Ardiente impaciencia

Sigo trabajando, con ardiente impaciencia (Neruda dixit), en las tareas preparatorias de la publicación digital de mi libro Inteligencia digital. Las cosas del “palacio” cultural van despacio porque obtener el ISBN tarda mes y medio según datos oficiales del Ministerio. Hasta allí no llega la revolución digital. Después vendrá el depósito legal y otras cuitas necesarias para dignificar la publicación con garantías para todas y todos. Pero adelanto algunas características del mismo. Las 371 páginas comprenden 1900 párrafos, 12967 líneas, 111319 palabras y 608644 caracteres. El índice recoge quince capítulos, con epígrafes sugerentes para la comprensión de su hilo conductor, entre los que destaco: cerebro humano y cerebro digital, inteligencia individual, inteligencia conectiva, inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social, ¿digitalizar la inteligencia?, inteligencia digital en el siglo XXI: Noosfera, inteligencia digital, gestación y nacimiento, inteligencia digital y escuela, inteligencia digital y sociedad, inteligencia digital y Administración Pública, y ética digital de la Noosfera.

Como la espera puede hacerse tediosa, avanzo hoy la continuación del Prólogo que ya figuraba en el post anterior (¿recuerdan: ¡continuará…!?). Acababa aquella transcripción abordando la comprensión del constructo “inteligencia digital”, con la definición del concepto “inteligencia” en el marco de su primera “aparición” en 1734, con el siguiente detalle:

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Real Academia Española (1990). Diccionario de Autoridades (Ed. facsímil). Madrid: Gredos (Orig. 1726-1739).

“y posteriormente recogidas en todas las versiones tuteladas por la Real Academia Española, hasta llegar a la última edición del Diccionario de la Lengua Española (1), del que nos interesa rescatar también las siete primeras acepciones del vocablo: capacidad de entender o comprender; capacidad de resolver problemas; conocimiento, comprensión, acto de entender; sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión; habilidad, destreza y experiencia; trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí y sustancia puramente espiritual, destacando sobremanera la quinta acepción en correlación con la habilidad, destreza y experiencia (también recogida en el Diccionario Académico de Autoridades como tercera acepción, de forma excelente: inteligencia significa también destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, nacida de haberse hecho muy capaz de ella), que se desarrolla más adelante de forma extensa (Capítulo 5) y que supone la visión que fundamenta el objeto de este libro.

La palabra “digital” es la más novedosa en la realidad social actual y en el esquema de la teoría de Negroponte. Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2001), el adjetivo “digital” (incorporado por primera vez en la edición –Manual- de 1983) también tiene una marcada importancia en el citado constructo, dado que es una cualidad referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Hasta esta edición, figuraba la siguiente definición en el Diccionario de 1992: cualidad mediante la que todas las magnitudes se traducen a números con los que una máquina –computadora electrónica- opera para realizar cálculos (2). En la acepción de Nicholas Negroponte (3), el mundo digital se concibe como el cambio de la materia por energía y del átomo por el BIT (unidad mínima de información digital que puede ser tratada por un ordenador; proviene de la contracción de la expresión binary digit (dígito binario), es decir, ancho de banda ilimitado que permita inundar de bits a las personas, fibra óptica a bajo precio, y una emisión de bits independiente de la velocidad a la que los consumamos. Ser digital proporciona mayor facilidad para acceder a la información que se desea y una información de mayor calidad: la digitalización supone una mayor cantidad de información en un espacio mas reducido, lo que se traduce en trabajo más humano, ocio, educación, etc. en contraposición a la dependencia de la burocracia más denostada por el entorno “atómico” en el que nos desenvolvemos.

Pero el autor que desde hace más de cuarenta años sigue aportando frescura a mis pensamientos y sentimientos digitales es, curiosamente, Pierre Teilhard de Chardin, geólogo, paleontólogo y sacerdote jesuita francés, nacido en 1881 en Francia y que finalizó su vida de forma bastante trágica en 1956, en Estados Unidos. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos (4), encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia” (…) Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto, religiosa (católica).

Quiero justificar también el subtítulo de este libro: una introducción a la Noosfera digital. Desde 1964 no he cesado en el trabajo subterráneo para descubrir la quintaesencia de la Noosfera que descubrí en la obra completa de Teilhard (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (5), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos que consolidan la evolución del ser humano: la geosfera y la biosfera. En esta etapa actual de investigación sobre la inteligencia digital, que deseo compartir con la malla pensante de la sociedad actual, he comprendido muchas claves que la difícil historia de España, en el siglo pasado, no permitían vislumbrar.”

No me resisto a decirlo, al finalizar el post de este día: ¡próximamente en este salón, digital por supuesto…!.

Sevilla, 21/IV/2007

(1) Real Academia Española (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.
(2) Para analizar la inclusión de los lemas informáticos, electrónicos y digitales en las sucesivas ediciones del Diccionario de la Lengua Española, es importante conocer el trabajo crítico de sinopsis realizado por José Antonio Millán (2004). Los términos informáticos en el Diccionario de la Academia. Recuperado el 31 de agosto de 2006, de http://jamillan.com/infordra1.htm.
(3) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B., 25-35.
(4) Wolfe, T. (2001). El periodismo canalla y otros artículos. Barcelona: Ediciones B, 98s.
(5) Es muy interesante resaltar la quinta acepción de “esfera” aceptada por la Real Academia Española (RAE): “5. fig. Ámbito, espacio a que se extiende o alcanza la virtud de un agente, las facultades y cometido de una persona”, RAE (2001), Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.

Escribo, solo…

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Así comienza un haiku personal e intransferible (1). Después de un esfuerzo de seis meses de trabajo continuado y de recopilación de textos y reflexiones escritas en mi cuaderno de viaje de un ecuador pasado, finalicé en diciembre de 2006 un ensayo sobre Inteligencia digital, de 371 páginas, con el siguiente subtítulo, Introducción a la noosfera digital, que voy a poner a disposición de toda aquella persona que esté interesada en buscar las islas desconocidas del cerebro, de la inteligencia y de la conjunción de ambas realidades, como habilidad para vivir mejor, en otro mundo posible, en el sentido más profundo del constructo. Estoy en las tareas preparatorias de edición por este medio, Internet, envolviendo ya el regalo a la comunidad pensante en el entorno digital, en esta malla inteligente que trabaja día a día por tener señas de identidad propias. Estoy a la espera de obtener el identificador estándar del libro a nivel internacional, es decir, su carné de identidad (ISBN), la constitución del depósito legal del mismo y la protección de cara a que este libro se pueda copiar, distribuir y comunicar públicamente, bajo tres condiciones amparadas por la licencia de Creative Commons:

Reconocimiento. Para que se reconozcan los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
No comercial. Para que no se pueda utilizar esta obra para fines comerciales.
Sin obras derivadas. Para que no se pueda alterar, transformar o generar una obra idéntica.

Estará editado en formato PDF y se lo podrá bajar gratuitamente cualquier persona que muestre interés por sus contenidos desde esta página principal del blog. Esta es la grandeza del uso inteligente de Internet. A modo de avance, ofrezco a continuación el comienzo del Prólogo:

“Hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (2). Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la séptima y la decimonovena semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína «reelin», que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa [sic] junto con la «reelin», que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la «reelin». Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos».

Con la humildad del investigador que acepta la evidencia científica de que poco sabemos del tiempo transcurrido, de las vivencias de nuestros antepasados, en el año 1997 tuvo lugar un acontecimiento en Europa, en un lugar pequeño de la Noosfera, en mi vida profesional, que supuso un giro copernicano en mi forma de entender y ser en el mundo. Una nueva experiencia de responsabilidad pública en la Administración pública andaluza me obligó a estudiar de nuevo las teorías organizativas y de forma especial el mundo de la informática y de las telecomunicaciones. De esta forma me aproximé a un autor que me ha llevado a enfocar la vida cerebral, integral e integrada, de forma diferente. Me refiero a Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachussets (MTI), posiblemente muy discutido en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, pero de indudable prestigio en la visión del nuevo mundo que estaba por venir en la fecha de publicación de su libro “El mundo digital» (4) y sin descontextualizarlo de su momento oportuno.

A partir de aquella lectura he procurado aprender a aprender de la aportación personal y social de los sistemas de información y telecomunicaciones a la inteligencia humana, para transformarla en inteligencia digital. Nueve años después, aún conociendo que no son la panacea para resolver y curar todos los males existenciales y políticos, sigue teniendo una fuerza especial un mensaje que grabé en la memoria histórica personal y que debo a Negroponte, su autor: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Explicar el constructo “inteligencia digital”, como una posibilidad más de las múltiples formas de expresarse la citada inteligencia humana, dependiendo siempre de muchos factores genéticos y contextuales, es la gran tarea a desarrollar en estas páginas. He aprendido a convivir con ambos vocablos desde todas las perspectivas científicas posibles y por ello deseo “comprender” bien y hacer accesible en este aquí y ahora, a todas las lectoras y a todos los lectores de este libro, el significado que tienen en la sociedad actual y en nuestra realidad como Estado, donde evolucionamos democráticamente como seres inteligentes. Didácticamente, el concepto “inteligencia”, de acuerdo con el Diccionario Académico de Autoridades, al que profeso gran admiración, se ha definido a lo largo de su pequeña historia a través de ocho acepciones, de gran interés para su análisis en contextos sociales declarados formalmente en el siglo XVIII (reproducidas en facsímil a continuación, figurando por primera vez en la edición de 1734:)”

Iré informando puntualmente de su disponibilidad. Espero que los trámites en los que estoy inmerso faciliten esta voluntad digital. Gracias, de antemano, por saber esperar si estás interesada ó interesado en su lectura. Recuerda: este libro no es mercancía sino un “producto” de la inteligencia compartida ó conectiva, es decir, un deber. Quizá, para ti, un derecho. Como lo prefieras, porque no es lo mismo valor que precio (Machado).

