/2022

Los encontré finalmente en un ejemplar original de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, publicada en 1949 (1), que recibí ayer con la ilusión de un niño con zapatos nuevos, que se decía en mi infancia de Madrid, donde en el índice, bajo la denominación de “Tabla”, aparecen siete poemas y dos dibujos inéditos de Federico García Lorca, con un subtítulo que dice textualmente lo siguiente: “Los publica Luis Rosales”. Hasta ahí todo bien, excepto cuando se conoce la intrahistoria de cómo se obtuvieron los originales citados. Lo cuenta con detalle Ana Merino en su última obra, Amigo (2), sobre la que recientemente he escrito un artículo en este cuaderno digital que tiene como misión descubrir ”islas desconocidas” para el alma de todos y la de secreto.

En la citada novela, la protagonista, Inés, narra un hecho real en su investigación sobre un archivo de Joaquin Amigo, gracias a una invitación que se le hace para ordenar ese archivo que conservaba en Madrid, María, una nieta de Joaquín. El archivo era en realidad una caja que su mujer, Rosario de la Quintana, guardaba en el altillo de un armario de su dormitorio con documentos de todo tipo, junto a unas estanterías que mandó hacer en su casa de Ronda (Málaga) que contenía sus libros, todo ello a raíz de la dolorosa muerte del gran amigo de García Lorca, sólo nueve días después del asesinato del poeta y en su caso, de una forma igualmente trágica, al haber sido arrojado al vacío del Tajo de Ronda por las milicias republicanas. En sus primeros pasos, descubre que entre las personas que siguieron cerca de la familia de Amigo estaban Ian Gibson, Félix Grande y el poeta Luis Rosales, que aun teniendo diez años menos que Joaquín Amigo mantenían una relación de amistad y respeto mutuo. Fue en una de las visitas de Luis Rosales a la viuda de Amigo cuando se produjo un hecho que quiero resaltar hoy para hacer un pequeño homenaje a Federico García Lorca y a su gran amigo Joaquín Amigo, valga más que nunca la redundancia, al publicar en este artículo lo que de verdad sucedió con los siete poemas y los dos dibujos originales de García Lorca, que figuraban en la caja celosamente guardada en su casa por la esposa de Joaquín y que Luis Rosales se llevó un día de visita. Esta intrahistoria la cuenta su nieta a la protagonista, en el sentido de que Rosales pidió prestados esos poemas y dibujos y nunca los devolvió, a pesar de que Rosario se los pidió en reiteradas ocasiones. De ahí la expresión de dolor de Rosario al recordar este hecho: ¡Ay Luisico, Luisico! Luego, “se quedaba en silencio”.

La verdad es que no se sabe por qué ocurrió este hecho. Hoy, publico este artículo como homenaje a la amistad entrañable de Federico García Lorca y Joaquín Amigo, que para mí representa algo más que una amistad, porque ambos eran de ideas e ideologías muy diferentes y conservaban su unión con esmero y delicadeza casi benedictina, desde que se conocieron y hasta sus dolorosas muertes, que ambos sufrieron auspiciadas por bandos diferentes, como un hecho irrefutable de que de su destino era permanecer unidos hasta la muerte a pesar de todo.

Los siete poemas y los dos dibujos de Federico García Lorca, que figuraban en poder de Joaquín Amigo, publicados por Luis Rosales, con una única reseña que figura en  el titulado “La oración de las rosas”, que dice lo siguiente: “Las seis primeras composiciones pertenecen al libro inédito “La suite de los espejos”, que el poeta compuso con anterioridad al “Poema del Cante Jondo”, son un hallazgo que quiero compartir hoy con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad, al tener delante la revista original en la que se publicaron. La “Oración de las rosas” es probablemente la primera composición poética de García Lorca”. Como se observa, no hay ni una sola mención a cómo obtuvo Luis Rosales estos originales. ¡Ay, Luisico! Difícilmente sabremos por qué ocurrió este hecho. Una buena respuesta puede ser leerlos hoy con respeto reverencial a la amistad de García Lorca y Amigo, porque coinciden las fechas en que el poeta regaló a Joaquín un ejemplar de la primera edición de Impresiones y paisajes, publicada en 1918 con una dedicatoria sentida y si los poemas citados se publicaron antes del “Poema al Cante Jondo”, estamos hablando de un regalo efectuado en 1920, aunque la única fecha que figura en ellos es de 7 de mayo de 1918, concretamente en “La oración de las rosas”, considerada siempre como la primera composición poética de García Lorca. Su entrega a Joaquín simboliza algo muy importante en sus vidas contrapuestas: el respeto a su amistad por encima de todo.

