¿Estamos donde debemos estar?

Isak Dinesen (1885-1962)

Sevilla, 16/XI/2022

Han pasado muchos años desde que escuché una frase en la película “Memorias de África” (1985), “Estoy donde debo estar”, que no he olvidado y que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías. La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan sólo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad, y poseía una inigualable nobleza. La principal característica del paisaje y de tu vida en él era el aire. Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. Lo habitual era que el cielo tuviera un color azul pálido o violeta, con una profusión de nubes poderosas, ingrávidas, siempre cambiantes, encumbradas y flotantes, pero también tenía un vigor azulado, y a corta distancia coloreaba con un azul intenso y fresco las cadenas de colinas y los bosques. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana. Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ‘Estoy donde debo estar’».

He respetado el contexto de la frase citada porque responde a algo que necesitamos experimentar en la vida, la conciencia de la pertenencia al lugar y el sitio en el que vivimos, somos y estamos, algo mucho más profundo que el mero sentimiento. Es lo que aprendí cuando era joven en relación con la diferencia entre sentimiento y conciencia de clase, que no es lo mismo cuando lo aplicas a una determinada ideología, de clase, obviamente, no inocente. Esta dialéctica vital es la que me ha recordado hoy la frase de Isak Dinesen en Memorias de África, porque el drama vital está servido cuando no estamos donde debemos estar y, además, nos conformamos con el status quo de nuestra existencia, como si estuviéramos predestinados a ello. El conformismo, que tanto detesto y que puede llegar a modular nuestra ideología de clase, que también existe, es el enemigo público número uno de la vida, porque nunca avanzaremos en asumirlo, quedándonos afincados en meros sentimientos de quietud ante todo, que no es lo mismo, porque son estados pasajeros, nada más, que se olvidan con una frecuencia meridiana y no permanecen en nuestras personas de secreto, menos en la de todos. Cualquier compromiso humano brilla por su ausencia. No ocurre con la conciencia de clase, con una ideología detrás, porque toda la vida se circunscribirá a ella, fundamentalmente porque estaremos siempre donde debemos estar y no desubicados en todo lo que nos rodea, personas incluidas. Esa es y no otra, la auténtica razón de nuestra felicidad o infelicidad vital. Creo que he comprendido de nuevo a Isak Dinesen cuando, rememorando su experiencia biográfica en África, sabía elevar su mirada interior porque “Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: Estoy donde debo estar”. Meryl Streep y Robert Redford interpretaron esta conciencia del deber estar, a la perfección, en Memorias de África. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El mundo ha alcanzado hoy el último ochomil

Sevilla, 15/XI/2022

Utilizando el lenguaje de los alpinistas, el mundo ha alcanzado a la hora que escribo estas palabras el último ochomil, es decir, la cifra de ocho mil millones de personas que ya poblamos este planeta, según la previsión de Naciones Unidas: “un hito en el desarrollo humano. Este crecimiento sin precedentes se debe al aumento gradual de la esperanza de vida humana debido a las mejoras en la salud pública, la nutrición, la higiene personal y la medicina. También es el resultado de niveles altos y persistentes de fecundidad en algunos países. Si bien la población mundial tardó 12 años en crecer de 7 a 8 mil millones, tomará aproximadamente 15 años, hasta 2037, para que alcance los 9 mil millones, una señal de que la tasa de crecimiento general de la población mundial se está desacelerando”.

El Secretario General de la ONU, Antonio Gutierres, ha manifestado con ocasión de este acontecimiento mundial que “El hito es una ocasión para celebrar la diversidad y los avances, al tiempo que se considera la responsabilidad compartida de la humanidad por el planeta». Es muy interesante visualizar los documentos educativos que la ONU ha elaborado para este acontecimiento mundial, a través de una campaña, 8 Billion: A World of Infinite Possibilities (unfpa.org), en la que se ofrecen datos de suma importancia para comprender qué significa haber “alcanzado esta cima de población mundial”, este “nuevo ocho mil”, “una cima” de infinitas posibilidades, al compartir material sobre 8 tendencias para un mundo de 8 mil millones de personas: crecimiento lento, menos niños, vidas más largas, personas en movimiento, poblaciones que envejecen, mujeres que sobreviven a los hombres, dos pandemias y centros cambiantes.

Asimismo, se puede leer un documento elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA) de esta organización mundial, el informe nº 140 de políticas, Un mundo de 8 mil millones, en el que se desarrolla un análisis económico con inclusión de perspectivas para el futuro, en una realidad que se cumple hoy al haber crecido la población mundial en 1.000 millones desde 2010: “Este es un hito notable dado que la población humana fue inferior a 1 000 millones durante milenios hasta alrededor de 1800, y que tomó más de 100 años para crecer de 1 a 2 mil millones. En comparación, el aumento de la población mundial durante el último siglo ha sido bastante rápido. A pesar de una desaceleración gradual en el ritmo de crecimiento, se prevé que la población mundial supere los 9.000 millones alrededor de 2037 y los 10 000 millones alrededor de 2058”.

También se puede consultar otro documento esencial, Perspectivas de la Población Mundial 2022 (World Population Prospects 2022), que presenta proyecciones de población hasta el año 2100, reflejando una variedad de resultados muy interesantes a nivel mundial, regional y nacional. Por primera vez, las estimaciones y proyecciones se presentan en intervalos de un año de edad y tiempo en lugar de los intervalos de cinco años utilizados anteriormente. El documento trata de una realidad que no se debe olvidar: “la población mundial está creciendo a su ritmo anual más lento desde 1950, por debajo del 1 por ciento en 2020. Las últimas proyecciones de las Naciones Unidas sugieren que la población mundial podría llegar a alrededor de 8.500 millones en 2030 y 9.700 millones en 2050. Se proyecta que alcanzará un pico de alrededor de 10.400 millones de personas durante la década de 2080 y que permanecerá en ese nivel hasta 2100. El informe Perspectivas de la Población Mundial 2022 también indica que la fecundidad ha disminuido notablemente en las últimas décadas en muchos países. En la actualidad, dos tercios de la población mundial vive en un país o área donde la fecundidad a lo largo de la vida es inferior a 2,1 nacimientos por mujer, nivel aproximado para llegar a un crecimiento nulo a largo plazo en poblaciones con mortalidad baja. Se proyecta que la población de 61 países o áreas disminuirá en un 1% o más entre 2022 y 2050, debido a sus niveles persistentemente bajos de fecundidad y, en algunos casos, a sus altas tasas de emigración. Más de la mitad del aumento de la población mundial previsto hasta 2050 se concentrará en ocho países: Egipto, Etiopía, India, Filipinas, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y República Unida de Tanzania. Se espera que los países del África subsahariana contribuirán con más de la mitad del crecimiento de la población mundial previsto hasta 2050”.