Sevilla, 15/IV/2007

(1) Escribo, solo
porque ya siento, solo
un pensamiento

(2) Shreeve, J. (2006). El viaje más largo. National Geographic, Marzo, 2-15.

(3) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature advance online. Recuperado el 16 de Agosto de 2006, de http://www.nature.com.

(4) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B. Su lectura es imprescindible para aprehender bien el concepto “digital” y su impacto en la vida ordinaria personal, social y profesional.

El tálamo

En las nueces, almendras y castañas, como símbolos del cerebro, está el secreto. Algo importante “se cocina” todos los días en nuestra cabeza. Es más, en cada segundo vital. Para demostrarlo, hoy vamos a acercarnos a una estructura de la que todavía se sabe muy poco: el tálamo (del griego θάλαμος, aposento reservado, habitación especial, de dormir), una estructura neuronal del tamaño de una castaña, que constituye la vía de entrada para todos los estímulos sensoriales con excepción del olfato, como muestra de la evolución del cerebro reptiliano al humano. Estudios recientes recogen investigaciones de amplio calado digital: los núcleos grises del cerebro, entre los que se encuentra el tálamo, son formaciones de sustancia gris situadas en la proximidad de la base del cerebro que representan relevos en el curso de las vías que van a la corteza cerebral y de las que, desde la corteza, descienden a otros segmentos del eje neuronal del sistema nervioso central. Es una nueva “tarjeta neuronal”, de importancia digital extrema, como veremos a continuación.

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Figura 1. El tálamo (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de: http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_Forebrain.shtml)

Si utilizáramos el símil ciclista, el tálamo juega el papel de control de avituallamiento para los sentidos, a excepción del olfato, como central especializada en repartir juego. Y atendiendo al estado del arte me voy a centrar exclusivamente en hacer comprensible uno de los núcleos fundamentales que lo conforman, junto a los sensoriales y motores, denominado el “núcleo geniculado lateral” (de genus, rodilla, por la doblez o acodamiento que presenta), como núcleo de asociación, como núcleo de proyección específico, que recibe información directamente del ojo, hasta acabar en la corteza cerebral, en un circuito posible y real (retina hacia V1), poniendo los cimientos científicos –como ejemplo preclaro- de la teoría HTM (Memoria Temporal Jerarquizada), preconizada por Jeff Hawkins, como teoría de la memoria predictiva, en los términos que ya desarrollé en un post al efecto, y donde explicaba en lenguaje cercano que “si intentamos “reconstruir” esta secuencia, sencilla/compleja, aplicando la retroalimentación permanente de todas las áreas visuales, con flujos ascendentes y descendentes, en todas las direcciones posibles, estamos ante la verdadera esencia de la HTM. La corteza aprende secuencias, su nombre y no los detalles, un patrón, otras inhiben entradas informativas para dejar paso a las que “interesan” a la corteza en ese momento, aquí y ahora, efectúa predicciones a partir de este “aprendizaje” y forma representaciones constantes o “nombres” para las secuencias [… Es obvio que se muestre así] la importancia de las estructuras jerárquicas –la jerarquía cortical- que se producen y los análisis correspondientes de sinapsis y dendritas actoras e inhibidoras, en conjunción las áreas visuales con las motoras (M) y auditivas (A). Cada una en su papel estelar”.

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Figura 2. Santos, A. (2003). El ojo y la visión (imagen recuperada el 5 de abril de 2007, de http://lorien.die.upm.es/insn/docs/vision-1.pdf)

El núcleo geniculado lateral (ya sabemos que siempre hay dos en el cerebro), de seis milímetros de diámetro (como el grosor de una patata estándar de hamburguesería), está estratificado en seis capas, dos magnocelulares (1 y 2) y cuatro parvocelulares (3 a 6) y permite procesar las experiencias visuales que hacemos a diario hasta el punto que ya se sabe en el laboratorio clínico que una lesión en este núcleo puede impedir cualquier grabación visual consciente (1). Su estructura laminar tiene una configuración de relojería suiza: las neuronas geniculadas se conectan con las neuronas que provienen del ojo, las llamadas neuronas retinianas, correspondiendo a cada lámina de las neuronas geniculadas una conexión retiniana con un solo ojo, izquierdo o derecho, intercalándose entre sí. Las conexiones siguen el principio señalado por la ley de la polaridad dinámica, es decir, las neuronas y sus impulsos eléctricos transmiten sus señales siempre desde las dendritas hasta el axón, en este caso hasta los botones sinápticos, donde los neurotransmisores actúan de forma indefectible. El trayecto es corto (hagan la prueba mental) pero una muestra de la intensidad y dificultad de la descarga en la neurotransmisión de las experiencias humanas visuales lo puede dar el hecho de que cada axón puede tener 1000 botones sinápticos (muy grandes) en un espacio que ocupa la superficie de un cabello. Y este principio de base fotográfica es espectacular, porque la realidad neuronal es que una conexión normal entre neuronas puede desarrollarse entre uno o cinco botones sinápticos, no más. Las descargas son de tal entidad que puede llegar directamente a la corteza cerebral. De ahí la importancia del estudio funcional del tálamo y de su núcleo geniculado lateral para entender bien la teoría HTM.

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Figura 3. Estructura básica de la neurona (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de: http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_index.shtml).

Comparando al núcleo geniculado lateral con una moderna cámara digital, podríamos decir que corresponde su función a la del procesador de la cámara atendiendo la calidad de la información externa que la lente (óptica) incorpora a la misma, pero con diferencias sustanciales. Y ello debido a que fotografiar lo que el ojo ve supone extraer imágenes del mundo externo, una descripción útil para las personas, pero libres, objetivamente, de información irrelevante hasta que son procesadas en el camino preciso hasta la corteza cerebral. Y con la capacidad del ojo humano, con 125 millones de células sensibles a la luz (fotorreceptores), superada ya por determinados sensores CCD de cámaras digitales, con un canal de transmisión, el nervio óptico, capaz de transportar un millón de datos al tálamo en un viaje extraordinario para desarrollar la inteligencia. Además, en color, ocupando la mitad del trabajo ordinario de la corteza cerebral.

Una característica importante relacionada con la interacción entre la vía visual y el núcleo geniculado lateral es el hecho de que los axones de la vía visual representan sólo un 20% de los axones que inervan ese núcleo. La mayoría de los otros axones provienen de la formación reticular del tronco y de la corteza cerebral y forman parte de circuitos en los que se producen retroalimentación continua. La información ya tratada en una primera fase por la retina sale a otras estructuras cerebrales complementarias del tálamo, cruzándose en el quiasma óptico, donde se distribuye la circulación opuesta a la forma de recepción izquierda y derecha, enviando también datos al hipotálamo, interviniendo en la sincronización de los ritmos biológicos con el ciclo diario de luz–oscuridad (sistema reticular ascendente situado en el tronco del encéfalo). Otras neuronas retinianas (se calcula que el 10%) van al cerebro medio (colículo superior), interviniendo en procesos motores: en el control del tamaño de la pupila (adaptación a los cambios de luz) y del movimiento de los ojos. Por ello, el camino a recorrer por las neuronas retinianas, interpretadas por las neuronas geniculares, es un proceso modular y paralelo, todavía desorganizado hasta llegar a la corteza visual donde se produce el milagro de la inteligencia jerarquizada y organizada, de base digital (HTM), pasando del millón de células ganglionares en trabajo de procesado continuo (salvo en los ritmos circadianos) a más de mil millones de neuronas que lo ordenan todo, en serie, de forma personal e intransferible para los sentimientos y emociones, es decir, para la inteligencia emocional.

La participación de tantos actores en esta representación inteligente de actividad cerebral está todavía por definir de forma completa. Se sabe que tanto la retina, como el tálamo, a través del núcleo geniculado lateral, así como del sistema reticular ascendente, hacen muy atractiva la investigación de lo que vemos y sentimos, en una asociación que ya sabemos donde radica fundamentalmente. Su estudio en laboratorio y con la ayuda de sistemas radiológicos para grabar imágenes del cerebro en movimiento (RNMf) nos ayudarán a conocer la importancia del tálamo como responsable de que las entradas y salidas de información sobre lo vivido visto y sentido, sean tratadas de forma objetiva por nuestra corteza cerebral. Sabemos quizá cómo, pero todavía estamos lejos de saber y justificar el por qué. Quizá podamos entender mejor ahora un poema precioso de Antonio Machado que para mí, al menos, fue siempre una incógnita:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve
.