Recomiendo la lectura de los siete poemas en este enlace, que corresponde a la publicación oficial, así como la visualización de los dos dibujos, en el orden que figuran en el ejemplar de la revista citada, Cuadernos Hispanoamericanos, aunque agrego a continuación el segundo dibujo, Jardín de Orfeo, porque no figura en el enlace citado, que corresponde a la página 19 del original:

Agradezco a Ana Merino haber conocido la intrahistoria de esta amistad inolvidable. Amigo es algo más que una novela. Es, sobre todo, una licencia de género literario que se permite la autora para demostrar, con una ficción biográfica, presidida por un trabajo de investigación muy riguroso, casi de ensayo total, que la verdad tiene ribetes de acero para que el dolor de lo ocurrido sea mejor entendido por todos. Un esfuerzo literario digno de reconocimiento cuando la realidad de las dos Españas se aborda de la forma en que se presenta el contenido de este libro. Fundamentalmente, porque el alma de García Lorca es inabarcable y sólo hacemos maniobras de aproximación para intentar comprenderla y explicarla de la forma más accesible para la conciencia de todos, de unos y otros, como siempre debería ser en esta España tan dual y cainita. Otro ejemplo precioso de la grandeza de espíritu de Federico García Lorca, que perdura en el tiempo y en la memoria histórica de este país y que ahora, gracias a Ana Merino, podemos conocerla mejor y con múltiples detalles. Los poemas y dibujos de Federico García Lorca atestiguan una amistad ejemplar. Léanlos y contemplen sus dibujos. En ellos hay muchas respuestas a la sinrazón actual de un auténtico mundo al revés. Por ejemplo en Tierra:

Andamos
sobre un espejo
sin azogue,
sobre un cristal
sin nubes.
Si los lirios nacieran
al revés,
si las rosas nacieran
al revés,
si todas las raíces
miraran las estrellas,
y el muerto no cerrara
sus ojos…,
seríamos como cisnes.

(1) Merino, Ana, Amigo. Barcelona: Destino-Planeta Libros, 2022.

(2 García Lorca, Federico, Siete poemas y dos dibujos inéditos, en Cuadernos Hispanoamericanos, 10 (Julio-Agosto), 1949. Madrid: Cultura Hispánica. Seminario de Problemas Hispanoamericanos, 9-19.

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Si Alicia renaciera en este mundo al revés

lustración original de “Alicia en el País de las Maravillas”, de sir John Tenniel, en el capítulo ‘Una merienda de locos”.

Sevilla, 8/III/2022, en el Día Internacional de la Mujer

Cuando en este Día Internacional de la Mujer, los ojos se nos llenan de lágrimas al ver caminar a miles de mujeres junto a sus hijos, por las gélidas carreteras de Ucrania, en búsqueda de un mundo mejor, bajo el rugido infernal de los bombardeos y disparos descontrolados, he recordado el pensamiento de Eduardo Galeano sobre la niña Alicia para presentarnos su escuela del mundo al revés: Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies (1). Ya estamos en el año veintidós de este milenio y las palabras de Galeano suenan igual cuando asistimos como espectadores impávidos a esta masacre de Ucrania, donde miles de mujeres simbolizan el largo camino que todavía les queda para su reconocimiento en términos de igualdad ante la vida y para alcanzar la paz de género, que también existe. Ellas con sus hijos y sus maridos al frente. Como siempre, en otras guerras.

En este Día Internacional de la Mujer, quiero agradecer a la vida, por escrito, mi experiencia personal con el ejemplo de una protagonista de ese cuento, una niña llamada Alicia, en su país de las maravillas, a la que agradezco hoy todo lo aprendido de su ejemplo a lo largo de los años, a través de la lectura madura de su historia narrada por Lewis Carroll, estando de acuerdo con lo que Juan Ramón Jiménez escribía en el Prólogo de su precioso libro “Platero y yo”: “Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién! …para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! […] Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren. También habrá excepciones para hombres y para mujeres, etc.”. Porque Alicia, como mujer, nos introduce en un largo camino para comprender el papel de ser humano cuando tiene que enfrentarse a la realidad de la vida.

En el mundo al revés en el que vivimos a diario y que me tiene últimamente tan ocupado y desconcertado, pienso que siendo adulto leí siempre, con alma de niño, el libro de Alicia en el país de las maravillas, porque era una isla espiritual en la que podía vivir como Juan Ramón Jiménez pensaba en ese prólogo que nunca he olvidado: “Dondequiera que haya niños -dice Novalis-, existe una edad de oro. Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca”. Esa es la razón clara de por qué aprendí tantas cosas, siempre, de una niña fantástica, Alicia, un ejemplo para saber qué es el silencio y comprender la quintaesencia de la palabra en una frase enigmática del sombrerero: “Comienza por el principio y cuando termines de hablar…¡te callas!”, si es que no tengo algo mejor que decir que el silencio, tal y como hizo Alicia.

