Día de Andalucía, de enigmas al trasluz

Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Celebramos hoy el Día de los andaluces, de las andaluzas, el día de los que vivimos en Andalucía y respetamos su identidad, que llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez entendía su pueblo y las personas que vivían en él. Cernuda hace un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera.

He vuelto a leer en mi biblioteca del alma las últimas reflexiones personales en este día tan especial y me reafirmo en las que expresé en 2018, cambiando o que haya que cambiar por el nuevo marco político en Andalucía, porque con el contexto poético de Manuel Gerena, al que Alberti cantaba refiriéndose a él como una consonancia de su apellido con la pena, nos preguntamos cómo nos tratamos, quizá como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

cernuda

Sigo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentro. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Una realidad que debe presidir la acción política en la nueva legislatura: casi novecientos mil parados y en torno a un millón de pensionistas en el umbral de pobreza (últimos datos de 2018), sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía.

Sevilla, 28 de febrero de 2019, Día de Andalucía

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color (II)

GREEN BOOK

Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El domingo pasado consiguió 3 Oscar la película Green Book: mejor película, mejor actor secundario y mejor guion adaptado, a la que dediqué un artículo el 17 de febrero. Vuelvo a publicarlo hoy como homenaje al hilo conductor de la película: la necesaria comunicación entre millones de personas diversas (con color de raza incluido) en un mundo diseñado, a veces, por el enemigo. Un relato real y que merece todos los elogios posibles para que Estados Unidos salga de la acromatopsia (1) a la que a veces quiere someter al mundo, donde es verdad que hay algo más que los grises permanentes, que suelen utilizar sus líderes políticos actuales y sus temibles asociados a los que eufemísticamente llamamos “hombres de negro”…

Sevilla, 26/II/2019

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar color a la óptica de la vida. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999. Ante una realidad tan sugerente, recuperaré la lectura que en su momento me sobrecogió tanto y la proyectaré en este cuaderno que registra ya tantas islas desconocidas: “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

OSCAR 20191

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK

La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares. La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro “animador de color”. Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no”.


Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

Un beso controvertido

EL BESO3

Ayer se difundió al mundo el fallecimiento del supuesto protagonista del beso icónico fotografiado por Alfred Eisenstaedt, en Times Square, el 14 de agosto de 1945. Muchas personas han pretendido defender en América su protagonismo en la foto de este beso, aunque todo apunta al final a dos con cierta relevancia histórica después de las investigaciones llevadas a cabo. Da igual, al final, porque lo que simbolizaba tenía un gran valor para época de autos: el final de la II Guerra mundial, a través del rendimiento de Japón y la celebración explosiva de este acontecimiento por parte de Estados Unidos.

Pero aquello fue algo más que un beso, analizándolo en el texto y contexto de hoy. La auxiliar de dentista que aparece en la foto, una austriaca judía exiliada en 1939 junto a parte de su familia en América, manifestó en cierta ocasión que aquello no era un beso de amor: “Era simplemente alguien celebrando. No fue un momento romántico”. La BBC (1), entidad a la que profeso un gran respeto manifestó en 2016 que “la revista Time, matriz de Life que cerró en 2000, publicó en 2014 un artículo sobre la historia de la foto. “Mucha gente ve la foto como algo más que una muestra bastante pública de acoso sexual, algo no muy digno de celebración”, escribió la revista”.

El mundo ya no es, afortunadamente, lo que era. Hemos avanzado en la crítica social de este tipo de comportamientos, aunque todavía queda mucho por hacer. Celebremos hoy la paz exclusivamente, aunque las reivindicaciones en defensa de la mujer permitan, en este aquí y ahora, analizar esta foto desde otra perspectiva. Lo doloroso, de verdad, es no recordar los millones de personas inocentes que perdieron la vida en una guerra absurda y de los que nunca supimos nada porque la memoria histórica es muy frágil para estos recuerdos y sus silencios cómplices. Nunca fueron noticia como la foto de Life.