O aquella lección magistral de un párroco rural, que lo situaban en Bollullos de la Mitación (Sevilla), y que escuché narrar con devoción en los años sesenta, cuando en la catequesis preparatoria de la primera comunión preguntaba con inocencia vaticana: “A ver, niños, ¿cómo son los ojos de la Virgen?. Y aquellas niñas y aquellos niños, cargados de inocencia bendita contestaban a voz en grito: ¡azules!, ¡verdes!, ¡negros!. Entonces aquél santo varón contestaba con ojos pillines: ¡no, no y no!, ¡misericordiosos, hijos míos, misericordiosos!

(1) Alonso, J.M. (2007). El tálamo y la visión. Mente y Cerebro, 22, 26-32.

Sevilla, 5/IV/2007

Anantapur

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(recuperada el 1 de abril de 2007, de http://www.brightfuturesfoundation.org/make_a_donation.htm)

¡Namasté, a tí!

Ayer recibí la Revista Anantapur, publicada por la Fundación Vicente Ferrer, con la que colaboramos en casa desde que descubrimos la ingente labor de unas personas que llamaron un día a nuestra puerta familiar. Es una edición especial con motivo del 10º aniversario de la creación de la Fundación en España. Creo que su acción se resume en la idea tan mediatizada por todo tipo de intereses como es pensar y, sobre todo, trabajar, para que otro mundo sea posible. Y Anantapur, la ciudad del infinito, es un ejemplo palpable de que cuando te pre-ocupan (con guión) los demás, en cualquier sitio que estén, los días se “santifican”, para unos, se llenan de sentido, para otros, sin tener que esperar la llegada, institucional, de la Semana Santa.

El contenido de la revista es excelente desde el Editorial de Vicente Ferrer, en directo, pasando por los proyectos, sus cifras sobrecogedoras, sus trabajos concretos para erradicar la pobreza mayor, la del conocimiento, y que con su acción coordinada y práctica lleva a los intocables (dálits) y grupos tribales a la libertad integral, la educación como base fundamental del desarrollo, la sanidad extendida, la vivienda digna para todas las familias, el trabajo sobre la tierra, porque salvándola se salvan las personas que la trabajan, las familias y sus tradiciones, en una visión ecológica de inmenso alcance, recuperar a la mujer india como protagonista de la gestión de su propio cambio, el papel que pueden desempeñar los discapacitados en la vivencia de las libertades imaginadas en cerebros dañados, el comercio solidario donde la mercancía es el resultado del respeto a los derechos de los más débiles, la ayuda humanitaria desde los que se dejan ayudar, y sobre todo, la visión de futuro.

Anantapur (India) es una pieza clave en la generación de esfuerzos hechos realidad, quizá también del tuyo, en un mundo de graves contradicciones como puede ser hoy día India, como fuerza emergente en sistemas y tecnologías, con riqueza interna que podría atender las necesidades existentes. Pero la realidad es que siguen existiendo unas diferencias abismales y hay que estar allí ó aquí. La página de contraportada, firmada por Federico Mayor Zaragoza, es el mejor resumen que se podría hacer de esta ingente labor y que con este post, en el mundo de Internet, deseo simbolizar como agradecimiento activo para acercarte a Vicente Ferrer, una persona como tú y yo, en esencia, que un día, hace muchos años, descubrió que trabajar en el presente del infinito mundo de la pobreza general y particular, merecía la pena. Lo hago, “con la admiración y gratitud con la que se acercan a él las gentes de Anantapur y le ofrecen cariñosamente agua de coco bien fresca y guirnaldas de flores amarillas y malvas”…

¡Namasté!

Con el espíritu del Kathakali, la danza que expresa nueve formas de interpretación de estados afectivos con vocación de permanencia en la vida personal: amor, desprecio, pena, furia, valor, miedo, asco, asombro y distanciamiento.

Sevilla, 1/IV/2007

Las islas de Reil

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http://www.iqb.es/cbasicas/anatomia/clasificacion/cerebro/insula.htm

Hoy te invito a un crucero de la naviera propia, “Inteligencia digital”, con una condición: que te entusiasme buscar islas desconocidas. Para ello, he incorporado a mi cuaderno de bitácora algunos datos de unas islas pequeñas, las Islas de Reil, que me ha parecido fascinante conocer e invitaros a volver a ellas acompañado de las navegantes y los navegantes asiduos de este blog. Estas islas forman parte de una estructura del cerebro, llamadas también “quinto lóbulo”, que figuran siempre junto a los clásicos populares: frontal, occipital, parietal y temporal, y que ocupan el centro del cerebro. Vamos a hacer, por tanto, un viaje al centro de nuestra estructura pensante, con un destino claro: descubrir estas islas, las ínsulas, en términos anatómicos, aportando un mapa cerebral, digital, para que podamos situar bien nuestro claro objeto de deseo, en términos emocionales y así poder localizarlas mejor. Además, he verificado en la investigación particular que existen dos islas, ínsulas, como siempre, en la creación inteligente de la estructura cerebral, izquierda y derecha, a las que dio nombre el médico psiquiatra alemán Johann Christian Reil (1759-1813), al que se le atribuye también la incorporación del vocablo psiquiatría, en 1808, en la historia de la medicina.

Hoy día, sabemos bastante de la estructura y funciones de las mismas. En relación con su estructura y topología cerebral, la ínsula es un complejo centro de conexión e interoperabilidad entre el sistema límbico y el neocórtex. Está constituido “por un número variable de pequeñas circunvoluciones (entre cuatro y seis), localizadas en la base de la cisura lateral y en el fondo de la cisura silviana; está delimitado por los opérculos [porciones a modo de “tapas” provenientes de los otros lóbulos] frontal, parietal y temporal por los surcos limitantes superior e inferior (surco circular), y dividido en dos porciones por el surco insular central: anterior (incluye el limen insulae) y posterior” (1). Son islas muy pequeñas, del tamaño de una moneda de un euro.

Sin embargo, sus funcionalidades están abriendo unas perspectivas extraordinarias en la investigación cerebral: “diferentes estudios en animales y humanos –estimulación eléctrica intraoperatoria, resonancia magnética funcional (RMf), tomografía por emisión de positrones (PET)– demuestran la multiplicidad de conexiones, aferentes y eferentes, con neocórtex, sistema límbico, tálamo, ganglios basales, cápsula interna e hipotálamo, lo cual explica el amplio espectro funcional del lóbulo de la ínsula. Los aspectos funcionales más relevantes se resumen en los siguientes puntos:
1. Área primaria sensitiva y motora visceral autonómica (estímulos gustativos, peristaltismo, presión arterial).
2. Área motora suplementaria.
3. Información auditiva y somatosensorial.
4. Funciones del lenguaje.
5. Área de relevo entre las experiencias empíricas, su componente afectivo y el comportamiento”(2).

Estos datos hacen que las tareas preparatorias del viaje sean de máximo interés. Fundamentalmente, porque vamos a ir a un paraje desconocido a priori, donde reina un movimiento frenético en el ir y venir de los sentimientos y emociones de los seres humanos. Y billetes podemos tener todas y todos. Lo que ocurre es que este tipo de viajes no están en el mercado y eso hace más atractivo el nuestro.

Para empezar, al salir de cada puerto particular, es importante conocer bien los recursos propios, nuestras propias “ínsulas” y lo que han aportado sobre su localización y existencia otras “viajeras” y otros “viajeros“ con patrocinio científico específico. Ya sabemos que tenemos dos, que sus funciones son múltiples, que juegan un papel fundamental en la transformación de las experiencias, conocemos su apego y “sello” personal y la forma de vivirlas y expresarlas y que la llegada a “puerto” (conducta) puede ser segura si conocemos bien la carta de navegación personal e intransferible que todas y todos asociamos a nuestro carné genético. Veamos qué pasa al salir a la alta mar científica.

Para seguir navegando con seguridad, hemos descubierto que la existencia de las ínsulas personales, las tuyas y las mías (¡qué viaje tan próximo!), sirve para saber que mediante una intervención quirúrgica se pueden resolver problemas de epilepsia resistente a los fármacos (3), que una lesión en dichas estructuras corta de raíz las ansias de nicotina de los pacientes (4), que la percepción del miedo y el disgusto activa la ínsula izquierda sobremanera, que cuando se baja en el escalafón social con afectación de la autoestima, la actividad cerebral aumenta en la corteza insular (tensiones y emociones, motivación y recompensa), que “leen estados corporales como el hambre y los antojos, y ayuda a convencer a la gente de pedir otro emparedado, cigarro o incluso la siguiente dosis de cocaína [y que son más activas y mayores en las mujeres (5)]. Así, la investigación de la ínsula ofrece nuevos medios para pensar en la terapia de las adicciones a las drogas, el alcoholismo, la ansiedad y los desórdenes alimenticios. Desde luego, falta tanto por descubrirse del cerebro, que el papel de la ínsula podría ser el de un personaje menor en la gran obra de la mente humana, pero cuando menos, ya está en el escenario” (6).

Y Sandra Blakeslee (7), a la que he conocido más de cerca, intensamente, en un viaje anterior a una isla del tamaño de una servilleta de 50×50, ya conocida, denominada corteza cerebral, resume muy bien las expectativas de lo que vamos a experimentar a través de una estancia larga, la propia vida, en las ínsulas de Reil: “El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”.

