Al Jesús desconocido

RESCATE OPEN ARMS1

Dedicado a todas las personas que respetan al ciudadano Jesús, hoy y siempre.

Mientras estaba esperando en la calle a su familia, sintió bastante desasosiego al ver la ciudad llena de símbolos de Navidad. Hablaba frecuentemente con amigos del sentido de estos días en charlas interminables y casi siempre finalizaban con un sentimiento de soledad al tomar conciencia de que al analizar estas fiestas en profundidad tenía una sensación parecida a los que gritaban a Pablo en el Areópago de Atenas: “¿Qué querrá decir este charlatán?” Y otros: “Parece ser un predicador de realidades o divinidades extranjeras”. La realidad es que lo único que deseaba era dar sentido a unos días especiales que poco a poco van siendo dominados por la economía de mercado, por la sociedad de consumo. ¡Es la economía, estúpido!, gritaban a su alrededor.

Pasados unos días, unos cuantos lugareños le llevaron a un lugar tranquilo, sin llegar a ser nunca el rincón de pensar, lejos del areópago virtual en el que se ha convertido el mundo, para decirle lo siguiente: “¿Podemos saber cuál es esa reflexión sobre estos días que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas, escribes cosas raras para los tiempos que corren y querríamos saber qué es lo que significan”. La verdad es que muchos ciudadanos de esta ciudad imaginaria en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad o cotilleo digital.

Ya reunidos de nuevo y armado de valor y ardor guerrero les dijo:

“Veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, vuestros belenes, he encontrado uno en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Jesús desconocido» Recuerdo que el Dios que decís que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Dicen que Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: «Porque somos también de su linaje». Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Eso dicen los más respetuosos con la divinidad».

Esta última idea les molestó mucho y se acabó la reunión en un silencio profundo. Algunos comprendieron el mensaje implícito de sus palabras en la Navidad de 2018. Otros se fueron huyendo como de la peste y lo divulgaron por las redes sociales. Se quedó pensando que tal y como se leía en los títulos de crédito finales de las películas de su infancia rediviva, cualquier parecido de aquellas palabras con la realidad de lo aquí ocurrido en la Navidad actual no era pura coincidencia.

Sevilla, 23/XII/2018

NOTA: la imagen de la tripulación del “Open Arms”, durante las tareas de rescate de 307 personas, el viernes 21 de diciembre de 2018 frente a las costas libias, se ha recuperado hoy de https://elpais.com/politica/2018/12/22/actualidad/1545496688_708877.html?rel=mas

Elogio de lo peculiar

ELOGIO DE LO PECULIAR

Peculiar es una palabra preciosa del idioma español, cuyo significado se hace más pleno cuando recurrimos a él como adjetivo que define lo que es propio o privativo de cada persona o cosa. En mi etapa de administrador público me encantaba leer la palabra peculiaridad en la interpretación del alcance de las leyes, porque junto al carácter sustantivo que muchas encierran, otras hablan de las peculiaridades que se deben respetar, como puede ser el desarrollo de leyes de ámbito nacional pero con proyección en los diferentes territorios con sus correspondientes peculiaridades, señalándose artículos concretos que se pueden desarrollar específicamente y atendiendo a las características propias o privativas de una Comunidad Autónoma, por ejemplo. La peculiaridad es un bagaje extraordinario para las democracias actuales y de lo que no se habla habitualmente, porque lo que pretende es establecer la posibilidad de que se respete lo que hace diferente a un territorio y las personas que viven en él, sin que por ello se rompa el principio de unidad que debe regir todo orden democrático sustentado por la legislación en un Estado de derecho.

Esto quiere decir que la peculiaridad es un instrumento muy eficaz para tratar la mejor forma de interpretar el sentido de Estado cuando se defiende que no debe existir solamente el pensamiento único para todo lo que se mueve, a modo de bálsamo de Fierabrás porque es lo que da seguridad jurídica. La política única, la economía única, la educación única, la sanidad única y así sucesivamente en un marco autoritario y decimonónico. Debe haber una estructura común, sustantiva es la palabra, que fije las reglas del juego democrático que hay que conocer y respetar salvando los principios de equidad y accesibilidad al conocimiento y a la libertad de convivencia democrática sana en un Estado de Derecho, pero dejando un margen (todo lo amplio que sea posible) a la aplicación de las peculiaridades de cada territorio en un Estado, Comunidad o Municipio del país que corresponda y de las personas que lo integran, sin dejar a nadie atrás y menos a los que tienen más dificultad para vivir con dignidad personal.

