Modelos de mujeres, modelos para hombres

MUJERES Y PRINCESAS
Emma caracterizada como la aviadora Amelia Earhart. / JAIME C. MOORE

He leído hoy una noticia y un post, en relación con la situación de la mujer en Afganistán, en un caso, y la interpretación de modelos de mujer desde Estados Unidos, en el otro, que me han impactado. En relación con la primera noticia, relacionada con las próximas elecciones en Afganistán, es muy reveladora de los avances frente al integrismo de los talibanes: “Las afganas han ocupado por unas horas la sede de la Loya Jirga, la tradicional asamblea de notables. Un millar de mujeres han acudido a escuchar a Habiba Sarabi, una de las tres candidatas a vicepresidenta en las elecciones del sábado (la única con posibilidades de pasar a la segunda vuelta). “Hombres y mujeres somos iguales y debemos trabajar para hacerlo efectivo”, dice la popular exgobernadora de Bamiyán en un mitin que hubiese puesto los pelos de punta a los talibanes”.

Respecto de lo leído en el post, me ha llamado la atención la iniciativa de la fotógrafa estadounidense Jaime C. Moore, “que se hizo muy popular hace casi un año con las instantáneas de su hija Emma, por su quinto cumpleaños, caracterizada como distintas mujeres famosas en la historia por sus logros y no por su físico o por ser consortes de un hombre conocido”. Leer el blog de esta artista americana, es un bálsamo de respeto creativo hacia la mujer que lucha hoy por la dignidad de lo que somos realmente y no por la que presuntamente ofrece el mercado y sus mercancías, desde todas las perspectivas posibles y sin compasión, sin límite alguno: “”Mi hija no ha nacido en la realeza, pero ha nacido en un país donde ahora puede votar, convertirse en médico, piloto, astronauta o incluso en presidente si ella quiere, y eso es lo que de verdad importa”.

Como se comenta en el post citado, reflejando lo hablado con Jaime C. Moore, en relación con las cinco mujeres escogidas para su reportaje en el que aparece siempre su hija, “Son muy diferentes en cómo vivieron sus vidas y en cómo cambiaron las nuestras para mejor. Una cosa importante para mí era la forma en la que estas mujeres increíbles superaron obstáculos y perseveraron para cambiar sus vidas simplemente porque querían hacerlo… Amelia quería pilotar un avión (en los años veinte del siglo pasado), así que lo hizo. No dejaron que las “reglas” sociales dirigieran sus vidas, levantaron la barrera y nosotros debemos continuar haciéndolo”. También, y desde un punto de vista práctico, buscaba mujeres de las que hubiera fotografías que “sentía que pudiera recrear, por su forma de vestir, etcétera”.

No quiero olvidar lo que escribí un día ya lejano en este blog sobre una niña paquistaní, Malala Yousafzai, Premio Nacional de la Paz por su defensa de los derechos humanos frente a los ataques de los integristas talibanes: “Acompaño a Malala en esta aventura digital, al escribir en un blog, como compromiso activo. Mucho más cuando he visto el video reportaje del videoperiodista Adam Ellick, en un trabajo de investigación con la joven y su familia, porque su padre es maestro y también activista en favor de la educación y de los derechos de las mujeres. Aquí todo es más fácil (Europa/España/Sevilla), pero el compromiso con ella se puede demostrar como el movimiento, haciendo camino digital al andar. Y ante el momento actual de crisis permanente, casi existencial, la revolución digital puede hacer viable otro mundo, porque el conocimiento se enriquece día a día a través de este medio, otorgando la capacidad de ser cada día más responsables, es decir, que podemos tomar mejores decisiones al tener mayor acceso a la información que se torna en conocimiento, y a la libertad para interpretarlo y tomar decisiones con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación”.

También, sobre los sueños en Afganistán: “Por otra parte, he sabido hoy [18 de agosto de 2009, dos días antes de las elecciones generales] que a preguntas de un periodista, un niño afgano en Kabul, aguador profesional, vive con la ilusión de volar muy alto porque quiere ser piloto. El problema radica en que cuando se le pide que concrete el sitio, no sabe responder sobre lugares alternativos a su dura proximidad, porque no conoce otra posibilidad que volver a su casa cada día, volando bajo, con unos cuantos afganis que recauda, quizá, por la sed de expertos en matar sueños”.

Una niña americana y un niño afgano, niñas y niños pilotos por un día, con diferencias muy claras más allá del género, pero modelos para las niñas/mujeres y niños/hombres de hoy.

Para reflexionar.

Sevilla, 3/IV/2014

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