La historia de las células huso (spindle) en el cerebro ó lo que debemos al cerebro de las ballenas jorobadas

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Ha saltado la noticia a los medios de comunicación: Japón reinicia la pesca de ballenas jorobadas tras 34 años de moratoria. No soy persona ávida de la última noticia de Greenpeace, pero ayer escuché atentamente la noticia acerca de la autorización japonesa para que barcos de su flota pesquera zarparan desde el puerto de Shimonoseki, en el sur de Japón, por la mañana, con órdenes de cazar hasta 50 de estos cetáceos que desde hace décadas se encuentran protegidos por la ley internacional. Junto con el desastre ecológico que provocan estas cacerías mortíferas, el posible exterminio de la especie puede tener consecuencias también irreparables para la investigación de unas células que se hallan en su cerebro y que se denominan células spindle por la forma de huso que tienen (especie de tubo alargado que se estrecha en sus extremos). También se denominan neuronas VENs, neuronas Von Economo, nombre que se les otorga por su descubridor, Constantin von Economo (1876-1931).

El interés de la investigación se centra en que estas neuronas podrían estar envueltas en procesos cognitivos, -aprender, recordar y reconocer-, dado que se ha comprobado fehacientemente que estas ballenas tienen sofisticadas habilidades comunicativas, capacidad de formar alianzas, de cooperar, de transmitir cultura, haciendo uso de determinadas aptitudes. Se sabe también que estas capacidades habrían evolucionado en los cetáceos hace unos 30 millones de años, dos veces antes que en hombres y simios. Son células que se encuentran en la corteza cerebral, sede la inteligencia humana elaborada. Así se publicó como noticia de gran alcance en noviembre de 2006, a través de la agencia Reuters, gracias a la publicación científica de los profesores Patrick R. Hof y Estel Van der Gucht, de la Escuela de Medicina Monte Sinaí, en Nueva York, sobre La estructura del córtex cerebral de la ballena jorobada (1). Por tanto, es probable que “algunas de estas capacidades estén relacionadas con la complejidad histológica comparativa en la organización del cerebro, tanto en los cetáceos como en los homínidos”.

El cerebro de las ballenas jorobadas es muy valorado en laboratorios de neurociencias. Sus 9 kilos de peso, aproximadamente seis veces el tamaño medio del cerebro humano, permite lograr una disección completa y compleja para analizar la estructura de las neuronas spindle, cuyo papel trascendental ya traté en el post dedicado a las islas de Reil, recogiendo un texto de Sandra Blakeslee que no dejaba lugar a dudas sobre su importancia neuronal: “El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”.

Otra vertiente de sumo interés en la investigación de la función neuronal de las células spindle, se encuentra en estudios científicos sobre su relación con las demencias que causan la pérdida de inhibición en determinadas situaciones sociales. Se ha descubierto en ensayos científicos dirigidos por el profesor que las personas con demencia frontotemporal (FTD) incurren en un comportamiento inapropiado e impulsivo y algunas veces hasta llevan a cabo actos criminales como el hurto en tiendas. Se examinaron los cerebros de 7 pacientes fallecidos con FTD y los compararon con 7 controles que habían muerto de causas no relacionadas con el cerebro, al igual que 5 pacientes diagnosticados con enfermedad de Alzheimer, un tipo de demencia muy diferente que afecta fundamentalmente la memoria. Los investigadores encontraron que uno de las dos áreas del cerebro que contienen VENs, el córtex anterior cingulado, tenía un aspecto muy diferente en pacientes con FTD: había una reducción del 74% en el número de VENs en comparación con los controles. En contraste, los pacientes con Alzheimer tenían solamente una reducción pequeña y no significativa desde el punto de vista estadístico (2).

