Inteligencia Pública Digital (V): ordenar la trastienda

TRASTIENDA RAE

Lema Trastienda en el Diccionario de Autoridades (RAE A, 1739), pág. 341,2

Cuando voy de mi corazón a mis asuntos públicos, suelo tener especial cuidado con un término: trastienda. ¿Por qué? Fundamentalmente porque quien ha crecido en una cultura doméstica, es decir, la gran mayoría, sabe que no debemos ordenar la casa de los demás si no lo hacemos antes en la nuestra. Y esto ocurre también con la Casa Pública, la Administración. Si es digital, todavía más, porque utilizamos recursos (digitales) que no están muchas veces al alcance de todos los ciudadanos.

La acepción que asumió el Diccionario de Autoridades en el siglo XVIII (1739), como palabra común en España, no deja lugar a dudas sobre su significado: el aposento, cuarto o pieza que está inmediata, y más adentro de la tienda, o de la oficina. No nos engañemos, sabemos todos qué queremos decir con la trastienda, es decir, lo que está detrás de los mostradores y ventanillas y no ve el ciudadano, lo que está detrás de los Presupuestos públicos, de las Estrategias Públicas Digitales, de los Planes y Programas, de los Proyectos, de los expedientes. Y lo que está detrás es la estructura organizativa del Estado, de las Comunidades Autónomas, de las Diputaciones, de los Ayuntamientos, de las entidades instrumentales, de cada Gobierno correspondiente. Lo que permite que se dé cumplimiento al único Artículo de la Constitución dedicado a la Administración, el 103: La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. Lo que está detrás de este mandato constitucional y que muchos ciudadanos querrían comprobar por la atención que desean recibir día a día.

Lo que está inmediata, y más adentro de cada Administración. Vamos por partes, atendiendo fundamentalmente la que trabaja con Inteligencia Pública Digital, porque dentro de ella se deposita la expresión más importante para el desarrollo del interés público que se exige salvaguardar a los empleados públicos. Desde la perspectiva europea, se da una importancia extrema a la trastienda [sic] de la Administración en su relación con los ciudadanos. De ahí el interés público por cuidar esta parte interior del entramado público, como ya se reconocía en Europa en 2003: “el sector público es el principal depositario y generador de contenidos en Europa, de modo que hay un potencial enorme para canalizar la información del servicio público a otros servicios de valor añadido. El plan de acción 2005 también hace hincapié en la «trastienda» de la administración electrónica. El objetivo es mejorar la eficacia de las oficinas internas de la administración local, regional y central, algo que se considera como el primer paso necesario para mejorar los servicios de ventanilla que se prestan al ciudadano” (1).

Si se acepta el planteamiento de base enunciado en las líneas anteriores, ha llegado el momento de abrir también al público la trastienda pública de cualquier organización de carácter público, desde todas las perspectivas posibles: física, psíquica y social, con objeto de ganar inmediatamente credibilidad pública con lo que se hace cada día en cada despacho y en cada Unidad Administrativa que tiene que cumplir el mandato constitucional. Nace así el concepto de Administración Abierta, en estado permanente de servicio a los ciudadanos, donde la inteligencia digital juega un papel estelar al utilizar los medios electrónicos para ordenarse y organizarse en la prestación de servicios a la ciudadanía, rompiendo barreras físicas, psíquicas y sociales que han funcionado hasta ahora, ofreciendo información y gestión pública por medio de canales digitales con el gran apoyo de Internet. Por cierto, no defiendo la política de jornadas concretas de puertas abiertas, porque la ciudadanía debería tener asumido que en cualquier momento puede acceder al interior de cada Administración, lo que más busca, al interior de su expediente concreto, de su historia digital de salud, por ejemplo, de la información que necesita, identificando siempre quién le presta el servicio, porque saben a ciencia cierta que el día que entregaron un papel en el Registro público correspondiente, también digital, dejó de ser un papel y se convirtió en un documento al que puede acceder siempre y seguir la trazabilidad del mismo. Para no tener que preguntar siempre lo mismo: ¿Y de lo mío, qué?

