Algoritmos digitales y libertad individual

BIG AND FLAT

Ya sé lo que creo que Facebook, Google, Amazon y Booking, entre otras multinacionales del sector TIC, saben de mí. Eso es lo que creo, pero tengo que confesar que al igual que sucede a millones de usuarios no tengo la paciencia debida para leerme las complejas licencias de uso de sus servicios en el trámite que consideramos insensatamente como mera burocracia en el momento de acceder a ellos mediante usuario y contraseña, obviando la letra grande y la temida letra pequeña de los contratos que firmamos tan alegremente con ellos. Luego tengo que aceptar que no, que no sé realmente lo que las empresas citadas, entre otras muchas, conocen de mí, aunque la verdad sea dicha no aparece por ningún sitio cómo van a seguir mi huella digital hasta límites insospechados que desconozco. Solamente lo intuyo por el bombardeo tipo spam que recibo a diario sobre mis gustos y consultas habituales en sus sitios web. Forman parte del gran hermano mundial agazapado en internet. Es lo que se llama hoy “prescripción digital” mediante robots que presumen de conocernos hasta en el último detalle.

El secreto está en los algoritmos que utilizan en el tratamiento de los big data empresariales, donde están mis “small data”, con perdón, de los que apenas se habla, formando parte de lo más íntimo de mi propia intimidad, en expresión de corte agustiniana y santa, por más señas. Ser o no ser small o big data, esa es la cuestión. Me impresiona conocer cómo me recuerdan periódicamente que Mozart me espera en el almacén de Amazon, porque saben que me gusta y que me puede interesar el último disco publicado sobre él. También, las últimas publicaciones de mis autores preferidos, que gritan a los cuatro vientos que no saben nada de mí desde hace semanas o meses. Además, me informan de que otras personas que tienen unos gustos similares a los míos, también compran más discos y libros que me podrían gustar. Un no parar, que se dice en español castizo y que si no reaccionas a tiempo te hace sufrir el temido síndrome de la última versión, del último disco, del último libro, Smartphone, TV, consola, tablet, etc., etc. Porque esas almas caritativas digitales “adivinan” que me gustaría “tenerlos”, pero no los tengo. Y eso en el mercado digital “no puede ser”.

No digamos nada en relación estricta con las tecnologías puras de la información y comunicación. Si te atreves a consultar una televisión inteligente, acabas de caer en la trampa de empresas matrices y asociadas, en un buzoneo digital bastante agobiante, donde marcar la x de acceso a mi posible libertad suele ser la aventura jamás contada de cada día, que muchas veces no funciona porque está caído el servidor amenazante. Ya sé que puedo marcar y desmarcar las opciones de privacidad en cada servicio global que contrato, pero necesitaría casi un día (¿al mes, a la semana?) para actualizar mis límites fronterizos de libertad digital y cada vez tenemos menos tiempo de buscar tiempo para pensar en otras cosas más importantes que las que a veces busco por internet.

Me dejó bastante intranquilo una reflexión que leí ayer sobre cómo llegamos a estar atrapados en el algoritmo de la prescripción digital que utilizan las grandes empresas tecnológicas de gran consumo, sin saber a veces cómo salir de él: “Ramón Sangüesa se encuentra ahora mismo investigando sobre las herramientas que permiten saber por qué a cada uno nos recomiendan determinados caminos por los que seguir transitando. “Habrá criterios complementarios que irán en beneficio de quien tiene la propiedad de esa obra, por supuesto. Y esos criterios son bastante oscuros. Esas empresas saben todo de mí, pero yo no sé con qué criterios me recomiendan las cosas”. Y ahí está la gracia del dichoso algoritmo” (1).

En definitiva, no son inocentes, como suelo decir siempre. Por eso he recordado a Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco, cuando somos incorporados como small data en el marco de los big data que tratan en algoritmos preocupados por nuestra forma de ser y estar en el mundo, individual y colectiva. Como si fuéramos tontos, con las caras de Stan y Oliver como telón metafórico de fondo, según el lugar que ocupa cada uno en la prescripción digital que nos toca atender hoy sin ir más lejos.

Sevilla, 10/VII/2016

(1) Verdú, Daniel (2016, 9 de julio). Atrapados en el algoritmo. Babelia (El País), pág. 2s.

La dignidad de las personas mayores

FELIX MAXIMO LOPEZ

López Portaña, Vicente (1772-1850), Félix Máximo López, primer organista de la Real Capilla / Museo del Prado. Madrid

He localizado en Internet el cuadro que comenta hoy Javier Marías en El País Semanal, en un artículo magnífico, El retrato del organista, que le “gusta contemplar largo rato, incansablemente”. La verdad es que me ha impresionado, quizá movido en un principio por la curiosidad de la referencia al clavecín, parecido al mío, sobre el que apoya su brazo izquierdo D. Félix Máximo López, transmitiendo dignidad como persona mayor pese al paso de los años.

