DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 1. Necesidad urgente de Política Digital

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Vuelvo una vez más de mi corazón a mis asuntos. Inicio hoy una serie dedicada a los big data de carácter público (datos públicos masivos), por ser el marco natural profesional en el que me he desenvuelto siempre y porque estoy convencido que es un yacimiento de inteligencia pública digital que se debe poner siempre al servicio de la ciudadanía, que es de donde se recopila la información depositada en la Administración de forma natural. En este cuaderno digital he escrito muchas veces sobre inteligencia pública digital y se puede rastrear esta información a través del buscador que contiene. Ahora, solo quiero recordar el hilo conductor de los artículos referidos, entendiendo este constructo mediante una metodología en la que llevo trabajando varios años: la deconstrucción de las acepciones tradicionales de Inteligencia, acompañada de dos adjetivos: Pública y Digital con mayúscula, porque nos referimos exclusivamente a la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos.

La definición de “big data” que utilizan Viktor Mayer-Schönberger y Kennet Cukier en su libro “Big data. La revolución de los datos masivos”, me parece un punto de partida muy interesante para enmarcar estos apuntes digitales: “capacidad de la sociedad de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios de valor significativo”. Fíjense que si agregamos el adjetivo “público” a esta definición, llegamos a una conclusión muy parecida a la que he venido desarrollando como inteligencia pública digital a lo largo de los últimos diez años: capacidad de la ciudadanía de aprovechar la información de formas novedosas, para obtener percepciones útiles o bienes y servicios públicos de valor significativo, a través del Gobierno correspondiente y de la Inteligencia de las personas que trabajan en la Administración Pública que utilizan las Tecnologías de la Información y Comunicación para ejercer sus competencias garantizando el acceso de los ciudadanos a los citados bienes y servicios públicos.

De esta forma, se comprende bien el constructo inteligencia pública digital que sustenta los datos masivos de carácter público, como base de la política de interés público digital, a través del gobierno digital correspondiente, en ámbitos tan importantes como la educación, salud y servicios sociales, entre otros, con las acepciones siguientes:

  1. La ciudadanía es capaz de adquirir destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan en la relación con el Gobierno y la Administración digital, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida [la habilidad] de haberse hecho muy capaz de ella [por la voluntad del Gobierno correspondiente], en el marco de lo propugnado por el Artículo 103 de la Constitución al referirse de forma muy breve a la Administración.
  2. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba mediante disposiciones, el desarrollo de la capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  3. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, decide y aprueba que la inteligencia pública digital permite a la ciudadanía, a la que sirve, adquirir conocimiento por empoderamiento, como capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para el contexto comunitario o cultural en el que viva, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación (Big Data).
  4. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe saber discernir que la inteligencia digital es un factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás (Big Data), a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
  5. El Gobierno digital correspondiente, a través de la Administración Pública, debe desarrollar la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica del doble uso, con una vigilancia adecuada por parte de la Administración Pública (a través de Big Data).

Creo que como punto de partida es un planteamiento ideológico muy correcto, pero el problema estriba en que es imprescindible que se aborde en el marco de una política digital de Estado desde el punto de vista legislativo, porque al final tiene que estar ordenada y no solo organizada (de ahí la diferencia). La política digital de los datos masivos de carácter público (big data public), tiene que tener carácter sustantivo y no solo de conglomerado de peculiaridades de las Comunidades Autónomas, como si la política digital fuese una carrera de relevos 4×400. Estamos hablando de derechos y deberes digitales, no solo de mercancías centradas en bienes y productos digitales de libre adquisición por la ciudadanía.

Las políticas digitales de big data de carácter público, necesitan esta cobertura estatal, de gobernanza desde el Estado, con una visión de estrategia pública digital de amplio espectro. No todo debe quedar en el cumplimiento de la Agenda Digital europea, aunque figure en el nomenclátor de un Ministerio compartido con realidades tan heterogéneas como energía y turismo, como lo hemos conocido sobre el papel del BOE el viernes pasado. O el desarrollo de esta Agenda solo para exquisitos digitales que solo serán los que al final tendrán acceso a todos los beneficios que contempla. Tiene que ser una decisión de Estado, planificada y legislada, para que el principio de equidad digital no se rompa nunca.

