Negacionismo y mundo al revés

Sevilla, 15/VIII/2021

Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés

El Diccionario de la lengua española (DLE), en la edición del Tricentenario y en su actualización de 2020, define el “negacionismo” como una “actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”. El lema se incorporó en la vigésimo tercera edición, correspondiente a 2014. Aborda una realidad sin paliativos, que sobrevuela todos los días sobre nuestras vidas y que da pavor: la vinculación con un hecho histórico tan lacerante como el exterminio de los judíos por el nazismo, quizás para que se comprenda bien desde su raíz la intrahistoria de este fenómeno tan en boga en este tiempo de pandemia y desafección política. También se utiliza en este ámbito la palabra “negacionista”, como adjetivo y con el siguiente significado: “Perteneciente o relativo al negacionismo. Partidario del negacionismo”.

A mayor abundamiento en la concreción del lema, el Diccionario panhispánico del español jurídico, lo define como término en el ámbito penal como “Delito de odio que comete quien niegue públicamente un delito de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado”. El buscador urgente de dudas (Fundéu RAE), explica como extensión del lema en el DLE, que este lema “normalmente se ha empleado en relación con el Holocausto y puede aplicarse también, como extensión de este sentido, a la negación de otros hechos que no son necesariamente históricos, en particular científicos, como ocurre con el cambio climático”.

Aunque efectivamente el término es de uso relativamente reciente, la realidad que transmite es muy antigua, casi como la vida misma, a través de la dialéctica histórica y científica del creacionismo y del evolucionismo. Sé que nos adentramos en terrenos pantanosos pero conviene que hablemos de ello para no seguir participando de silencios cómplices que no ayudan a nadie. También es conveniente que no se asimile el término “negacionista” con el de “negación” a secas, porque la carga ideológica que lleva ser “negacionista” no es lo mismo que “negar” algo sin más, que tiene sobre todo un sesgo psicológico de amplio espectro, es decir, la negación se trata como mecanismo de defensa del yo. Sabemos que las ideologías no son inocentes y el negacionismo como tal actitud tiene un componente grupal sobre todo, más que el de la mera negación que casi siempre es una actitud individual. En este sentido creo que es importante señalar la distinción que establece el antropólogo Didier Fassin (1) entre “negación”, definida como «la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo”, que él define como «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad».

La dialéctica expuesta coopta un nuevo término, denialismo, a tener en cuenta en este preocupante debate, caracterizado por la negación de la realidad y de la verdad porque se convierten en algo incómodo para la conducta humana. Uno de sus mejores exponentes ha sido Edward Skidelsky, académico de filosofía de Universidad de Exeter, ha sugerido que la palabra denial (negación) “puede tener sus orígenes en el antiguo sentido de deny, relativo a rechazar (como cuando el apóstol Pedro negó a Jesús), cuyo antecedente más reciente proviene del sentido freudiano de negar como un rechazo a aceptar una verdad dolorosa o humillante. Escribió: «Una acusación de “negación” es seria, pues implica ya sea deshonestidad deliberada o autoengaño. La cosa negada es, por inferencia, tan obviamente cierta que el negador debe actuar motivado por la perversidad, malicia o ceguera obstinada». Sugiere que, por la introducción de la etiqueta «negacionista» en áreas profundas de debate histórico o científico, «uno de los grandes logros de la Ilustración -la liberación de la investigación científica e histórica del dogma- es silenciosamente revertida», y que debiese ser motivo de preocupación para las personas de mente liberal (2). ​

En estos días, estamos asistiendo a un espectáculo mundial del negacionismo puro y duro en torno a la pandemia y a la vacunación inherente a ella, así como sobre la realidad inexorable del cambio climático. Es la negación por antonomasia de la realidad científica que además causa graves daños a la Humanidad. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay».​ Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (3): ​

1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».

2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.

3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.

4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.

5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).

El debate actual en torno a la pandemia y los actos humanos en torno a ella no se debe plantear como ciencia sí o no, en clave negacionista, porque es erróneo y conduce a ninguna parte. El debate se centra en el poder actual de las tecnologías para intervenir en las personas de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del comportamiento humano y su forma de actuar ante la pandemia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas. Es lo que pensábamos en breves palabras cuando esperábamos como agua del calendario completo, la aparición de la vacuna que controlará definitivamente esta pandemia y, todo ello, gracias a la ciencia y frente a sus detractores.

Hay que descubrir urgentemente a los negacionistas de nuevo cuño, que nos rodean a diario. Conocemos sus tácticas y frente a ellos debemos unirnos para defender la verdad del principio de realidad, apoyándonos en las evidencias científicas, como ocurre por ejemplo con el cambio climático. Son peligrosos porque normalmente son un ejército de mediocres, a los que he descrito ya en múltiples ocasiones en este cuaderno digital. Ya sabemos que no es lo mismo negar una verdad, que cargar esta negación de ideología, porque tendrá un significado muy diferente. No lo olvidemos: “negación”, es “la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo” es «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad». No es lo mismo. El negacionismo es un gran aliado del mundo al revés, al que he dedicado una serie en este cuaderno que busca islas desconocidas de felicidad legítima para todos. Recomiendo su lectura, porque el negacionismo encuentra su verdadero caldo de cultivo en su expresión continua en un mundo al revés que suele estar diseñado por los negacionistas de la Vida.

NOTA: la imagen de cabecera se ha recuperado hoy de Consejos para hablar con negacionistas sin perder la razón (rtve.es)

(1) Didier Fassin, When bodies remember: experiences and politics of AIDS in South Africa, Volume 15 of California Series in Public AnthropologyUniversity of California Press, 2007, p. 115.

(2) Skidelsky, Edward (27 de enero de 2010). «Words that think for us: The tyranny of denial»

(3) Mark Hoofnagle (11 de marzo de 2009). «Climate change deniers: failsafe tips on how to spot them»The Guardian.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

La soledad no deseada debería ser una cuestión de Estado

Sevilla, 14/VIII/2021

El dato es rotundo: el porcentaje de españoles que asegura sentirse solos ha pasado del 11,6% al 18,8% (ver tabla adjunta), según un estudio del Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea, difundido en julio y que ofrece una descripción general del estado actual de los conocimientos sobre la soledad y el aislamiento social en la UE. El estudio, que lleva por título Soledad en la UE. Perspectivas de encuestas y datos de medios en línea, parte de una realidad contrastada por las investigaciones llevadas a cabo, que “muestran que la soledad y el aislamiento social también tienen repercusiones nocivas en la salud física y mental como consecuencias significativas para la cohesión social y la confianza de la comunidad. Por tanto, tanto la soledad como el aislamiento social son cada vez más reconocidos como problemas críticos de salud pública que merecen atención y deben abordarse con eficacia estrategias de intervención”. Obviamente, la pandemia de COVID-19 “también ha reformado drásticamente la vida y las prácticas sociales de los europeos”. Además, “Las restricciones a la movilidad y las medidas de distanciamiento social adoptadas para contener la propagación del virus han provocado discusiones sobre los efectos secundarios no deseados de tales medidas, particularmente en forma de soledad y aislamiento”.

Tengo que reconocer que una frase del Informe me ha impactado por su contenido cara al futuro: “Algunos temen que el precio de la soledad pueda tener consecuencias mucho después de que el virus retroceda”. Para aplicar el principio de realidad que lo sustenta, presenta los principales resultados de dos análisis empíricos realizados por el CCI (Centro Común de Investigación) utilizando dos fuentes de información complementarias, a saber, encuestas y datos en línea: “El análisis basado en datos de encuestas ofrece una imagen de las tendencias recientes en los niveles de autoinformación de la soledad en toda la UE e identifica las características sociodemográficas y geográficas predominantes asociadas con la soledad antes y durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19. Los datos de la encuesta muestran que la pandemia ha magnificado el problema. La proporción de encuestados que se sentían solos con frecuencia se duplicó después del brote de COVID-19. Además, los adultos jóvenes fueron golpeados con mayor severidad. El análisis basado en datos en línea analiza las tendencias en los medios en línea que informan sobre la soledad y el aislamiento social entre enero de 2018 y enero de 2021. El volumen de los artículos sobre estos temas se mide mensualmente y por Estado miembro, y los artículos recopilados se analizan en profundidad para identificar los sentimientos predominantes contenidos en ellos y detectar patrones en las narrativas subyacentes”.

