Este óleo de Georges de La Tour, El recién nacido, un pintor desconocido durante siglos para la historia del arte, se podrá contemplar a partir del 23 de febrero en la exposición temporal sobre este autor en el Museo de Prado. Sobrecoge el silencio y austeridad en este cuadro tan realista en los últimos años del pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes“ (1).
Necesitamos lecturas laicas como las de La Tour en el realismo cotidiano de este país, carente de la magia de García Márquez. Ayer asistimos al juicio penal de Rita Maestre, por su “performance” (así lo llamaron sus correligionarios) en la ocupación de la capilla de la Universidad de Somosaguas, en 2011, que considero irreverente y nada oportuna, pero que más allá de las formas, tiene una crítica de fondo que sí se debería tratar con urgencia en este país, tan descreído por horas, por mucho que le cueste reconocerlo a la Iglesia de toda la vida. No es lógico que un Estado laico siga manteniendo a día de hoy espacios católicos, apostólicos y romanos, sólo de una determinada creencia y con exclusividad absoluta, en edificios públicos y no se hagan análisis críticos de esta situación para abordarla legalmente como corresponde.
Soy consciente de la existencia del Concordato y de los Convenios con las Diócesis, pero esta lección realista de la religión según de La Tour es una metáfora que no deberíamos olvidar. Un nuevo Gobierno de cambio y progreso debe analizar lo sucedido e incorporar en el lugar que corresponda de prioridades (hay otras mucho más candentes y urgentes por supuesto) la declaración laica de estas circunstancias tan discriminatorias sobre la presencia de la Iglesia Católica en nuestro país.
Creo sinceramente que era lo que en el fondo quería denunciar Rita Maestre en su representación crítica con sus 21 años y a través de su compromiso activo con el realismo difícil de nuestro país, en un área que muchos entienden como de heridas de sentimientos religiosos, legítimos por supuesto, pero que obvian el análisis objetivo y certero de la necesidad de laicidad total en nuestro Estado. Espero que la nueva Constitución resuelva a favor del Estado su laicidad real y objetiva, dejando que la Iglesia copie a de La Tour la sencillez de sus noches de silencio laicas y no religiosas, con el afán evangélico del cada día, según San Mateo, para que nazca quizá una fe nueva en un mundo cada vez más descreído y con menos luz en su alma de secreto. Por mucho que algunos hayan querido renombrar el cuadro como La Navidad, cuando no era eso lo que se quería representar. Esa es la lección magistral de laicidad por parte de La Tour.
Navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba en 2012 en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.
Acabábamos de conocer también en esos días la triste noticia de cómo el capitán Schettino abandonaba de forma vergonzante el crucero Costa Concordia, que chocó el 12 de enero de 2012 por una maniobra indebida con una roca junto a la isla del Giglio, en un ejemplo patético de irresponsabilidad y cobardía. Todavía resuena en mis oídos la grabación en italiano de los gritos del jefe de guardacostas cuando le conminaba a que volviera al barco del que se había tirado de forma tan lamentable e indigna: “Suba a bordo. Es una orden. No ponga más excusas. Ha abandonado el barco, ahora estoy yo al mando. ¡Suba a bordo!”. Decía que se había “caído” por la popa cuando lo que constataron es que cuando llegó a la costa su ropa no estaba mojada. Nadó y guardó la ropa de la indignidad, nunca mejor dicho.
Lo he recordado especialmente en los últimos días, cuando nos asaltan las noticias continuas de la miseria política que propicia la corrupción, que se extiende como mancha de aceite en todo aquello que tiene que ver con la política, causando daños irreparables. Creo que es urgente pedir a los dirigentes políticos que no abandonen sus barcos de dignidad, especialmente aquellos que demuestran los auténticos valores de la política decente, que existe, porque son millones de personas las que con su voto les han dado respaldo en la buena fe política, aunque también compromete diariamente a los ciudadanos de a pie. Porque cuando depositamos nuestro voto confiamos en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Queremos ser escuchados en el silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Soñamos con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado. El voto es, en definitiva, un compromiso activo.
