Obligatoriamente obligados

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo


Barack Obama

Estoy asistiendo al mayor espectáculo del mundo, desde la vertiente económica y financiera, del que no me quiero sentir ajeno y es verdad que he vuelto a recordar una canción protesta de un poeta andaluz de antes, Rafael Ballesteros, que está alojada en mi memoria de largo plazo y que vuelve a recuperar todo su esplendor.

Es verdad que de este mundo sabemos poco y, sin embargo, estamos obligatoriamente obligados a entenderlo, vivirlo, sufrirlo, pasearlo, morirlo, si se pudiera expresar así.

Aún así, esta semana se ha producido un hecho incontestable: muchas personas nos hemos adueñado (¡con perdón!) del personaje Barack Hussein Obama, por unos segundos, por un día, sin aspirar siquiera a ser reyes y reinas de nuestros pequeños mundos, porque intuíamos que algo podía cambiar, aunque no fuera el mundo grande, en cualquiera de sus versiones: primer, segundo, tercer…, habitado por seres humanos que adoran su particular mundo de secreto: el de cada una, el de cada uno:

“Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos” (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Pero es que sabemos poco de él (del mundo…). Como decía Rafael Ballesteros,

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra
bala, si abro la puerta y se nos entra
el fusilado y cierro y se me queda
fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto
y nada, si miro al muro
y todavía distingo los boquetes

Y sin embargo, estamos aquí, Obama, obligatoriamente obligados a entenderlo…, obligatoriamente obligados a poder.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación (Obama: Discurso de la victoria, 5/XI/2008).

Sí podemos

Sevilla, 9/XI/2008

Patio San Dámaso


Guardias suizos, en una ceremonia de aniversario, en el Patio San Dámaso (Ciudad del Vaticano). Fotografía recuperada el 25 de octubre de 2008 de http://www.daylife.com/photo/0eNLbFL3lbbrj

Publico hoy en este blog, un nuevo relato corto, Patio San Dámaso, sobre el que he estado trabajando bastante tiempo, como tarea impuesta por mi inteligencia digital. Las primeras palabras dejan entrever un hilo conductor del protagonista, un hombre en la encrucijada de la vida, en un entorno que a veces parece que está diseñado por el enemigo. Espero que su lectura sea un motivo agradable para sopesar que otro mundo, el de acá, es también posible.

Son siete episodios (puntate), trazados mediante siete líneas delgadas rojas, que están concatenados entre sí, porque se sufren en un entorno sagrado, asombrosamente místico, pero con una carga de profundidad que deja al descubierto, de forma descarnada y metafórica, cómo una persona puede morir en la Plaza de San Pedro de Roma albergando el sueño o la idea de que un día puede ser recibido por alguien superior para alcanzar la felicidad, más allá de las burocracias de la vida, de las iglesias, ¿de las religiones?, tal y como Marco Ferreri dibujó en su durísima trama de la película La audiencia (L´udienza).

Y solo queda un recurso para quien sabe esperar en el principio esperanza: avanzar por la Via della Concilliazione (calle de la conciliación), precioso nombre, buscando el amor desesperadamente…

Sevilla, 2/XI/2008

Un cerebro en la Isla


FUENTE: Última hora | EL PAIS | Sociedad – 23-10-2008
FOTOGRAFÍA: Un árbol en la isla
(Tamaño 67 kb.)

HÉCTOR GARRIDO

[A la izquierda,] reserva natural de la Isla de En medio (Huelva). Se trata de ramificaciones que recuerdan a grandes árboles, pero también a cerebros y pulmones. Las estructuras se repiten fuera y dentro de los organismos.

Sevilla, 29/X/2008

Los sueños de Robert Langer

Robert Langer – Copyright Bachrach

Solo han pasado dos días desde la entrega a Robert Langer del Premio Príncipe de Asturias 2008, de Investigación Científica y Técnica, por sus trabajos sobre la “liberación inteligente de fármacos, por el desarrollo de novedosos materiales biomiméticos en forma de polímeros, nanopartículas o chips, que posibilitan la distribución controlada de fármacos por el cuerpo humano. Esto permite el transporte seguro y la administración de las dosis justas y controladas de medicamentos, incidiendo directamente en las células malignas y permitiendo una liberación prolongada en el tiempo, lo que aumenta notablemente su eficacia. Sus investigaciones han permitido tratar con éxito varios tipos de cáncer, como el de próstata y cerebro. También es uno de los pioneros en la ingeniería de tejidos, al lograr la reconstrucción y el crecimiento controlado de tejidos y órganos mediante novedosos materiales biodegradables que sirven de soporte” (1).

