Se juega con la ética

CONDICIONANTES
Estamos asistiendo a una manipulación de los valores que está alcanzando límites insospechados. Basta con estar atentos a la publicidad que nos rodea por tierra, mar y aire, para vislumbrar el uso continuo de los valores encubriendo sobre todo soluciones de mercado, convirtiéndolos en mercancía de usar y tirar. Es frecuente ver la utilización torticera de niños y niñas como reclamo publicitario. También, ancianos o personas que son el señuelo para acceder a la felicidad o felicidades que nos promete el mercado siempre que, obviamente, se pase antes por ventanillas no inocentes.

Esta mañana he visto un anuncio de una entidad bancaria que simboliza bien esta difícil frontera de la mediatización de valores: “Su abuelo fue abogado, su padre fue abogado. Él, es músico. Porque ya vivimos demasiado condicionados”. La solución a esta situación es rápida:”Cámbiate hoy mismo a la Cuenta NÓMINA. Sin comisiones, sin condiciones”.

La historia se repite. Cuando era niño y pensaba como niño, quise estudiar piano y en mi casa se valoró como una pérdida de tiempo, porque había que ser hombre de provecho y el piano era cosa de “cómicos”. Yo no quería estar condicionado, pero el discreto encanto de la burguesía del barrio de Salamanca en Madrid, mandaba también en la conciencia de cada uno. Sobre todo cuando solo eras un niño. Además, del Sur.

Entre el desgraciado desprecio a los cómicos de ayer y el aprecio desmesurado al dinero de hoy, anda el juego. Pero los condicionamientos humanos no son solo económicos, es decir, mercancía. Suelen afectar, sobre todo, al alma de la persona de secreto. Es lo que pasa cuando se confunde, como le pasa a todo necio, valor y precio.

Sevilla, 20/VII/2015

Un piano llamado sueño


En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

Mario Benedetti, Señales

Érase una vez un piano que no sonaba en los últimos trece años. Un día, pasado su silencio sonoro, alguien abrió la tapa del teclado, retiró el paño rojo que cubría las 88 notas y unas manos, que siempre traían viejas señales, manos de ahora no las de antes, comenzaron a pulsarlas de nuevo emitiendo sonidos de partituras especiales.

Aquella situación de silencio era una verdadera sinfonía para un sueño. Lo importante ahora era saber esperar a que un día esas manos den lo que puedan, porque no se avergüenzan del sentimiento, que se debe escuchar siempre mucho más fuerte que el viento.

Schumann, Albinoni y Mozart dejaron sus partituras en ese atril de los sueños, con mensajes confidenciales: el amor sabe esperar siempre y la música sabe llevar entre algodones determinados caminos de inteligencia emocional.

Escucharon con atención reverencial una forma diferente de interpretarlas. Aquellas manos tenían que tocar una y mil veces notas complejas, pero todo sería posible si esas manos tenían claro que eran dedos de ahora, preparados para acariciar notas que un día se escribieron como señales para tocar solo en un piano que se llamara sueño.

Sevilla, 13/VII/2015

La dignidad de un niño gay

DIGNIDAD EN LA SINGULARIDAD

La doble moral americana no tiene límites. Esta noticia no es una más en la crónica de sucesos indeseables porque tiene un contenido especial, tal y como la hemos conocido en nuestro país a través del Huffington Post: “Cuando un niño tiene miedo de su futuro por ser homosexual es momento de detenernos, reflexionar y analizar si algo está fallando en nuestra sociedad. El 3 de julio, Humans of New York, un proyecto creado hace cinco años por el fotógrafo Brandon Stanton, publicó en su página de Facebook la fotografía de un niño llorando acompañada de la siguiente descripción: «Soy homosexual y me da miedo mi futuro y que no le agrade a las personas».

El hecho se ha convertido en noticia porque la fotografía tuvo que ser subida dos veces en Facebook, ya que la primera vez fue eliminada por la red social debido a un «problema técnico» que habría dejado la publicación invisible por un tiempo, según informó The Telegraph. La doble moral en una sociedad que practica los vicios privados que se convierten en públicas virtudes, gracias al mercado de los sentimientos que se venden y pagan a cualquier precio, hace su aparición también en las redes sociales, porque estas noticias gráficas molestan en la sociedad del bienestar más que del bienser (perdón por el neologismo).