Vivimos momentos muy especiales en este país tan dual, en el que recuperar el correcto sentido de lo peculiar es más urgente que nunca. Las leyes ya se encargan de resaltar lo sustantivo y las peculiaridades de este país caleidoscópico, dejando al poder ejecutivo que proponga formas nuevas de garantizar la seguridad jurídica para la salvaguarda de la convivencia democrática en todas y cada una de sus manifestaciones plurales, lejos del autoritarismo único. Lo que es privativo y propio de cada territorio debe ser respetado, eso sí en el marco común que ordena la Constitución. Lo que es privativo y propio de cada persona debe ser respetado igualmente, porque entre los cerebros dignos de las personas anda el juego, que encuentran su encuadre perfecto en la Constitución para poder vivir en cada territorio de forma ordenada, no única.

Por analogía y para que se comprenda bien la quintaesencia y no el fárrago de lo que significa lo peculiar y su derivada principal, las peculiaridades, recurro a D. Miguel de Unamuno cuando afirmó que a la hora de escribir bien el español había que respetar la peculiaridad de cada uno, acuñando una frase que ha pasado a la posteridad: cada uno con su cadaunada. Lo escribí en este cuaderno en 2009, fruto de una investigación personal: cadaunada expresa a la perfección la individualidad, la realidad personal e intransferible de cada cerebro humano en acción. Y en el esquema de las individualidades hay una que tiene carácter primigenio, la cerebral, tal como ha afirmado el doctor John Mazziotta, un experto en imágenes del cerebro humano de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), cuyo trabajo en el Instituto de Neuropsiquiatría le ha permitido desarrollar su investigación del cerebro de forma multidisciplinar y multimodal, utilizando mapas multidimensionales del cerebro humano y no humano que describen su estructura y función: “Ningún cerebro es igual. Ni en su forma, ni en su tamaño, ni en la forma como está organizado; (…) este es un proyecto [la elaboración de un Atlas cerebral] de la frustración básicamente. Por muchos años, todos lo que estudiamos la estructura y funciones del cerebro hemos tenido que lidiar con el hecho de que no hay dos cerebros iguales ni en forma o tamaño, como tampoco en función, pero cuán diferentes son y cómo debemos compararlos eran dos cosas que no se sabía” (1).

Ante la realidad inexorable de lo peculiar de cada uno, cada una, la propia o privativa de este país, de cada territorio que lo compone, debemos recurrir a Unamuno para comprenderlo en toda su extensión: ello dirá, y no nosotros, ni vosotros, ni los de más allá; ello y sólo ello dirá. Así lo recogía en Ensayos (edición de la Residencia de Estudiantes, III, p. 108): “Que cómo se hace eso? [escribir bien el español]. A la buena de Dios, cada cual como mejor se las componga, salga lo que saliere, cada uno con su cadaunada, y luego… ello dirá. Ello, ello es lo que ha de decir; hay que remachar en esto: ello dirá, y no nosotros, ni vosotros, ni los de más allá; ello y sólo ello dirá”.

Sevilla, 22/XII/2018

NOTA: la imagen corresponde a la ciudad de Peculiar, en el estado de Misuri (EEUU) y se ha recuperado hoy de https://i1.wp.com/lessbeatenpaths.hostguardian.com/wp-content/uploads/2012/02/DSC_5673.jpg

(1) Cobeña, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), 71-73.

El aleluya de Mozart (II)

Todos los años, cuando se acercan estas fechas festivas en torno a una historia que perdura a lo largo de los siglos, la de un niño Jesús proletario, como le gustaba decir a José Saramago, suelo escribir unas palabras que envuelven otras que he escrito en este cuaderno digital en torno a la Navidad. Es mi forma de entender un regalo y su estela, dedicado a las personas que me acompañan en este viaje digital y humano.

En este sentido he querido recuperar hoy unas palabras escritas el año pasado y que deseo recuperar por mi proximidad a Mozart, al que sigo de cerca en mi formación musical actual, intentando comprender lo que soñó al reinterpretar una palabra mágica y su contenido desarrollado en una partitura asombrosa. El aleluya (¡Alabad a Dios!) final de Mozart sigue muy presente en nuestras vidas…, en su música, aunque se ignore que cierra una composición con un libreto esperanzador, donde cada uno, cada una, debe buscar el día amigo que brilla, para que sobrevenga la esperada tranquilidad que necesitamos hoy más que nunca:

Regocijaos, alegraos,
¡oh vosotras, almas felices!
cantando dulces cánticos.
Respondiendo a vuestros cánticos,
los cielos se unirán a mí.