Para una persona que sigue de cerca los trabajos científicos en torno al cerebro, el 24 de octubre fue un gran día, personalizado en Robert Langer. Y busqué en la Noosfera últimas manifestaciones suyas, encontrando unas recientes, de junio de 2008, en un post de Pere Estupinyà, que recoge trazos de una entrevista que me ha parecido extraordinaria, para adentrarse en el conocimiento didáctico de este científico soñador: “Si tuviera que escoger dos cualidades para conseguir calidad (la cantidad se consigue de manera diferente) diría: ser soñador, y querer hacer algo que resulte positivo para el mundo”.

Y Langer, explica a Estupinyà las claves del sueño americano, la calidad de su equipo de trabajo: “… aquí hay varias personas con las posibilidades que describes [Tu laboratorio cuenta con más de 100 investigadores. Piensa en ese investigador/a que destaca sobre el resto, al que le ves unas características especiales. El que puede conseguir grandes hitos en el futuro y convertirse en un científico de primera línea mundial. ¿Cuáles son estas facultades que percibes? Y ¿qué le aconsejarías para que su carrera fuera exitosa?], y la verdad, son bastante diferentes entre ellas. Pero ciertamente tienen elementos en común. Son inteligentes, sin duda. Y trabajan durísimo. Sin trabajo duro es difícil destacar en ciencia. Pero además son soñadores, tienen mucha pasión por su trabajo, y asumen riesgos en las investigaciones. No se conforman con lo establecido. Intentan enfocar los problemas de forma diferente, y nunca abandonan. De hecho, este sería uno de los consejos principales. La investigación es difícil y a menudo muy sacrificada. Se necesita ser perseverante. También es necesario tener un pensamiento positivo. Tener en cuenta que casi todo es posible; hay pocas cosas que no están a nuestro alcance. Si luchas fuerte, le dedicas tiempo, y no abandonas, los retos se pueden conseguir”.

Vuelvo a mis asuntos, al laboratorio de la vida. Porque sé que soñando puedo contribuir a que mi pequeño mundo personal y profesional avance hacia logros insospechados en la revolución digital de la Administración Pública andaluza, que tanto aprecio en su inteligencia intrínseca, que nace en las personas que trabajan en ella.

Sevilla, 26/X/2008

La inteligencia digital no es software

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

He leído una frase de Javier Fesser, director de la discutida película Camino, que me ha conmocionado: “Y me quedó claro que la fe es un chollo, pero que recuerda a la lotería: te tiene que tocar. No se puede instalar como un software” (1). Desde que estudio y construyo, poco a poco, las bases científicas de la teoría de la inteligencia digital, he podido comprobar que siempre emerge una tentación en el laboratorio por la propia semántica del constructo: comparar el cerebro con una estructura similar a un ordenador superpotente. Y la comparación, como todas, es odiosa.

En las diferentes acepciones que he construido desde que voy de mi corazón a mis asuntos, pretendo aportar puntos críticos de investigación en la maravillosa posibilidad que las tecnologías de la información y comunicación aportan hoy a la inteligencia humana. En mi libro Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (2), todos los caminos del índice conducen a una conclusión maestra: la inteligencia es un recurso humano, muy complejo, no un software, de una individualidad extrema, hasta tal punto que se puede decir con rigor científico extremo que no hay dos inteligencias, ni dos cerebros iguales.

Atendiendo las cinco acepciones que he formulado en mi incipiente teoría crítica de la inteligencia digital, entendida como:

1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella.
2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación.
5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando han superado la dialéctica infernal del doble uso.

se puede colegir muy bien que el punto de partida se constituye en la posibilidad del ya pero todavía no de cada cerebro particular, centrado en destreza, capacidades y habilidades consustanciales con la realidad personal e intransferible de cada cerebro individual, con un componente de calidad extrema, las neuronas, viajando siempre a alguna parte de nuestras vidas. Proyectando cada milisegundo las múltiples posibilidades que contiene cada inteligencia particular, dado que conllevan un conjunto de habilidades, talentos o capacidades mentales, que se organizan a la luz de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas, en un determinado entorno cultural, con una operación nuclear identificable (sensibilidad para entonar bien, por ejemplo) y que se debe codificar en un sistema simbólico (el lenguaje, la pintura y las matemáticas, entre otros muchos).

