Amartya Sen, alumno de Tagore y maestro imprescindible

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 18/X/2021

Una persona que conoció a Tagore es difícil que no transmita su sabiduría humanista a raudales. Es lo que le ocurre a Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, un economista y filósofo, sobre todo un intelectual que logró humanizar la economía, algo que sigue pareciendo imposible sabiendo lo importante que es el poderoso caballero Don Dinero y su capilaridad social hasta las últimas consecuencias por su impacto en el ser humano. Acabo de leer un artículo magnífico en el diario El País, Amartya Sen, el niño bengalí que vio el hambre de cerca y acabó humanizando la economía, que hace un recorrido muy interesante de su vida con motivo de la publicación de su ultimo libro  Un hogar en el mundo,  unas memorias inacabadas al tratar sólo de su juventud pero que simbolizan quién es en la actualidad, en las que Tagore está presente desde el título como él mismo reconoce, al estar inspirado en La casa y el mundo, obra que ejerció una gran influencia en Sen, así como por el tiempo en el que asistió a sus clases en Santiniketán, durante diez años, donde Tagore había fundado una escuela experimental.

Me ha interesado su relación con Tagore, que cita el artículo:  “Dos años antes de aquella tragedia [la hambruna bengalí de 1943] había muerto el poeta Rabindranath Tagore, con el que el pequeño Sen tuvo una relación familiar estrecha. Su madre era amiga suya y bailó en varias de las obras dramáticas del escritor, que incluso se inventó un nombre para él: Amartya sale en sánscrito de añadir a Martya (muerte) una “A” que convertía al recién nacido en un enviado “de un lugar donde las personas no mueren”. Tal vez por eso ha pasado el año y medio de la pandemia sin cederle demasiado espacio al miedo. “Tengo un largo historial de enfermedades que incluyen dos cánceres”, recordó en la entrevista. “El primero, con 18 años. Me dijeron: ‘Hay un 15% de posibilidades de que sobrevivas cinco años’. Eso fue hace 70″. El segundo fue en 2018, de próstata”. Igualmente, Sen se refiere a Tagore en la citada entrevista en términos algo más que elogiosos: “Es una pena que en Occidente se le haya reducido a su imagen mística, cuando tiene mucho que decir sobre historia, política, economía y equidad social”.

Lo importante de la anécdota vital anterior es la importancia de que sus teorías no mueran en un interés general y legítimo para la sociedad, porque es una bocanada de aire fresco ante tanta mediocridad galopante política y económica. Creo que así lo ha reconocido el acta del jurado que le ha otorgado el premio Princesa de Asturias de ciencias sociales 2021, que se le entregará el próximo viernes, 22 de octubre, en un acto al que probablemente no podrá asistir por una lesión reciente en la espalda: “Desde una perspectiva cosmopolita e interdisciplinar, las múltiples investigaciones de Sen incluyen aportaciones a las teorías de la elección pública y del desarrollo, la economía del bienestar y otras dirigidas a descubrir las raíces de la pobreza y las hambrunas. Su enfoque de las capacidades de las personas se ha extendido al conjunto de las ciencias sociales. Toda su trayectoria intelectual ha contribuido de manera profunda y efectiva a promover la justicia, la libertad y la democracia. Su continuada y excelente labor ha influido de manera decisiva en los planes de desarrollo y en las políticas de las más relevantes instituciones mundiales. Además, ha fundado una escuela universal comprometida con la defensa de los derechos humanos, que ha hecho del profesor Sen una figura clave del pensamiento actual y un maestro de maestros”.

La sinopsis de Un hogar en el mundo no deja lugar a dudas sobre la calidad de su vida y obra humanista: “Para Amartya Sen, la palabra «hogar» evoca muchos lugares: la ciudad de Daca, en el actual Bangladés, donde creció; el pueblo de Santiniketan, donde fue criado por sus abuelos y sus padres; Calcuta, donde inició sus estudios de Economía y participó activamente en movimientos estudiantiles; y el Trinity College, en Cambridge, al que llegó a los diecinueve años. Sen recrea con brillantez la atmósfera de cada uno de esos lugares. En el centro de su formación estuvo la escuela intelectualmente liberadora en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore (quien le dio su nombre, Amartya), y las apasionantes conversaciones en el famoso Coffee House de College Street, en Calcuta. Como estudiante universitario en Cambridge, se relacionó con muchas de las principales figuras de la época. En un capítulo memorable, recuerda los «ríos de Bengala» por los que viajó con sus padres entre Daca y sus pueblos ancestrales. Además, transmite con gran maestría la inflamación política que llevó a la hostilidad entre hindúes y musulmanes, así como la resistencia a ella. En 1943, Sen fue testigo de la hambruna de Bengala y de su desastroso resultado. Por supuesto, la relación entre Reino Unido e India es otro tema principal del libro. Cuarenta y cinco años después de que llegara a la que sin duda es una de las mayores fundaciones intelectuales del país británico, Sen se convirtió en Master del Trinity College. Este es un maravilloso libro de personas y lugares, pero también de ideas, las que dieron forma a una visión del mundo justa, amplia y necesaria hoy”.

Recomiendo la lectura de estas memorias de juventud, donde forjó su forma de ser y estar en el mundo que a mí tanto me fascinan de los demás, de los imprescindibles, a los que así calificó Bertolt Brecht en una cita inolvidable: Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles (adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes, dado que los corchetes son míos en una lectura renovada desde la perspectiva de género en el lenguaje actual). Si a los imprescindibles uno la defensa de los nadies de Galeano desde la ética social, los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, creo que a Amartya Sen lo podemos encumbrar al Olimpo de las personas a las que tenemos el deber de escuchar atentamente para que el Estado del Bienestar se consolide en beneficio del interés general de la sociedad. Todas las teorías económicas y sociales no son iguales y eso se ha encargado Sen de demostrárnoslo a lo largo de su trayectoria intelectual, un niño bengalí que llegó a interpretarnos la vida de la forma más digna posible, sobre todo para los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada, los que probablemente más son pero menos tienen por culpa de los opulentos vestidos de negro, los más despiadados del mundo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.