Por último, se ofrece otro informe, Crecimiento de la población mundial y desarrollo sostenible (Global Population Growth and Sustainable Development), en el que se examina cómo el rápido crecimiento actual de la población humana es una consecuencia de la transición demográfica de niveles altos a bajos de mortalidad y fertilidad. También explora la contribución del aumento de la población mundial a la degradación ambiental, incluido el cambio climático.

Fanfarria para el hombre corriente, Aaron Copland. Concierto realizado el 8 de mayo de 2005 en el Teatro Monumental de Madrid, bajo la dirección del maestro Jesús López Cobos, con la finalidad de la reconstrucción de un orfanato para 120 niños y niñas en Tete, Mozambique.

Con la información anterior se puede llevar a cabo una evaluación de esta “conquista humana” al haberse alcanzado esta mañana (en España) la “cima” de los ocho mil millones de personas que vivimos en este mundo tan diverso y complejo en sus políticas de atención a las personas, a todas y cada una, donde no se debería quedar nadie atrás en atención integral para salvaguardar el interés general. Conocer los datos de este acontecimiento mundial nos permitirá emitir juicios bien informados, porque es la quintaesencia de cualquier evaluación, lo que ayuda siempre a trascender el territorio tan abonado de la mera opinión.

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Debemos protegernos de la política del aturdimiento

Sevilla, 14/XI/2022

He leído con bastante emoción y sobrecogimiento el artículo que ha publicado mi admirado Manuel Rivas en elDiario.es sobre la catástrofe del Prestige, El negacionismo comenzó con el ‘Prestige’, al cumplirse el vigésimo aniversario de aquél acontecimiento trágico y con tantos daños colaterales, donde analiza la verdad de lo que ocurrió a pesar de la política de aturdimiento que se ensayó en aquél acontecimiento tan nefasto para la sociedad gallega y, por extensión, para todo el país: “Un analista político brasileño, Marcos Nobre, acuñó la denominación de “política de Atordoamento” (Aturdimiento) para definir lo que caracterizó la pasada campaña electoral. Un incesante bombardeo de fake news, videos montados y otros medios de propaganda basados en el engaño cuyo objetivo en principio sería convencer a los indecisos. Al final, más que indecisa, había mucha gente aturdida. En estado de estupor. Esa estrategia ya se ensayó en España con motivo de la catástrofe del Prestige. Fue laboratorio anticipatorio de muchas cosas. También de la política de Aturdimiento, una vez que en la población había cundido la desconfianza. Se negaba la mayor: lo que los propios ojos veían. Como en un verso de Manuel Antonio, el poeta gallego navegante, mirabas al mar y el horizonte estaba “enfermo”. Gravemente enfermo. Pero, además, se afirmaba, sin margen a la duda, que la decisión de alejar el buque era la única viable. “Lo volveríamos a hacer”, repetían los responsables una y otra vez”. Recomiendo leerlo, porque Manuel Rivas nunca defrauda con sus palabras cuidadas y blindadas para que la verdad resplandezca siempre en lo que dice y escribe.

Creo que conviene reflexionar profundamente sobre esta política del aturdimiento, entendido este como “una perturbación y falta de conocimiento causada regularmente por algún golpe u otro accidente que en cierto modo, priva del uso de los sentidos” (RAE A, 1781, pág: 482,1), aunque Covarrubias ya había adelantado su significado al asociarlo a un pájaro, el tordo, de ahí “atordimiento” que derivó en “aturdimiento”, porque es un ave que “tiene flaca la cabeza y en el verano se suele caer en el suelo aturdido por el calor”. Hoy, se entiende como una «perturbación de los sentidos por efecto de un golpe, de un ruido extraordinario, etc.», que se aplica en determinadas políticas “mentirosas” por oficio y definición, porque todas no son iguales y según la formulación anteriormente expuesta, como un incesante bombardeo de noticias falsas (fake news), videos montados y otros medios de propaganda basados en el engaño no inocente, cuyo objetivo es trasladarlas a la población en general para aturdir y perturbar hasta límites insospechados a la gente no informada e incauta.

Frente a la guerra tradicional estamos ante un nuevo escenario: la guerra digital. Marcos Nobre, el politólogo brasileño citado por Rivas en su artículo, ha ejercido la denuncia de forma continua durante la última campaña electoral para la presidencia de Brasil: “Bombardeas a las personas de manera que no consiguen ni siquiera pensar. Se quedan aturdidas por las bombas que caen en forma de fake news y vídeos, que impiden un debate público decente”, calificando al “bolsonarismo” como  “un “partido digital” que también usa la política clásica. Su principal método es el atordoamento (aturdimiento)”. En nuestro país también estamos viviendo esta política, ejercida por los partidos “mentirosos” y sus satélites de comunicación, léase medios de comunicación en general y redes sociales manipuladas hasta la saciedad, que como auténtica gota malaya presentan los hechos que ocurren como “verdaderos” desde su óptica, utilizando todo tipo de artimañas y lenguaje soez e indecente, para que triunfe su gran mantra: “cuanto todo esté peor, mejor”, sea lo que sea y caiga quien caiga.

Para comprender bien este fenómeno tan actual, vuelvo a recoger unas palabras de Manuel Rivas en el artículo citado que describen muy bien que significó esta política del aturdimiento en relación con el “Prestige”: “Los primeros días, se aplicó la política del Atordoamento. La gente reaccionó con estupor. Pero esta vez no acabaría metida en su concha. Ante la desinformación y el desgobierno se produjo una revolución de las conciencias. En los discursos políticos se invocaba mucho entonces a la sociedad civil. La teoría, sobre todo por parte de la derecha neoliberal, era: menos Estado, más sociedad civil. Pero cuando surgió la sociedad civil en activo, y eso fue Nunca Máis, los notorios ideólogos de la sociedad civil la declararon improcedente. Quienes se consideran propietarios de la Constitución, ignoraron que en ella se dice que ante una catástrofe es “imprescindible la solidaridad colectiva”. Entre comunidad y caos, la gente eligió la comunidad. Fue una revolución positiva, ecológica, en la que energía mareomotriz fue el civismo. Se limpió el miedo y se limpiaron las playas, las islas, los acantilados. Fue hecho social total. Con una excitación cultural creativa, en la que las armas eran los paraguas, las maletas, las cruces, las caracolas y manifiestos sentipensantes. Esa revolución tuvo su Internacional ecológica, con miles de voluntarios de todo el mundo. Si hoy hablamos del Prestige, veinte años después, es por una catástrofe agravada por el negacionismo. Pero, sobre todo, por la memoria fértil de una revolución cívica que resistió el bombardeo de mentiras, la intoxicación de las palabras y la política fósil del Aturdimiento”.

