Sabemos dónde están los pobres en Andalucía

Sevilla, 18/III/2022

Las lamentables declaraciones que hizo ayer en la Asamblea de Madrid el Consejero de Educación y Portavoz del Gobierno de la Comunidad, sobre el informe sobre exclusión y desarrollo social en la Comunidad de Madrid, llevado a cabo por Cáritas y la Fundación FOESSA, que recoge los resultados de la encuesta sobre integración y necesidades sociales en 2021, traducen una falta de visión real de lo que está ocurriendo en su Comunidad, negando lo evidente y además con datos irrefutables. Sus palabras se descalifican por sí mismas: “Insisto, que me encantan que existan estos informes, pero que sean más objetivos […] Si uno sale a la calle y le dicen que hay tres millones de pobres… pues, ¿por dónde estarán?”, haciendo gestos de mirar al suelo desde el atril, a izquierda y a derecha, simulando una búsqueda de pobres por los rincones de la sala donde intervenía. No le dedico ni una palabra más, porque no las merece por su indignidad, ratificada por la Presidenta de la Comunidad: «Empeñarse en dibujar a un Madrid como una región de pobreza es absolutamente falso». Lo que sí es importante reflejar por escrito, porque si no las palabras se las lleva el viento, es el objetivo final de estos informes, que son de todo el país, de varias Comunidades, para cooperar en divulgar lo que verdaderamente interesa a la sociedad digna de este país, como tal verdad, sobre exclusión y desarrollo social.

En este marco tan peculiar y doloroso, quiero hoy centrarme de nuevo en el informe citado, pero referido a Andalucía, como he hecho en ocasiones anteriores, para servir de altavoz que ayude a visibilizar lo que está ocurriendo, porque me interesa saber dónde están realmente los pobres de mi Comunidad, de mi ciudad, de mi barrio y qué mejor que recurrir a este tipo de informes, aunque también hay otros que lo complementan, como los del Banco de Alimentos, Cruz Roja y diferentes ONG, para no participar en silencios cómplices que invisibilizan lo que está pasando a pocos metros de mi casa, de mi barrio o de mi ciudad, sin ir más lejos. Lo dice con palabras llenas de sentido y sensibilidad humana, Raúl Flores, uno de los autores y analistas de los informes, para justificar con claridad meridiana esta actividad de visibilización de la realidad de exclusión social y pobreza severa de nuestro país, que debemos conocer bien para atenderla de la mejor forma posible por parte de los Gobiernos correspondientes y por la sociedad en general: “el nivel moral de una sociedad se mide por cómo afrontamos la realidad de las personas más pobres y más vulnerables. Y para poder poner eso en el centro de nuestras preocupaciones y el centro de la agenda política, informes como el de Cáritas y como el de otras muchas entidades, nos ayudan a no perder de vista cuestiones tan importantes como son al fin y al cabo, las condiciones de vida de muchas personas” o “La gran parte de la pobreza no se ve a simple vista, está en sus casas con familias que hacen todo lo posible por salir adelante”, es decir, millones de personas de este país no llevan un letrero en la cabeza diciendo “soy pobre”, sino que por su dignidad conviven a diario y a duras penas con nosotros, sin darnos a veces cuenta de lo que está sucediendo.

En el informe territorial sobre exclusión y desarrollo social en Andalucía, de 2022, que recoge los resultados de la encuesta sobre integración y necesidades sociales llevada a cabo en 2021, se presenta un resumen ejecutivo que utilizo como guía de lectura del mismo poniendo especial énfasis en estos puntos de interés, sin que excluya obviamente la lectura del informe completo, imprescindible para emitir juicios bien informados, habiéndose obtenido las siguientes conclusiones:

1. Se reducen las tasas de integración social y crecen con fuerza las situaciones de exclusión severa, que afectan a más de un millón de personas.

2. Crece el porcentaje de población afectada por situaciones de exclusión en el eje económico, en el eje político y de ciudadanía y, en menor medida, en el eje relacional.