La realidad cruda es que cuando se ha trabajado sobre datos en línea publicados en medios sobre la soledad y el aislamiento social, se observa que se han duplicado durante la pandemia. Las narrativas se referían en gran medida “a las consecuencias para la salud de la soledad. El análisis de catálogos de informes de medios en línea, muestran también tipologías y ejemplos de iniciativas políticas destinadas a combatir la soledad y el aislamiento social. Las iniciativas públicas varían de un Estado miembro a otro. Generalmente, la mayoría de las intervenciones están diseñadas a nivel local y rara vez forman parte de programas más sistemáticos”.

Dubravka Šuica, vicepresidenta de la Comisión Europea para la Democracia y Demografía, manifiesta en el Prólogo del Estudio que cualquier comunidad se define, entre otras cosas, por las conexiones significativas entre sus miembros y que la pandemia “nos recordó la importancia de las conexiones personales positivas, de pertenencia a comunidad. El último año y medio sacó a la luz a muchos individuos y desafíos sociales que existían antes, pero que en su mayoría permanecieron ignorados o desatendidos”. Es donde ha cobrado una fuerza inusual el fenómeno de la soledad y el aislamiento social en nuestras sociedades. Es una responsabilidad de la Unión Europea abordar urgentemente esta situación, sobre todo cuando se constata que “existe evidencia científica de que la soledad afecta la salud física y mental y podría reducir la cohesión social y confianza de la comunidad y, en última instancia, en sus resultados económicos”. Por tanto hay que hacerlo como comunidad, para “mejorar la resiliencia de nuestras sociedades y nuestro desempeño económico. Esta es una responsabilidad de todos nosotros, a nivel local, a nivel nacional y de la UE, para las autoridades, la sociedad en su conjunto y todas y cada una de las personas”. Estas son las razones de fondo para haber solicitado el apoyo del Centro Común de Investigación, cuyo resultado ahora se presenta en este Estudio.

Las principales conclusiones de los trabajos realizados en relación con encuestas, muestran que las medidas de distanciamiento social han sido fundamentales para limitar la expansión del virus, pero también que existe una creciente preocupación por el impacto que la remodelación de la vida social del año pasado podría tener sobre la soledad, en particular para las personas que ya eran más propensas a la soledad en el período prepandémico. En tal sentido se compararon dos encuestas llevadas a cabo sobre este asunto en 2016 y en abril-julio de 2021, respectivamente y los resultados no dejan lugar a dudas sobre el aumento drástico de la prevalencia de la soledad en los primeros meses tras el brote de COVID-19. Mientras que en 2016, el 12% de los ciudadanos de la UE indicó sentirse solo más de la mitad, este dato aumentó al 25% en los primeros meses tras el brote de COVID-19. Otras emociones negativas, como sentirse tenso o desanimado siguió la misma tendencia, mientras que las emociones positivas como sentirse alegre, tranquilo, activo o descansado se movió en la dirección opuesta. También es interesante resaltar que hasta ahora se había centrado el debate público sobre la soledad en la población mayor, considerada como las más vulnerable, fundamentalmente porque el envejecimiento se asocia a otros factores de riesgo de soledad: “Sin embargo, durante los primeros meses de la pandemia, los adultos jóvenes han ha sido, con mucho, los más afectados por las medidas de distanciamiento social. Más específicamente, la proporción de personas de 18 a 25 años indica sentirse solo casi cuatro veces más en los primeros meses de la pandemia (del 9% en 2016 al 35% a principios de 2020). A pesar de todo, este sentimiento de soledad entre los adultos jóvenes es de naturaleza transitoria. Sin embargo, hay que destacar que también es una etapa de la vida asociada a menudo con dejar a la familia, la casa y pasar a una nueva etapa en la vida. En este contexto, el impacto de más de un año de reducción de contactos en persona, podría seguir sintiéndose mucho después de que la pandemia desaparezca.

Sin lugar a dudas, las personas que viven solas experimentaron un aumento en la prevalencia de soledad en 23 puntos porcentuales en comparación con los niveles observados antes de la pandemia. También hay una serie de factores de riesgo cuya importancia no se ha visto agravada por la pandemia, como es el caso de las condiciones económicas favorables (ingresos del hogar), que protegen contra la soledad: esto era igualmente cierto antes y durante la pandemia. De forma contraria, la salud delicada suele estar asociada con la soledad, porque en el período previo a la pandemia, alrededor del 32% de los encuestados, que se encontraban en mal estado de salud también informaron sentirse solos más de la mitad de su tiempo. Esta situación contrasta con el 8% entre personas con buena salud. En los primeros meses de la pandemia, la incidencia de la soledad se elevó al 46% para los encuestados con mala salud y al 20% para los buena salud. Por lo tanto, la brecha en los niveles de soledad por el estado de salud no cambió mucho después de la COVID-19 y esto sugiere que la incidencia de mala salud como un factor de riesgo de soledad se aplica en todas las circunstancias.

En esta primera parte del estudio, se ha observado que las mujeres han tenido la misma probabilidad que los hombres de sentir soledad. Esto no ha cambiado con la implementación de redes sociales durante las medidas de distanciamiento. Del mismo modo, vivir en una ciudad o en una zona rural área no afectó los niveles de soledad antes o durante la pandemia. Por último, en el período previo a la pandemia, la soledad fue más baja en el norte de Europa, con alrededor del 6% de las personas que informaron que se sentían solas más de la mitad de su tiempo. En Europa occidental, meridional y del Este, se muestra una mayor prevalencia de soledad, en un rango que va del 11% al 13%. Sin embargo, siguiendo los datos en relación con la COVID-19, Europa occidental y septentrional experimentaron el porcentaje más acusado en soledad. Esto es un poco sorprendente ya que el norte de Europa mostró datos más suaves que el sur y Europa Oriental. Es curioso constatar que la pandemia podría haber fomentado inicialmente un sentido de pertenencia en varios países, en particular en el sur de Europa por las características de la población, pero todo obedece también a los patrones de conducta macrorregionales y nacionales. De hecho, cuando contamos con estos factores, observamos que, todo lo demás es igual, dentro de cada país, es decir, “cuanto más difícil es el bloqueo por las medidas COVID, más agudo es el sentimiento de soledad. En definitiva, se ha demostrado con estos datos que las conexiones sociales son fundamentales en nuestra vida diaria y que la angustia experimentada en todo el mundo durante los últimos 16 meses es, en parte, impulsada por las limitaciones impuestas a las interacciones sociales.

En la segunda parte del estudio, las principales conclusiones de los trabajos realizados en relación con la metodología observada, los medios en línea, es decir, el análisis de los medios de comunicación de la UE sobre la soledad y el aislamiento social, realizado mediante la búsqueda del índice de artículos recopilados por el sistema Europe Media Monitor, “un Sistema interno del CCI que procesa más de 300.000 artículos al día, en más de 70 idiomas, con una amplia cobertura de fuentes de noticias nacionales y locales de la UE”, cuyo “procesamiento automático etiqueta cada artículo por emociones (ira, miedo, tristeza, disgusto, sorpresa, alegría) y valores de sentimiento (positivo, negativo y neutral)”, se centraron sobre dos descriptores homologados por todos los países y válidos para estas conclusiones: “soledad” y “aislamiento social”.

El análisis cuantitativo reveló que ambos temas cobraron una gran relevancia en el panorama de los medios de comunicación de la UE, especialmente desde el inicio de la pandemia COVID-19 en marzo de 2020, con reportajes sobre el tema de la soledad, registrando una duplicación del volumen en los primeros meses de la pandemia y siguiendo un patrón similar al de la propia pandemia, disminuyendo en los meses de verano de 2020 y aumentando con nuevos picos en el inicio de la segunda ola. Desde el ámbito cuantitativo, también mostró que los volúmenes de informes, sin embargo, varían ampliamente entre los Estados miembros de la UE, al igual que el número y tipos de iniciativas propuestas para abordar el problema.

En relación con el análisis cualitativo hay que decir que las narrativas subyacentes están relacionadas con los efectos negativos que tiene la soledad sobre la salud, tanto emocional como física, y para las consecuencias económicas de la soledad y el aislamiento social, en términos de costes de salud, desempleo y en el largo plazo el impacto en el desarrollo social y personal, especialmente de la Generación Z y las categorías sociales ya vulnerables. Esto fue especialmente visible durante la pandemia para los jóvenes (19-25 años) y mujeres, las categorías más afectadas por las pérdidas de empleo. Las narrativas también se relacionan con las causas subyacentes de soledad, mirando las tendencias individualistas promovidas por las sociedades occidentales, así como la necesidad de nuevos tipos de arquitectura y planificación urbana para disminuir el aislamiento y la soledad.