Estamos en plena política del aturdimiento, no nos engañemos. De ahí la importancia de descubrir la verdad donde se encuentre y de ayudarnos a identificarla para que de una célula humana podamos llegar a ser un tejido social y un órgano pensante de la Humanidad, lo que se ha llamado la Noosfera (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (1), esfera, en el ámbito digital, tan propicio para ese ámbito político: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Ante la política digital del aturdimiento, podemos contrarrestar esta burda acción con la inteligencia digital de la Noosfera. Ya lo dijo también Tom Wolfe en 2001, en un libro recopilatorio de artículos suyos, El periodismo canalla y otros artículos, donde encontré una referencia a Teilhard de Chardin, a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964, convirtiéndose también en icono de este blog desde su entrada en funcionamiento en 2005, que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. Todo ello si se utiliza de forma racional no a través de “noticias falsas”, en general, para producir sólo aturdimiento individual y social. Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web, señaló en su momento paralelismos entre la Web y la estructura del cerebro, pero insistió mucho en que el “cerebro global” no es más que una metáfora. Teilhard de Chardin, por el contrario, afirmó que la humanidad está constituyendo un cerebro real, como el de nuestras cabezas, pero de mayor tamaño” (2): la Noosfera, una malla pensante que nos puede librar del Aturdimiento, digital por supuesto, que nos rodea sin piedad alguna.

(1) Es muy interesante la cuarta acepción de “esfera”, aceptada por la Real Academia Española: “4. Ámbito, espacio al que se circunscribe una persona, una actuación, etc. (RAE, Diccionario de la lengua española, actualización 2021).

(2) Johnson, S., Sistemas emergentes, 2003. Madrid: Turner-FCE, 103s.

NOTA: NOTA: la imagen se recuperó el 17/XI/2019 de http://a53.idata.over-blog.com/460×600/1/21/63/43/2011-Catorce/medios-de-comunicacion1.jpg

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Mantengo mi palabra como un latido

Rafael Cadenas

Sevilla, 13/XI/2022

Si lo que nos queda en estos tiempos difíciles es la palabra, siguiendo de cerca a mi admirado Blas de Otero, sé que hay que cuidarla hasta extremos insospechados. Es lo que he entendido en unos versos de Rafael Cadenas, reciente Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2022, desconocido en mi acervo cultural, pero al que debo una aproximación tan interesante como la que nos muestra hoy el poeta venezolano Adalber Salas Hernández, en un artículo lleno de respeto y admiración de su vida y obra: Rafael Cadenas: un Premio Cervantes para la lengua. Creo que así lo he comprendido a través de la primera estrofa de unos versos suyos en el poema número 32 del volumen Intemperie, 1977, en su Ars Poética:   

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

Tal ha sido mi asombro ante esta belleza de contenido en palabras breves, que he continuado leyendo el poema completo, para descubrir su quintaesencia:

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Me sumo al reconocimiento del premio, a sus 92 años, una vida llena de versos del particular destierro de su alma humana. Yo conozco bien la poesía de Blas de Otero y su homenaje a la palabra, que aún nos queda, pero me ha estremecido leer que con ella No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni / añadir brillos a lo que es. / Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. / Seamos reales. / Quiero exactitudes aterradoras. / Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis / palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Hoy, cuando me he sentado ante pantalla en blanco del ordenador y he recordado en mi alma de secreto a Ítalo Calvino porque, según él, en ese momento puedo escribir muchas palabras, no olvido lo que dejó escrito: lo importante es que diga con ellas algo esencial. He vuelto a leer varias veces este poema y confieso que he sentido como mías las últimas palabras de Cadenas en su poema, porque dirigiéndome a ti, lector o lectora de estas líneas, creo que quien las lee es quien debe juzgar mi examen de estas palabras, a modo de conciencia viva, para no engañar a nadie a través de lo poco que me queda, esa palabra: Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme. Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Puedo asegurar que hoy la mantengo como un latido, porque estoy en este blog para decir verdad. A través de la palabra.

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Hay que reforzar la ética individual y colectiva ante el ocaso de la democracia

Sevilla, 12/XI/2022

Hace exactamente un año que publiqué en este cuaderno digital, por razones de necesidad que no de azar, un artículo sobre la ética para la postpandemia, atenazados como estábamos ante un peligro que nos acechaba a diario. Ha pasado un año y ahora la nueva pandemia que asola el país, la del virus de la antidemocracia, es lo que me anima a publicarlo de nuevo para reforzar los grandes principios éticos de la vida porque, sinceramente, no tengo otros. Cambio lo que tengo que cambiar por razones de contexto histórico, pero verán que tiene una actualidad plena ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

Aquél día presenté en sociedad a Markus Gabriel, como un filósofo alemán de vanguardia y representante destacado del Nuevo Realismo, catedrático de epistemología, filosofía moderna y contemporánea en la Universidad de Bonn, director del Centro Internacional de Filosofía (International Center for Philosophy NRW) y del Centro para la Ciencia y el Pensamiento (Center for Science and Thought) en la Universidad de Bonn, que cuidaba con esmero científico el intercambio interdisciplinario entre la filosofía y las ciencias naturales para encontrar soluciones productivas y sostenibles a varias de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo y que acababa de publicar en su traducción española un libro de gran interés para aquél tiempo de postpandemia, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI (1), donde según la sinopsis oficial de la editora “analiza los grandes problemas humanos de estos tiempos oscuros: la amenaza a la democracia por parte de la ultraderecha, la xenofobia, el populismo, la coerción a la libertad y al pensamiento a través de la digitalización a ultranza y la obsesión con la tecnología, el consumismo desaforado y los retos de nuestro entorno, en especial, el coronavirus y el cambio climático. Para poder enfrentarnos a ellos necesitamos recuperar los valores universales nacidos de la Ilustración, y la filosofía será una herramienta fundamental para crear una sociedad más libre y justa, capaz de desafiar a los retos del siglo XXI!”. Consideraba, por tanto, de indudable interés su lectura en tiempos de postpandemia, tiempos oscuros y difíciles por definición. Hoy, ante el ocaso de la democracia, como vemos casi a diario liderado por líderes políticos en nuestro país y más allá de nuestras fronteras, como fenómeno más preocupante que lo que se piensa superficialmente en este país de tanta desmemoria democrática.

