Para la libertad…, en Cataluña

Me duelen las críticas recientes a Serrat por posicionarse con claridad rotunda en relación con el denominado conflicto de Cataluña, que crea “[…] una situación de una gran fractura social que, a mi modo de ver, va a costar muchísimo tiempo recuperar”. Me duelen también los insultos que ha recibido, sobre todo porque recuerdo cómo resuenan en su voz las palabras de Miguel Hernández en un poema muy profundo (El Herido), para la libertad, que tantas veces hemos escuchado con silencio reverencial, aunque muy pocos conocían su contexto en la mente y corazón del poeta de Orihuela. Especialmente en aquel año, 1972, en plena dictadura, cuando la escuchamos por primera vez con la voz de Serrat y cuando no era fácil hablar de esta palabra en una de las dos Españas, con el corazón helado y secuestrada por el régimen franquista.

Las escucho estos días una y mil veces, como andaluz agradecido, con la música y voz de Serrat, un catalán confeso, que deberían resonar en miles de altavoces situados en Cataluña, para no adulterar palabras tan valiosas que en boca de todos no significan lo mismo. Todos no somos iguales, ni las personas que forman el pueblo catalán tampoco. Pero no deberían tocar esta palabra, libertad, para mancharla con actitudes impresentables algunos o muchos, porque la auténtica libertad es la que te permite decidir y expresar libremente tus opiniones, respetar la Ley, la Constitución, para expresar algo que durante millones de años se ha comprendido muy bien por el ser humano de bien y como ciudadanos del mundo, más allá de muchas fronteras.

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

MIGUEL HERNÁNDEZ, El herido (II)

Antes del 1 de octubre, aún tenemos la vida para reconsiderar una situación que se ha desbordado y que necesita, con urgencia, una futura mirada. La del día siguiente.

Sevilla, con inmenso respeto al pueblo catalán, el 28/IX/2017

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