En general hay numerosas iniciativas que abordan la soledad en Europa, pero se muestra en el estudio que rara vez forman parte de programas sistematizados para alcanzar los mejores resultados.  El estudio detallado sobre 10 países, que se adjunta al estudio,  muestra que existen grandes diferencias entre los Estados miembros en cuanto a si la soledad se percibe como una preocupación pública o personal, dividiéndose las iniciativas para abordarlo, por tanto, entre programas de apoyo comunitario y soluciones individuales centradas en las consecuencias psicológicas de la soledad.

Visto el panorama y aunque este estudio ofrece datos de gran calidad para ser tomados en cuenta, se propugna desde la UE que junto a la lista inicial de iniciativas y medidas en 10 países, ésta podría desarrollarse y completarse por expertos locales, con la creación de una base de datos europea de iniciativas para la atención a la soledad, de tal forma que las medidas políticas a tomar por los diferentes países, podrían utilizarse en el futuro para crear una red europea de soledad en la que las mejores prácticas se compartan y evalúen de forma más sistemática.

Para finalizar, es muy interesante señalar la relación que aporta el estudio sobre once iniciativas, para atender la soledad: cuidar y cambiar el estado de ánimo, sensibilización, creación de conectividad múltiple, ayuda profesional, red de alarmas, actividades grupales, soluciones tecnológicas, espacios de encuentro, proyectos de innovación social, comunidades intergeneracionales y lucha contra la estigmatización. Soluciones en las que nuestro país muestra un avance considerable en iniciativas públicas y privadas, pero todavía lejos de una acción sistematizada, equitativa y distribuida, sobre todo, desde la perspectiva consagrada de atención al interés general por parte del Estado y como marca la Constitución y cuando sabemos por este estudio que el porcentaje de españoles que asegura sentirse solos ha pasado del 11,6% al 18,8%, en tan sólo cinco años.

Una última reflexión. El silencio se confunde muchas veces con la soledad, aunque no es lo mismo. Pasa como en los tiempos que corren, donde en todos los terrenos sociales, políticos, empresariales, universitarios, familiares, nos esforzamos en hablar porque nos aterra la soledad. Mucho más por el aislamiento aprendido durante el confinamiento y la pertinaz distancia social impuesta por la pandemia. Quizás porque cuando el chimpancé dio el salto a la humanización se dio cuenta de que después de tantos años era necesario un primer motor inmóvil (Aristóteles), algunos lo llaman Dios o deidad, que justificara la puesta en marcha de la maquinaria del mundo y que permitiera a las células controladas por el cerebro articular sonidos estructurados de necesidad y deseo consciente para que nos entendiéramos y, después, lo expresáramos con sentimientos y emociones. Lo escribí hace ya muchos años en torno al silencio que necesita todos los días el cerebro. Si algo califica de humanidad a la mujer y al hombre es la capacidad y necesidad de comunicarse, de no estar solos. A pesar de los tiempos que corren que incluso nos impiden mirarnos a la cara para decirnos algo. Sin ruidos, en silencio y, a veces, en soledad no deseada.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.    

Responsabilidad humana, global, sobre el cambio climático

Sevilla, 13/VIII/2021

El pasado lunes se publicó el Sexto Informe del IPCC — Intergovernmental Panel on Climate Change, de casi 4.000 páginas, Cambio climático 2021. Bases de la ciencia física, que se puede resumir por su rotundidad en una frase pronunciada por José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y uno de los coordinadores del informe, manifestando que La evidencia de la influencia del ser humano en el clima es ya tan abrumadora que no hay duda científica: “El IPCC usa un lenguaje calibrado que tiene que ver con probabilidades y con la evidencia disponible. Pero la influencia del ser humano en el clima ya no encaja en ninguno de esos umbrales de probabilidad y se considera que es un hecho probado que no tiene incertidumbre. La evidencia es ya tan abrumadora que no hay duda científica. En este informe se emplea tal rotundidad para no seguir con este debate; es un hecho y a partir de ahí vamos a ver cómo afecta y potenciales soluciones”. Canadell [Pep Canadell, director del Global Carbon Project] considera que se trata de “un cambio de paradigma”: “Hemos tirado por la ventana las posibilidades y las probabilidades y se concluye que es un hecho que el calentamiento se debe a la humanidad”.

He entrado en la página oficial de este Panel para conocer de forma objetiva el Informe presentado oficialmente el pasado 9 de agosto en la sede del Panel, en Ginebra, aprobado el viernes 6 de agosto por 195 miembros, que representan a gobiernos del IPCC, del que pretendo ahora sintetizar en unas cuestiones que nos ayuden a reflexionar sobre este enemigo público número 1 para la Humanidad. El documento completo y sujeto todavía a revisión final, de cerca de 4.000 páginas, viene a detallar de forma rotunda las causas del cambio climático en la actualidad con datos objetivos e irrefutables. La síntesis oficial del IPCC para los medios de comunicación destaca que muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, si no cientos de miles de años, y algunos de los cambios ya existentes, como el aumento continuo del nivel del mar, serán irreversibles durante cientos de miles de años: “Sin embargo, las reducciones fuertes y sostenidas de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero, limitarían el cambio climático. Si bien los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente, necesitarían de 20 a 30 años para que las temperaturas globales se estabilicen”.

Sobre el calentamiento global, el Informe “proporciona nuevas estimaciones de las posibilidades de cruzar el nivel de calentamiento global de 1,5 ° C en las próximas décadas, y expone que a menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero, que limiten el calentamiento a cerca de 1,5 ° C o incluso a 2 ° C, éstas estarán ya fuera de su alcance. El informe muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero por las actividades humanas, son responsables de aproximadamente 1.1 ° C de calentamiento desde 1850-1900, y se espera que en un promedio estimado durante los próximos 20 años, la temperatura global alcance o supere los 1,5 ° C de calentamiento. Esta evaluación se basa en un conjunto de datos de observación para evaluar el calentamiento histórico, así como el progreso científico que facilita la comprensión de la respuesta del sistema climático a las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre”. Este Informe, que no es más que “una verificación de la realidad”, según ha afirmado la Copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC, Valérie Masson-Delmotte, permite tener ahora “una imagen mucho más clara del clima pasado, presente y futuro, que es esencial para comprender hacia dónde nos dirigimos, qué se puede hacer y cómo podemos prepararnos» ante un futuro tan preocupante.

Una evidencia científica sin paliativos es que el cambio climático está afectando ya a todas las regiones de la Tierra, de múltiples formas, aunque dependiendo de la intensidad del aumento de 1.5 ° C de calentamiento global, habrá crecientes olas de calor, estaciones cálidas más largas y frío más corto, aunque si se llega a los 2 ° C, los extremos de calor alcanzarían con mayor frecuencia la tolerancia crítica en umbrales para la agricultura y la salud. No sólo ocurrirá esto, sino que el cambio climático está trayendo también múltiples cambios diferentes en diferentes regiones mundiales, que aumentarán con un mayor calentamiento, que afectan a la humedad y sequedad, vientos, nieve y hielo, zonas costeras y océanos. Por ejemplo, el cambio climático está intensificando el ciclo del agua y esto trae lluvias más intensas e inundaciones asociadas, así como sequías más intensas en muchas regiones. Está afectando también a los patrones de lluvia, porque en latitudes altas, es probable que las precipitaciones aumenten, mientras que se prevé que disminuya en gran parte de los subtrópicos. Igualmente, las áreas costeras verán un aumento continuo del nivel del mar durante el siglo XXI, lo que contribuirá a inundaciones costeras más frecuentes y graves en zonas bajas y erosión continua en las costas. Lo que ocurría antes en relación con el nivel del mar, una vez cada 100 años, podrían ocurrir cada año hacia finales de este siglo.

Por primera vez, el Sexto Informe proporciona una evaluación regional más detallada del cambio climático, incluido un enfoque en información útil que pueda informar la evaluación de riesgos y otra toma de decisiones, así como un nuevo marco que ayude a traducir los cambios físicos en el clima (calor, frío, lluvia, sequía, nieve, viento, inundaciones costeras y más) y en lo que significan para la sociedad y sus ecosistemas. Esta información se puede observar ya en el Atlas interactivo que acompaña a este Informe.

