Úbeda: abierta por obras

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Retablo de la escopeta (Iglesia de San Lorenzo, Úbeda). Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Heli García.

Hice caso a la recomendación de Antonio Muñoz Molina (1): “Si un amigo visitara Úbeda y solo pudiera llevarlo a un sitio, le daría un paseo desde el mirador de San Lorenzo hasta el del Salvador por el contorno de la muralla, porque la vista del valle del Guadalquivir es memorable”. Así fue y es el mejor resumen de mi visita reciente a esta preciosa ciudad renacentista. Eso hicimos, pero en el contexto de la infancia del escritor, visitando su querida Plaza de San Lorenzo, donde se ubica su casa natal y la iglesia del mismo nombre, con una historia reciente que me sobrecogió. La visita al mirador vino después, como colofón de una aventura inolvidable. El azul absoluto que según Muñoz Molina se divisa desde el mirador, se convirtió esa mañana en gris pleno por el azar del dios tiempo.

Tuvimos la oportunidad de visitar la iglesia de San Lorenzo, en restauración continua, una experiencia extraordinaria llevada a cabo por la Fundación Huerta de San Antonio (FHsA), que se ha salvado de su ruina definitiva gracias al esfuerzo de personas entusiastas y comprometidas con la cultura abierta de una ciudad. El lema “San Lorenzo, abierto por obras”, no es inocente y representa el hilo conductor de su actividad actual: “Todas las actuaciones de la FHsA están englobadas bajo el epígrafe «Abierto por obras», fruto de la colaboración con la Fundación Catedral de Santa María de Vitoria, cuyo espíritu es el de compartir el conocimiento generado por un patrimonio considerado universal. Así sucede con todas las intervenciones de restauración llevadas a cabo en la Iglesia de San Lorenzo, como es la recuperación del alfarje del siglo XIV o las catas arqueológicas realizadas para conocer su historia”.

El Retablo de la escopeta, que preside el Presbiterio de San Lorenzo, es una obra reciente (2018), coral, de Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Heli García, que utiliza de forma alegórica el esquema compositivo del cuadro de Tiziano sobre el martirio de San Lorenzo. El soldado-cazador (autorretrato de Juan Vida), la estatua del general Saro a modo de representación franquista y las figuras de los otros dos autores del cuadro emergiendo de un huerto como guiño irónico a la película Amanece que no es poco, bajo la presidencia de una hoguera aludiendo sin ambages a San Lorenzo, nos llevan de la mano a un surrealismo puro en un templo en el que el dios de Alberti quizá conteste con alma humana a la pregunta de un turista descreído: “dime a lo que a nadie le dirías cuando tu corazón anonadado gime…”, tal y como nos lo contó en Roma, peligro para caminantes.

El gris absoluto que envolvía la Sierra Mágina en mi visita a Úbeda me recordaba el sentimiento de García Márquez cuando nos explicaba qué significaba en su vida la hora malva de Cartagena de Indias: “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer…” (2). Yendo de un lado a otro del Mirador situado en la iglesia de San Lorenzo y escuchando atentamente las explicaciones sobre la historia de esa maravillosa aventura laica y cultural, comprendí también a Gabo en su eterno ir del timbo al tambo de la vida “peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Pasé de la historia renacentista de los diseños de Vandelvira en la Úbeda de toda la vida, con su magnificencia de autor reflejada en iglesias y palacios, a los restos arqueológicos de una iglesia desacralizada que mostraba su voluntad de estar abierta a la ciudadanía en su obra permanente. Imaginé por unos instantes que San Lorenzo, encumbrado hoy en la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, volvería encantado a su hogar primitivo, humilde, a su hornacina del barrio querido de Antonio Muñoz Molina, de donde nunca debería haber salido.

Lo que constaté es que Úbeda es preciosa… cuando está abierta por obras.

Sevilla, 30/I/2019

(1) https://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/05/05/actualidad/1462440053_872414.html
(2) García Márquez, Gabriel (2014). Vivir para contarla. Barcelona: Random House.

El sueño de Martin Luther King sigue vivo en su Día: más unidad, más igualdad, más democracia

Hoy se celebra en Estados Unidos el Día de Martin Luther King, convirtiéndose en un día festivo al celebrar la fecha de su nacimiento, el 15 de enero de 1929, que según la tradición americana debe coincidir siempre con el tercer lunes de cada año. Muchas veces he citado a Luther King en estas hojas de cuaderno digital que registra, sobre todo, la aproximación a islas desconocidas, es decir, lugares donde todavía es posible descubrir que otro mundo es posible. Por esta razón, vuelvo a publicar hoy un artículo que escribí el año pasado por un recuerdo de su persona, muy especial. Siempre es actual su ejemplo porque fue y sigue siendo una persona necesaria e imprescindible.

Con profundo respeto y para que no se olvide.