Espero no haberte defraudado, aunque la percepción de cada una, de cada uno, a este viaje a alguna parte, depende mucho de las expectativas que se formaron al proponértelo. Tus ínsulas ya son una oportunidad para construir tu inteligencia emocional y sentimental de cada día. Pura emoción, eso sí, pura vida, como dirían en Costa Rica, generadas en tus pequeñas islas de Reil. Pero ¡atención!, fíjate en la de la derecha, ¿recuerdas?, cuando nos aproximábamos a ella… porque allí pasan cosas que, a veces, los humanos ni sospechamos. Ya lo decía Saramago en “El cuento de la isla desconocida”: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas.

Sevilla, 25/III/2007

(1) Pedrosa-Sánchez, M., Escosa-Bagé, M, García Navarrete, E. y Sola, R.G. (2003). Ínsula de Reil y epilepsia farmacorresistente, REV NEUROL; 36: 40-44.
(2) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40.
(3) Pedrosa-Sánchez et alii, Ibídem, 40-44.
(4) Naqvi, N.H., Rudrauf, D., Damasio, H. & Bechara, A. (2007). Damage to the Insula Disrupts Addiction to Cigarette Smoking. Science. Jan 26; 315(5811): 531-534.
(5) Brizendine, L. (2007). El cerebro femenino. RBA: Barcelona, p. 13 y 142.
(6) Blakeslee, S. (2007, 8 de febrero). Una pequeña parte del cerebro muestra sus efectos profundos. La ínsula, una zona de recepción que lee el estado fisiológico. The New York Times.
(7) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

El caballo encorvado

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No hace falta parecerse a Fernando Savater, al que admiro desde que adquirí el compromiso activo de la contravida rutinaria, para conocer las características de este curioso equino cerebral, del hipocampo (caballo encorvado, caballito del mar) que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana. Tampoco voy a susurrar a este pequeño corcel que juega un papel tan importante para identificar bien el largo camino de la memoria. Cabalgando despacio es posible que podamos conocerle bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno. Veamos.

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Se trata de una circunvolución (elevación redondeada) que se encuentra en la región anteromedia del lóbulo temporal del cerebro, que “resulta de la internalización en los mamíferos, de un córtex arcaico desarrollado en reptiles y mamíferos primitivos” (1). Esta corteza primitiva, ¿paleocorteza?, que forma parte de la alocorteza, integra tres estructuras: giro o fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum. Y lo sustancial: forma parte del sistema límbico, como estructura fundamental de diferentes tipos de memorias y almacén de las emociones por su proximidad con la amígdala. Vamos por partes. Hay que empezar por la estructura más antigua, no se sabe si de vital importancia para guardar “grabaciones” vitales, denominada “alocorteza”, una parte muy profunda del cerebro, la más antigua, heredada de nuestros antepasados, necesaria para ordenar las citadas grabaciones neuronales. Hay que “abrir el cerebro” para localizarla: no se ve desde fuera. Y una vez allí, nos encontramos con estructuras muy curiosas: el archipallium, el paleopallium, el claustro y la amígdala (¿recuerdas?). Pallium es corteza en latín, palio en el lenguaje popular. El archipallium (primera corteza) es la zona donde se encuentra nuestro caballo encorvado, junto a un área de transición: la fascia dentada, el cuerno de Ammon y el subiculum, considerándose la parte más antigua del cerebro.

El paleopallium (antigua corteza) comprende la corteza piriforme la región periamigdalar y la corteza entorrinal. El claustro es una estría de sustancia gris, y la amígdala que ya fue “declarada” en este cuaderno de bitácora como una de las maravillas del universo cerebral en el post de 25 de febrero de 2007.

Volvamos al hipocampo, aunque ya sabemos que no cabalga solo en el cerebro. Dijimos que integraba tres estructuras. La primera, la fascia dentada, es una circunvolución (elevación redondeada) que recibe aferencias (fibras que traen y llevan) desde la corteza entorrinal (que recibe dopamina y la proyecta hacia el hipocampo). La segunda, el hipocampo propio o cuerno de Ammon, es el hipocampo por definición, la estructura más antigua. Está dividido en tres áreas, formadas por células piramidales donde las dendritas juegan un papel fundamental en la neurotransmisión de naturaleza glutamatérgica. Por último, la tercera, el subiculum, como zona de transición entre el hipocampo y el giro parahipocámpico de la corteza temporal, la corteza de tres capas que rodea al hipocampo. Y la corteza entorrinal, área que se encuentra dividida en seis capas corticales bien definidas. Es responsable del tráfico interno en todas las áreas del hipocampo y de la mayor entrada de fibras en el mismo.

¿Por qué estoy interesado en presentar este “caballo” de carreras vitales? ¿Qué funciones trascendentales para la vida ordinaria desempeña el hipocampo, basadas en el aprendizaje y en la memoria como un todo indisoluble? Por varias razones y funciones demostradas científicamente. La primera es porque llama la atención que el cerebro más antiguo se haya encargado siempre de “guardar” los patrones de aprendizaje y que a través de la evolución de las especies su misión “solo” se haya enriquecido con las aferencias (los circuitos y entradas y salidas de los neurotransmisores) que le han permitido crecerse hasta alcanzar una inmensa popularidad en el turf de la vida. Esto se ha demostrado recientemente con la investigación reconocida por la revista Science en relación con el descubrimiento de científicos italianos y españoles al demostrar en laboratorio cómo funciona la química de la memoria, registrando el cerebro de ratones vivos mientras recuerdan. Sobre este experimento ya recogí su importancia en otro post y básicamente consiste en introducir un sensor en el cerebro de los ratones (en el hipocampo, como región clave en la memoria) y ver cómo funciona cuando aprenden recordando. Ante este planteamiento se recurre a producir un sonido junto al ratón justo antes de que un soplo en los ojos le haga cerrar los párpados y, como en el caso del perro de Pavlov, tras repetirlo varias veces, el animal cierra los ojos al oír el sonido, aún sin soplo que le induzca a hacerlo (2).

En segundo lugar, porque las situaciones de “olvido” voluntario o involuntario, no son capaces de predecir situaciones que han de venir o pasar. De forma didáctica se publicaba recientemente una referencia al impacto del trabajo del hipocampo en funciones diarias y en experiencias y recuerdos vitales (3): “Seguro que muchos de ustedes ya están planificando sus próximas vacaciones. Es posible que no sepan nada del sitio al que van a ir, pero si se les dice que va a ser una playa tropical ya pueden predecir algunas de las sensaciones y experiencias que van a vivir. Esta capacidad de premonición se aloja en una zona del cerebro, el hipocampo, que está estrechamente relacionada con los recuerdos. Tanto, que es la región que muchas veces tienen dañada las personas con amnesia. Al menos esto es lo que pasó con el ensayo, que ha sido realizado por científicos de las universidades de Londres y Cardiff (Reino Unido), y que ha sido publicado en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). La importancia del trabajo rutinario del hipocampo es de tal calibre que difícilmente pueden construir el futuro las personas con el hipocampo dañado. El título de este cuaderno de bitácora, El mundo sólo tiene interés hacia adelante, justificaría por sí mismo que se ahondara en esta investigación, porque construir el día a día es la tarea que se vive subidos al corcel (el hipocampo, el caballito del mar) que hoy he presentado en sociedad, digital por supuesto. Y es una grabación en la memoria de gran impacto personal porque es la memoria que permanece, que se guarda, no la inmediata, porque ésta está en otro sitio del cerebro. La expresión “mi mala memoria” es la que refleja bien estas malas pasadas… de la química, quizá.

Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum,(la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” (4). Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volumen de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Sabemos más cosas y sobre todo en relación con las claves de género: el hipocampo es mayor y más activo en las mujeres, es decir, pueden estar en todos los “detalles” de lo que ocurre en determinadas ocasiones; sufre cambios hormonales constantes en una dialéctica entre el estrógeno y la progesterona, activas “amazonas” en la carrera de la vida personal y en pareja; en el primer día del periodo, el hipocampo es activado por el estrógeno reforzando e incrementando en un 25% sus conexiones: se recuerda y aprende más y mejor, es decir, la actividad recordatoria puede ser frenética en la segunda semana del ciclo menstrual. Conocer estas realidades fisiológicas ayuda a los hombres a respetar más a la mujer, entre otras cosas porque sus posibilidades de aprendizaje son una continua lección programada, mes a mes, que hace muy valiosa la experiencia menstrual desde esta óptica contrastada por la ciencia. También se ha investigado el envejecimiento en esta maravillosa estructura cerebral y se sabe que si se mantiene la terapia hormonal en mujeres menopáusicas, su memoria tenderá a envejecer más lentamente, porque las dosis de estrógenos activan la memoria verbal y de largo plazo.

Hoy, determinados investigadores sabemos cosas que nos hace muy atractiva la aproximación al cerebro desnudo. Espero que estas palabras ayuden a conocernos mejor en la parte más profunda del ser humano, aquella que no se ve, aunque sea difícil asemejarnos a Robert Redford (Tom Broker), cuando de forma magistral para los sentimientos y emociones de los espectadores “susurraba a los caballos” como metáfora de la aprehensión de la vida. Para quien quiera comprender el hipocampo así (nuestro pequeño caballo particular pilgrim, personal e intransferible), a partir de hoy no podemos decir ya –afortunadamente- que es un desconocido. Te lo he susurrado. Nada más.