Como decía en la Introducción de mi libro Gobierno electrónico, abierto, en Andalucía, sigo haciendo una defensa a ultranza de la capacidad del recurso no agotado en este país, la inteligencia: “[…] porque el cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, dado que es su componente esencial, […]. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y cómo se reacciona ante ella. Asimismo, expresan estas páginas la necesidad de frecuentar el futuro, utilizando el tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en mi cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Por último, recuerdo una aclaración sustantiva para comprender bien qué significa la Política Digital, como acción estratégica, planificada, programada y financiada por el Gobierno correspondiente y no solo como responsabilidad de la Administración: no hay que confundir Gobierno Digital con Administración Digital, porque el antecedente es el Gobierno no la Administración, que siempre es consecuencia de quien tiene la responsabilidad de administrarla. Gobierno Digital es la continua optimización en la prestación de servicios públicos, acceso a la información pública (Big Data) y participación ciudadana mediante la transformación interna y externa de las relaciones institucionales, personales y sociales, con base en el uso de las TIC, como actitud política sostenida en el tiempo y en programas políticos llevados a cabo por la Administración Pública Digital. La Administración Digital utiliza las Tecnologías de la Información y Comunicación como soporte del Gobierno Digital, como componentes del mismo. Es decir, no existe Administración Digital sin Gobierno Digital, no se deben alterar los términos, porque se da el caso de Administraciones que tienen magníficas infraestructuras digitales sin Gobierno Digital alguno o muy desdibujado. No hablemos si esto ocurre con los datos públicos masivos, porque el problema no son las infraestructuras o programas digitales de la Administración, sino de la estrategia digital que figure en la Política Digital del Gobierno correspondiente. Esa es la cuestión.

Sevilla, 5/XI/2016

(1) Mayer-Schönberger, Viktor y Cukier, Kenneth (2015, 2ª ed.). Big data. La revolución de los datos masivos. Madrid: Turner Publicaciones.

NOTA: la imagen ha sido recuperada hoy de: http://www.ingenieur.de/Branchen/IT-Telekommunikation/Anwendungen-Mangelware

Continuidad, nada cambia

Acabamos de conocer la composición del nuevo Gobierno y todo es continuidad, nada cambia, aunque todo está cambiando en nuestras vidas y hay muy pocas zonas seguras en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), lo grababa en la razón y en el corazón, en etapas que han quedado registradas en la memoria situada en una región profunda de mi cerebro, el hipocampo, mediante su compromiso activo a través de la música:

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos.

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

En estos días, especialmente duros en la vertiente política, económica y laboral, estamos tomando conciencia de que sufrimos el síndrome de la inadaptación permanente ante una situación de la que hemos perdido el control, tomándolo otros que ni siquiera conocemos a veces y que están perfectamente identificados, habiéndonos quedado con su cara, que es la de siempre, la que refleja de forma dura una seria advertencia: no es bueno tanto cambio y esto no puede continuar así, arriesgando tanto dinero de unos pocos en un mundo de muchos, que además es muy manirroto:

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Les cuento ahora la verdad, la intrahistoria de estas palabras. He mantenido un texto escrito en 2011 sobre el Club de las Personas Dignas. He considerado que hoy es bueno que hablemos de esto en el Club, por higiene mental, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, pero compartiremos la realidad cambiante, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los tristes y los tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y se frotarán las manos en el  nuevo Gobierno, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas:

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Sevilla, 3/XI/2016

He andado muchos caminos…

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He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

Antonio Machado, en Soledades (1903)

La semana pasada me invitaron a participar en un acto académico en la Universidad de Huelva, presidido por el Rector y la Decana de la Facultad de Trabajo Social. El motivo era la celebración del 50 aniversario de la creación de la Escuela de Asistentes Sociales, en Huelva, donde se inició la andadura que finalizaría en este siglo con la creación de la Facultad de Trabajo Social, en la que estudian ya en este Curso más de quinientos alumnos. Fue una experiencia cargada de sentimiento que, como diría Alberti, se escuchó mucho más fuerte que el viento, porque un acto académico de este nivel si no tiene sentimiento es eso, solo un acto. Compartí la mesa de ponentes con personas que han ejercido la dirección desde 1978, cuando era Escuela de Trabajo Social y hasta hoy, como Facultad.