3. Se reduce el porcentaje de personas que no tienen problemas en ninguna dimensión, y crece el de quienes tienen problemas en tres o más dimensiones de la vida cotidiana.

4. El desempleo, la pobreza, los gastos excesivos de vivienda y las barreras económicas a los cuidados de salud son los problemas más frecuentes y afectan a entre un 13% y un 18% de la población.

5. Los colectivos más afectados por la exclusión social: hogares pobres o sin ingresos, hogares cuya persona sustentadora principal busca empleo y personas extranjeras.

6. La exclusión crece entre la población extranjera, los jóvenes, los hogares sustentados por mujeres y las familias numerosas y monoparentales.

7. La COVID-19 sacude el mercado de trabajo y crecen los problemas relacionados con el empleo.

8. Crece el porcentaje de población con problemas en la dimensión de la vivienda, que afectan a casi una cuarta parte de la población.

9. Crece el porcentaje de población con problemas de exclusión social en la dimensión de la salud.

10. Se reducen las situaciones de conflicto social, pero aumentan los problemas de aislamiento.

11. La brecha digital afecta en mayor medida a los hogares en situación de exclusión severa.

12. Crece la renta mediana y se reducen las situaciones de pobreza y los índices de desigualdad, aunque crece la privación material.

13. Un año después de su creación, casi el 3% de la población andaluza se beneficia del IMV [Ingreso Mínimo Vital], frente al 1,6% en el conjunto de España.

14. La cobertura de la RMISA [Renta Mínima de Inserción Social de Andalucía] crece entre 2019 y 2020, pero queda muy por debajo de la del IMV.

A la luz de estas conclusiones, convendría destacar que “en 2021, el 41,7% de la población de Andalucía se encuentra en una situación de integración plena, el 32,0% en una situación de integración precaria, el 12,4% en una situación de exclusión moderada y el 13,9% en una situación de exclusión severa. Las personas en situación de exclusión social representan el 26,3% de la población de Andalucía, lo que implica que, aproximadamente, uno de cada cuatro habitantes de la Comunidad —en torno a 2,2 millones de personas— se encuentra en 2021 en una situación de exclusión moderada o severa. Sabemos, por tanto, dónde están los pobres en Andalucía. También interesa relacionar esta situación con el impacto de la COVID-19: “La evolución, en cualquier caso, es muy distinta en función del nivel o grado de exclusión que se considere: mientras que las situaciones de exclusión moderada apenas han crecido medio punto porcentual, el porcentaje de población en situación de exclusión severa prácticamente se ha duplicado, pasando del 7,2% al 13,9%. Cabe por tanto destacar que la crisis de la COVID-19 se ha traducido en Andalucía en una reducción de los niveles generales de integración social y, sobre todo, en un incremento de la proporción de personas afectadas por las situaciones más severas de exclusión. En 2021, el número de personas en esa situación asciende a 1,1 millones de personas, frente a poco más de 600.000 en 2018. La exclusión en Andalucía se ensancha y, sobre todo, se hace más profunda”.

En esta guía para estar bien informados de dónde están los pobres en Andalucía, he escogido un punto de especial interés: los problemas más frecuentes y cotidianos que tienen los que menos tienen, los nadies de Eduardo Galeano: “En Andalucía, los problemas más frecuentes, aquellos que afectan a más del 12% de la población, son cinco: el desempleo de todas las personas en edad activa que residen en el hogar (el 17,9% de la población vive en hogares que están en esa situación); la presencia en el hogar de al menos una persona desempleada de larga duración, sin título profesional y sin haber recibido formación ocupacional o haber realizado estudios en el último año (esta problemática afecta al 16,2% de la población); las dificultades económicas para comprar medicamentos o seguir tratamientos médicos (15,4%); los gastos excesivos de vivienda (14,7%); y la pobreza severa (13,6%). Hasta un millón y medio de personas, dependiendo del indicador, están afectadas por estas situaciones carenciales en 2021 en esta comunidad autónoma. Es obvia, por otra parte, la interrelación entre los cuatro indicadores que, si bien afectan a dimensiones o ámbitos diferentes —el empleo, la política, la vivienda y la salud— derivan de la ausencia de unos ingresos económicos mínimos para dar respuesta al conjunto de las necesidades de las familias”. Sabemos qué problemas tienen los pobres en Andalucía.