Nos permite, al menos, hacer hoy una reflexión: necesitamos cantar el elogio de la singularidad, tal y como lo escribí recientemente en este cuaderno de inteligencia digital que busca siempre islas desconocidas: “Creo que más que normalidad, habría que hablar de singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles. Pura mercancía”.

Este niño tan digno, que representa la situación de miles de niños y niñas singulares, en su universo arco iris de todos los días, necesita solo el reconocimiento de lo que es y de lo que siente, basado en el principio de normalidad. No por lo que tiene o le entrega la sociedad de consumo y mercado, tal como ya definía el lema singularidad en este país el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o mejor: lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución genética de su propia vida, que merece siempre el respeto de los demás para que este niño, símbolo de muchos niños y niñas del mundo, no tenga miedo de su futuro y que la gente lo integre como una persona más. Simplemente, porque les agrada estar con él y sin necesidad de ser noticia o que su foto sea incómoda para conciencias timoratas y farisaicas que controlan, a la americana, la ética de las redes sociales.

Sevilla, 9/VII/2015

El siglo de la revolución digital /1 – Watson solo sabe que no sabe nada


Darío Gil, El ABC de los entornos cognitivos

Inicio con este post una serie dedicada a la revolución digital, que deja atrás por nanosegundos a la industrial y que está desarrollando unas formas nuevas de ser y estar en el mundo. Nadie puede negar a las alturas de este siglo que la era digital se está viviendo ya en todos los continentes, en todos los ecosistemas humanos, con la única excepción de los que menos tienen, que son millones de personas a los que no llega esta realidad para hacerles la vida más llevadera, porque la tecnología no soluciona estos problemas de lesa humanidad, de acuerdo con una reflexión de Negroponte que me acompaña siempre: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.”

He confiado siempre en la revolución digital, a través del constructo “inteligencia digital” que todos tenemos la oportunidad de poseer, conocer y practicar, porque se traduce sencillamente en la capacidad humana de resolver problemas con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. De tal forma que ya tenemos a disposición de la sociedad proyectos tan maravillosos como el de creación de sistemas cognitivos, en supercomputadoras del tipo Watson, que aprenden a dar respuestas a interrogantes humanos en campos tan sensibles como el de la salud y la enfermedad, gracias a la interacción humana que les ayuda a descifrar la lógica de los sentimientos, emociones y decisiones cognitivas, que no las conoce por sí misma la supercomputación, pero que gracias a la interacción de los cogs (unidades de software que permitirán construir entornos cognitivos interactivos), ofrece a la inteligencia digital de los seres humanos información estructurada, que no respuestas, que el cerebro por sí mismo no sería nunca capaz de conocer.

WATSON Y COGS
Watson y la sociedad de los cogs

Desde la divulgación científica digital, recomiendo la lectura de un reportaje publicado hoy en El País Semanal, La nueva era de la computación, por su dimensión humana, sabiendo que es un científico español, Darío Gil, el que dirige esta experiencia tan sobrecogedora de la computación cognitiva, con muchas preguntas sin resolver, pero que el mundo necesita desarrollar aún a riesgo de que se utilice este conocimiento con filosofía de doble uso, porque ya lo he manifestado en muchas ocasiones: las tecnologías de la información y comunicación no son inocentes. Estamos, por tanto, ante una auténtica revolución digital: “Si las máquinas y la tecnología lograron que el hombre transformara el mundo más allá de lo que sus músculos le permitían, Watson es el primer paso para llevarle a un estadio que las dimensiones de su cerebro no le permiten alcanzar. Darío Gil, ingeniero español formado en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston que dirige el centro de investigación de sistemas simbiótico-cognitivos de IBM, lo expone así: “La revolución industrial nos dio fuerza donde terminaba el músculo. La revolución cognitiva nos amplía los conocimientos donde termina el cerebro. Expande nuestra capacidad mental. Es una tecnología con un tremendo potencial transformador. Tendremos superpoderes cognitivos”.