Por ello, alerto contra la tentación de tirarnos al mar de la burbuja personal de confort, de la presunta seguridad, ante el hartazgo por el acoso diario de la política mal entendida. Fundamentalmente, porque siguiendo con el aforismo, es probable que cuando un día quizá lejano queramos volver al barco de la dignidad, falte ya barco, es decir, el sitio decente que teníamos asignado en la vida y que en ese momento nos correspondía asumir. Porque también es verdad que nadie se baña dos veces… en los ríos que van a dar a la mar.
Dedicado a mi hijo Marcos, de quien tanto aprendo todos los días…
Saludarnos cuando comienza el día es un signo de educación y respeto en todo encuentro humano. Recibir este saludo con medios digitales puede tener también un componente humano cuando la inteligencia digital aplicada está al servicio de las personas, sabiendo de antemano que estos medios son casi siempre de doble uso. Con esta justificación de fondo, deseo dedicar hoy unas palabras especiales a un proyecto ejemplar, ¡Buenos días!, que han llevado a cabo dos personas, Álvaro Reinoso de la Orden y Marcos Cobeña Morián, con la ilusión de trasladar al mundo digital su saber hacer en el mundo del diseño gráfico y del desarrollo informático, respectivamente. Ellos explican muy bien cómo nació el proyecto y sus vicisitudes hasta llegar al momento mágico de entregarlo a la Noosfera, fruto de la cocreación y de la inteligencia conectiva digital que tanto admiro.
Como afirman, “esta no es una aplicación de alarma convencional. Se trata de una pequeña galería de arte metida en tu smartphone. Cada día al despertar recibirás una imagen con una idea motivadora deseándote los “buenos días”. Esta no es una aplicación de alarma convencional. Se trata de una pequeña galería de arte metida en tu smartphone. Cada día al despertar recibirás una imagen con una idea motivadora deseándote los “buenos días”.
Dibujo y realidad se fusionan para presentarte una idea que no habías pensado. Esta técnica se llama SketchShooting (dibujar/disparar), y la desarrolla un artista visual sevillano, desde 2012, llamado Álvaro Reinoso (aro), con la única intención de compartir energía positiva.
Descárgate esta app y ¡déjate llevar por una visión del mundo llena de fantasía que gusta a grandes y pequeños!”.
Así lo recibí y así lo he contado. Como si fuese un relato, de forma breve pero dos veces buena. Vean los vídeos promocionales de esta aplicación y comprenderán muy bien qué hay detrás de este proyecto. Un ejemplo para emprendedores de la vida, de sueños hechos realidad, llevado a cabo por dos personas que merecen siempre la atención de los otros, porque su trabajo está hecho con amor, como defendía siempre Luis Cernuda. ¿Cómo? Bajándose hoy la aplicación para recordar todos los días, buenos, que el mundo sólo tiene interés hacia adelante.
He leído un artículo de Gustavo Martín Garzo, La vida imaginativa, publicado en el diario El País del pasado 6 de febrero, que me parece fascinante. Comenta el contenido imaginativo de la última película de José Luis Guerín, La academia de las musas, que resulta sorprendente abordar en nuestro mundo diseñado a veces por el enemigo. El guión recupera una figura ancestral, las musas, para que en el terreno de la duda existencial en el que vivimos casi siempre se recupere su papel en el siglo XXI.
Aparentemente es un asunto de mujeres-musas, pero no es ese el resultado pretendido. Es también cosa de hombres, aunque no lo queramos reconocer. Todos podemos encontrar alguna vez en la vida la belleza y el amor a través de la comprensión de la historia de las musas y su lugar en un mundo alocado, que ha perdido el norte hace ya muchos años porque no ha entendido el rol de la mujer en el mundo, su lenguaje maravilloso de musa cuando estamos dispuestos a respetarlo y comprenderlo en todas sus expresiones de amor.