Sevilla, 18/III/2007

Cerebro y género

Género y vida

(1) Mora, F. y Sanguinetti, A.M. (1994). Diccionario de Neurociencias. Madrid: Alianza.
(2) Gruart, A., Muñoz, M.D. y Delgado-García, J.M. (2006). Involvement of the CA3–CA1 Synapse in the Acquisition of Associative Learning in Behaving Mice. The Journal of Neuroscience, 26(4):1077–1087.
(3) Benito, Emilio de (2007, 16 de enero). “Olvidar” el futuro. Las personas con amnesia no son capaces de anticiparse o predecir situaciones venideras. El País, p. 36.
(4) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

Camino de Sión, deconstruyendo ya el cerebro digital

Dedicado a todas aquellas personas, mujeres y hombres, también a las máquinas inteligentes, que hicieron posible el encuentro sobre la deconstrucción del cerebro digital, el 5 de marzo de 2007, incluido en el programa de Imaginática 2007.

He dejado pasar unos días desde que inicié el camino de Sión/Aula Magna de Química, en el campus universitario de Reina Mercedes, en Sevilla, como metáfora de la celebración de la conferencia sobre La deconstrucción del cerebro digital, en la que participé junto a Jorge Cantón Ferrero, Jorge Moreno Aguilera y Marcos Cobeña Morián, que conformamos el grupo de investigación DiNeT, sobre el que ya indiqué su actividad de investigación aplicada de neurociencia digital, en mi post anterior sobre Imaginática 2007.

La experiencia de lo allí ocurrido es irrepetible porque nadie se baña dos veces en el mismo rio (Heráclito de Éfeso). Aún así es justo recordar que ha sido una experiencia extraordinaria, por asistencia masiva de personas interesadas en hacer un viaje a lo desconocido, intuido en el marco de la inteligencia artificial, que debíamos “deconstruir” para hacer nuevos planteamientos de investigación digital “aprendida” del funcionamiento ordinario del cerebro y contribuir de forma “imaginática” en el futuro de sus expectativas profesionales. Es decir, el encuentro no era inocente y nuestra intervención tampoco. Y empezamos con la intervención de Marcos Cobeña Morián, justificando el contenido global del encuentro, apeándolo del tratamiento ordinario de conferencia y dándole un tratamiento formal y cercano al mismo tiempo, para invitarnos a iniciar el camino de Sión, metáfora preciosa para acceder al templo del conocimiento, el cerebro en estado puro. Nos llevó de la mano por el saludo digital por excelencia “Hola, mundo”, nos introdujo en la necesidad de conocer el estado del arte -¿por qué no?- del “cerebro” en su antes y ahora (no después), utilizó una metáfora para expresar la quintaesencia del proyecto DiNeT a través de una idea fantástica de la cantante Lauryn Hill (To Zion, The Miseducation Of Lauryn Hill): “’Lauryn, baby, use your head’. But instead I chose to use my heart (‘Lauryn, hija, utiliza tu cabeza’ [haciendo alusión al consejo de un ángel]. Pero en lugar de ello escogí usar mi corazón)”. Si durante tanto siglos se ha centrado la justificación de la vida en el corazón, ¡qué importante es que ahora nos dediquemos a buscar esa razón de ser, humana, en el cerebro! (para muchos, la cabeza). Es más o menos lo que también pretendió Freud con su teoría psicoanalítica del subsconciente, salvando lo que haya que salvar, en su pretensión de la reinterpretación de los sueños en los que se sabe a ciencia cierta que se “almacena” la vida, donde graba la “memoria”. Continuó con la frase subliminal del anuncio reciente de Bruce Lee: “Empty your mind… (Vacía tu mente…)”. Ese era el compromiso concreto para este encuentro: motivar la curiosidad científica sobre el cerebro, la caja fantástica que todos y todas llevamos dentro.

Y seguimos caminando hacia Sión, el templo del conocimiento. Supimos que el auténtico protagonista del encuentro era Jeff Hawkins, el autor del libro iniciático en estas lides investigadoras, Sobre la inteligencia (1), que tantas veces he citado en este cuaderno. Excelente y recomendable, para empezar. De obligado cumplimiento, diría yo. No te defraudará, como miembro que eres de la Noosfera digital. Supimos que la corteza cerebral es un mundo por descubrir, que tiene el tamaño de una servilleta desplegada, que su grosor es el de seis cartas de una baraja, nos enseñó una cáscara de nuez por su similitud con la superficie rugosa del cerebro, su interior, afirmando rotundamente para quien lo quisiera escuchar que “el universo cerebro es una cáscara de nuez” [el tachado es original], la comparó con la orquesta cerebral que todos los días celebra un concierto sempiterno, con millones de partituras, y cerró su presentación con dos hipótesis: 1ª. ¿Es posible que el actual estado del arte digital pueda “copiar” la actividad desarrollada por la corteza cerebral?, 2ª. ¿Es posible jerarquizar los actuales avances científicos sobre la corteza cerebral para establecer la interoperabilidad de base digital (conectividad)?. Y cuando todos estábamos en la soledad sonora que obligaba a descifrar estos planteamientos, nos mostró solo tres siglas: HTM (Memoria Temporal Jerarquizada). Y como pasaba antes en los cines de mi infancia, todo parecía que se podría ver “próximamente en este salón”. Pero aquello seguía. Y presentó a Jorge&Jorge, Jorge Cantón Ferrero, Jorge Moreno Aguilera, tanto monta, monta tanto, siendo este último el que tomó el relevo para descifrar la palabra mágica.

Puso la nota simpática que muestra la inteligencia suprema del ser humano, haciéndonos reir, di-vertirnos (el guión es mío), distraernos, haciendo muy fácil acometer esa empresa tan difícil a priori, volcándonos en su exposición (vertirnos en ella). Y su primera pantalla era precisamente esa: HTM y la firma del equipo de investigación. A través de cinco contenidos, mostró de forma genial la importancia del cerebro en la vida ordinaria, aproximando a la audiencia a términos tan familiares en nuestra investigación como redes neuronales, jugando con preguntas a los asistentes que mostraban la simplicidad de algunos actos de localización de objetos (personajes) sabiendo que es una operación de contrarios, sencilla y compleja al mismo tiempo, que ha desencadenado una acción (¿millones de acciones?) en clave de red neuronal y que es posible “copiarla”; “si “una mente” es capaz de hacerlo…, ¡vamos a imitarla!. Rotundo. Continuó “pasando” al despacho del neurólogo, es decir, había que contrastar que el cerebro está constituido por neuronas y que hay que conocer cómo funcionan.

Y nos llevó de nuevo al laboratorio. Aparentemente, ¡qué trasiego!, había que hacer tres cosas: implementar una neurona, interconectar varias neuronas y probar varias configuraciones de red. ¡Había que ver las doscientas caras, miradas, ojos y expresiones de los asistentes, mientras Jorge Moreno nos empujaba, casi, para que entráramos todas y todos, en el laboratorio del equipo!. Y afirmó: ¡ya tenemos red neuronal!. Y dio cifras sobre los avances en este campo: Predicts Gas Index Prices, 97%; Selecting Winning Dogs, 94%; Tracks Beer Quality, 96%; Diagnose Heart Attacks, 93%; Detrimental Solar Effects, 88% y Predicting Secuences, 77%. Y llegó la artista invitada: HTM. Comenzó su presentación con una pregunta curiosa: ¿es DeepBlue [ordenador que juega al ajedrez] realmente inteligente? La fue “contestando” (la pregunta la hacía/respondía una máquina, al final…) con la explicación didáctica del test de Turing y de la habitación china (Searle) y abordó la traca final: cuando el hombre quiso volar, inventó el avión; cuando el hombre quiso ser más rápido que los animales, inventó la rueda de carro y…, cuando el hombre quiso construir máquinas inteligentes, inventó HTM. Y nos presentó a un cuasi Terminator, con augurios sorprendentes, como imagen subliminal. Pero no, había sido solo un flash back, como recurso cinematográfico de amplio espectro, como los antibióticos.

Y cedió el testigo a Jorge Cantón Ferrero. Tengo que reconocer que me impresionó mucho la exposición de Jorge Moreno, porque nos invitó a investigar de una forma muy sencilla, repito, pero en estos tiempos que corren era muy sugerente su exposición porque rompía los moldes clásicos de la Academia. Excelente.

Jorge Cantón se adentró en la teoría de Vernon Mountcastle, sobre la organización principal de la función cerebral, como algoritmo único y cómo describió por primera vez las partes de un cerebro organizado. Hizo una breve introducción al córtex visual, a sus capas esenciales y mostró un pequeño juego sobre la “neurona de Bill Clinton” (sus fotos, su cara, sus escarceos…) que todos asociamos rápidamente “introduciéndonos” en su diapositiva. Si es verdad que llega información desde nuestros ojos a la corteza cerebral, en un camino muy corto y ya tasado, es decir, “veo una foto de Clinton”, y en la primera acción cerebral la corteza es capaz –de abajo a arriba- de “discretizar” puntos y líneas (V1: área visual primaria), para después discriminar contornos y formas (V2) y reconocer estructuras más complejas (V4), finalmente, la IT (área cortical superior) “reconoce” a Bill Clinton.