Adjunto a continuación las palabras que pronuncié, recordando los cinco años que dirigí aquella querida Escuela, recién llegado de Roma, donde además ejercí la docencia, cuestión que era incuestionable para mi al tiempo de ser director de la misma.

Sevilla, 3/XI/2016

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He andado muchos caminos

FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL – 50 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA PRIMERA ESCUELA DE ASISTENTES SOCIALES DE HUELVA

Autoridades académicas, claustro de profesores de la Facultad, entre los que hoy figuran alumnos de mi etapa como Director y profesor; profesoras, profesores, alumnas y alumnos de ayer y de hoy:

Empezar esta intervención conmemorativa de cincuenta años de vida de unos estudios que han andado muchos caminos sociales y han abierto también muchas veredas, “es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial”. Así lo expresaba Ítalo Calvino en una obra preciosa, El arte de empezar y el arte de acabar, que se publicó después de fallecer días antes de pronunciar unas conferencias en Harvard, en 1985, sobre seis propuestas para el próximo milenio. La Escuela de Asistentes Sociales nació en diciembre de 1966 en esta ciudad y ahora me invitan a participar en este acto conmemorativo por el hecho de haber sido Director de la misma de 1978 a 1983, en el milenio anterior, una etapa fascinante para mi persona de todos y, sobre todo, la de secreto.

Hay una palabra en el Diccionario de la Lengua Española, agradecimiento, que traduce bien lo que quiero expresar con palabras en este día especial. Sobre todo, aprecio la definición que recoge el Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, 120,2), que se ha comprendido socialmente de forma especial a lo largo de los siglos: agradecimiento es “El arte de reconocer, estimar y satisfacer el beneficio recibido”. Primero, por haber sido invitado por la Decana de esta Facultad a participar en una efeméride que para mí no es inocente, como casi todo lo que pasa en la vida. Después, porque esta Facultad tiene una intrahistoria muy querida para mí en años concretos, de los que quiero hablar brevemente. Llegué a la Escuela de Asistentes Sociales en 1977, como profesor, atento a lo que estaba sucediendo en ella, en una crisis institucional de la misma que se fraguó en el primer trimestre de 1978, con una fecha que no he olvidado nunca, el 6 de marzo de ese año, porque ese día se atisbó una solución institucional que desembocaría después en el nacimiento de la Fundación de la que hablaré más adelante. En la Cantata de Santa María de Iquique, declamada excelentemente por el grupo chileno Quilapayún en años de dolor para su país de origen, figura una idea de la que aprendimos algo importante: “con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”. La he recordado siempre porque es verdad que, en esos días, vivimos y compartimos una crisis total para su propia supervivencia, en momentos trascendentales de reivindicación de profesores y alumnos para que Huelva no perdiera un Centro educativo necesario, una ciudad que debía dar base sólida de educación y conocimiento a su presente y futuro más inmediato, que le permitiera ser más próspera y libre. Esta toma de conciencia por parte de profesores y alumnos de aquella época, así como encierro, lucha en la calle y presencia en los medios de comunicación, permitió que se fraguara un proyecto del que me nombraron por unanimidad director, que permitía consolidar una figura jurídica que sustentara la Escuela bajo la denominación de Fundación “Escuela de Trabajo Social de Huelva” y que desde mayo de 1980 comenzó su andadura hacia el mundo universitario en el que nos encontramos hoy. Personalmente viví momentos trascendentales de la Escuela durante ese tiempo fascinante, como director y profesor durante cinco años y hasta 1983, en los que todavía recuerdo cómo pudimos consolidar con la Escuela un proyecto de centro educativo de referencia, elaborando un plan de estudios sólido, dignificando los salarios del profesorado, restaurando el edificio de la calle Miguel de Unamuno, con obras de mejora donde ganamos espacio para tener mejores aulas, biblioteca, salón de actos, iluminación adecuada, espacios administrativos, etc.