Pero la gran revolución se tiene que producir en el seno de la trastienda de la Administración. No se pueden ofrecer servicios plenos de Administración Electrónica si el Gobierno correspondiente no ha puesto a punto antes la trastienda pública digital que le corresponde atender, comenzando por los propios empleados públicos que tienen que cambiar el chip mental para integrar las enormes posibilidades de las tecnologías de la información y comunicación al servicio de la ciudadanía, rompiendo usos y costumbres porque ya no hay barreras horarias anudadas a la disponibilidad personal de los empleados públicos, de los edificios y oficinas públicas y porque la Administración tiene que mentalizarse que puede estar, debería estar muchas horas abierta y, en bastantes casos, de forma ininterrumpida, a tenor de la disponibilidad digital que ofrezca y ponga a disposición de los ciudadanos porque quiere salvar por encima de todo el interés público como actitud maestra en la vida pública. Porque el servicio público es un derecho, no una mercancía sujeta por analogía a los denominados horarios comerciales.

Asimismo, en los tiempos que corren, también es posible cambiar la forma de prestarse los servicios públicos correspondientes en una alianza Administración-ciudadano, salvando claves de conciliación personal y familiar, al integrar una realidad a corto plazo: los empleados públicos también podrán llevar a cabo su trabajo desde casa, con plataformas poderosas de teletrabajo, que irán anudadas a nuevas claves de teleservicios, con apoyos tecnológicos extraordinarios a través de Centros de Información, Atención y Servicios digitales que permitan interoperar e intercambiar necesidades y respuestas en horarios que hoy parecen prohibidos. Las tecnologías ya lo permiten y solo basta voluntad política del Gobierno Electrónico correspondiente para empezar a dar los primeros pasos en este sentido. Se ahorraría mucho dinero público en espacios públicos que tanto cuestan mantener.

No lo olvidemos: el objetivo es mejorar la eficacia de las oficinas internas de la Administración local, regional y central, algo que se considera como el primer paso necesario para mejorar los servicios de ventanilla que se prestan al ciudadano. Eficacia, sujeta a principios de calidad, responsabilidad y servicio público, con la ayuda de la inteligencia pública digital que tantas veces he definido y presentado en este cuaderno digital. Calidad que permita tanto la imprescindible autoevaluación de la trastienda, como la evaluación global e integrada en el conjunto de la gestión pública, contrastable y comprensiva en cuanto a las personas, recursos, procesos, procedimientos, resultados y sus interrelaciones. La evaluación permitirá emitir, en definitiva, juicios bien informados sobre la excelencia del Plan de mejora de la trastienda pública digital, que se debería acometer de forma generalizada, utilizando por ejemplo el Modelo de Marco Común de Evaluación – CAF (Common Assesment Framework), que proporciona las siguientes consideraciones como primer paso para una organización que quiere avanzar en la gestión de calidad digital:

MODELO EFQM

Descripción esquemática del Modelo Europeo de Excelencia (CAF)

• Una evaluación basada en evidencias.
• Un medio para dar coherencia a la dirección y alcanzar el consenso sobre aquello que es preciso hacer para mejorar una organización.
• Una evaluación frente a un conjunto de criterios que han sido aceptados en toda Europa.
• Un medio de medir el progreso en el tiempo a través de autoevaluaciones periódicas,
• Un nexo de unión entre las metas y las estrategias y procesos de apoyo.
• Un medio de dirigir las actividades de mejora allí donde son más necesarias.
• Oportunidades de promover y compartir buenas prácticas entre diferentes áreas de una organización y con otras organizaciones.
• Un medio de motivar a los empleados de las organizaciones involucrándolos en los procesos de mejora.
• Oportunidades de identificar progresos y niveles destacados de logro.
• Un medio de integrar diversas iniciativas de calidad en la actividad normal de la organización.