Y Jorge Cantón nos descifró de forma pausada y muy efectista el acrónimo HTM, demostrando su implementación básica. Pantalla a pantalla hizo una reconstrucción efectiva de la teoría de Jeff Hawkins que considero admirable, porque explicó en muy poco tiempo la configuración real de la memoria predictiva. Si intentamos “reconstruir” esta secuencia, sencilla/compleja, aplicando la retroalimentación permanente de todas las áreas visuales, con flujos ascendentes y descendentes, en todas las direcciones posibles, estamos ante la verdadera esencia de la HTM. La corteza aprende secuencias, su nombre y no los detalles, un patrón, otras inhiben entradas informativas para dejar paso a las que “interesan” a la corteza en ese momento, aquí y ahora, efectúa predicciones a partir de este “aprendizaje” y forma representaciones constantes o “nombres” para las secuencias. La neurona Bill Clinton. O el 11M. Y salió a relucir el “ingeniero informático”. Explicó la importancia de las estructuras jerárquicas –la jerarquía cortical- que se producen y los análisis correspondientes de sinapsis y dendritas actoras e inhibidoras, en conjunción las áreas visuales con las motoras (M) y auditivas (A). Cada una en su papel estelar. Pero con humildad científica y como decía Jorge Moreno, con su gracejo particular, queda “muuuucho por hacer”. Así se despidió la primera parte de la parte contratante, que diría Groucho Marx. Pero la sesión era continua, como en los cines de mi infancia, una vez más.

Por último, intervine con mi hipótesis de trabajo que daba el nombre a la exposición asignada: la deconstrucción del cerebro digital. Por mi condición actual, consideré ilustrativo comenzar con un chiste de Forges muy intuitivo: ante un desplante de la famosa esposa de funcionario que siempre dibuja con su ironía característica, que decía ante un coche –tirados en la carretera- que por fin ha arrancado después de la “intervención” del marido: “parece increíble que hayas conseguido que funcione otra vez, quitándole todas las piezas que le has quitado”, contesta él: “los funcionarios sabemos cosas que los humanos ni sospecháis”. Era el contexto de un investigador que sigue trabajando todos los días en la “cosa pública”. Y es verdad, porque he aprendido cosas que yo no sospechaba nunca que fueran así en el cerebro.

Bromas aparte, empecé con una diapositiva que recogía una frase de Stanley Kubrik que me sugería una expectativa respecto del encuentro global y no solo de mi intervención, por la propia experiencia vivida en el mayo francés de 1968, cuando salí de España a la búsqueda de islas desconocidas y en homenaje a una película que supuso un antes y un después en la imagenería de la inteleigencia artificial: «2001 es una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música.» Efectivamente, pretendíamos que este acto de Imaginática 2007 fuera “una experiencia internamente subjetiva que alcanzara a los asistentes, sin excepción, a un nivel interno de conciencia como… lo intentamos hacer a través de la presentación de HTM”. Seguí con la explicación de un cuadro de René Magritte: ceci n´est pas une pipe o la traición de la imagen, como buscador insaciable en su obra de la contradicción intelectual o verbal. Y con una fotografía de una imagen de un cerebro humano en funcionamiento ordinario, de vivos colores y formas sugerentes para demostrar diferencias neurológicas entre dos personas. Es más, la porción delantera velada del cerebro, asociada a pensamiento complejo, varía la mayoría de las veces entre los individuos, los óvalos azules marcan las áreas de la función básica que varían relativamente poco. La traje a colación porque las visualizaciones como ésta son parte de un proyecto que dirige el profesor Arthur Toga, neurólogo en la Universidad de California, en Los Ángeles (LONI), y director del Centro para la biología computacional, para trazar la información compleja y dinámica sobre el cerebro humano, incluyendo genes, enzimas, estados de la enfermedad, y anatomía. Los mapas del cerebro representan colaboraciones entre los neurólogos y los expertos en matemáticas, estadística, informática, bioinformática, proyección de imagen, y nanotecnología. Ese era su fundamento.

Y di una noticia de actualidad absoluta: solo hacía unas horas que se conocía el trabajo que la Dra. Lola Cañamero está llevando a cabo en la Universidad de Herfordshire (UK), porque era ilusionante y un ejemplo de que lo que allí estaba ocurriendo en el Aula Magna (nuevo templo de Sión…) respondía a un interés científico mundial y compartido. El proyecto en el que trabaja se denomina Feelix Growing: “FEEL, Interact,eXpress: a Global appRoach to develOment With INterdisciplinary Grounding” (Sentir, interactuar,expresar: una estrategia integral para el desarrollo interdisciplinario de sistemas cotidianos) y puede dar respuesta a corto plazo sobre una de las preguntas del millón de euros y que a algunas y algunos nos preocupa: ¿qué sienten las máquinas?.

Haciendo camino al andar digital, comencé a adentrarme en el pensamiento de Jacques Derrida, atacando la base de la deconstrucción y ofrecí una definición ajustada a nuestro acervo cultural: desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades (DRAE, 2002), porque este era el objeto del encuentro: mostrar las posibles contradicciones y ambigüedades de la inteligencia artificial, para desmontar el constructo intelectual por medio de análisis científico basado, en este caso, en la teoría HTM de Jeff Hawkins. Y fui degranando un discurso deductivo con preguntas y respuestas, tales como:

¿Qué es la deconstrucción del cerebro digital?
– Una pregunta imposible
– No podemos preguntar por la esencia del cerebro: sabemos más lo que no es que lo que es (apófisis ó teorías apofáticas)
– Toda definición trata de acotar el significado y de limitarlo, mientras que la desconstrucción es sobre todo diferencia y multiplicidad (acontecer, actividad, movimiento)
– Una estrategia científica: reconstruir

Y avanzamos en este modelo deconstructivo, apofático, con el turno siguiente de preguntas y respuestas:

¿Qué no es el cerebro digital?

– La base científica de la inteligencia artificial
– La sede de la inteligencia humana
– El fundamento de las emociones y los sentimientos
– La sede de la consciencia
– El núcleo de las memorias humanas
– La corteza cerebral aislada

¿Qué es el cerebro digital?

– La base científica de la inteligencia digital
– La sede de la inteligencia digital
– Una identificación de la estructura cerebral de las emociones y los sentimientos
– La sede de la consciencia digital
– El núcleo de la inteligencia digital a través de la memoria predictiva
– La corteza cerebral interpretada a través de medios digitales

Y me atreví a formular una estrategia científica de esquema rompedor para el estado del arte actual “universitario”:

Estrategia científica

– Conocimiento de la realidad investigadora: desde dentro, desde el “interior” del cerebro real a través de una estrategia:

– Salir del sistema establecido en la Academia y tratar de cambiarlo, deconstruirlo, pero en el mismo terreno conocido, pieza a pieza (atlas): teoría imaginática para la deconstrucción
– Cambiar de terreno científico, remover todas las bases, abrir las ventanas de las ciencias hasta llevarlas a la propia contradicción de la investigación cerebral: praxis imaginática al servicio de la reconstrucción

Y para finalizar, acometí mi hilo conductor en el trabajo diario: todo este esfuerzo científico debe desembocar en la proyección de la actividad investigadora apoyada por la inteligencia digital, con la aportación de cinco definiciones que solo son variaciones sobre el mismo tema, como la composición musical que Kubrik imaginó para su obra emblemática, 2001, una odisea espacial y que cité anteriormente como elemento declarado, no subliminal, de esta presentación de equipo: que la experiencia sirviera a todas y todos los presentes, imagináticos de turno, como experiencia también visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Es decir, una experiencia intensamente subjetiva y compartida. ¿Por qué no decirlo: digital?… Y la pregunta final surgió, por imperativo categórico:

¿Qué es la inteligencia digital? (¿quizás deconstruida?)

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Y acabé la intervención poniendo de nuevo la imagen del profesor Toga, solo para aclarar y para quien lo quisiera entender que aquel cerebro no era un cerebro (ceci n´est pas un cerveau): ¿deconstrucción total, incluyendo la digital?. Próximamente, en este salón.

Salí de aquél “templo académico”, como nueva Sión, reinterpretando el final del Salmo 48, el que cantaba a la ciudad santa de acogida: anduve por la Facultad de Química, la podría describir bien; grabé en mi corazón las murallas que existen hoy para la investigación, recorrí el patio-jardín central orientado a varias torres científicas. Todo ello para poder contar hoy lo que ocurrió y saber cómo es la inteligencia que nos conduce…, alejándome de aquella ciudad imaginaria/imaginática sin mirar atrás, sin ira.

Gracias a todas y a todos los asistentes. Con independencia de Memorias, carnés presentados al comienzo, créditos, burocracia, etc., solo esperamos que os haya servido para respetaros más como personas que tenemos un tesoro quizá escondido (somos ricas y ricos): el cerebro y una corteza cerebral con grandiosas posibilidades de conocerse a sí misma. Y a ti, bloguera o bloguero que acudes a esta cita casi diaria, solo desearte que no te hayas aburrido. Si me confirmas qué te ha parecido, te lo agradecería. Aunque solo fuera por saber que todavía podemos construir un país imaginario/imaginativo, no el de Alicia, en el que existen personas que se siguen maravillando del ser humano a pesar de la que está cayendo. Gracias, de nuevo.