También me ha interesado en este resumen los datos referidos a la salud: “Más allá del impacto de la COVID-19 y del confinamiento en Andalucía, lo cierto es que durante estos tres últimos años ha crecido en la comunidad andaluza la proporción de hogares y de personas que están afectados por problemas de exclusión social en la dimensión de la salud. En efecto, el 19,6% de los hogares y el 17,4% de la población experimenta situaciones carenciales en la dimensión de la salud en 2021, frente al 14,5% y el 12,6% en 2018, y el 17,2% y 17%, respectivamente, en el conjunto de España. El porcentaje de población afectada por estas situaciones es superior, por tanto, en Andalucía con relación a España, debido fundamentalmente a que el crecimiento del porcentaje de personas afectadas por estas situaciones ha sido en Andalucía más marcado que el experimentado en el conjunto del país, tanto desde el punto de vista de los hogares como del conjunto de la población”. Los daños colaterales de la pandemia están ahí reflejados y sabemos que perdurarán en el tiempo: “Si se tiene en cuenta el total de los hogares andaluces, los problemas más prevalentes en el ámbito de la salud son la falta de acceso a medicamentos debido a problemas económicos (el 14,7% de los hogares andaluces ha dejado de comprar medicinas o prótesis, seguir tratamientos o dietas, por problemas económicos) y la presencia de una discapacidad, enfermedad crónica o problemas graves de salud en todas las personas adultas del hogar (5,6%). La prevalencia de estas problemáticas es superior entre los hogares en situación de exclusión social: dentro de este grupo, el 48,6% ha dejado de comprar medicamentos o seguir tratamientos o dietas por cuestiones económicas. En el 5,8% de estos hogares se han experimentado, en la actualidad o en el pasado, situaciones de hambre”. Sabemos, por tanto, qué problemas de salud tienen los pobres en Andalucía.

Por último y por imperativo categórico de la brevedad que impone un artículo de estas características, que nunca debe obviar el conocimiento completo del informe, he elegido una correlación de datos de sumo interés para centrar bien los ejes y las dimensiones de la exclusión social en Andalucía, señalando especialmente que la metodología de la encuesta diferencia tres grandes ejes de exclusión: el económico, el político y de ciudadanía, y el social y relacional: “En el eje económico se tienen en cuenta las dimensiones relacionadas con el empleo y el consumo, de tal forma que, por una parte, se examinan los procesos que excluyen a los hogares y a sus miembros de una relación laboral normalizada y, por otra, la suficiencia y/o calidad de los ingresos económicos para la participación en la sociedad, así como las situaciones de privación de bienes considerados básicos. El segundo de los ejes, el eje político y de ciudadanía, hace referencia a la exclusión de la participación política, de la educación, de la vivienda y de la salud. En la dimensión de la participación política se considera el derecho a elegir a los representantes políticos y a ser elegidos, así como la capacidad efectiva de participación política y ciudadana; mientras que en las dimensiones relacionadas con la ciudadanía se contempla el acceso en condiciones similares al conjunto de la población a la educación, la vivienda y la salud. Por último, el eje relacional de la exclusión social hace referencia fundamentalmente a las situaciones de conflicto y aislamiento social, que incluyen por una parte las relaciones sociales adversas y otras situaciones de conflictividad social y/o familiar y, por otra, la ausencia de lazos y apoyos sociales. A su vez, estos tres ejes se dividen en ocho dimensiones diferentes: empleo y consumo, en el eje económico; vivienda, educación, salud y participación política en el eje político y de ciudadanía; y conflicto y aislamiento social en el eje relacional. Por último, estas dimensiones articulan un total de 37 indicadores específicos que recojan situaciones potencialmente carenciales”. El gráfico siguiente refleja claramente esta distribución de porcentajes en los tres ejes de exclusión, donde se observa un incremento significativo en los dos primero ejes y una bajada considerable en el relacional, lo que nos lleva a considerar que sabemos dónde están las causas principales de la exclusión social y pobreza en Andalucía.

Finaliza el informe con datos de una de las respuestas de Gobierno más importantes en los últimos años para afrontar la exclusión social, es decir, proporcionar recursos dignos a las personas afectadas para ayudar a salir de las situaciones descritas, con una medida que ha tenido ya un impacto social pero insuficiente a todas luces por los desajustes en su implantación. Me refiero al Ingreso Mínimo Vital, sobre el que también he escrito en este cuaderno digital, en distintas ocasiones, ofreciendo datos de interés para conocer bien los desajustes en los que está instalado en la actualidad y que merma su efectividad. Partimos de la base de que “El análisis de las situaciones de pobreza pone de manifiesto tasas de pobreza y de riesgo de pobreza más elevadas en Andalucía que en el conjunto de España. Efectivamente, la tasa de riesgo de pobreza es del 28,5% en la comunidad andaluza, frente al 21,0% en España, mientras que la tasa de pobreza severa es del 11,6%, frente al 9,5% en España”.

Siendo justos en este análisis hay que decir que se detecta en Andalucía un descenso tanto en el tasa de riesgo de pobreza como en la de pobreza severa: “La evolución de las situaciones de pobreza que acaba de señalarse se asocia a una reducción importante de las tasas de desigualdad, independientemente del indicador que se utilice. Esta reducción, más clara que la experimentada en el conjunto de España, ha hecho que, casi por primera vez desde 2008, Andalucía registre tasas de desigualdad inferiores a las del conjunto del país”. Ante esta situación, la realidad del IMV en Andalucía se refleja en el grafico siguiente que, en este caso, vale más que mil palabras:

Este gráfico ofrece los últimos datos disponibles, correspondientes a mayo de 2021, “sobre las características de la población beneficiaria del IMV en Andalucía. El 70,4% de las personas titulares, y el 55,1% de las beneficiarias, son mujeres. Además, el 39,7% de las personas beneficiarias —frente al 40,4% en el conjunto de España— son menores de edad. Las unidades unipersonales representan el 22,2% de todas las unidades que perciben el IMV, frente al 26,0% en España, y las unidades con cuatro o más miembros el 28,3%. El 35,4% de las unidades perceptoras del IMV en Andalucía no tienen hijos/as menores de edad a cargo”. Son cifras que nos permiten concluir que sabemos dónde están y cuantos son los pobres en Andalucía: 1.239.349 personas con pobreza severa, atendidas en este caso por el IMV. Un dato que sobrecoge, teniendo en cuenta que «la cuantía mensual media por hogar de la prestación es en Andalucía de 425,3 euros, algo inferior a la del conjunto de España (448,7 euros). Esta cantidad representa el 97% del umbral de pobreza severa para una persona sola y el 64% del umbral de pobreza para dos personas en Andalucía».

.Lo he manifestado en ocasiones anteriores: creo que desde este cuaderno digital se puede expresar lo que significa el compromiso intelectual escribiendo sobre estas realidades sociales como la desarrollada hoy en este artículo, algo necesario e imprescindible. El citado compromiso al escribir hoy lo entiendo como el cuestionamiento de la existencia de uno mismo al servicio de lo estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, para romper moldes y preguntarnos si lo importante es salir del pequeño mundo de confort que nos rodea y mirar alrededor, como signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces, desgraciadamente, no está al alcance de cualquiera. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tábula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamo uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Las razones de mi razón y de mi corazón, expuestas anteriormente, son las que me llevan a hablar hoy de exclusión y desarrollo social en Andalucía, en mi ámbito de compromiso intelectual, entre otros, que también existe. No me deja tranquilo el informe citado, en general para España y, en particular para Andalucía y por ese motivo los comparto. Lo que de verdad me ha quedado claro es que, como personas dignas, podemos saber dónde están los pobres en España y en Andalucía.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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