Cuenta Martin Garzo que en una de las escenas de la película “el profesor y una alumna viajan a Cerdeña a escuchar el canto milenario de unos pastores [el del tráiler]. Las musas se confunden con las ninfas de las fuentes y de los bosques. Ellas son las guardianas de la armonía del mundo e inspiran los distintos tipos de poesía, así como las artes y el amor. Y esos pastores las llaman con sus cantos misteriosos y las piden que abandonen el reino mudo de la naturaleza y regresen con ellos. Una ninfa que rompe a hablar, eso es una musa: un puente entre la naturaleza y la historia, entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre la realidad y el sueño. Y esta película nos dice que solo a través del amor, considerado como una de las bellas artes, se pueden conseguir cosas tan insensatas”. Impecable.
Otro gallo cantaría si un día decidiéramos buscar las musas de nuestra vida, sin distinción de género buscador. Nos daríamos cuenta de que solo consiste en estar atentos a lo que nos transmite la vida a través de pequeñas cosas, sobre todo de palabras que suenan como la música, el auténtico secreto de las musas que desean transmitir en todo momento. Lo que ocurre es que llevamos siglos con una invocación muy bien relatada por John Milton, en El paraíso perdido, cuando pide a las musas algo muy sutil: “Canta, celeste Musa, la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar trajo la muerte al mundo y todos nuestros males con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada”. Como si no existieran otras Musas que nos indicaran una y mil veces el camino de la belleza y del amor sin tener que recurrir al pecado.
En este tiempo de turbación recomiendo siempre hacer mudanzas, a pesar de lo preconizado por San Ignacio de Loyola en sentido contrario. ¿Por qué? Porque necesitamos salir de nuestra burbuja de supuesto confort y hacer como Adán y Eva, mudarnos, viajar para encontrar musas que reinterpreten nuestras vidas y nos permita ser felices. Arrastramos siglos de dolor por la educación que hemos recibido, la mía en concreto, donde el supuesto error/pecado de Adán y Eva destruyó muchas posibilidades de que las musas griegas nos devolvieran la vida. Adán y Eva no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase formaba parte de una campaña publicitaria de una empresa que en 2007 vendía productos para exterior en el mundo y se quedó grabada en mi persona de secreto. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en sus primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza en búsqueda de lo desconocido, en una carrera protagonizada por dos protagonistas rebeldes con causa: su amor. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir hoy al revés, con alma y desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo.
Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso en busca de alguna Musa que les hiciese comprender mejor qué es la vida, el mejor beso.
Guerín nos lo recuerda también recuperando un texto maravilloso de Borges, en el que queda claro que se nos permite todavía soñar en algo o en alguien que no está todavía en el catálogo de Amazon: “Son Paolo y Francesca / y también la reina y su amante / y todos los amantes que han sido / desde aquel Adán y su Eva / en el pasto del Paraíso. / Un libro, un sueño les revela / que son formas de un sueño que fue soñado / en tierras de Bretaña. /Otro libro hará que los hombres, / sueños también, los sueñen”.
Ayer se inauguró en el Museo Thyssen una exposición sobre “Realistas de Madrid”. Es una manifestación artística que valoro mucho, sobre todo en la obra extraordinaria de Antonio López, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este blog. Es fantástico contemplar sus pinturas en las que es difícil distinguir entre realidad fotográfica o pictórica, por su precisión absoluta. El tiempo deja de huir en algunos cuadros, sobre todo en los que precisa la hora exacta en que fueron pintados.
Esta realidad artística me ha recordado otra realidad de España, la política, actualmente en candelero y de consecuencias insospechadas. También he traído a la memoria el realismo político del siglo pasado tan cercano siempre a las dictaduras, aunque sean del proletariado y que algunos, sin nombrarlo, quizá añoran tanto a la derecha como la izquierda, arriba o abajo. Es inimaginable lo que tuvieron que hacer compositores tan extraordinarios como Dmitri Shostakóvich, Serguéi Prokófiev y Aram Jachaturián, cuando el régimen realista soviético censuraba sus obras por no ajustarse a los patrones rígidos del Realismo Socialista. A pesar de ello, vuelvo a escuchar siempre “La danza del sable”, de Jachaturián y aprecio cómo los caballos galopan para demostrar qué es lo que ocurre en las estepas armenias, su realidad social interpretada a través del arte…, aunque solo sea para contentar al poder establecido. O lo que escribía Alberti:
Las tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras. Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, al sol y a la luna.
¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!
Aun así, coincido con lo expresado por George Lukács en su precioso libro sobre “El asalto a la razón”, en el sentido de que no existen ideologías inocentes, ni realismos tampoco.
Todo esto venía a cuento de la situación política actual en España, porque es necesario y urgente aplicar el principio de realidad en la interpretación final de lo que han manifestado los votantes en las elecciones de 20 de diciembre. Hay que aplicar el realismo político tal y como está sucediendo, obligando a pintar las cosas como son y no solo como algunos las interpretan. Si se ha elegido pluralismo, aceptemos esta realidad. ¿Por qué se empeñan en llamar necesidad imperiosa de gobierno firme a lo que todo el mundo llama, a través de sus votos, gobierno de cambio y progreso? ¿Es tan difícil pintar o poner música a esta realidad?
Hace falta realismo en Madrid, sede en estos momentos de las decisiones transcendentales para que se conforme el próximo Gobierno de España. Quizá la exposición del Thyssen ayude a comprender que puede nacer un nuevo realismo político a gusto de muchos, no de unos pocos. Ya lo dije anteriormente: no existen ideologías inocentes, pero determinados realismos políticos tampoco. ¡Cuidado!
Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor.
Manuel Machado,Cante hondo
Anoche cantó Ainhoa Arteta coplas de García Lorca, que todavía las sigue cantando el pueblo que en este caso no olvida a quien recopiló versos sin autor. Ocurrió ayer en el escenario minimalista del Maestranza, que se hizo grande en la representación del alma del poeta granadino, porque inundaba la sala hasta en su último asiento. Nuestro paisano Luis Cernuda lo había dicho con palabras maravillosas, cargadas de dolor, a sus paisanos andaluces de Sevilla: el trabajo, con amor hecho, merece siempre la atención de los otros. Ainhoa Arteta lo hizo con su saber ser y estar en el escenario, sobre todo con amor, con deseos implícitos de estar cerca de Federico, que se hicieron realidad cuando al finalizar su concierto se mezcló con el público que sabía cantar con ella sus coplas más famosas, por tanto, más populares, como él quería y… otras que se guardan siempre en el alma de secreto, cuando muchos –en actitud vergonzante- no se atreven a cantar hoy día como ella “de España vengo, de España soy…”.
Tenemos que agradecer a Ainhoa su paso por Sevilla, nunca inocente, porque nos recordó que no debemos olvidar a quienes nos precedieron en honrar esta tierra con palabras excelsas. El eco de poemas maravillosos de Federico se mantuvo con un silencio sepulcral en las voces de Francisco Rabal (La sangre derramada) y Rafael Alberti (Leonardo y la novia), quien aconsejaba siempre escuchar al corazón mucho más fuertemente que el viento, “Libre y solo el corazón más que el viento. El verso sin él no es nada. Sólo verso”.
Cuando despertamos, García Lorca todavía estaba allí. Junto a Ainhoa Arteta. Con nosotros.
Sé que Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí es completamente desconocida, como las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto. Por ello se convierte en algo deseado y deseante, tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez. Hay un motivo que la hace todavía más entrañable y claro objeto de deseo: allí se rodó una excelente película, El cartero (de Pablo Neruda), en una playa especial de esta preciosa isla, Pozzo Vecchio, llamada también Playa del cartero, donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que Mario (Massimo Troisi) y la bella Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta un efecto halo especial.
Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices ante las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película preciosa, que me impactó mucho, en una adaptación muy amable de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora.