Darío Gil lo simplifica de forma muy didáctica y aleccionadora: “… no se trata de sustituir al hombre, sino de complementarlo: “El trabajo con un sistema cognitivo es un diálogo, una relación simbiótica. ¿Qué aportamos los humanos? Los problemas, nuestros conocimientos, nuestro sentido común, nuestra intuición y nuestros valores en la toma de decisiones. El sistema cognitivo aporta su capacidad de análisis y de descubrimiento, su capacidad para encontrar conexiones en todo el conocimiento digital disponible. De esta manera es como Watson trabaja, por ejemplo, con algunos de los principales oncólogos del mundo”.

Dejemos trabajar a Watson, porque está convencido de que solo sabe que no sabe nada. Necesita siempre la colaboración humana y eso no lo va a olvidar nunca. Ha aprendido, por ejemplo, que el ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve. Y que un día ya lejano, estas palabras nos las regaló Antonio Machado, un poeta sobre el que se lo sabe casi todo, aunque necesita que le expliquemos cómo se sentía al escribirlas. Y Watson no se emociona, pero te devuelve todo lo que sabe de su vida, que a los seres humanos tanto nos importa y a veces escapa a nuestro conocimiento. Es lo que cantaba de forma excelente Enrique Morente, en su soleá de la ciencia, sin que por ello tenga que ruborizarse Watson, tan listo él:

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así,
Porque si la ciencia fueras
Me hubieras comprendido a mí,
¿por qué siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí?

Sevilla, 5/VII/2015

No pongáis vuestras sucias manos sobre García Lorca

GARCIA LORCA
Y hoy que el hombre profana tu sepulcral encanto,
quiero que entre tus ruinas se adormezca mi canto
Como un pájaro herido por astral cazador.

Federico García Lorca, Granada. Elegía humilde.

La noticia salpicó ayer el nombre del poeta, siendo un insulto agregado a la cadena de despropósitos de este país con su vida y obra. Ya no son problemas de un supuesto orden menor, cuatro golfos, sino de proporciones alarmantes para la ética pública, porque los vicios aparecen como privados ante unas supuestas virtudes de carácter público. La corrupción se extiende día a día y salpica cualquier rincón público del país. Ahora hemos conocido que Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la Fundación García Lorca, ha denunciado al secretario, Juan Tomás Martín, en los juzgados de la plaza de Castilla de Madrid por falsedad documental y apropiación indebida.

El presunto fraude está vinculado con la financiación del centro dedicado al poeta en Granada: “El agujero económico tiene que ver con las ayudas concedidas para la construcción del inmueble, pero que se han justificado con facturas de créditos bancarios, sueldos, viajes, exposiciones y producciones teatrales ajenas a las obras del edificio. Las explicaciones que Martín, quien ha gestionado en total unos 27 millones de euros, ha ofrecido a las instituciones no convencen a nadie. Mientras, dos auditorías intentan arrojar luz sobre las cuentas” (1).

Es indigno todo acto de corrupción, cualquiera que sea su origen y destino, pero en este caso cubre de especial significado la sombra de dudas sobre la gestión irregular de la Fundación que lleva el nombre del poeta. Poner las sucias manos de la corrupción sobre esta obra simboliza el trato que determinadas personas siguen dando a la vida y obra de Federico García Lorca, que debería llevarse en nuestro país entre algodones, como símbolo del respeto permanente a su ausencia presente siempre en nuestra conciencia, escuchando todos el canto de Federico como un pájaro herido por astral cazador, porque sabe que alguien ha profanado el sepulcral encanto de su nueva casa en su querida ciudad.

Sevilla, 30/VI/2015

(1) Martin-Arroyo, Javier (2015, 28 de junio). Laura García Lorca denuncia al secretario de la fundación del poeta. El País.com.

Cuando no hacen falta mil palabras

Es un anuncio impactante, que no agrada verlo porque la conciencia se queda tocada. Pero, ¿qué es la conciencia? Según la Real Academia Española de la Lengua, en los países de habla hispana se entiende de cinco formas diferentes: 1. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, 2. Conocimiento interior del bien y del mal, 3. Conocimiento reflexivo de las cosas, 4. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto y 5. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