Se hace patente, cada vez más, la necesidad de contribuir a la elaboración de teoría crítica respecto de las estrategias públicas de servicios, de cualquier índole. Cobra especial interés para el Gobierno electrónico que decide implantar una Administración electrónica, respetar el marco de la necesaria estrategia digital correspondiente, basada en la calidad de la atención digital y en la ética pública digital, entendida como proceso organizativo mediante el cual el Gobierno incorpora a sus funciones corporativas los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su cambio y como modelo de integración tecnológica orientada al ciudadano, haciéndola operativa mediante su paradigma, objetivos y proyectos, identificados en su trastienda pública, abierta y transparente, sobre la base de que los ciudadanos son el centro de la misma, su suelo firme constitucional, en términos de equidad y empoderamiento compartido.

Un compromiso en toda regla. Me quedo, sin ninguna duda, con la expresión preciosa que se utilizaba en el Siglo XVIII en España y así lo transmitió la Autoridad correspondiente, que citábamos al principio: hay que trabajar en la trastienda [pública], es decir, con cautela advertida y reflexiva en el gobierno de las cosas [públicas]…

Sevilla, 27/VI/2010

(1) COMISIÓN EUROPEA (2003). Hacia la Europa basada en el conocimiento. La Unión Europea y la sociedad de la información, Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas: Luxemburgo

José Saramago: un viaje desconocido

jose-saramago

En Tías, un pueblo canario querido por él y por mí,
se me ha muerto como del rayo José Saramago,
a quien tanto respeto…

El reloj de la vida marca horas innecesarias. Como las de la muerte, por el mero hecho de ser humanos. Debo mucho a Saramago, desde que un día descubrí su “Isla Desconocida”, en letras blancas, en un lado y el otro de la proa imaginaria, embarcándome para siempre en el compromiso de búsqueda de mí mismo con los demás. Hoy, en altamar vital, en la singladura última en la que estoy enrolado, me ha golpeado el alma la noticia de que se ha ido a alguna parte sin poder decirle adiós, sin poder desamordazarlo y regresarlo, como me enseñó Miguel Hernández a entender la muerte, en un día ya muy lejano.

He vuelto a las páginas de su Cuento de la isla desconocida, buscándolo desesperadamente en la bitácora de su nave existencial, y he leído detenidamente una frase enigmática: el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas y ellas están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra…

Lo dijo él hace muchos años: cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar. Aunque sé que se ha ido, estamos juntos, reunidos en la esfera de la inteligencia, soñando como él hacía a diario, con un compromiso admirable, en un mundo mejor, más honesto y posible. En silencio activo.

Sevilla, 18/VI/2010

Nota: la fotografía de José Saramago, la he recuperado hoy, de http://canarias24horas.com/index.php/2010060675492/cultura/munro-saramago-matute-le-carre-y-harold-bloom-candidatos-al-principe-de-las-letras-2010.html

La dignidad de los funcionarios

Soy uno de los 241.169 empleados públicos (ahora en situación administrativa de servicios especiales), que forman parte del resumen total de anexo de personal, del Presupuesto de la Comunidad Autónoma de Andalucía para 2010. En las últimas semanas hemos asistido a un momento crucial en la vida de los funcionarios en España. Llevo tiempo navegando en una patera muy particular, que cuando llueve se moja como las demás, muy frágil, lejos de los cruceros existenciales en los que siempre me quieren meter con la consabida frase: es que al fin y al cabo, José Antonio, todos vamos en el mismo barco… La percepción ciudadana de la función pública no pasa por sus mejores momentos, porque durante años no ha sabido salir a la calle, hacer teoría crítica de la dignidad de los empleados públicos, abandonando determinadas oficinas siniestras, muy pocas, que tanto lastre dejan en las conciencias de los ciudadanos. Y esta realidad me ha preocupado siempre, me preocupa y me preocupará, eso sí, viajando en una patera ética…