He leído una crónica de sueños anunciados en relación con esta isla, realizada por Luisa Castro, poeta y directora del Instituto Cervantes de Nápoles. Relata de forma breve, pero dos veces buena, su experiencia personal en esa isla desconocida para muchos. Quizá tenga más sentido que nunca la metáfora que nos narra Saramago en su cuento íntimo de la isla desconocida y que Mario, el cartero de Neruda, hubiera entendido siempre a la perfección: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
Es verdad: cuando me desperté hoy, Procida estaba todavía allí.
Escribo estas líneas en momentos difíciles en este país, cuando es necesario reivindicar el papel que debe jugar la izquierda auténtica, aquella que siempre permitió comprender que es mejor caminar juntos que solos, como pueblo unido, como frente popular, porque si alguien cae ante la adversidad siempre tendrá cerca una persona que la levante. En todos los planos de la vida que podamos imaginar, sin excepción alguna. Los señores de negro (con barras rojas y blancas y estrellas blancas) o los de azul (solo con estrellas doradas) que pertenecen a la Unión Europea, ya avisan sin piedad: “Las dificultades para formar Gobierno podrían provocar una pérdida de confianza”. Y estas palabras nunca son inocentes.
Al buen entendedor pocas palabras bastan. Hoy es complicado hablar de la izquierda. Algunas personas tienen una actitud vergonzante para reconocerse como de izquierda ante la presión mediática de algunos líderes políticos, tertulianos de dos al cuarto y prensa más que amarilla que arremeten contra los que utilizan este término para situarse en un determinado espectro político. Los que quizá nos hemos equivocado de siglo, asistimos con cierta estupefacción a este demolición, acoso y derribo de todo aquello que suena a izquierda, porque es un lenguaje de la casta, que dicen algunos. Verdaderamente lamentable. Es de bien nacido ser agradecido y creo que quienes pasamos el examen histórico de ser de izquierdas, tenemos la suerte de pertenecer a un club digno, consecuente, coherente y comprometido con la conciencia de clase, no con el sentimiento de la misma. La conciencia fluye y permanece. El sentimiento siempre es fugaz. Por ello, debemos agradecer a la vida que nos haya dado tanto a la izquierda, incluso hermosas canciones (Violeta Parra dixit y Quilapayún cantavit).
También es justo reconocer que el cerebro juega una buena pasada con esto de ser de izquierdas, porque puestos a elegir le gusta más este lado de la vida. ¿Por qué? Existen razones de la neurociencia que el corazón también acaba reconociéndolas con el hemisferio derecho. Pero lo primero es lo primero. Por ejemplo, el lado izquierdo cerebral es el que nos permite hablar y preparar los conceptos para expresarnos adecuadamente, porque allí se alojan determinadas estructuras cerebrales que nos pre-disponen para ello. El habla es la principal característica de los seres humanos y cuando el hemisferio izquierdo enferma el ser humano sufre mucho, porque enferma el lado izquierdo de la vida. Ya lo he demostrado en varias publicaciones de este blog. Recuerdo especialmente una de 2007, cuando abordé la correlación entre inteligencia y pobreza, a raíz de una noticia publicada en la prestigiosa revista científica The Lancet y que podría ser una noticia de rabiosa actualidad hoy: “Más de 200 millones de niños menores de cinco años no consiguen alcanzar el pleno desarrollo de su potencial cognitivo a causa de la pobreza, la mala salud, la desnutrición y el cuidado deficiente”. La importancia de la inteligencia individual tiene ya su punto de partida en el hecho de la gestación del ser humano y en sus ciclos antecedentes de la unión de una pareja, por la aportación futura a la configuración de la inteligencia individual y conectiva. Y hay un dato irrefutable: cada año nacen en torno a 136 millones de niñas y niños, con unas capacidades determinadas por el carné genético de cada uno y por su entorno”.
Este bucle perverso, generado por la pobreza extrema que está más cerca de nuestras vidas de lo que a veces creemos, se forja en la visión integrada de la correlación existente entre inteligencia, gestación y nacimiento, como kilómetro cero de la proyección humana de la inteligencia individual. Y también por el extraordinario poder de la palabra, alojado en el hemisferio izquierdo del cerebro si se respetan las reglas del juego democrático de garantizar la educación, la salud y laos servicios sociales durante la vida de cada persona. Esta perspectiva de peligro de los desajustes sociales que tanto quiere proteger la izquierda, está mucho más cerca de la realidad social desarrollada de lo que muchas veces se piensa e investiga. Y llena de frustración saber que las posibilidades de cada inteligencia en particular se forjan en esta fase de los preliminares de la vida. Más tarde, comienza el camino errático de la pobreza global: física, psíquica y social.