En esta ocasión el vaso de leche no está medio vacío o medio lleno, está vacío de ética compartida pero lleno de paro y recortes innecesarios para los niños y niñas de este país. No hay duda alguna. Junto al verano que ya ha llegado, podemos colaborar para que miles de niños y niñas tengan la alimentación adecuada, dándonos cuenta de que reconocemos los atributos esenciales de la niñez y las modificaciones que pueden sufrir por un crecimiento anómalo por alimentación inadecuada. También los nuestros, porque sabemos a ciencia cierta, interiormente, que situaciones como la del anuncio no están bien, son situaciones malas, perversas, en un mundo que suele mirar para otro lado en muchas ocasiones similares a estas, aunque determinados ayuntamientos de ideologías no inocentes en relación con los derechos humanos (no todos somos ni son iguales) se hayan comprometido a mantener servicios dignos, diferentes, de alimentación infantil en sus casas, sin que tengan que estar señalados como la atención a los pobres de solemnidad de épocas anteriores de difícil recuerdo. Podemos reflexionar para colaborar como ciudadanos políticos (en su acepción más exacta) de la forma más adecuada, porque no todo radica en la omnipresencia del poderoso caballero don dinero. Sabemos bien que todo necio confunde valor y precio.

Las dos acepciones últimas también nos tocan de lleno. Cuando vemos el anuncio lo hacemos nosotros solos, aunque estemos acompañados. Y esta soledad sonora del principio de realidad, es decir, de que hoy, mañana y pasado se tendrán que llenar muchos vasos de leche y agua para alargar su disponibilidad falsa, solo aparente, debe quedar como pre-ocupación para la conciencia de cada uno, cada una. Porque nos damos cuenta de que estamos en un mundo que no nos gusta, porque tomamos conciencia de que esto no debe ser. Menos, estas imágenes, que no han necesitado hoy mil palabras para explicarlas, sino cuatrocientas doce…

Sevilla, 28/VI/2015

El autobús de la libertad

Es una historia conmovedora. Todos los días, un autobús desvencijado recorre las calles de Cochabamba, en Bolivia, para recoger niños y niñas que viven con sus padres en las cinco cárceles de la ciudad y que permiten que los hijos de los presos vivan con ellos. Son unas condiciones infernales, porque exige a estos padres un trabajo suplementario en el comedor o la lavandería de la cárcel para ganar el dinero que cuesta que vivan con ellos, pero lo hacen encantados porque están convencidos de que sus hijos e hijas son felices todas las mañanas esperando el autobús financiado por el Centro de Apoyo Integral Carcelario y Comunitario (CAICC), para asistir a clase y porque los lleva a una vida de libertad y conocimiento: «Mi guagüita vive en la cárcel, pero ella no está detenida. Toditos los días esperamos al bus, Pepa vuelve contenta” (1). Y lo que es mejor: saben que vuelven todos los días, sin daño alguno, con lo poco que vale la vida en esa ciudad.

Los relatos deben ser cortos y, si buenos, dos veces buenos. Les invito a que se suban a este autobús real viendo el video que encabeza este post. Es una historia corriente, diaria, pero que te hiela el corazón por momentos, devolviéndonos la ilusión por estar más cerca cada día de los que menos tienen pero que con estas experiencias solidarias, cada día, más libres son.

Sevilla, 26/VI/2015

(1) Silva, Melisa (2015, 25 de junio). El país de los niños encarcelados. El País.com (Planeta Futuro).

El mejor profesor, la mejor profesora…

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Cada vez que me aproximo a la enseñanza siento la necesidad de retomar lo que he amado y amo por encima de todas las experiencias profesionales: ser un buen profesor. La lectura de un interesante artículo publicado en el diario El País, con un título sugerente: ¿Qué es lo más importante para ser el mejor profesor?, ofrece una panorámica objetiva sobre las distintas actuaciones y habilidades de los profesores en el aula, que se han analizado en el estudio Prácticas docentes y rendimiento estudiantil, realizado por el profesor de Economía de la Universidad de Murcia Ildefonso Méndez, “que relaciona por primera vez los resultados de dos informes internacionales de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Por un lado el informe PISA 2012, sobre rendimiento de estudiantes de 15 años. Por el otro, TALIS 2013, que ofrece información de la enseñanza a través de encuestas a los profesores”.