El día amigo brilla,
ahora que tormentas y nubes han huido.
Una inesperada tranquilidad ha sobrevenido para el justo.
En todas partes reinaba la oscura noche,
pero finalmente se alzan felices
incluso los que tenían temores,
regocijándose en la venturosa aurora
y ofreciendo a manos llenas
guirnaldas y lirios.

Tú, corona de las vírgenes,
danos la paz,
mitiga la congoja
que hace suspirar al corazón.

¡Aleluya!

El maestro austriaco siempre apreció con respeto reverencial la música de Haendel. En 1777, bastantes años después del fallecimiento del músico alemán, el compositor Georg Vogler enseñó por primera vez su oratorio El Mesías, a Mozart, en Mannheim, aunque la historia ha demostrado que fue el barón Gottfried van Swieten quien puso un gran empeño en que Haendel fuera conocido y respetado en Viena, entregando varias partituras de Haendel a Mozart con objeto de que las estudiara y preparara una versión actualizada de las mismas. Entre ellas se encontraba la de El Mesías, a la que incorporaría instrumentos más sofisticados que los utilizados por Haendel, tanto en viento como en metales. Así fue y en 1789 se publicó la citada versión reorquestada (KV 572).

Mozart había publicado en Milán, en 1773, una composición muy hermosa con libreto de da Ponte, el motete Exsultate, jubilate (KV 165), que finalizaba con un movimiento final dedicado a una palabra que es el hilo conductor de la Navidad, Aleluya. Escucho muchas veces esta obra cantada de forma asombrosa por Aksel Rikkvin y es todavía más sorprendente el cuidado extremo que tuvo en la revisión de El Mesías de Haendel en esta parte fundamental de la misma. La humildad del compositor austriaco se muestra en todo su esplendor en la partitura de la versión que hizo sobre el maravilloso Mesías de Haendel. Dos formas de interpretar el Aleluya y una sola forma de componer con una espiritualidad incontestable.

En estos días, en los que el mundo se distrae con los recuerdos de aquel acontecimiento que encumbró al Mesías prometido después de su nacimiento, como una de las historias mejor contadas de la humanidad, he querido recordar al compositor de Salzburgo, por la forma de transmitir a través de la música la belleza de la vida que nace en cada momento feliz, que solo se entiende cuando nos proponemos vivir apasionadamente las experiencias del afán de cada día, de cada carpe diem, sin que tengamos que recurrir a la Navidad para experimentarlo ocasionalmente.

¡Aleluya!

Sevilla, 20/XII/2018

Saramago, veinte años después, volvió a Sevilla

CUADERNO NOBEL… tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza.

José Saramago, Cuadernos de Lanzarote II

El miércoles pasado, Saramago volvió a Sevilla. Fue en el Consulado General de Portugal, en un acto promovido por el citado Consulado y la Fundación Saramago, con la colaboración del Centro de Estudios Andaluces y del Centro Andaluz de las Letras, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía en el día de hoy. Las intervenciones sucesivas de los ponentes, con firma incluida del acuerdo del cónsul general de Portugal y de la presidenta de la Asociación Feria del Libro de Sevilla, para que el año próximo se dedique a Portugal como país invitado, dejaron su poso de profundo respeto a la vida y obra de Saramago, destacando por su profundidad, desde mi humilde punto de vista, las palabras de Juan José Téllez, porque se preocupó de destacar en todo momento la fina sensibilidad del autor hacia los más desfavorecidos y al cumplimiento inexorable, actual, de sus “profecías” sobre lo que podría ocurrir en el mundo actual.

DIA LECTURA ANDALUCIA

Efectivamente, la certeza llegó. Pilar del Río nos acercó a la realidad del descubrimiento del cuaderno del año del Nobel escrito en 1998, convirtiéndose hoy en un libro con nombre propio. Nos habló del primer registro y del último de este diario escondido en la memoria del ordenador. El primero, ya lo conocía por haberlo recogido en toda su extensión como un aviso para navegantes, en Cuadernos de Lanzarote II, contando lo que había ocurrido en su jardín en una noche de viento infernal y cómo, a la mañana siguiente, se preocupó de enderezar un pino tres palmos más alto que él, que lo veía sufrir a la hora de mantenerse en pie. Lo socorrió como solo él sabía hacerlo, pensando siempre en el más allá del tiempo. Lo salvó ese día y nos contaba que “anduve reviéndome en mi obra durante todo el día”, más o menos cómo lo hizo en su trayectoria como escritor, reviéndose en sus obras durante todos los días de su vida por coherencia intelectual y como persona pre-ocupada por los demás. Lo hacía y lo sigue haciendo en nuestras almas “como un niño que hubiera conseguido atarse los zapatos por primera vez”.

Tengo bastante avanzada la lectura del cuaderno del año del Nobel, pero recordando una anécdota que contó Pilar en el citado acto, he leído el último registro del diario de 1998 que refleja la humanidad inmensa del escritor. Es la historia de la compra de unos calcetines, donde cuenta la sorpresa de un cliente anónimo en unos grandes almacenes cuando lo descubre agachado y localizando sus peúgas (calcetines, en portugués), preguntándole si ese hombre en esa postura era José Saramago, a lo que respondió: “Sí, soy yo”. “Eso me parecía -ha dicho- , pero como lo he visto aquí solo…”. Él cuenta, en esa aventura en El Corte Inglés de Callao, en Madrid, por más señas, que lo que verdaderamente había desconcertado a este señor no era que estuviera solo en esos menesteres, sino que “un Premio Nobel de literatura estuviera comprando calcetines como cualquier mortal, sin contar, por lo menos, con la ayuda de dos secretarios y la protección de cuatro guardaespaldas. Y encima en una postura tan poco digna”.

Así finaliza este diario anunciado en 2001 por el propio Saramago. Vuelvo a leer el epílogo de Cuadernos de Lanzarote II y allí descubro de nuevo los motivos de permanecer oculto el Cuaderno de 1998, el Sexto en concordia: “Y si el Sexto Cuaderno no llegó a ver la luz del día y permaneció agarrado al disco duro del ordenador, fue sólo porque, envuelto de repente en mil obligaciones y compromisos, todos urgentes, todos imperativos, todos inaplazables, se me quebró el ánimo y también la paciencia para para revisar y corregir las doscientas páginas en las que se habían acogido las ideas, los hechos e igualmente las emociones con que el año 1998 me benefició y alguna vez me agredió”.

De todas formas, lo que me sobrecogió del acto en el Consulado General de Portugal fue una anécdota que contó Pilar sobre el origen del libro más polémico de Saramago. Contó que paseando los dos en Sevilla por la calle Sierpes, se volvió Saramago hacia el célebre quiosco de Curro situado en la zona de La Campana y allí vio escritas unas palabras que luego dieron el título a una obra preciosa: El evangelio según Jesucristo. Bendito momento para Sevilla, justo es recordarlo, a la que volvió el miércoles pasado para recordarnos que lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza, intentando comprender el final de aquella obra nacida curiosamente en esta tierra cuando Dios decía: “[…]: Hombres, perdonadle [a Jesús], porque él no sabe lo que hizo. Luego se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazareth y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas”.

Salí del Consulado en silencio pensando en estas palabras en esta ciudad iluminada para la Navidad, recordando al niño Jesús proletario que Saramago describía en sus pequeñas memorias, porque él estaba conmigo, al igual que me acompañaba durante muchos años Manuel, el amigo imaginario de Marcelino, Pan y Vino: “En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

No lo olvido en este encuentro imaginario en Sevilla, veinte años después. Gracias José Saramago, porque a través de la lectura de tu obra a lo largo de los años, vuelvo a comprender mejor en esta Navidad de 2018 que yo no puedo hacerle todas las preguntas a ese niño divino de mi infancia, ni él puede darme todas las respuestas para que otro mundo sea posible. Por mucho que me duela. Aunque pensándolo bien y como reconoce la sabiduría popular, la dignidad humana siempre acaba triunfando en las respuestas a la vida, porque tras un día, otro viene, y lo que ayer fue duda hoy se convierte en certeza.

Sevilla, 16 de diciembre de 2018, Día de la Lectura en Andalucía.