Parafraseando a Fesser, la realidad emergente de la inteligencia digital nos podría llevar a decir hoy sin ambages: “Y me quedó claro que la inteligencia es un don humano (para algunas personas “divino”), pero que afortunadamente, no es una lotería: venimos pre-programados a la vida, después de un proceso de concepción y construcción cerebral que se prolonga a lo largo de nueve meses (sinceramente, de toda la vida…). En cualquier caso, se viene demostrando científicamente que la inteligencia, ni siquiera la estrictamente digital, no se puede instalar como un software” (por cierto, ¿libre ó de mercado?. Ninguno.). Ese es el motivo de que ayer me sorprendiera la inteligente expresión de Fesser.

Sevilla, 19/X/2008

(1) Belinchón, G. (2008, 18 de octubre). “Hay actitudes que no entiendo; ven el dolor como algo redentor”, El País, p. 42.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital Edición digital.

No es una persona más que otra…

En una época carente de valores, como la actual, el Quijote debe verse como una metáfora relevante. En el mundo en transición en el que vivió, luchó por ideales que consideraba vigentes y nobles. Su idealismo, por distante que estuviese de la realidad, acabó, sin embargo, por transformarlo en una referencia fundamental para la cultura mundial en estos últimos siglos. Don Quijote pone de relieve, con su aparente locura, la importancia de la audacia y de la imaginación en la construcción de otro mundo.

(Fragmento del discurso de agradecimiento pronunciado por el Presidente de Brasil, Lula da Silva, en la ceremonia de entrega del Premio Internacional «Don Quijote de La Mancha”, en Toledo, el 13 de octubre de 2008)

El sábado 11 de octubre leí un texto premonitorio de este post, en un anuncio con motivo de la entrega del Premio Internacional Don Quijote de la Mancha, a dos personas a las que admiro y respeto mucho: Lula da Silva y Carlos Fuentes: no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro. Es una frase cervantina, que sugiere muchas reflexiones si no se la saca de su contexto. Veamos. El texto original de Cervantes dice exactamente: “sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro sino [sic] hace mas que otro”, en una expresión llena de sentimiento y esperanza por parte de Don Quijote, en un gesto lleno de ternura hacia Sancho porque “todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo, y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables…”. Extraordinaria construcción de la didáctica humana de la comprensión en el alcance que se expresa con la solidaridad ante situaciones que son personales e intransferibles y que por mucho que se quieran cooptar, en auténtica com-pasión [sic], se demuestra que el sufrimiento no es delegable, ni asumible por los demás en su justa medida, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras.

Reproducción facsímil del libro El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. (2 Volúmenes), Miguel de Cervantes Saavedra. Barcelona: Edicions Universitat, pag. 212 (recuperada de Google, el 12 de octubre de 2008).

Pero es una realidad inquebrantable que sí hay personas que hacen más que otras, yendo más allá del reclamo del anuncio. Y por ello, son más importantes en la sociedad, desde una perspectiva ética, unas determinadas personas que otras. En el caso de los personas premiadas, Lula da Silva y Carlos Fuentes, existen sobradas razones para alinearse tanto con Sancho como con Don Quijote, en el reconocimiento del Premio, porque ante ellos es fácil que nos pudiéramos poner “de pechos” sobre nuestras cabalgaduras vitales “con la mano en la mejilla en guisa de personas pensativas”, intentando solidarizarnos con ellos por tanta tristeza que en algunos momentos nos han trasladado, aunque convengamos con Don Quijote que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas. Así lo aprendí de Lula da Silva cuando leí con pasión el libro de recopilación de sus cinco propuestas para cambiar la historia, con un título que sobrecoge “Lula. Tengo un sueño” (1): “Obstinadamente me digo todo el santo día: tengo que realizar un sueño, que no es sólo mío, sino el sueño de todos vosotros; llegará un día que en este país ninguna criatura se irá a dormir sin un plato de comida, y ninguna criatura se despertará sin ningún desayuno (…) Llegará un día en que la gente tendrá conciencia de que este país que sueño y que vosotros soñáis puede ser construido. Depende de nuestra disposición para realizarlo. Depende de nuestro coraje. Depende de nuestra disposición”.