Los resultados principales se circunscriben a datos relevantes de las expectativas acerca de qué se espera de un buen profesor y sorprenden por la realidad docente y discente que se vive a diario. Los tres aspectos de los docentes que más influyen en el aprendizaje de los alumnos son, por este orden, el título de doctor, que puedan trabajar con grupos pequeños de alumnos y que conozcan a fondo la materia que imparten, siendo muy significativo el puesto que ocupa la formación en nuevas tecnologías en estos indicadores, el penúltimo, tal y como se puede comprobar en el gráfico siguiente:

ASPECTOS DOCENTES

En este cuaderno he escrito en bastantes ocasiones sobre la importancia de la educación en la vida de las personas y cómo nunca es inocente cuando encontramos profesores y profesoras dedicados en cuerpo y alma a la docencia, en todos los niveles posibles, desde la escuela infantil hasta la Universidad. He reflejado el papel que juega el cine, por ejemplo, porque ha colaborado de forma muy directa en esta prospección del docente comprometido, habiéndonos dejado mensajes inolvidables como Hoy empieza todo, Ser o tener, El club de los poetas muertos, Los chicos del coro, La lengua de las mariposas o Billy Elliot, entre otras películas inolvidables.

El arte de enseñar es siempre el arte de contar historias de la vida, en su marco personal e intransferible de libertad, que preocupan como personas que son a los alumnos y alumnas a los que hay que prestar la máxima atención científica y humana. Un profesor cercano y con gran conocimiento de la materia que imparte y de la evolución personal y emocional de sus alumnos, sin dejar atrás a nadie, es lo que se espera hoy en una sociedad tecnificada que cuando se le permite opinar llama a las cosas por su nombre.

Es lo que dice el estudio y lo que quise expresar en el post que escribí en 2014 como un modesto homenaje al actor Robin Williams: “[Carpe diem] Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día. Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia. El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos”.

Sinceramente, creo que el mejor profesor, la mejor profesora…, existen.

Sevilla, 25/VI/2015

Cuando la ideología canta a la libertad

El sábado pasado asistí a un concierto especial de Miguel Poveda. Presentaba su último disco, Sonetos y poemas para la libertad, una obra en la que Pedro Guerra, con la colaboración de Luis García Montero, ha puesto la música a sonetos de autores clásicos y contemporáneos, pero escogidos por su compromiso con palabras especiales. Fueron tres horas llenas de emociones y sentimientos, con un hilo conductor muy claro: las ideologías no son inocentes y una forma diferente de entender la vida se convierte en poesía de compromiso activo para vivir en libertad.

Comenzó el concierto con las palabras para la libertad que nos dejó para siempre Miguel Hernández, alternando voz, música e imagen junto a sonetos preciosos: Hielo abrasador, de Quevedo, Guerra a la guerra por la guerra, de Rafael Alberti, La Lluvia, de Jorge Luis Borges, Amor mío si muero y tú no mueres, de Pablo Neruda, Bebiéndome la dulce primavera, de Rafael de León, Querido Guerra, de Luis Eduardo Aute; Desmayarse, atreverse, de Lope de Vega, Soneto de la dulce queja, de Federico García Lorca, Enrique y Granada, de Joaquín Sabina, Abril se ha equivocado, de José Antonio Muñoz Rojas y No volveré a ser joven, de Jaime Gil de Biedma. También nos regaló un soneto final, el del Ángel deseado, escrito por el propio Pedro Guerra, por petición expresa de Poveda, en el que había una novedad, porque se invertían algunos términos: la música era, en este caso, de Miguel.

En la segunda parte, recuperó su esencia flamenca. Acompañado de la guitarra de Chicuelo, el compás, las palmas, el jaleo y el silencio de respeto que llenaba el auditorio FIBES, nos deleitó con formas de cantar en Andalucía que casi todo el mundo entiende.

Nos dijo adiós sin prisas. Prolongó su actuación como un regalo especial a Andalucía, cuna de poetas a los que con su voz los hizo más próximos a sus paisanos de provincias andaluzas que un día vieron nacer a grandes poetas para la libertad. Aunque la historia nos recuerde que todavía tenemos pendiente el agradecimiento a todos los autores que Poveda, Guerra y García Montero han seleccionado desde su persona de secreto, mediante nuestro compromiso activo con la sociedad. Porque lo que allí se cantó va más allá de las tres horas de concierto.