Sevilla, 21/I/2019

El sueño de Martin Luther King sigue vivo: más unidad, más igualdad, más democracia

A las seis de la tarde y un minuto de hoy, sonarán todas las campanas de Memphis, 39 veces, los años que tenía Luther King cuando fue asesinado tal día como hoy, a esa hora exacta, sin compasión alguna. Su sueño de libertad sigue vivo y sin cumplirse plenamente en Estados Unidos y en este mundo tan altivo. No quiero recordar hoy solo su muerte sino el legado que nos dejó en el discurso que se conoce por las palabras I have a dream (Tengo un sueño), que pronunció el 28 de agosto de 1963 en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C., que nos permite en 2018 seguir creyendo que los sueños y las utopías pueden ser una meta por alcanzar por millones de personas de bien que poblamos el planeta. Cada uno, cada una, en su pequeño mundo, porque no todos somos iguales desde nuestra forma de ser y estar en el mundo, como se puede demostrar por los desequilibrios sociales escandalosos que nos rodean de paro y corrupción, sin ir más lejos también en España, en nuestra Comunidad, siendo mínimamente sensibles con la realidad más próxima que nos sitia, a veces, de forma descarnada.

Con esta visión, quiero creer que es posible construir otro mundo más habitable “para ser”, dando la vuelta a la realidad que se proyecta todos los días en la clave “para tener”. He repasado este cuaderno y he recuperado las palabras que dediqué a Martin Luther King en 2013 con motivo de la celebración del 50 aniversario del discurso anteriormente citado, recordando un artículo en el diario El País, Sueños y utopías, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, que no he olvidado desde entonces. Sobre todo, porque me recordó que el compromiso personal con la ética personal y colectiva debe estar activo siempre para no hacernos partícipes de los silencios cómplices que tanto abundan en la actualidad. Decía su autor, en referencia al discurso de Luther King que: “Esas 1.666 palabras sacudieron a la sociedad mundial con tres principios: más unidad, más igualdad, más democracia. Los mismos que cien años antes, a mediados de junio de 1858, en la Convención Republicana de Springfield que le postularía como candidato a senador por el Estado de Illinois, Abraham Lincoln transmitió en su memorable discurso: “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. La política como utopía necesaria y, en consecuencia, que debe ser posible y realizable. La utopía como proyecto”.

Es verdad que la clave de lo que leí aquél 21 de agosto de 2013 estaba en una frase concreta y con una carga de realidad que todavía me conmueve hoy: “Cincuenta años después, su discurso es parte de la cultura universal. Trasciende el contexto y la historia concreta, para situarse en un plano moral y se transforma en imperecedero e inagotable. Cincuenta años después, la política −en particular en nuestra realidad más próxima− se ha desgajado de la palabra que emociona, que interpreta y proyecta, que acoge y proclama. El descrédito de la política es triple: no tiene sueños que se conviertan en retos, no defiende utopías que comprometan a la acción y no encuentra las palabras que conmuevan y promuevan los cambios colectivos: aquellos que son mucho más que la suma de los individuales”.

Efectivamente, estamos instalados en una profunda crisis política y, aún peor, en una profunda crisis democrática. Nos falta emoción, para convertir los sueños en realidades confortables, muy sencillas, por otra parte, sin depender de entornos meramente materiales. Pero lo peor es que nos falta la palabra, aquella que conmueve y promueve los cambios personales y colectivos, revoloteando en nuestros alrededores una palabra terrible: la desafección. A la persona política, al cambio democrático con representación en Partidos, a casi todo.

Cinco años después de aquella reflexión sigo teniendo hoy un sueño: que la situación política de nuestro país sea realmente una oportunidad para cambiar primero y aunar, después, muchas voluntades, tal y como lo aprendí de la mano de Quilapayún en la Cantata de Santa María de Iquique, porque esta acción unitaria solo se hace posible a través del amor y el sufrimiento, cuando se hacen necesarios para tomar conciencia de que no podemos avanzar en un mundo como el actual, pendientes de que Mr. Trump tome decisiones de Estado en nuestro nombre. O que el Presidente actual en nuestro país interprete las necesidades de este Estado solo a su imagen y semejanza. Sueño también con recuperar alma. Además, como he escrito en otras ocasiones, nos falta alma y cuando falta alma, falta la vida. Da casi todo igual. ¡Qué paradoja!, porque ya no hace falta eso: tiempo para vivir dignamente.

Vuelvo otra vez a mi hombre de secreto, que no el de todos, a reflexionar la frase que regaló en una ocasión el escritor Lobo Antunes en el acto de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en la Feria Internacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara (México), en noviembre de 2008, transfiriendo una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, por si detrás de todo esto está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque al igual que manifestó en ese acto: “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Hoy, gracias a Martin Luther King, sus palabras suenan mejor que nunca: necesitamos más unidad, más igualdad y más democracia, más alma en definitiva, porque parafraseando una frase de Lincoln muy querida para él, “Una casa [España, Cataluña, Andalucía] dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie”. Sería una forma de agradecer de forma expresa su compromiso activo, su legado maravilloso en un día de vida más que de muerte, de sueños, que merece la pena recordar con respeto y admiración.

¡Gracias por haber compartido aquél sueño, Martin Luther King! Con profundo respeto.

