En el País Vasco ha vencido el principio esperanza

Barandilla de La Concha (San Sebastián), creada por Mariano Arrieta / JA COBEÑA

¿Cuántas iglesias tiene el cielo?
¿Por qué no ataca el tiburón a las impávidas sirenas?
¿Conversa el humo con las nubes?
¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 20/X/2021

Así se lee en Wikipedia, para quien lo quiera recordar: “En la tarde del jueves 20 de octubre de 2011, tres días después de la celebración de la Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián, y apelando a sus conclusiones, ETA anunció «el cese definitivo de su actividad armada» mediante un comunicado publicado en las ediciones digitales de los diarios Gara Berria, difundido igualmente en vídeo y audio en castellano y euskera”. He escrito en varias ocasiones en este cuaderno digital sobre el problema vasco relacionado con ETA y un ejemplo es cuando el 24 de marzo de 2006 se anunció un alto el fuego de la banda terrorista que no vería su auténtico final hasta octubre de 2011, cuando hoy se cumplen exactamente diez años desde ese anuncio final.

En 2006 escribí que “Efectivamente, es tiempo de esperanza. Aprendí de Ernst Bloch y así lo escribí hace muchos años, que el gran valor de la esperanza es el ofrecimiento de ser activos en la búsqueda de lo que deseamos, porque lo que esperamos todavía no ha llegado y, además, nos interesa, nos hace libres. En cualquier nivel, en cualquier proyecto, en cualquier deseo: frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual de cada persona como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, cada persona lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida. Es como la ilusión que yo tenía cuando era niño y construía los juguetes en mi pensamiento hasta que llegaba el día señalado y lo alcanzaba. Más o menos igual: “La superación del conflicto, aquí y ahora, es posible” (a partir de aquí citaba entrecomilladas y en cursiva palabras literales de los dos comunicados de ETA, anunciado el alto el fuego, en clave real y positiva). Hambre de paz”.

También escribí en aquella ocasión que un escritor del que aprendo permanentemente el lenguaje de la concisión, autor del cuento más breve del mundo, Augusto Monterroso, lo diría así: cuando despertamos, después de entrar en vigor el alto el fuego de ETA, la esperanza todavía estaba allí… En definitiva, algo expresado en el comunicado: “superando el conflicto de largos años y construyendo una paz basada en la justicia”. Aunque hiciera, por esta vez, más largo el cuento, pero basado en una realidad que nos permite creer en que la paz, ahora y siempre, sí es posible.

Eduardo Chillida, Elogio del silencio, 1975 / Basílica de Santa María del Coro, San Sebastián / JA COBEÑA

Diez años después, confirmo aquel deseo: en el País Vasco ha vencido el principio esperanza. En aquella ocasión me despedía con unas palabras de celebración de aquel anuncio de alto el fuego que después se tuvo que validar con el del 2011, porque lo escribí, como hoy, cerca del pueblo vasco y de las víctimas de cualquier terrorismo, a 23 de marzo de 2006, cuando ya solo faltaban tres horas para que se cumpliera la primera parte de un sueño legítimo en beneficio de la humanidad y de los que creen en el “principio esperanza”. Lo que vino después, en 2011, lo confirmó plenamente, porque sólo quise y ahora quiero de nuevo aprovechar este foro para contribuir, con mi ilusión personal y mi creencia en el ser humano como factor determinante, a que la paz sea una realidad constante en Euskadi y en los sentimientos y emociones del pueblo español en general y vasco, en particular. A pesar del sufrimiento de casi 900 víctimas, a lo largo de 43 años de desesperanza real, dura, triste, desgarradora, espantosa, en todos sus términos. A pesar de los que han tenido que incorporar a su vida diaria la rutina de cualquier protección, incluso la más dura: la de sacar fuerzas de flaqueza para seguir viviendo.

Ante las preguntas de Neruda sobre las esperanzas, estoy convencido de que en el País Vasco encontraron para ellas, a partir de 2011, la mejor respuesta: de verdad, hay que regarlas todos los días con el rocío de la dignidad humana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.