Es lo que comprendí en ella cuando “sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el país de las maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad”. Supe más tarde que aquello se llamaba el principio de realidad, en un diálogo sublime con el sombrerero: “Pero un sueño no es la realidad (Alicia). Y, ¿quién te dice cuál es cuál? (Sombrerero). Pero lo que tengo que reconocerle a la niña Alicia es algo muy importante en la vida, algo que utilicé muchas veces en mis presentaciones y conferencias profesionales: saber dónde tenemos que ir en cada momento de la vida, para no correr el riesgo de perdernos, aunque hablara en algunas ocasiones de estrategias digitales públicas que afectaban a millones de personas en Andalucía y que se tenían que desarrollar con espacio, dinero y tiempo…, públicos:

  • “ ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
  • Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
  • No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
  • Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
  • … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
  • ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”

Supe, llegado al ecuador de la vida, que había que estar a veces loco para seguir luchando contracorriente en la vida, frecuentando experiencias personales y laborales en las que me podían decir ¿qué hace un chico como tú en un sitio como éste?, ¡hay que estar loco! Lo descubrí, siguiendo al pie de la letra unas palabras de Alicia:

  • “Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
  • Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
  • Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
  • Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
  • ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
  • Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.

Escucho a diario la utilización despectiva del adjetivo “loco” en locuciones diarias a nuestro alrededor del tipo “tal o cual persona está loca” por lo que piensa, escucha, dice y escribe. Lo descubrí también en Federico García Lorca, en unas palabras pronunciadas en un acto con estudiantes de la Universidad de Madrid, en 1934, presentando unos versos del poeta chileno Pablo Neruda, cuando les decía lo siguiente: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.

La locura no es una señora con un gorro de puntas de las que cuelgan cascabeles, en un nuevo acto machista por asignación de este rol pérfido a la mujer. La locura puede ser entendida en su sentido más noble como la capacidad de alternar la crudeza de la vida diaria, el mundo al revés, con el bienestar personal, mediante “lecturas especiales/ideales” de lo que está ocurriendo (2), por ejemplo lo que está pasando en Ucrania y estamos viendo, aunque si la naturaleza humana no responde a las necesidades diarias, la gracia nunca puede presuponer lo que naturaleza no da (gratia non datur, natura dispensatur). El famoso cuento del violín, escrito por Federico el Grande, lo resume muy bien: la vida me pide, a veces, que toque el violín solo con tres cuerdas, luego con dos, luego con una [cada una, cada uno que ponga otro nombre a las cuerdas de su locura…], pero los resultados son obvios, la locura crece:

Os pido, si os place, que este cuento
Os enseñe, queridos amigos,
Que por grande que sea el talento
El arte no se basta sin los medios

Así lo he vivido y así lo cuento, aunque les aseguro que cualquier parecido de lo que le sucedía a Alicia con mi realidad nunca ha sido una pura coincidencia. De ahí mi agradecimiento como deuda, tal y como lo comentaba al principio de estas líneas, gracias a lo que una niña maravillosa me ha enseñado a lo largo de mi vida, encerrado algunas veces en una isla espiritual, desconocida para muchos, la que buscaba apasionadamente también, hace un siglo, un niño andaluz como yo llamado Juan Ramón Jiménez.

Es verdad que si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. En marzo de 2022, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies. Sería la visión de una gran mujer, tal y como nos lo cuenta la historia y para aprender siempre de ella.

(1) Galeano, Eduardo, Si Alicia volviera, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI Editores de España, 1998.

(2) Alberto Manguel publicó en 2006 un libro muy interesante, Nuevo elogio de la locura (Barcelona: Lumen), que nos ayuda a comprender al lector ideal de la vida, junto a otras muchas definiciones: “Robinson Crusoe no era un lector ideal. Lee la Biblia para hallar respuestas. Un lector ideal [de lecturas especiales] lee para encontrar preguntas” (los corchetes son míos).

UCRANIA, ¡Paz y libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Admirar la vida, a personas, esa es la cuestión

Sevilla, 7/III/2022

Dedicado a mi nieto Adrián, que cada día que pasa admira más todo lo que está a su alrededor.

En un mundo de permanente turbación y mudanzas, alejándose de la recomendación sabia de San Ignacio de Loyola, necesitamos recuperar con urgencia la capacidad de admiración de personas, de la naturaleza y de determinadas cosas. Quien siga de cerca las páginas de este cuaderno digital habrá podido observar que soy un apasionado de la curiosidad en su vertiente sana, que decía el diccionario de Covarrubias, es decir, alejada del asombro cuando se entiende como algo que nos conmueve e incluso nos paraliza por miedo, porque la auténtica admiración muestra siempre la vertiente amable que me permite admirarme de casi todo y de casi todas las personas, en su versión aristotélica, escudriñando lo más íntimo de la propia intimidad de las personas y de las cosas y moviéndome a actuar inmediatamente para descubrir que hay detrás de cada persona y de cada cosa en la vida. Es como si se prolongara esa vida en una eterna pregunta de niño marxiano de cuatro años, aquél que mandó buscar Groucho en Sopa de ganso para resolver problemas, que siempre pregunta en bucle el porqué de todo lo que se mueve porque, dicho sea de paso, alguien o algo tuvo la responsabilidad hace millones de años de poner en marcha el universo. De ahí las eternas preguntas de los creacionistas y evolucionistas: averiguar quién fue o cómo era el “primer motor inmóvil”, como curioseaba Aristóteles en sus obras, para enseñarnos qué es el asombro sano o la admiración de todas las cosas.

Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como el “universo del entretenimiento”, donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es asombrarse o admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de asombrarse, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que el asombro y la curiosidad siguen siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

Ante un escenario tan atractivo para descubrir islas desconocidas y curiosas del conocimiento, acudo con frecuencia a mi manual de cabecera, Una historia natural de la curiosidad, donde Alberto Manguel explica en sus 541 páginas aspectos mágicos de esta realidad humana que tantas respuestas da a la vida, incluso en momentos de pandemia. Ser curiosos eleva el espíritu y eso me basta. Así lo sugería Cicerón, según aparece en una copia realizada en el siglo IX de un texto suyo en el que, al final de una frase, aparecía un signo de pregunta que se representaba por una escalera ascendente hacia la parte superior derecha de la línea de texto, «en una serpenteante línea diagonal que nace en la parte inferior izquierda” (1).

Cuando se publicó este libro excelente e Manguel, leí un artículo extraordinario que sintetizaba muy bien su obra. Así lo recogí en un post del que entresaco dos preguntas y respuestas de Manguel que me sobrecogen siempre que las leo porque comprendo perfectamente la depreciación de la curiosidad en estos tiempos modernos: “Hay ciertas interrogaciones que nos hacemos en diferentes momentos de nuestra vida. De niños la primera pregunta es ¿por qué? ¿Por qué lo que veo en el espejo soy yo?, ¿por qué no me dejan hacer ciertas cosas? Después las preguntas cambian, y cuando llegas a la vejez vuelven las de la niñez. Pero con el sentimiento de no querer encontrar una respuesta, sino demorarse en el placer de la pregunta”, para seguir diciendo “¿Para qué la sociedad y el poder arrinconan la curiosidad? Si haces una caja cuadrada, debes crear elementos con ángulos rectos para que entren en ella. Si crean una sociedad de consumo deben crear consumidores, si no, no funciona. El sistema tiene que impedir que te hagas preguntas esenciales porque si te las haces no hay más consumo. Por eso la sociedad no alienta la reflexión. Es un sistema depredador que busca el beneficio en una estructura productiva”.

Cuando también nos encontramos con el sentido del asombro, debemos tener en cuenta que ese asombro es bueno si nos lleva a la admiración y no al miedo a lo desconocido, porque es un término ambiguo por definición. Así lo explica el Diccionario panhispánico de dudad, cuando aborda el lema “asombrar(se)”: Cuando significa ‘causar asombro’, por tratarse de un verbo de «afección psíquica», dependiendo de distintos factores, el complemento de persona puede interpretarse como directo o como indirecto: «El relato lo asombró» (García Márquez, en El amor en tiempos de cólera, 1985). La afección psíquica que producen determinados “asombros” está demostrada con la maestría del gran Gabo, lo que traduce de forma sencilla que la “admiración”, rodeada casi siempre de “curiosidad”, incita a ir hacia adelante en descubrir la causa de la admiración, frente al “asombro” que, a veces, paraliza por la sorpresa o desencanto que supone.

Quizás sea una publicación de la bióloga americana Rachel Carson, El sentido del asombro (2), la que mejor define este lema porque no bien entendido y alejado de la admiración, puede confundirnos. Esta publicación nació en un artículo Ayuda a tu hijo a asombrarse (Help your child to wonder) publicado en la revista Woman’s Home Companion en el año 1956, que debido a su temprano fallecimiento no pudo ampliarse en contenidos como ella hubiera querido. Aun así, ella lo proyectó en su cercanía a un sobrino, Roger, que le mostró la capacidad de asombro en un niño, muy sensibilizado con la naturaleza: Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, se necesita la compañía al menos de un adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos. No se puede explicar mejor y en el universo de los cuentos infantiles. Carson lo definía bien en el artículo citado: “Si yo tuviera influencia sobre el hada madrina, aquella que se supone que preside el nacimiento de todos los niños, le pediría que le concediera a cada niño de este mundo el don del sentido del asombro tan indestructible que le durara toda la vida (…)”.

El placer del asombro y la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas, que se asombran de muchas personas o cosas, mostrando la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que nos asombra, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada.

(1) Manguel, Alberto, Una historia de la curiosidad. Madrid: Alianza Editorial, p. 17, 2015.

(2) Carson, Rachel, El sentido del asombro, Madrid: Encuentro, 2021.

