Nos queda… la palabra justa, la palabra

El día siguiente a la celebración del Día Internacional de la Mujer, cuando volvemos al terco camino de la vida corriente del día a día en minúscula, deseo compartir con la alfombra pensante de la humanidad, que es lo que llamamos hoy Internet o Noosfera, según Teilhard de Chardin, un vídeo efímero que se podrá ver hasta mañana viernes a través del portal web de El País. Trata del sorprendente trabajo de una mujer, Tita, una maestra en el pleno sentido del término “maestra” que tanto admiro y que aprendí en su auténtico sentido de ser a través de la que tuve durante años complejos en Madrid, Dª Antonia. Después, se tendrá que localizar una vez que la productora lo introduzca en el mercado cinematográfico documental que ya sabemos lo que sufre en el mundo actual, tan sabio él, como cantaba sobre la ciencia Enrique Morente: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

El título del documental es el hilo conductor de la enseñanza de Antía Cal, Tita, cuando al terminar la clase de cada día pedía a los niños y niñas que resumieran en una sola palabra cómo había sido su experiencia: “allí [su escuela] inventó un juego: la palabra justa. Al terminar la clase cada alumno debía escribir en un papel de manera sintética lo que había aprendido. Si fuera posible, en una sola palabra. Entre todos elegían la mejor respuesta” (1). Tenía que ser “la palabra justa”. He visto con admiración y respeto el documental y creo que sería una buena práctica si cada día buscáramos al finalizar el día el momento de pensar en un rincón imaginario de nuestra persona de secreto y compartiéramos con las personas que queremos “la palabra justa” del día. Probablemente, asistiríamos a un momento mágico de conocimiento y respeto con lo que mejor nos queda…, la palabra, aunque perdamos a veces la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua. Porque, aunque perdamos la voz en la maleza diaria, nos queda la palabra, gracias a Tita la palabra justa, la palabra.

Sevilla, 9/III/2017

(1) Álvarez, Pilar (2017, 8 de marzo), Una palabra para Tita, El País.com

Samuel, de apellido Kabamba

yassine-chouati-welcome Yassine Chouati, Welcome (2016)

Se ha confirmado que el niño que apareció muerto en una playa de Barbate el pasado 27 de enero, se llamaba Samuel, hijo de Aimé Kabamba, filiación que se ha demostrado por la prueba de ADN a la que se ha sometido quien decía ser el padre del niño, naturales de la República Democrática del Congo. Tras esta gestión, el cadáver de Samuel será repatriado a su país natal, del que nunca debería haber salido en las condiciones que lo hicieron su madre y él, habiendo fallecido ambos en la dura travesía hacia un mundo mejor que creían que se iniciaba en el Sur de España.

Le dediqué unas palabras de cercanía y dolor el pasado 30 de enero, cuando se supo que se había encontrado el cuerpo de este niño, recordando lo que sucedió meses atrás con otro niño, Aylan, en una fotografía que conmovió al mundo: “Parece como si tuviéramos integrada la muerte de los que siguen buscando un mundo diferente atravesando el mar que separa Marruecos de España. Todo parece…, que si procedía la embarcación del Cabo Espartel (Tánger), que si venían unos cinco ocupantes, que si el cadáver parece ser de un niño de cinco a siete años…, que probablemente se llamaba Samuel, hijo de Veronique, naturales de la República del Congo, que tampoco ha aparecido desde que naufragaron a mediados de este mes, muy cerca de la costa de Cádiz”.

Tengo grabadas en el corazón de mi persona de secreto la experiencia que tuve el verano pasado cuando asistí a la inauguración de una exposición del artista plástico marroquí, Yassine Chouati, por el tratamiento que daba al problema de las dos orillas que han protagonizado la muerte de Samuel y su madre, junto a otros emigrantes. Lo dije en aquél momento, refiriéndome a uno de los tres espacios que presentó, denominado “Welcome”: “Este espacio sitúa al espectador en el estrecho de Gibraltar, donde las imágenes que se contemplan en los cuadros recogen el sentimiento de pérdida de identidad del fenómeno migratorio, porque en esa dura travesía en busca de la dignidad, se pierde casi todo, incluso lo más preciado del ser humano, la vida. Pretende que nos demos de bruces con esa realidad, tan cerca de Andalucía, como aviso para navegantes de la dignidad, para que interpretemos qué significa partir a pesar de todo, dejando atrás lo que nos pertenece, casa, tierra y parentela en un éxodo redivivo. La gran pregunta que flota en el ambiente de la primera sala es si es posible adentrarnos en el significado de lo que vemos, es decir, dejarnos intranquilos en la búsqueda de identidad de objetos perdidos por la indignidad que sufren personas que están mucho más cerca de nosotros de lo que creemos”.