El hecho de que las personas hablen, de que el pueblo hable, gracias a la izquierda cerebral, nos permite conocer hoy que las interacciones de los genes y el medio en el que se desenvuelven durante la gestación, nacimiento y crecimiento del ser humano, están aún por descifrar pero se sabe a ciencia cierta que constituyen una garantía de futuro cerebral escrita en el carné genético de cada uno para que pueda ser feliz si lo garantiza una ideología de forma equitativa y solidaria, porque las ideologías no son inocentes.
Quiero hacer una declaración de principios sobre la lateralidad de la izquierda cerebral, como aviso para navegantes malintencionados: el hecho de que el hemisferio izquierdo esté más desarrollado en los hombres, que es una evidencia científica, no significa que sean por sí mismos más inteligentes. ¿Por qué? Sencillamente porque el hemisferio izquierdo siempre es el dominante tanto en la mujer como en el hombre, porque es el responsable de la capacidad lingüística, de la categorización y de la simbolización: es el que otorga todas las posibilidades de agregar valor a la palabra. Y también es el responsable del control de las extremidades usadas en los movimientos habilidosos, con sentido: la mano, el brazo, la pierna. Dar la mano, adquiere así un valor incalculable. Y los grandes descubrimientos que quedan por hacer vienen de un hemisferio también compartido, el derecho, llamado también hemisferio menor, no dominante. Por eso nunca entendí aquella frase de mi infancia madrileña, en el discreto encanto de la burguesía: “los hombres no lloran”. Era imposible entenderlo porque la maduración cognitiva de mi cerebro, a los seis años, estaba muy distante de tener preparado mi “cableado” cerebral para comprender esta forma de ser en el mundo, debido siempre a una forma de entender la cultura. Pero igual mi hermana, que aunque lloraba desconsoladamente y con alguna frecuencia, tampoco lo estaba. Aunque sí estaba permitido para ella y se justificaba con displicencia a quienes nos preocupaba el sentimiento de la vida. Torpeza para muchos, en aquella época, cuando crecíamos en unas condiciones muchas veces lamentable.
Si la ciencia es capaz ya de anunciar a los cuatro vientos estas posibilidades, la injusticia social denunciada en el artículo de The Lancet anteriormente citado evidencia la gran fractura humana que sufrimos. Por cierto más cerca de nosotros de lo que creemos. Quizá en el piso de arriba de nuestras casas, en el teórico primer mundo, donde la inteligencia de las niñas y niños que conocemos pueden estar viviendo un auténtico infierno en su desarrollo cognitivo, afectivo y social. Eso sí, con una pobreza diferente que parece ser que solo interesa defender a los que no les importa seguir reconociéndose como miembros de la izquierda comprometida con compartir el sentido de vivir todos, no solo algunos, dignamente. Con conciencia de clase, naturalmente, porque todos no somos ni son iguales. Afortunadamente.
El hombre es un animal político, en palabras de Aristóteles. Si esto es así, que lo es, representa la vida en todas y cada una de sus manifestaciones. Si esto es así, que también lo es, podemos deducir que la vida elige al que la ama. Esta frase tan maravillosa es la que pronunció de forma callada la Mamma ante una pregunta que le hace su hijo Antonio (Marcello Mastroianni), el protagonista de Maccheroni junto a Robert (Jack Lemmon), sobre el futuro de su amigo, en una película excelente de Ettore Scola, director recientemente fallecido que se comprometió precisamente con la vida neorrealista, no solo italiana, tal y como es y sin aderezo alguno.