Sevilla, 19/II/2019

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-37333728

El libro verde del conductor negro, en un país ciego al color

GREEN BOOK

Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Alí), en Green Book (2018)

El Dr. Don Shirley lo dice en la película “Green Book” a su fiel y controvertido escudero y conductor blanco: “No se gana con violencia, Tony, se gana cuando… mantienes tu dignidad. La dignidad siempre prevalece. Y esta noche, por tu culpa, no lo hicimos” (1). Es el hilo conductor de la trama interna de esta entrega americana al mundo comercial del cine. Se trata de la dignidad humana que atraviesa todos los siglos, pero que se tuvo que emplear a fondo en la segregación racial americana. Dignidad de dignidades, solo buscaban los negros la dignidad, a pesar de que tuvieran que viajar con la insoportable levedad del Libro Verde para Conductores Negros.

Tony representa el principio de realidad que tanto tememos en nuestras vidas y que se instala en ella con bastante frecuencia. Vivimos en un mundo de personas solas, que solo hablan con ellas mismas, lo vemos por la calle con el disimulo que hoy ofrecen los teléfonos inteligentes para este menester: “[…] El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso”.

El relato completo de Green Book es muy interesante y no inocente. Narra las vivencias reales de un músico afroamericano, Don Shirley, que tuvo una vida azarosa por cuna y color de piel. Fue un músico extraordinario que un día decidió viajar a un mundo casi imposible en su propio país, el Sur de América del Norte, para ofrecer conciertos con su Trío a blancos ricos y nada respetuosos con el color de la piel del artista. Se viven diversos episodios donde se palpa la transformación ideológica del conductor y guardaespaldas de Shirley, Tony Vallelonga, quien no comprende el porqué de este viaje hacia ninguna parte según él, tal y como lo expresa uno de los componentes de los músicos del famoso Trío, de nombre ruso, Oleg: “¿Me preguntaste una vez [Tony], por qué el Doctor Shirley hace esto? Te lo diré. Porque el genio no es suficiente. Se necesita valor para cambiar los corazones de la gente”.

THE GREEN BOOK

La contradicción de Shirley es constante en un mundo americano del Sur que es incapaz de aceptar la diversidad racial: “¡Sí, vivo en un castillo! Tony. ¡Solo! Y los blancos ricos me pagan por tocar el piano para ellos, porque los hace sentir cultos. Pero tan pronto como me bajo del escenario, vuelvo a ser sólo otro negro para ellos. Porque esa es su verdadera cultura. Y yo sufro ese desaire solo, porque no soy aceptado por mi propia gente, ¡porque yo tampoco soy como ellos! Así que, si no soy lo suficientemente negro, y si no soy lo suficientemente blanco, y si no soy lo suficientemente hombre, entonces…, dime Tony, ¿qué soy?

Tony descubre el alma blanca de un hombre negro, porque le enseña a decir cosas preciosas a su mujer que está muy lejos. Le asombra cómo toca el piano y descubre que a Shirley le enseñó a tocar el piano su madre, en una pequeña espineta, viajando por circuitos imposibles de Florida. En una ocasión -le cuenta- un hombre que le había escuchado le ofreció la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Música de Leningrado, siendo el primer negro que aceptaban allí. Aprendió a tocar, básicamente, música clásica, interpretando a compositores de la talla de Brahms, Franz Liszt, Beethoven, Chopin…, “todo lo que siempre quise tocar”. Pero el poderoso caballero don dinero de las compañías discográficas, la suya en concreto, Cadence, le aconsejó que tocara otras cosas más populares.  La todopoderosa América de los años sesenta no aceptaría nunca que un músico negro tocara música clásica, sino la que le adjudicaban como algo suyo, el jazz: “Querían convertirme en otro “animador de color”. Ya sabes, del tipo que fuma mientras toca, pone un vaso de güisqui en su piano y luego se queja porque no es respetado como Arthur Rubinstein”.

Tony, admirador de Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, a los que no había escuchado nunca Shirley (aparentemente), creía que hubiera sido un gran error continuar con su carrera de corte clásico, algo que Shirley no comprendía para nada: “¿Un error? ¿Interpretando la música en la que estuve entrenando toda mi vida para tocar?, a lo que responde asombrado Tony: “¿Entrenado? Qué eres, ¿una foca? A la gente le encanta lo que haces. Cualquiera puede sonar como Beethoven o Joe Pan o los otros tipos que dijiste. Pero tu música, lo que tú haces… Sólo tú puedes hacerlo”. Shirley da las gracias a Tony por su cumplido, pero le manifiesta que “No todo el mundo puede tocar a Chopin… no”.