Ucrania, ¡Paz y libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Allí la guerra, aquí la paz

Sevilla, 6/III/2022

Allí la guerra, aquí la paz, es la frase que pronuncia continuamente el pianista alemán Davide Martello (aunque en su presentación artística es Klavierkunst, arte pianístico), que desde el jueves pasado está tocando un piano rudimentario, artesanal, en Medyca, un pueblo polaco cercano a la frontera con Ucrania. Su historia es una representación de la generosidad humana porque lleva muchos años trasladándose a zonas de conflicto para acompañar con la música a los que huyen o están sufriendo el azote de las guerras. Afganistán, campos de refugiados en Turquía o durante los atentados de París, han sido zonas que ha frecuentado para seguir lanzando al mundo el auténtico lema de la música, que preside mi clave y que tantas veces he citado en este cuaderno digital: la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum). Él manifiesta que va «donde haya un conflicto para intentar calmar los ánimos y repartir paz entre quien me quiera escuchar».

Leyenda en la tapa de mi clave

Una de sus canciones preferidas es Angels, de Robbie Williams, que interpreta a menudo, como un canto de esperanza a algo tan importante en la vida como es el amor,  cuando todo lo demás falla: De nuevo tú te cuelas en mis huesos, / dejándome tu beso junto al corazón, / y otra vez tú abriéndome tus alas, / me sacas de las malas, rachas de dolor, / porque tú eres el ángel que quiero yo. ¿Representarán los ángeles los sueños para despertarnos en un mundo diferente? También, Yesterday, la inolvidable canción de Los Beatles: Ayer todos mis problemas parecían tan lejos / ahora es como si estuvieran aquí para quedarse / oh, creo en el ayer […] Ayer el amor era un juego tan fácil / ahora necesito un lugar donde esconderme / oh, creo en él ayer. El ayer de paz que se vivía en Ucrania a pesar de su último tiempo tan convulso.

Cada uno tiene que posicionarse ante esta invasión absurda, que no guerra, porque Ucrania no la ha querido nunca. Por mi parte, creo en el compromiso intelectual y artístico, como es este ejemplo del pianista alemán, para estar cerca de los que están sufriéndola en proporciones ciclópeas, con un desgarro humano que se contempla a través de las noticias que nos llegan, porque la realidad es que lo que está pasando lo estamos viendo, nunca mejor dicho en lenguaje periodístico. Davide Martello lo hace de la mejor forma que puede y debe, porque su saber ser y estar en el mundo contribuye ahora a mitigar, aunque sea tan sólo unos minutos, el dolor por el daño que sufren los miles de refugiados que cada segundo entran en Polonia. Me solidarizo con él y con el símbolo de la paz que ha pintado con tiza en su piano. Él sabe que su música es ahora, para los ucranianos que huyen de la invasión rusa, compañera en la alegría y medicina para el dolor. A los principales afectados por la invasión, eso les basta.

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Miguel Hernández, ante la tristeza de las guerras

Sevilla, 5/III/2022

El próximo veintiocho de marzo se cumplen ochenta años del fallecimiento del poeta Miguel Hernández. No lo olvido, como se puede comprobar repasando páginas de este cuaderno digital, a lo largo de sus dieciséis años de vida. Hoy, lo he recordado especialmente por el poema Tristes guerras, de su Cancionero de ausencias (1938-1941), que reproduzco a continuación sin más comentarios para no empañar su mensaje, que en estos momentos es imprescindible escucharlo para comprender bien su fondo y forma.

Tristes guerras
Si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas
Si no son las palabras
.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres
Si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.

Igualmente, invito a escuchar su voz en la única grabación que se conserva en la actualidad, realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la «Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Ante lo que está pasando y estamos viendo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no nos queda nada más que seguir luchando sin descanso por el triunfo de las palabras, que aún nos quedan, alzando la voz con ellas y siempre que lleven el amor y la paz dentro, como aprendimos de Miguel Hernández, un poeta del pueblo para el pueblo: Para el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El rey emérito se va «de rositas» y con un traje nuevo

Sevilla, 4/III/2022

No es la primera vez que escribo sobre la trayectoria indigna del rey emérito durante una parte de su reinado en este país y la verdad es que preferiría no haber tenido que hacerlo, siguiendo a Bartleby el escribiente, pero el silencio lo interpreto en determinadas ocasiones como una complicidad que clama al cielo. Además, sigo ahora el consejo del Abate Joseph Antoine Dinouart, en El arte de callar (1): Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Principio 1º, necesario para callar). Este es uno de mis principios y a diferencia de Groucho Marx, si a alguien no le gusta, no tengo otro.

