Responsabilidad humana, global, sobre el cambio climático

Sevilla, 13/VIII/2021

El pasado lunes se publicó el Sexto Informe del IPCC — Intergovernmental Panel on Climate Change, de casi 4.000 páginas, Cambio climático 2021. Bases de la ciencia física, que se puede resumir por su rotundidad en una frase pronunciada por José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y uno de los coordinadores del informe, manifestando que La evidencia de la influencia del ser humano en el clima es ya tan abrumadora que no hay duda científica: “El IPCC usa un lenguaje calibrado que tiene que ver con probabilidades y con la evidencia disponible. Pero la influencia del ser humano en el clima ya no encaja en ninguno de esos umbrales de probabilidad y se considera que es un hecho probado que no tiene incertidumbre. La evidencia es ya tan abrumadora que no hay duda científica. En este informe se emplea tal rotundidad para no seguir con este debate; es un hecho y a partir de ahí vamos a ver cómo afecta y potenciales soluciones”. Canadell [Pep Canadell, director del Global Carbon Project] considera que se trata de “un cambio de paradigma”: “Hemos tirado por la ventana las posibilidades y las probabilidades y se concluye que es un hecho que el calentamiento se debe a la humanidad”.

He entrado en la página oficial de este Panel para conocer de forma objetiva el Informe presentado oficialmente el pasado 9 de agosto en la sede del Panel, en Ginebra, aprobado el viernes 6 de agosto por 195 miembros, que representan a gobiernos del IPCC, del que pretendo ahora sintetizar en unas cuestiones que nos ayuden a reflexionar sobre este enemigo público número 1 para la Humanidad. El documento completo y sujeto todavía a revisión final, de cerca de 4.000 páginas, viene a detallar de forma rotunda las causas del cambio climático en la actualidad con datos objetivos e irrefutables. La síntesis oficial del IPCC para los medios de comunicación destaca que muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, si no cientos de miles de años, y algunos de los cambios ya existentes, como el aumento continuo del nivel del mar, serán irreversibles durante cientos de miles de años: “Sin embargo, las reducciones fuertes y sostenidas de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero, limitarían el cambio climático. Si bien los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente, necesitarían de 20 a 30 años para que las temperaturas globales se estabilicen”.

Sobre el calentamiento global, el Informe “proporciona nuevas estimaciones de las posibilidades de cruzar el nivel de calentamiento global de 1,5 ° C en las próximas décadas, y expone que a menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero, que limiten el calentamiento a cerca de 1,5 ° C o incluso a 2 ° C, éstas estarán ya fuera de su alcance. El informe muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero por las actividades humanas, son responsables de aproximadamente 1.1 ° C de calentamiento desde 1850-1900, y se espera que en un promedio estimado durante los próximos 20 años, la temperatura global alcance o supere los 1,5 ° C de calentamiento. Esta evaluación se basa en un conjunto de datos de observación para evaluar el calentamiento histórico, así como el progreso científico que facilita la comprensión de la respuesta del sistema climático a las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el hombre”. Este Informe, que no es más que “una verificación de la realidad”, según ha afirmado la Copresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC, Valérie Masson-Delmotte, permite tener ahora “una imagen mucho más clara del clima pasado, presente y futuro, que es esencial para comprender hacia dónde nos dirigimos, qué se puede hacer y cómo podemos prepararnos» ante un futuro tan preocupante.