Lo que verdaderamente me ha emocionado es la reflexión que hace sobre la situación actual de las personas mayores, que el mundo procura mercantilizar con el eufemismo de la tercera edad y las ventajas de la tarjeta oro de la que pueden disponer para viajes imposibles en la España actual. Ayer, en la cola del supermercado, presencié el papel actual de las personas mayores a través de una mujer mayor que pagaba la compra semanal o quincenal a su hija y nietos allí presentes, con amor maternal similar al filial que figura en la dedicatoria sobre el clavecín del cuadro, con la parafernalia de la fidelización mediante tarjeta en la que ella no sabía responder a preguntas de “¿contado o plazo? o la acción de marcar la contraseña, tarea que rápidamente asumió la hija con la sonrisa cómplice de la cajera, porque a esa persona mayor esas cosas ya no le van ni las comprende. Acababa de simbolizar el papel que están desempeñando en la actualidad las personas mayores en nuestro país con sus exiguas pensiones, en la cobertura de familias sin ingreso alguno. En una palabra, dignificando la vida diaria “a pesar de su edad”, en un mundo diseñado a veces por el enemigo.

Dice Marías que “todo el retrato rebosa fuerza y a mí me produce, como pocos otros, la sensación de tener en frente a ese hombre vivo, a él y no su representación: y esa fuerza está sobre todo en la mirada, como suele ocurrir”. Y repasa múltiples reacciones imaginarias de esa persona sobre quienes lo contemplan, dando respuestas cargadas siempre de maestría y dignidad: “No sé quiénes sois ni qué buscáis, no entiendo vuestros afanes y empeños, todavía dais importancia a insignificancias, aún lucháis y ambicionáis y envidiáis, todavía sufrís: cuánto os falta para cesar, como ya he cesado yo”.
Y recuerdo frases de supuesta comprensión de los mayores, porque qué van a decir “a esa edad”, con el tuteo descarado, camisetas imposibles, atuendos que no les gusta llevar pero que son aconsejados por los familiares más cercanos o lejanos, con asientos destinados para ellos en el transporte público y habitualmente ocupados por personas más jóvenes, sin vergüenza alguna. Son para personas de movilidad reducida, dicen los letreros oficiales. ¿También de dignidad reducida? Hubo un tiempo en que las personas mayores eran respetadas en su forma de ser y estar en el mundo: “Claro que era un tiempo en el que la sociedad no tenía prisa por deshacerse de ellos, por arrumbarlos, por entontecerlos, por desarmarlos y jubilarlos con gran soberbia, como si no tuvieran nada qué enseñar”, dice Marías.

El retrato anónimo del supermercado, que contemplé ayer, fue de nuevo una gran lección de dignidad humana. Aprendí la importancia de la generosidad de millones de abuelos que todos los días hacen la vida más fácil a los que más quieren, en silencio, plasmando en una experiencia fugaz la importancia de la mirada diferente de la realidad de la vida, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Antonio Machado: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Como los de la mirada de D. Félix Máximo López, que tanto gusta a Marías.

Sevilla, 3/VII/2016

Empoderamiento digital

Nunca es mal año por mucho trigo. Soy consciente de que a veces trabajamos en las llamadas causas perdidas, como determinados abogados de lo imposible, pero creo que ejemplos como el de la persuasión tecnológica del gobierno digital auspiciado por el presidente Obama, es una llamada al orden digital de los gobiernos en los diferentes mundos existentes en este planeta, entre los que se encuentra España. Por esta razón, vuelvo a hablar de empoderamiento digital como acción prioritaria de un Gobierno Digital Abierto.

He escrito muchas veces en este blog sobre empoderamiento digital, pero nunca es mal año digital por mucho hablar de ello. Vuelve a abrirse una oportunidad en relación con el nuevo Gobierno que se pueda fraguar por el consenso. Podrían copiar de Obama y de la Directora de Tecnología del Gobierno de Estados Unidos, Megan Smith, por el cumplimiento de un objetivo estratégico claro, entre otros: el empoderamiento digital de la ciudadanía, para poder obtener resultados evidentes y claros sobre aquello que en su toma de posesión le pidió de forma concreta el Presidente: “utilizar el poder de los datos, la innovación y la tecnología para ayudar a los americanos”.

Empoderamiento digital significa “capacidad que tienen los Gobiernos y las Administraciones Públicas para transferir conocimiento y poder digital a la ciudadanía, a sus empleados públicos y a las empresas del sector TIC”. Sueño con el día en que se declare una estrategia digital de Estado y se nombre un alto cargo del rango que decidió el gobierno de Obama, tanto a nivel de Estado como en su proyección de las Comunidades Autónomas, que conformen un Consejo Interterritorial Digital que ejecute la estrategia digital, con visión política y respaldo necesario para la toma de decisiones en este ámbito de urgencia vital en nuestro país, como ya he expuesto en otras ocasiones.

Somos ya digitales en un mundo digital por excelencia, que nos puede hacer la vida más amable en todas las visiones posibles que podamos tener de la vida, desde una perspectiva de nueva revolución digital que supere con creces a la industrial que tanto ha beneficiado ya a la humanidad. Por esta razón, creo que la política digital es un asunto de Estado, no una cuestión baladí protagonizada solo por los amantes de las tecnologías de la información y comunicación. Además, cuando sustenta las políticas sociales por excelencia, se troca en un asunto que nos pertenece a todos, sin excepción.

El marco de la política digital no es un asunto tecnológico sino constitucional. Esa es su gran fortaleza en el argumentario que mantengo en este blog de elevarla a asunto de Estado, máxime cuando tiene que atender a realidades tan inexorables como la salud y la enfermedad o los servicios sociales. O el emprendimiento, empoderando a la ciudadanía, aunque hoy lo sigamos viviendo, desgraciadamente, como un horizonte lejano.