No he querido olvidar este momento al conocer la noticia de la confirmación de paternidad de quien sabía que Samuel era su hijo por un detalle: el abrigo marrón que todavía llevaba cuando fue rescatado en una playa andaluza y deseo compartirlo con los que hacen camino conmigo al andar, mientras me dirijo al Club (todavía virtual) de las Personas Dignas al que me honro pertenecer, para compartir el silencio activo frente al cómplice.

Los silencios cómplices del mundo deben ser denunciados todos los días y también los pequeños silencios en los que podemos participar a diario si no somos capaces de solidarizarnos de forma activa con los que tanto sufren. Lo merecen hoy Samuel y Veronique, su madre.

Sevilla, 6/III/2017

NOTA DE INTERÉS CULTURAL: Yassine Chouati expone su obra desde el pasado viernes, en el Espacio Laraña de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, que permanecerá abierta hasta el 16 de marzo, en una exposición con un hilo conductor de compromiso activo: Partir para contar. Es importante verla, sentirla y compartirla.

Justa y Rufina

rufina

Las he contemplado de cerca en la exposición comisariada por Gabriele Finaldi, director de la National Gallery, que la Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (Focus) ofrece en Sevilla en el Hospital de los Venerables hasta el próximo 2 de abril, retratadas de forma especial por dos paisanos y artistas de su tierra, Velázquez y Murillo, juntas por primera vez gracias a la cooperación de dos instituciones, una andaluza y otra americana, que han permitido este encuentro en su ciudad de nacimiento. De forma consciente me he acercado a ellas para comprender su historia, apeándolas personalmente de su santidad y queriendo entender el porqué de su veneración en esta sacrosanta ciudad.

Todo lo que he leído y que no acepta la trazabilidad histórica de su origen trianero o sus martirios prolongados, me sugiere una forma de acercarme a ellas de forma diferente, mucho más humana y menos transcendental. Se puede aceptar por la tradición oral que Justa y Rufina eran hermanas, que vivían en Híspalis y que pertenecían a una familia alfarera, sin concretar que fuera Triana en un principio su lugar de nacimiento. ¿Qué fue antes, Triana o el alfar? A los efectos ejemplares no me importa esta ausencia de la pertenencia a una de las dos «Sevilla» que tanto pesan en el corazón dual de esta tierra. Eran tiempos imperiales, romanos, de convivencia cristiana con deidades de diverso cuño y donde era complicado exteriorizar las creencias sin un seguidismo ciego del poder. Con sus consecuencias del compromiso activo, sobre todo para los cristianos de fe firme.
Probablemente, no estaban de acuerdo con aceptar la obligación de seguir las fiestas romanas a ciegas y esto supuso un gran problema de convivencia en su barrio, llegando a un tratamiento vejatorio por su singularidad. Todo lo demás, es pura tradición y subida a los altares de dos mujereas sencillas que en el barroco se ensalzaron de forma espectacular.

Esta historia sencilla era la que tenían en su persona de secreto Velázquez y Murillo cuando la retrataron para la posteridad. Sus pinceles trasladaron al óleo lo que habían escuchado a sus padres sobre ellas desde su infancia en Sevilla, porque había pasado de abuelos a hijos y nietos la tradición oral de los martirios atribuidos al imperio romano y que habían sufrido por su pertinaz fe estas dos mujeres sevillanas, alfareras y de firme convicción cristiana.
Las he contemplado un tiempo y he querido vivir esta experiencia de sencillez que me transmitían con su mirada. Tres pinturas excelentes, de dos maestros especiales. Ambas, están felices estos días y desde el año pasado en Sevilla, porque comparten espacio de exposición de su vida, de su historia, interpretada por dos maestros del barroco sevillano.

Esa es la razón de por qué hoy pensamos muchas veces que otra otra forma de comprender el mundo de la santidad es posible, porque el que aprendimos a vivir con justificaciones creacionistas se agota por horas. Y eso que cuando era pequeño me encantaba Peter Pan, aquél defensor acérrimo del mundo de nunca jamás. O Jesús de Nazaret, cuando se dormía en el cabezal del barco por lo cansado que estaba…, no por sus milagros, tal y como nos lo comentaba en un directo increíble el joven periodista Marcos. O Rafael Alberti, que me recuerda siempre que cuando se abre el debate de pensamiento y sentimiento, hay que escuchar siempre el corazón, sencillamente porque es más fuerte que el viento.