Utilizando el símil del idealismo de Don Quijote, ayer nos dejó un mensaje para “cabalgantes”: «Solo con imaginación no cambiamos la realidad, pero sin imaginación corremos el riesgo de quedar presos en el conformismo». Depende de nuestra disposición.

Carlos Fuentes resumió en el acto del Premio un mensaje aleccionador para los que hacen más que otros: «tenemos un porvenir que desear y un pasado que recordar, pero sólo deseamos y recordamos en el presente. Toda gran obra es un llamado a la acción». Depende de nuestra disposición.

Lula Sancho y Carlos Quijano, cabalgaron ayer juntos al recibir el Premio Internacional Don Quijote, sin descomponer sus figuras. Porque son grandes al enfrentarse a molinos de viento que no son imaginarios, cada uno a su estilo, cada uno a su aire cervantino, a través de las palabras que les quedan, porque saben que en sus respectivos compromisos vitales no es posible que el mal ni el bien sean durables…

Evidentemente, todo depende de nuestra disposición, porque las personas no son más que otras si no hacen más que otras. Como Lula, como Carlos.

Sevilla, 14/X/2008

(1) Luiz Inácio Lula da Silva (2003). Tengo un sueño. Barcelona: Península, p. 52s.

Striptease digital

Desde que comencé esta experiencia de ejercicio real de la inteligencia digital, han pasado casi tres años y siempre acaricié la idea de divulgar los accesos reales a mi blog, a través de herramientas estadísticas de gran robustez y consistencia. En este caso, utilizo una herramienta nativa del proveedor de Internet que me presta servicios, Smarter Enterprise Edition 3.3.2950.

Defiendo a capa y espada un aserto propio: la información debe volver estructurada y transparente a quien la trabaja [sic], en una operación retorno -como en este caso- que simboliza una mezcla real de agradecimiento y conocimiento compartido en la Noosfera. Dicho y hecho, porque considero que a modo de striptease digital personal puedo publicar determinadas señas de identidad de mi blog, y de las personas y máquinas que me visitan día a día, que entran en el cuaderno a ojear páginas, diferenciando técnicamente visitas y páginas a las que se accede realmente en cada visita. Respetando la confidencialidad inherente a determinados datos que, obviamente, no publicaré, como garantía y respeto a quienes me visitan en libertad.

He tomado una muestra cercana, el pasado jueves 2 de octubre, durante las veinticuatro horas del día y esto fue lo que ocurrió.

Para empezar, conozco los cuarenta y cuatro países de los que provenían las 1.241 visitas, auténticos miembros de la malla pensante (Noosfera), con el siguiente detalle por rangos, accesos reales y ancho de banda consumido (se puede hacer «clic» sobre la imagen para verla en tamaño real):

He obtenido, obviamente, la estadística de accesos por continente, sirviendo de muestra la de Europa, aunque por curiosidad científica también aporto la de América del Sur:

También, el dato por antonomasia, con visión de acogida real y agradecida por mi parte, no en término de “producto”, a tener en cuenta en el mercado digital: las visitas generales y a páginas concretas:

Tengo mucho interés en conocer cuántas personas se “bajan” (¿”compran” por valor y no por precio?) mi libro sobre Inteligencia Digital, día a día, con libertad de acceso a él respetando reglas de juego en los parámetros que fija la licencia Creative Commons. En este caso, han sido 13 personas. Sé que ha sido así por el ancho de banda consumido y por la acción que se complementa con otras estadísticas de la herramienta que utilizo al analizar, en general, datos por archivos.