Hoy, quiero hacer una reflexión en escritura alta, porque en medio de una guerra que no tiene nombre aunque sí un lugar, Ucrania, la Fiscalía contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, del Tribunal Supremo, ha decidido en estos días archivar mediante dos decretos la investigación contra el rey emérito, sobre las presuntas comisiones millonarias que cobró por su intervención en la adjudicación de las obras del AVE a La Meca, el uso de tarjetas opacas y, finalmente, por su relación con millones ocultos en la isla de Jersey, por dos razones incuestionables para ese órgano judicial, la inviolabilidad y la prescripción. La primera, porque extiende todos sus efectos a todos los actos ejecutados por el Jefe del Estado, sean estos desarrollados con ocasión del ejercicio de funciones regias o al margen de estas y, la prescripción, porque se ciñe al marco temporal en el que se desarrollaron los hechos denunciados y por las fechas en que sucedieron ya han prescrito ante la Ley. Lo verdaderamente sorprendente es que el rey emérito “se va de rositas” de esta investigación que ha durado cuatro años, aun cuando la propia Fiscalía reconoce que se han calificado en esta investigación, como delitos cometidos por el Jefe del Estado, los siguientes: 10 delitos fiscales, dos cohechos impropios y uno de blanqueo de capitales, es decir, una «hoja de servicios” al país que avergüenza sólo al conocerlas, no digamos cuando se entra en el detalle de lo ocurrido o cuando se recuerdan, sin ir más lejos, los sucesivos discursos de navidad en los que nos decía sin mover una pestaña que “Juntos podemos vencer problemas y dificultades si actuamos con realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo, anteponiendo siempre el interés general sobre el particular” (¡en 2008!). Sobran comentarios.

Irse “de rositas” es una locución que se conoce muy bien en el país, en los términos que recoge el Diccionario fraseológico documentado del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, donde se da la siguiente definición: de rositas. adv (col) Sin pagar lo que se debe o sin recibir el castigo merecido. Generalmente en la locución «irse de rositas». Efectivamente, el rey emérito se va de la comisión de estos delitos «sin pagar lo que debe» a Hacienda, sólo una multa más que dudosa en su trayectoria y “sin recibir el castigo merecido”, no porque personalmente goce del mal ajeno, sino por la falta de ejemplaridad y ética que se le supone a la Casa Real y, más en concreto, al Jefe del Estado. Lo que verdaderamente me preocupa es que el silencio cómplice pueda ser “marca de la casa”, así como la falta de «alma social», porque lo percibí en el último discurso del actual rey Felipe VI en la Navidad de 2021, según escribí en esas fechas: “Anoche escuché atentamente el Mensaje de Navidad del Rey, un nuevo discurso desnudo en su fondo y forma, porque no hizo una sola referencia a la falta de ejemplaridad ética de la Corona como institución afectada por las noticias que a lo largo del año se han dado en referencia al rey emérito, su padre, que sigue figurando como parte de la Casa Real, por mucho que hiciera una referencia concreta a las instituciones públicas porque «[…] tenemos la mayor responsabilidad. Debemos tener siempre presente los intereses generales y pensar en los ciudadanos, en sus inquietudes, en sus preocupaciones, estar permanentemente a su servicio y atender sus problemas. Debemos estar en el lugar que constitucionalmente nos corresponde; asumir, cada uno, las obligaciones que tenemos encomendadas; respetar y cumplir las leyes y ser ejemplo de integridad pública y moral». En este punto del Mensaje, así como en otros, faltó alma”. Eso es lo que más me preocupa, porque en el discurso de 2020 ocurrió lo mismo.

Por todo lo anterior, recuerdo de nuevo el cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, en sus párrafos finales, donde se menciona un supuesto traje nuevo del emperador que nadie veía aunque nadie decía nada, excepto un niño, recurso que también utilizó Groucho Marx en Sopa de ganso, la sabiduría infantil sin filtro alguno, salvando lo que haya que salvar: “¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“:

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; más pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

El decreto de la Fiscalía por el que se archiva la investigación de hechos cometidos por el rey emérito, trae a colación el cuento de Andersen, porque es un relato hecho realidad ahora, que volverá a tener más interés si cabe cuando se plantee el regreso a España con un «traje nuevo», después de haberse ido «de rositas» gracias al decreto de exoneración emitido por la Fiscalía. En el mes de agosto de 2020 escribí un artículo con motivo de la salida vergonzante del Rey emérito de este país, Agosto 2020 / 4. El traje nuevo del rey, en el que contaba que el Rey emérito ya no estaba en España: “Se ha ido después de haberlo consultado con su espejo. Fue una noticia de un calado excepcional porque comprometió muchas cosas, fundamentalmente la Constitución, al tocar de lleno a la Jefatura del Estado, de la que se debe esperar siempre no heroicidades sino la máxima ejemplaridad en todos los ámbitos de la vida real. Correrán ríos de tinta para analizar todo lo ocurrido, verdaderamente lamentable, pero cada uno tiene una parte en la responsabilidad de analizarlo como es debido”. Han corrido esos ríos que han ido a la mar del desencanto social y ahora escucho con gran asombro a los “tejedores espabilados” que están ya preparando un nuevo traje al rey desnudo.