Sevilla, 29/VI/2016

El Partido Abstencionista

ELECCIONES GENERALES 1 2016

En plena resaca electoral, donde hay opiniones para todos los gustos y con escasa objetividad en muchas ocasiones porque todo el mundo gana a su manera, conviene tener una visión objetiva de la democracia en su sentido etimológico más puro, constatándose de nuevo que el triunfo de la abstención desde un análisis meramente cuantitativo, no digamos cualitativo, plantea muchas preguntas que deberían tener una respuesta científica y cargada del principio de realidad. Los números son tercos y se pueden contrastar en los resultados de las elecciones generales de ayer, en las que la abstención ha supuesto que 10.435.955 de presuntos votantes no lo hayan hecho, convirtiéndose así en el “primer partido” triunfante en relación con las urnas, ya que del censo total suponen un 30,16 %.

¿Desencanto, pasotismo, irresponsabilidad? Muchas preguntas deberíamos hacernos por parte de todos, empezando por los círculos familiares, laborales y de amigos más próximos, porque la realidad es muy terca y la abstención está más cerca de todos de lo que parece y pensamos. Los datos de Andalucía son también escalofriantes: 1.998.217 de personas, presuntas implicadas, que no han votado, lo que supone también un 31,8 % del censo electoral. Contra hechos no valen argumentos y la realidad es que en estas elecciones quien ha perdido es la democracia como cultura política inherente a la ciudadanía. Algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático, vuelvo a repetir, en el sentido etimológico del término «democracia», porque si los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, existe la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho de participar y a un deber inherente a todo ciudadano responsable.

Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no.

Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que el país viaje posiblemente hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos.

Sevilla, 27/VI/2016

Alalá (Alegría)

ALALA

Ya se acerca el momento de compartir Alegría, alalá en lenguaje caló, en la clave que expresó Mario Benedetti: «Defender la alegría como una bandera… como un principio / como un destino… como una certeza… como un derecho…». Es un proyecto de cine social, un documental comprometido con causas que se pueden ganar y que los de siempre dan siempre por perdidas, llevado a cabo por Producciones Singulares, con la colaboración de la Fundación Alalá entre otras instituciones, recordándome el espíritu y la obra de Costa Gavras o Bertrand Tavernier en películas sublimes y mágicas de profundas raíces sociales.

Alalá nos muestra una escuela de flamenco para niños en el barrio marginal sevillano del Polígono Sur, más conocido por Las Tres Mil Viviendas, con una presencia masiva de personas pertenecientes a la etnia gitana, donde el paro y la droga hace estragos, pero que tienen en el flamenco una forma de entender la vida, dándonos lecciones de ser y estar en el mundo de una forma diferente.

Sigo muy de cerca a la directora de este documental, Remedios Malvárez, por su hilo conductor profesional que me parece admirable. Ya hice una mención especial en este cuaderno digital de un corto dirigido por ella, Silencio, premiado en numerosas ocasiones, en el que también se muestra un compromiso muy concreto con la sociedad a través de un relato que denominé en su momento Elogio de lo sencillo y sublime. Cuenta una historia de una mujer sevillana, María Ángeles Narváez Anguita, con el nombre artístico de “La niña de los cupones”, hija de emigrantes, que nació en Aarau (Suiza), en el año 1975, que con solo 6 años de edad y a causa de un producto farmacológico, se quedó totalmente sorda del oído derecho, conservando algunos restos auditivos en el izquierdo, concretamente, deja de oír sonidos por debajo de los 30 decibelios. Finalizó su carrera de danza española en el año 1999, llegando a ser la primera persona sorda en España graduada en esta disciplina por el Conservatorio de Sevilla y pionera en el cante y baile flamenco en lenguaje de signos, que ella considera como su forma de transmitir la sensibilidad y la expresión de los sentimientos en el flamenco. Alterna en la actualidad la venta de cupones de la ONCE con esta expresión de belleza y sensibilidad paradójicamente sonoras.

No he visto todavía Alalá, pero lo imagino como una obra de arte concebida en el respeto a los que son diferentes y nos enseñan diariamente a comprender este mundo diseñado a veces por el enemigo. Su título es sugerente, pero me quedo con la expresión de Benedetti que imagino presente en su hilo conductor, “defender la alegría como un derecho”, porque el deber de la tristeza y del dolor de los que menos tienen es algo que impone la sociedad de consumo, mercantilizada, que hay que erradicar y contrarrestar con ejemplos de alalá como los que día a día se pueden encontrar en las Tres Mil viviendas, zona comanche para exquisitos sociales, aquellos que viven solo la alegría que proporcionan las mercancías y que están incapacitados metafísicamente para distinguir valor y precio.

Mi felicitación antecedente (la consecuente está garantizada) a Remedios Malvárez y a su equipo técnico de dirección, rodaje y producción, porque representa corporativamente y a través de producciones singulares una forma diferente de fotografiar y ver la vida con ojo crítico, quizá en la clave que nos enseñó hace ya muchos años Antonio Machado, un andaluz diferente también: «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve». Como cuando nos miran, con alalá, las niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, en el primer mundo, en Sevilla.

