Nadie es normal

Sevilla, 23/III/2021

Vivimos en una sociedad de pensamiento único en el que la persona que se sale del guion impuesto por ese patrón es considerada inmediatamente como “no normal”. Decía Caetano Veloso, el cantor brasileño de mi juventud que “Visto de cerca, nadie es normal”, frase que se convirtió con el tiempo en el eslogan del movimiento brasileño en defensa de la salud mental. Lo descubrí también cuando leí una obra extraordinaria de Eduardo Galeano, Las palabras andantes (1), porque vistas de cerca traducen muy bien lo que sentimos las personas que nos salimos de determinados patrones de normalidad y de las rutas impuestas por la sociedad de mal uso y consumo, sobre todo porque utilizamos palabras al hablar y escribir que andan por sí solas sin que tengan que ser fijadas, abrillantadas o bañadas de un supuesto esplendor que no necesitan casi nunca. Nos pasa sobre todo cuando nos tenemos que enfrentar a palabras que etiquetan el rasero de la normalidad en determinadas personas que andan por la vida por las fronteras del sentido de ser y estar en el mundo, sin que nos molestemos en comprenderlas y verlas de cerca. Es el estereotipo perfecto de las etiquetas sobre la enfermedad mental pronunciadas, paradójicamente, por los llamados “sanos mentales”, situación mucho más preocupante en estos tiempos de “nueva normalidad” por decreto

Así lo contó admirablemente Galeano en el libro de referencia, cuando lo justificaba haciendo justicia a sus palabras desde una ventana discreta para contemplar la normalidad de las personas normales: “Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizás Gutenberg usó: el taller de José Francisco Borges en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil. El aire huele a tinta, huele a madera. Las planchas de madera, en altas pilas, esperan que Borges las talle, mientras los grabados frescos, recién despegados, se secan colgados de los alambres. Con su cara tallada en madera, Borges me mira sin decir palabra. En plena era de la televisión, Borges sigue siendo un artista de la antigua tradición del cordel. En minúsculos folletos, cuenta sucedidos y leyendas: él escribe los versos, talla los grabados, los imprime, los carga al hombro y los ofrece en los mercados, pueblo por pueblo, cantando en letanías las hazañas de gentes y fantasmas. Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada. Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar; y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado. Le cuento los cuentos; y este libro nace”.

Hoy he encontrado de todo en las noticias del día, cuando ante la página en blanco me pongo a escribir con alma de aquello que estimo que debería ser lo normal en la vida, en el marco de la anormalidad que impera, encontrándome con “voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré —o fui por ellas encontrado”. Y me tengo que convencer que, a pesar de todo, visto de cerca, nadie es normal porque la vida nos moldea a imagen y semejanza de lo que marca el poderoso caballero don dinero o don normal.

Escribir hoy se puede interpretar como un delirio realizado de los que habla Galdeano. La verdad es que de alguna forma tenía que quejarme sobre lo que le ocurrió al diputado Íñigo Errejón la semana pasada en una sesión del Congreso de los Diputados, porque desde la bancada del partido popular le espetaron una frase a modo de insulto y descalificación personal: “Vete al médico”, cuando lo único que estaba pidiendo Errejón era que este Gobierno de Coalición fuera sensible con la realidad de la salud mental en nuestro país, por la necesidad urgente de los refuerzos de los equipos profesionales ante los daños colaterales de la pandemia, siendo conscientes que España es el segundo país en Europa en el consumo de ansiolíticos y que hay palabras andantes en el argot diario de la ciudadanía asociadas a esta cruda realidad: “Si digo diazepan, valium, o lexatín, todos sabemos de lo que estamos hablando. ¿Cuándo nos hemos acostumbrado a esto?”.

Hoy no voy al médico, sino que me permito entrar en mi clínica del alma, que así llamo a mi biblioteca, para abrir de nuevo el libro de Galdeano, Las palabras andantes, recordando una de sus ventanas de la palabra que no he olvidado: “En lengua guaraní, ñe’e significa «palabra» y también significa «alma». Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma”.

Hoy he comprendido también mejor que nunca, al leer las noticias del día, que “visto de cerca, nadie es normal”, aunque tengo que intentar identificar a quienes mienten sus palabras, fundamentalmente porque son traidores del alma cuando dicen que “visto de cerca lo que ocurre, todo es normal”. No son lo mismo las personas que las cosas a la hora de analizarlas, e igualarlas me da miedo, porque mucha gente considera que pensar así es lo más normal del mundo. Y no es lo mismo, no es lo mismo.

(1) Galeano, Eduardo (2003). Las palabras andantes. Madrid: Siglo XXI.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de De perto ninguém é normal (ou o ‘novo normal’) — Gama Revista

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

A %d blogueros les gusta esto: