Contra Todo Esto, solo nos queda la Dignidad y la Vergüenza Activa

CONTRA TODO ESTO1

Cada día que pasa suelo hacer la lista de la indignidad cercana, la que me rodea sin contemplaciones. Es una lista de Todo Esto, que recuerda a Todo Aquello, porque de aquellos polvos vienen ahora estos lodos. Sufro mucho con esta situación porque viví en la época de la no Transición del Régimen Anterior, es decir, Todo Aquello, sintiendo algo más que desasosiego, porque ahora tengo que poner nombre a Todo Esto que me rodea, que tengo que identificar bien, avanzando en desfiladeros existenciales en zona comanche permanente, sin la valentía e intrepidez aprendidas en mi niñez rediviva del General Custer o Errol Flynn (tanto monta, monta tanto), en los que de manera arrogante y sin despeinarse avanzaba con su Séptimo de Caballería para deshacerse de Caballo Loco o Víctor Mature (otra vez, tanto monta, monta tanto). La vida es una película que forma parte de la filmoteca particular, que nunca tiene problema de espacio de almacenamiento gracias al maravilloso cerebro. Gratis total. Es lo que nos diferencia del mercantilismo de los necios, porque no confundimos valor y precio.

Estando en estas cuitas, me he acordado de nuevo de un amigo virtual, de nombre Manuel (Rivas), a modo del que yo descubrí cuando era niño a través de Marcelino, Pan y Vino o Pablito Calvo (nada, que no hay manera, tanto monta o monta tanto), también de nombre Manuel, cuando de forma especial hablaba con él: “En sus juegos, Marcelino siempre contaba con un personaje invisible. Este personaje era el primer niño que él había visto en su vida. Ocurrió una vez que una familia que se trasladaba de un pueblo a otro fue autorizada por el padre Superior a acampar cerca del convento para poder suministrarse de agua y otras cosas que necesitaba. lba con la familia el menor de sus hijos, que se llamaba Manuel, y allí conoció por primera vez Marcelino a un semejante suyo de parecida edad. No había vuelto a olvidar a aquel niño con el que apenas si había cambiado algunas palabras durante el juego. Desde entonces, Manuel estaba siempre a su lado en la imaginación y era tal la realidad con que Marcelino le veía, con su flequillo rubio sobre los ojos y las respingadas naricillas nada limpias, que llegaba a decirle: Bueno, Manuel, quítate de ahí; ¿no ves que me estás estorbando?”

He vuelto a encontrar en mi vida real a Manuel (Rivas), a través de su última obra, Contra Todo Esto. Un manifiesto rebelde, que he comenzado a leer con ilusión para encontrar respuesta a Todo Esto que nos Rodea. A él le debo esta reflexión de hoy, porque la dignidad ya no debe esperar más ante Todo lo que está ocurriendo. Él lo explica muy bien y en esa tarea estoy. Me ha dicho que “en la Oficina de Todo Esto, un concierto de manos muy visibles, hábiles en lo suyo como croupiers en el casino de Todo Esto, componen la gran mano invisible que mueve los hilos y toca teclas para mantener Todo Esto”.

Y repaso la lista de Todo Esto que me deja por unos minutos con cierto sigilo, hasta que pueda leerla con el detalle y compromiso que me anima a seguir perteneciendo al Club de las Personas Dignas y con Vergüenza Activa. También, para que la difunda a todos sus miembros porque es una tarea urgente, porque “la vergüenza, me dice, “abre paso a la esperanza, porque no se espera y hay que arrancársela de los brazos al conformismo”:

Todo Esto es descivilización.
Todo Esto es retroceso y rearme.
Todo Esto es la producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades.
Todo Esto es la sustracción de la democracia.
Todo Esto es la producción de grietas de desigualdad.
Todo Esto es el desmantelamiento de los espacios comunes.
Todo Esto es la producción del odio hacia el otro, al diferente.
Todo Esto es el machismo como sistema.
Todo Esto es la guerra contra la naturaleza y la caza de los ecologistas.
Todo Esto es la domesticación intelectual.
Todo Esto es la indiferencia y el cinismo.
Todo Esto es paraísos fiscales, corrupción sistémica, una mezcla de la economía gris y la criminal.
Todo Esto es la creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza.
Todo Esto es desmemoria, o peor aún, contramemoria.

Me siento en un rincón del Club de las Personas Dignas (y con Vergüenza) y comienzo a leer su libro, un manual necesario en Tiempos de Crisis, porque la dignidad y la vergüenza me ayudan a comprender que una transformación de Todo Esto es posible. Gracias a Manuel Rivas, mi amigo visible, dándole vueltas a la cabeza y al alma porque no olvido algo que escribí hace ya unos años en mi cuaderno de secreto: una persona digna es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente.

Sevilla, 21/IV/2018

 

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