Sevilla, 22/VI/2016

 

Einaudi se lamenta en el Ártico

Hoy se celebra el día internacional dedicado a la música, un festival internacional. Lejos de los fastos obligados por la economía de mercado aprovechando el calendario gregoriano, que tiene días para todos los gustos de mercancías a comprar, he considerado que puede ser también una oportunidad para reflexionar sobre la aportación de la música a la cultura como compromiso social. Es el caso del momento que recoge el vídeo que antecede a estas líneas promovido por Greenpeace, con la colaboración del compositor Ludovico Einaudi, interpretando una obra muy bella, Elegía por el Ártico, creada para esta ocasión.

Según lo expresan unos miembros de la organización, “En Svalbard (Noruega), la puerta de Europa al Ártico, hemos dado la bienvenida a bordo a un invitado muy especial: Ludovico Einaudi, reconocido pianista y compositor. Junto a él, un piano de cola y la actuación más arriesgada que se le haya propuesto: tocar en el Ártico rodeado de hielo. Ludovico Einaudi ha transformado estas voces en música. “Elegía por el Ártico”, una pieza especialmente compuesta para ellas. Todos los que hemos tenido el privilegio de ser testigos de este escenario único, de oír su música en el eco del glaciar y sentir cómo se nos ponía la piel de gallina y se nos removía el alma, sabemos que es una imagen que quedará para siempre en nuestras mentes”.

Esta aportación de Greenpeace y Einaudi se hace en un momento especial, no inocente, con ocasión de la reunión de la comisión de OSPAR en Tenerife, que comenzó ayer, con un objetivo específico, como informan las citadas fuentes: “crear una zona protegida, del tamaño de Reino Unido, que supondría proteger casi el 10% de las aguas internacionales de este océano que Greenpeace pide sean declaradas Santuario Ártico. Y esta medida es urgente. El océano Ártico es el más desprotegido del planeta, sus aguas internacionales no tienen ningún tipo de protección. Pero a medida que el hielo está retrocediendo, debido al aumento global de las temperaturas, esta región tan única está perdiendo si escudo helado y queda expuesta a la explotación industrial”.

La música no es inocente y puede ser un símbolo real del compromiso social. Así lo hizo Mozart cuando se enfrentó al Príncipe de turno y a la Iglesia, amando su obra cuando la entregaba al pueblo y no al Rey y su corte, con un gran ejemplo a través del estreno de su ópera “La Flauta Mágica” en un teatro de barrio en Viena. Recientemente lo he demostrado también cuando escribí sobre el concierto en Palmira (Siria) celebrado el 5 de mayo pasado, donde estaba claro que el propio concierto no era inocente en esa ciudad tristemente famosa por el dolor de la guerra, porque las ideologías nunca lo son, tal y como lo aprendí del análisis que Lukács hizo en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

La música no necesita días especiales porque todos pueden ser una oportunidad para la representación del pensamiento y del sentimiento, aunando voluntades de paz a través del amor y el sufrimiento, impulsando el carácter racional de una situación social como símbolo hoy en el Ártico, recordando el gran principio de la música del periodo barroco: es compañera en la alegría y medicina para el dolor.

Ahora escuchemos a Einaudi en el Ártico, en un momento especial para comprender mejor su elegía, su lamento musical por la conducta del ser humano en un lugar simbólico de la naturaleza que, pensándolo bien, nos afecta a todos por muy lejos que esté. Como las guerras y los refugiados… víctimas de ellas.

Sevilla, 21/VI/2016

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s.

Ideas para un país nuevo, gracias a García Lorca

GARCIA LORCA

Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.

Federico García Lorca (1931), Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros

Estuve el jueves pasado en Fuente Vaqueros (Granada). Fue un momento mágico la visita a la casa natal de Federico García Lorca, recorriendo los rincones donde nació un poeta de mi persona de secreto y de todos en determinados momentos muy especiales. Estaban allí sus cosas, su alma. Subí a la primera planta, el antiguo granero, y me encontré una exposición temporal inaugurada el pasado 5 de junio, en conmemoración ritual del día de su nacimiento en 1898, sobre la relación hermosa, personal y profesional, con un pintor de Huelva, José Caballero, al que tuve la oportunidad de conocer a principios de los años ochenta.

¿Qué sentía García Lorca por su pueblo? Recordé la alocución dedicada a sus paisanos, con motivo de la inauguración de una humilde biblioteca pública, probablemente en septiembre de 1931, porque su contenido es una magnífica referencia actual al poder que pueden alcanzar las personas a través de la cultura. Compré una edición muy cuidada de la citada alocución, “barata” en el sentido que el poeta daba a esta palabra, no confundiendo valor y precio, con objeto de volver a leer y releer sus palabras y traerlas al imaginario actual previo a las elecciones generales. Dicho y hecho.

Señalo a continuación mis frases marcadas, sin comentario alguno para no contaminar su auténtico sentido. Las entrego a la Noosfera, en un territorio concreto, España, por si hay alguien interesado en valorar el poder de la educación, de la cultura, de la lectura, que es lo que hace libres a los seres humanos. Un regalo con estela, como tantas veces he escrito, como aprendí de mis antepasados.

