Refugiados y migrantes, viajeros de la desesperación humana

UNHCR

Como pequeño homenaje a los tripulantes del barco de Proactiva Open Arms retenido en Sicilia durante días y ya liberado, así como a los voluntarios de Andalucía que en su momento fueron detenidos por actuar solidariamente en Lesbos, con acusaciones graves de delitos de organización criminal a personas y ONG´s, a las que solo les ha preocupado recoger en el mar a las personas que buscan una vida digna que no pueden encontrar en sus países de origen. Para que no mueran en el Mediterráneo, en estos viajes desesperados, a veces, a ninguna parte.

El jueves pasado me impactó una imagen reveladora e íntima de un grafiti, Personas refugiadas, ¡Bienvenidas!, en una acera de la Sevilla vieja, recordando las de Jane Jacobs, que me devolvió al principio de realidad de migrantes y refugiados, por sus viajes desesperados a alguna parte: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). Me pre-ocupó [sic] de nuevo, aunque es noticia diaria en los informativos del primer mundo. Hoy, he querido conocer a fondo la situación actual en nuestro entorno, obteniendo datos objetivos y contrastados como paso fundamental para emitir juicios bien informados.

REFUGIADOS

Sevilla, 12 Abril 2018 / Grafiti con plancha troquelada, junto a la muralla de la Macarena / JA COBEÑA

He localizado un informe magnífico elaborado por UNHCR, Desperate journeys, que recoge la situación actual más próxima a 31 de marzo de 2018, en la que podemos apreciar que España, junto a Italia y Grecia, es el país al que llegan un gran número de migrantes todavía, a través del Mediterráneo, con especial relevancia y por países de origen (por este orden), desde Marruecos, Argelia, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Gambia, Siria, Camerún, Mali, otras nacionalidades subsaharianas y Guinea- Bissau. Hacen un total, desde enero de 2018, de 5.000 personas, 3.385 por mar y 1.615 por tierra, con una distribución proyectada (según datos de 2017) del 14% de niños, 9% de mujeres y 77% de hombres, no disponiéndose en la actualidad de un dato estremecedor en referencia a niños no acompañados y separados de sus padres.

Son dos realidades sangrantes para nuestro país, la de los migrantes y la de los refugiados, con bases legales de atención diferentes, pero que confluyen en la capacidad de este país para atender situaciones inhumanas que claman al cielo. Creo que no somos conscientes del sufrimiento que generan estos viajes desesperados hacia una realidad humana y social diferente, donde se pueda compartir segundos de vida digna. Para tranquilizar sus almas. Vivimos muy ajenos a estas situaciones reales y muy próximas, que utilizan un mar que cantamos históricamente como hermoso y tranquilo, en una contradicción memorable, que llevó a Joan Manel Serrat a cantar “Mediterráneo”, desde la tragedia de Alepo en Siria, con sumo cuidado y respeto reverencial a los migrantes y refugiados que pierden con frecuencia su vida en él, porque ese mar maravilloso se ha convertido en la sepultura de miles y miles de refugiados que escapan también de sus países de origen, en un auténtico sinsentido. Además, porque los que mueren a cientos en ese mar ya no serán desgraciadamente caminos para nadie, tampoco le darán verde a los pinos ni amarillo a la genista.

Lo dije en 2016, en un artículo solidario con la tragedia de Alepo, que vuelvo a reivindicar hoy con la misma fuerza: “Quizá solo nos queden unas palabras, que nos permitan recordar una estrofa de la canción [Mediterráneo] que todavía me estremece pensando en Alepo, dejándonos solos con nosotros mismos y como asumiendo en el “yo” mayestático una cierta responsabilidad sobre lo que está pasando en esta guerra [en Siria] tan absurda: “Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul / para que pintes de azul sus largas noches de invierno. / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”. Como la de la madre e hija, eritreas, que figuran en la portada del informe de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas, citado anteriormente y que encabeza este artículo, que miran con profunda tristeza su realidad tan cercana y tan viva. Para que no los olvidemos, ni siquiera un momento, en nuestra alma profunda y oscura, porque al conocer esta realidad tenemos en nuestra piel el sabor amargo del llanto eterno.

Sevilla, 19/IV/2018

(1) Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

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