En los cinco años de dirección, reconozco que casi tuvimos que empezar de cero en todas las áreas de actuación de la Escuela. Ganamos credibilidad en la ciudad de Huelva al estar presentes en muchas actividades culturales y sociales, creando un tejido de opinión favorable a su consolidación y a su futuro universitario. Recuerdo con emoción la elaboración cooperativa de los estatutos de la escuela, donde había una alta participación del alumnado en terrenos tan delicados como la valoración de continuidad del profesorado en el curso siguiente: un alumno, un voto, cuestión que me granjeó más de una enemistad. También, los primeros libros que llegaron a la Biblioteca, a través de donaciones que fuimos recibiendo de entidades oficiales y empresas, con ilusión y agradecimiento sentido. O la celebración anual de la semana de cine social, en la que participaban también los ciudadanos de Huelva, con hilos conductores de alto calado social. Es inolvidable la visita que recibimos del actor Paco Rabal, con motivo de la proyección de una película muy querida para él, El Ché Guevara, que me permitió hacerle una entrevista muy reveladora de su ideología no inocente. Aleccionadora también y simbólica para ciudadanos, profesores y alumnos.

Quiero acabar como empecé, con la idea de decirles algo especial. Como aprendí de Antonio Machado, les puedo asegurar que He andado muchos caminos, / que he abierto muchas veredas; / que he navegado en cien mares, y que he atracado en cien riberas. Es verdad, pero de todos ellos, la etapa en la dirección de la Escuela de Trabajo Social de Huelva me permitió un día atracar en su ribera, tan particular, para vivir una experiencia inolvidable que hoy solo puedo recordar envuelta en la palabra especial que les comentaba al principio, agradecimiento. ¿Saben por qué? Porque reconozco, estimo y siento satisfacción por el beneficio recibido y que devuelvo hoy a Huelva, a las instituciones sociales, profesores y alumnos que me acompañaron en aquella aventura apasionante, a ustedes también, a través de este acto, de estas palabras.

Mi enhorabuena hoy a todas las personas e instituciones que desde entonces y hasta hoy han hecho posible este sueño anhelado: que un día Huelva pudiera tener una Facultad como ésta, por haber podido llegar hasta aquí y con un presente y futuro muy prometedor para una provincia descubridora que estará siempre por descubrir.

 

Huelva, 26 de octubre de 2016

 

 

¡Pasen y vean!

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Me gustaría escribir todos los días sobre el hilo conductor de este blog, la inteligencia digital. Pero están sucediendo acontecimientos en este país desde hace diez meses, de una importancia transcendental, que me llevan a reflexionar casi a diario sobre lo que nos ocupa políticamente en su sentido más profundo y como ciudadano pre-ocupado [sic] por la realidad social que se dirige desde el Gobierno correspondiente. He escrito en muchas ocasiones en este blog sobre las políticas públicas y sobre cómo se tendría que llevar a cabo la Política Digital, por ejemplo y entre otras de marcado interés general. Pero lo que está sucediendo en estos meses me sobrecoge porque la ética política que respalda la ideología, que nunca es inocente, es imprescindible en cualquier acción de Gobierno y ahora brilla por su ausencia con todo lo que ha ocurrido y que no debe pasar de forma desapercibida. Esta es mi razón principal para escribir ahora sobre «la cosa política» (res política), que es pública por cierto y que nos afecta a todos en el aquí y ahora de cada uno.

Estos días de investidura estoy recordando mi infancia en Madrid, cuando asistía los jueves por la tarde al circo estable Price para ver los espectáculos semanales que dirigían la familia Carcellé. Lo que está sucediendo estos días en el Congreso de los Diputados, dicho con todos los respetos, se asemeja ahora al mayor espectáculo del mundo, porque los números que estamos contemplando sabemos que solo son una representación bajo la sombra de una investidura anunciada, donde los discursos, réplicas, contrarréplicas, votaciones, mayorías absolutas y relativas están perfectamente recogidos en el guion político que todos conocemos de antemano. Es igual que lo que recuerda mi memoria de hipocampo de aquél circo de la niñez rediviva, donde comenzaba el espectáculo con la frase clásica del director de pista, ¡pasen y vean!, en el que los artistas de cada sesión, uno tras otro, desfilaban con trajes de lentejuelas y colores muy vivos, coronados por los payasos de mi época, Emy, Goty y Cañamón, entre aplausos enfervorizados. Sobre todo, cuando actuaban después los trapecistas con el triple salto mortal sin red. Tengo que decir al respecto, que cualquier parecido de este ejemplo con la realidad de hoy, no es ya pura coincidencia…