Leí el libro, porque tenía en aquellos días la ilusión de dar sentido a mi vida después de una travesía dura y pertinaz como fue la pandemia del coronavirus y los daños colaterales asociados que, por cierto, tan pronto hemos olvidado. Esta es la razón de fondo para leerlo de nuevo, porque ante tiempos de turbación y de tanta mudanza anímica, haciendo caso omiso a Ignacio de Loyola, deseo buscar el acompañamiento de Gabriel Markus, lo que me permite descubrir de nuevo el poder de la ética, en su justo sentido, tal y como la he venido definiendo a lo largo de los años en páginas especiales de este cuaderno digital que busca, esencialmente, islas desconocidas. La ética que he aprendido y enseñado en mis tiempos académicos ha sido siempre la de la situación que, a diario, nos interroga en nuestra persona de todos y en la de secreto, para alcanzar un objetivo que nos haga ser más felices viviendo con sentido lo que hacemos a diario. No hay nada más inteligente en la vida que buscar la felicidad a diario a través de la inteligencia humana. Esta realidad ética la he definido siempre como el suelo firme que justifica nuestra existencia, es decir, la solería que ponemos a lo largo de la vida y sobre la que pisamos a diario para seguir viviendo con justificación de lo que hacemos, no mero ajustamiento, tal y como me lo enseñó el profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida, porque es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.

Dije también aquél 12 de noviembre de 2021 que, siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de la democracia, en múltiples proyecciones de la vida política diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. También acudo a Benedetti cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a la Ítaca particular de cada persona, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, ofreciéndonos una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

También es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tengamos que luchar contra un cíclope antidemocrático, con ojos de huracán político, al que venceremos si nuestro pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Porque hoy no olvidamos hacer una pausa Ética cuando navegamos a diario hacia cada Ítaca particular, que cuando llueve se moja como las demás al cruzar mares procelosos, a la que tenemos la legítima ilusión de llegar aunque ahora vivamos encerrados en una jaula de cristal.

Gabriel Markus habla en su libro, con rotundidad, de los peligros que nos acechan: “A los peligros de la crisis ecológica, así como de las nuevas guerras debidas a la potenciación del nacionalismo, que amenazan la vida de cientos de millones de personas, solo se les puede responder por medio del progreso moral. Ha llegado la hora de que el ser humano se acuerde de su capacidad moral y empiece a admitir que solo una cooperación global —que deje a un lado los egoísmos de los Estados nacionales— puede frenarnos en nuestro acercamiento cada vez más acelerado al precipicio de la historia mundial”. Y aborda determinadas respuestas a esta crisis galopante de valores, ofreciendo vías para alcanzar un nuevo progreso moral en el siglo XXI, entre las que destaca la detección de la nueva esclavitud humana que existe en la actualidad, el progreso y retroceso moral en tiempos de coronavirus, los límites que tiene el economicismo, arrojando una luz sobre una posible y necesaria pandemia metafísica. La Ética es hoy más necesaria que nunca, la ética de todos y para todos.

Creo que hoy, al publicar de nuevo aquellas palabras, salvando el contexto histórico que hay que salvar (mutatis mutandis), encuentro de nuevo en la frase final de la Introducción del libro citado, una declaración hermosa de intenciones al escribirlo, así como su hilo conductor: “La intolerancia radical, que tiene por objeto socavar por todos los medios posibles (incluida la violencia contra inocentes) las bases del Estado democrático de derecho, no es algo que uno deba tolerar. En consecuencia este libro se dirige a aquellas personas que sienten el deseo de abordar racionalmente —es decir, sin dejarse llevar tan solo por la propia opinión— la cuestión de si en estos tiempos oscuros hay hechos morales y un progreso moral, y de cómo podemos organizar un sistema de valores para el siglo XXI, sobre la base de los valores universales. Que esté creciendo la cantidad de personas que no se interesan por estas cuestiones forma parte del problema a cuya solución quisiera contribuir con estas reflexiones desde una perspectiva filosófica”. ¿Les suenan estas palabras en el contexto actual? De ahí mi interés por divulgarlo hoy de nuevo, porque lo necesitamos más que nunca ante los intolerantes y mediocres del Reino del Siempre Jamás, los antidemócratas por definición, que están mucho más cerca de nosotros de lo que parece a simple vista.

(1) Gabriel, Markus, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI, 2021. Barcelona: Pasado & Presente.

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Las librerías son espacios, con el tiempo dentro, para cuidar el alma humana

Día de las Librerías

Sevilla, 11/XI/2022, Día de las Librerías

Yo… […]

que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Rafael Cadenas, en Derrota

Dedicado hoy al poeta venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930), que ayer obtuvo el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2022, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, por “su vasta y dilatada obra literaria”, reconociendo “la trascendencia de un creador que ha hecho de la poesía un motivo de su propia existencia y la ha llevado hasta alturas de excelencia en nuestra lengua”. Según el jurado, “su obra es una de las más importantes y demuestra el poder transformador de la palabra cuando la lengua es llevada al límite de sus posibilidades creadoras”. Cadenas “hace destilar de las palabras su esencia deslumbrante, colocándolas en el territorio dual del sueño y la vigilia y haciendo que sus poemas sean una honda expresión de la existencia misma y del universo, poniéndolas también en una dimensión que es a la vez mística y terrenal”.

El lema de este año para celebrar este día tan especial, Librerías, espacio y tiempo,  lo ha captado muy bien la diseñadora del cartel oficial, Ana Jarén, ilustradora sevillana encargada de crear la ilustración para la duodécima edición del Día de las Librerías, en la que las protagonistas son obviamente ella, las librerías, de ahí que se haya centrado en los espacios físicos. Según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), Ana cuenta que “En esta ilustración trato de presentar las librerías como ese lugar cálido y confortable al que acudimos para encontrarnos con los libros y con nosotros mismos. Las librerías nos invitan a estar a gusto, tranquilos, un lugar feliz en el que bajar revoluciones y resguardarnos del alto ritmo de vida que llevamos”. El sector del libro está viviendo unos momentos de esperanza fundada en su presente y futuro después de haber atravesado una pandemia desoladora. informa también en su página oficial que “según el último censo de librerías, presentado el pasado mes de junio en el Congreso de Librerías organizado por CEGAL, en España hay 2.977 librerías en las que el peso del libro es superior al 30 % de su facturación anual. Lo que supone una media de 6,2 librerías independientes por cada 100.000 habitantes. Más del 96 % de las librerías se encuentran en municipios de más de 5.000 habitantes que concentran un 88 % de la población. Hay, por tanto, una parte de la ciudadanía a la que acudir a una librería le resulta algo más complicado, si bien no es imposible. De facilitarle la tarea se encarga TodosTusLibros.com, plataforma que, en la actualidad, agrupa a 665 librerías (y la cifra va en aumento). Todostuslibros.com es un servicio de consulta bibliográfica, de interacción con el público, difusión cultural y comercio del sector del libro fruto de la unión de las librerías a través de sus asociaciones y gremios representantes que forman parte de CEGAL y la colaboración de los diferentes operadores del sector (editores y distribuidores), con el apoyo de las instituciones públicas”.

