Gracias, José Luis Cuerda, director

Sevilla, 4/II/2020

Se acaba de publicar la noticia del fallecimiento del director de cine José Luis Cuerda. Cada persona lo recordará por alguna de sus películas, algunos por su filmografía completa. En mi caso, por una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, con un guion adaptado de un relato homónimo de Manuel Rivas, sobre el que he escrito en bastantes ocasiones en este cuaderno digital.

He vuelto a leer todas las referencias implícitas que he hecho personalmente en relación con la película dirigida por José Luis Cuerda y recogiendo fragmentos de los artículos publicados he preparado un microguion en homenaje póstumo a su obra cinematográfica. Todavía recuerdo con emoción los planos finales de la película, donde Fernando Fernán Gómez interpretaba de forma magistral el papel de D. Gregorio, el maestro entrañable de Moncho (Pardal o el niño gorrión, tan querido por su creador, Manuel Rivas, a quien tanto admiro), el niño asombrado por la forma en espiral de la lengua de las mariposas, maravillosos seres vivos que van siempre por el mundo volando con trajes de fiesta. Aquella cara con expresión entre admiración e inocencia ante lo que puede aparecer en la vida, aquella figura enroscada, sin tocarse, que el maestro republicano, dibujaba con tiza en la pizarra, todavía está alojada en mi memoria a largo plazo, con la suerte de que sé cómo localizarla y, si me apuran, hasta puedo discernir donde está alojada, quizá para siempre, en mi cerebro de secreto.

PARDAL

Con ocasión del fallecimiento de Fernando Fernán Gómez en 2007 escribí que me gustaba seguir recordando al actor que ya ha vuelto a la realidad de lo que somos, como José Luis hoy, polvo somos y en polvo nos hemos de convertir, vanidad de vanidades todo vanidad, en esa interpretación de una parte de la profunda historia de España, al actor controvertido, amable para unos y muy desagradable para otros, aunque yo me permito decir que sabía algunas buenas intimidades de él, en mi adolescencia madrileña, porque conocí a una mujer que había estado cerca de él, vinculada a María Dolores Pradera.

Fernando era un cómico. José Luis Cuerda, director de cómicos. En mi familia, perteneciente al discreto encanto de la burguesía del barrio de Salamanca y con la que viví en el Madrid de finales de los cincuenta -para que suene mejor, en el siglo pasado-, la palabra cómico levantaba sarpullidos, porque algunas viejas historias que nos emparentaban con una cómica, Carmen Cobeña, no eran bien vistas. No se hablaba normalmente de ella, de ellos, de los cómicos y, si en algún momento surgía la oportunidad por nuestras vinculaciones de amistad, por ejemplo, con los representantes en España de la compañía Mole- Richardson, responsables de la luminotecnia en las películas de la época, se pasaba página con la misma velocidad que Federico Martín Bahamontes bajaba el Galibier o el Marqués de Portago conducía en la última recta del circuito donde se corrían las 24 horas de Le Mans.

Estas palabras son un pequeño homenaje al maestro republicano, D. Gregorio, sobre todo al director de la película, José Luis Cuerda y al cómico que lo interpretó, Fernando Fernán Gómez, que han dibujado una lengua de mariposa muy especial, vestida de gala, con tiza blanca indeleble en mi memoria de hipocampo, y que simboliza una forma de entender el cine de compromiso, el buen cine, el cine de autor, el cine de la vida. Aunque me quedara en aquella sesión de tarde imaginaria y eterna, con la ilusión de que sigamos defendiendo las utopías y, por tanto, las ideologías, aunque sepamos que cabemos en un taxi, ya ni siquiera de torero, es decir, sin trasportín, para los más antiguos del lugar. Pero ocasiones como éstas, las de las mariposas reinterpretadas por cómicos, las películas extraordinarias dirigidas por José Luis Cuerda y los relatos entrañables de Manuel Rivas, nos permiten entrever que la utopía es posible, lo que hace que casi sin darse cuenta ellos nos hayan vendido unos billetes hacia alguna parte, hacia la utopía de lo posible. Es lo que el Ché, tan querido para mí, decía siempre: seamos realistas, exijamos lo imposible. Es verdad, porque todos los días suele amanecer, que no es poco.

Y, perdonen, llegamos al final de este día en el que José Luis Cuerda sube a su cielo particular. Yo no he querido callarme en esta muerte simbólica, como aquellos lugareños de la película particular que interpretó Fernando, el cómico y que dirigió José Luis Cuerda, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el interés público. Tengo prisa, porque se agotan los billetes de los autobuses de la utopía de la vida, que salen en esta ocasión de la estación de este país. Hoy, desde Andalucía.

Gracias, director.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Pentimento (arrepentimiento)

GIOVANNINA

Sevilla, 3/II/2020

El italiano, idioma que admiro en el sentido aristotélico del término, recoge una palabra en su diccionario, pentimento, que necesita varias para traducirlo al español de la RAE como segunda acepción de arrepentimiento, que recoge de la mejor forma posible el sentido pictórico del término: “enmienda o corrección que se advierte en la composición y dibujo de los cuadros y pinturas”. Creo que en la historia de la pintura, el pentimento va más allá, porque introduce no solo cambios sino, a veces, transformaciones parciales o completas de lo que el autor deseaba pintar y expresar a través de los pinceles, gubia o escritura en el lienzo en blanco.

Leí hace ya muchos años un artículo de Marina Rodríguez Serrano en el que decía algo mágico sobre un pentimento revelador: “Veo a Giovanna Tornabuoni, la dulce y recta Giovannina, a la que Ghirlandaio modificó su perfil, disminuyó pecho y eliminó perlas. El Museo Thyssen Bornemisza me la muestra, a la otra Giovanna. No me contengo al darle al click e irradiarla para comparar las imágenes tomadas bajo los Infrarrojos, Ultravioletas o Rayos X, sobrepasando, seguro, las dosis por año que puede soportar esa criatura. ¿Acaso no era diferente esa otra Giovanna subyacente, más voluptuosa, vanidosa, desenfadada? Sí, menos áurea. ¿Y no expira en vez de contenerse?”.

Traigo a colación este término tan expresivo en una sola palabra, porque el arrepentimiento, en su acepción no pictórica y dicho de una persona (en la primera acepción de la RAE), lo entendemos como “sentir pesar por haber hecho o haber dejado de hacer algo”. A diferencia de lo que ocurre en el arte en general, en las personas no es posible radiografiar lo que hicimos o dejamos de hacer en algún momento, para que algún día lo sepan los demás, porque además no nos podemos bañar dos veces en el mismo río, aunque la memoria de hipocampo almacene en el cerebro todo lo que nos ocurre en la vida y, además, no se destruya.

Ghirlandaio-Giovanna_Tornabuoni_cropped-579x1024

Ghirlandaio, sirva como ejemplo claro, lo dejó allí para la posteridad. Queda en el aire la gran pregunta de por qué lo hizo, por qué introdujo cambios. Más o menos como nos pasa a nosotros cuando sentimos pesar por haber hecho o haber dejado de hacer algo importante en nuestras vidas. Podemos imaginarlo al leer el texto que figura en el cuadro: “ARS VTINAM MORES / ANIMVMQVE EFFINGERE / POSSES PVLCHRIOR IN TER / RIS NVLLA TABELLA FORET”: “¡Ojalá pudiera el arte reproducir el carácter y el espíritu! En toda la tierra no se encontraría un cuadro más hermoso”. Esta frase [..] es una variación del final de un epigrama del poeta Marcial que alude, en primer lugar, a las virtudes de Giovanna durante su vida, que apenas pueden plasmarse en imágenes y, en segundo lugar, exalta el arte de la pintura, algo así como “mirad de lo que es capaz la pintura” (1).

Quizá tenga que ver algo el pentimento con el perdón, porque perdonar es comprender y a veces comprendemos tanto que no hay nada que perdonar o… de lo que arrepentirnos. En eso consiste la belleza de vivir con dignidad, conocimiento y libertad. Pentimento, en estado puro.

(1) https://depasoarte.blogspot.com/2010/08/ghirlandaio-y-el-renacimiento-en.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.