En la investigación que llevé a cabo en mi Tesis Doctoral sobre las inteligencias sociales, abordé la importancia de esta patología, de la que traigo a colación la siguiente aportación: “Por ser de especial interés para la presente investigación, es conveniente detenerse en el análisis pormenorizado de la inteligencia social expresada mediante las dos inteligencias propias de esta tipología: la intrapersonal y la interpersonal. Comenzamos por la primera: la inteligencia interpersonal. Los orígenes biológicos de esta inteligencia son fácilmente identificables por razones antropológicas y etológicas: Gardner cita la prolongada infancia de los primates, que nos lleva de la mano a la problemática de la separatidad (problemática estudiada con detenimiento por Bowlby, 1978b, con bebés humanos), que demuestra a todas luces que el desarrollo interpersonal corre desde ese momento un serio peligro. Por otra parte, el segundo factor peculiar de la especie humana, es la importancia que para los seres humanos tiene la interacción social. Todas las habilidades de interacción de nuestros antepasados requerían de la interacción, traducida en participación y cooperación, así como necesidad de cohesión, liderazgo, organización y solidaridad. La operación nuclear identificable es la capacidad para sentir distinciones entre los demás: en un primer estadio, los contrastes en los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En un estadio más avanzado, consistiría en leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado. La máxima expresión de esta habilidad social se da en los líderes religiosos y políticos, en los profesores y maestros, en los terapeutas, en los padres. La investigación cerebral apunta a que los lóbulos frontales desempeñan un papel muy importante en el conocimiento interpersonal. De acuerdo con Gardner, la enfermedad de Pick, una variedad de demencia presenil, implica una rápida pérdida de las habilidades sociales al estar dañados los lóbulos frontales (Holman, Chandak y Garada, 1995). Estos estudios recientes y el apoyo de tecnologías tan importantes y exactas como RNM, TAC y, sobre todo, PET, permitirán ir consolidando la base neurofisiológica de patologías invalidantes para las habilidades sociales por estar dañada la inteligencia social” (3).

La noticia de agencias finalizaba con una frase desgarradora: “Estas ballenas no tienen que morir”, afirmó Junichi Sato, portavoz de Greenpeace, el viernes pasado: “Las jorobadas son ballenas muy sensibles que viven en entornos muy cerrados, por lo que con sólo una muerte se podría provocar un enorme daño”. Entre otras razones porque a ellas debemos sentimientos nobles para investigar el legado que los seres humanos hemos recibido a través de evolución de las especies a lo largo de millones de años: sofisticadas habilidades comunicativas, capacidad de formar alianzas, de cooperar, de transmitir cultura, haciendo uso de determinadas aptitudes, que a los cazadores de hoy los debería dejar, cuando menos, atónitos.

Sevilla, 19/XI/2007

(1) Hof, P. R. y Van der Gucht, E. (2006). Structure of the cerebral cortex of the humpback whale, Megaptera novaeangliae (Cetacea, Mysticeti, Balaenopteridae). The Anatomical Record, Published Online: November 27, 2006. (DOI: 10.1002/ar.a.20407).

(2) Seeley, W. W, Carlin, D. A., Allman, J. M, Macedo, M. N., Bush, C, Miller, B. L. & Dearmond, S. J. (2006). Early frontotemporal dementia targets neurons unique to apes and humans. Annals of Neurology, 60 (6), 660-667.

(3) Cobeña Fernández, J.A. (2001). Las inteligencias sociales. Un modelo conceptual de las habilidades sociales desde el marco de la Psicología de la salud. Tesis Doctoral no publicada, Universidad de Sevilla, p. 49s.

Un comentario en “La historia de las células huso (spindle) en el cerebro ó lo que debemos al cerebro de las ballenas jorobadas

  1. Roberto dijo:

    Hola, gracias por el artículo, creo que realmente da en la tecla. Yo pienso que cuando se habla de liderazgo, en cualquier ámbito que sea, se debe tener en cuenta que las condiciones del líder son las que inicialmente limitan el alzance de su ejercicio del liderazgo. Por eso, a veces, algunas personas tienen dificultades para progresar más allá de sus aptitudes actuales. Saludos, Roberto.

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