Quien lee este cuaderno digital sabe que estas páginas están impregnadas de un amor profundo a las librerías, porque alguna vez he escrito que estos espacios, con el tiempo dentro, son la atención primaria del alma, siendo este el motivo por el que cuido la mía con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, los libreros y libreras, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que, repito, he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro.

Las librerías son una antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”. Nunca olvido el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. En la celebración del Día de la Librerías, estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos de dolor y mudanzas del alma.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad. Para que no se olvide en un día tan importante como hoy.

Las librerías son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al librero o librera de atención primaria o al especialista… en las clínicas del alma.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No tengo que recordarte, democracia, porque nunca te olvido

Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido

Enrique Bunbury, El rumbo de tus sueños

Sevilla, 10/XI/2022

Debería ser una de las declaraciones de amor social más importantes en la vida de las personas: no tengo que recordarte, democracia, porque nunca te olvido. Ante su llamativo ocaso (léase todo lo publicado ayer en las elecciones americanas), es urgente reivindicar su importancia para seguir viviendo en sociedad, a pesar de los esfuerzos que se hace a diario por muchos dirigentes y líderes sociales para condenarla al ostracismo. No hace falta ir a Estados Unidos o a Ucrania para aseverar esta realidad que clama al cielo que se pretende conquistar por muchos antidemócratas, porque en nuestro país es constatable con datos que hay signos evidentes de que vivir en democracia es algo que tenemos que recordar todos los días, porque la olvidamos con una facilidad pasmosa, sobre todo cuando falta diálogo para comprender que “todos no somos iguales” y que, por tanto, no podemos ni debemos pensar lo mismo y que se ha demostrado a lo largo de los siglos que es la mejor forma de convivencia humana cuando precisamente nada humano, incluso nuestro peor rostro, nos debería ser ajeno.

Creo que a tenor de lo expuesto anteriormente es urgente introducir en la programación de la escuela del mundo al revés, en la que estamos instalados en nuestro país,  una asignatura que llevara por título “Educación para la Democracia”, visto el fracaso que llevamos a nuestras espaldas democráticas con una que se llamó, no hace tanto tiempo, “Educación para la Ciudadanía”, acusada de forma torticera y sin compasión de “adoctrinamiento” en las escuelas de este país. En este contexto, he hecho un pequeño ejercicio democrático para demostrarlo, abriendo hoy un periódico de tirada nacional, con ramificaciones internacionales, que lucha por la información democrática (que también existe) al alcance de todos, en los que leo los siguientes titulares referidos a nuestro país, entre otros muchos: “El PP de Feijóo asume las tesis revisionistas de la extrema derecha sobre la memoria histórica”, “El Gobierno estudia si el homenaje de Almeida al golpista Millán-Astray vulnera la Ley de Memoria Democrática”, “La Fiscalía pide a Interior más grabaciones sobre la tragedia de Melilla”, “La confesión de Barrionuevo sobre el GAL fuerza al Gobierno a marcar distancias con la guerra sucia contra ETA”, “El Banco de España camufló el gastó de 1,2 millones de euros en dos piscinas para sus trabajadores”, “Los nuevos médicos de familia que huyen de Madrid: “Ofrecen contratos que son una vergüenza”, “Yolanda Díaz asegura que “la política no va de andar a tortas, va de sumar” y que hay “coalición progresista para rato” y, para terminar como botones de muestra, una nada aleccionadora: “El Parlamento [de Andalucía] frena una pregunta del PSOE al Gobierno de Moreno sobre la trama criminal que salpica a la alcaldesa de Marbella”, sabiendo que “La alcaldesa de Marbella adjudicó obras por más de 600.000 euros al “testaferro” de su hijastro procesado por narcotráfico”. Como vemos, todo muy edificante y aleccionador, con una realidad incuestionable: algo pasa con la democracia en este país y por lo menos algún medio nos ofrece noticias veraces para estar bien informados y poder actuar en consecuencia.

No hace falta ser Einstein para constatar que la democracia peligra día a día, por la radicalidad tan agresiva que se está instalando en la sociedad de este país al revés, de forma silenciosa, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano. Los ocho botones de muestra señalados anteriormente, entresacados hoy de una primera página digital, muestran el mundo al revés de la democracia auténtica en nuestro país. Esta es la razón de por qué no debemos olvidarla nunca, para no tener que estar recordándola siempre. Estoy convencido de que la democracia hay que cuidarla cada día y con tres pilares de cuidados básicos que he reiterado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: el primero, participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices, en una permanente alborada democrática. El segundo pilar se centra en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Libertad, porque es lo más preciado de lo que dispone el ser humano cada día en la tarea diaria de entrar en ella.

Finalmente, el tercer pilar nos obliga a pensar en el día después de las elecciones, en los días del después que llegan hasta hoy, por ejemplo, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con el voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político de la democracia, como el campo, es para quien la trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma.

En definitiva, lo que planteo es una alborada democrática, vigilante y continua, donde no tengamos que recordarla permanentemente, algo que sólo es posible cuando no la olvidamos ni siquiera un momento.  

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Significado De Democracia, Características, Orígenes Y Usos. (quesignifica.tv)  

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los utopianos no tenemos remedio

Sevilla,9/XI/2022

Cuando preparaba el pasado 29 de octubre el artículo dedicado a la Feria del Libro en Sevilla, descubrí en una imagen de promoción del citado evento el título de un libro que me llamó poderosamente la atención, Utopía no es una isla. Catálogo de mundos mejores, escrito con primor por Layla Martínez (Madrid, 1987), mucho más cuando todo el mundo que se acerca a este cuaderno digital sabe que busco siempre islas desconocidas en mi acontecer diario. Visto, dicho y hecho, porque lo compré en la Feria y lo leí apasionadamente, en tiempos en los que las personas con pensamiento utópico o utopianos (los habitantes de Utopía, en la clave de Tomás Moro), una especie en peligro de extinción, seguimos trabajando todos los días para que otro mundo sea posible para todos, persiguiendo siempre el interés general, no el individual o privativo.