Sevilla, 4/IV/2018

2019: una odisea de Andalucía

manuscrito odisea

Manuscrito de la Odisea

¿Quién va a negar a estas alturas de la película política española que 2019 es, en principio, una odisea en Andalucía? Recomponiéndonos poco a poco del terremoto reciente desde la perspectiva electoral, asistimos a un momento crucial para el comienzo de una odisea en el sentido más clásico del término, en cualquiera de las dos acepciones aceptadas por el Diccionario de la RAE: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero o sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien.

Traigo a mi memoria de hipocampo el objetivo que ya pretendió Stanley Kubrick, en 1968, con su película, 2001: una odisea del espacio, cuando manifestaba que era “una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, en la que sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música”.

Me quedo con la idea de que ahora lo que hace falta son amores del Gobierno correspondiente y no solo buenas razones, tal y como he escrito recientemente en este cuaderno de “derrota” (en lenguaje marino), porque nos pesa mucho el subconsciente y necesitamos, sobre todo, que la política convertida en “amores” concretos nos alcance, como decía Kubrick, para que pase como con la música, algo que lo he podido experimentar casi a diario: que los hechos verdaderos de los compromisos políticos que se descubren con una legislación adecuada y garantista estén con nosotros, acompañándonos en la alegría y ayudándonos a resolver los problemas de la vida diaria difícil desde cualquier perspectiva de la existencia (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

El desconcierto ahora es importante en Andalucía, porque se acaba una larga etapa socialista en la que se han asentado la democracia y sus contrarios también, porque es la condición humana. Queda todavía mucho por analizar y sacar las conclusiones más acertadas para corregir todos los errores cometidos. Es una tarea ciclópea que debe abordar inmediatamente la izquierda andaluza de forma integral e integrada. Los que vienen, entran en terreno desconocido que pretenden explorar con auditorías integrales. A diferencia también de la película de Kubrick, hace falta mucho diálogo centrado en una piedra angular: respetar el interés general de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada líder político llamado a poder presidir Andalucía, como símbolo de la auténtica democracia, debe iniciar y mantener diálogos permanentes para llegar a consensos que permitan iniciar la legislatura con acuerdos viables y representativos de una Andalucía diferente. De esta forma, cada persona, sola o acompañada, siguiendo el ejemplo de sus políticos de cabecera o sensatos hasta límites insospechados, podrá trabajar por otra Andalucía mejor, porque es posible, dialogando sin límite alguno, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas concretamente, por hablar de lo más próximo en el espacio y tiempo postelectoral. Pero ¿qué hacer ante tamaña odisea?, porque es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

Lo escribí ya en 2012, casi antes de ayer, al comienzo de la crisis que estamos arrastrando hasta hoy: “Lo primero, tomar conciencia de que no existen recetas maravillosas, ni bálsamos de Fierabrás, para luchar contra los molinos de viento que azotan la economía doméstica, para empezar, pero no de la misma forma a todos, es decir, hay que tomar conciencia de que universalizar la bondad o la maldad, la riqueza o la pobreza, no es el camino a andar. Nunca, nunca, porque la realidad es personal e intransferible, siendo la responsabilidad personal primero y la colectiva después, en todos los casos, la que nos permitirá salir del fango económico y financiero en el que estamos instalados. Hay que recuperar de forma urgente, casi crítica, la lucha por los valores fundamentales de las personas, cada uno en su sitio, ya seamos ciudadanos de a pie o administradores públicos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, con ejemplos muy sencillos, de las pequeñas cosas de cada día: honradez en el cumplimiento de los deberes personales, familiares y laborales, hasta en sus últimas consecuencias, los deberes derivados del cumplimiento del trabajo bien hecho, no chapucero, tan habitual ya; los deberes fiscales, plantando cara ante el escaqueo fiscal, colectivo, como por ejemplo el fraude del IVA, en una pregunta instalada en la sociedad civil y admitida como normal: ¿factura con IVA o sin IVA?; plantar cara a los alardes de cómo engañar a la Hacienda Pública, porque la sangría del empleo sumergido hunde de forma comparativa a las personas dignas, que trabajan muy bien todos los días, pero que asisten a un continuo espectáculo de café para todos y de servicios sociales, sanitarios y educativos que no se financian de aire sino que necesitan de la participación económica ciudadana, cuando algunas personas no los merecen, porque no participan para nada en la construcción social de una familia, trabajo, barrio o comunidad mejor, a través de los impuestos, sino que asiste desde su sillón particular al diseño de un mundo imposible, sencillamente porque no existe. Eso sí, porque solucionarlo es la responsabilidad de otros, siempre”. Es donde se distingue principalmente que en la odisea política todos no son o somos iguales.

Y ante un programa de gobierno de consenso, tal y como lo han ordenado las urnas, surge una pregunta obvia: ¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir este diálogo, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos. Es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, ”¡Es la economía, idiota”!, hay que gritar muy fuerte: “¡Es el diálogo, el interés público!”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España o Andalucía, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy. Colaborando todos como si fuéramos grandes hermanos de esta aventura tan especial que se inicia ahora en Andalucía.

Es donde se distingue principalmente que, en la odisea política, todos no son o somos iguales.

