Los ejes de mi vida

Sin título
María Lavalle y Asunción Balaguer

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella
andar y andar los caminos
sin nada que me entretenga

Atahualpa Yupanqui, Los ejes de mi carreta

Cuando contemplé la cara amable de Asunción Balaguer en la promoción de su próxima intervención en el Teatro de La Abadía, en Madrid, dando la réplica a María Lavalle en Atahualpa y los ejes de una vida, dirigida por Jaime Chávarri, recordé inmediatamente la vida compartida con Paco Rabal, en la que estuvo siempre en un segundo plano dejando pasar su persona de secreto, de actriz, como otras tantas mujeres que estuvieron a la sombra de las vidas profesionales de hombres denominados ilustres, cuando ellas podían haber alumbrado la sociedad por ellas mismas, con su saber ser y estar en la vida desde diferentes perspectivas personales y profesionales. Nunca se escribirá lo suficiente sobre esta realidad en la que la mujer ha entregado una vida artística, como Asunción, rescatada ahora a la mayor gloria de la diosa vida.

Me gustó mucho el título de esta representación en homenaje a Atahualpa Yupanqui, que me ha acompañado siempre en la banda sonora de mi vida. La sinopsis del espectáculo es fiel reflejo de una vida apasionada y de emociones sentidas y, lo que es mejor, transmitidas: “La tensión dramática de Atahualpa, los ejes de una vida está señalada por los avatares de una vida que se identifica con una condición humana sobria de ornamentos materiales como rica en poesía e interrogantes filosóficos. El andar por distintos rumbos del continente americano y del mundo le fueron dejando canciones que están unidas a su vida, entre ellas, emblemáticas, son las que refieren exilios. También encuentros significativos como el que tuvo con Edith Piaf que le abrió las puertas de París y el reconocimiento general. La puesta en escena trata de marcar la evolución dramática de una obra que estableció pautas extraordinarias en la canción del siglo XX y que se proyecta a la actualidad con sorprendente eficacia. Su contenido interpela nuestra existencia y nuestro presente histórico. La combinación de actriz, cantante y músicos va ambientada con proyección de imágenes y sonidos que pretenden ante el público dar presencia a distintos momentos de la vida de Atahualpa Yupanqui”.

A veces…, nos llaman abandonados si no engrasamos los ejes de nuestras vidas. Por ejemplo, he recordado uno en especial, personal, el de la docencia. Fue cuando entrevisté en Huelva a Paco Rabal en 1980, en una semana de cine social que celebrábamos en aquellos años de consolidación de la democracia, en mi etapa de director de la Escuela de Trabajo Social. Proyectamos una película en 16 milímetros con nuestros propios medios, El “Ché” Guevara (1968), interpretada por él, que Paco recordaba bien no tanto por su calidad, porque reconocía que no era una joya de la cinematografía, rodada con escasos medios en Italia, sino por su contenido ideológico, donde el Ché merecía ser tratado con calidad personal y testimonial. Nos sirvió aquel encuentro para reforzar el compromiso social en el contexto del activista argentino de razón y cubano de corazón, que era el objetivo de aquella semana cultural abierta a todo el público de Huelva, porque pensábamos en aquél año que esta provincia descubridora necesitaba la educación y la cultura en todos los niveles para seguir descubriéndose a sí misma, como eje engrasado de su futuro. Paco estuvo genial contando mil y una anécdotas de su compromiso activo a través del cine, las peripecias del rodaje con su sempiterno macuto cargado de piedras, respondiendo con ejemplos vitales que supimos comprender sin esfuerzo alguno.

Mientras, Asunción estaba en casa, probablemente en el Arroyo de la Plata, esperando como siempre el regreso plácido y triunfal de Paco, a quien tanto amaba. Por eso la he recordado especialmente, por su ejemplo de vida, que debemos rescatar para fijarlo y darle el esplendor que merece, porque es demasiado aburrido seguir y seguir la huella, andar y andar los caminos sin nada que nos entretenga, reinterpretando ahora a Atahualpa Yupanqui y comprendiendo su mensaje para ahora y siempre: No necesito silencio; yo no tengo en qué pensar. Tenia… pero hace tiempo… ¡ahura, ya no pienso más!.

Sevilla, 21/VI/2015

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