Una evidencia científica sin paliativos es que el cambio climático está afectando ya a todas las regiones de la Tierra, de múltiples formas, aunque dependiendo de la intensidad del aumento de 1.5 ° C de calentamiento global, habrá crecientes olas de calor, estaciones cálidas más largas y frío más corto, aunque si se llega a los 2 ° C, los extremos de calor alcanzarían con mayor frecuencia la tolerancia crítica en umbrales para la agricultura y la salud. No sólo ocurrirá esto, sino que el cambio climático está trayendo también múltiples cambios diferentes en diferentes regiones mundiales, que aumentarán con un mayor calentamiento, que afectan a la humedad y sequedad, vientos, nieve y hielo, zonas costeras y océanos. Por ejemplo, el cambio climático está intensificando el ciclo del agua y esto trae lluvias más intensas e inundaciones asociadas, así como sequías más intensas en muchas regiones. Está afectando también a los patrones de lluvia, porque en latitudes altas, es probable que las precipitaciones aumenten, mientras que se prevé que disminuya en gran parte de los subtrópicos. Igualmente, las áreas costeras verán un aumento continuo del nivel del mar durante el siglo XXI, lo que contribuirá a inundaciones costeras más frecuentes y graves en zonas bajas y erosión continua en las costas. Lo que ocurría antes en relación con el nivel del mar, una vez cada 100 años, podrían ocurrir cada año hacia finales de este siglo.

Por primera vez, el Sexto Informe proporciona una evaluación regional más detallada del cambio climático, incluido un enfoque en información útil que pueda informar la evaluación de riesgos y otra toma de decisiones, así como un nuevo marco que ayude a traducir los cambios físicos en el clima (calor, frío, lluvia, sequía, nieve, viento, inundaciones costeras y más) y en lo que significan para la sociedad y sus ecosistemas. Esta información se puede observar ya en el Atlas interactivo que acompaña a este Informe.

Lo que se resalta finalmente en el Informe, con una contundencia absoluta, es la influencia humana en el clima, en su pasado y futuro, en palabras de la copresidenta del Grupo I, Valérie Masson-Delmotte: «Ha quedado claro que durante décadas el clima de la Tierra ha ido cambiando y que el papel de la influencia humana sobre el sistema climático es indiscutible”. Sin embargo, el nuevo Informe también refleja importantes avances en la respuesta científica para justificar esta atribución, que ayude a comprender el papel del cambio climático en la intensificación de fenómenos meteorológicos y climáticos específicos, como olas de calor extremo y lluvias intensas. El informe también muestra que las acciones humanas todavía tienen el potencial de determinar el curso futuro de clima. La evidencia es clara en el sentido de que el dióxido de carbono (CO2) es el principal impulsor del cambio climático, así como de que otros gases de efecto invernadero y contaminantes del aire también afectan el clima. “La estabilización del clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas por las emisiones de los gases de efecto invernadero, hasta alcanzar emisiones netas de CO2 cero. Limitar otros gases de efecto invernadero y los contaminantes del aire, especialmente el metano, podrían tener beneficios tanto para la salud como para el clima”, ha manifestado también el copresidente del este Grupo I, Panmao Zhai.

En estos días de ola de calor extremo, tenemos que reflexionar sobre qué está pasando con el calentamiento global, el cambio climático y el efecto invernadero, seis palabras que atemorizan al capital y a los mercados que no tienen compasión de la Naturaleza en estado puro, nuestra Casa. Lo he manifestado en ocasiones anteriores al acercarme al cambio climático: nada de lo que ocurre en la Naturaleza es inocente. Está en boca de todos que esta ola de calor que afecta a casi todo el país no es un fenómeno sólo de cualquier verano, sino que algo está pasando en éste y de forma especial, a pesar de que nos lo vengan avisando los sabios del lugar en términos puros y propios de Al Gore, exvicepresidente de los Estados Unidos, cuando en 2006 lanzó al mundo el documental titulado Una verdad incómoda, con un mensaje claro, conciso y contundente: la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad es el cambio climático. Sonaba todo como algo ajeno y lejano en el tiempo, pero quince años después cobra más fuerza y sentido que nunca. 

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital sobre la realidad del cambio climático. Vuelvo a hacerlo hoy como un acto de responsabilidad plena como ciudadano comprometido con la sociedad en la que vivo, asumiendo que, por extensión, la responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Cuando yo era joven, cantaba una canción de María y Federico, Quién tiene la culpa, que no he olvidado hoy en estas circunstancias y ante preguntas inquietantes sobre qué está pasando en el mundo y en la naturaleza que nos acoge, a la que no amamos lo suficiente: Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas. / Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia / y los abre grandes a las apariencias. El estribillo, que se repetía siempre dos veces, nos daba una solución de autodefensa en el desconcierto humano ante preguntas a las que todos, la gente, estamos obligatoriamente obligados a dar respuesta: Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente.


