¿Equivocados de siglo?

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

La controvertida frase pronunciada ayer por el presidente de la CEOE, Juan Rosell, “el trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX”, en el acto de presentación de un informe elaborado por Siemens y la consultora Roland Berger sobre El reto de la transformación digital de la economía, nos lleva a un síndrome muy peligroso para el abordaje del principio de realidad laboral en España: la equivocación de ser y estar permanentemente en otro siglo, en diferentes órdenes de la vida. No es inocente esta frase en un mundo laboral español diseñado por el enemigo, donde se ha destruido tanto empleo por la traída y llevada crisis  (plagada de recortes, amnesia pública sobre transformación digital de la sociedad y legislación laboral casi imposible), con cifras escalofriantes de paro y dolor social agregado.

¿Trabajo fijo y seguro? Es una pregunta endiablada, pero que necesita un abordaje ético por encima de todo. Creo que con los pies en el siglo XXI y en el marco de la revolución digital como contexto social dominante en el ecosistema laboral, es legítimo aspirar a un trabajo digno y estable más que fijo y seguro, concepto equívoco hoy, que permita márgenes de estabilidad y seguridad mínimas para desarrollar una vida digna y de realización personal y familiar. Estos conceptos clave eran también del XIX, en el que se sufría igualmente con la revolución industrial y que se reafirman en el XXI, aunque con diferentes contextos que refuerzan textos y frases como la que comentamos hoy.

El contexto digital en el que hizo esta afirmación Rosell lo conozco bien, pero hay que tener mucho cuidado con estas frases grandilocuentes en ecosistemas sociales como el de nuestro país, donde la realidad del paro y contratos basura supera todos los días al deseo legítimo de trabajar. Comparto con él el análisis de las responsabilidades públicas y asociadas sobre la situación en España por la tímida reacción pública y empresarial ante la revolución digital, pero hay que poner cada cosa en su sitio. El desastre actual no es de claro matiz digital, sino atómico, consecuencia de un mundo global y su efecto espejo en España, donde cada vez que estornuda Estados Unidos, Europa coge una pulmonía y España entra con facilidad en cuidados intensivos.

¿Nuevos tiempos modernos? Es verdad que muchas veces percibimos que estamos equivocados de siglo, sobre todo cuando sentimos la necesidad de bajarnos de este mundo y buscar otro desesperadamente, más humano, con posibilidad de trabajo digno y estable para todos. Además, porque mi teléfono inteligente no tiene aplicación alguna que me ayude a entender este siglo XXI que, siendo simultáneamente atómico y digital, estoy obligatoriamente obligado a entenderlo, vivirlo y trabajar… en él. A veces, sin que ni siquiera me comprenda a mí.

Sevilla, 18/V/2016

NOTA: el vídeo se ha recuperado hoy de https://www.youtube.com/watch?v=v3q7cCD6C84

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