Bach, Richter… y las mudanzas de mi cerebro

Estoy ensayando en el clave un fragmento del Concierto de Brandenburgo número 3, obra excelsa de Bach, a quien me acerco con respeto reverencial en este tiempo de turbación y revelándome con el consejo ignaciano de no hacer mudanzas ahora. Estoy apesadumbrado con el resultado de las elecciones del pasado 2 de diciembre porque la fragmentación política no creo que nos lleve a nada bueno, sobre todo cuando a las nuevas compañías de transporte especializadas en mudanzas políticas, las escucho acercarse a los centros de poder con exclamaciones que hacen temblar los cimientos de la cordura, pendientes del contrato del siglo. De un lado y de otro, de arriba y de abajo, de derecha y de izquierda, todas, sin excepción alguna.

He acudido a mi memoria de secreto, a mi biblioteca neuronal, como clínicas del alma y he vuelto a leer una reflexión que hice hace ya diez años sobre las mudanzas del cerebro, mío, tuyo, de él o de ella, nuestro, vuestro o de ellos o ellas. No borro palabra alguna de aquel momento de mudanza interna porque me sirve en su totalidad, con una novedad: leerla acompañado por Bach y Karl Richter, maestros en la forma de acercarme cada día a la música, como en este caso, a través de la Tocata y fuga en Re menor, BWV 565. Richter me parece un prodigio como ser humano que amaba la música sobre todas las cosas y su fallecimiento repentino en 1981, cuando solo tenía 54 años, nos privó de seguir escuchando su asombrosa forma de interpretar y dirigir, sobre todo los seis conciertos de Brandenburgo que todavía hoy me sobrecogen al escucharlos, verlos y sentirlos.

Decía ayer que “Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, pasando a otro diferente en lo físico u lo moral (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas) muchas veces a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario de la vida).

Por otra parte, he escuchado muchas veces la frase ignaciana “en tiempo de turbación no hacer mudanza”, en una interpretación ascética de la frónesis (prudencia) griega, de la prudencia como madre de la sabiduría. Ahora bien, ¿qué es turbación?, ¿algo estático o dinámico?, ¿azar o necesidad?, es decir, ¿nos mudamos todos los días o no? La respuesta no está en el viento y el contrato de la perfecta mudanza lo administra segundo a segundo la inteligencia, como capacidad de resolver diariamente los problemas comunes y específicos de cada ser humano, en la búsqueda incesante del bienestar y bien-ser. En definitiva, ética de la felicidad, ética neuronal, porque en una danza admirable -una mu-danza perpetua-, cien mil millones de neuronas están viajando constantemente en nuestra corteza cerebral para responder a un programa de vida genético que luego tiene que modularse con el medio en el que cada ser humano nace, crece, se multiplica y muere. La estructura del cerebro al nacer “ya está instalada” que diría Gary Marcus. Antes, incluso, de la mejor mudanza existencial que existe: nacer a la vida, en el esquema de Wright. Pero estamos obligatoriamente obligados a viajar constantemente hacia alguna parte. Hacia dónde solo merece la pena (yo diría la alegría…) cuando es hacia adelante. Lo manifiesto así por coherencia con lo que yo vivo diariamente en una mudanza cerebral, personal e intransferible, como determinadas nieves: perpetua. Porque no lo sé todo, porque no tengo garantizado casi nada, porque cada vez voy más ligero de equipaje, porque no me gusta mirar atrás y menos con ira, porque este siglo tiene horizontes de grandeza que no coinciden con mis patrones de educación para ser un buen ciudadano, porque el trabajo público está cada vez más “tocado” respecto del bien común, porque se confunde habitualmente valor y precio, porque la ética está en horas bajas, porque el sufrimiento de las personas que quiero sigue haciéndome preguntas que no sé contestar, y porque constantemente me adelantan las personas maleducadas por la izquierda y por la derecha, en el pleno sentido de las palabras.

¿Pesimista? No, optimista bien informado sobre la turbación. Y no quiero pasar como un idiota por la vida. Ya sé que el saber sobre las mudanzas tampoco ocupa lugar [en el cerebro]. Pero, aunque no lo haya anotado Steven Wright en su diario para esta ocasión, en mi 26.901º día de existencia [actualizado a 13/XII/2018], ¡me queda ya tan poco sitio!… “.

Para quedarme más tranquilo ante tanta turbación, he recordado también que Adán y Eva no fueron expulsados…, sino que se mudaron a otro Paraíso. Quizá es lo que necesito hacer hoy escuchando, viendo y sintiendo el mensaje de Richter y Bach que comparto con la noosfera, la malla pensante digital de la que ya hablaba hace más de un siglo Pierre Teilhard de Chardin, a quien debo una de mis mudanzas interiores más llena de turbación.