El libro no defrauda a quien se acerque a él para seguir aprendiendo lo que significa la palabra “utopía” en este loco mundo, con tantas tentaciones de bajarnos de él, si lográramos pararlo siquiera un momento o, como navego a diario en singladuras complicadas de entender, tirarnos del barco en el que cada uno viaja por la vida, aunque ya he manifestado en muchas ocasiones que lo hago siempre en patera, una embarcación muy frágil, sin quilla, que avanza por mares procelosos sin protección alguna, fundamentalmente porque todos no vamos en el mismo barco, como se suelen rematar conversaciones imposibles, porque no voy con “todos” de forma gregaria y con pensamiento único, sino protegido tan sólo por el chaleco salvavidas de la igualdad, libertad y fraternidad para todos. Y así nos va a veces a los utópicos o utopianos en sentido estricto, solos ante el peligro de vivir y soñar de forma diferente.

La sinopsis oficial del libro puede ayudar a comprender mejor su contenido, recomendable para compañeros de viaje hacia alguna parte de las utopías posibles: «Las distopías reflejan nuestras ansiedades colectivas en el marco cultural de la posmodernidad. A diferencia de lo que sucedía en la modernidad, ya no creemos que el futuro esté ligado al progreso y vaya a ser necesariamente mejor. Se ha convertido en algo que nos produce miedo y ansiedad, así́ que creamos productos culturales que tratan de alertar sobre los riesgos de ir a peor, sobre los peligros que nos esperan a la vuelta de la esquina. Es lógico, pero el efecto combinado ha sido devastador. Los productos culturales reflejan la realidad, pero al hacerlo, también la crean. Imaginar futuros peores nos ha quitado la capacidad de pensar en un porvenir mejor. (…) Esto ha resultado enormemente funcional para el neoliberalismo capitalista, que ha utilizado la producción cultural de distopías a su favor, para mantener el orden actual y evitar los cambios. Si solo imaginamos un futuro peor, el presente nos parecerá́ admisible y no lucharemos para cambiar las cosas». El futuro está cegado, no nos espera nada mejor de lo que hay. Esa podría ser la conclusión, a juzgar por los mensajes políticos, culturales y mediáticos que nos llegan cada día. Pero ante otros futuros igualmente oscuros, muchos y muchas decidieron imaginar mundos mejores y trabajar por ellos. En Utopía no es una isla, Layla Martínez recupera proyectos utópicos pasados que nos devuelvan la capacidad de imaginar y que nos guíen para construir un futuro en el que merezca la pena vivir”.

Por sólo 8 euros (¡ay, la diferencia entre valor y precio!), podemos aproximarnos a un análisis riguroso en este libro breve que, por eso mismo, es dos veces bueno, recordando a Baltasar Gracián. Todo el libro es un manual para comprender bien la intrahistoria de las utopías, más allá de la archifamosa de Tomás Moro, a quien apeo de la santidad interesada por siglos, agradeciéndole siempre que un día decidiera escribir una historia contada de forma prodigiosa para la posteridad, aunque en su realidad todo fuera mucho más duro de lo que exponía en una isla de nombre Utopía. Leyendo sus conclusiones, me quedo con una reflexión que me ha animado de nuevo a salir hoy de mí mismo, en una nueva singladura para buscar una isla desconocida que me permita vivir apasionadamente junto a los que piensan que otro mundo es posible: “En nuestro mundo no parece haber lugar para la esperanza. Cuando pensamos en el futuro, casi todos nosotros pensamos en un planeta devastado, una sociedad totalitaria, un capitalismo salvaje gobernado por grandes corporaciones. Ni siquiera la izquierda radical parece creer en serio en la posibilidad de una revolución, de una sociedad libre de explotación y dominación. En el mejor de los casos, solo somos capaces de imaginar pequeños cambios, reformas tímidas. Pero en realidad, ¿qué lo impide?”, cuando se constata que el capitalismo tiene grietas por todas partes, aunque es verdad que “ha colonizado nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestros afectos con más intensidad que en ningún otro momento de la historia: “La desesperanza es pura propaganda. El cambio es difícil, pero no es imposible. Quizá lo que nos toque ahora sea imaginar esa posibilidad, pensar en cómo es la sociedad que queremos y cómo llegaremos a ella, construir la ideología y el movimiento contrahegemónico que va a ser capaz de enfrentarse al neoliberalismo capitalista en el marco cultural de la posmodernidad. Esa ideología y ese movimiento tomarán lo mejor del pasado, pero también elementos nuevos que les permitirán ser más eficaces”.

En una segunda lectura de este libro tan interesante para vivir dignamente en la lucha por las utopías legítimas, vuelvo a reforzar al mismo tiempo mi creencia en “el principio esperanza”, del que recientemente he expuesto una declaración personal de principios porque, ante una utopía imprescindible en mi vida, no tengo otro para seguir navegando a diario en mares procelosos de indignidad, mediocridad y mentiras: “El éxito filosófico de Bloch, con su teoría del principio “esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia del ser humano sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión, de cualquier religión, incluso la digital, que también existe, como explica bien Byung-Chul Han cuando cita como causa de esta ausencia de espíritu revolucionario al estar sometida la Humanidad al teléfono inteligente”, en un artículo reciente publicado en el diario El País, Seis motivos por los que hoy no es posible la revolución, que también he comentado en páginas de este cuaderno de derrota en términos marinos. Es verdad lo expuesto, porque sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos de tanto dolor y deseperanza. También, a vencer las resistencias expuestas por Byung-Chul Han al analizar la sociedad actual, porque estoy convencido de que inmersos en el principio esperanza podemos vencer los seis motivos expuestos por él: “El capitalismo del ‘me gusta’, el narcisismo creciente y el imperio del ‘smartphone’ sofocan cualquier tipo de levantamiento. Lo que necesitamos, sostiene el filósofo Byung-Chul Han, es un espíritu de esperanza”, así como el de la conjunción en uno mismo de la dialéctica amo-esclavo (no es el amo quien me explota, sino que yo me exploto a mí mismo. Soy a la vez amo y esclavo. En esta sociedad de flagelantes no es posible la revolución), la cólera que no nos mueve y con-mueve al haber sido desbancada por la indignación o por el descontento, “que son sentimientos incapaces de provocar cambios drásticos” y, por último, la parálisis actual fomentada por la angustia y el miedo diario a vivir, a la libertad, en definitiva. Estos motivos son los que hoy detienen y anulan la posibilidad de que la revolución social aparezca en nuestra sociedad ante el hartazgo del Universo Capitalista y Neoliberal que nos invade, para que vencido el miedo podamos caminar por donde se abran las grandes alamedas por donde pasemos las personas libres, utopians al fin y al cabo, que deseamos construir una sociedad mejor para todos.