Ideas para un país nuevo, gracias a García Lorca

1. Siempre todas mis conferencias son leídas, lo cual indica mucho más trabajo que hablar, pero al fin y al cabo, la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme porque puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí.
2. Los pueblos que viven solamente apegados a la tierra tienen únicamente un sentimiento terrible de la muerte sin que haya nada que eleve hacia días claros de risa y auténtica paz social.
3. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos […] porque tiene el alma muerta [… porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así.
4. Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta Biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos.
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!».
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón.
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Y no olvidéis que lo primero de todo es la luz.
5. Ya lo dijo el sagacísimo Voltaire: Todo el mundo civilizado se gobierna por unos cuantos libros: La Biblia, El Corán, las obras de Confucio y de Zoroastro. Y el alma y el cuerpo, la salud, la libertad y la hacienda se supeditan y dependen de aquellas grandes obras. Y yo añado: todo viene de los libros. La Revolución Francesa sale de la Enciclopedia y de los libros de Rousseau, y todos los movimientos actuales societarios comunistas y socialistas arrancan de un gran libro, del Capital, de Carlos Marx.
6. La humanidad empujaba misteriosamente a unos cuantos hombres para que abrieran con sus hachas de luz el bosque tupidísimo de la ignorancia. Los libros que tenían que ser para todos eran por la circunstancias objetos de lujo, y sin embargo son objetos de primera necesidad.
7. Se dice que el dolor de saber abre las puertas más difíciles. Y es verdad.
8. Pero con ser esto magnífico [el Renacimiento], el paso grande lo daba el editor Cristóbal Plantino en Amberes. Era de aquella casita con su patinillo cubierto de hiedras y sus ventanas de cristales emplomados, de donde salía la luz para todos con el libro barato y donde se urdía una gran ofensiva contra la ignorancia que hay que continuar con verdadero calor, porque todavía la ignorancia es terrible y ya sabemos que donde hay ignorancia es muy fácil confundir el mal con el bien y la verdad con la mentira.
9. El libro deja de ser un objeto de cultura de unos pocos parta convertirse en un tremendo factor social. […] Porque contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas, pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella, porque son miles y, si son pocas ignoráis dónde están.
10. Cada día que pasa las múltiples casa editoriales se esfuerzan en bajar los precios, y hoy ya está el libro al alcance de todos en ese gran libro diario que es la prensa, en ese libro abierto de dos o tres hojas que llega oloroso a inquietud y a tinta mojada, en ese oído que oye los hechos de todas las naciones con imparcialidad absoluta; en los miles de periódicos, verdaderos latidos del corazón unánime del mundo.
11. Es preciso […] que los maestros se esmeren en no enseñar a leer a los niños mecánicamente, como hacen tantos por desgracia todavía, sino que les inculquen el sentido de la lectura, es decir, lo que vale un punto y coma en el desarrollo y forma de una idea escrita.
12. Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que este es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.
13. Y que es preciso que los pueblos lean para que aprendan no sólo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida.
14. […] y no olvidéis este precioso refrán de un crítico francés del siglo diecinueve: «Dime qué lees y te diré quién eres» [François Mauriac].

Así lo dijo García Lorca.

Sevilla, 19/VI/2016

El debate a cuatro

DEBATE A CUATRO

http://www.telecinco.es/_82a5d18b

Nos jugamos mucho esta noche en el debate a cuatro. Dice el Diccionario de la Lengua Española (RAE, 23ª ed.) que debate viene de debatir (Del lat. debattuĕre “batir, sacudir, batirse”), es decir, discutir un tema con opiniones diferentes, sabiendo que discutir [Del lat. discutĕre “disipar, resolver”] es algo más serio todavía, que está por encima de cualquier debate: dicho de dos o más personas [hoy cuatro…]: examinar atenta y particularmente una materia. Contender y alegar razones contra el parecer de alguien.

España es un país dual y la política no escapa a ello. Vivimos hasta el hartazgo una situación de tertulias políticas con sus correspondientes tertulianos, que nos obligan muchas veces a utilizar democráticamente el mando a distancia para borrarlos temporalmente de nuestra vista, porque demuestran que no saben discutir un tema con opiniones diferentes y, mucho menos, examinar atenta y particularmente una materia. Ni pensar por tanto, que se puede abrir una contienda amable, para alegar razones contra el parecer de alguien, que es perfectamente legítimo. Es importante rescatar algo que se aprendió en la historia de la democracia: en el término medio está la virtud.

Esta reflexión “académica” pero necesaria, es más, imprescindible, nos sirve de telón de fondo para el debate anunciado para esta noche, protagonizado por los líderes de los cuatro grandes partidos que están en la contienda. Se espera mucho de él, porque la indecisión es una llave maestra en estas elecciones, que pueden dar un vuelco a las estimaciones científicas de los grandes centros de análisis electoral. ¿Qué esperamos de él? Pues sencillamente que se lean antes las definiciones del Diccionario de la Real Academia, que he expuesto anteriormente, porque en su perfecta intelección está el secreto. Para que podamos comprender bien la letra grande y pequeña de cada programa, para que sepamos integrar en nuestra persona de todos y en la de secreto qué opinión tienen sobre qué está pasando en este momento en este país, sin intermediarios, para que examinen las materias que orienten los presentadores y consuman el tiempo asignado respetando la exposición del otro, sin apabullamientos aunque haya debate.