Creo en la dignidad de la función pública, aunque soy consciente de que hay que ganar segundos de credibilidad a diario, porque se pierden con una facilidad inusitada todos los días. Credibilidad que pasa por recuperar ética pública en las pequeñas cosas: puntualidad en los tiempos públicos, sobre todo cuando son de los demás, que están esperando ser atendidos por nosotros, trabajar mucho y bien, de forma impecable, desde dentro, desde la trastienda pública, para mejorar día a día la Administración en el trabajo que nos corresponde, con el denominador común del interés público, sabiendo que nos movemos siempre en un triángulo crítico: tiempo, espacio y dinero, públicos. Credibilidad pública, para quien la trabaja, para quien la recibe. Es una auténtica lástima que solo se produzcan movimientos de denuncia pública de la situación funcionarial cuando nos tocan el bolsillo, no preocupándonos a diario cuando nos tocan el alma a muchos funcionarios por culpa de algunos, internos, externos y mediopensionistas, que tiran por tierra el trabajo digno que defendemos muchas personas que ejercemos funciones públicas desde los numerosos puestos de trabajo que nos permiten ofrecer al ciudadano lo mejor de nuestra Casa Pública, de lo que llevamos dentro de la propia Administración, en la que trabajamos día a día y en el puesto que nos corresponde.

La percepción pública sobre los funcionarios, no es buena en muchas ocasiones, por los estereotipos que nos hacen daño y por la vanidad que acusamos históricamente. Pero no debemos rasgarnos las vestiduras, porque muchas veces se ven las miserias internas a través de los agujeros de nuestras túnicas de modernidad. Más o menos porque podemos encontrar a funcionarios con capacidades para enseñarnos y demostrarnos que una especie de «personas dignas, con trabajo en el mundo público» es posible. Siempre recuerdo a este propósito, una simpática anécdota. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que también «buscó un hombre» [hoy, probablemente, un buen funcionario], prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores.

Cuando vuelvo a altamar en los océanos públicos, recuerdo siempre la vanidad que muchas veces ha pesado y pesa sobre nosotros, funcionarios, porque la representación pública es una tarea que exige mantenimiento diario, al alcance de los ciudadanos, como si trabajáramos en edificios de cristal y siempre nos estuvieran observando. No es de extrañar que a través de los agujeros económicos de nuestras nóminas, no seamos capaces de detectar nuestras propias carencias cuando en época de bonanza siempre se nos ha pedido lo mismo en relación con lo que nos demanda la ciudadanía a diario: trabajo digno, puntual y con respeto reverencial a la cosa pública. Hubiera sido un buen momento para salir a la calle, ¡hay muchas formas simbólicas de hacerlo, lógicamente! y gritar a los cuatro vientos que somos muchos funcionarios los que creemos en la función que nos ha asignado la Administración Pública correspondiente y que nos pre-ocupa [así, con guión] diariamente hacer las cosas bien, con convencimiento pleno construido por el conocimiento, las aptitudes y las actitudes públicas y privadas que cada funcionario o funcionaria tiene, para que no se resienta nunca el servicio público, el que preocupa de verdad a las personas a las que nos debemos en nuestro sencillo o complejo quehacer diario.

Sevilla, 16/VI/2010

Nos queda la palabra (FoxP2)

EL PODER DE LA PALABRA
Fotograma de la película “El poder de la palabra

¡Primero que nada, quisiera pedirles disculpas, por la interrupción! [de la serie que estoy escribiendo en la actualidad] Así empiezan los vendedores ambulantes de los autobuses de Santiago de Chile, elevados a un pedestal humano, afortunadamente, a través de una película que busco desesperadamente: El poder de la palabra. Poco a poco, según avanza la vida de cada una, de cada uno, vamos perdiendo ilusiones, pequeñas cosas, seres queridos, proyectos, salud, dinero en tiempos de crisis, el amor auténtico, y la realidad es que encuentro a muy pocas personas que valoren este recurso inagotable hasta que un día desaparece el control que tenemos sobre el mismo y que mientras vivimos nos puede devolver libertad humana: la palabra. Para una persona, como en mi caso, que tantas veces ha investigado por qué somos inteligentes, por qué hablamos, el asombro, del que hablaba Aristóteles que solo nos corresponde a los seres humanos, estriba en conocer cada día mejor el poder de la palabra.