María y Federico, ¿Quién tiene la culpa?

La responsabilidad es de todos, unos más y otros menos, con prioridad absoluta la de los Gobiernos, sobre todo. Pero si todos hacemos el esfuerzo de tomar conciencia de que la naturaleza nos acoge cada día para darnos vida, no la defraudemos con lo poco o mucho que nos corresponde hacer para respetarla y dejarla crecer como sólo ella sabe hacerlo. Javier Ruibal así lo pensaba del niño del Serengueti: Como no cumple ningún castigo, / este niño consentido / se me va a quedar en Babia. / Si no estuvieras siempre en las nubes, / cuidarías, no lo dudes, / de no derramar el agua. Lo digo desde el Sur, que también existe en su responsabilidad junto a la de los habitantes del Norte, recordando siempre a Benedetti: […] con sus predicadores / sus gases que envenenan / su escuela de chicago / sus dueños de la tierra / con sus trapos de lujo / y su pobre osamenta / sus defensas gastadas / sus gastos de defensa / con su gesta invasora / el norte es el que ordena […]. Quizás sea una pregunta del grupo Maná la que mejor nos pueda ayudar ahora a comprender qué significa el cambio climático: ¿Dónde jugarán los niños? Su letra es un manifiesto de denuncia en toda regla: Cuenta mí abuelo / de un cielo muy azul, / En donde voló papalotes [cometas] / que él mismo construyó / El tiempo pasó y / nuestro viejo ya murió / Y hoy me pregunté / después de tanta destrucción. / ¿Dónde diablos jugarán los pobres niños? / ¡Ay ay ay! / ¿en dónde jugarán? Escúchenla.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

¿Qué nos queda de aquellos aplausos?

Sevilla, 11/VIII/2021

Dedicado a todo los profesionales del Sistema Nacional de Salud, por su ejemplo, dedicación y entereza ante situaciones dramáticas derivadas de la pandemia actual, que atienden todos los días, porque saben que ante la enfermedad nada humano les es ajeno. ¡Gracias de nuevo… y siempre!

Ayer se lamentaba una doctora del Hospital del Mar en Barcelona, ante el drama que están viviendo en los últimos tiempos en su centro sanitario por la última ola de la pandemia actual, en los siguientes términos: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”. Siento lo mismo que ella ante el espectáculo diario en todo el país, ya da igual, como si esta pandemia no fuera con nosotros y como si aquellos aplausos hubieran caído en el olvido y desprecio más absoluto por parte de miles y miles de personas que, a diario, se saltan las normas impuestas para protegernos todos del virus letal que nos atosiga diariamente.

Lo que verdaderamente clama al cielo es el comportamiento citado y sus repercusión en el personal sanitario, que está obligatoriamente obligado a atender a miles de personas que ingresan en urgencias y cuidados intensivos porque les ha dado la gana de desoír lo que todos hemos escuchado sobre la letalidad del virus que no perdona a casi nadie. Lamentable espectáculo que vemos todos los días y ya no conmueve a casi nadie visto lo visto.

Hace más de un año, en plena pandemia, escribí un artículo en este cuaderno digital que llevaba por título, ¡Hemos aplaudido, quedad en buena hora!, donde contaba varias cosas que recupero ahora por su permanente actualidad, como si fuera necesario recordarlo a modo de punto y seguido, porque en relación con esta pandemia nos queda a todos mucho por hacer. Dije entonces que en una obra de Terencio, El Eunuco (161 a.C.), la frase final es recordada siempre como uno de los orígenes de los aplausos en la cultura occidental, puesta en boca de Fedria: Ya no queda nada por hacer; caminad vosotros por aquí. (A los espectadores: Vosotros quedad en buena hora, ¡y aplaudid! (¡Valete et plaudite!). Quizá sea el momento de intercambiar las palabras y decir: ¡hemos aplaudido, quedad en buena hora vosotros, profesionales que habéis atendido a los pacientes de coronavirus! Además, a diferencia de lo narrado finalmente en la obra de Terencio, nos queda a todos mucho por hacer.