Sevilla, 13/XII/2018

Vox populi o la voz del pueblo andaluz

ELECCIONES ANDALUCIA 2018

Aquella tarde romana de 15 de diciembre de 1976 hice cola en el consulado de España en Roma para votar a favor del referéndum para la reforma política, habiendo escuchado días antes en mi radiocasete Grundig una canción que servía de sintonía nacional para promover la participación en un hecho histórico y que marcó el inicio de una etapa democrática extraordinaria para unir las dos Españas. Aquella canción era Habla, pueblo, habla, con un mensaje que todavía mantengo vivo en estos momentos andaluces en el que suena una determinada vox populi, que ha entrado en tromba en el escenario político de Andalucía.

Habla pueblo habla
Tuyo es el mañana
Habla y no permitas
Que roben tu palabra

Habla pueblo habla
Habla sin temor
No dejes que nadie
Apague tu voz

Habla pueblo habla
Este es el momento
No escuches a quien diga
Que guardes silencio

Habla pueblo habla
Habla pueblo sí
No dejes que nadie
Decida por ti

Cuarenta y dos años después el pueblo andaluz ha hablado a través de las urnas en las elecciones del pasado 2 de diciembre, pero también ha callado con una abstención clamorosa, 2.602.456 electores. Hoy, en la cola de la vida diaria, me he preguntado qué pasa en Andalucía para que más de dos millones y medio de andaluces no hablen si suyo es también el mañana, si con su silencio permiten que otros sean los que intenten solucionar sus problemas o agravarlos, según se mire; si cientos de miles pueden apagar la voz de sus deseos legítimos pero no expresados mediante el voto, porque se guarda silencio de cuatro años, porque al final varios millones de andaluces y andaluzas deciden por ellos.

Me preocupa la aparición de Vox, pero más el silencio de la vox de millones de andaluces que no han votado. Lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa cuando Andalucía no habla. ¿Nos preocupa? No me extraña la sorpresa del éxito de Vox, el partido del que tanto hablamos desde que conocimos los resultados del día 2 y cuando tomamos conciencia del millonario silencio de la abstención, por desafección política, cansancio, desencanto, acción voluntaria a sabiendas de lo que se hace al no acudir a las urnas o por la ausencia ética y de convicción en la trayectoria histórica anterior de los partidos en liza. Todo se debería examinar con lupa en beneficio de la democracia andaluza.

Sinceramente, echo de menos cantar a los cuatro vientos Habla, Andalucía, Habla, recordando aquella fría tarde romana de 1976, en la que soñaba con tiempos de democracia y libertad. No lo olvido en estos momentos de turbación y de necesarias mudanzas del alma.

Sevilla, 11/XII/2018

 

 

¿Es humana la inteligencia artificial de las máquinas?

SCIENCE ALPHAZERO

El viernes pasado saltó al mundo un artículo muy interesante publicado en la prestigiosa revista Science, en el que se explica que una máquina, AlphaZero, juega por primera vez sola, de forma independiente, sin tediosos aprendizajes previos: “De cero (de ahí su nombre), sin ayuda ni ejemplos de jugadores reales. En otras ocasiones, el ordenador aprendía porque lo alimentaban con todo el conocimiento humano, millones de jugadas y ejemplos reales, y a partir de ahí el cerebro de silicio elegía las mejores estrategias. Deep Blue venció así a Kaspárov. Y AlphaGo venció así a Lee Sedol. Pero AlphaZero aprende de sí mismo y en apenas un puñado de horas; tan solo le explican las reglas del juego y a partir de ahí ha sido capaz de convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos en estas tres disciplinas” (1).

La frase que verdaderamente me ha conmovido es la conclusión a la que ha llegado AlphaZero después de asombrar al mundo con sus capacidades: el conocimiento humano es un lastre, revolucionando por ahora tres mundos muy concretos: al ajedrez convencional, el shogi y el go. Teníamos noticias de este aserto de una máquina altiva a través de la publicación que a tal efecto se llevó a cabo por la división de Google Deep Mind en octubre de 2017, en la que ya se hacían afirmaciones de este gran calado.

Científicos especializados en inteligencia artificial ponen ribetes de acero a estas experiencias, sobre todo porque están desarrolladas en ámbitos muy determinados y concretos donde las reglas del juego están muy claras: al final siempre hay que vencer al rey, por ejemplo, en el ajedrez y porque el tablero en el que se desarrolla el juego es siempre el mismo. Si cambiara el tamaño, dicen los creadores de AlphaZero, sería un desastre para la inteligencia de la máquina todopoderosa que ahora hace estragos. Es una inteligencia que no admite cambios ni sobresaltos, donde la inteligencia humana puede hacer florituras impensables. Afortunadamente.