¡Pero vengo a ofrecerles un estupendo producto para la sociedad en su conjunto! Con estas maravillosas palabras de los vendedores chilenos, quiero hablarles de la palabra, un producto de la evolución humana que solo se encuentra en las personas, como resultado de un trabajo de relojería suiza en el cerebro, porque estamos programados para hablar, desde nuestra concepción. Así lo analicé en un post que escribí en este cuaderno, ¿Por qué hablan las personas?, el 13 de abril de 2008: “Sin lugar a dudas, entre otras razones entrelazadas entre sí, por culpa de FoxP2, el gen que, con un juego de palabras más o menos acertado, mejor se expresa. El cerebro vuelve a maravillarnos de nuevo hoy, a través del conocimiento científico del gen FoxP2, que me permite volver a centrar el foco de interés cerebral en la génesis y desarrollo de la habilidad del lenguaje humano, gracias a la expresión correcta y ordenada de este gen”. Y citaba también a Gary Marcus, “que está en los cielos de la investigación actual más solvente, mi autor de los últimos meses, por su interesante aportación a la investigación del cerebro desde la genética, con una reflexión impresionante: “lo que hace interesantes a los humanos no es el hecho de las palabras en sí mismas, sino poder aprender y crear nuevas palabras”. Y revolucionó el auditorio con una sentencia espectacular: el lenguaje es un parche similar a la columna vertebral, un mal diseño de la evolución para soportar el peso del cuerpo. Y lo que señalaba anteriormente como anécdota también es una preocupación para Marcus: el rol de la memoria en los procesos lingüísticos y del habla, sobre todo en los bebés y en la primera infancia, como presunta contaminante de estos maravillosos procesos, aunque el equipo fonador de la niña de Dikika (su pequeño hueso hioides) nos demuestre de forma terca que el punto alfa de la inteligencia que se expresa mediante el gen FoxP2 ya estaba allí”.

¡Se trata de un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad! He forzado un poco la frase del vendedor habitual chileno, pero solo quiero dejar constancia del valor de la palabra, porque la realidad es que es de los pocos recursos que nos quedan en nuestros ecosistemas personales e intransferibles, para mucho tiempo, si sabemos cuidarlo. Algunos, como los Académicos de la Lengua, todos los días la limpian, la fijan y le dan esplendor. Otros, la pronuncian solo para ofender a sus seres más queridos o a los ciudadanos de calle. Los de aquí y allí la utilizan para alcanzar diálogos a veces imposibles. Pero todos y todas anhelamos pronunciarlas alguna vez en la vida para que sepan los demás que existimos y que vivimos desesperadamente. Queremos que nos escuchen los demás, aunque sea recomendable cuidar el arte de callar, cuando no tenemos casi nada que decir (Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. El Arte de callar, Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar). Y aunque anuncié la palabra como un práctico y útil recurso indispensable para alcanzar la ansiada modernidad, es verdad que podemos ser modernos gracias a que nuestros antepasados evolucionaron para que hoy tuviéramos este recurso maravilloso: “Todavía me sobrecoge el descubrimiento de Selam (paz), la niña de Dikika [1], al que dediqué un post específico, cuando se valoró la localización de su hueso hioides como un hallazgo trascendental para conocer el origen del lenguaje en el “equipo” de fonación pre-programado en los seres humanos, a diferencia de los chimpancés y macacos más próximos en nuestros antepasados (siempre se ha dicho -desde el punto de vista científico y hasta con cierto desdén- que los monos no hablan): “Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides [Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe], que es el auténtico protagonista, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis”. Nunca sabremos si Selam, que cumpliría hoy tres mil millones, trescientos mil años, dijo alguna vez ¡mamá!, aunque su hueso hioides nos permite vislumbrar que sí habló”.

Por ello, siempre puedo repetir unas palabras que aprendí de Blas de Otero en el principio de los tiempos revueltos de nuestro país, antes de vivir en democracia, que tengo grabadas en mi cerebro para poder expresarlas en la actual crisis global y existencial de la ansiada modernidad que nos prometen determinados charlatanes, que no los vendedores chilenos, de turno:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Sevilla, 5/VI/2010

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=149