¿Es humana la inteligencia artificial de las máquinas?

SCIENCE ALPHAZERO

El viernes pasado saltó al mundo un artículo muy interesante publicado en la prestigiosa revista Science, en el que se explica que una máquina, AlphaZero, juega por primera vez sola, de forma independiente, sin tediosos aprendizajes previos: “De cero (de ahí su nombre), sin ayuda ni ejemplos de jugadores reales. En otras ocasiones, el ordenador aprendía porque lo alimentaban con todo el conocimiento humano, millones de jugadas y ejemplos reales, y a partir de ahí el cerebro de silicio elegía las mejores estrategias. Deep Blue venció así a Kaspárov. Y AlphaGo venció así a Lee Sedol. Pero AlphaZero aprende de sí mismo y en apenas un puñado de horas; tan solo le explican las reglas del juego y a partir de ahí ha sido capaz de convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos en estas tres disciplinas” (1).

La frase que verdaderamente me ha conmovido es la conclusión a la que ha llegado AlphaZero después de asombrar al mundo con sus capacidades: el conocimiento humano es un lastre, revolucionando por ahora tres mundos muy concretos: al ajedrez convencional, el shogi y el go. Teníamos noticias de este aserto de una máquina altiva a través de la publicación que a tal efecto se llevó a cabo por la división de Google Deep Mind en octubre de 2017, en la que ya se hacían afirmaciones de este gran calado.

Científicos especializados en inteligencia artificial ponen ribetes de acero a estas experiencias, sobre todo porque están desarrolladas en ámbitos muy determinados y concretos donde las reglas del juego están muy claras: al final siempre hay que vencer al rey, por ejemplo, en el ajedrez y porque el tablero en el que se desarrolla el juego es siempre el mismo. Si cambiara el tamaño, dicen los creadores de AlphaZero, sería un desastre para la inteligencia de la máquina todopoderosa que ahora hace estragos. Es una inteligencia que no admite cambios ni sobresaltos, donde la inteligencia humana puede hacer florituras impensables. Afortunadamente.

Decía Hipócrates (Cos, 460 a.C.-Larisa, 377 a.C.) en un libro precioso,  Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou),  que “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”.

Después de veinticinco siglos hemos llegado a dar al cerebro la dimensión digital a través de la inteligencia humana, la única capaz de resolver problemas mucho más complejos de los que resuelve hoy AlphaZero. Fundamentalmente, porque la inteligencia digital nos permite resolver problemas diarios con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, cuando sabemos distinguir bien que pueden ser en algún caso de doble uso, porque no son inocentes. Que el cerebro humano, a través de la inteligencia y de la palabra, es el gran artífice para encontrar respuestas a través de Internet, como expuse en 2006 en un post dedicado al siglo XXI, como el siglo del cerebro: “Este cuaderno, que poco a poco se va configurando, tiene su razón de ser en el cerebro, donde se instala la inteligencia digital y donde está su primer motor inmóvil que permite desde la preconcepción desarrollar capacidades fabulosas de ser en el mundo. Lo que pasa es que siempre se trabaja en la actualidad con una mala noticia: no sabemos casi nada de lo que pasa en la caja fantástica a la que llamamos “cerebro”. De todas formas, hemos comenzado una aventura fascinante porque en este rincón del mundo vamos a hacer un esfuerzo por democratizar lo que vamos sabiendo del mismo y lo vamos a poner a disposición de la comunidad red. Seguro que entre todos vamos a tejer una malla de conocimiento en todas sus posibles manifestaciones. Llegará el día que podamos abrir categorías y páginas (en lenguaje bloguero) divulgativas, especializadas, de investigación democratizada y no solo de la élite del poder que da siempre el conocimiento, con objeto de hacer un homenaje permanente al auténtico patrimonio de la humanidad todavía por descubrir. Cien mil millones de posibilidades (neuronas) para grabar acontecimientos vitales, diferentes, que caracterizan a cada ser humano, me parece algo sorprendente. También, ilusionante”.

Es maravilloso el trabajo que realizan los científicos del proyecto AlphaZero porque nos permiten ser optimistas en el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de por qué enferma, con todo lo que supone la enfermedad mental hoy en todas y cada una de sus manifestaciones. Sé que es una cita clásica en este blog, pero siempre la recuerdo para que no olvide la quintaesencia del ser humano, sobre todo la de los que menos tienen, aunque posean el tesoro más preciado de la humanidad: el cerebro humano:  “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital” (Negroponte). Sin olvidar tampoco el mensaje preciso y precioso de Hipócrates de Cos que citaba anteriormente y que todavía hoy resuena en mi mente como algo transcendental en su contenido explícito a través de palabras, que aún nos quedan.

Las máquinas tienen que seguir aprendiendo de los diseños humanos, por mucho que AlphaZero piense que el conocimiento humano es un lastre para ella. Es lo que, en un lenguaje muy cercano, de andar por casa, nos cantaba Enrique Morente en su soleá de la ciencia: Presumes que eres la ciencia /Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Sevilla, 9/XII/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://science.sciencemag.org/content/362/6419

(1) Salas, Javier (2018, 7 de diciembre). Una máquina se enseña a sí misma a ganar en todo, elpais.com

 

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