Esa es la razón de por qué vuelvo a abrir un libro al que tengo especial aprecio, el cuento de Andersen citado, El traje nuevo del emperador, pero interpretado y leído por actores que son amigos de Steven Spielberg (2). Suelo leerlo a menudo, sobre todo para refrescar siempre una recomendación del reconocido director: ¡Cuidado con los tejedores espabilados! (incluidos determinados partidos políticos, periodistas y militares de este país). Hojeándolo de nuevo con atención, he vuelto a leer la interpretación que del mismo hace la actriz Geena Davis, dedicado especialmente al espejo imperial [o real], que en estos momentos reales creo que ha tenido un papel decisivo y refiriéndome en estos momentos al decreto de la Fiscalía y a la preparación de la “operación retorno” del emérito, donde cada uno, cada una, vuelve a desempeñar perfectamente su papel, incluido el del rey ante el espejo real:

“Soy PERFECTO

No bromeo, soy perfectísimo. Reflejo las cosas exactamente como son. Soy incapaz de cometer un error.

Es cierto que el emperador y yo hemos discutido a menudo por unos cuantos kilos o por la progresiva extensión de su calva, pero por lo general termina aceptando mi punto de vista. Por esta razón me había divertido tanto con la farsa de los tejedores. Estaba seguro de que una vez que el emperador se contemplara en mi luna el día de la gran prueba final vería la verdad: los ladrones quedarían en evidencia, y al final todos nos desternillaríamos de risa.

Pero no: el emperador se plantó delante de mí y nos miramos el uno al otro. Con los ojos buscaba el reflejo de su persona, pero no podía dejar de mirar los de sus consejeros, que seguían el “ensayo general” desconcertados. Estoy convencido de que Su Majestad vio lo que yo, sin dejar lugar a dudas, reflejaba: un emperador prácticamente desnudo, enmarcado en un espejo; un par de nerviosos “tejedores”; el transparentemente siniestro primer ministro, y todo el cabeceo aprobatorio de la corte imperial de tontos.

Sin embargo, no dijo esta boca es mía. Nadie dijo una palabra. Yo casi me hago añicos por la frustración. Había creído que el emperador era un hombre sensato.

¡Por mi gloria! ¿Es que no se daba cuenta?

Parece ser que no. Muchas veces, los “tejedores” más próximos [del Rey] son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean (al buen entendedor en este país con pocas palabras basta, porque de todo hay en esa viña del Señor). Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño de Andersen o de Groucho Marx o cualquier persona digna, incluso un juez o un fiscal, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, reyes o reinas, cosidos puntada a puntada por modistos o tejedores –supuestamente imparciales– que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de los silencios cómplices.

Así lo leí un día ya lejano y así lo he vuelvo a contar hoy, con un problema serio a diferencia de cómo finalizaban los cuentos en mi infancia: colorín, colorado, este cuento real no se ha acabado. Confío ahora en el niño avispado de Andersen o en el de cuatro años de Groucho Marx, para que nos digan la verdad de una vez por todas y nos interpreten de la mejor forma posible cualquier nuevo discurso desnudo de los reyes. La necesitamos con urgencia, porque en el caso de la Jefatura del Estado constitucional, no se trata, como en el cuento, de «aguantar hasta el fin» como si nada hubiera pasado, yéndose “de rositas” en esta ocasión un rey de nombre Juan Carlos I, sino de abrochar de forma digna, con una revisión de la Constitución sobre la desaparición de la inviolabilidad real, por ejemplo, para poner coto a algo que no se sostiene desde ningún punto de vista ético, razonable, solidario y de dignidad ejemplar que salvaguarde siempre el interés general en beneficio de todos.

(1) Dinouart, A. El arte de callar. Madrid: Siruela, 2003  (4ª ed.).

(2) The Starbright Foundation. El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B, 1998.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

¡No te aturdas, no te aturdas, déjate vivir!

Sevilla, 3/III/2022

Reconozco que cuando llegamos a una determinada edad, la moviola de la vida está casi siempre en pleno funcionamiento. Creo que es lo que siente José Sacristán, con el merecido Goya de Honor 2022, cuando interpreta ahora a diario al protagonista de una obra emblemática de Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris, porque a sus ochenta y cuatro años se enfrenta a un monólogo abierto y sincero de alguien que ha sufrido una pérdida irreparable, hablemos claro, y sólo le queda el recuerdo de su contexto más vital y esperanzador en un mundo gris por naturaleza.

La sinopsis no da para mucho más, sin leer y ver la obra de Delibes: “Un pintor, con muchos años en el oficio, lleva tiempo sumido en una crisis creativa. Desde que falleció de forma imprevista su mujer, que era todo para él, prácticamente no ha podido volver a pintar. Estamos en el verano y otoño de 1975. La hija mayor de ambos está en la cárcel por sus actividades políticas, y es en esas fechas cuando surgen los primeros síntomas de la enfermedad de su madre que la hija vivirá desde dentro de la prisión. Es otro recuerdo permanente en la vida de su padre, que también ahora revive. Esta obra teatral es el relato de una historia de amor en camino desenfrenado hacia la muerte, que nos sitúa en aquella España con rasgos inequívocos, que nos habla de la felicidad y de su pérdida, y que llega a la intimidad de cada ser humano, y a su emoción, por el camino recto y simple de la verdad”.