Lo que se resalta finalmente en el Informe, con una contundencia absoluta, es la influencia humana en el clima, en su pasado y futuro, en palabras de la copresidenta del Grupo I, Valérie Masson-Delmotte: «Ha quedado claro que durante décadas el clima de la Tierra ha ido cambiando y que el papel de la influencia humana sobre el sistema climático es indiscutible”. Sin embargo, el nuevo Informe también refleja importantes avances en la respuesta científica para justificar esta atribución, que ayude a comprender el papel del cambio climático en la intensificación de fenómenos meteorológicos y climáticos específicos, como olas de calor extremo y lluvias intensas. El informe también muestra que las acciones humanas todavía tienen el potencial de determinar el curso futuro de clima. La evidencia es clara en el sentido de que el dióxido de carbono (CO2) es el principal impulsor del cambio climático, así como de que otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire también afectan el clima. “La estabilización del clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas por las emisiones de los gases de efecto invernadero, hasta alcanzar emisiones netas de CO2 cero. Limitar otros gases de efecto invernadero y los contaminantes del aire, especialmente el metano, podrían tener beneficios tanto para la salud como para el clima”, ha manifestado también el copresidente del este Grupo I, Panmao Zhai.

En estos días de ola de calor extremo, tenemos que reflexionar sobre qué está pasando con el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, seis palabras que atemorizan al capital y a los mercados que no tienen compasión de la Naturaleza en estado puro, nuestra Casa. Lo he manifestado en ocasiones anteriores al acercarme al cambio climático: nada de lo que ocurre en la Naturaleza es inocente. Está en boca de todos que esta ola de calor que afecta a casi todo el país no es un fenómeno sólo de cualquier verano, sino que algo está pasando en éste y de forma especial, a pesar de que nos lo vengan avisando los sabios del lugar en términos puros y propios de Al Gore, exvicepresidente de los Estados Unidos, cuando en 2006 lanzó al mundo el documental titulado Una verdad incómoda, con un mensaje claro, conciso y contundente: la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad es el cambio climático. Sonaba todo como algo ajeno y lejano en el tiempo, pero quince años después cobra más fuerza y sentido que nunca. 

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital sobre la realidad del cambio climático. Vuelvo a hacerlo hoy como un acto de responsabilidad plena como ciudadano comprometido con la sociedad en la que vivo, asumiendo que, por extensión, la responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Cuando yo era joven, cantaba una canción de María y Federico, Quién tiene la culpa, que no he olvidado hoy en estas circunstancias y ante preguntas inquietantes sobre qué está pasando en el mundo y en la naturaleza que nos acoge, a la que no amamos lo suficiente: Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas. / Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia / y los abre grandes a las apariencias. El estribillo, que se repetía siempre dos veces, nos daba una solución de autodefensa en el desconcierto humano ante preguntas a las que todos, la gente, estamos obligatoriamente obligados a dar respuesta: Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente.


María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

La responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Pero si todos hacemos el esfuerzo de tomar conciencia de que la naturaleza nos acoge cada día para darnos vida, no la defraudemos con lo poco o mucho que nos corresponde hacer para respetarla y dejarla crecer como sólo ella sabe hacerlo. Javier Ruibal así lo pensaba del niño del Serengueti: Como no cumple ningún castigo, / este niño consentido / se me va a quedar en Babia. / Si no estuvieras siempre en las nubes, / cuidarías, no lo dudes, / de no derramar el agua. Lo digo desde el Sur, que también existe en su responsabilidad junto a la de los habitantes del Norte, recordando siempre a Benedetti: […] con sus predicadores / sus gases que envenenan / su escuela de chicago / sus dueños de la tierra / con sus trapos de lujo / y su pobre osamenta / sus defensas gastadas / sus gastos de defensa / con su gesta invasora / el norte es el que ordena […]. Quizás sea una pregunta del grupo Maná la que mejor nos pueda ayudar ahora a comprender qué significa el cambio climático: ¿Dónde jugarán los niños? Su letra es un manifiesto de denuncia en toda regla: Cuenta mí abuelo / de un cielo muy azul, / En donde voló papalotes [cometas] / que él mismo construyó / El tiempo pasó y / nuestro viejo ya murió / Y hoy me pregunté / después de tanta destrucción. / ¿Dónde diablos jugarán los pobres niños? / ¡Ay ay ay! / ¿en dónde jugarán? Escúchenla.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

¿Qué nos queda de aquellos aplausos?

Sevilla, 11/VIII/2021

Dedicado a todo los profesionales del Sistema Nacional de Salud, por su ejemplo, dedicación y entereza ante situaciones dramáticas derivadas de la pandemia actual, que atienden todos los días, porque saben que ante la enfermedad nada humano les es ajeno. ¡Gracias de nuevo… y siempre!

Ayer se lamentaba una doctora del Hospital del Mar en Barcelona, ante el drama que están viviendo en los últimos tiempos en su centro sanitario por la última ola de la pandemia actual, en los siguientes términos: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”. Siento lo mismo que ella ante el espectáculo diario en todo el país, ya da igual, como si esta pandemia no fuera con nosotros y como si aquellos aplausos hubieran caído en el olvido y desprecio más absoluto por parte de miles y miles de personas que, a diario, se saltan las normas impuestas para protegernos todos del virus letal que nos atosiga diariamente.

Lo que verdaderamente clama al cielo es el comportamiento citado y sus repercusión en el personal sanitario, que está obligatoriamente obligado a atender a miles de personas que ingresan en urgencias y cuidados intensivos porque les ha dado la gana de desoír lo que todos hemos escuchado sobre la letalidad del virus que no perdona a casi nadie. Lamentable espectáculo que vemos todos los días y ya no conmueve a casi nadie visto lo visto.

Hace más de un año, en plena pandemia, escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba por título, ¡Hemos aplaudido, quedad en buena hora!, donde contaba varias cosas que recupero ahora por su permanente actualidad, como si fuera necesario recordarlo a modo de punto y seguido, porque en relación con esta pandemia nos queda a todos mucho por hacer. Dije entonces que en una obra de Terencio, El Eunuco (161 a.C.), la frase final es recordada siempre como uno de los orígenes de los aplausos en la cultura occidental, puesta en boca de Fedria: Ya no queda nada por hacer; caminad vosotros por aquí. (A los espectadores: Vosotros quedad en buena hora, ¡y aplaudid! (¡Valete et plaudite!). Quizá sea el momento de intercambiar las palabras y decir: ¡hemos aplaudido, quedad en buena hora vosotros, profesionales que habéis atendido a los pacientes de coronavirus! Además, a diferencia de lo narrado finalmente en la obra de Terencio, nos queda a todos mucho por hacer.

Dos mil años después, el aplauso se fijó y dio esplendor en nuestro país, en el extraordinario Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, pág. 341,1), como “contento y complacencia general, manifestada con palabras, júbilos y otras manifestaciones exteriores de saltos y palmadas, aprobando o alabando alguna cosa”, que en el devenir del país (DLE, edición del Tricentenario, última actualización de 2019) ha quedado hoy reconocido como “acción o efecto de aplaudir”, entendido este verbo como “palmotear en señal de aprobación o entusiasmo y celebrar a alguien o algo con palabras u otras demostraciones”, solo en dos escuetas acepciones. Me quedo con el detalle del diccionario de Autoridades, porque simboliza muy bien hoy lo que hemos querido expresar con aplausos de millones de personas, todos los días desde el inicio del estado de alarma, a las 20:00 horas. Hoy, esos aplausos suenan como si hubieran durado tan sólo dos minutos, tal y como lo afirma la doctora del Hospital del Mar en Barcelona, citada anteriormente, que lo resume de una forma muy cruda: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”.

El aplauso nació en el teatro y en el gran teatro del mundo lo recuperamos el año pasado como complacencia general, con millones de palmadas, para agradecer a los profesionales sanitarios – sobre todo- su titánico esfuerzo por salvar vidas todos los días, en alta disponibilidad, junto a profesionales de todo tipo que coadyuvaron a esta atención integrada a pacientes afectados por el coronavirus.

