En ausencia de Basilio Martín Patino

Cuando alcanzamos una determinada edad, somos más sensibles a las ausencias de personas que por una razón u otra, han significado algo o mucho en nuestras vidas. Es el caso de Basilio Martín Patino, posiblemente un gran desconocido para las generaciones actuales, pero que para la mía, en concreto, fue un referente para identificar señas de identidad de la ansiada libertad cósmica, polivalente, en este país. Lo conocí a través de una gran película, Nueve cartas a Berta, que comienza con una cita inolvidable de Antonio Machado: «Esta es la historia de un español que quiere vivir, y a vivir empieza». Era lo que me pasaba a mí, alma inquieta hasta la muerte, porque en 1966 me aproximaba a la mayoría de edad, algo que soñaba como mágico para tomar las riendas de mi azarosa vida.

He recogido un fragmento de la crítica de la película que hizo la revista Fotogramas en enero de 1966, que me parece muy interesante sin olvidar el contexto que en una ocasión le recuerda a Lorenzo (el protagonista), su padre (falangista de pro), sobre las dos Españas, donde una helaba el corazón: “(…) Basilio Martín Patino ha hendido de tal forma en esa carne de su generación universitaria, que no sólo ha logrado su propósito, sino que su obra quedará como una auténtica vivisección de su época y sus gentes. El filme de Basilio Martín Patino que tal vez esté divorciado de eso que aquí llaman espectáculo, supone, por el contrario, un ejercicio moderno, escrito con gran belleza, al que podemos considerar como el análisis de una vida –mejor, de muchas vidas-. La rabia del autor está metida aquí en muchas cosas, pero también el dolor y la tristeza. Y será difícil que alguien que haya vivido, aunque sea de lejos, los problemas de los universitarios “de provincia”, no quede conmovido ante este verdadero espectáculo que se nos ofrece repleto de aciertos cinematográficos”.

Seguí de cerca su obra cinematográfica y procuré no “perderme” ninguna película de este excelente director, que hizo siempre películas no inocentes, en el sentido que tantas veces he defendido en este blog y aprendido del escritor neo-marxista George Lukács, precisamente en los años setenta del siglo pasado sobre la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (1).

He recordado con estas palabras la realidad del tiempo y de quienes son sus protagonistas o estrellas invitadas, alguna vez, en la vida de cada persona. Cuando no encontramos respuestas ante la realidad de la muerte, siempre recuerdo la de una persona simbólica, el Eclesiastés, que ante tres preguntas claves sobre la vida, ¿qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra? y, por último, ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?, solo da una respuesta en el capítulo siguiente. Primero, la respuesta está en el silencio de Dios, porque ese capítulo 3 de las preguntas, acaba de forma contundente para los que defienden creencias teístas: las respuestas no las vamos a conocer nunca porque “[Dios] también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue [nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin” (Eclesiastés 3, 11). Y sigue el capítulo 4 con una explicación preciosa: hablemos de amistad, porque la solución está en creer en ella, dado que si es auténtica es como la cuerda de tres hilos, que nunca se puede romper. Porque si te caes, siempre habrá alguien cerca para levantarte. De cualquier caída, de cualquier derrota, de cualquier ausencia. Hoy, la de Basilio Martín Patino.

Sevilla, 13/VIII/2017

(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4s.

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