Lullaby of Birdland, de la banda sonora de Green Book (The Don Shirley Trio) – Kris Bowers

Tengo que confesar que no conocía a Don Shirley, pero sí a los cantantes de la época a los que admiraba Tony “Lip”, el pendenciero conductor cuentista y admirador progresivo de su pasajero negro en un coche azul de ensueño, en un país ciego al color negro.

¡Ay, América de Trump! Próximamente, seguiré escribiendo en este salón virtual… sobre el impacto de esta película en mi vida, convencido de la importancia extrema de la dignidad humana, de que los solitarios deben dar de una vez por todas el primer paso en cualquier momento complicado de la vida, de que lo fundamental en tiempos revueltos de la política es cambiar corazones sin violencia y de que es necesario descubrir el alma blanca que está detrás de todas las personas que pasan cerca de nuestras vidas. Aunque muchas veces no sepamos por qué pasan o qué nos pasa. Mientras, escucho a Chubby Checker, Little Richard o Aretha Franklin, cantantes de mi infancia rediviva. Y a Don Shirley, porque era un pianista magnífico del que todavía puedo seguir aprendiendo muchas cosas.

Sevilla, 17/II/2019

(1) Las frases, con ligeros cambios, las he recuperado de http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com/2019/02/frases-pelicula-green-book-peter-farrelly.html

Elecciones generales: necesitamos abrir grandes alamedas de libertad

salvador-allende
Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Acabo de leer esta noticia en El País: “O Frente Popular o Partido Popular”. El PP plantea la campaña electoral como una batalla entre dos frentes: la suma con Ciudadanos y Vox frente al PSOE, Podemos, “independentistas y batasunos”. Pablo Casado ha asegurado este viernes que no pretende llamar al “voto del miedo”, pero el próximo 28 de abril, ha insistido, se elegirá entre “el amigo de Torra o el que ya tiene preparado el artículo 155 en Cataluña”, sin límite de tiempo, nombrando a los consellers desde el Gobierno central y ampliándolo a todas las competencias autonómicas, ha precisado”. En tiempos modernos de silencios cómplices es necesario, hoy más que nunca, rescatar ideología y creencias de que otra España es posible para salir urgentemente de la mediocridad política que nos invade ante el ejercicio de la política del miedo y de trincheras. Todos los políticos no son iguales y sé quienes están por la labor de resolver problemas de la ciudadanía y del andar día a día por grandes alamedas de libertad. Lo dijo Salvador Allende hace ya muchos años en momentos terribles para su país, representando al Frente Popular, del que nunca se avergonzó, cuando la derecha hizo estragos por doquier: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

He crecido con el desgarro de aquella noticia del golpe de estado en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También sé que, para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales.

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, ilusionándome con amores y no solo buenas razones de participación social constructiva de quienes piensan y trabajan por una España diferente, en la que tengamos cabida todos, aunque tengamos que modificar antes que después la Constitución para que podamos integrar territorios diferentes y que necesitan una autoafirmación de su entidad histórica, sin que por ello se tenga que desmembrar el país. Entenderemos hoy, mejor que ayer, que España necesita una revolución social para no olvidar unas palabras paradigmáticas de Mario Benedetti en Revolución es participación, para alejar definitivamente el fantasma dañino de la abstención en las próximas elecciones generales (2): “La imaginación popular corre junto con los hechos, casi podemos decir que los hechos mismos son imaginativos, porque los hechos, mucho más que las palabras, son los que van abriendo caminos nuevos; los hechos empecinados y tenaces, fueron siempre y son ahora, la vanguardia de una transformación profunda. Las palabras vienen siempre detrás para explicarnos; incluso para explicar por qué se olvidaron de anunciarlos”. Impecable.

Creo que somos millones de personas las que deberíamos movilizarnos ya en este país para llenar las grandes alamedas de libertad de nuestros pueblos y ciudades, desafiando desde este preciso momento, de forma pacífica, pues nos queda todavía la palabra, a quienes avisan a navegantes descreídos que viene el monstruo político del Frente Popular, al que tanto respeto tal y como lo concibo: una ideología, no inocente, que persigue resolver los problemas de vivir a diario, como individuos y en comunidad, en todos los frentes posibles, pero con prioridades centradas en la salud pública universal, la educación pública universal, la atención a servicios sociales públicos universales de dependencia e inclusión social y el hilo conductor de la vida digna: el trabajo remunerado de forma decente que permita a cada ciudadano recibir la contraprestación dineraria por el trabajo bien hecho. Con el adjetivo “universal” siempre presente, reiterativo, para no excluir nunca a los más débiles, a los que menos tienen.

Será la única forma de que, como personas libres pertenecientes al Frente Popular de la Dignidad Humana, podamos construir una sociedad española mejor. Es lo que no he olvido del mensaje esperanzador y paradójico de Salvador Allende.

Sevilla, 16/II/2019

(1) La imagen se recuperó el 11 de septiembre de 2018 de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2)Benedetti, Mario (1973). Terremoto y después. Montevideo: Arca.

Me quedo con Vosotros

Hace exactamente una semana, lo más importante de aquella noche de la entrega de los Goya 2019 comenzó con Rosalía, que pintó un Goya especial con su quietud inquieta. Una versión propia a capela, con mucho encanto, de una canción que entusiasmó a este país hace ya muchos años y que recuerdo especialmente en una versión adaptada por Manu Chao y la interpretación festivalera de Los Chunguitos. Ese momento mágico unió a millones de españoles escuchando asombrados la voz cálida de Rosalía, acompañada por el coro joven del Orfeón Catalàn y El Guincho, diciéndonos cosas al oído que todavía nos gusta escuchar, a pesar del tiempo transcurrido.

 Si me das a elegir / Entre tú y la riqueza / Con esa grandeza / Que lleva consigo, ay amor / Me quedo contigo

Es curioso que el protagonista de la canción, pregunta cosas muy interesantes, porque sin ideas las personas somos personas perdidas, porque podemos confundir valor y precio. Pero Rosalía no había hecho nada más que empezar y la canción seguía por sus derroteros históricos y actuales, en su texto y contexto, como los aforismos.

 Si me das a elegir / Entre tú y la gloria / Pa que hable la historia de mi / Por los siglos, ay amor / Me quedo contigo

En los tiempos que corren es asombroso rescatar una posibilidad de vuelo libre para llegar al olvido de tanto que nos hace sufrir. La falsa gloria no sirve para nada. El tarareo salía solo, aunque con un fondo de karaoke lleno de sentimiento.

Si me das a elegir / me quedo contigo / Porque me he enamorado / Y te quiero y te quiero / Y solo deseo / Estar a tu lado / Soñar con tus ojos / Besarte los labios

Y llega el punto álgido del enamoramiento que tanto se bailó en la década de los ochenta. A pesar de Los Chunguitos.

Pues me he enamorado / Y te quiero y te quiero / Y sólo deseo / Estar a tu lado / Soñar con tus ojos / Besarte los labios / Sentirme en tus brazos / Que soy muy feliz

Si me das a elegir / Entre tú y ese cielo / Donde libre es el vuelo / Para ir a otros nidos, ay amor / Me quedo contigo

Y vuelta a las ideas de libertad, creencia y vuelo, en una canción que presumía de ser bailable y sin mucho sentido. Pero no, porque en la versión de Manu Chao se cantaba que sin ideas somos personas perdidas. ¡Qué bien suena en el 2019, en un país descreído! Ya lo decía el sabio Enrique Morente en su Soleá de la ciencia, cantada con alma: Presumes que eres la ciencia / Yo no lo comprendo así / Cómo siendo tú la ciencia / No me has comprendido a mí.