Érase una vez un cuento perdido…

Sevilla, 02022020

Cuando comencé a leer el artículo me parecieron mágicas sus palabras como entradilla: “Allí donde no hay literatura, donde el papel es imposible y los cuentos no tienen donde posarse, la voz es el único medio para hacer volar historias. Ana Cristina Herreros es la creadora de Libros de las Malas Compañías, una pequeña editorial que rescata los relatos perdidos de pequeñas comunidades de otros países para editar volúmenes cuyos beneficios se reinvierten en un proyecto cultural con ellos”.

Seguí leyendo esta microhistoria hasta el final y desde entonces no he abandonado la idea de compartirla en la Noosfera porque es una noticia amable en medio de tantas macrohistorias para no dormir que nos asaltan a diario por tierra, mar y aire. Me ha fascinado la historia de Ana Griott, cuyo verdadero nombre es Ana Cristina Herreros (León, 1965), “la editora, la emprendedora, la filóloga, la buscadora de oportunidades, de historias y la creadora de los Libros de las Malas Compañías, una pequeña editorial fundada en 2014 que, básicamente, publica lo que le da la gana “sin atender a mercados, sin imprimir en China”, nos recuerda. Ana no tiene cuento y, a la vez, los tiene todos”.

Ana Griott o Ana Cristina, tanto monta monta tanto, cuenta que “los niños de pequeñas aldeas africanas criados por sus abuelas tienen mayor esperanza de vida que los que crecen junto a sus madres. Sus abuelas no dan de comer porque no tienen leche, pero les alimentan con la confianza y la esperanza que dan los cuentos susurrados con cariño”.

Lo que me ha asombrado sobremanera es el epígrafe dedicado en el artículo a descifrar cómo los cuentos nos hacen iguales, una vez rastreados cuentos de todas las latitudes: “Al final los fantasmas de un esquimal son también los de un masái o un pigmeo, solo cambian sus disfraces. Los cuentos son un espejo donde reconocernos todos iguales con los matices efímeros que aporta el contexto. Por eso la esencia de nuestra especie no entiende de nacionalismos, razas ni fronteras. Esos cuentos son como los genes que se transmiten de generación en generación conservando la naturaleza que nos define y con pequeñas mutaciones que aportan diversidad y color pero sin restar talento. Genes que solo desaparecen si no encuentran un soporte vital para perpetuarse, como el papel de bosque sostenible de los libros de Ana Cristina Herreros, la voz que rescata los cuentos perdidos”.

He comprendido mejor que nunca cómo nació en las riberas del Tigris y del Éufrates, en la actual Iraq, el cuento de la creación del mundo y del hombre y la mujer, que se ha transmitido por abuelas y abuelos hasta nuestros días. Pensándolo bien…, es que es muy bello y sugerente: existe un versículo en el Génesis que ha marcado la existencia humana: el 1, 31. El narrador que recogió la tradición oral de la creación [un cuento pedido] agregó un adverbio hebreo no inocente: muy (meod). Mientras que en el relato de la creación, las sucesivas creaciones eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”. Es un cuento, a veces perdido, cuyos personajes han recorrido el mundo con botas de siete mil leguas…, porque los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Hablar, aprovechando además un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones.

Hasta hoy, recordando que para el personaje principal, Dios, la aparición de la mujer y el hombre fue un momento mágico en la creación del mundo. Y que se puso muy contento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.



Soy un hombre lleno de febrero

OFICINA EN UNA CIUDAD PEQUENA

Sevilla, I/II/2020

Comienza hoy un mes rutilante y soy consciente de que estoy lleno de febrero. Lo aprendí en su día de Ángel González:

[…] Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes —y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso…
[…]