Sevilla, 20/I/2019

NOTA: imagen recuperada hoy de un manuscrito de la Odisea en https://es.wikipedia.org/wiki/Odisea

Las palabras siempre vienen detrás

hechos son amores

No he olvidado estas palabras de Benedetti en Revolución es participación (1): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”.

En estos días del terremoto político en Andalucía suenan con gran fuerza en mi interior, incluso volviendo a recordar un refrán de mi infancia: hechos son amores y no buenas razones. Los hechos políticos verdaderos son los que abren siempre caminos nuevos, porque el ejemplo de lo que sucede en beneficio de todos es lo que convence de verdad a la ciudadanía. Lo que ocurre es que casi siempre invertimos los términos en política y se suele hablar más que demostrar lo que verdaderamente convence, es decir, los hechos verdaderos y constatables. Tenía razón Michael Ignatieff, el candidato a la presidencia de Canadá, cuando afirmaba que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”, pero este “amor”, la verdad, hay que asumirlo siempre.

El problema en estos días es que la izquierda sigue empecinada en no hablar de lo que ha sucedido en Andalucía, del fracaso político real y constatable. Mucho mejor sería, incluso por higiene mental de izquierdas, analizar en profundidad los hechos que han llevado a esta situación que ahora incluso busca gente para ocupar el muro de las lamentaciones, constatándose en estos días terribilis que ya falta mar para acoger a los que se están tirando del barco político correspondiente, tocado y hundido. Y lo que está pasando es que la desmovilización de la izquierda es total, porque se ha vaciado su alma política. Y hay que mirar hacia atrás sin ira, para seguir aprendiendo de los errores. El escritor portugués Lobo Antúnes lo comentó una vez y se me ha quedado grabado para siempre. Era una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo con una aguja, es decir, los equivocados, los fracasados temporalmente, debemos buscar de nuevos hechos, amores, que nos lleven a abrir caminos ilusionantes por las grandes alamedas políticas de una sociedad diferente, instalada en la libertad, donde puedan pasear por ellas las personas libres. Aunque tengamos que mirar de forma obligada hacia atrás para analizar en profundidad qué ha pasado y corregir los errores, para que las nuevas ilusiones encuentren las mejores palabras que anunciar.

Será la única forma de hacer justicia a lo ocurrido en Andalucía, porque podremos por fin justificar con palabras los hechos que hoy, por silencios cómplices y vergonzantes de la izquierda, por el absentismo galopante de más de dos millones, seiscientos mil electores en potencia, nos atenazan y nos dejan mudos. La revolución conlleva siempre participación y presencia.

Es verdad, hechos son amores votados y no buenas razones, porque las palabras deben venir siempre detrás para explicar todo, incluso para decir claro y alto por qué no se ha justificado la derrota de la izquierda en el momento oportuno. Por mucho que nos duela hacerlo.

Sevilla, 13/I/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://youtu.be/Z7YdxHDpFcU

(1) Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

Piratería de cerebros e inteligencia digital

cerebro a cerebro

He leído recientemente un artículo inquietante del historiador israelí Yuval Noah Harari, Los cerebros “hackeados” votan, con una entradilla demoledora: “Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías”. He recomendado su lectura por activa y por pasiva, utilizando las redes al alcance de mis dispositivos móviles, porque es de lectura obligada ante la ingenuidad atómica que nos rodea.

En el citado artículo figuran varias preguntas concatenadas que debería afrontar urgentemente la humanidad, a modo de corolario de su hilo argumental: “¿Cómo funciona la democracia liberal en una era en la que los Gobiernos y las empresas pueden piratear a los seres humanos? ¿Dónde quedan afirmaciones como que “el votante sabe lo que conviene” y “el cliente siempre tiene razón”? ¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos?”.

Las preguntas no son inocentes, por supuesto y traducen lo que casi todos pensamos como secretos a voces. Hace una reflexión muy dura a la hora de explicar que el contexto en que nos movemos en la actualidad es el del retroceso histórico, con carga bíblica para dar soluciones a problemas de hoy, donde volvemos a abordar debates pasados de moda y de siglo. Para cerrar esta cuadratura del círculo ofrece dos soluciones a la pregunta clásica de Lenin: ¿qué hacer?: “Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa, sino también porque es lo que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI”.

Sobre el primer frente, la defensa de la democracia liberal, tengo que decir que me inquieta la recomendación, porque la supuesta benignidad y la tolerancia de esta corriente ideológica está lejos de garantizar un progreso democrático integral, sobre todo, para los que menos tienen desde la falta real de equidad en la accesibilidad digital que nos ocupa en esta reflexión. El liberalismo es una ideología más, concreta, con todos los bagajes que se esperan de ella, con un matiz esclarecedor consistente en la negación y olvido de “los otros” como artífices de la democracia en favor del individualismo soberano, con un suelo firme enraizado en la economía pura y dura que debe beneficiar siempre al individuo y con escasa regulación e intervención del Estado. Como todas las ideologías, ésta tampoco es inocente, aunque diferente según las bases de creencias que las sustentan y de que ataquen o no a la razón. Además, el liberalismo es una ideología incompleta, aislando a las personas que sufren la falta de equidad en la accesibilidad digital. Intenta flotar por encima de la sociedad en general en favor del individuo porque es soberano, contemplando solo el Estado como testigo de cargo, pero con intervenciones mínimas, cosméticas tan solo, porque casi no es necesaria su presencia. La razón liberal es incompleta siempre porque el individualismo limita la posibilidad de transformar el mundo sin dejar a nadie atrás. Lo estudié en su día en la obra de José Ferrater Mora y no lo he olvidado.