Si me das a elegir / Entre tú y mis ideas / Que yo sin ellas / Soy un hombre perdido, ay amor / Me quedo contigo

Y Rosalía, tan serena, nos deja un mensaje perturbador: necesitamos ideas para no perdernos en un tiempo muy moderno, compromiso activo y no pereza, enamorarnos de la vida y de determinadas personas que son maravillosas (cada uno elige a quien cree que es mejor, con asuntos tan interesantes como soñar con unos ojos preciosos y unos labios para besar y mucho), sin abandonar las ideas propias y asociadas para que este mundo lleve las historias de cada uno por los siglos. Y Rosalía, con su quietud inquieta nos recordaba al final:

Sentirme en tus brazos / Que soy muy feliz

Después vino otro momento mágico, la intervención del actor de “Campeones” Jesús Vidal, premio Goya al mejor actor revelación, que habló como los ángeles. No tengo nada más que decir, solo recoger sus palabras y aprender de su dignidad personal maravillosa a través de tres palabras que nos recordó: inclusión, diversidad y visibilidad.

Definitivamente / si me dan a elegir / entre vosotros y mis ideas, / Rosalía y Jesús, / yo sin ellas soy un hombre perdido. / Me quedo con Vosotros…

Sevilla, 10/II/2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos “españamos” con las cosas que suceden en España (II)

EL GRITO-MUNCH1
El grito

Acabo de leer las noticias políticas de España en varios periódicos digitales y me sobrecogen, mejor dicho, me “españan”, sobre todo las de la derecha cerril y ultramontana, en un mar revuelto de insultos y descalificaciones a diestra y siniestra, ignorando que el diálogo con Cataluña debe llevarse hasta el final político que marca la Constitución, sin tener que judicializarse todo por definición, en una proclamación urgente y permanente de la separación de poderes.

Vuelvo a leer un artículo que escribí el año pasado sobre este verbo italiano, spagnarsi, porque me permite reescribir aquellas palabras cambiando hoy lo que hay que cambiar. Sé que no existe ese verbo, “españarse”, en el Diccionario de la Lengua Española, pero habría que rescatarlo algún día. No es la primera vez que escribo sobre su significado y ante lo que ocurre a diario en este país, no cabe duda de que se justifica de forma sobrada la operación rescate para su uso cotidiano en nuestro lenguaje, porque es un verbo que tiene una larga historia fuera de nuestras fronteras y en referencia a este sacrosanto país. Conocí este verbo italiano, spagnarsi (espantarse, españarse en sentido literal), equivalente del verbo italiano spaventarsi, a través de un amigo calabrés, que me dio todo tipo de detalles sobre la utilización actual del mismo en la conversación ordinaria de su región, junto a otras palabras derivadas del español de uso común en la actualidad tales como addirizzari (aderezar), angarijari (haraganear), granatu (granado), posata (posada), scupetta (escopeta), entre otras. Spagnarsi (Españarse, literalmente, llenarse de España, de espanto) significa tener miedo, temer, espantarse y se atribuye al dominio español en el sur de Italia desde finales del siglo XV hasta principios del XIX.

Españarse, no es una ocurrencia de última hora. Hace algunos años volví a encontrarme con esta palabra en un libro autobiográfico que recoge estas vivencias italianas sobre España, Los hijos, de Gay Talese (1), en el que se cita expresamente este verbo, spagnarsi, y su contexto histórico en la voz de Don Achille, maestro y director de una escuela del sur de Italia, muy didáctico pero con un recuerdo pésimo de Fernando el Católico: “No debéis olvidar nunca -añadió- que nuestras antepasados de esta parte de Italia vivieron durante casi tres siglos y medio bajo gobernantes vinculados a la corona española. Exceptuando el breve reinado de la realeza austriaca a principios del siglo XVIII, e incluso el reinado más breve de los parientes de Napoleón Bonaparte en Nápoles a principios del siglo XIX, el sur de Italia estuvo gobernado por virreyes que eran miembros de las familias más nobles de España, casi todos los cuales habían venido a Nápoles después de haber servido en Roma como embajadores españoles ante el Papa. Esas autoridades españolas eran tan crueles que incluso nuestra palabra spagnarsi, que significa “tener miedo”, guarda relación con los españoles”.