Un hombre solo vive esta experiencia en Madrid, en 1954, de nombre Ángel González (1). El problema es que a veces, en Sevilla, en 2020, se encuentra uno solo en un mundo diseñado por el enemigo, como aprendí también, en su día, del poeta Juan Cobos Wilkins. Leo las noticias de hoy y entre coronavirus, Brexit, la rebelión del campo con sus razones de la razón más que del corazón, Davos, la hija de Le Pen en su visita a España sin saber nunca qué es lo que se le ha perdido aquí (VOX sí), subidas sorprendentes de temperaturas que tienen algo que ver con el cambio climático y así, entre otras alegrías de las que no quiero acordarme, intento comprender cómo puedo llenar de sentido este mes que celebra la purificación, Februa, también Februarius, el festival romano de la purificación, más tarde incorporado a las Lupercales, que se celebraba desde antiguo el día 15 del mes romano. Fue el dios romano Februus el que centró su interés en la purificación para expiar las equivocaciones humanas, tratadas siempre de forma errónea, con perdón, como “pecados” y sus consecuencias.

Sigo leyendo a Ángel González para salir de este mar de dudas existenciales y creo que me da un salvoconducto para transitar por días venideros caminando hacia Marzo paso a paso:

[…] —Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto—.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Quiero pensar hoy que tengo por delante un mes y un año para todo, aunque pese mucho el hastío que suelo vivir en lo más profundo de mi ser, porque soy un optimista bien informado que, sinceramente, no es más que la forma de convivir a diario con la razón de ser, en lo más íntimo de mi propia intimidad, un pesimista existencial, tal y como lo aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti (2) en 1999: Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado. Entre pesimismo y optimismo, la duda está servida al comenzar la purificación de febrero. Esa es la cuestión.

NOTA: la imagen es de E. Hopper, 1953, Oficina en una ciudad pequeña

(1) González A. Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta (Seix Barral), 2018 (6ª imp.)
(2) Benedetti M. Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.



¡Blogueras y blogueros del mundo, unámonos!

LINA BEN MHENNI

Sevilla, 31/I/2020

Ha fallecido en Túnez una bloguera extraordinaria, Lina Ben Mhenni, probablemente una gran desconocida para este mundo tan alejado del alma humana revolucionaria y digital, que también existe, cuya historia se recoge en un artículo muy interesante publicado hoy en el diario El País y que las blogueras y blogueros del mundo deberíamos leer con la atención que merece.

El coronavirus acapara hoy la atención mundial y los informativos expanden la noticia y el miedo intrínseco que es libre pero que se debería neutralizar con información verdadera y alejada de sensacionalismos, quizá como la mejor profilaxis temporal hasta que aparezca la vacuna salvadora.

Siendo este contexto real, me ha sobrecogido la vida y obra de esta bloguera ejemplar, porque en medio de tanto ruido mediático contemplo con dolor cómo muere esta mujer extraordinaria, de tan solo 36 años, que tanto ha significado para la primavera árabe y que con un medio tan humilde como su querido blog ha alzado la voz de su pueblo a través del aprendizaje familiar de la dignidad para vivir defendiendo y divulgando los grandes principios de humanismo, libertad, honestidad y dignidad.

En el entierro, al que no pueden acudir mujeres, se ha producido un hecho memorable: un grupo de ellas han llevado su féretro como el mejor homenaje del empoderamiento de la mujer árabe que ella siempre defendió en su blog.

He sentido la necesidad de compartirlo y cada día encuentro más sentido al escribir en este blog después de catorce años dejando el alma en él. Hoy,  muy cerca de Lina Ben Mhenni, que me anima a recoger humildemente su testigo en su medio de expresión tan querido por ella, muy lejos de su país, para que no se olvide su gran obra como bloguera comprometida con la dignidad de ser mujer revolucionaria en una cultura que las olvida diariamente. Hace tan solo unos días escribió en su blog estas palabras conmovedoras: «Desde ayer”, decía, “me siento tan feliz y afortunada, gracias a mis amigos, que me han organizado un homenaje sorpresa. (…) Esta mañana he estado en el hospital, me he hecho los análisis y controles y hay una ligera mejoría. Y es gracias a vosotros: a vuestras palabras, vuestras visitas, vuestros esfuerzos continuos para ayudarme en este periodo muy difícil de mi vida”.

Esa es la razón de por qué resuena hoy en este blog un mensaje con alma en homenaje a ella: ¡blogueras y blogueros del mundo, unámonos para construir un mundo mejor!