Quizá está ahí el secreto que he guardado para el final. Debate significa controversia, discusión, contienda, lucha, combate, algo más tosco que debatir en sentido estricto. No está mal que todo quede en el terreno dialéctico, de contrarios, pero con un denominador común que nos caracteriza a las personas: podemos debatir porque hablamos, en una muestra inteligente de que el cerebro humano vence al reptiliano, porque dialogamos, algo que nos corresponde exclusivamente como personas. En este marco político y comparable, he recordado algo que se decía de forma machacona en la campaña presidencial de Clinton, de 1992, para que se instalara en los cerebros de la ciudadanía americana y, por extensión, mundial: “es la economía, estúpido” (the economy, stupid), esa es la solución. Nada más. En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, hay que gritar muy fuerte: “Es el diálogo, el interés público”. Sin más. Y sin insultar en debates televisivos como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

Agradecería que en el debate de hoy se centrara cada intervención, siempre, en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial y europea de la economía de mercado, a través del Banco Central Europeo, de los índices de crecimiento, del ascensor partidista de los impuestos que sube o baja a gusto de quien manda, del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, de los recortes encubiertos y explícitos, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar las políticas que mejor aborden la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales en este país para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos. Porque sabemos debatir en un debate, examinando atenta y particularmente cada materia que se trate, contendiendo y alegando razones contra el parecer de alguien que no piensa como yo, como Rajoy, Iglesias, Sánchez o Rivera. Ese sería el gran ejemplo en la antesala de la votación en las elecciones generales del próximo 26 de junio.

Sevilla, 13/VI/2016

La biblia de Podemos/IKEA

PODEMOS 2016

Ayer se hizo público el programa de Podemos, en formato de catálogo de IKEA, que muestra herramientas nuevas «para defender los principios que nos enseñaron nuestros padres». Su contenido es un revival del que presentaron en las elecciones de 20 de diciembre pasado, con pequeños ajustes, pero con el mensaje subliminal de IKEA: léanos y sienta la necesidad de amueblar políticamente su cabeza con nosotros, porque así, como cualquier ciudadano seguidor de la multinacional sueca, “puedo conquistar mi vida”, es decir, “sumarse al país que viene”. A tal efecto, he recuperado hoy el artículo que escribí en 2006, La biblia de IKEA, donde la declaraba como tal para fieles seguidores de una forma no inocente de consumir para cambiar hacia la república independiente de mi casa que no la de mi persona de secreto, de mi alma. Salvando lo que hay que salvar, he comprendido el valor casi religioso, bíblico, del programa de Podemos, en su ardua misión de asaltar los cielos. Haciendo una trasposición de lenguaje común a lenguaje político, he sentido las mismas reflexiones de hace diez años, con metáforas no inocentes, con mensajes subliminales de este catálogo de 2016, como el de la cocina de España, que debe modernizarse…, con criterios del imaginario de IKEA, como los que figuran siempre en sus millonarios catálogos.

Un ejemplo. He leído varias veces el programa de Podemos, como en diciembre de 2015, entrando ahora en su casa virtual, buscando desesperadamente algo que no he encontrado por ningún sitio, la política digital para el país desde la perspectiva de Gobierno Abierto y Digital, porque necesito “comprarla” para modernizar mi “casa”, es decir mi país, mi Comunidad. Coincide el catálogo de compromisos electoral con el espíritu IKEA porque “siguiéndolo puedo conquistar mi vida”, como ya lo anunciaban en 2006, cuestión que no he olvidado desde entonces: “¿qué está pasando en tu vida?” El mensaje de bienvenida no tiene desperdicio, como una admonición del siglo XXI: “Estás tan ocupado, siempre trabajando, corriendo de un lado a otro sin parar, que te has olvidado de lo bien que sienta estar en casa. Tu hogar está dejando de ser tu refugio. El exterior reclama más y más tu atención. Muy a menudo dedicamos nuestra energía a cosas que, en realidad, no son tan importantes para nosotros, desperdiciando oportunidades de disfrutar de las cosas que nos hacen felices. ¿Cómo has llegado hasta aquí? La vida en realidad es algo que está ocurriendo ahora, en este momento. La calidad de vida no depende de grandes cosas, sino de ese pequeño mundo que llamamos “mi casa”. Así que vamos a crear juntos un lugar donde puedes desconectar del exterior, ser tú mismo y disfrutar de las personas y las cosas que hacen que te sientas feliz. Ha llegado el momento de vivir en un mundo real: tu casa”. Porque el de fuera, da pánico…

He ido directamente a la sección de “Baños” en el catálogo político de 2016 y allí me he encontrado con los compromisos electorales de sanidad, la reforma fiscal para la suficiencia, la equidad y la cohesión social y, ¡atención!, la Administración Pública.

Sin comentarios. ¡Pasen y lean!

Sevilla, 9/VI/2016
__________________________________

La biblia de IKEA

El domingo leí un artículo extraordinario de Juan Cueto sobre el catálogo de IKEA en El País Semanal. Está muy bien escrito, con lenguaje lleno de guiños a la sátira, pero lo que me llamó poderosamente la atención es el dato que facilitaba sobre la edición de 2007, con una tirada multimillonaria de ejemplares, que supera hoy día al libro que alcanza más ediciones en el mundo: la Biblia. Se editan 160 millones de catálogos, como manuales de ciudadanía para las “repúblicas independientes de nuestras casas” según el eslogan de este año. Y me entró curiosidad por hojear sus páginas, en un acto de rivalidad digital por excelencia: lo visualicé por Internet, en la página Web de la firma, en línea, para mayor toma de conciencia de que pasaba a engrosar la lista de los lectores digitales del nuevo sentir “político” como ciudadano e inquilino virtual de repúblicas amuebladas por IKEA.