Leí en cierta ocasión una frase del comediante, actor, autor y crítico social estadounidense George Carlin: “¿Quién decide cuándo deben cesar los aplausos? Parece una decisión grupal y todo el mundo empieza a decirse a sí mismo, al mismo tiempo, ¡bien, ya es suficiente!”, que me ha llevado ahora a muchas reflexiones. Creo que lo que ocurrió con la concentración de aplausos todos los días y a la misma hora, desde el comienzo del estado de alarma, fue una realidad de contagio social, ascendente y descendente, más potente que el propio coronavirus. Todas las personas que aplaudíamos proyectábamos en las palmadas la solidaridad ante el miedo a lo desconocido, reforzando con los aplausos el comportamiento de quienes han tenido la enorme responsabilidad de actuar con su conocimiento, habilidades y actitudes ante el drama que estábamos viviendo todos. Supimos entonces agradecerlo desde el más puro anonimato. Ahora tomamos conciencia que ante lo que está ocurriendo de falta de responsabilidad clamorosa de miles y miles de personas, jóvenes y de todas las edades, negacionistas y personas que gritan a los cuatro vientos que “tienen derecho a divertirse” importándoles nada lo y los demás,  hemos silenciado los aplausos, sin darnos cuenta de que solo se debe dejar de aplaudir cuando, como en el arte de callar, no se tiene algo que decir más valioso que el silencio del ejemplo y la solidaridad plena con todos, sobre todo con los más vulnerables por la pandemia.

Finalizaba aquellas palabras con una frase premonitoria leyéndola hoy: “Es verdad. La ciencia y los profesionales van venciendo a la pandemia y la función dolorosa está acabando en esta larga, profunda y dolorosa representación diaria en el gran teatro del mundo. Pero estamos avisados de que esta obra puede volver a representarse en cualquier momento. ¡Ojalá que no tengan que decirnos los coregos de turno, a través de las redes sociales, que aplaudamos de nuevo porque lo mucho que teníamos que hacer con nuestra responsabilidad ciudadana, preservando siempre el interés general, ha fallado!”.

Llevamos ya cinco olas, cinco representaciones del coronavirus en este gran teatro del mundo. A diferencia del final de la obra de Terencio, queda mucho por hacer. No lo olvidemos, sobre todo en esta situación actual tan triste y dolorosa para muchos, porque es verdad que ahora estamos en la mejor hora para reafirmarnos como personas inteligentes que sabemos solucionar los problemas de la vida. Pensando ahora en los profesionales que están obligatoriamente obligados a atendernos a pesar de nuestro desafío ético ante la vida, porque al final, siguiendo a Terencio, nada humano no es ajeno. Ese es el gran dilema, que podemos resolver con ética sentida y compartida, que también es un deber de Estado garantizarla a todo los niveles cuando vivimos en democracia, salvaguardando, por encima de todo, el interés general de base constitucional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Yiboula Emmanuel Bazie, en el país de los invisibles

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 10/VIII/2021

No necesitan muchos comentarios estas palabras de Brecht. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la pobreza severa, la migración que desgarra personas y familias, la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles. Ese debería ser el compromiso en estos duros momentos de la pandemia, devolver visibilidad plena a las personas que nos quieren y respetan de verdad, las que se preocupan de que no falte el sustento diario para el cuerpo y el alma en nuestras vidas.

Llevo días queriendo conocer más a fondo a Yiboula Emmanuel Bazie, nacido en Burkina Faso hace 39 años y en la actualidad brigadista forestal en Lubia (65 h.), localidad perteneciente a la provincia de Soria y con residencia en Quintana Redonda (Soria), población con algo más de 500 habitantes. La razón se justifica de forma sobrada en un país muy dado a no reconocer, como merecen, a personas imprescindibles, porque Yiboula Enmanuel ha sido nombrado Embajador Mundial de Paz de la ONU por la sede de Mauritania. Sé que rivalizar ahora con la noticia del “drama” de la marcha de Messi del Barcelona C.F. no es comparable en audiencia e impacto mediático, pero este país debería tomar nota y apuntarse también a recibir este tipo de noticias, como la de Yiboula Enmanuel Bazie, porque tiene muchos mensajes íntimos y explícitos que necesitamos asumir y reconocer como imprescindibles.

Él ha manifestado que su mejor pacto con la vida es ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen y con una especial dedicación a la integración digna de los emigrantes, algo que conoce bien desde que llegó a España en 2004, abandonando su querido país por la guerra con Costa de Marfil, así como sus estudios de filología francesa y africana que le habían permitido hablar hasta en seis lenguas. En la actualidad compagina su trabajo como concejal sin remuneración en la pequeña localidad soriana de Tajahuerce, de tan sólo 26 habitantes, con la de brigadista forestal, habiendo asistido también a un curso a distancia sobre Política Pública de Cooperación y Acción Internacional de Gobiernos Locales, en la Universidad Internacional de Andalucía, lo que le ha permitido descubrir que la gente tiene necesidades muy diferentes y todas importantes.

Su trabajo diario está jalonado de tareas humanitarias con emigrantes en pueblos cercanos a los que lleva comida del Banco de Alimentos, así como su palabra y compañía, que no es poco. El nombramiento es un hecho que se debería resaltar en nuestro país por contar con un embajador en la España vaciada: “Bazie sigue sorprendido al hablar de cómo su trabajo solidario, que comenzó en África y continuó en los pequeños pueblos de Soria, ha llegado a la ONU, que lo ha nombrado embajador mundial por la paz. La organización internacional, reconoce felizmente, ha estado siguiendo sus acciones con los colectivos de Burkina Faso durante 15 años y ha seguido observando con interés su buena fe para construir puentes entre continentes. El premio también fue recibido por Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España. Entre los tres han fundado el Foro Euro-Africano, un sistema con el que aspiran a seguir creando lazos entre los dos continentes” (1).

Creo que había que traer a las páginas de este cuaderno digital la historia de Yiboula Enmanuel, así como la de los dos compañeros que han recibido la distinción de la ONU, porque son personas, a modo de islas desconocidas, que según Bertolt Brecht son verdaderamente imprescindibles. En el caso de mi paisano, Josu Gómez, porque se cumple un deseo, convertido ahora en realidad, expresado maravillosamente por Luis Cernuda en un poema que nunca olvido y que reflejaba su sentimiento sobre sus paisanos sevillanos desde el exilio: Más el trabajo humano / Con amor hecho, merece la atención de los otros (en La desolación de la quimera). Es la razón íntima y confesable de darles visibilidad hoy, para que no los olvidemos y aprendamos de sus ejemplos en favor de la paz y la solidaridad humana.

(1) The African firefighter from a town in Soria who is a UN Ambassador for Peace – The Limited Times (newsrnd.com)

NOTA: la imagen de la cabecera es una fotocomposición personal en la que figura una fotografía de Yiboula Emmanuel Bazie, recuperada hoy de Un brigadista de Lubia, embajador Mundial de la Paz (elmundo.es)  y una reproducción del nombramiento como embajador mundial de la paz por la oficina de la ONU en Mauritania, junto a Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España, recuperada también hoy de NACIONAL / El Sevillano Josu Gómez es nombrado Embajador Mundial de la Paz por la Organización de Naciones Unidas – murcia.com

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Píndaro clausura hoy la Olimpiada de Tokyo 2020

Equipo Olímpico de Refugiados – Tokyo 2020

¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre 

Píndaro, Pítica VIII, 95

Sevilla, 8/VIII/2021

Hoy se clausura la Olimpiada de Tokyo 2020, pero no la Olimpiada de la Vida, que sigue impertérrita en sus avatares diarios, con un denominador común mundial que se llama COVID-19, en su acepción más común para entendernos todos. Esta es la razón de por qué recurro a Píndaro (Beocia, c.a. 518 a.C. – Argos, 438 a.C.), un “periodista” de la época especializado en crónicas olímpicas, a las que daba un toque especial por su formación como poeta y músico, que se transmitían por medio de epinicios, unos cánticos corales en los que se ensalzaban a los ganadores de las diferentes competiciones de las primeras Olimpiadas griegas: “Las composiciones de Píndaro suelen utilizar la victoria deportiva como simple punto de partida para loar el valor personal del atleta: su triunfo refleja la victoria de lo Bello y lo Bueno sobre la mediocridad”. Quizás lo hago por el hartazgo que detecto en la concepción meramente competitiva de la Olimpiada actual, mediatizada por la realidad social de los países que participan en ella, con olvido absoluto de lo que pretendió Pierre de Coubertin con la recuperación del primer espíritu olímpico en Grecia.