Volviendo a la exposición, dentro de un mes volverán a separarse estas dos mujeres, porque ésta es la realidad de los tiempos modernos. Rufina, según Velázquez, se queda en Sevilla y Justa, según Murillo, regresa a Dallas en Texas, dejando atrás a Sevilla, Triana y, ambas, una historia que se nos escapa de las manos y quizá del pensamiento lógico, aunque no del corazón. De las dos, me quedo con la mirada penetrante de Rufina, según Murillo y Velázquez, en eso coinciden, porque te miran directamente a los ojos, como comprendiendo lo que significa la memoria histórica de esta ciudad para que algún día entendamos su verdad dual. Aunque Rufina, según Murillo, se marche otra vez tan lejos…

Sevilla, 5/III/2017

NOTA: la imagen de Santa Rufina se ha recuperado hoy de: https://velazquezmurillosevilla.com/obras/#jp-carousel-209

Lo que no se olvida

sucesos-vitoria

Hoy se cumple el 41 aniversario de la muerte violenta de cinco trabajadores en los llamados “sucesos de Vitoria”, cuando España daba los primeros pasos para la Transición que tanto se critica ahora, desgraciadamente, por la forma en que se desarrolló. Aquella tragedia comenzó a las cinco y diez de la tarde del 3 de marzo de 1976 cuando efectivos de la Compañía de Reserva de Miranda de Ebro y de la guarnición de Vitoria de la Policía Armada desalojaron de la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga a 4.000 trabajadores en huelga reunidos en asamblea. Wikipedia recoge aquella situación en los siguientes términos: “La policía lanzó gases lacrimógenos al interior de la iglesia y disparó con fuego real y pelotas de goma a las personas que salían del recinto. Murieron 5 personas y fueron heridas de bala más de ciento cincuenta”. Los fallecidos fueron: Pedro María Martínez de 27 años de edad, trabajador de Forjas Alavesas y Francisco Aznar Clemente de 17 años de edad, estudiante y operario de panadería, que fallecieron en el mismo lugar de los hechos. Romualdo Barroso Chaparro de 19 años y José Castillo de 32 años, que resultaron gravemente heridos en la intervención de la Policía fallecieron posteriormente. Bienvenido Pereda de 30 años, trabajador de grupos Diferenciales, falleció posteriormente.

Estos hechos marcaron un punto de inflexión de mi vida, hasta el punto de que al haber hecho referencia a estos gravísimos incidentes en una intervención pública mía unos días después, sufrí persecución de autoridades académicas y sanitarias en el hospital en el que trabajaba hasta el límite de tener que abandonar mi puesto de trabajo y comenzar un nuevo ciclo de vida, en términos puros y duros de giro copernicano. Recuerdo la cercanía que encontré siempre, entre otras muchas personas, en Manuel Gerena, el cantautor al que Alberti siempre recordaba por su apellido porque «consonaba muy bien con la pena».

Nunca paso por alto esta fecha en mi vida de secreto. Sigo pensando que la muerte violenta de Pedro María, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido, por el mero hecho de hacer una huelga, manifestarse y encerrarse en una iglesia, fue un hecho luctuoso definitivo para que este país iniciara una Transición imprescindible en un país tan dual como el nuestro, por mucho que algunos la nieguen hoy sin mucho escrúpulo político. Para mí, algo tan transcendental cómo para hacer una opción por trabajar sin descanso a favor de la democracia, incorporándome a la lucha diaria hasta hoy para que el interés general presidiera siempre mi quehacer cotidiano. Para no olvidarlo, ni siquiera un momento.

Sevilla, 3/III/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.buscameenelciclodelavida.com/2016/03/vitoria-3-de-marzo-de-1976.html

La historia triste de un autobús naranja

chrysallis

Todo empezó en enero de este año con la campaña promovida por la Asociación Chrysallis Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales, sencilla y directa, en el País Vasco y Navarra: hay niñas con pene y niños con vulva. Causó bastante impacto y su material didáctico es muy interesante consultarlo, porque no se conoce bien la situación de niños y niñas que viven esta realidad y necesitan que se maneje de forma correcta e integradora.

Ahora, la plataforma Hazte Oír, comenzó una campaña el pasado lunes a través de mensajes tránsfobos en un autobús de llamativo color naranja, del siguiente tenor: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo«, como respuesta a la iniciativa de Chrysallis. Según noticias de prensa de esta mañana, “El magistrado de Instrucción número 42 de Madrid ha ordenado que se prohíba la circulación del autobús tránsfobo fletado por esta organización ultracatólica, que a principios de semana recorrió las calles de Madrid con mensajes provocadores y que tenía previsto iniciar una ruta por varias ciudades de España. El juez, que considera que esta campaña se dirige a personas con una orientación sexual «distinta» para lesionar su «dignidad», ha adoptado esta medida con carácter cautelar para evitar una «perpetuación» de un posible delito y ha dictado que el autocar no puede salir a la vía pública hasta que no retire los mensajes contra la transexualidad que luce en sus costados” (1).

