25 de abril, una fecha que nos ayuda a proteger la libertad y la democracia

Sevilla, 25/IV/2021, día de san Marcos evangelista y 47º aniversario de la “revolución de los claveles” en Portugal / 00:20 h.

Dedicado de forma especial a nuestro hijo Marcos

Cada año me aproximo en este día a la página en blanco de este cuaderno digital como si fuera la primera vez. Para mí existen dos razones fundamentales para no olvidar su significante y significado, siendo la primera su carácter “santo”, la celebración de la festividad de san Marcos, aunque a mí me gusta hablar de él como el joven periodista que nos transmitió su visión de cómo era Jesús de Nazaret; la segunda, desde la perspectiva más laica posible, la del aniversario de la revolución de los claveles en Portugal, en 1974, a través de una canción que no olvido, Grándola, Vila Morena, cantada por Jose Zeca Afonso, porque la transformación de aquella sociedad anquilosada e instalada en la dictadura fue verdadera y porque demostró que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones, aunando voluntades. Aquella canción sonó de una forma especial a a las 0.20 horas del día 25 de abril de 1974 en el programa radiofónico Limite,  como segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario en Portugal.

Esta fecha no es inocente en ambos casos, como ocurre siempre con las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el “tu quiero y mi puedo” que nos enseñó Mario Benedetti y que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. Nuestro hijo Marcos lleva ese nombre porque cuando nació tuvimos presente la interesante vida de su homónimo galileo, aquél amigo y admirador de Jesús de Nazaret, al que le gustaban sus detalles humanos de proximidad a las personas más necesitadas de todo, los nadies de su época, siempre dispuesto a atender a quien lo necesitara, aunque estuviera muy cansado y se durmiera sobre el cabezal del barco (así nos lo ha contado), considerando que su vida y obras eran una gran noticia para el mundo por su marcado interés general. Para mí, un excelente periodista, que contaba lo que interesaba en aquel momento a la gente, en la clave que aprendí de Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, cuando decía que “periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Nos hacía ilusión contárselo a Marcos cuando lo pudiera comprender y así lo hicimos, para que siempre fuera portador de las mejores noticias de libertad y democracia a pesar de estar viviendo muchas veces en un mundo al revés.

Respecto de la revolución de los claveles, de la que tuve noticia en mis años jóvenes, concretamente el 25 de abril de 1974, tuve siempre muy claro el papel transcendental que jugó Jose Zeca Afonso, el cantor por excelencia de aquél levantamiento popular, porque debía hacerlo por su compromiso político. Me hice con su canción de forma un poco artesanal por imperativo del Régimen, pero Grándola, Vila Morena me ha acompañado siempre en mis revoluciones interiores, donde estuviera o viviese, que ha sido en muchos puntos cardinales del mundo. Desde entonces, la simbiosis de ambas realidades en torno al 25 de abril han sido una realidad constante. Marcos y la revolución de Zeca, junto al célebre cartel del niño con el fusil, el clavel en la boca del arma y las manos anónimas militares sujetándola como símbolo de paz para todos, que compré para un hijo imaginario en Roma, muy cerca de Rafael Alberti, en la Librería Rinascita, edificio emblemático de su casco antiguo, donde hoy vive gente adinerada por la contradicción del comunismo, situado en la calle de las tiendas artesanales oscuras (botteghe oscure) que tantas veces paseé en busca de la libertad no vigilada por la conciencia insolidaria.

La letra de aquella canción, Grándola, Vila Morena, que vuelve a sonar hoy en mi memoria de hipocampo, puede ser un perfecto guion para entender bien su significado a través de algunas de sus estrofas:

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Marcos creció de la mano de soledades sonoras, porque la revolución silenciosa debe seguir adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro del niño, el fusil y el clavel en su habitación de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, siempre con letra y música de fondo interpretada por Jose Zeca Afonso.

A la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad: estas palabras nos sirvieron para comprender a Marcos, su forma de ser, sus sueños, su auténtica personalidad, sabiendo que el compromiso de la encina es dar corazón porque moldea la vida. Su nombre fue un compromiso para el proyecto que más ha ordenado nuestra forma de ser y estar en el mundo, cuando solo tenía segundos de vida real, porque queríamos que él fuera siempre un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tal y como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: “Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso” (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39). Cosas de un ciudadano especial y tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, como dije anteriormente, soñando que otro mundo era posible. Nos contó cosas de un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. 

El pueblo es quien más ordena, dice también la canción revolucionaria y siempre se lo hemos recordado a Marcos, tal y como nos lo transmitió aquél joven llamado Marcos, del siglo I que vivía en Galilea y Jose Zeca Afonso en su pequeño rincón de Grándola, bastante avanzado el siglo XX. No lo olvidamos en pleno siglo XXI, cuando la democracia sufre en varios frentes de convivencia por el odio que algunos se empeñan en instalar en nuestra forma de vida. De ahí la necesidad de recordar lo que nos puede mantener vivos y despiertos en democracia (de otra forma no es posible) después de tantos siglos.