Comienzo por lógica por presentar brevemente a nuestro protagonista de hoy. Píndaro fue un poeta lírico griego nacido en Cinoscéfalos, lugar cercano a Tebas (Beocia), en agosto del 518 a. C. Era de familia noble; hijo de Pagondas o Pagónidas y de Cleódice; hermano de Erotión o Eritimo; esposo de Megaclea y padre de Daifanto, Protómaca y Éumetis. Cuenta la leyenda que, como presagio de las futuras aptitudes del niño, una abeja hizo el panal en su boca mientras él dormía. Aprendió a tocar la flauta con su tío Escopelino y fue alumno en Atenas de los músicos Agatocles y Apolodoro. Con tales conocimientos descolló pronto en la composición de odas triunfales para los vencedores en los juegos griegos”. De su ingente obra, sólo se conservan las Odas, con diferentes nombres según el lugar de celebración de los Juegos: Olímpicas, juegos de Olimpo; Píticas, para los vencedores de los juegos de Delfos; Nemeas, de Nemea; e ístmicas, del istmo de Corinto.

Lo que importa destacar hoy es que por encima del ámbito deportivo, Píndaro resaltó siempre los valores humanos de los deportistas. Quizá sea la Oda a Trasideo de Tebas el mejor resumen de su canto a la vida, más allá de los éxitos fugaces de los Juegos: Pitónico y Trasideo triunfaron en las careras de carros de Olimpia y Pito, que de acuerdo con su edad lograron sus triunfos con su esfuerzo porque cuando lo hacen los mediocres, los de “en medio”, es decir, “poseen flor de prosperidad más duradera”, hay que echarse a temblar porque es el destino propio de las tiranías. Píndaro resalta algo muy importante en esta Oda: Dedicado estoy a los logros compartidos: fuera los envidiosos. / Mas cuando uno alcanza la cima / y con pacífica conducta escapa / de la funesta desmesura, puede hacer más bella travesía hasta el límite / de la negra muerte si a su gratísima descendencia / ha proporcionado renombrada gloria, más poderosa que todas las riquezas. Es lo que corresponde resaltar de participantes tales como Yolao, el hijo de Ificles, Cástor, Polideuces, Aristóclides, el hijo de Aristófanes, vencedor en el pancracio, “bello de cuerpo y con una conducta que no desdice de su hermosura”, un héroe en el mar, algo más allá de la Olimpiada.

En esta Oda, que he elegido a modo de discurso simbólico de clausura para hoy en Tokyo, Píndaro quiso que sus palabras se compadecieran de la forma más sublime, a modo de acto de justicia, al elogiar al valeroso, no al más alto, al más rápido o al más fuerte. Le bastaba un ejemplo final apropiado para su época: Del rubio Aquiles, ya de niño, cuando en casa de Fílira / vivía, grandes hazañas eran los juegos: muchas veces / con sus manos lanzaba, veloz como el viento, la jabalina de breve hierro, / en su lucha a leones salvajes la muerte causaba / y a los jabalís aniquilaba; / hasta los pies del Crónida Centauro / llevaba los cuerpos agonizantes, / a los seis años por vez primera y en todo el tiempo postrero…

Como he manifestado anteriormente en este cuaderno digital al comentar la Olimpiada de Tokyo, sería maravilloso que el Comité Olímpico Internacional recuperara el pentatlón de las musas y, también, una nueva visión de la ética del deporte en general, debiéndose operar un giro copernicano en su ordenación y organización a través del Comité Olímpico Internacional (COI). Creo que es urgente su recuperación y contar con muchas más manifestaciones artísticas. Es probable que en esa relación del deporte con el arte o del arte con el deporte, tanto monta monta tanto, se podría recuperar la belleza de la vida ensalzada por Coubertin en su Oda al Deporte, que ahora se podría completar con una nueva Oda al Deporte y al Arte. No faltarían candidatos. Otro gallo cantaría si un día decidiéramos buscar las musas de nuestra vida, sin distinción de género buscador y sin necesidad de Olimpiadas específicas, como si lo pudiéramos considerar como una rutina diaria, participando todos los días de nuestro quehacer cotidiano, sin competitividad alguna. Nos daríamos cuenta de que sólo consiste en estar atentos a lo que nos transmite la vida a través de pequeñas cosas, sobre todo de palabras que suenan como la música, el auténtico secreto de las musas que desean transmitir en todo momento.

Llevamos siglos con una invocación muy bien relatada por John Milton, en El paraíso perdido, cuando pide a las musas algo muy sutil: “Canta, celeste Musa, la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar trajo la muerte al mundo y todos nuestros males con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada”. Como si no existieran otras Musas que nos indicaran una y mil veces el camino de la belleza y del amor sin tener que recurrir al pecado, al fracaso humano, a perder muchas veces en las diversas carreras de la vida sin alcanzar los sueños soñados. Lo explicó de forma espléndida Píndaro de Tebas hace ya veinticinco siglos, hablando de las Olimpiadas en Delfos: ¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre (Pítica VIII, 95).

Hoy Píndaro escribiría su Oda a Tokyo para el acto de clausura, resaltando tres hechos importantes y con nombre propio: la participación del equipo olímpico de refugiados (29 atletas originarios de 11 países, que representan a 82,4 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza en todo el mundo en 2020, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), la petición de asilo en Polonia de la corredora bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, presunta represaliada por el régimen de su país de origen y, en tercer lugar, el testimonio de la gimnasta norteamericana Simone Biles, en nombre y representación de la forma en la que se prepara en muchos países del mundo el “alto rendimiento” de los deportistas de élite. Al igual que en la Oda a Trasideo y otros, Píndaro pondría hoy letra y música a sus palabras para cantar la belleza de sus cuerpos y almas, pero sobre todo “su conducta, porque no desdicen para nada su hermosura”.

Cuando Píndaro finalice su discurso,  podremos darnos cuenta de que podemos vivir unidos por las emociones en la Olimpiada de la Vida, sin ser los más altos, rápidos o más fuertes, sólo porque nuestro cerebro trae de fábrica un recurso humano, fantástico, llamado hipocampo, sin necesidad de tener que comprarlo en el gran Mercado del Mundo, porque afortunadamente todavía no está catalogado como mercancía. Además, porque somos inteligentes, aunque a partir de hoy muchos sepamos que cada día tenemos que salir a cabalgar en un curioso equino cerebral, el hipocampo (caballo encorvadocaballito del mar), que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana, para susurrar a este pequeño corcel, en sus oídos, que hay que identificar bien el largo camino hacia Ítaca de la memoria emocional. Cabalgando despacio, porque sabemos que es posible conocerlo bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno, en la Olimpiada Diaria de la Vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un regalo precioso de Extremadura al presente y futuro de todos

Sevilla, 7/VIII/2021

Me pareció un proyecto precioso que había que analizar a fondo. Extremadura preparó hace meses la campaña de turismo 2020-2021, como un proyecto para frecuentar el presente y el futuro de todos, con un eslogan premonitorio, «Extremadura. Todo lo que imaginas, donde no te lo imaginas», cuya sinopsis oficial conviene recordar por respeto institucional a su mensaje implícito: En tiempos adversos también suceden historias que trascienden la realidad de los momentos difíciles que se viven y que dan lugar a la esperanza. Momentos para la esperanza, para la vida y para el amor. La historia que os presentamos a través de este cortometraje, narra un amor romántico que se une con el amor por una tierra. La situación extraordinaria que se vive en 2020 supone un cambio vital para una pareja que se conoce a través de una videoquedada de amigos y que poco a poco se van enamorando. La historia hace un paralelismo entre este descubrimiento y enamoramiento personal, con el descubrimiento y amor por Extremadura para alguien que no la conocía. Y cómo esa relación se convierte en un cambio vital, que vinculará, al protagonista principal, para siempre con Extremadura. La historia se cuenta desde el futuro [en 2071], con el paso del tiempo se ve que cosas que en un principio pueden suponer un problema (confinamiento, pandemia…), se convierten en un impulso para conocer algo que nunca conoció el protagonista: Extremadura”.