Lo siento, pero en situaciones políticas como las que estamos viviendo estos días, me españo y me reafirmo en la urgencia de regenerar la ética multidimensional y aplicada en este país, para recuperar el suelo firme individual y colectivo que nos permita caminar por él, como raíz honrada que justifique la dignidad de todos los actos humanos. Tarea urgente del Gobierno de este país, de todos los políticos y de cada ciudadano y ciudadana en particular, de forma personal e intransferible, para no acabar españándonos todos con todos.

Sevilla, 8/II/2019

(1) Talese, Gay (2014). Los hijos. Madrid: Alfaguara.

Me disgusta la democracia cuando calla

Estamos viviendo momentos transcendentales en este país, en el que parece que la democracia calla, aunque cuando lo hace… me disgusta, recordando los contrarios del poema precioso de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas. Salvando lo que haya que salvar, cada estrofa se podría asimilar al amor profundo, la creencia en la vida democrática y el disgusto por su silencio. Tengo la sensación de que hay un silencio aterrador, desesperado, cómplice, a la hora de defender la democracia, controlada por el poder del dinero, que siempre ha sido y es un poderoso caballero.

Asistimos incólumes a las bravatas de Trump, al drama humano en Venezuela y otras partes del mundo, al dolor de los migrantes que caminan hacia ninguna parte, al paro estructural, a la abstención clamorosa en los procesos de elecciones, como ha ocurrido recientemente en Andalucía; a la fragmentación territorial y política de este país que lo hace cada vez más ingobernable y con avisos para navegantes de la derecha cerril que a la memoria histórica hacia las personas que murieron de mala forma en la guerra civil se la denomina “gasto en desenterrar huesos”. Y la democracia calla, no va a las urnas.

La estrofa final del poema me inspira su contrario aplicándolo a la democracia, un amor verdadero: Me [disgustas] cuando callas porque estás como ausente. / Distante y dolorosa como si hubieras muerto. / Una palabra entonces, una sonrisa bastan. / Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Solo recupero la alegría de vivir en un día cualquiera como hoy cuando, gracias a seres humanos, a millones de seres anónimos que se esfuerzan diariamente por hacer la vida más amable y digna a los demás, constato que podemos sacar a la democracia de su silencio, de su ausencia, de su distancia, de su dolor, porque creo entonces que otro mundo es posible. Y comienzo a estar alegre, alegre de que no sea cierto su silencio.

Sevilla, 6/II/2019

NOTA: en el vídeo, Víctor Jara interpreta el Poema 15 del libro de Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, publicado en 1924. Esta canción pertenece al disco sencillo Venían del desierto, en su cara B, publicado en 1972 y que pertenecía al álbum El derecho de vivir en paz lanzado el año anterior.

Yo no pido

A estas alturas de la película de mi vida, no pido casi nada, recordando a Pablo Milanés. Me ha emocionado escuchar a su hija, Haydée Milanés, cantando esta canción preciosa junto a Pablo y Fito Páez. Mientras la escucho, tarareo en voz baja que yo no pido que en este mundo tan convulso me bajen estrellas azules; solo pido que mi espacio se llene con la luz que necesito para seguir viviendo. Yo no pido que me firmen papeles grises para seguir convencido de lo que el mundo necesita, el respeto a las personas dignas, el amor distribuido. Solo pido que los demás quieran las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no voy a negar casi nada, convencido de que el futuro mejor algún día llegará y del presente, qué me importa la gente si es que siempre van a hablar (mal, por supuesto). Solo pido que la utopía de un mundo mejor, en este aquí y ahora, siga llenando este minuto -en el que escribo- de razones para respirar. No necesito que la vida me complazca y tampoco pido que se niegue, que no hable por hablar.

Aunque lo necesito, yo no pido que la utopía de ese mundo mejor me baje una estrella azul, solo pido que mi espacio compartido con las personas que quiero se llene con su luz.

Sevilla, a 2 de febrero de 2019, horas antes de estar cerca de Pablo Milanés, a quien tanto aprecio y no olvido. A quien no pido nada, porque todo es agradecimiento hacia él en la intrahistoria de mi memoria de hipocampo.