Los gritos de Munch

EL GRITO-MUNCH1
El grito

¿Quién no ha visto alguna vez en su vida el cuadro de Munch más robado en la historia de la cleptomanía pictórica, El grito, en cualquiera de sus versiones? Esperábamos contemplar alguno en la exposición temporal que se inaugura mañana en el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, pero no se han incluido en el fondo que se podrá disfrutar en esta interesante muestra de los sentimientos y emociones del pintor noruego. Me ha impresionado siempre esta expresión del grito que, según el artista, surgió como reflejo plástico de lo que escribió en su diario personal hacia 1892: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Estamos en una sociedad de gritos constantes, sobre todo de los más débiles, pero también de los mal educados para la ciudadanía, por definición, porque no saben dialogar preguntando y después escuchando atentamente lo que dicen los demás, en una actitud machadiana por excelencia. Me quedo con la expresión de Munch: un grito infinito atraviesa la sociedad que no nos gusta, salvando lo que se pueda salvar, pero sin la capacidad para expresarlo con su alma de artista, atormentada por la locura de vivir a pesar de sí mismo. Y comenzamos a andar de aquí para allá, yendo del timbo al tambo, que nos enseñó García Márquez, desesperadamente, abriéndonos paso como podemos entre los gritos cercanos y lejanos que nos rodean.

Los gritos de Munch no se sentirán ni escucharán ahora en Madrid. Pero siempre podremos recuperarlos de la memoria de hipocampo de cada uno, de cada una, cuando queramos simbolizar el cansancio de vivir o representar aquello que nos duele especialmente. Mientras, podremos pasear virtualmente por el Thyssen buscándolos también desesperadamente. Aunque lo único que encontremos sean arquetipos emocionales y obsesiones existenciales de los que todavía no nos hemos bajado del mundo, tales como melancolía, amor, deseo, celos, ansiedad, enfermedad, o muerte, a través de las expresiones pictóricas de una persona que amó, sufrió y gritó… mucho representando en sus obras modelos de manifestaciones no inocentes de su realidad.

Sus detractores piensan que hasta un niño de cuatro años podría haber pintado esos cuadros del grito, pero sólo la inteligencia de Groucho Marx nos ayudaría a buscar a ese niño, posiblemente yuntero, iraquí, palestino, afgano o sirio, porque no lo encontramos fácilmente en un lugar del alma, de la persona de secreto: “Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!”. Sólo así comprenderíamos por qué Munch temblaba de ansiedad aquél día de 1892, cuando oyó un grito infinito y lo pintó como un arquetipo ejemplar y para la posteridad, de su azarosa vida de todos y, fundamentalmente, la de secreto. Muerto de cansancio existencial.

Sevilla, 5/X/2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s