Efectivamente, en el Congreso y a la voz de ¡pasen y vean!, asistimos estos días a un espectáculo que aporta muy poco por manoseado y mal tratado en sede democrática. Primero, porque por enésima vez escuchamos discursos tras discursos del candidato y de los líderes y portavoces de los diferentes partidos que ocupan escaño en el Congreso, que al final siempre han dicho lo mismo en estos diez meses, para acabar ayer en una primera votación que ya se sabía que iba a ser igual que la anterior, es decir, vence el no matemático y vergonzante para algunos, de cuyo nombre no quiero expresamente acordarme. Aunque dentro de 48 horas esos «algunos» diputados cambien el sentido del voto en aras de la gobernabilidad de España. Sin comentarios. Segundo, porque se volverá a votar mañana sábado, eso sí con puntualidad suiza, para que se produzca un hecho, lamentable desde la ética política más heterodoxa, en el que se sabe de antemano que, con la abstención del PSOE, se podrá investir a Rajoy como Presidente del Gobierno de España. Está claro: NO es SÍ.

¡Pasen y vean! He recordado también que una vez se presentó en el Price el espectáculo de las motos voladoras. El director de pista, con voz engolada, anunció el número más difícil todavía, con una frase memorable, porque unos artistas portugueses tenían que subir y bajar en vertical por un majestuoso cilindro metálico a gran velocidad, obviamente sin caerse: “en el ejercicio que van a ver ahora, la palabra «miedo» ha sido sustituida por intrepideeez…”, con una «e» prolongada hasta el infinito que sobrecogía a nuestras almas pequeñas. Es verdad, ahora en el Congreso, la palabra NO ha sido sustituida por abstención, a secas, sin «o» prolongada… Más difícil todavía, desafiando al miedo y sin condición alguna. ¡Qué intrepidez!, comprendida tal y como define la Real Academia Española esta palabra en su segunda acepción, es decir, ¡qué osadía y falta de reflexión!, porque la primera, arrojo, valor de los peligros, ya lo han «demostrado» hasta la saciedad. Desgraciadamente.

Sevilla, 28/X/2016

Cuando el No es SÍ

Consummatum est. Sí, ya está, no hay que pensarlo más, no le demos más vueltas, da igual que exista o no un relato convincente. Se ha decidido ya en la sede del PSOE y el Comité Federal ha votado “Abstención”, con estética incluida, más que ética… socialista. Y con el voto masivo y favorable a la abstención, de los miembros del Comité que representan a Andalucía.

Lo siento, de verdad. No soy militante socialista, pero me considero cerca de los que menos tienen en el terreno del paro lacerante que existe en este aquí y ahora del país, así como de los que sufren todos los días el asalto a derechos y deberes ciudadanos en el estado del bienestar. También, de los que tienen ideología como suelo firme de su existencia, es decir, de su ética personal y colectiva. Siento que no se haya entendido lo que intentaron explicar las urnas, en las que estaba también mi voto: los partidos tenían que unirse para ofrecer un gobierno compartido por diversas siglas, pero no en una sopa de letras, sino con una base ideológica común. Lo que ha ocurrido en Ferraz, es todo lo contrario.

Recientemente, lo he escrito: ¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?. Lo publico de nuevo, porque mantengo todas y cada una de sus palabras. Para quien lo quiera comprender en su persona de todos y en la de secreto, como me ocurre en este momento. Hoy completaría la referencia a Groucho Marx, recordando también una frase suya que explicaría bien esta decisión histórica del Comité Federal: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros». Lo han demostrado.

Sevilla, 23/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

La cara ya no es el espejo universal del alma

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Lo han descubierto científicos españoles en las islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea), según un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista JEP: General, de la Asociación Estadounidense de Psicología acerca de la sonrisa y sus significados en esa zona tan apartada del mundo en el que vivimos. Igualmente ha ocurrido con otra expresión facial, la del miedo, publicada también en este mes por la revista PNAS. Han llegado a la conclusión de que las expresiones faciales, como la sonrisa o el miedo, entre otras, son herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica interna. En unos sitios la sonrisa puede significar alegría, como en nuestro país, pero en Papúa Nueva Guinea representa una invitación o atracción social. Igual que el rostro habitual del miedo, que allí significa amenaza o enfado. Todos recordamos el famoso cuadro “El grito”, de Munch, aunque pensándolo bien podemos comprender ahora por qué el artista temblaba de ansiedad aquél día de 1892, cuando oyó un grito infinito y lo pintó como un arquetipo ejemplar y para la posteridad, de su azarosa vida de todos y, fundamentalmente, la de secreto. Muerto de cansancio existencial.