Una cosa más. En las páginas finales del libro, las de salvaguarda y cortesía, aparece esta mención muy significativa y simbólica: “Este libro se terminó de imprimir en abril de 2022, más de tres siglos después de que los piratas Misson y Caracciolo fundaran Libertaria en la isla de Madagascar”. Un ejemplo de que la memoria democrática de las utopías demuestra el interés de muchas personas por alcanzar una vida plena en otro mundo, con diversos nombres pero siempre como un deseo, de determinadas personas, de regar todos los días con rocío la esperanzas de vivir en un mundo diferente y perfectamente posible.

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Acabemos con los silencios cómplices del Mundial de Qatar 2022

campaña #PayUpFIFA

Sevilla, 8/XI/2022

Todo el mundo lo sabe, pero los silencios cómplices han sido y son clamorosos. Sobre Qatar llevamos doce años de sospechas en relación con la elección como sede del Mundial de Fútbol 2022, así como del impacto de sus leyes laborales y sociales, aplicadas a los trabajadores migrantes que a lo largo de estos años han trabajado en unas condiciones durísimas, que han costado alrededor de 6.000 vidas, como dato verdaderamente conmovedor, para que el próximo 20 de noviembre comience esta competición como si no hubiera pasado nada. Ha tenido que ser un tal Jürgen Klopp, entrenador del Liverpool, quien ha alzado la voz sin tapujos llamando las cosas por su nombre con estas manifestaciones literales y con el ánimo de romper de una vez por todas los silencios cómplices en torno a este campeonato: «No me gusta el hecho de que ahora los jugadores de vez en cuando se encuentran en una situación en la que tienen que enviar un mensaje», «(Estamos) ahora diciéndoles a los jugadores, ‘tienes que usar este brazalete o si no lo haces entonces no estás de este lado. Y si lo haces, estás de este lado'», «No está bien. Los futbolistas tienen que ir a Qatar a jugar y hacerlo lo mejor que puedan para sus países. Pero ellos (los jugadores) no tienen nada que ver con las circunstancias». «Todos dejamos que pasara… está ahí y está bien. Porque hace 12 años nadie hizo nada. No podemos cambiarlo ahora», «La forma en que sucedió (la elección de la sede) no estuvo bien en primer lugar. Pero ahora esto está ahí. Dejen jugar a los futbolistas y trabajar a los entrenadores», para acabar diciendo que “No pongan a Gareth Southgate (seleccionador de Inglaterra) constantemente en una situación en la que tenga que hablar de todo. No soy un político, él no es un político. Es el entrenador de Inglaterra, dejen que haga eso».

Tengo que reconocer que la música del fútbol nunca me supo levantar el ánimo, pero este fenómeno social tan desgarrador conviene que sea denunciado al mundo mundial, porque es muy grave lo que ha pasado y no debería quedar impune e inmune. Amnistía Internacional lo ha denunciado en reiteradas ocasiones pero la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), organizadora del evento, ha mirado siempre para otro lado. Los datos sobre cómo se ha tratado a los trabajadores migrantes en las obras de las infraestructuras de este Mundial de Fútbol, estremecen el alma humana y prueba de ello es que Amnistía Internacional encargó la  elaboración de una encuesta mundial, en la que “se muestra un abrumador apoyo a la propuesta de que la FIFA indemnice a las personas migrantes que trabajaron en la preparación de la Copa del Mundo”. Los principales resultados muestran que el 73% de las personas encuestadas apoyan la propuesta de que la FIFA destine parte del dinero generado por la Copa Mundial 2022 a indemnizar a los trabajadores y trabajadoras migrantes. El 67% quieren que sus asociaciones nacionales de fútbol denuncien públicamente los problemas de derechos humanos ligados a la Copa Mundial de Qatar 2022, y que se indemnice a los trabajadores y trabajadoras migrantes. Entre los países que han participado en esta encuesta está España que ha obtenido un resultado del 71% de apoyo a la indemnización citada.

Otros datos que aporta Amnistía Internacional refuerzan el contenido de esta propuesta: “Estos resultados transmiten un claro mensaje a las altas esferas del fútbol: en todo el mundo la gente coincide en su deseo de que la FIFA dé un paso adelante y compense por su sufrimiento a los trabajadores y trabajadoras migrantes en Qatar. También quiere que sus asociaciones nacionales de fútbol adopten una postura mucho más firme”, ha declarado Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional. “A menos de 50 días del inicio del evento [en el momento de hacerse pública la noticia], ya ha comenzado la cuenta atrás, pero aún hay tiempo de que la FIFA haga lo que debe. Las personas aficionadas al fútbol no quieren una Copa Mundial manchada indeleblemente por abusos contra los derechos humanos. No se puede cambiar el pasado, pero un programa de indemnización sería una manera clara y sencilla de que la FIFA y Qatar proporcionen al menos algunas medidas de reparación a los cientos de miles de personas que con su trabajo hicieron posible este torneo.”

Según se informa en la sede oficial de Amnistía Internacional, “Los resultados de la encuesta respaldan la campaña #PayUpFIFA lanzada por una coalición de organizaciones de derechos humanos —entre ellas Amnistía Internacional—, grupos de aficionados y sindicatos en mayo de 2022, que pide a la FIFA que reserve una suma para indemnizar a los trabajadores y trabajadoras y evitar futuros abusos. La coalición pide que la FIFA destine como mínimo 440 millones de dólares estadounidenses al fondo, una cantidad equivalente a la dotación en premios de la Copa Mundial. Se calcula que los ingresos que obtendrá la FIFA del torneo serán de 6.000 millones de dólares. Doce días antes de la inauguración del Mundial de Fútbol en Qatar y tras el lanzamiento de la campaña #PayUpFIFA, se sabe que la FIFA ha dicho a Amnistía Internacional que está considerando la propuesta, pero hasta la fecha no ha dado ninguna respuesta pública. El silencio cómplice sigue su camino. Klopp llevaba toda la razón en sus manifestaciones del pasado viernes, porque simbólicamente todo no puede quedar en llevar testimonialmente un brazalete con el arco iris para dejar claro que el mundo mundial está al lado del movimientos de lucha para defender derechos sociales, cuando sabemos qué es lo que ha pasado bajo el césped de esos estadios y los miles de trabajadores que han muerto por accidentes laborales durante la construcción y puesta a punto de todas la infraestructuras del Mundial en Qatar.