También conozco qué palabras se utilizaron en los buscadores principales, en ese día, para llegar a mi blog, aunque en el top diez de este cuaderno digital, a lo largo de los últimos seis meses, con el análisis de esta herramienta, la secuencia principal de búsquedas se centra en un constructo: septum pellucidum, una maravillosa estructura cerebral, de la que me consta su interés por los comentarios y correos que recibo, cumpliendo la finalidad divulgativa del cerebro como base de la inteligencia digital:

2 OCTUBRE 2008 (118 frases y/ó palabras)

ÚLTIMOS SEIS MESES (12.325 frases y/ó palabras)

Igualmente, qué imágenes, de las que se buscan por Internet, se utilizan más con la referencia de acceso a mi blog, siendo una constante la paloma de Picasso. Creo que se comprenderá ahora por qué escribí un post, Veo a mis palomas volar, desde la persona de secreto y en referencia a la utilización de esta preciosa imagen en el universo Internet (Noosfera). También, las imágenes de septum pellucidum, Cinema Paradiso y tálamo:

Google, con 490 accesos, sigue siendo el buscador por excelencia para llegar a mi nave digital, seguido a gran distancia por Microsoft Network con 8, AOL NetFind con 2 y Altavista con 1. Internet Explorer es el explorador más usado en los accesos (733), seguido de Firefox (117) y Mozilla Suite (87), como tres principales. Les siguen diez más.

Nada más por hoy, porque la estadística sigue también hacia adelante y, sobre todo, porque quiero seguir ordenando esta “Isla Desconocida” para que cuando se visite, cualquier internauta, como tú, pueda sentirse cómodo y muy a gusto navegando a bordo de ella. Además, podrá consultar con total libertad el cuaderno de derrota que guardo en su bitácora, porque como se ha podido comprobar hoy he hecho copia de sus llaves (estadísticas) para quien quiera disfrutar, como yo, del conocimiento creativo y compartido.

Gracias.

En el puerto digital de Sevilla, a 4 de Octubre de 2008, haciendo acopio de avíos en tierra para poder navegar mejor.

Cesión de derechos y ética digital


Puertas al campo. Isla de Skye. Escocia. Mauro A. Fuentes (2006). Detalle de imagen recuperada el 27 de septiembre de 2008, de http://www.fotomaf.com/displayimage.php?album=68&pos=51

Al acercarme a los tres años de presencia en la Noosfera, es la primera vez que escribo sobre la protección de derechos de autor en Internet. La verdad es que a través de la escritura, paradójica en sí misma ¿digitura?, en este cuaderno de derrota, que guardo celosamente en mi bitácora digital, nadie se puede bañar dos veces en el mismo río y eso me llena de satisfacción por el factor irrepetible de la lectura y posible comprensión y aprehensión de lo que escribo. Post fugit, que dirían los relojes, barómetros y autores clásicos del tiempo. Pero creo que desde la perspectiva de ética digital es acertado declarar las reglas del juego de escribir y publicar en Internet. Panta rei: Todo fluye, nada permanece. Los libros, post, relatos, las imágenes propias y asociadas, etc, etc, decantan una conducta ética digital que debemos declarar en relación con la protección de derechos en relación con la inteligencia digital cuando está latente y menifiesta.

Todo se puede utilizar, cortar, copiar, bajar y subir en la Noosfera. El campus de Internet, no tiene barreras. Recuerdo en este sentido a un payaso de mi niñez, muy querido, el menos listo de los tres, uno de los augustos, que en una de sus actuaciones, siempre llevaba en su mano derecha una valla de juguete y la ponía delante de sus pies cada vez que hablaba con el payaso listo, el clown, con traje de lentejuelas, cara maquillada de blanco y cejas circunflejas (una muy pronunciada…). Abría la puerta de la valla y la cerraba a su antojo, una y otra vez, para acceder al otro. La hilaridad estaba servida, porque demostraba que todo el campo, el circo de la vida, era suyo. Pero la ética digital obliga a declarar lo que no es tuyo, porque no todo nos pertenece, no todo se puede sobrepasar con la valla portátil de mi querido payaso, aunque desde una perspectiva de inteligencia digital, tal como la concibo y construyo día a día, ponga a disposición de los demás todo el conocimiento para que se pueda reconocer siempre al autor en homenaje a su inteligencia creadora (Reconocimiento), que pueda ser distribuido, copiado y exhibido sin más límite que no crear un trabajo derivado del original (Sin obra derivada), y que el blog, en todos y cada uno de sus contenidos se pueda distribuir, copiar y exhibir por terceros si se muestra en los créditos de lo que se copia pertenece a otra persona, porque le pertenece, porque fue quien lo creó (No comercial). Es decir, no quiero entrar en el mercado puro y duro de la inteligencia, ni quiero que se obtenga de mi inteligencia ningún beneficio comercial.