La verdad es que la lectura del artículo abre unos interrogantes que van dirigidos directamente a la línea de flotación de la humanidad. Creo que estamos avanzando históricamente con bastante falta de altura de conocimiento y libertad, no cuidando una inteligencia propia de los seres humanos a la que vengo llamando desde hace ya muchos años, inteligencia digital, que cubre el ciclo vital completo de todo ser humano, desde que nacemos hasta que morimos, porque nos va a acompañar siempre, llevando desde el equipamiento digital que corresponda el manual de instrucciones para conocer el funcionamiento del gran artífice digital de la vida: el cerebro bien informado en mi yo y mis circunstancias.

Necesitamos abrir urgentemente un ciclo educativo muy importante del conocimiento de nuestro cerebro, como yacimiento insustituible para comprender por qué nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos en un mundo digital. Desde hace trece años llevo escribiendo en este cuaderno digital una historia interminable de la inteligencia digital, controlada siempre por las maravillosas estructuras del cerebro que todavía es un gran desconocido a nivel científico. Decía en su artículo Yuval Noah Harari que “nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin”. Pero ¿sabemos que es la amígdala y las funciones que cumple en el cerebro de cada persona? Sin ánimo de aburrir a nadie, me gustaría hablar hoy de esta estructura cerebral, a modo de ejemplo, de cómo conocerla nos puede hacer más libres y responsables ante los ataques, no inocentes, de Putin.

En el cerebro se encuentra una estructura cerebral, del tamaño de una almendra, que se llama “amígdala” (del griego ὰμυγδάλη, almendra), situada exactamente en el lóbulo temporal y forma parte, junto a otras estructuras cerebrales, como el hipotálamo, el septum y el hipocampo, fundamentalmente, de los circuitos responsables de la emoción, de la motivación y del control del sistema autónomo o vegetativo. Todo ello configura el denominado sistema límbico, responsable directo de la codificación del mundo personal e intransferible de los sentimientos y de las emociones. Con el control férreo de la corteza prefrontal, como corteza de asociación situada en el lóbulo frontal. Una parte muy importante de la corteza (servilleta) cerebral, utilizando la descripción del tamaño de la misma hecha por Jeff Hawkins (1).

Desde el punto de vista científico, ya sabemos muchas cosas de la amígdala cerebral. Es una estructura muy pequeña y evolutivamente muy antigua. Dependiendo de su tamaño se puede identificar el carácter de una persona, llegándose a saber que una atrofia de la amígdala llevará a la persona que la sufra a una seria dificultad en el reconocimiento de los peligros, siendo realmente asombrosa la asociación que se puede llegar a dar entre su hipertrofia y la violencia y agresión. Se puede llegar a conocer hoy, a través de técnicas no invasivas de tomografía mediante emisión de positrones (PET), el coeficiente de las emociones en cada lado de la amígdala.

Existe una investigación muy avanzada de esta estructura cerebral, pero es una muestra nada más de la complejidad de nuestro cerebro y de la necesidad del conocimiento profundo del mismo para comprender en su esencia la inteligencia digital, tantas veces analizada en este blog. En el libro que publiqué en 2007, Inteligencia Digital. Introducción a la Noosfera digital, ya alertaba de esta oportunidad histórica en la vida de las personas que pueblan la Noosfera. En esa ocasión, definí la inteligencia digital a través de cinco acepciones: 1. destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, nacida de haberse hecho muy capaz de ella. 2. capacidad que tienen las personas de recibir información, elaborarla y producir respuestas eficaces, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 3. capacidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 4. factor determinante de la habilidad social, del arte social de cada ser humano en su relación consigo mismo y con los demás, a través de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. 5. capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, es decir, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso.

Es cierto que la inteligencia digital tiene riesgos inherentes a su desarrollo y consolidación en el cerebro humano, pero es una realidad que no tiene vuelta atrás: el mundo digital solo tiene interés hacia adelante, grabándose en el hipocampo, otra maravillosa estructura cerebral que convive muy bien con la información y su retención en zona de memoria a corto, medio y largo plazo, que sabe convertirla en conocimiento cuando se cruza permanentemente con otra estructura próxima, muy amable para la vida de las personas, la amígdala, donde se forjan nuestros sentimientos y emociones.