Animo a quien lea estas líneas que participen en la campaña #PayUpFIFA, promovida por una coalición de organizaciones de derechos humanos. Será una forma digna de “asistir” a este Mundial y no seguir participando de silencios cómplices. La población migrante trabajadora en Qatar y sus familias lo agradecerán, siendo un homenaje también a los que perdieron la vida durante su faraónica construcción para este evento, porque sus familias merecen nuestro recuerdo y apoyo social, justo y solidario.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Pensemos menos (en la moda), repitamos más

Steven Pinker / Elizabeth Duval

Sevilla, 7/XI/2022

Paseando el sábado por las aceras de Sevilla, a las que la urbanista Jane Jacobs alababa en un texto suyo muy divulgado, “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1), encontré una frase sorprendente en un escaparate de una tienda de un modista español, con la figura enigmática de un psicólogo canadiense que he estudiado mucho desde hace ya bastantes años, Steven Pinker, en la que se resaltaba un mensaje importante: REPITE MÁS. PIENSA MENOS. Sé más viejo. La verdad es que me asombró ver una imagen de Pinker en una tienda de Adolfo Domínguez participando en una campaña publicitaria, aunque cuando he investigado el origen de la misma tengo que confesar que me ha parecido una buena idea, en su fondo y forma, digna de compartirla en la Noosfera, aunque tengo ciertos reparos al hacerlo respecto de un modista que tiene su precio, al que da suma importancia, por encima incluso del valor de esta campaña, por ejemplo, al pertenecer a la élite de una moda “cara” que ahora casi renuncia a ella. Espero que quien lea esta reflexión en alta letra sepa distinguir siempre valor y precio, a diferencia de lo que suele hacer habitualmente “todo necio”, haciendo caso de la advertencia ética de Antonio Machado incluso al acercarnos al mundo de la moda.

El propio Pinker lo comenta en un video promocional de la campaña, del que no he perdido detalle de su guion, con una entradilla muy sugerente: Dicen que pensar nos hace más libres. Según Steven Pinker, uno de los pensadores más influyentes de este siglo, no siempre es así: “Los ciclos de la moda se mueven bajos dos normas. La primera es: intenta parecerte a quienes tengan un poco más de prestigio que tú. Puede que un poco más ricos, más actuales, más conectados con las élites. Pero si estás arriba intenta no parecerte a los de abajo. Vivimos en una era en que los estilos de la élite son fáciles de replicar, porque los costes de producción son más baratos. Así, es muy fácil destacar para las personas que están arriba, porque todos quieren copiarles y pueden permitírselo. Ser rico no te protege ante todos los demás que quieren imitarte, no es como hace un siglo cuando los ricos llevaban pieles y sedas y nadie se lo podía permitir. Ahora cualquiera puede permitirse comprar falsa seda y piel sintética. Lo que pasa entonces es que tenemos ciclos en la moda, en los que la gente quiere parecer que es alguien, que forman parte de la élite más alta, hasta que pasan a otra moda, una que los de abajo todavía no siguen y, así, se vuelve a repetir el ciclo en el que la gente de un nivel más abajo trata de imitarlos y la gente dos niveles más abajo trata de imitar a los de un nivel más arriba hasta que todo se filtra hasta llegar al público general. Después, los de arriba tienen que adoptar un estilo nuevo y vuelta a empezar. Esto puede ser un tipo de tiranía para ambas partes. Los de abajo siempre están buscando un referente al que parecerse para no ser demasiado humilde, o con poco estilo; los de arriba siempre desesperados para no parecerse al resto. Es demasiada energía mental, que estamos consumiendo constantemente. Pero podemos intentar buscar un equilibrio y no ser esclavos tanto de imitar a la gente por encima como de diferenciarnos de los demás. Puedes querer parecerte a un miembro funcional y atento de la sociedad, que te fijas en lo que todos visten, pero no puedes dejar que eso determine tu identidad, que borre tu individualidad o gaste toda tu energía mental. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y con una rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ. Se cierra su referencia con las siguiente frase: Demasiado tiempo dedicado a decisiones irrelevantes. Demasiadas cosas en la cabeza. ¿Y si la ropa dejara de ser una de ellas?

Junto a esta exposición mediática de Pinker aparece también en la campaña la voz de una filósofa española muy joven, Elizabeth Duval, “una de las nuevas voces de la filosofía española”, que cree que “viviríamos mejor si no pensáramos en tantas cosas”. También desarrolla este pensamiento en plena campaña publicitaria, Pensar menos en lo que está de moda, en reinventarse cada día, en gustar a los demás. Liberar espacio para las cosas que importan. Repetir más la ropa que mejor te sienta por pura sostenibilidad: sostenibilidad mental: “Intento no tomar tantas pequeñas decisiones para poder centrarme en lo importante ¿No? A veces es inevitable la cantidad de decisiones que tienes que tomar. Hay casi una obligación, muchas veces, a estrenar ropa o no estar repitiendo prendas. Así que una decisión tan aparentemente libre incluso, cómo la decisión de qué voy a comer o la decisión de qué voy a ponerme, la decisión de la ropa, realmente tiene mucho de circulación en una esfera determinada de modos de existir y modos de vida que están determinados. Hay un componente en el que tengamos esas pequeñas decisiones para escoger o no cómo consumimos, yo creo que encasillados estamos siempre y que por más que lo intentemos sólo podemos conocer qué es lo que nos lleva a estar encasillados. No se trata tanto de agradar al grupo, como de ser consciente de que con la ropa, o con cualquier cuestión que tenga que ver con la apariencia, se están mandando mensajes o significado constantemente. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y otra vez la rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ.

Son dos variaciones sobre el mismo tema, desde perspectivas de edad y conocimiento diferentes, pero que coinciden en dar a la ropa un valor relativo, porque hay que creer en la sostenibilidad mental sabiendo prescindir de gasto de energía mental aparentemente inútil. Al visualizar esta campaña en una acera de Sevilla y conocer posteriormente su mensaje de calado, he recordado que no hay nada nuevo bajo el sol, recordando una anécdota que he recogido en este cuaderno digital en diversas ocasiones y que hoy utilizo de nuevo como cierre de este artículo, con una campaña promocional de la dignidad humana, en una clave que ya tierne muchos años, incluso veinticinco siglos, no importándome para nada atribuirme hoy la firma de la campaña de Adolfo Domínguez. Soy viejo, que descubrí el sábado en una acera de Sevilla, a las que tanto amaba Jane Jacobs. Aquella campaña histórica de dignidad humana estuvo servida, porque estando un día Diógenes en los baños, al mismo tiempo que Aristipo de Cirene, el cirenaico, éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, porque dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Probablemente, Adolfo Domínguez no conozca esta historia de Diógenes de Sinope, cínico por definición, que pasó su vida buscando a personas de bien ante tanta mediocridad humana, al que nunca importó llegar a ser viejo aprendiendo de sus propios errores.

(1) Jacobs, Jane,  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961. Nueva York: Vintage, pág. 50.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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