A pie de obra (nunca mejor dicho), puede/puedes verificar esta declaración de derechos y deberes digitales, que se detallan en el siguiente gráfico:

Todas las características anteriores me las ofrece hoy día una organización llamada Creative Commons, sobre la que aconsejo la lectura atenta de sus contenidos, de sus reglas de juego que también son suyas/tuyas. No quiero que los productos derivados de este blog sean mercancía, sino un derecho digital compartido en la Noosfera, mediante la inteligencia conectiva, que solo respete -por ética digital- a la persona que lo creó. Sobre todo y en los tiempos que corren de recesión dialéctica, para no dar pábulo al necio, que suele confundir valor y precio.

Sevilla, 28/IX/2008

Zoquetes


Lema “zoquete”. Diccionario de Autoridades, RAE A 1739, p. 570,1.

Cumplí mi compromiso y compré Mal de escuela (1) el viernes 12 de septiembre, día de su publicación. Voy leyendo las páginas poco a poco para saborear una obra cuidada por el autor con mucho esmero porque es autobiográfica, retratando en primera persona la historia de un zoquete, su microhistoria ó intrahistoria en expresión muy feliz de José Antonio Marina, bautizado como tal por el estereotipo social de la niña o del niño que la sociedad lo califica así “por sus resultados” en clase. Porque son rudos, tardos en aprender, ó percibir las cosas que se le enseñan o se le dicen.

Ha comenzado esta semana el Curso escolar y académico (no es lo mismo…) 2008-2009. Y a lo largo del mismo, ya se sabe científicamente que se declararán “zoquetes” profesionales a miles de niñas y niños, adolescentes y jóvenes a los que la vida se le aparecerá ya siempre como algo sombrío, en una epifanía nada halagüeña para sobrevivir en ella. Y me ha parecido fantástico hacer una llamada de atención sobre esta realidad social que se encarga de etiquetar “para toda la vida” a cerebros infantiles que en sí mismos no son estructuras preparadas para ser “zoquetes”.

Daniel Pennacchioni, justifica las razones de por qué ha escrito este libro, dedicado al dolor compartido del zoquete, sus padres y sus profesores, la interacción de esos pesares de escuela. Y es cierto que es necesario dedicar muchas horas de reflexión e investigación a esta realidad social, porque muchos fracasos existenciales se deben a la elaboración cerebral de esta seña de identidad otorgada siempre por las personas que están presentes en nuestras vidas infantiles. Y esta calificación social, muy centrada en la escuela y en la familia, se convierte en una auténtica pesadilla en las niñas y en los niños que la sufren.

Y es que el primer día que oyes hablar de esta plaga, los zoquetes y, desgraciadamente, la primera vez que llaman a una niña o a un niño “zoquete”, se declara la guerra interna de la personilla que lo sufre: “… [los zoquetes] se cuentan sin parar la historia de su zoquetería: soy nulo, nunca lo conseguiré, no siquiera vale la pena intentarlo, está jodido de antemano, ya os lo había dicho, la escuela no es para mí… La escuela les parece un club muy cerrado cuya entrada se prohíbe. Con la ayuda de algunos profesores, a veces.”. Quizá recordamos ahora con mayor afecto y efecto aquella expresión tan feliz de Groucho Marx, que serviría como mecanismo de defensa del yo rudo: «Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.»

Y Daniel Pennac (el zoquete Pennacchioni) inicia su andadura autoexplicativa en el primer capítulo utilizando una experiencia real ocurrida en el basurero de Djibuti, al caerse en él cuando solo tenía seis años, como símbolo de que cuando te bautizan como zoquete profesional, ya estás perdido para la escuela y, posiblemente, para la vida: “La imagen del basurero, a fin de cuentas, se adecua bastante a esa imagen de deshecho que experimenta el alumno que está perdido para la escuela”. Y en basurero se convierten también determinadas áreas de escuelas, colegios e internados que aceptan “recoger” a los “deshechos escolares”. ¡Cuántas preguntas nos podemos hacer al respecto! Y basureros son también los reductos sociales que al final tienen que frecuentar las personas que al final no logran desembarazarse del estereotipo “zoquete” como lacra que les acompaña siempre. Porque su profesión está muy bien definida: zoquete.