Sevilla, 22/VI/2015

Los ejes de mi vida

Sin título
María Lavalle y Asunción Balaguer

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella
andar y andar los caminos
sin nada que me entretenga

Atahualpa Yupanqui, Los ejes de mi carreta

Cuando contemplé la cara amable de Asunción Balaguer en la promoción de su próxima intervención en el Teatro de La Abadía, en Madrid, dando la réplica a María Lavalle en Atahualpa y los ejes de una vida, dirigida por Jaime Chávarri, recordé inmediatamente la vida compartida con Paco Rabal, en la que estuvo siempre en un segundo plano dejando pasar su persona de secreto, de actriz, como otras tantas mujeres que estuvieron a la sombra de las vidas profesionales de hombres denominados ilustres, cuando ellas podían haber alumbrado la sociedad por ellas mismas, con su saber ser y estar en la vida desde diferentes perspectivas personales y profesionales. Nunca se escribirá lo suficiente sobre esta realidad en la que la mujer ha entregado una vida artística, como Asunción, rescatada ahora a la mayor gloria de la diosa vida.

Me gustó mucho el título de esta representación en homenaje a Atahualpa Yupanqui, que me ha acompañado siempre en la banda sonora de mi vida. La sinopsis del espectáculo es fiel reflejo de una vida apasionada y de emociones sentidas y, lo que es mejor, transmitidas: “La tensión dramática de Atahualpa, los ejes de una vida está señalada por los avatares de una vida que se identifica con una condición humana sobria de ornamentos materiales como rica en poesía e interrogantes filosóficos. El andar por distintos rumbos del continente americano y del mundo le fueron dejando canciones que están unidas a su vida, entre ellas, emblemáticas, son las que refieren exilios. También encuentros significativos como el que tuvo con Edith Piaf que le abrió las puertas de París y el reconocimiento general. La puesta en escena trata de marcar la evolución dramática de una obra que estableció pautas extraordinarias en la canción del siglo XX y que se proyecta a la actualidad con sorprendente eficacia. Su contenido interpela nuestra existencia y nuestro presente histórico. La combinación de actriz, cantante y músicos va ambientada con proyección de imágenes y sonidos que pretenden ante el público dar presencia a distintos momentos de la vida de Atahualpa Yupanqui”.

A veces…, nos llaman abandonados si no engrasamos los ejes de nuestras vidas. Por ejemplo, he recordado uno en especial, personal, el de la docencia. Fue cuando entrevisté en Huelva a Paco Rabal en 1980, en una semana de cine social que celebrábamos en aquellos años de consolidación de la democracia, en mi etapa de director de la Escuela de Trabajo Social. Proyectamos una película en 16 milímetros con nuestros propios medios, El “Ché” Guevara (1968), interpretada por él, que Paco recordaba bien no tanto por su calidad, porque reconocía que no era una joya de la cinematografía, rodada con escasos medios en Italia, sino por su contenido ideológico, donde el Ché merecía ser tratado con calidad personal y testimonial. Nos sirvió aquel encuentro para reforzar el compromiso social en el contexto del activista argentino de razón y cubano de corazón, que era el objetivo de aquella semana cultural abierta a todo el público de Huelva, porque pensábamos en aquél año que esta provincia descubridora necesitaba la educación y la cultura en todos los niveles para seguir descubriéndose a sí misma, como eje engrasado de su futuro. Paco estuvo genial contando mil y una anécdotas de su compromiso activo a través del cine, las peripecias del rodaje con su sempiterno macuto cargado de piedras, respondiendo con ejemplos vitales que supimos comprender sin esfuerzo alguno.

Mientras, Asunción estaba en casa, probablemente en el Arroyo de la Plata, esperando como siempre el regreso plácido y triunfal de Paco, a quien tanto amaba. Por eso la he recordado especialmente, por su ejemplo de vida, que debemos rescatar para fijarlo y darle el esplendor que merece, porque es demasiado aburrido seguir y seguir la huella, andar y andar los caminos sin nada que nos entretenga, reinterpretando ahora a Atahualpa Yupanqui y comprendiendo su mensaje para ahora y siempre: No necesito silencio; yo no tengo en qué pensar. Tenia… pero hace tiempo… ¡ahura, ya no pienso más!.

Sevilla, 21/VI/2015