El espíritu de la contradicción

 

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Mujeres hablando. Luis Garay

No tenga espíritu de contradicción, que es cargarse de necedad y de enfado. Conjurarse ha contra él la cordura. Bien puede ser ingenioso el dificultar en todo, pero no se escapa de necio lo porfiado. Hacen éstos guerrilla de la dulce conversación, y así son enemigos más de los familiares que de los que no les tratan.

Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia (1647)

He conocido hoy a través de la lectura de un artículo muy interesante, Puritanismo, dame el nombre exacto de las cosas, del periodista y escritor Juan Cruz, que en una obra de Guillermo Cabrera Infante se cita la existencia de una tribu, Los Contradictorios, que para dar fe de su nombre y como marca de la casa se sientan siempre de espaldas, al revés de todo el mundo. Recuerdo también a mi abuela cuando se ponía solemne y decía muy a menudo: fulanito y menganita (a los que yo conocía normalmente) son el espíritu de la contradicción. Aquella frase me sobrecogía porque me daba miedo pensar en espíritus sueltos que siempre les parecía mal lo que todos aprobábamos como que era bueno en cualquier orden de la vida. Peor todavía me lo pone, si cabe, la Real Academia Española: Genio inclinado a contradecir siempre. Me pierdo con ese tipo de genios.

Contradicción es la acción o efecto de contradecir, del latín Contradicĕre que, dicho de una persona, significa decir lo contrario de lo que otra afirma, o negar lo que da por cierto. Cuando se dice de una cosa, se trata de probar que algo no es cierto o no es correcto. Por ejemplo: los datos contradicen las previsiones (RAE). Estamos viviendo tiempos modernos de eterna contradicción, muy sutil a veces por la aparición de un nuevo fenómeno de masas que se llama la posverdad, en tiempos de transparencia. Cuando nos enteramos de lo que verdaderamente pasó, constatamos que la verdad contradice normalmente lo que nos cuentan determinados voceros de la vida y que cada uno asigne ese rol como corresponda, donde nace, crece y se multiplica. Ese espíritu de contradicción, que no se amilana y busca siempre la verdad ante los conformistas de toda la vida, que viven instalados en las mentiras que nunca se contestan, me gusta y ya no me asusta.

Por el contrario…, no me gusta hacer guerrilla de todo lo que se mueve, que diría Gracián, sino salir al camino de la vida cada día, buscando la verdad para todos cara a cara, no la tuya o la mía, que siempre debemos guardar. También lo diría mi abuela: otro gallo nos cantaría, sin contradicción alguna y sin tener que sentarnos de espaldas a la vida, como Los Contradictorios, a los que citaba con gracejo Cabrera Infante. Si seguimos por esta senda contradictoria permanente, solo “nos cargaremos de necedad y enfado”. Estamos avisados, porque como pasa con el colesterol, también existe la contradicción buena y porque necesitamos hoy más que nunca la dulce conversación. Impecable, Gracián.

Sevilla, 26/VI/2017

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