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.mag14.com/actuel/38-buzz/101-lina-ben-mhenni-premier-prix-nobel-pour-la-tunisie-.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.



Auschwitz, 75 años después

LA VIDA ES BELLA1

La vida es bella (1997)

Sevilla, 27/I/2020

Hoy se celebra el 75ºaniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Sobrecoge pronunciar este nombre por su significado para la historia. En un silencio compartido con millones de  personas dignas, anónimas, que dignifican el trabajo de cada día, contribuyo a este evento -de cuyo nombre no quiero acordarme- con la publicación de nuevo de un post que dediqué en 2016 a la visita de Francisco a ese lugar de los horrores, sin cambiar una sola palabra de aquellas palabras que nacieron en mi rincón de pensar y que no han perdido actualidad al pasar por el túnel del tiempo.

El trabajo libera

Esta es la leyenda (Arbeit macht frei) que figura todavía hoy en la entrada del campo de concentración en Auschwitz (Polonia), donde murieron en el siglo pasado más de un millón de personas, mayoritariamente judíos. Ayer, los medios de comunicación solo pudieron recoger imágenes del silencio que acompañó al papa Francisco durante su visita al campo de los horrores, sobre todo al entrar bajo el arco en el que figura esta leyenda, que posteriormente le llevó a escribir en español en el libro de visitas una frase transida de dolor: “Señor, perdón por tanta crueldad”, ante el exterminio que se vivió allí, en el contexto de una guerra mundial sin sentido.

En 2002 visité Berlín en un viaje profesional, que incluía un tour por la ciudad con una parada programada en las ruinas de lo que fue el cuartel general de la Gestapo (1934-1945). Fui incapaz de entrar en lo que quedaba de aquella locura y me senté en un montículo de césped, solo, a reflexionar en el horror del III Reich. Volví al autobús con múltiples preguntas que todavía hoy sigo sin resolver, no olvidando nunca ese retazo de la historia, sobre todo para ayudar, salvando lo que haya que salvar, a que jamás se vuelva a repetir la barbarie humana a través de la violencia y el terrorismo de cada día. La nueva guerra mundial.

También, a través de una película maravillosa, La vida es bella, inspirada en una historia real de un prisionero en Auschwitz, pude constatar que el protagonista, Guido Orefice (Roberto Benigni), quería mostrar a su hijo Josué el lado mágico de la belleza de vivir a pesar del horror del nazismo en estado puro. Cuando él y su familia son capturados y llevados a un campo de concentración, el padre se inventa un juego para proteger a su hijo: tiene que conseguir 1.000 puntos para conseguir un carro blindado. Lo demás, hasta el final, lo recordamos con tristeza, aunque el mensaje de Guido Orefice a lo largo de la película es simple y grandioso, porque nos muestra metafóricamente que podemos ser inteligentes, extremadamente humanos, si soñamos como él en tres proyectos, a pesar del sinsentido a veces de cada día: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, cuidando de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Trabajando en el lado amable de la vida hasta el último momento, como él, compartiéndolo siempre con los demás, sobre todo con los que menos tienen.

ARBEIT MACHT FREI

No quiero alterar el deseo expreso del papa Francisco de vivir en silencio sepulcral su experiencia personal e institucional en la visita a Auschwitz, pero al verlo avanzar solo bajo la leyenda “El trabajo libera”, he recordado un poema precioso de Rafael Alberti, Basílica de San Pedro, que figura en su obra “Roma, peligro para caminantes”, porque creo personalmente que ayer podría haberlo recitado también en su persona de secreto, constatando su soledad en una Iglesia institucional y especialmente romana, no católica ni cristiana, que no le da facilidad alguna para ser solo pescador de personas buenas que creen solo en la fe que libera, que es lo suyo:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?
Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Sevilla, 30/VII/2016

Goya pintó la fragilidad de vivir

Sevilla, 26/I/2020

Anoche se entregaron los Premios Goya en su 34ª edición. Estuve muy atento a su desarrollo porque tenía mi película favorita, O que arde, del director gallego Oliver Laxe. Nada que objetar a la gran triunfadora de la noche, Dolor y Gloria, multipremiada y con un reconocimiento de la Academia del Cine a una trayectoria muy digna del universo Almodóvar. Esto es así, pero me emocionó el momento de la recogida del premio a la mejor actriz revelación otorgado a Benedicta Sánchez por su interpretación en «O que arde», dirigida por Oliver Laxe, que también obtuvo el premio a la mejor dirección de fotografía.

Para entender la clave de esta emoción personal y no sé si transferible, publico de nuevo el post que escribí en el pasado mes de octubre de 2019 sobre esta película, porque al conocerla comprendí perfectamente lo que significa la fragilidad de vivir. Si se encuentran en esta situación les invito a leerlo. Para mí, el mejor premio y con la alegría de saber que Goya también pintó, en su tiempo y anoche, la fragilidad de vivir.

La fragilidad de vivir

DEDICATORIA MANUEL RIVAS

Sevilla, 16/X/2019

Manuel Rivas me ha devuelto la ilusión por romper silencios, leyendo una columna suya de cuyo título quiero ahora acordarme: Toda la fragilidad del mundo, dedicada a Oliver Laxe, un director gallego que hace cine de compromiso activo, que tanto aprecio: “Escribo sobre fragilidad después de conversar con Oliver Laxe. Él me habló de “cine frágil”. Y la palabra no se me va de la cabeza. La fragilidad de lo que surge fuera de un previsible canon comercial. Del cine indómito, no clonado, también en peligro de extinción. Pero “frágil” tiene un doble sentido. Un cine que quiere ser arte y no se sonroja al decirlo, no para idolatrar al “arte”, sino como “tabla de salvación”, como una “isla de lo sagrado”. Y lo consigue. Sus películas parecen filmadas en vidrio. Frágiles y duras. El vidrio solo se puede cortar bien con la punta del diamante. Sus personajes son también frágiles, muy humanos, pero con un nimbo que trasciende, con “un no sé qué de eterno”, que decía Van Gogh. Humildes y sublimes. Lo eran en Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), premiadas en el Festival de Cannes, y lo son en especial en O que arde, la película que se estrena en España en estas fechas”.

Todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos. Y este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina” que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

La palabra “fragilidad” es ambigua en el diccionario de la Real Academia Española, tomada como “cualidad de frágil”, entendiendo frágil en sus cuatro acepciones, siempre como adjetivos: “1. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos; 2. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil; 3. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad; 4. Caduco y perecedero. Tiene una historia, como palabra, muy vinculada a la moral más estricta y caduca que podamos pensar, como lo atestigua su primera aparición en el Diccionario de Autoridades en 1732: “En lo moral se toma por la propensión que la naturaleza humana tiene en caer en lo malo”. Sin comentarios.

Vuelvo a la lectura de libros útiles, que me reconforta en medio de tanta fragilidad. Abro las primeras páginas de un libro de Manuel Rivas que tengo como de cabecera, ¿Qué me quieres amor? y me recreo viendo la dedicatoria que nos hizo en una visita a Sevilla en 2016, con una propuesta deslumbrante para tiempos frágiles: puso título a un libro que tengo que escribir sin falta, Por el derecho a soñar, que no olvido a pesar de la fragilidad que me rodea y que, a veces, me destroza el alma.

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La flauta mágica suena en Madrid

LA FLAUTA MAGICA MADRID

La flauta mágica / Teatro Real (Madrid)

Sevilla, 25/I/2020

Se ha estrenado recientemente en el Teatro Real de Madrid, una versión de La Flauta Mágica inspirada en el cine mudo, una ópera de Mozart que me acompaña siempre en mi viaje interior cerca de Papageno, el protagonista cuya profesión es la de encantador de pájaros, sin conocer a veces a qué pájaros hay que encantar porque así es la vida. Mozart escribió esta partitura a modo de testamento espiritual, atendiendo al fondo y a la forma de la misma, entregando al mundo, junto al libreto de Schikaneder, un mensaje de iniciación al espíritu masónico y a toda su simbología. Recomiendo la visualización de un vídeo muy esclarecedor sobre esta ópera que animo a escuchar con la atención que merece José Luis Téllez un experto musicólogo al que respeto y sigo desde hace ya muchos años en Radio Clásica.

La Flauta Mágica permite muchas interpretaciones como pasa en la mayor parte de las situaciones en las que podemos optar en libertad sobre lo que un autor nos quiere transmitir con su obra, ya sea literaria, musical o artística en general. Mozart nunca fue inocente en sus composiciones, muchas veces aceleradas por su situación económica, muy frágil siempre por la enfermedad de Constanze, compañera fiel hasta su muerte. Muestra de ello son los innumerables conciertos a beneficio que organizaba en su casa habitualmente. Por ello, La Flauta Mágica, una composición musical sobre el libreto de Schikaneder, fue un auténtico testamento espiritual de lo que amaba sobre todas las cosas que contemplaba en el mundo, la libertad, un libelo de repudio contra el poder constituido, ya fuera religioso o político y un canto a la libertad de la vida ordinaria, sin negar en ningún momento el alimento espiritual que le brindaba la logia masónica en la que estaba inscrito y que es un trasunto permanente en el libreto que le inspiró siempre esta partitura esplendorosa. Las tríadas de sacerdotes, damas y “muchachos”, presentes en la obra, es una trasposición masónica del número 3.

PAPAGENO3

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena / Marcos Cobeña Morián

He vuelto a leer el libreto que conservo de la versión de La Flauta Mágica dirigida por Sir George Solti, publicada por Decca, en una grabación efectuada en septiembre/octubre de 1969 en la Sofiensaale de Viena, con la Orquesta Filarmónica de Viena, acompañada por el Coro de la Ópera del Estado de Viena. Es maravilloso volver a escuchar a Pilar Lorengar en el papel de Pamina, al famoso barítono Dietrich Fischer-Dieskau en el de antiguo sacerdote y a Hermann Prey en el de mi admirado Papageno.

En el libreto figura un recitativo a tres (siempre el tres masónico) de las Damas, Tamino y Papageno, como una primera declaración de intenciones después del episodio del cierre de la boca de Papageno con un candado, por haber mentido a Tamino y haberse atribuido la muerte de la serpiente que estaba cerca del príncipe: “¡Si todos los mentirosos tuviesen sus labios cerrados con candado, en lugar de odios, calumnias y mentiras, sólo habría amor y fraternidad!”. Creo que tiene una actualidad extraordinaria como mensaje ante las noticias falsas y cotilleos políticos que tanto daño hacen. A continuación figura la escena de la entrega de la flauta mágica al Príncipe Tamino que será la que ayudará en todo momento al protagonista hacia el encuentro con Pamina, la hija de la Reina de la Noche secuestrada por orden de Sarastro y bajo el control de Manóstatos.

La flauta mágica entregada a Tamino y el carillón de Papageno junto a su jaula de pájaros a la espalda, serán a partir de ese momento la expresión más fiel de la dialéctica de ambos protagonistas de la ópera, la de la realeza y la de la plebe, para poder interpretar la obra dignamente. También, sobre la importancia de la fraternidad en el mundo. Más adelante, siempre me ha fascinado el dueto entre Pamina y Papageno en el que ambos comentan el motivo de su encuentro en el palacio de Sarastro, en el que intercambian sus deseos más legítimos de encontrar a personas a las que amar, como bien expresa Pamina: “Debemos disfrutar del amor. Vivimos solamente para el amor”. La tarea de salvar a Pamina se refuerza en los siguientes sucesos de la ópera, hasta llegar a sus escenas finales, en las que Tamino y Pamina se unen en su amor verdadero así como Papageno y su querida Papagena, que se comprende aún más cuando se escucha el dueto que lleva sus nombres.

