Andalucía: una realidad positiva (VI). Emilio Lledó

Quizá sea todavía un desconocido en su propia tierra, pero es una realidad muy positiva para Andalucía que Emilio LLedó (Sevilla, 1927), filósofo y persona coherente con su ideología y sentido de la amistad -una ciencia exacta según él- haya recibido el Premio Nacional de las Letras el pasado 17 de noviembre, cuyo objeto es reconocer el conjunto de la obra literaria de un autor español.

La noticia de este premio la recibió durante una entrevista entrañable que le hizo Tereixa Constenla el martes pasado, publicada en el diario El País y de lectura aconsejable. Las fotos que acompañan a este encuentro reflejan la sencillez transcendente de Emilio Lledó y su gran sentido del humor: “Eso quiere decir que ya estás tan viejo que están diciendo “vamos a despedir simpáticamente a este señor”. Además, este año es especial para él porque es el cuarto premio que recibe, junto al XVIII Premio Antonio de Sancha por su compromiso con la cultura y la literatura, el I Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña (México) y el V Premio José Luis Sampedro, de Getafe Negro. Este último tiene un valor extraordinario por la justificación del mismo, que simboliza muy bien la obra y vida completa de Lledó. “A su extensa labor docente, tanto en la enseñanza secundaria como la universidad, dentro y fuera de España, Emilio Lledó suma una obra de gran valor para acercar la filosofía clásica al lector de hoy, desde Platón y Aristóteles hasta su crucial trabajo sobre el epicureísmo. En sus libros, además de la pasión por la expresión cuidada, sustanciosa y clara a un tiempo, late un constante aliento ético y humanista, acercando el pensamiento a la reflexión sobre las inquietudes vitales individuales, sin perder nunca el rigor filosófico, como demuestra su celebrado ensayo Elogio de la infelicidad. La obra de Lledó ofrece, en suma, una oportunidad de conocer mejor de dónde venimos y pensar más hondamente qué somos y a dónde hemos de ir”.

El último libro que he leído de este autor comprometido con la palabra ha sido “Los libros y la libertad”, una recopilación de textos donde reflexiona sobre la importancia de los libros, de la palabra escrita y ordenada, sobre todo, para sí mismo y los demás. No en vano recuerda en sus páginas un texto premonitorio sobre el miedo humano a la palabra escrita, según el famoso diálogo de Theuth con el rey de Egipto Thamus: “Las letras producirán el olvido de las almas, al descuidar la memoria (personal), ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos…” (Platón. Fedro, 274c-277a). Pero es imprescindible resaltar que la palabra, pensada o escrita, es lo que nos queda siempre como elemento claramente diferenciador de nuestra especie, porque somos el único animal que tiene siempre la palabra, por mucho que los poderes fácticos la quieran convertir diariamente en mercancía. Y las palabras se refugian a veces en los libros.

En los momentos que vivimos nos hacen falta personas como Emilio Lledó, que nos recuerde que la palabra es un medio político inalienable para construir nuestras casas, nuestras ciudades, nuestras amistades, nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra ideología, tal y como nos lo recuerda siempre Aristóteles en un texto muy querido para este autor premiado: “Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad” (1).

Gracias al profesor Lledó, por ser como es y por hablar siempre de la necesidad del compromiso activo en tiempos revueltos, como los que él vivió al emigrar intelectual y físicamente a Heidelberg con la maleta de cartón de toda la vida, fundamentalmente porque una de las dos Españas le heló su corazón inquieto: “La política es la administración de la justicia, de la educación y de la cultura con generosidad”. Impecable.

Sevilla, 20/XI/2014

(1) Aristóteles (2000). Política. Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 1253 a.

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