El artículo de Yuval Noah Harari aborda precisamente el doble uso de los avances científicos digitales. La quinta acepción enunciada anteriormente, en conjunción con las cuatro restantes, cuando las tecnologías están al servicio de la ciudadanía, con una ideología democrática digital respaldada por leyes de amplio espectro digital, puede contrarrestar los peligros que acechan al homo digitalis. Los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, permiten hoy creer que llegará un día en que sabremos cómo funciona el cerebro cada segundo (la amígdala amenazada hoy por Putin, Trump y compañeros mártires), y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que nos lo han facilitado, porque la inteligencia digital desarrolla la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, cuando ha superado la dialéctica infernal del doble uso: la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz. Quiero y defiendo creer e investigar estos principios digitales, que pueden ser una base extraordinaria para transformar el mundo actual y hacerlo más habitable y más humano.

Estoy convencido que los ordenadores, el software y el hardware inventados por el cerebro humano, es decir, el conjunto de tecnologías informáticas y de telecomunicaciones que son el corazón de las máquinas que preocupan y mucho a investigadores, historiadores y filósofos, de forma legítima y bien fundamentada, permiten hoy creer que llegará un día en este “siglo del cerebro”, no mucho más tarde, en que sabremos cómo funciona cada milésima de segundo, y descubriremos que somos más listos que los propios programas informáticos que usamos a diario en las máquinas que nos rodean, porque estoy convencido de que la inteligencia digital desarrolla sobre todo la capacidad y habilidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía, sobre todo cuando seamos capaces de superar la dialéctica infernal del doble uso de la informática, es decir, la utilización de los descubrimientos electrónicos para tiempos de guerra y no de paz, como en el caso de los drones o de la fabricación de los chips que paradójicamente se usan lo mismo para la consola Play Station que para los misiles Tomahawk. Ese es el principal reto de la inteligencia, digital, por supuesto.

Sevilla, 11/I/2019

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.ciencias.pe/tecnología/comunicación-de-cerebro-cerebro-es-posible

(1) Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

 

 

¡Preferiría no bajarme… del barco político!

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El espectáculo que estamos viviendo estos días en relación con la elección de la Presidencia de la Junta de Andalucía, refleja la “altura” política de los dirigentes que pugnan por hacerse con el gobierno de esta Comunidad. Lo sucedido con los documentos cruzados de los denominados “acuerdos”, teledirigidos desde los aparatos centrales de los partidos en liza como un desprecio manifiesto a los dirigentes de los mismos en esta Comunidad, que luego se anuncian y reinterpretan de mil formas posibles, reflejan también la frase gloriosa de Groucho Marx en relación con sus principios: no hay que preocuparse, porque si no gustan hay otros.

He repetido hasta la saciedad en este blog y lo vuelvo a hacer hoy, que la lectura del relato de Herman Melville, Bartleby el escribiente, me sigue marcando en diferentes etapas de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria, ante situaciones concretas, tomar este tipo de decisiones de mantenernos o no en el barco político correspondiente, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones tenemos la tentación de copiarle sin rubor alguno.

La situación política del país, en general, y de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en particular, es una continua ceremonia de confusión que alimenta al Bartleby que casi todos llevamos dentro y estamos tentados de abandonar el barco en el que cada uno navega por los mares procelosos de la vida, ante un panorama muy desalentador desde la pertenencia democrática que cada uno tiene y defiende. Siendo una realidad que invade muchas personas de secreto, creo que hay que saber reaccionar a tiempo y permanecer en el barco, en plena tempestad, porque ahora es cuando más nos necesita la sociedad en general y la democracia en particular.

Lo difícil es practicar cómo hacerlo. Sin ánimo de dar lecciones a nadie, creo que estamos viviendo momentos especiales en los que se necesita hablar de compromiso activo en cada momento en el que lo requiera el guion político que corresponde ahora en Andalucía, que tanto nos preocupa, como en su momento escribí sobre el proceso catalán.

El síndrome de Bartleby se une también al que sufrimos al tener la tentación de tirarnos del barco en el que navegamos a diario. El contexto político actual, con el gran triunfo en Andalucía del partido abstencionista, es propicio para este abandono de barcos de dignidad, en la búsqueda imposible de islas vírgenes de la condición humana. Cuando estamos ante momentos cruciales de compromiso activo como es el actual, sentimos con frecuencia algo que se puede convertir en un aforismo personal y transferible:

Falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco…

Como en todo aforismo, lo que expresa es objetivo, porque vivimos rodeados de deserciones de ideales y de compromisos sociales, representados en los famosos dichos “a mí que no me llamen” o “que lo resuelvan los verdaderos culpables”, como si lo que está ocurriendo no fuera también una responsabilidad “política” de todos en el sentido más pleno de la política activa. Es también inteligible (otra condición de todo aforismo), porque muchas personas que se mantenían hasta ahora en el puente de mando personal, político y profesional en el país, saben que es cierto solo con mirar a su alrededor. Y la dialéctica es obvia: barco y mar, porque en determinados momentos se controlan por la tensión económica, política o social, correspondiente. Es verdad, desgraciadamente, que cada uno está al final en su sitio, porque lo que defiendo desde hace años es que no todos decimos lo mismo, ni vamos en el mismo barco. Ni hacemos la misma singladura. Ni navegamos con la misma empresa armadora. Unos en cruceros, otros, en pateras, sin quilla, pero navegando siempre hacia alguna parte con la fragilidad que le es propia, buscando islas desconocidas, que se encuentran.