Indudablemente es un fenómeno humano que me entusiasma analizarlo desde una esfera de inteligencia social. Para empezar, no es baladí la fecha de publicación anual en España: septiembre de cada año, en el comienzo del curso escolar, una nueva etapa en la vida de cada uno y familiar, porque toda aquella persona que se estime conocedora y usuaria de los muebles de IKEA y que se precie de estar a la última, sabe que en agosto finaliza la validez del catálogo anterior. Está programada la tensión y el estrés está asegurado: se fabrica la necesidad de consumir bienes muebles (nunca mejor dicho), para la vida horizontal, como su sempiterno embalaje, porque la verticalidad no es válida en la república independiente de la casa de cada uno. La distribución es cosa del boca a boca. En la calle no se habla durante días de otra cosa. Todo el mundo ha visto el catálogo en televisión, pero la angustia crece por momentos porque “a mi casa todavía no ha llegado”. Y un buen día de septiembre corre la voz: “está en el portal, en el jardín, hay montones, no te preocupes porque hay muchos, no faltará uno en cada casa”.

Y comienzas a hojear la biblia de IKEA. Son 362 páginas, llenas de mensajes subliminales, como veremos más adelante, escritas (corporativamente hablando) por el espíritu del fundador, Ingvar Kamprad, cuyas iniciales, IK, unidas a las de la granja (Elmtaryd) y la aldea donde nació (Agunnaryd), EA, conforma el acrónimo IKEA, en un juego de nombre/hombre hecho a sí mismo, que nace en un ámbito rural, de familia campesina, un gran desconocido, que estimula la plasticidad de los cerebros y corazones de millones de personas en los cinco continentes. Hasta agosto de 2007, puedo “conquistar mi vida”, porque muy preocupados por mi existencia se preguntan: “¿qué está pasando en tu vida?”

El mensaje de bienvenida no tiene desperdicio, como una admonición del siglo XXI: “Estás tan ocupado, siempre trabajando, corriendo de un lado a otro sin parar, que te has olvidado de lo bien que sienta estar en casa. Tu hogar está dejando de ser tu refugio. El exterior reclama más y más tu atención. Muy a menudo dedicamos nuestra energía a cosas que, en realidad, no son tan importantes para nosotros, desperdiciando oportunidades de disfrutar de las cosas que nos hacen felices. ¿Cómo has llegado hasta aquí? La vida en realidad es algo que está ocurriendo ahora, en este momento. La calidad de vida no depende de grandes cosas, sino de ese pequeño mundo que llamamos “mi casa”. Así que vamos a crear juntos un lugar donde puedes desconectar del exterior, ser tú mismo y disfrutar de las personas y las cosas que hacen que te sientas feliz. Ha llegado el momento de vivir en un mundo real: tu casa”.

A partir de la página 4 se resaltan los “valores” tradicionales de la familia: “Pelea por estar juntos”, “Coincidir es un milagro”, todo trufado de entornos de película por conseguir, pero que de la mano de IKEA están al alcance de tu mano y de tu bolsillo: la isla familiar (1.669 euros), la mesa sociable (299 euros) y las puertas/pizarra. Avanzamos en la lectura y llega el espíritu de la república independiente. “Pelea por tu espacio, … intenta encontrar un lugar que solo te pertenezca a ti”: con los pies en alto (299 euros), en un escritorio con vistas (119 euros) y con un balneario privado. Sin que le falte un detalle a tu nueva vida.

Todo muy cercano y muy al alcance de la mano. “Pelea por un buen descanso”: decídete por el confort y las ventanas estarán siempre bajo tu control (24,95 euros). “Pelea por momentos de magia”: creatividad reposada y diversión instantánea: garantizado. Con su precio, porque es mercancía, porque todo es una pelea, como la vida misma.

Todo se puede reducir a un eslogan mágico, recogido en la página 15: “una forma de pensar diferente”. Y así, durante 347 páginas más, para que nos demos cuenta que desde hace cincuenta años los creadores y creativos de IKEA “perdieron todos los tornillos” para que el transporte, el montaje y la satisfacción personal del trabajo hecho por uno mismo nos llene de orgullo al conquistar los muebles de nuestra vida, a pesar de que lo más importante, la cabeza, siga sin amueblar. Es que el espíritu de IKEA está en todo, incluso en sus tiendas/templos y en mis devociones, pero con fecha de caducidad, 31 de agosto de 2007, en esta nueva experiencia de felicidad y libertad vigiladas. Todo, por un módico precio y con consejos de un dios desconocido. Aunque Anna, la asistente virtual por Internet, siempre estará dispuesta a sacarnos de cualquier apuro existencial y a sentarse conmigo en la mesa de la contraportada del catálogo, de pino macizo, envejecido y con barniz incoloro, eso sí, siempre que pase por caja y pague 89 euros en la península ibérica.