Dos mil años después, el aplauso se fijó y dio esplendor en nuestro país, en el extraordinario Diccionario de Autoridades (RAE A 1726, pág. 341,1), como “contento y complacencia general, manifestada con palabras, júbilos y otras manifestaciones exteriores de saltos y palmadas, aprobando o alabando alguna cosa”, que en el devenir del país (DLE, edición del Tricentenario, última actualización de 2019) ha quedado hoy reconocido como “acción o efecto de aplaudir”, entendido este verbo como “palmotear en señal de aprobación o entusiasmo y celebrar a alguien o algo con palabras u otras demostraciones”, solo en dos escuetas acepciones. Me quedo con el detalle del diccionario de Autoridades, porque simboliza muy bien hoy lo que hemos querido expresar con aplausos de millones de personas, todos los días desde el inicio del estado de alarma, a las 20:00 horas. Hoy, esos aplausos suenan como si hubieran durado tan sólo dos minutos, tal y como lo afirma la doctora del Hospital del Mar en Barcelona, citada anteriormente, que lo resume de una forma muy cruda: “Cuando sales de aquí y ves lo que está haciendo la gente me entra tristeza. No están entendiendo nada. La gente no puede actuar como si fuesen inmortales. Decían que de ésta saldremos mejores pero los aplausos duraron eso, dos minutos, y la COVID se queda, tendremos que aprender a vivir con él”.

El aplauso nació en el teatro y en el gran teatro del mundo lo recuperamos el año pasado como complacencia general, con millones de palmadas, para agradecer a los profesionales sanitarios – sobre todo- su titánico esfuerzo por salvar vidas todos los días, en alta disponibilidad, junto a profesionales de todo tipo que coadyuvaron a esta atención integrada a pacientes afectados por el coronavirus.

Leí en cierta ocasión una frase del comediante, actor, autor y crítico social estadounidense George Carlin: “¿Quién decide cuándo deben cesar los aplausos? Parece una decisión grupal y todo el mundo empieza a decirse a sí mismo, al mismo tiempo, ¡bien, ya es suficiente!”, que me ha llevado ahora a muchas reflexiones. Creo que lo que ocurrió con la concentración de aplausos todos los días y a la misma hora, desde el comienzo del estado de alarma, fue una realidad de contagio social, ascendente y descendente, más potente que el propio coronavirus. Todas las personas que aplaudíamos proyectábamos en las palmadas la solidaridad ante el miedo a lo desconocido, reforzando con los aplausos el comportamiento de quienes han tenido la enorme responsabilidad de actuar con su conocimiento, habilidades y actitudes ante el drama que estábamos viviendo todos. Supimos entonces agradecerlo desde el más puro anonimato. Ahora tomamos conciencia que ante lo que está ocurriendo de falta de responsabilidad clamorosa de miles y miles de personas, jóvenes y de todas las edades, negacionistas y personas que gritan a los cuatro vientos que “tienen derecho a divertirse” importándoles nada lo y los demás,  hemos silenciado los aplausos, sin darnos cuenta de que solo se debe dejar de aplaudir cuando, como en el arte de callar, no se tiene algo que decir más valioso que el silencio del ejemplo y la solidaridad plena con todos, sobre todo con los más vulnerables por la pandemia.

Finalizaba aquellas palabras con una frase premonitoria leyéndola hoy: “Es verdad. La ciencia y los profesionales van venciendo a la pandemia y la función dolorosa está acabando en esta larga, profunda y dolorosa representación diaria en el gran teatro del mundo. Pero estamos avisados de que esta obra puede volver a representarse en cualquier momento. ¡Ojalá que no tengan que decirnos los coregos de turno, a través de las redes sociales, que aplaudamos de nuevo porque lo mucho que teníamos que hacer con nuestra responsabilidad ciudadana, preservando siempre el interés general, ha fallado!”.