La verdad es que ha sido una idea muy original y convincente a su vez. En estos días de verano de 2021 han vuelto a reponer en televisión esta historia, a través de un anuncio breve sobre el original que encabeza estas líneas. Sobran más comentarios porque verlo es un placer para los sentidos y para almas inquietas en estos tiempos de coronavirus. Dos últimos detalles: la banda sonora se debe a Robe, con una canción, Un suspiro acompasado, con una adaptación al corto que refleja el sentimiento de una persona que ama y no olvida: Se va y a la vida le pierdo el apego. / Y el juicio recupero / Si encuentro un indicio de su paradero / Llega el viento mecido / Porque acaba de estar contigo. / Noto en el aire un suspiro, / Y todo cambia de sentido. También, la aparición fugaz de un fotograma de Buñuel en el laberinto de las tortugas, en los primeros planos, realizado por la productora responsable de este anuncio, The Glow, que nació como un cortometraje de animación, pero durante su producción se decidió hacer un largometraje, convirtiéndose en una película de animación” que fue galardonada como tal con un Premio Goya 2020 . Cuenta la historia de cómo Luis Buñuel rodó su segunda película, el documental Las Hurdes, tierra sin pan. Extremadura ayer, hoy y mañana, pura y dura.

Mi agradecimiento personal, explícito, por esta bella historia, porque nos permite frecuentar el presente y el futuro, algo que amo sobre muchas cosas de mi alrededor de cada día y que deseo compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera. Ha sido un regalo con estela y sé lo que he recibido como mensaje principal: lo importante es compartir el tiempo con las personas a las que quieres, aunque sea sólo para decir: ¿has visto ese atardecer? ¿a que es precioso?, porque hay que aprovechar cada momento y exprimirlo, sin dejar ni una gota de experiencia para mañana. Y respirar, y sonreír, y respirar.

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He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto nos ofrece un reencuentro con los libros

Sevilla, 5/VIII/2021

Los libros pusieron fin al trágico confinamiento de las vivencias y de la experiencia en el alma individual desde el momento de su aparición en este mundo imperfecto. Leyendo de nuevo Encuentros con libros (1), de Stefan Zweig, vuelvo a sentir sus palabras como un bálsamo en este mundo al revés, porque “desde que existe el libro nadie está ya completamente solo, sin otra perspectiva que la que le ofrece su propio punto de vista, pues tiene al alcance de su mano el presente y el pasado, el pensar y el sentir de toda la humanidad. En nuestro mundo de hoy, cualquier movimiento intelectual viene respaldado por un libro; de hecho, esas convenciones que nos elevan por encima de lo material, a las que llamamos cultura, serían impensables sin su presencia”. Maravillosa reflexión en estos momentos cruciales que estamos viviendo a escala mundial.

Mientras leía el primer capítulo denominado “El libro como acceso al mundo”, he subrayado aquellas frases que me iluminan en un momento en el que necesitamos recuperar el encuentro con los libros y, sobre todo, he recordado paso a paso la experiencia personal que cuenta el autor, que deriva en un canto a la lectura que no se olvida. Viajaba en un barco italiano, recorriendo el mar Mediterráneo, de Génova a Nápoles, de Nápoles a Túnez y de allí a Argel. En ese espacio conversaba a menudo con un joven italiano que formaba parte de la tripulación, “un mozo que ni siquiera tenía el rango de camarero, pues se ocupaba de barrer los camarotes, de fregar la cubierta y de realizar otras tareas menores, que la gente, por regla general, no valora”. Canta sus dotes de todo tipo, llegando incluso a “tenerle cariño”, en palabras textuales suyas, hasta tratarse “con la camaradería propia de dos amigos”. A partir de ese momento surgió lo inesperado: “Entonces, de la noche a la mañana, un muro invisible se alzó entre él y yo. Habíamos recalado en Nápoles, el barco se había llenado de carbón, de pasajeros, de hortalizas y de correo, su dieta habitual en cada puerto, y luego se había hecho de nuevo a la mar. […] Entonces se presentó de repente, con una sonrisa de oreja a oreja, se plantó delante de mí y me mostró orgulloso una carta arrugada que acababa de recibir, pidiéndome que la leyera. No dejaba de darle vueltas a lo que acababa de ocurrir. Por primera vez me había encontrado cara a cara con un analfabeto, con uno europeo además, una persona que me había parecido inteligente y con la que había hablado como con un amigo. ¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo, que desconocía la escritura? Al principio me costó entender lo que quería de mí. Pensé que Giovanni había recibido una carta en un idioma que no entendía, francés o alemán, seguramente de una muchacha—era obvio que debía de tener mucho éxito entre las chicas—, y que había venido a buscarme para que se la tradujera. Pero no, la carta estaba escrita en italiano. ¿Qué quería entonces? ¿Que me la leyera? Nada de eso. Lo que quería es que se la leyera, tenía que saber qué decía aquella carta. Y, de pronto, comprendí lo que estaba pasando: aquel muchacho inteligente, de una belleza escultural, dotado de gracia y de auténtico talento para el trato humano, formaba parte de ese siete u ocho por ciento de italianos que, según las estadísticas, no saben leer: era analfabeto”.

A partir de aquí, Stefan Zweig reflexiona de forma admirable sobre el poder de la lectura, a través de dos preguntas muy concisas y claras: “¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo [el mozo del barco], que desconocía la escritura? Traté de imaginarme la situación. ¿Cómo sería el no saber leer?” A partir de aquí desgrana múltiples aseveraciones sobre el encanto de la lectura que recomiendo de principio a fin porque nos alegrará conocerlo en estos días del ferragosto español, sobre todo, salvando lo que haya que salvar, imaginándonos qué es la lectura para personas que no siendo analfabetas no han leído un libro en su vida o no lo hacen habitualmente. Y es verdad que se reproducen de nuevo sus sensaciones ante aquella experiencia que también puede ser lo que ocurre ahora en las personas que detestan los libros y la lectura: “Por un momento me puse en el lugar de aquel muchacho. Coge un periódico y no lo entiende. Coge un libro, lo sostiene en sus manos, nota que es algo más ligero que la madera o que el hierro, tiene forma rectangular, toca sus cantos, sus esquinas, observa su color, pero nada de eso tiene que ver con su propósito, así que vuelve a dejarlo, porque no sabe qué hacer con él. Se detiene ante el escaparate de una librería y se queda mirando los hermosos ejemplares, amarillos, verdes, rojos, blancos, todos rectangulares, todos con estampaciones de oro sobre el lomo, pero es como si se encontrara ante un bodegón cuyos frutos no puede disfrutar, ante frascos de perfume bien cerrados cuyo aroma queda confinado dentro del cristal”.

Y reflexiona a partir de este momento sobre qué sería su vida sin los libros, algo que no era posible porque “[…] cualquier objeto, cualquier elemento que me parase a considerar estaba unido a recuerdos y experiencias que tenían que ver de una forma u otra con los libros, cualquier palabra despertaba innumerables asociaciones que me remitían a algo que había leído o aprendido”. Lo que de verdad me ha impactado hoy es su reflexión sobre la presumible desaparición del libro, ·el tiempo del libro ha acabado”, ante la llegada de la técnica, como una premonición preocupante: […] el gramófono, el cinematógrafo, la radio son más prácticos y más eficaces a la hora de transmitir la palabra y el pensamiento, y de hecho comienzan a arrinconar el libro, por lo que su misión histórica y cultural no tardará en formar parte del pasado”.

Stefan Zweig no temía esta irrupción de las tecnologías en el mundo, porque estaba convencido de que “la luz de una lámpara eléctrica no puede compararse con la que irradia un pequeño volumen de unas pocas páginas, no existe ninguna fuente de energía que pueda compararse con la potencia con que la palabra impresa alimenta el alma. […] A medida que crece nuestra intimidad con los libros, vamos profundizando también en los distintos aspectos de la vida, que se multiplican fabulosamente, pues ya no los vemos sólo con nuestros propios ojos, sino con una mirada en la que confluyen multitud de almas, una mirada amorosa que nos ayuda a penetrar en el mundo con una agudeza soberbia”.

Nos quedan las palabras en los libros. En estos momentos tan delicados para la humanidad por los estragos de la pandemia, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).

(1) Zweig, Stefan. Encuentros con libros. Barcelona: Acantilado, 2020.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

¿Necesitamos un diccionario para entender el Boletín Oficial del Estado (BOE)?