Ojalá, nazca un nuevo aforismo, como corolario del anterior e indisolublemente unido a él:

Falta barco para recoger a todos los que se tiraron a ese mar… del desencanto y de la desafección política

Aunque en esta ocasión, como en todo aforismo, el pretexto haya sido un texto dentro de contexto. Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar dignamente a los cuatro vientos: ¡preferiría no bajar del barco político!, sin que ello nos arrojara al mar del desconsuelo. Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero seguir en la lucha por la verdad desnuda y buscada en común. En mi soledad sonora a veces, porque escuchar y saber determinadas cosas en estos días, no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 9/I/2019

Un regalo de Melchor: la verdad desnuda

cernuda

Me acuerdo… que Luis Cernuda lo escribió magistralmente recordando a sus reyes magos. En concreto, a Melchor: “[…] Espera los momentos más dulces, cuando el alma regale / La gracia, y el cuerpo sea el fin risueño, hermoso e ignorante. / Abandonad el oro y los perfumes, que el oro pesa y los aromas aniquilan. / Adonde brilla desnuda la verdad nada se necesita”.

El regalo que espero, de verdad, es que 2019 sea un año donde brille, sobre todo, la verdad desnuda, porque es lo que nos hace más libres y que podamos compartirla también en este país tan dual, donde fácilmente se hiela el corazón a personas dignas, sin compasión alguna.

Sevilla, 6/I/2019

Érase una vez un pájaro perdido…

charran artico

Es un reto difícil. Saramago, en su relato “La flor más grande del mundo”, hacía al final la siguiente pregunta: ¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…

Hoy es ese día, pero escribiendo por mi parte solo una pequeña introducción al mismo, que siempre recuerdo en días en los que los regalos se hacen presentes. Me refiero a un pájaro perdido que aprecio mucho, el 178 según Rabindranath Tagore, recuperándolo ahora como si fuera una anilla recordada por mí, sentado a la sombra de un pino solitario (grande, muy grande) de la carretera de Umbrete a Bollullos de la Mitación, ambos pueblos cercanos a Sevilla, en diciembre de 1965 y que eché a volar en mi imaginación. Era una época en que crecía en la búsqueda de la verdad machadiana, ni tuya ni mía, porque haciendo caso a D. Antonio la guardé siempre en una jaula dorada de silencios. Pasando páginas amarillas de un libro maravillosamente usado, que compré hace ya muchos años para hacer un regalo muy especial, con dos apellidos anónimos en la página interior del título: Gómez Aldemira, XI-1959, donde encontré por fin el pájaro perdido (el 178), que había buscado incluso en épocas en que me había distraído con un encantador de pájaros, Papageno, que me había presentado Mozart a través de sus limpias manos puestas sobre mí:

A mis amados les dejo las cosas pequeñas;
las cosas grandes son para todos.

Todo lo demás pertenece a la intrahistoria de Saramago en su precioso cuento que, hoy, quiero compartirlo con la Noosfera, como si fuera una estela interminable de un regalo digital pequeño (que también existe). Es una historia muy bonita.

Así pasó y así lo he contado.

La Flor más grande del mundo
Jose Saramago

Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben pocas palabras y no las quieren muy complicadas. Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón.

Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras… Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas…

¡Hace ya tanto tiempo de eso!

En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea. (Ahora comienzan a aparecer algunas palabras difíciles, pero quien no las sepa, que consulte en un diccionario o que le pregunte al profesor.)

Que no se preocupen los que no conciben historias fuera de las ciudades, ni siquiera las infantiles: a mi niño héroe sus aventuras le esperan fuera del tranquilo lugar donde viven los padres, supongo que también una hermana, tal vez algún abuelo, y una parentela confusa de la que no hay noticia.

Nada más empezar la primera página, sale el niño por el fondo del huerto y, de árbol en árbol, como un jilguero, baja hasta el río y luego sigue su curso, entretenido en aquel perezoso juego que el tiempo alto, ancho y profundo de la infancia a todos nos ha permitido…

Hasta que de pronto llegó al límite del campo que se atrevía a recorrer solo. Desde allí en adelante comenzaba el planeta Marte, efecto literario del que el niño no tiene responsabilidad, pero que la libertad del autor considera conveniente para redondear la frase. Desde allí en adelante, para nuestro niño, hay sólo una pregunta sin literatura: “¿Voy o no voy?” Y fue.

El río se desviaba mucho, se apartaba, y del río ya estaba un poco harto porque desde que nació siempre lo estaba viendo. Decidió entonces cortar campo a través, entre extensos olivares, unas veces caminando junto a misteriosos setos vivos cubiertos de campanillas blancas, y otras adentrándose en bosques de altos fresnos donde había claros tranquilos sin rastro de personas o animales, y alrededor un silencio que zumbaba, y también un calor vegetal, un olor de tallo fresco sangrado como una vena blanca y verde.

¡Oh, qué feliz iba el niño! Anduvo, anduvo, hasta que los árboles empezaron a escasear y era ya un erial, una tierra de rastrojos bajos y secos, y en medio una inhóspita colina redonda como una taza boca abajo.