Llevamos ya cinco olas, cinco representaciones del coronavirus en este gran teatro del mundo. A diferencia del final de la obra de Terencio, queda mucho por hacer. No lo olvidemos, sobre todo en esta situación actual tan triste y dolorosa para muchos, porque es verdad que ahora estamos en la mejor hora para reafirmarnos como personas inteligentes que sabemos solucionar los problemas de la vida. Pensando ahora en los profesionales que están obligatoriamente obligados a atendernos a pesar de nuestro desafío ético ante la vida, porque al final, siguiendo a Terencio, nada humano no es ajeno. Ese es el gran dilema, que podemos resolver con ética sentida y compartida, que también es un deber de Estado garantizarla a todo los niveles cuando vivimos en democracia, salvaguardando, por encima de todo, el interés general de base constitucional.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Yiboula Emmanuel Bazie, en el país de los invisibles

Hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles

Adaptado de un texto de Bertolt Brecht en Elogio a los combatientes

Sevilla, 10/VIII/2021

No necesitan muchos comentarios estas palabras de Brecht. Quizá, solo cambiaría la palabra hombres por personas. En estos momentos de desconcierto existencial necesitamos personas buenas y mejores que ponen su inteligencia al servicio de los demás, cada una donde es, está, trabaja y vive, luchando contra la pobreza severa, la migración que desgarra personas y familias, la mediocridad, la tristeza y la tibieza, denunciando los silencios cómplices y rompiendo moldes a diario. Y debemos admirar y cuidar, sobre todo, a las personas que a través de su compromiso activo al servicio del interés general, se convierten en imprescindibles. Ese debería ser el compromiso en estos duros momentos de la pandemia, devolver visibilidad plena a las personas que nos quieren y respetan de verdad, las que se preocupan de que no falte el sustento diario para el cuerpo y el alma en nuestras vidas.

Llevo días queriendo conocer más a fondo a Yiboula Emmanuel Bazie, nacido en Burkina Faso hace 39 años y en la actualidad brigadista forestal en Lubia (65 h.), localidad perteneciente a la provincia de Soria y con residencia en Quintana Redonda (Soria), población con algo más de 500 habitantes. La razón se justifica de forma sobrada en un país muy dado a no reconocer, como merecen, a personas imprescindibles, porque Yiboula Enmanuel ha sido nombrado Embajador Mundial de Paz de la ONU por la sede de Mauritania. Sé que rivalizar ahora con la noticia del “drama” de la marcha de Messi del Barcelona C.F. no es comparable en audiencia e impacto mediático, pero este país debería tomar nota y apuntarse también a recibir este tipo de noticias, como la de Yiboula Enmanuel Bazie, porque tiene muchos mensajes íntimos y explícitos que necesitamos asumir y reconocer como imprescindibles.

Él ha manifestado que su mejor pacto con la vida es ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen y con una especial dedicación a la integración digna de los emigrantes, algo que conoce bien desde que llegó a España en 2004, abandonando su querido país por la guerra con Costa de Marfil, así como sus estudios de filología francesa y africana que le habían permitido hablar hasta en seis lenguas. En la actualidad compagina su trabajo como concejal sin remuneración en la pequeña localidad soriana de Tajahuerce, de tan sólo 26 habitantes, con la de brigadista forestal, habiendo asistido también a un curso a distancia sobre Política Pública de Cooperación y Acción Internacional de Gobiernos Locales, en la Universidad Internacional de Andalucía, lo que le ha permitido descubrir que la gente tiene necesidades muy diferentes y todas importantes.

Su trabajo diario está jalonado de tareas humanitarias con emigrantes en pueblos cercanos a los que lleva comida del Banco de Alimentos, así como su palabra y compañía, que no es poco. El nombramiento es un hecho que se debería resaltar en nuestro país por contar con un embajador en la España vaciada: “Bazie sigue sorprendido al hablar de cómo su trabajo solidario, que comenzó en África y continuó en los pequeños pueblos de Soria, ha llegado a la ONU, que lo ha nombrado embajador mundial por la paz. La organización internacional, reconoce felizmente, ha estado siguiendo sus acciones con los colectivos de Burkina Faso durante 15 años y ha seguido observando con interés su buena fe para construir puentes entre continentes. El premio también fue recibido por Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España. Entre los tres han fundado el Foro Euro-Africano, un sistema con el que aspiran a seguir creando lazos entre los dos continentes” (1).