Cuando se desconoce la quintaesencia de las personas, de sus cerebros, todo puede ocurrir en la vida, en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la calificación de tardas en aprender, ó percibir las cosas que se le enseñan o se le dicen, puede tener causas que hoy se pueden descubrir y atender cuando se presta atención profesional a las mismas, bien por detección ajena o propia. Los cerebros humanos tienen un gran recorrido vital en su construcción y plasticidad, demostrada por la investigación neurológica actual, sin que se tengan que tildar de enfermedad mental y social ciertos desajustes en el aprendizaje rutinario, muy centrado en la escuela infantil y juvenil, en un tramo de la vida en el que la autoestima se forja paulatinamente. Además, sabemos muy poco de determinadas reacciones en la “tardanza para aprender”.

Y Pennac desarrolla su primer capítulo con un hilo conductor aleccionador siempre: la superestructura del miedo, sobre la que se comienza a fundamentar el crecimiento en la vida a partir del momento en que se toma conciencia de la “zoquetería”: “En todo caso, así es, el miedo fue el gran tema de mi escolaridad: su cerrojo. Y la urgencia del profesor en que me convertí fue curar el miedo de mis peores alumnos para hacer saltar esos cerrojo, para que el saber tuviera la oportunidad de pasar”.

Al finalizar el primer capítulo, hago una pausa en la lectura, como también las hacemos a lo largo de la vida. Porque el secreto del miedo no declarado me anima a investigar su correlación con el estereotipo “zoquete”, por un etiquetado social que determinado profesorado, determinadas madres y determinados padres permiten anunciar a los cuatro vientos acompañado de orejas de burro que tanto pueden llegar a desencantar la vida de las niñas, de los niños, que todas las personas llevamos dentro, y que les impiden realizar un consejo precioso de Saramago: déjate llevar por el niño que fuiste.

Sevilla, 20/IX/2008

(1) Pennac, D. (2008). Mal de escuela. Barcelona: Random House Mondaori.

La letra, con emociones entra


Fotograma de la película Ser y Tener (imagen recuperada de http://thecia.com.au/reviews/b/images/be-and-to-have-0.jpg, el 7 de septiembre de 2008)

Septiembre es un mes muy propicio para hablar de “letras”. Mi mentalidad académica, por deformación profesional, siempre me predispone a tener la sensación de que cualquier ciclo de la vida comienza en septiembre: un nuevo curso vital, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal. Y para reforzar esta predisposición natural he leído recientemente y con especial interés un artículo, Cuando el profesor admira a sus alumnos, que me ha llenado de satisfacción porque vislumbro que algo se mueve en la enseñanza pública que tanto admiro y defiendo: “hemos buscado tiempo [los profesores] para algo aparentemente menos urgente pero importante: la formación. Y el tema tratado en la última de nuestras jornadas de formación ha sido la inteligencia emocional. Nos venimos planteando desde hace unos años que no podemos trabajar con los alumnos y enseñarles un concepto de algo que nosotros no conocemos. Todavía hay personas que no conocen la automotivación, la empatía o las habilidades de relación. Los profesores necesitamos saber cómo se gestiona todo ello para transmitirlo a los alumnos” (1).

Pertenezco a la generación que aprendió con el axioma “la letra con sangre entra”, aunque es verdad que mi experiencia personal con mi maestra de toda la vida, Dª Antonia, era una auténtica excepción. Fue maestra de vida en el pleno sentido de la palabra, pero excepto ella los demás profesores pertenecían a la cofradía de regla y palmetazo, con expresiones sofisticadas hasta la Universidad, con la mejor demostración hecha carne (y sangre) a través del suspenso y tente tieso, sin aproximaciones reales a la vida de cada persona que participa en estos ciclos vitales de sumo interés para su realización presente y futura. Con carencias que determinan la vida personal e intransferible, que pasan de Curso en Curso, sin que se haya “enseñado” la automotivación y autoestima, la empatía o las habilidades sociales que se expresan siempre a través de la inteligencia intra e interpersonal, es decir, la inteligencia social (2).