Se tomó el niño el trabajo de subir la ladera, y cuando llegó a la cima, ¿qué vio? Ni la suerte ni la muerte, ni las tablas del destino… Era sólo una flor. Pero tan decaída, tan marchita, que el niño se le acercó, pese al cansancio.

Y como este niño es especial, como es un niño de cuento, pensó que tenía que salvar la flor. Pero ¿qué hacemos con el agua? Allí, en lo alto, ni una gota. Abajo, sólo en el río, y ¡estaba tan lejos!…

No importa.

Baja el niño la montaña,
Atraviesa el mundo todo,
Llega al gran río Nilo,
En el hueco de las manos recoge
Cuanta agua le cabía.
Vuelve a atravesar el mundo
Por la pendiente se arrastra,
Tres gotas que llegaron,
Se las bebió la flor sedienta.
Veinte veces de aquí allí,
Cien mil viajes a la Luna,
La sangre en los pies descalzos,
Pero la flor erguida
Ya daba perfume al aire,
Y como si fuese un roble
Ponía sombra en el suelo.

El niño se durmió debajo de la flor. Pasaron horas, y los padres, como suele suceder en estos casos, comenzaron a sentirse muy angustiados. Salió toda la familia y los vecinos a la búsqueda del niño perdido. Y no lo encontraron.

Lo recorrieron todo, desatados en lágrimas, y era casi la puesta de sol cuando levantaron los ojos y vieron a lo lejos una flor enorme que nadie recordaba que estuviera allí.

Fueron todos corriendo, subieron la colina y se encontraron con el niño que dormía. Sobre él, resguardándolo del fresco de la tarde, se extendía un gran pétalo perfumado, con todos los colores del arco iris.

A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.

Y ésa es la moraleja de la historia.

Éste era el cuento que yo quería contar. Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis cómo sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías, y tal vez más adelante acabéis sabiendo escribir historias para los niños…

¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…

Sevilla, 5/I/2019, en la víspera de la llegada de los Reyes Magos de un Oriente cada vez más cercano.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.surfbirds.com/community-blogs/wp-content/uploads/bghst/c/calidrislanza/32370.jpg

Regalo de Año Nuevo: los conciertos de Brandenburgo, según Richter

Sobran palabras. Una hora, treinta y ocho minutos, cincuenta y dos segundos, te sumergen en una experiencia musical inolvidable. Los conciertos, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich), bajo la dirección de Karl Richter, probablemente uno de los mejores intérpretes de Bach que han existido. Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Pasen, vean y escuchen. Creo que es un regalo de Reyes en estado puro.

Sevilla, 3/I/2019

Concierto de Brandenburgo N.º 1 en Fa mayor BWV 1046

Guía práctica

[00:28~] 1º. Allegro

[04:23~] 2º. Andante (en re menor)

[08:12~] 3º. Allegro

[12:53~] 4º. Menuetto; Trío I (2 oboes y fagot);
Menuetto Polacca (violines y violas); Menuetto Trío II (2 cornos y 3 oboes); Menuetto.

Concierto de Brandenburgo N.º 2 en Fa mayor BWV 1047

[20:50~] 1º. Allegro

[26:00~] 2º. Andante (en re menor)

[29:44~] 3º. Allegro assai

Concierto de Brandenburgo N.º 3 en Sol mayor BWV 1048

[32:35~] 1º. Allegro

[38:38~] 2º. Adagio

[39:41~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 4 en Sol mayor BWV 1049

[45:06~] 1º. Allegro

[52:44~] 2º. Andante (en mi menor)

[56:44~] 3º. Presto

Concierto de Brandenburgo N.º 5 en Re mayor BWV 1050

[1:01:48~] 1º. Allegro

[1:11:44~] 2º. Affettuoso (en si
menor)

[1:16:38~] 3º. Allegro

Concierto de Brandeburgo N.º 6 en Si mayor BWV 1051

[1:22:00~] 1º. Moderato

[1:28:22~] 2º. Adagio ma non tanto
(en Mi♭ mayor)

[1:33:07~] 3º. Allegro

Descripción producto: Pablo Milanés

Exactamente decía así el resumen de la compra de entradas para el concierto que Pablo Milanés dará en Sevilla el próximo 2 de febrero: “descripción producto: Pablo Milanés”. La sociedad de mercado controla bien estos “productos”, llámense como se llamen. Pero no es lo mismo comprar cosas que presencias en conciertos de una persona, como Pablo, cuyo valor simbólico es muy alto por su trayectoria personal y artística.

Prefiero quedarme con sus palabras y su música, más allá de los productos en los que los convierte el mercado, incluido él. Solo te pido, Proposiciones o Yolanda, me entregan (todavía hoy) más de lo que pago por tenerlas, porque me han transmitido siempre una constante de la militancia de las personas dignas: conocimiento y libertad para vivir, es decir, respuestas ante las grandes preguntas de la vida.

Les puedo asegurar que Pablo no es un producto. Solo hace “proposiciones” para vivir de forma diferente a cómo nos impone hacerlo la sociedad de consumo: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin, tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Sevilla, 2/I/2019