Más inquietante es la publicación del libro The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, en la que describe 156 emociones diferentes, no las cinco clásicas y más primarias y universales (hasta ahora…) que pudimos comprobar y sentir en la película de la factoría Disney, Del revés (alegría, tristeza, enfado, miedo, asco). Una me ha sorprendido mucho: “el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. «En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out [Del revés], pero la realidad, a lo mejor, es otra» (1).

Depende entonces nuestra cara del entorno cultural en el que cada uno vive y del humor que tenga ese día. Aunque tengo mis dudas, porque el sábado, viendo la película de Bayona, Un monstruo viene a verme, todos lloráramos ante lo que estábamos viendo. Nuestra cara, nuestras lágrimas sí eran en ese momento el reflejo de las almas que allí estábamos, sin distinción de edad o clase social. Quizá porque en la oscuridad estábamos solos y no interactuando con los demás. Luego las lágrimas, simbolizando la tristeza pasajera, son el espejo del alma. Cuando está sola (esa es la cuestión). O cuando se van los sueños, ideologías y personas que queremos, como pasa en Papúa Nueva Guinea. Tan lejos…

Sevilla, 18/X/2016

(1) Ansede, Manuel (2016, 19 de agosto). El pueblo en el que la sonrisa no significa alegría. El País.com.

NOTA: la imagen representa los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Imagen recuperada de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Alletemp.jpg, el 2 de marzo de 2008.

Todos no somos iguales

He recibido hoy una carta del director del diario EL PAÍS (se adjunta al final de este post), que le honra, en la que me comunica que ha conocido mi solicitud de baja de la suscripción del periódico “como muestra de desaprobación por nuestra cobertura de la reciente crisis en el PSOE y, en particular, por nuestro editorial del día 29 de septiembre”. Me transmite “con toda sinceridad su tristeza” por esta decisión, aludiendo a que siempre ha sostenido como director que “los lectores son los verdaderos dueños del periódico, y que nada de lo que hacemos aquí tiene sentido ni razón sin los lectores”.

Continúa en su carta explicando que “No descarto que nosotros, como medio que pretende estar lo más cerca posible del ánimo de esa sociedad [aludiendo a un párrafo anterior dedicado a la explicación de la turbulencia política en la que estamos inmersos], hayamos sido presa, en el editorial que aludo o en alguna otra oportunidad, de la misma efervescencia que denunciamos y combatimos. Si así ha sido, o lamento profundamente”.

Finaliza su carta con estas palabras: “Como le decía, trabajamos para nuestros lectores. Así es que, tomo nota de su queja y haré lo que esté en mi mano para corregir errores. Confío en que estas líneas puedan servir para recuperar su confianza en EL PAÍS. Si es así, se lo agradezco de corazón e intentaré no volver a decepcionarle. De lo contrario, sepa que valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”.

Para las personas que no han podido seguir el hilo conductor de mi posición al respecto en la semana de autos, creo que hay un post en este cuaderno digital que sintetiza bien la citada toma de posición. Me refiero concretamente al que escribí el pasado 1 de octubre, Se cerrarán las grandes alamedas…, así como alguno posterior, en el que expresaba mi desencanto con los poderes fácticos de este país entre los que incluí de forma expresa al diario EL PAÍS: “Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo”.

Como es de bien nacido ser agradecido, lo hago en esta ocasión reproduciendo fielmente la carta del director de EL PAÍS, Antonio Caño, que me ha dirigido el pasado 7 de octubre y que le agradezco especialmente. Soy un ciudadano de a pie, con conciencia de clase, que suelo ir con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, también del timbo al tambo como le gustaba decir a García Márquez, que sigue creyendo en la importancia del movimiento celular de las bases individuales, sociales y de partidos que, junto a otras, pueden al final mover el mundo, siendo España una parte importante en este momento de autos, como decía anteriormente, para que la democracia participativa y exigente con los derechos y deberes de la ciudadanía, sea un ejemplo a seguir siempre.