Así lo cuenta el director español Fernando León de Aranoa, en un artículo publicado en el diario El País del pasado 22 de enero: “Su hijo [Antonio], con una manguera en la mano que mueve arriba y abajo empapándolo todo, y conjurando así de paso cualquier atisbo de solemnidad, traduce: “La muerte en sí no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre ha hecho en vida? ¿Borra sus méritos, su legado? No. Así que… Muerte, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Vida. Pero la Vida dura una vida, amiga mía. Y tú, Muerte, solo duras un instante, el instante en el que llegas”.
He pensado por un momento que la política también elige al que la ama, cuando la decencia es ideología estructural de la persona en su vertiente aristotélica en estado puro. En estos días, los líderes políticos de este país, que tienen la responsabilidad (conocimiento de la situación más libertad de decidir) de formar gobierno, deberían pensar que la política solo elige al que la ama y no se aprovecha de ella. Eso es lo que esperamos cariacontecidos las personas de buena fe política que hemos crecido con conciencia de clase más que con sentimiento de ella. La conciencia permanece, pero el sentimiento suele morir porque es pasajero.
Antonio lo tenía claro: si la vida elige al que la ama, la muerte no existe, es decir, si la política elige al que la ama, el fracaso político en sí mismo no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre político puede hacer en vida, durante una legislatura? ¿Borra sus méritos, su legado, su trabajo bien hecho, que siempre merece la atención de los otros, como nos recordaba admirablemente Luis Cernuda cuando se dirigía con estas palabras a sus paisanos sevillanos? No. Así que… Fracaso político, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la Política o Vida de conciencia de clase. Pero la auténtica Política dura una Vida, amiga mía. Y tú, Muerte/Fracaso Político, solo duras un instante, el instante en el que llegas.
Es curioso, pero ha sido la muerte paradójica de Ettore Scola la que me ha entregado estas palabras para seguir comprendiendo que quien ama la vida comprende por qué un día nacimos y fuimos lanzados al mundo, probablemente solos, para ser personas con vida política, la que nos enseñó Aristóteles, para amarla apasionadamente. Y exigirla en ocasiones especiales, como las que estamos viviendo en nuestro país, a quienes tienen la responsabilidad de ejercerla dignamente. Porque la política solo elige a quien la ama como la propia vida.
El niño de Bescansa ha ocasionado una marea de comentarios a favor y en contra de un gesto que me ha recordado algo que aprendí hace ya muchos años de unas palabras de Nicholas Negroponte, en un libro de consultoría en estrategia digital (1) que me ha acompañado durante años de vida profesional, porque necesitamos a los niños para solucionar problemas complejos de la vida: “Mi consejo para cualquier directivo no-digital (es decir, la mayoría de los directivos actuales) es que no deben tener en cuenta a su departamento de informática y lo que deben hacer es “contratar a un niño”. Lo decía en 1998 en referencia a que el mundo tecnológico lo iban a dirigir en un futuro no lejano los niños porque influyen en el mercado, marcan tendencias y en última instancia “tenemos que aprender de ellos”.
No voy a echar leña al fuego sobre la presencia de este niño en el hemiciclo, porque creo que ha sido un gesto mediático muy calculado, no inocente, para llamar la atención sobre una realidad social clamorosa que sufren mayoritariamente las mujeres cuando como madres tienen que compatibilizar trabajo y cuidado materno. Quizá sea un símbolo de la necesidad de estas presencias. Verán por qué.
La cita del libro citado anteriormente, que me regalaron en una magnífica conferencia de Punset, lo he asociado siempre a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendría que gritar hoy la gente, los de abajo, en el Congreso de los Diputados que están obligatoriamente obligados a entenderse, cuando les parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados en la actualidad. Porque la situación política de este país les debería llevar a comprender que el resultado de las urnas es un mandato explícito para que se busquen acuerdos de gobierno y legislatura que… hasta un niño de cuatro años es capaz de entenderlo.
Sevilla, 19/I/2016
(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Harvard Business School Press: Boston (Massachusetts). El título, que se antoja como imposible, ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” (killer app) en el mundo digital, para comprender bien su significado exacto.