Decía Hipócrates (Cos, 460 a.C.-Larisa, 377 a.C.) en un libro precioso,  Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou),  que “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”.

Después de veinticinco siglos hemos llegado a dar al cerebro la dimensión digital a través de la inteligencia humana, la única capaz de resolver problemas mucho más complejos de los que resuelve hoy AlphaZero. Fundamentalmente, porque la inteligencia digital nos permite resolver problemas diarios con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, cuando sabemos distinguir bien que pueden ser en algún caso de doble uso, porque no son inocentes. Que el cerebro humano, a través de la inteligencia y de la palabra, es el gran artífice para encontrar respuestas a través de Internet, como expuse en 2006 en un post dedicado al siglo XXI, como el siglo del cerebro: “Este cuaderno, que poco a poco se va configurando, tiene su razón de ser en el cerebro, donde se instala la inteligencia digital y donde está su primer motor inmóvil que permite desde la preconcepción desarrollar capacidades fabulosas de ser en el mundo. Lo que pasa es que siempre se trabaja en la actualidad con una mala noticia: no sabemos casi nada de lo que pasa en la caja fantástica a la que llamamos “cerebro”. De todas formas, hemos comenzado una aventura fascinante porque en este rincón del mundo vamos a hacer un esfuerzo por democratizar lo que vamos sabiendo del mismo y lo vamos a poner a disposición de la comunidad red. Seguro que entre todos vamos a tejer una malla de conocimiento en todas sus posibles manifestaciones. Llegará el día que podamos abrir categorías y páginas (en lenguaje bloguero) divulgativas, especializadas, de investigación democratizada y no solo de la élite del poder que da siempre el conocimiento, con objeto de hacer un homenaje permanente al auténtico patrimonio de la humanidad todavía por descubrir. Cien mil millones de posibilidades (neuronas) para grabar acontecimientos vitales, diferentes, que caracterizan a cada ser humano, me parece algo sorprendente. También, ilusionante”.

Es maravilloso el trabajo que realizan los científicos del proyecto AlphaZero porque nos permiten ser optimistas en el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de por qué enferma, con todo lo que supone la enfermedad mental hoy en todas y cada una de sus manifestaciones. Sé que es una cita clásica en este blog, pero siempre la recuerdo para que no olvide la quintaesencia del ser humano, sobre todo la de los que menos tienen, aunque posean el tesoro más preciado de la humanidad: el cerebro humano:  “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital” (Negroponte). Sin olvidar tampoco el mensaje preciso y precioso de Hipócrates de Cos que citaba anteriormente y que todavía hoy resuena en mi mente como algo transcendental en su contenido explícito a través de palabras, que aún nos quedan.

Las máquinas tienen que seguir aprendiendo de los diseños humanos, por mucho que AlphaZero piense que el conocimiento humano es un lastre para ella. Es lo que, en un lenguaje muy cercano, de andar por casa, nos cantaba Enrique Morente en su soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia /Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Sevilla, 9/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://science.sciencemag.org/content/362/6419

(1) Salas, Javier (2018, 7 de diciembre). Una máquina se enseña a sí misma a ganar en todo, elpais.com

 

Quiero a la Constitución como para leerla cada noche

. FALTA MAR

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Mañana cumple nuestra Constitución cuarenta años, recordando fechas inolvidables al ser aprobada por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en el rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto andaluz. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad de Cataluña, hemos reaccionado tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de libertad. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Lo sucedido el pasado domingo en las elecciones de Andalucía son un reflejo de la imprescindible transformación social que necesitamos abordar para reforzar el sentido del voto constitucional ante la clamorosa ausencia en las urnas de más de dos millones de electores andaluces. Sin votos la democracia se debilita hasta extremos inconcebibles porque algo pasa en nuestra sociedad para que haya esta deserción de participar en la ceremonia democrática por excelencia a través del voto personal e intransferible. O la realidad del voto del desencanto que ha canalizado Vox con sus artes marciales.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran también en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para leerla cada noche. No lo olvido en el marcapáginas del libro de mi vida. El país, nuestra Comunidad debe aspirar siempre a ser una asociación de personas libres articulada por la Constitución.