En los tiempos que corren es importante identificar a personas que nos enseñan cómo afrontar la fragilidad de vivir: “Para el recién nombrado Goya de Honor 2022, llorar es algo cotidiano, algo que está muy a la orden del día en su vida: “Lloro mucho todos los días haciendo  Señora de rojo sobre fondo gris. Sobre todo, recordando las conversaciones que yo tenía con Miguel Delibes”. Esa es la obra teatral en la que Pepe está inmerso actualmente y que está a punto de cumplir 3 años sobre los escenarios. Han ido a verla todos los familiares del novelista: “La tribu entera, hijos, sobrinos, vecinos… de todo. Es muy emocionanteEl primer día del estreno, uno de los hijos me dijo: ‘Yo me opuse y hoy vengo a darte las gracias’. Para mí, ese es el sentido y la intención con la que yo me aproximo siempre a hacer esta función”.

Quizás es que nos enseñaron en nuestra infancia celtibérica a manejar el pudor hacia lo más intimo de nuestra propia intimidad (intimior intimo meo, según San Agustín), sin dejar que los sentimientos afloren, aunque siempre me acuerdo de Rafael Alberti en aquella reflexión que tantas veces me ha ayudado a desnudar mi persona de secreto: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O sólo intimidad o pudor mal entendido, sólo eso, porque sin el sentimiento y la emoción no son nada. Es lo que cuenta Miguel Delibes en diciembre de 2008, en una nota a la edición de Señora de rojo sobre un fondo gris dentro de sus Obras Completas: “Lancé este libro discretamente diecisiete años después de morir Ángeles, mi mujer, en la creencia ingenua de que era un homenaje íntimo únicamente conocido por mí. Por eso me sorprendió la primera reseña del libro hablando del buen recuerdo que yo guardaba de ella. Más que de ingenuo había pecado de tonto, pero lo curioso es que aquella alusión, antes que desagradarme, me llevó a la conclusión de que mi recuerdo no tenía nada censurable, por lo que a partir de ese momento, Señora de rojo circuló como un homenaje póstumo a mi mujer y, en esta idea, Pilar Miró me telefoneó pidiéndome autorización para filmarlo. Vacilé, pero creo que en esta coyuntura cometí mi segunda equivocación, ya que después de pensarlo mucho, le respondí que no, que era una cosa muy personal y me dolía comerciar con ella. En todo caso le prometí a Pilar -que se había mostrado interesada, y dada su maestría para tratar estos temas- que sería la encargada de llevarla al cine si algún día cambiaba yo de opinión. Pilar murió impensadamente al poco tiempo y yo me conformé con agradecerle su deferencia, que, en verdad, me conmovió. No obstante, cuando en 2007 Emili Rosales, director de Destino, me pidió, para portada del libro, una fotografía de la auténtica “señora de rojo”, le envié sin reparos el retrato que le había hecho a mi mujer el pintor García Benito [1] y que colgaba de mi despacho. Y entonces sentí la sensación de que mi actitud precautoria inicial, incluso mi injustificada negativa a la gentil oferta de Pilar Miró, quedaban en cierta medida reparada”.

José Sacristán abrocha con esta obra su dilatada carrera como actor, en un monólogo inolvidable y de la mano de Delibes. Ambos son un buen ejemplo para aprehender la vida desde ángulos insospechados de esperanza, aunque siempre con la memoria dentro. Las palabras de Ana, en la adaptación teatral, dirigidas a su esposo, Nicolás, el protagonista de la obra, suenan en mi interior con más fuerza que nunca: ¡No te aturdas, no te aturdas, déjate vivir! A pesar de todo, no lo olvido en tiempos de tanta turbación y mudanzas del alma.

[1]) Sobre la portada del libro: “Señora de rojo es el retrato de Ángeles de Castro [esposa de Miguel Delibes] que pintó Eduardo García Benito en 1962.​ El cuadro, de 130 x 90 cm, retrata precisamente a una señora de rojo sobre un fondo gris, o azul, y de ahí proviene el nombre del libro.​ Ángeles lleva en él un largo vestido rojo; dos guantes blancos hasta el codo, uno puesto y otro sujeto en su mano izquierda; su mano derecha sujeta un bolso de mano negro y lleva un collar de perlas a juego con los pendientes. Este cuadro ha sido restaurado en febrero del 2020 por las hermanas Luca de Tena, Cristina y María Francisca, en Madrid. Estaba en buenas condiciones salvo por algunas gotas de Coca-Cola o café, que el escritor consumía habitualmente, y por las marcas de la silla del propio Delibes. Esto se debe a que el cuadro estaba situado detrás de su escritorio en su casa de Valladolid. El cuadro, ahora con los colores más vivos que nunca, se encuentra en la Sala de Exposiciones de La Pasión, en Valladolid”. ​

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.