Sevilla, 11/III/2007

(1) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

Canción triste de Cádiz Street

Cádiz, con los cambios «climáticos» de Delphi. Cádiz arrastrando la dialéctica del dolor y de la alegría para vivir, para su libertad. El pasado 23 de febrero me quedé pensando durante un tiempo prudencial cómo sería la letra de la canción que interpretó Javier Rubial con motivo del acto que se celebró en Cádiz el 21 del mismo mes en torno del cambio climático. No la pude localizar. Y terminaba el post publicado aquél día, El niño del Serengueti, diciendo: “Ruibal, con su encanto personal, coge la guitarra en su tierra y con la gracia que el Sur le ha dado, comienza a gritar a los cuatro vientos que mientras el niño del Serengueti admira el entorno tanzano como una maravilla para sus ojos cautivos, va arrojando agua sin la conciencia de estar perdiendo un auténtico tesoro. A diferencia de nosotros, los más inteligentes de la tierra, el primer mundo, que no podemos fantasear más allá de lo que nuestros ojos son capaces de transmitir a un cerebro cautivo y desarmado por la sequía de la inteligencia en muchas de sus manifestaciones posibles. Por cierto, humanas. Y que no es capaz de descubrir ya la realidad del “aire azul” tanzano ó gaditano, fantástica recreación del escritor australiano Alan Mooheread, enamorado del continente africano, escapándosele también el agua entre los dedos…”.

Tenía una deuda contigo, lector, lectora, de nuestra peculiar esfera digital, que consistía en localizar la letra completa de la canción (1) y ponerla en circulación neuronal (¿inteligencia digital?) para mejor comprensión de lo que reconocía que era una mera intuición. O sentimiento, en la clave que aprendí hace muchos años de Rafael Alberti, poeta también gaditano, en la dialéctica pensamiento/sentimiento, con su recomendación de que escuchemos siempre el corazón mucho más fuerte que el viento, porque si esta canción, este mensaje no tiene corazón, es solo eso, la letra de una canción triste de Cádiz Street… por mucho que Delphi intente cambiar el clima laboral de la bahía casi sin darnos cuenta:

“Agua que no has de beber/
oro puro que se tira/que por el
agua se sufre/se perdona y se respira/
agua que no has de beber/
nunca la dejes correr.
El que corre sin descanso/
nunca llegará primero/al corazón
de los mansos/dale agua y
no dinero/agua que dejes pasar/
puede el destino cambiar.
Si tú la tiras por el camino/no
va quedar un espino/donde puedas
esconderte/y voy a darte tu
merecido/este niño malcriado/
nunca cambiará su suerte.
El niño de Senegal/sueña que
se va a la Luna/en una nave espacial/
ligera como una pluma/tuvo
cara de astronauta/desde que
estaba en la cuna.
Y en la órbita perfecta/asomado
a la ventana/el niño del Serengueti/
ocho veces por semana/
sueña que tira confeti/y se
inunda la sabana.
Como no cumple nunca un
castigo/este niño consentido/se
me va a quedar en Babia/ si no
estuvieras siempre en las nubes/
cuidarías, no lo dudes/de no
derramar el agua.
Por los dioses de mi tribu/juro
que hago de ti un hombre/
aunque pierda los estribos/y
llegue a borrar tu nombre/de
tanto como lo digo/un hombre
como es debido.”

Sevilla, 7/III/2007

(1) El País (2007, 28 de febrero). Javier Rubial estrenó “El niño del Serengueti”. El País (Extra), p. 10.

Imaginática 2007: una habitación con vistas

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Ya estamos en la cuenta atrás de un acontecimiento de los que la comunidad universitaria andaluza debe sentirse muy orgullosa: Imaginática 2007, el encuentro bianual que se va a llevar a cabo en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática, en Sevilla, durante los días 5 a 9 de marzo, en el que una asociación sin ánimo de lucro nacida en el seno de la Universidad de Sevilla, sirve de punto de unión entre el mundo universitario y el mundo empresarial, desarrollando un gran número de actividades entre las que destacan el Ciclo de Conferencias, la Feria de Stands y el Museo Tecnológico. Su misión es clara: actuar como agente dinamizador de la Sociedad del Conocimiento en Andalucía introduciendo una energía activa y propulsora en el seno de la Universidad de Sevilla que arrastre a alumnos y personal docente e investigador a participar de manera directa en la creación de esta nueva realidad social.

Este año voy a participar junto al grupo de investigación DiNeT, de neurociencia digital, con una intervención en torno a un contenido muy sugerente: la deconstrucción del cerebro digital. Es muy importante enfocar bien la realidad investigadora en torno al cerebro y no dispersar esfuerzos. Por ello, es fundamental aproximarse bien a la realidad del cerebro digital (deconstrucción radical) y diagnosticar qué es lo que sabemos y no sabemos de su funcionamiento para intentar reconstruirlo en funciones susceptibles de digitalización. Y nunca creer que vamos a reproducir de forma íntegra la llamada inteligencia humana.

Por otra parte, el esfuerzo investigador de pequeños grupos de alumnas y alumnos, profesoras, profesores y algún que otro patrocinio de empresas emprendedoras, puede verse recompensado en este tipo de encuentros. Seguro que se podrán explorar yacimientos de investigación cerebral, de ámbito digital, que lleven a dotar funcional y económicamente de recursos a iniciativas legítimas y bien diseñadas para evitar el éxodo de investigadoras e investigadores en potencia que conocen ya las posibilidades ingentes de la ciencia en la búsqueda de comprender bien el funcionamiento del cerebro con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.

Vuelvo a mi trabajo de creación en la presentación que voy a llevar a cabo, que la preparo con la misma ilusión de mis años más activos en la Universidad, a la que profeso un profundo respeto, para entregarla a la comunidad emprendedora y para todas y todos aquellos que tengan la actitud de aproximarse al cerebro pensante, imaginático. En definitiva, para compartir su inteligencia creadora y digital.

Sevilla, 28/II/2007, en el día de Andalucía, como pequeña contribución a su progreso.

Cerebro y género: una cuestión de amígdalas

¿Quién nos iba a decir que entre las inteligencias múltiples de cada persona, la emocional tiene el tamaño de una almendra?. Es así. En el cerebro se encuentra una estructura cerebral, del tamaño de una almendra, que se llama “amígdala” (del griego ὰμυγδάλη, almendra), situada exactamente en el lóbulo temporal y forma parte, junto a otras estructuras cerebrales, como el hipotálamo, el septum y el hipocampo, fundamentalmente, de los circuitos responsables de la emoción, de la motivación y del control del sistema autónomo o vegetativo. Todo ello configura el denominado sistema límbico, responsable directo de la codificación del mundo personal e intransferible de los sentimientos y de las emociones. Con el control férreo de la corteza prefrontal, como corteza de asociación situada en el lóbulo frontal. Una parte muy importante de la corteza (servilleta) cerebral, utilizando la descripción del tamaño de la misma hecha por Jeff Hawkins (1).

Desde el punto de vista científico, ya sabemos muchas cosas de la amígdala cerebral. Es una estructura muy pequeña y evolutivamente muy antigua. Dependiendo de su tamaño se puede identificar el carácter de una persona, llegándose a saber que una atrofia de la amígdala llevará a la persona que la sufra a una seria dificultad en el reconocimiento de los peligros, siendo realmente asombrosa la asociación que se puede llegar a dar entre su hipertrofia y la violencia y agresión. Se puede llegar a conocer hoy, a través de técnicas no invasivas de tomografía mediante emisión de positrones (PET), el coeficiente de las emociones en cada lado de la amígdala.

Se ha demostrado también que pacientes con la amígdala cerebral lesionada no son capaces de reconocer la expresión de un rostro o si una persona está contenta o triste. Por otro lado, en experimentos con monos a los que se les extirpó esta glándula, se demostró que éstos manifestaban tras la extirpación un comportamiento social alterado, con una pérdida de la comprensión de las reglas de relación de la manada, además de verse afectadas las actitudes maternales y las reacciones afectivas frente a sus iguales. Asimismo, la amígdala cerebral también se relaciona con la capacidad de aprendizaje y con la memoria.