Sabré entonces que gracias a IKEA “he vuelto a conquistar mi vida” en un mercado que no me gusta y en el que para mí ¡qué quieren que les diga! está ya, desgraciadamente, casi todo vendido…

Sevilla, 5/X/2006

Insumisos y creyentes

ZVETAN TODOROV

Caminando del timbo al tambo digital, he leído una entrevista muy interesante, de las que te entregan pensamiento, sentimiento y corazón, al que hay que escuchar siempre mucho más fuertemente que el viento, según aprendí de Rafael Alberti en sus años de exilio en Argentina. Me refiero la efectuada para el diario El País al filósofo búlgaro/francés, Tzvetan Todorov (Sofía, 1939), con motivo de la publicación de su último libro, Insumisos, que engrosa la corta lista de los llamados imprescindibles y necesarios para comprender a través de personas y personajes que hacen historia digna estos difíciles momentos que atraviesa la humanidad: “Mientras existía la dictadura de uno u otro tipo se podía soñar con su final, no como si eso fuera el paraíso, pero sí como el momento en que podían empezar a solucionarse los problemas. Pero los seres humanos necesitamos algo más que la falta de la opresión directa. Debemos encontrar un sentido a la vida” (1). Me la ha entregado, una vez más, un maestro de vida (magister vitae), Juan Cruz, al que tanto admiro.

En tiempos de máxima turbación, no solo hay que preparar las mudanzas del alma, sino poner orden también en algo que perdura en el cerebro reptiliano, llamado odio, que aún conservamos en el centro neurálgico de nuestras decisiones y que el mundo digital no lo soluciona, por mucho que busquemos respuestas en Internet: “Este cerebro [reptiliano] responde desde el presente a situaciones que se van planteando. No proporciona gran independencia del medio y no capacita para el aprendizaje complejo. Desde una perspectiva más simbólica supone un tipo de conducta no sujeta a reglas, amoral (como la inducida por la serpiente en el jardín del edén), vivida en el puro presente. Las llamadas conductas viscerales, impulsivas o primitivas en los seres humanos ponen de manifiesto singularmente estos tipos de actividad cognitiva básica. En este contexto, la imitación es muy importante para la supervivencia. El ataque a lo “no igual” se producirá por ser interpretado como peligroso. Por ejemplo, la indumentaria, tanto a nivel macrosocial como microsocial (tribus urbanas), puede inhibir o provocar agresiones” (2).

Necesitamos creer en algo o en alguien, tener creencias. Es decir, es imprescindible para nuestro bienser (perdón por el neologismo) y bienestar personal resolver la dialéctica permanente entre el bien y el mal, el amor y el odio. Durante muchos siglos, aprendimos que la mejor y única respuesta a la dialéctica expuesta solo la sabía Dios y cuando tuvimos la oportunidad de haberla conocido -eso sí, cuando Dios hubiera querido o quiera, porque seguimos sin saberla-, a Adán y Eva no se les ocurrió mejor idea que mudarse de sitio, recordando unas palabras que escribí en este cuaderno de derrota (en argot marinero) en 2007: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso”. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso”.

Vuelvo a leer mis apuntes sobre el sentido de la vida y encuentro en ellos un sentido de la vida, tal y como recomienda Todorov: “Sigo leyendo de forma esporádica un gran libro sobre el que ya he reflexionado en alguna ocasión en esta páginas (blog), La mente moral (3), en el que se intenta desentrañar el dilema de cómo la naturaleza ha desarrollado nuestro sentido del bien y del mal, porque al igual que damos valor a la plata, dado que en sí misma no vale nada, el mal nos hace daño porque así lo identifica el cerebro humano: “Creo que una obligación humana por excelencia es llegar al conocimiento de por qué tenemos que encontrarnos siempre con el gran dilema dialéctico del bien y del mal, así como de las consecuencias de las decisiones que tomamos a diario en las que siempre está presente y del que difícilmente aprendemos por acción o por omisión. Si alguna vez llegáramos a explicar la causa de la decisión u omisión ética de nuestro cerebro, por qué se producen algunas respuestas que no nos agradan o que incluso nos hacen fracasar en un momento o para toda la vida, viviendo un desposorio casi místico con la culpa, haríamos mucho más fácil la vida diaria porque al menos sabríamos a qué atenernos.

Hoy, nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad ó a las personas (las creencias imprescindibles para todo ser humano, según Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal y de por qué actuamos de una forma u otra. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (4).

Salgo de vez en cuando a las aceras de Jacobs en esta sacrosanta ciudad, creyendo que encontraré en ellas una manta con libros que den respuesta a estas preguntas, como la que he visto esta mañana cerca de Santa Justa, de libros viejos y modernos a un euro, sobre una maravillosa alfombra de jacarandá. Pero como al dios de Alberti, en las iglesias de Roma, no la he encontrado por ningún sitio.

Sevilla, 6/VI/2016

(1) Cruz, Juan (2016, 6 de junio). “Hay formas de mantener la dignidad moral en circunstancias extremas”. El País.com.

(2) Universidad Autónoma de Madrid. Unidad de Psicología Médica, recuperado el 23 de julio de 2007.

(3) Hauser, Marc (2008). La mente moral. Barcelona: Paidós Ibérica, pág. 17.

(4) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.elcultural.com/noticias/letras/Tzvetan-Todorov-Nuestra-democracia-esta-en-peligro/7173