Sevilla, 5 de diciembre de 2018, un día antes del 40 cumpleaños feliz de la Carta Magna que permite aunar el amor y el sufrimiento de millones de ciudadanos y ciudadanas en este país tan necesitado de señas de identidad de Estado que se articulen a través de la Constitución.

NOTA: la imagen que encabeza este post es mía, tomada en Punta Calero (Lanzarote) en agosto de 2010.

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

La jornada de reflexión hermosea la democracia

ENCRUCIJADA

Hoy estamos viviendo la jornada de reflexión en Andalucía ante las elecciones al Parlamento de la Comunidad Autónoma que se celebrarán mañana. Me he detenido a leer con detalle las diferentes modalidades del lema “reflexión” y sus derivados en el Diccionario de Autoridades que tanto aprecio y en su contexto he descubierto una palabra vinculada con el adverbio de modo “reflexivamente” que recupero para festejar esta jornada. Se trata del verbo “hermosear” que vinculo hoy a la democracia porque ésta se hermosea con la reflexión que podemos llevar a cabo antes de acudir al acto de votar. Votar enriquece la democracia, la hermosea que decían los clásicos, porque mediante el voto responsable se considera y se da una segunda oportunidad a nuestro acto de decidir porque, en definitiva, se piensa más cuidadosamente todo.

Así reflexionaban nuestros antepasados del siglo XVIII en este país y así lo recogió el Diccionario de Autoridades (1734) para la posteridad, enriqueciendo ese acto tan sencillo, aparentemente, de reflexionar. La calidad intrínseca que contiene el verbo hermosear también lo recoge el citado diccionario con una acepción preciosa: “Hacer vistosa, perfecta y hermosa una cosa”. Quizá está ahí su encanto, porque si reflexionamos hoy sobre lo que va a ocurrir mañana a través de mi voto responsable, con sus consecuencias obvias, hacemos vistosa, perfecta y hermosa la democracia.

Para que no se olvide ni siquiera un momento en esta jornada tan vistosa de reflexión.

Sevilla, 1/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://blog.cristianismeijusticia.net/2015/04/10/inmigracion-y-nuevas-encrucijadas-como-ser-profeta-en-un-mundo-diverso

Elecciones en Andalucía: el Partido Abstencionista

ABSTENCION

Si hay algo que me preocupa en las elecciones de Andalucía es la abstención en su fondo y forma. Los datos de las últimas elecciones en 2015 fueron ya muy preocupantes porque quien ganó en Andalucía fue la abstención: un 36,6% del censo de votantes o lo que es lo mismo, 2.266.104 votantes no fueron a las urnas a depositar su voto. Es una cifra para reflexionar porque el triunfador relativo, el Partido Socialista, obtuvo el 35,41% del censo, con un total de 1.411.278 votos, casi un millón de personas menos de los que se abstuvieron en aquella ocasión.

Creo que tenemos el deber de votar en esta ocasión transcendental para Andalucía. Sabemos lo que queremos y a través de los programas conocemos quién habla de lo de siempre sin aportar nuevas ideas y proyectos y quién desea transformar honradamente Andalucía, que tanta atención necesita en sus puntos más débiles: paro, ética política y atención preferente a la educación, salud y servicios sociales.

Con ocasión de las elecciones generales al Congreso en 2016 escribí un artículo con el hilo conductor de la abstención, El Partido Abstencionista, en el que también analicé su proyección en Andalucía: “¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término “democracia”, porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable”.

Los datos arrojan un dato preocupante: en torno a dos millones de votantes andaluces no suelen participar en los comicios, ni generales ni autonómicos. Hoy día los necesitamos porque lo único que puede aunar voluntades en la participación democrática mediante la inserción en la urna del sobre verde. Es la única forma que ofrece la democracia de poder transformar lo que no nos está haciendo bien alguno, pensando en uno mismo y en los demás.

A diferencia de lo que decía Groucho Marx, tengo unos principios sobre la abstención y si no gustan ya digo alto y claro desde este foro que no tengo otros. Lo repetiré una y mil veces y antes del día de reflexión vuelvo a pronunciarme sobre esta realidad social, la abstención, que tanto daño hace al progreso de la democracia y por extensión, ahora, a esta Comunidad Autónoma: “Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota.

La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco o verde, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no».

Lo que no se comprende, aunque sea legítima, es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país o la Comunidad Autónoma, Andalucía en concreto en este aquí y ahora, viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 30/XI/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.0800flor.net/wp-content/uploads/2012/10/la-foto-2.png