Escribiendo estas palabras recuerdo mi viaje a Viena en 2007 a través de la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza. Lo contemplé durante bastantes minutos y cerrando los ojos imaginé el día del estreno de su maravillosa ópera, el 30 de setiembre de 1791, dos meses antes de su fallecimiento, dirigiéndola en un teatro muy sencillo, de un barrio alejado del Anillo Real y de la Iglesia Oficial de Viena. Así, hasta hoy en Madrid.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El alma blanca de un actor “negro”, Antonio Banderas

ANTONIO BANDERAS

Sevilla, 16/I/2020

Hemos leído recientemente, en medios de comunicación norteamericanos, que la Academia de Hollywood había nominado a dos actores “de color” a los Oscar de 2020: la actriz afroamericana Cynthia Erivo y el español Antonio Banderas. Es verdad que han rectificado posteriormente, pero les traiciona el supremacismo blanco americano que todavía existe. Inmediatamente, he recordado por la cercanía de la ceremonia de los Oscar y por el hilo conductor de la dialéctica blanco y negro, el artículo que escribí el año pasado con motivo de la concesión de tres Oscar a la película El libro verde del conductor negro, porque refleja lo que esconde el alma americana de la Academia en representación de un país.

Leyéndolo de nuevo encuentro explicaciones a la acromatopsia americana, es decir, a la ceguera al color: “Vuelvo a publicarlo hoy como homenaje al hilo conductor de la película: la necesaria comunicación entre millones de personas diversas (con color de raza incluido) en un mundo diseñado, a veces, por el enemigo. Un relato real y que merece todos los elogios posibles para que Estados Unidos salga de la acromatopsia [la ceguera al color] a la que a veces quiere someter al mundo, donde es verdad que hay algo más que los grises permanentes, que suelen utilizar sus líderes políticos actuales y sus temibles asociados a los que eufemísticamente llamamos “hombres de negro”.

Espero que Antonio Banderas, comprenda con dolor y gloria este equívoco nada inocente y que consiga el Oscar tan merecido por su brillante carrera como actor. Escribo hoy estas palabras como homenaje al actor malagueño, andaluz, porque respondo a la inquietud que ya intuí en aquella ocasión: “¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley [el pianista negro protagonista de El libro verde del conductor negro], porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas”.

También, porque en aquella película oscarizada “Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida”.

Al fin y al cabo, hablamos ahora del alma blanca de un hombre blanco, Antonio Banderas, de Salvador Mallo, el protagonista de Dolor y gloria.

NOTA: la imagen es un fotograma de la película Dolor y gloria.
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El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

GREEN BOOK
Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK
La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares. La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro «animador de color». Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no».

Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Solo os pedimos, nuevo Gobierno de Coalición…

Sevilla, 12/I/2020

Hay una canción en mi banda sonora vital que me llena siempre de emoción ante momentos difíciles. Se trata de una canción preciosa de Pablo Milanés, Solo te pido, que resuena hoy con más fuerza que nunca cambiando lo que haya que cambiar en referencia a renunciar a los personalismos y abrir los tiempos verbales a una conjugación de todas las personas que confiamos en el nuevo Gobierno de Coalición.

Ante el momento histórico que vamos a vivir a partir de mañana, me tomo la licencia de adaptar la letra a estos tiempos actuales de la política en España y creo que acaba sonando igual esa canción tan bella, pidiendo al nuevo Gobierno de Coalición que llenen nuestros espacios vitales, personales y colectivos, con su luz política, que no se queden los proyectos en papeles grises, que saben que millones de personas de este país creemos que otro mundo es posible, que nos llenen de razones para respirar en el clima tan contaminado en la actualidad; que no se hagan las cosas por complacer a unos y a otros sino como reconocimiento a unos derechos como personas y que no hablen solo por hablar.

De verdad, que llenen nuestros espacios vitales con su nueva luz:

No os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

No os pedimos
que nos firméis diez papeles grises para confiar
solo os pedimos
que queráis las palomas que solemos mirar

De lo pasado no lo vamos a negar
el futuro mejor algún día llegará
y del presente qué le importa a la gente
si es que siempre van a hablar

Seguid llenando este minuto
de razones para respirar
no nos complazcáis solo, no os neguéis a los cambios,
no habléis por hablar

Nos os pedimos
que nos bajéis una estrella azul
solo os pedimos
que nuestro espacio llenéis con vuestra luz

Se lo debo hoy a Pablo Milanés: seguir confiando en que otro mundo es posible en beneficio de todos. Sus canciones y su ideología me han llenado siempre de ganas de seguir viviendo dignamente. Esa es la razón de compartirlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.