Sevilla, 4/VIII/2021

Ya tenemos en las librerías el primer diccionario ilustrado para entender el Boletín Oficial del Estado, con un subtítulo que promete: Aprende el idioma que dicta las normas y sus recovecos, dando por hecho que estamos ante una maraña de palabras, que llegan a conformar disposiciones de muy alto rango, leyes, por ejemplo. Sus autores son Eva Belmonte y Mauro Entrialgo y lo ha publicado la editorial Ariel. Eva Belmonte es una periodista muy conocida por ser la Co-Directora de la Fundación Civio y responsable directa de contenidos del blog El BOE nuestro de cada día | Civio, un proyecto de la Fundación que tanto aprecio, como ya he señalado en alguna ocasión en este cuaderno digital. En la sinopsis oficial del libro se dice lo siguiente, utilizando también un lenguaje desenfadado para llegar al mayor número de lectores posibles: “Ya puedes ser superprofesional en inglés o aprender chino que, si no dominas el lenguaje del Boletín Oficial del Estado, pringas. Este diccionario ilustrado traduce, de forma directa y clara, sin rimbombancias jurídicas, los conceptos que necesitas entender porque, quieras o no, lo que se publica en el BOE te afecta. Y el libro lo explica con retranca —habrá que reírse al menos— y con una retahíla de ejemplos de abusos perpetrados por quienes sí entienden, y bien, el lenguaje de la burocracia”.

En mi vida profesional ha sido un referente continuo, de obligada lectura, acompañado siempre del Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA), en el que he aparecido en bastantes ocasiones por razón de cargo y cargas, aunque como alto cargo siempre he pedido, en el caso del BOJA, que mis ceses fueran a petición propia, acompañando a esta observación, por cortesía burocrática, eso sí, del consabido “agradecimiento por los servicios prestados”, como es habitual en el lenguaje propio de los periódicos oficiales.

A título de ejemplo, en el nuevo diccionario, cuando se recoge la expresión “Alto cargo”, explica su significado: “Desde el presidente del Gobierno pasando por ministros, secretarios de Estado, presidentes y vicepresidentes de organismos públicos… De director general para arriba todo son altos cargos. Si tienes dudas: si le nombra el Consejo de Ministros y esa decisión aparece en el BOE, lo es (excepto los subdirectores generales). Es el rango más alto cuando se trabaja en lo público y la teoría, sobre el papel, es que para serlo es obligatorio cumplir varias condiciones. La primera, ser idóneos para el puesto. Y eso aquí también tiene un significado propio. La idoneidad, según la ley que lo regula, es el combo de dos factores: la honorabilidad (que te condenen por malversación no ayuda) y contar con la formación y experiencia suficiente para hacer lo que te toque, esto es, saber de qué va el curro para el que te han elegido. Lo habitual es que estar en política, aunque no seas un experto en el campo concreto al que te vas a dedicar, por muy especializado o técnico que sea, da para aprobar la asignatura de idoneidad. Eso para ser nombrado. Mientras ejerce, el alto cargo tiene que seguir cumpliendo algunos requisitos —repetimos, condiciones sobre el papel, no se vayan a creer que aquí pecamos de inocencia: trabajar para el interés general y no el propio y dedicarse en exclusiva al cargo para el que ha sido nombrado y no a otras labores—. Con excepciones, claro: escribir sesudos artículos de propaganda en periódicos, dar la turra en congresos o trabajar en organizaciones sin ánimo de lucro (sí, valen fundaciones de partidos) está permitido, siempre que no se cobre un duro por hacerlo. O, como mucho, solo las dietas. También tiene luz verde administrar el patrimonio personal o familiar”.

Pero a modo de comentario de texto y ahí está parte de la gracia del libro, hay siempre un apartado que lleva por título Uso y abuso, en el que afirma lo siguiente, aportando también un dato estadístico referido a este constructo –Alto cargo- que “aparece 971 veces en los últimos diez años:

Solo en la administración y los organismos estatales, sin sumar los de comunidades autónomas y entidades locales, a 31 de diciembre de 2020 había 736 altos cargos, 70 más que cuando acabó 2019. Las cifras de los últimos años van desde los 642 de la Nochevieja de 2016 a esos 736, la más alta desde 2014.

A continuación acompaña a cada lema o constructo una ilustración como la siguiente, referida obviamente a los “altos cargos”:

Creo que es un esfuerzo encomiable para apear de viajes oficiales al argot burocrático del derecho administrativo que muchas veces es bastante incomprensible para el común de los mortales. Doy fe de ello porque en muchas ocasiones he sido “redactor” de dichas disposiciones, de las que puedo asegurar que siempre pensé en sus destinatarios finales. A título de ejemplo, detestaba usar la palabra “interesado”, que es propia del argot tributario, por ejemplo, porque junto a la palabra “sujeto” formaba un constructo bastante alejado de la intelección simple de que una persona es la verdaderamente afectada por la disposición correspondiente.

Es curioso constatar que estadísticamente «la palabra concesión, por ejemplo, aparece en el Boletín 106.851 ocasiones en los últimos diez años, la que más de las recogidas en el Diccionario. Referido a un tipo de contrato público, ese eufemismo esconde la privatización de algo: una carretera, un hospital, un parking. Según la autora, también codirectora del proyecto Civio (“datos que cuentan contra la opacidad”), “esto es importante porque con el paso del tiempo hemos visto que las condiciones de estos contratos son muy ventajosas para las empresas y muy poco para la Administración pública, además de que se suelen degradar las condiciones laborales”. Preocupante lectura e interpretación final ajustada a derecho” (1). En la misma entrevista, a la pregunta ¿Es realmente el BOE una herramienta útil para la ciudadanía?, ella responde: “A mí me parece crucial para saber los derechos que tenemos las personas en una determinada situación, como ocurrió durante el estado de alarma. Sirve para cosas tan cotidianas como pedir una ayuda o presentarse a una oposición, pero lo más importante es que te permite conocer tus derechos: qué puedes hacer, reclamar, y qué no”.

Conviene leer este diccionario y consultarlo cuando haga falta, porque nos aclara muchas cosas, sobre todo términos aparentemente casi imposibles de entender y porque la amenidad con la que se describen e interpretan a través de ilustraciones y metáforas visuales, ayudan siempre a entrar en un edificio virtual de palabras, a veces a modo de torre de Babel que necesitamos ordenar e interpretar en democracia. Tengo que confesar que todo lo relacionado con la Fundación Civio me entusiasma, como así lo descubrí desde su nacimiento en 2012 y por conversaciones con su artífice principal David Cabo, Co-Director actual de la misma, con quien quise llevar a cabo un proyecto muy interesante para democratizar el acceso al presupuesto general de la Junta de Andalucía en 2012. Es lo que me da más confianza para leer el libro y comprender cómo se puede hacer más accesible la ordenación y organización del Estado, en este caso a través de un periódico oficial nada inocente, como casi todo en la vida.

Hoy, he recibido unas palabras de la Fundación que me suenan muy cercanas y que me recuerdan cómo nos debemos relacionar con la Administración y sus palabras: “Si has llegado hasta aquí, suponemos que deseas conocer mejor el funcionamiento de lo público, las decisiones de gobiernos e instituciones y cómo te afectan. Y, en particular, aquella información que se resisten a sacar a la luz. Nos dedicamos a eso desde 2012. Civio es una organización independiente y sin ánimo de lucro que, además de periodismo de investigación y de servicio público, hace presión para levantar las alfombras de nuestras instituciones y ayudar a la ciudadanía a conocer las decisiones que nos afectan, cómo se toman, cómo se aplican y qué resultados obtienen. Nuestro foco está en lo público, lo que nos afecta a todos. Lo hacemos gobierne quien gobierne. Lo hacemos cada día mejor. Y no lo hacemos solo porque nos guste, que también. Lo hacemos porque es esencial para lograr una sociedad y una gestión de lo público más abiertas, justas, inclusivas y eficientes para todos”.

Lo escrito anteriormente es la garantía de lo que está detrás de este diccionario ilustrado del BOE. Lo necesitamos. No nos defraudará su lectura y consulta. Es su hilo conductor. Entren en la página principal del proyecto El BOE nuestro de cada día | Civio y comenzarán a entender muy bien las bases de la democracia y sus palabras que, afortunadamente, aún nos quedan.

(1) Aprende a leer el BOE, te puedes estar perdiendo algo importante (publico.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.