Hoy, sigo pensando a estas alturas del siglo, en plena pandemia, que aquél chico tan atrevido, de nombre Marcos, nos dejó palabras escritas sobre la maledicencia y sus portavoces, pronunciadas por su amigo Jesús ante un pobre paralítico indefenso y porque a él lo consideraban un impostor, que leyéndolas de nuevo hoy las considero de un calado excepcional: ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? (Marcos 2,8), para que no las olvidemos ni siquiera un momento. Aquella revolución que estaba viviendo Marcos y que le costó la vida a su amigo le sobrecogió y hoy nos viene muy bien recordarlo, cuando la democracia en este país corre un riesgo alarmante de perder el control de la convivencia pacífica, por determinados pensamientos en corazones de personas que están muy lejos de la democracia y su aplicación en la vida ordinaria. Creo que al buen entendedor que debe proteger la libertad y la democracia, con pocas palabras basta.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En medio de tanta crispación, nos hablan Xavier y Carmen

Sevilla, 24/IV/2021

Ayer fue un día para olvidar en la historia de la democracia de este país. La actitud impresentable de la ultraderecha con nombre propio, VOX, negando la mayor sobre las amenazas de muerte a tres representantes políticos, dos de ellos institucionales, solamente puede ser compensada por la noticia de una historia de amor, también con nombre propio, la de Xavier y Carmen, publicada por elDiario.es, como muestra del alma buena de muchas personas de este país, que deberíamos difundir como ejemplo de que la democracia necesita ofrecer serenidad suficiente para que personas como Xavier y Carmen puedan vivir de forma tranquila y digna, en democracia, la difícil experiencia de vivir cada día, incluso apasionadamente.

Xavier y Carmen son dos personas mayores que a su edad, 92 y 90 años respectivamente, necesitan manifestarse a diario el amor que se profesan, al menos así lo piensa Xavier porque Carmen, afectada por Alzheimer, acude a la cita de cada día en el ventanal que le separa de Xavier por la situación actual del coronavirus,  auxiliada por sus cuidadores en un geriátrico de Barcelona, fijando solo su mirada extraviada en su marido que intenta colocar las palma de sus manos junto a las de ella, a través del cristal, para decirle también en el día de ayer, san Jorge, que la sigue queriendo igual que siempre:

–Carmen, que hoy es Sant Jordi. ¡Sant Jordi! ¡El día de la rosa! ¿Me quieres? Ai, senyor… […]

–¡Carmen, hola! ¿Me ves, verdad? ¡Mira qué rosa!

A Xavier le sacan un taburete todos los días que acude al centro, para que se pueda sentar en la acera y sobrellevar mejor el tiempo que pasa en la ventana junto a su mujer: “Esta escena, aunque sin la rosa de Sant Jordi, tiene lugar casi cada mañana en la calle Ripollès, en Barcelona, frente a la Residència Geriàtrica. Es la fórmula que ha encontrado Xavier Antón, de 90 años, para seguir estando cerca de su mujer, Carmen Panzón, de 92, después de que la pandemia obligase a las residencias de mayores a prohibir visitas. Desde hace unas semanas, con los residentes vacunados ya se permite el acceso a familiares, aunque en esta se siguen restringiendo a una visita a la semana. Y esto a Xavier le sabe a demasiado poco. “Yo vengo siempre que puedo, a eso de las 11.00, que es cuando ya están vestidos y desayunados. Los trabajadores ya me conocen y me sacan el taburete”, explica el hombre. Suele pasar allí algo más de una hora. Hoy, sin embargo, ha tenido que venir por la tarde, porque antes tenía cita con el dentista. “Le pongo la mano en el cristal, le lanzo besos, hago ver que me caigo, rezamos el padrenuestro… Y a veces se ríe”, relata Xavier. Hoy lleva además una rosa. “Nunca hemos sido de celebrar grandes cosas, pero Sant Jordi, sí. La rosa siempre”, asegura”.

¡Qué gran lección en medio de tanta crispación y desasosiego! Como soy un buscador nato de islas desconocidas, hoy he querido compartir este descubrimiento tan humano en el mar proceloso de la política en este país, para neutralizar tanto desencanto con la alteración diaria de la democracia, imperfecta muchas veces pero necesaria, yo diría que imprescindible. Es solo un símbolo que retrata muy bien dónde está cada uno en la vida. Necesitamos la democracia como el comer, pero lo sucedido ayer en Madrid nos deja entrever que todos los políticos no son iguales y que si no se para a tiempo esta deriva de crispación y odio el barco de la convivencia pacífica se puede ir a pique. Incluso puede llegar a afectar a Carmen y a Xavier, que representan a millones de personas de bien y demócratas, porque esa acera tan necesaria para Xavier y su taburete se ocupará por la violencia que no suele dejar títere con cabeza, aceras que en democracia son imprescindibles, como explicaba excelentemente, hace ya muchos años, la gran urbanista Jane Jacobs: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en la calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1). Como las de Xavier y Carmen cada día de paz y convivencia democrática en su querido espacio de encuentros.

Esta preciosa historia ha figurado esta semana en la portada de la edición digital del “New York Times”, gracias a unas fotos que les hizo el fotoperiodista Emilio Morenatti para “The Associated Press”. Su historia ha dado la vuelta al mundo. Es verdad que algo hacemos bien en nuestro país y por estos hechos nos deberían conocer siempre. La realidad es que en medio de la crispación nacional, nos han hablado metafóricamente Xavier y Carmen.  El relato puntual de esta historia no podía acabar mejor: “La tarde va cayendo en la calle Ripollès y dentro del centro alguien ha decidido poner música. Suena ‘Dos gardenias para ti’ y un trabajador, ataviado con algo parecido a un EPI –solo en la parte del cuerpo– se pone a bailar con una de las residentes. En la sala de estar que se vislumbra a través del ventanal, una docena de personas mayores echan la tarde alrededor de una mesa, tarareando las canciones y observando a la pareja que baila. También a Xavier y a Carmen, que siguen a lo suyo, con sus muecas y sus golpecitos en la ventana”.

(1) Jacobs, Jane (1961),  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de El amor de Xavier, el anciano que saluda cada día a su mujer con Alzheimer a través de una ventana (eldiario.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.