E Alfaguara va…

ALFAGUARA

Ayer se celebró un encuentro en Madrid, para recordar los cincuenta años de vida de la editorial Alfaguara. En mi vida supone mucho, porque algunos de sus libros me han acompañado en el descubrimiento de la vida, como manantial que siempre me daba agua ética para sobrevivir en un mundo diseñado por el enemigo. La propia palabra Alfaguara, es un programa de vida: manantial copioso que surge con violencia (del ár. hisp. alfawwára, y este del ár. clás. fawwārah ‘surtidor’).

Con tal motivo de fondo, la editorial reunió a tres iconos predilectos, Mario Vargas Llosa, Julián Marías y Arturo Pérez-Reverte, en un acto muy sencillo. Y contaron historias muy breves, muy humanas: “Mientras Marías de muy niño casi odiaba los libros porque le quitaban espacio para jugar, Pérez-Reverte jugaba con ellos creando barricadas y Vargas Llosa, que aprendió a leer a los cinco años, le pedía cada 25 de diciembre al niño Dios que le regalara libros y más libros”. Y se hicieron más imprescindibles todavía.

Me enteré que una parte de la editorial ha sido vendida a la multinacional Penguin Random House en el mes de marzo y ya no es un recurso cultural de España. Uno menos, porque ya dije en su momento que España no es un país de librerías, ni de editoriales por tanto, sino de bares. Espero que no se confunda el valor y el precio que lleva dentro. Y he descubierto simbólicamente que hay un movimiento para que esta palabra rara, Alfaguara, como determinadas enfermedades, se estudie y se salve de su probable desaparición del diccionario de la Real Academia Española, su hospital actual. Al menos, nos debe quedar esa palabra, como homenaje silencioso a Blas de Otero.

Las justificaciones para su permanencia son preciosas, ejerciendo un padrinazgo efectivo. No añado nada, solo que si fuera posible me gustaría que el trío Alfaguara, compuesto por Vargas Llosa, Marías y Pérez-Reverte, leyeran con atención las razones de ser de esta palabra de soledad sonora que debe seguir manando cultura a los cuatro vientos, educándonos en ciudadanía, ejerciendo como padrinos de la misma, de su editorial, mientras vivan. Por su valor, no por su precio:

ALFAGUARA

“Motivos para apadrinar: Porque significa manantial y suena a tierra y puede ser el comienzo de un río y es herencia su presencia. (Desde España)

Motivos para apadrinar: Torrente que mana, palabra constante y limpia, transparente como el lenguaje mismo. Como el propio pensamiento. Porque pertenece a un pedazo de historia nuestra que es también árabe, o viceversa. Por un periodo donde los hombres vivieron en paz a pesar de tener religiones diferentes, pensamientos distintos, razas dispares. A pesar de eso, la alfaguara manaba para darles de beber esa parte íntima del individuo que nos hace ser hombres. (Desde España).”

Desde Sevilla, 13/V/2014

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