Morir con letra pequeña

Acabo de leer la noticia: Muere una mujer que fue apuñalada por su novio el lunes en Madrid. Son ya 49, de las cuales veinte son extranjeras. Conozco los estándares éticos en el periodismo para tratar estas noticias. Sé que no se deben airear a los cuatro vientos porque el efecto llamada o réplica es una realidad de la conducta de imitación. Pero los que estudiamos día a día el cerebro y el comportamiento humano sabemos que tenemos siempre una deuda personal, profesional, científica y ética con estas muertes en letra pequeña. Sobre todo para intentar localizar la causa de tanta desazón personal y en pareja. Porque entre ciencia y derecho estoy seguro que podemos crear conocimiento y libertad. Ese es mi compromiso con el estudio del cerebro desde la perspectiva de género, porque es mucho más lo que nos une a las personas mediante las estructuras cerebrales que cada una ó cada uno tiene, que lo que nos separa. Es en esos pequeños tramos de lejanía cerebral donde ocurren las grandes tragedias que radiamos y publicamos. Aunque lo digamos ahora en voz baja, en letra pequeña, con pocos bits, como la noticia de la muerte de Ana Mercedes S. J., dominicana de 32 años, que falleció el jueves pasado en Madrid, a las siete de la mañana, víctima de la violencia machista.

Sevilla, 21/VII/2007

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