Un regalo llamado tiempo

Se acerca el Año Nuevo. Puede ser la ocasión de hacer la lista de buenos deseos, una vez más, de pensar de forma diferente a la hora de plantearnos recuerdos de lo que todavía podemos hacer en el micro o macromundo que vivimos todos los días.

No quiero en esta ocasión perder una gran oportunidad que me ofrece la vida en este momento de hacer la lista de 2015: regalar tiempo basado en los recuerdos, regalarlo a los demás, fundamentalmente a las personas que más quiero, así como regalármelo sin descanso en la clave del recuerdo activo que aprendí en 2009 leyendo un libro de Joe Brainard, Me acuerdo, que comenté en este cuaderno digital a través de una reflexión especial sobre el recuerdo y la predicción: “Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno”.

Es la ocasión de recordar a las personas más próximas o lejanas en la historia de cada uno y regalarles tiempo llamándolas, hablar con ellas por cualquier medio, quedar (¡qué palabra tan cargada de esperas!) realmente para pasear y comentar lo que más nos conmueve, entregándonos solo palabras, sin mezcla de objeto alguno. También, entregarlo a favor de los que menos tienen o llenarlo a los que lo sienten más vacío de sentimientos y emociones, de afectos. Podemos regalar tiempo en cualquier formato para reflexionar sobre momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz.

Es probable que con esta visión, al despedirnos de un encuentro basado en el tiempo que dediquemos a los que más queremos o a quien más lo necesite en un determinado momento, nos demos cuenta que en ese regalo del tiempo queda claro que no confundimos, como todo necio, valor y precio, porque lo único que entregamos son segundos, minutos u horas de nuestros recuerdos, de nuestra existencia, de nuestra persona de secreto. Solo eso.

Sevilla, 28/XII/2014

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