Ahora, nos queda una tarea preciosa: tender puentes

Sevilla, 7/IV/2021

En una sociedad tan polarizada, en la que estamos viviendo en el último año de forma muy dura por la pandemia, siempre recuerdo la simbología del puente, desde sus orígenes arquitectónicos, como forma de establecer elementos de comprensión y diálogo entre las partes implicadas, las latentes y manifiestas, para que cualquier separación ideológica, personal, familiar o social atisben su fin inmediato. He escrito ya en este cuaderno digital sobre esta realidad de la función pontonera en la vida de cada uno y hoy me la ha recordado el cantor Miguel Poveda en una entrevista que recomiendo leer porque la cultura nos enseña todos los días aspectos muy interesantes en el escenario de cada teatro del mundo que es, al final, nuestra propia vida: “Me han enriquecido muchas músicas y lugares, y no me parece mala idea esto de tender puentes en un mundo en el que todo se está radicalizando tanto”, cuestión que está cuidando mucho ante el lanzamiento de su nuevo disco “Diverso”.

Por eso he vuelto a pensar hoy en los puentes, con una idea que aprendí un día de un ingeniero romano excelente, Cayo Julio Lácer, el autor material del puente de Alcántara (Al-Qantara, el puente), en Cáceres, al expresar de forma rotunda que “la grandeza misma del arte es superada por la grandeza de la obra (ars ubi materia vincitur ipsa sua). Sería una gran lección en estos días difíciles en los que la unión mundial es la fuerza principal contra el coronavirus, donde deberíamos todos, cada uno en su sitio y con su cadaunada, demostrar que la grandeza misma del diálogo, que también es arte, es superada por la grandeza del diálogo sincero y comprometido con lo diverso en el amplio sentido de la palabra, con lo singular, que también es apasionante. Empezando por la política profesional y la que cada uno practica como ciudadano, en su leal saber y entender, según nos enseñó Aristóteles y la cultura griega a la que tanto debemos.

Junto con el diálogo en la nueva normalidad, me gustaría hoy poner énfasis en la singularidad, porque creo que más que normalidad, habría que hablar de nueva singularidad. Cuando pretendemos ajustarnos a patrones, la experiencia suele ser nefasta, porque dejamos a un lado la inteligencia, como primer distintivo humano que nos hace ser personas y de identidad intransferible y porque no existen dos iguales, por mucho que se empeñe la sociedad de mercado en pasarnos a todos por la máquina de conversión en personas-patrón-para-triunfar-en-el-mundo, empaquetándonos como producto expuesto para que lo compre el mejor postor en todos los ámbitos posibles, sin aceptar nunca la diversidad de todos y de cada uno. Pura mercancía. Al final, se trata de dialogar con la vida desde nuestra singularidad y respetando la de los otros, tendiendo puentes, tal como ya definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres y antepasados en la preciosa evolución de nuestra propia vida.

Puentes, puentes, puentes. Sería una buena forma de completar una nueva inscripción mundial para los derechos y deberes humanos compartidos ante una pandemia que ha hecho tantos estragos, donde se recogiera también las palabras que seguían al primer aserto comentado: “El ilustre Lácer, con divino arte, hizo el puente para que durase por los siglos en la perpetuidad del mundo”. O lo que sería lo mismo: los ilustres mandatarios mundiales, desde Oriente a Occidente, desde el Norte al Sur del Mundo, una vez demostrado que el diálogo supera el arte de hablar y callar, construyen la paz entre los pueblos para que dure por los siglos en la perpetuidad del pequeño mundo de cada uno y de la singularidad de todos. Ahora, para enfrenarnos de la forma más digna y efectiva posible, mediante el diálogo, a la pandemia que tanto nos está haciendo sufrir y que nos separa de la vida día a día.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.