Por ahora…, sigo sin comprar EL PAÍS. Desde la economía de mercado y sin ser el estúpido de la famosa campaña de Clinton, sé que no supone nada para ellos perder una suscripción, pero me ha dado que pensar la frase de Antonio Caño, su director: “[…] valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”. Le creo y lo asumo…, porque todos no somos iguales.

Sevilla, 17/X/2016

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La verdad viene a vernos siempre

Es un honor para este país la realización de una película preciosa, Un monstruo viene a verme, dirigida por Juan Antonio Bayona, que he visto y sentido con admiración absoluta. Con independencia de la protección mediática de Mediaset en su carta de presentación, nunca inocente en el tratamiento de sus mercancías, hay que reconocer su calidad excepcional, basada en un best-seller de corte cinematográfico escrito por Patrick Ness (guionista asimismo de la película), sobre una idea original de la escritora Siobhán Dowd, especializada en literatura infantil, que murió antes de finalizar su obra en ciernes. Cuenta con un reparto en el que se mezcla la calidad de actores consagrados con noveles, como se demuestra en el del papel principal del adolescente Conor O’Malley, que interpreta magistralmente desde el más puro anonimato Lewis MacDougall, junto a Felicity Jones (su madre), Liam Neeson (el monstruo-tejo de sus sueños), Sigourney Weaver (su abuela) y Geraldine Chaplin (directora del Colegio).

El argumento traduce la compleja realidad del mundo infantil y adolescente que tiene que enfrentarse a hechos reales que conforman la tríada de acoso escolar, separación de los padres y enfermedad letal de la madre, en un mundo que poco favorece la comprensión de situaciones límite en almas de niño. Todos podemos sentirnos reflejados en el sentimiento de Conor, cuando todos los días y a las 12:07 horas de la noche, da paso a la realidad terca de los sueños como respuesta a deseos que no se cumplen en la vida ordinaria, convirtiéndose en pesadillas. Hasta que un día y a esa hora un monstruo le espera en el jardín de su casa, que personifica el árbol viejo y robusto, un tejo, que veía con frecuencia desde la ventana de la cocina. Ahora tiene brazos que le cobijan, piernas y una cara aterradora con ojos luminosos y con tres historias que contarle, aunque con una condición: él, a pesar de su corta edad, tiene que contarle también una cuarta historia, que es la última y quizá la más importante.

Las secuencias animadas de las tres historias contadas por el monstruo son excelentes y de alto contenido educativo, aunque enigmáticas y contradictorias para Conor, porque la verdad es una dialéctica casi imposible de entender en la vida, que nunca es un cuento. Cuando al finalizar la película parecen resueltos por pura resignación los problemas que genera siempre la verdad, te levantas de la butaca del cine pensando en lo duro que es seguir viviendo todos los días enfrentándonos ya como adultos a las verdades que sentimos en nuestra persona de secreto y que pocas veces contamos a los que más queremos. Es lo que Bayona pretende decirnos al oído, para que sigamos escribiendo el mejor guion de nuestra vida. Con esta película, él nos ayuda, porque no solo es mercancía, sino un catálogo sucinto de pequeños derechos y deberes para seguir viviendo con dignidad y con la verdad por delante a pesar de todo.

Sevilla, 16/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

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Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

El Nobel de Literatura ya no está en el viento

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Ha sorprendido al mundo: Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura 2016, contra casi todo pronóstico canónico de estos premios. Las personas que hemos vivido en sus años reivindicativos y que sabemos que forma parte de la banda sonora de nuestras vidas, no nos extraña esta sorprendente decisión de los Nobel, porque se ha entregado el premio a un extraordinario representante de una generación que protestaba contra un mundo diseñado por el enemigo. 

He vuelto a leer con detalle la letra de una de mis canciones preferidas de Dylan, Soplando en el viento, que ya transcribí en un post que escribí en 2006 en este blog, con motivo de la publicación de un nuevo álbum, de  nombre programático: Tiempos Modernos.

Reproduzco a continuación el citado artículo,  La respuesta ya no está en el viento, que hoy se amplifica al constatar aquella reflexión como hilo conductor: la respuesta está en las personas, hoy, en el premio dado a una que nos ha representado durante décadas, con palabras hermosas para ilusionarnos y seguir creyendo al paso de los años que, efectivamente, otro mundo es posible. Con tu quiero y mi puedo.

Este es mi pequeño homenaje.