En todos los órdenes de la vida, esperamos siempre lo mismo: ser respetados en nuestros estados de ánimo, en nuestros sentimientos y emociones, porque somos prisioneros de ellos como tantas veces he escrito en este cuaderno en relación con las estructuras cerebrales del sistema límbico que tanto condicionan la inteligencia humana. Si esto es así, ¿por qué se obvia esta formación continua en la vida, de forma tan clarividente? Durante muchos años he trabajado el constructo de habilidades sociales y cada segundo que pasa estoy más convencido de que el “secreto” de la felicidad en vida (que no después de la muerte) está en respetarnos tal y como somos, teniendo la sensación real de que somos respetados y ad-mirados por parte de los demás.

Por otro lado, la realidad es terca: “Las autoridades educativas, sin embargo, parecen mirar para otro lado. Pere Darder, presidente del Consejo Escolar de Cataluña, partidario de estas nuevas técnicas, se muestra cauteloso: “No pedimos un cambio, pedimos una revolución”. Y esa revolución consiste en volver del revés el sistema y desterrar las secuelas de aquel inquietante axioma de la letra, con sangre entra. Con todo, Darder cree que el camino está iniciado y no tiene vuelta atrás” (3).

Termina el artículo con una breve y contundente exposición, “revolucionaria” en sentido estricto, con una afirmación rotunda, que me llena de esperanza: “Hemos aprendido la importancia de la gestión y el dominio de la actitud: hacia nuestros compañeros, nuestros alumnos, las familias de nuestros alumnos; nos ha sorprendido comprobar que podemos variar nuestra actitud, que nosotros somos los que controlamos nuestro estado, que éste es fruto de una elección. ¿Hay algo más gratificante que escuchar a un profesor contar con pasión y armonía cuánto le emocionan sus alumnos? ¿O a aquel que siente admiración por sus alumnos? Nuestros escolares están obligados a pasar en nuestras aulas al menos seis horas de su día. El regalo que merecen es una buena gestión de la inteligencia emocional por nuestra parte”.

En este mes de septiembre, en las diversas “quincenas de oro” y ataques de autoestima controlada por el mercado puro y duro como consumidores para “no ser tontos”, que nos encontramos por doquier comercial, me encantaría que aparecieran “ofertas” para conocer este recurso que está al alcance de todas las personas, desde su nacimiento, porque su existencia, es decir, la inteligencia emocional, solo necesita ser descubierta y apoyada por las redes familiares y sociales. La única diferencia es que no es mercancía, sino un derecho inalienable de las personas. Constitucional, porque la inteligencia emocional es el resultado de estructuras cerebrales en acción estrechamente vinculadas con la salud mental. Nada más. De esta forma, al comenzar el “Curso vital” 2008-2009, ¡por lo menos!, podríamos garantizar que los responsables y “maestras” y “maestros” del espacio escolar, académico, político, judicial, funcionarial, familiar y personal, cada una y cada uno con su rol y estatus específico, respetan la posibilidad de que nos ad-miren (miren hacia nuestro interior) cada vez que hacemos bien ó mal algo, porque al fin y al cabo todas y todos estamos siempre aprendiendo a vivir con sentimientos y emociones, como letras que “entran” en nuestras vidas grabadas a fuego, desesperadamente…

Sevilla, 7/IX/2008

Nota: Cuando había finalizado de redactar este post, he sabido que la próxima semana se publica un libro que me ha suscitado enorme interés y relacionado estrechamente con el contenido de este post. Lleva por título: Mal de escuela, de Daniel Pennac, publicado en Barcelona por la editorial Mondadori. ¡Me lo quedo! Seguro.

(1) Sanz, Paloma (2008, 5 de septiembre). Cuando el profesor admira a sus alumnos. El País, p. 29.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital (Edición digital), p. 93-142. Recomiendo la lectura específica del Capítulo 5º sobre Inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social.
(3) Prades, Joaquina (2008, 5 de septiembre). La escuela saca suspenso en emociones. España se resiste a implantar técnicas para educar los sentimientos, salvo algunos centros pioneros. La corriente divide al profesorado. El País, p. 28.