He leído con atención el estudio llevado a cabo por la Unidad de “neuroimaginería cognitiva” del Inserm (el instituto francés de la salud y de investigación médica) y por el hospital Pitié-Salpêtrière de Francia, que ha demostrado que nuestro cerebro es capaz de integrar nociones tan abstractas como las de un campo semántico, las de los significados, incluso antes de que conscientemente podamos leer las palabras que los contienen. Además, el papel jugado por la implantación de electrodos en las amígdalas cerebrales de un grupo de pacientes epilépticos desvelaron actividad cerebral derivada de la significación de una serie de palabras mostradas a gran velocidad, a pesar de que los pacientes no pudieron ni leerlas. La complejidad de nuestros procesos mentales inconscientes es por tanto mucho más rica de lo que se estimaba. El trabajo ha sido dirigido por el neurólogo y doctor en Neurociencias cognitivas, profesor Lionel Naccache y ha sido publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Science. El cerebro es capaz de decodificar el significado y el sentido emocional de palabras que se presentan al sujeto de manera subliminal, señalan los resultados de un estudio. De ahí la importancia de los anuncios publicitarios y su falta de inocencia. Obvio. Y qué campo tan interesante se abre para la educación infantil y en casa, en el trabajo y en la Universidad. Los elementos de contexto en los que vivimos nuestra existencia diaria, ¡cuántas palabras e imágenes, cuantos estados afectivos momentáneos (emociones) y duraderos (sentimientos) se pueden estar desarrollando y elaborando en nuestro interior sin que tomemos plena conciencia de ello!. Es lógico que a veces digamos “no sé lo que me está pasando”. Responsable: la amígdala personal e intransferible y su integración en circuitos más complejos.

El binomio miedo-agresión, está asentado en la amígdala. Si el tamaño es mayor en el hombre, por mera determinación anatómica, la correlación es más compleja. Por ello, las salidas de tono virulentas en los hombres tienen una determinación estructural cerebral, más acusada que en las mujeres. Y con una responsabilidad añadida: la corteza prefrontal, esa zona maravillosa de razonamiento neurológico, al intervenir otras muchas entradas de información a esa zona y equilibrar todas las balanzas imaginables de los procesos que se computan en el cerebro, hace que se module la conducta a observar finalmente, creando patrones para la memoria predictiva: si ya me pasó esto en una situación anterior, atención, porque me puede volver a pasar lo que ya sé que va a pasar. Sorprendente. No es el destino biológico preprogramado de hombre y mujer lo que justifica determinadas conductas, sino que los aprendizajes de situaciones que se han repetido en muchas ocasiones de la vida, “modula” una determinada forma de ser en el mundo, desencadenando procesos hormonales y activaciones eléctricas de circuitos neuronales que ya han “aprendido” a desenvolverse así en situaciones similares. Y la amígdala sigue ejecutando siempre su trabajo.

El estrógeno, la progesterona y la testosterona son las principales actrices invitadas en el funcionamiento de la amígdala en el cerebro sexuado. Todo lo que ocurra a nivel hormonal afecta a la amígdala. La razón es obvia: si el estrógeno está equilibrado en su funcionamiento ordinario, complejísimo, la amígdala hará vivir y sentir las emociones conscientes e inconscientes de forma regular, modulando actuaciones preprogramadas. De ahí la importancia de la memoria predictiva (teoría de Jeff Hawkins), de la que ya he hablado en post anteriores. Después, los sentimientos y emociones que se construyen en la amígdala, en compañía del hipocampo y del hipotálamo, se bifurcan en razón del protagonismo que concurra en relación con las hormonas masculina ó femenina: la progesterona y la testosterona. Y en cada ciclo de vida personal, el protagonismo es diferente. Por ello, la inteligencia individual, comienza a escribir en el libro de vida de cada uno en particular, cómo se aborda la resolución de problemas diarios para vivir de forma adecuada. Sin florituras agregadas. Solo se regula la mejor forma de vivir. Es lo que en América se trata de solucionar con Prozac, sabiendo que mi amígdala es sensible de forma particular con todo lo que a mí me pasa y me acaba afectando de forma momentánea (emociones) ó duradera (sentimientos).

Y una realidad estructural del cerebro, la mielina, tiene una responsabilidad crucial en la conexión obligada, autopista o camino vecinal, entre la amígdala y el centro de control de las emociones: la corteza prefrontal. Me gusta comparar la mielina con el cable de antena del televisor, forrado con una malla de cobre a modo de dendritas y con un plástico que le aisla del mundo exterior y protege la conductividad, ofreciendo todas las garantías de neurotransmisión, de transmisión en definitiva de las señales eléctricas. La corteza cerebral se alimenta de millones de descargas de la amígdala y pide retroalimentación. Y esto se aprende. Es la experiencia del ciclo de vida de hombres y mujeres, desde que somos niñas y niños, experimentamos la adolescencia (cuantos cables sin mielina, sin protección se intercomunican a esta edad, desencadenando explosiones afectivas que ahora sabemos ya por qué ocurren), crecemos en el estereotipo del “amor” solo, homosexual ó heterosexual, y nos hacemos personas mayores donde las garantías del cableado cerebral comienzan a caducar, a deteriorarse e incluso a morir (Alzheimer). Este conocimiento nos lleva a ser muy prudentes con los autojuicios o sobre los que hacemos de los demás. Es “cuestión de química” (¿de amígdala?), siendo esta expresión coloquial una verdad como un templo, porque la conducción química es vital para nuestra amígdala, como explico a continuación.

Por su importancia actual, derivada de investigaciones recientes, es importante resaltar los últimos descubrimientos sobre unas células olvidadas desde los trabajos de Cajal, las células glía y en un papel muy importante: la neurotransmisión de sustancias vitales para el funcionamiento del cerebro, en una tarea muy concreta, en el trayecto que va desde la amígdala a la corteza cerebral y viceversa (a la amígdala le gustan las distancias cortas…), de acuerdo con unas declaraciones recientes de R. Douglas Fields, del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano, en Bethesda, Maryland, especialista en plasticidad del sistema nervioso: «Aún tenemos mucho que aprender, pero entre los neurocientíficos hay un tremendo interés (en estas células), ya que creen que podrían haber ignorado casi la mitad del cerebro». Este investigador, junto a Beth Stevens-Graham, ha escrito un artículo de revisión sobre la glía, publicado en la revista Science (2), de sumo interés: «Cada vez más, se hace evidente que la glía contribuye al proceso de información en el cerebro detectando la descarga de las neuronas y comunicándose entre ellas para, a su vez, regular la actividad neuronal». La nueva conciencia sobre la importancia de las células gliales se ha desarrollado, en parte, debido a nuevos métodos de radiografía por imágenes que permiten a los científicos observar las señales químicas que la glía usa para comunicarse, entre ellas mismas y con las neuronas. La glía y las neuronas operan en formas diferentes. Aunque a menudo se comparan las señales eléctricas de las neuronas con las que tienen lugar en las líneas telefónicas, la glía se comunica por medio de señales químicas, que son mucho más lentas. Entre las numerosas funciones de la glía, dijo Fields, están las de regular la intensidad de las conexiones interneuronales llamadas sinapsis. Pero la glía también puede detectar señales eléctricas de otras partes del cerebro, además de las sinapsis, según el investigador. Estas señales, añadió Fields, «son particularmente importantes para regular el desarrollo glíal en la vida fetal y postnatal temprana».

Los mensajes también controlan la actividad de la glía que forma la mielina, el «aislante» que protege las fibras nerviosas, mencionó el científico. La comunicación entre las neuronas y las células gliales podría formar parte de las actividades cerebrales que suceden en un período relativamente largo de tiempo, según Fields. «Esto sería importante», dijo el científico, «en aquellos procesos como el desarrollo del sistema nervioso, la formación de las sinapsis, la migraña, la depresión, el aprendizaje y la memoria». Esta comunicación podría también estar presente en la forma en que el cerebro responde al daño, a la enfermedad y al dolor crónico, añadió el investigador”.

Estudios recientes llevados a cabo en la Clínica de Neurocirugía de la Universidad de Bonn, han señalado el papel trascendental de las células glía, neuroglías, en su argot, destacando las funciones que desempeña un tipo de célula glial, el astrocito, desconocidas hasta ahora pero que pueden revolucionar el conocimiento del procesamiento del entendimiento entre neuronas, como árbitro imprescindible. Es una célula muy común en el cerebro y su relación con la sinapsis y con los vasos sanguíneos, pero junto a las funciones clásicas de nutrición y sostén de las neuronas, se han descubierto funciones auxiliares muy diversas: “se ocupan de que las concentraciones iónicas permanezcan constantes en el espacio situado entre las células cerebrales; recogen las sustancias mensajeras –los neurotransmisores- liberadas por las neuronas y bloquean sus efectos; por último proveen de nutrientes a las células nerviosas. Va ganando terreno, además, la idea de que el propio grupo de astrocitos se compone, a su vez, de tipos celulares muy distintos que, en parte, realizan trabajos completamente diferentes. Por si fuera poco, se les empieza a reconocer a los astrocitos, su participación en el procesamiento de la información cerebral, capacidad que se suponía exclusiva de las neuronas” (3).

Tengo la impresión que la próxima vez que nos comamos una almendra, vamos a tener una sensación (¿emoción, sentimiento?) diferente de lo que hacemos. Probablemente, porque la amígdala cerebral de cada una, de cada uno, ha mandado unas señales neurológicas diciendo a la corteza cerebral que ya sabe por qué está sintiendo algo especial. Misión cumplida.

Sevilla, 25/II/2007

(1) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

(2) Douglas Fields, R. & Stevens-Graham, B. New Insights into Neuron-Glía Communication. Science 18 October 2002: Vol. 298. no. 5593, 556–562.

(3) Krebs, C., Hüttmann, K. y Steinhäuser, Ch. (2005). Células de la glía. Mente y Cerebro, 11, 66-69.

Cerebro y género

Género y vida