Está en discusión la traída y llevada libertad de expresión, a la que se recurre últimamente con demasiada rapidez en todo el país en casos controvertidos, pero es evidente que este autobús no es inocente y juega con realidades vitales de niños y niñas que en un Estado de Derecho se deben controlar, de acuerdo con la Ley y el citado Derecho. Hay que dejar actuar a la justicia y respetarla una vez más.

Viviendo esta realidad, he recordado en tal sentido y cambiando lo que haya que cambiar, un artículo que escribí en 2015, El autobús de la libertad, porque en aquella experiencia se utilizaba también un autobús pero como medio necesario para llevar esperanza a hijos e hijas de presos de Cochabamba, en Bolivia y que me conmovió: “Todos los días, un autobús desvencijado recorre las calles de Cochabamba, en Bolivia, para recoger niños y niñas que viven con sus padres en las cinco cárceles de la ciudad y que permiten que los hijos de los presos vivan con ellos. Son unas condiciones infernales, porque exige a estos padres un trabajo suplementario en el comedor o la lavandería de la cárcel para ganar el dinero que cuesta que vivan con ellos, pero lo hacen encantados porque están convencidos de que sus hijos e hijas son felices todas las mañanas esperando el autobús financiado por el Centro de Apoyo Integral Carcelario y Comunitario (CAICC), para asistir a clase y porque los lleva a una vida de libertad y conocimiento: “Mi guagüita vive en la cárcel, pero ella no está detenida. Toditos los días esperamos al bus, Pepa vuelve contenta” (2). Y lo que es mejor: saben que vuelven todos los días, sin daño alguno, con lo poco que vale la vida en esa ciudad”.

Nada que ver con el autobús naranja de Hazte Oír, que no es de libertad y que provoca dolor en personas afectadas, sobre todo niños y niñas “diferentes”, que merecen toda la protección social y respeto de la sociedad en la que deben crecer como personas dignas. Historia triste.

Sevilla, 2/III/2017

(1) http://politica.elpais.com/politica/2017/03/02/actualidad/1488444432_091924.html

(2) Silva, Melisa (2015, 25 de junio). El país de los niños encarcelados. El País.com (Planeta Futuro).

América, camisa blanca…

Probablemente habrá pasado desapercibida la noticia, pero las 78 mujeres demócratas que estuvieron presentes en el discurso de Trump ayer, miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quisieron expresar con su atuendo teñido de blanco un hecho muy importante en su historia frente a los desmanes de corte y confección del Presidente Trump, muy preocupado por el atuendo que deben llevar las mujeres de su equipo de desgobierno. ¿Por qué de blanco? Sencillamente porque el color blanco representaba el movimiento sufragista de principios del siglo XX en EEUU, cuando alcanzó su momento histórico inolvidable en 1919, al aprobar el Congreso la 19ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, que determinaba que “ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberá negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”. Ratificada el 18 de agosto de 1920, la 19 enmienda se convirtió en ley nacional.

Siempre recuerdo a tal efecto de Trump una anécdota no inocente que nos ha legado la memoria histórica de los que se preocupan más de las apariencias que de las quintaesencias. Diógenes de Sínope, aquel filósofo que buscaba hombres por todas partes, prototipo de la escuela cínica y que aspiraba a ser todo un hombre, estaba un día en los baños al mismo tiempo que Aristipos de Cirene, el cirenaico. Éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Llevado a la telerrealidad que tanto gusta a Trump, le pasa lo mismo que a Diógenes de Sínope que dado su nivel cultural dudo que sepa quién es en la historia de la humanidad, a veces tan mal contada.

Vuelvo a escuchar una canción preciosa de Víctor Manuel y cantada por Ana Belén, España camisa blanca…, que habla de la simbología del color blanco como esperanza para un país que nacía en esos momentos a la auténtica democracia. Me gustaría dedicársela a Trump, que sé que no me estará escuchando, para que atienda otras voces de cómo hay que gobernar con un traje que no sea el del emperador del cuento de Andersen:

España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza
la pena deja plomo en las alas
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

La letra se podría convertir en un himno cantado por las 78 representes demócratas que, de paso, sustituyendo España por América, que sería también un homenaje al mundo hispano en EEUU, que entiende muy bien estas palabras tan molestas para Trump. Porque es su lengua y las palabras que les quedan.

Sevilla, 1/III/2017

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