Sevilla, 13/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.jotdown.es/wp-content/uploads/2012/05/Bob-Dylan.jpg

La respuesta ya no está en el viento

Bob Dylan vuelve. Ha escogido para su nuevo álbum un título con reminiscencias cinematográficas de gran calado: Tiempos Modernos, aquella prodigiosa película que toda buena cinéfila ó presunto cinéfilo sabe valorar en su justa medida. Pero mi recuerdo no va hoy por esos derroteros. He recordado a Dylan por aquella hermosa letra de su canción, inolvidable: Soplando en el viento (Blowin´in the wind):

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar la paloma blanca antes de poder descansar en  la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean  prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuánto tiempo tiene un hombre que mirar hacia arriba antes de que pueda ver el cielo?
Sí, ¿y cuántos oídos tiene que tener un hombre para que pueda oír a la gente gritar?
Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

Sí, ¿y cuántos años puede existir una montaña antes de ser bañada por el mar?
Sí, ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?
Sí, ¿y cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver lo que ve?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento
La respuesta, está soplando en el viento

cuando he conocido que el Profesor Stephen Hawking se ha decantado por una respuesta muy optimista –de las 25.000 que obtuvo- a la pregunta del millón de dólares que lanzó al ciberespacio en los primeros días de Julio del año en curso: ¿cómo sobrevivirá la especie humana los próximos 100 años? La solución escogida confía en el ser humano. Prodigioso. Queda claro que la respuesta no es inocente y alberga una gran esperanza respaldada por un sabio no distraído, sino pre-ocupado por el sentido de la vida y su futuro. La respuesta está en las personas. Así de expeditivo. Y la ha dado un internauta muy particular, Semi-Mad Scientist (científico casi loco), tal y como lo recoge como reportaje muy impactante el diario El País, en su edición de 24 de agosto de 2006: “el caos no es algo nuevo, sino que “ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo”, y que, a pesar de todo, el ser humano ha logrado sobrevivir. Afirma que somos una especie que siempre se ha adaptado y que seguiremos haciéndolo. Aunque reconoce que ahora hay peligros nuevos e identifica tres amenazas graves: una guerra nuclear, una catástrofe biológica y el cambio climático. Está convencido de que “los recursos que tenemos ahora probablemente no existirán en 100 años”, pero añade que “tampoco existían en el siglo pasado”. El científico casi loco sostiene que si Europa sobrevivió a la peste negra del siglo XIV, que se llevó por delante a un tercio de la población, el ser humano logrará superar cualquier catástrofe que pueda ocurrir. Después, él mismo se interroga sobre su optimismo: “¿Que por qué tengo está fe en la humanidad? Porque debo tenerla. (..) Creo tan firmemente que sobreviviremos como que el sol saldrá mañana”. Si no hay fe en la supervivencia, no puede haberla en nada más, concluye”.

La respuesta, decididamente, ya no está en el viento. Desde aquél aprendizaje ilusionante de 1972, donde todos los progresistas tarareábamos la canción de Dylan, han pasado 34 años, en el convencimiento de que merecía la pena luchar por dar respuesta a aquellas preguntas tan llenas de interés en un país que buscaba la libertad deseperadamente. Aunque sigamos preguntándonos con una actualidad rabiosa cómo podemos responder aquellas nueve cuestiones a las que seguimos obligatoriamente obligados a atender a pesar del tiempo transcurrido. Aunque cuestionemos, cada vez más, el porqué de la separación entre las personas, barrios, y naciones del planeta Tierra en estos tiempos modernos, más o menos como el protagonista de la película del mismo nombre (estrenada hace setenta años) y cuya sinopsis nos recuerda la respuesta del científico casi loco que ha entusiasmado a Hawking: “un obrero de la industria del acero acaba perdiendo la razón, extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje de su trabajo. Después de pasar un tiempo en el hospital recuperándose, al salir es encarcelado por participar en una manifestación, en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín por lo que gana su libertad. Una vez fuera de la cárcel reemprende la lucha por la supervivencia, lucha que compartirá con una joven huérfana que conoce en la calle”. Fe en la supervivencia.

Por primera vez, en homenaje a Chaplin, Dylan y Hawking, cualquier parecido con la realidad actual ya no es tampoco pura coincidencia.

Sevilla, 26/VIII/2006