Creo que había que traer a las páginas de este cuaderno digital la historia de Yiboula Enmanuel, así como la de los dos compañeros que han recibido la distinción de la ONU, porque son personas, a modo de islas desconocidas, que según Bertolt Brecht son verdaderamente imprescindibles. En el caso de mi paisano, Josu Gómez, porque se cumple un deseo, convertido ahora en realidad, expresado maravillosamente por Luis Cernuda en un poema que nunca olvido y que reflejaba su sentimiento sobre sus paisanos sevillanos desde el exilio: Más el trabajo humano / Con amor hecho, merece la atención de los otros (en La desolación de la quimera). Es la razón íntima y confesable de darles visibilidad hoy, para que no los olvidemos y aprendamos de sus ejemplos en favor de la paz y la solidaridad humana.

(1) The African firefighter from a town in Soria who is a UN Ambassador for Peace – The Limited Times (newsrnd.com)

NOTA: la imagen de la cabecera es una fotocomposición personal en la que figura una fotografía de Yiboula Emmanuel Bazie, recuperada hoy de Un brigadista de Lubia, embajador Mundial de la Paz (elmundo.es)  y una reproducción del nombramiento como embajador mundial de la paz por la oficina de la ONU en Mauritania, junto a Josu Gómez, asesor del expresidente estadounidense Barack Obama, y ​​Houria Sehili Maziz, presidenta y fundadora de la Casa de Argelia en España, recuperada también hoy de NACIONAL / El Sevillano Josu Gómez es nombrado Embajador Mundial de la Paz por la Organización de Naciones Unidas – murcia.com

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Píndaro clausura hoy la Olimpiada de Tokyo 2020

Equipo Olímpico de Refugiados – Tokyo 2020

¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre 

Píndaro, Pítica VIII, 95

Sevilla, 8/VIII/2021

Hoy se clausura la Olimpiada de Tokyo 2020, pero no la Olimpiada de la Vida, que sigue impertérrita en sus avatares diarios, con un denominador común mundial que se llama COVID-19, en su acepción más común para entendernos todos. Esta es la razón de por qué recurro a Píndaro (Beocia, c.a. 518 a.C. – Argos, 438 a.C.), un “periodista” de la época especializado en crónicas olímpicas, a las que daba un toque especial por su formación como poeta y músico, que se transmitían por medio de epinicios, unos cánticos corales en los que se ensalzaban a los ganadores de las diferentes competiciones de las primeras Olimpiadas griegas: “Las composiciones de Píndaro suelen utilizar la victoria deportiva como simple punto de partida para loar el valor personal del atleta: su triunfo refleja la victoria de lo Bello y lo Bueno sobre la mediocridad”. Quizás lo hago por el hartazgo que detecto en la concepción meramente competitiva de la Olimpiada actual, mediatizada por la realidad social de los países que participan en ella, con olvido absoluto de lo que pretendió Pierre de Coubertin con la recuperación del primer espíritu olímpico en Grecia.

Comienzo por lógica por presentar brevemente a nuestro protagonista de hoy. Píndaro fue un poeta lírico griego nacido en Cinoscéfalos, lugar cercano a Tebas (Beocia), en agosto del 518 a. C. Era de familia noble; hijo de Pagondas o Pagónidas y de Cleódice; hermano de Erotión o Eritimo; esposo de Megaclea y padre de Daifanto, Protómaca y Éumetis. Cuenta la leyenda que, como presagio de las futuras aptitudes del niño, una abeja hizo el panal en su boca mientras él dormía. Aprendió a tocar la flauta con su tío Escopelino y fue alumno en Atenas de los músicos Agatocles y Apolodoro. Con tales conocimientos descolló pronto en la composición de odas triunfales para los vencedores en los juegos griegos”. De su ingente obra, sólo se conservan las Odas, con diferentes nombres según el lugar de celebración de los Juegos: Olímpicas, juegos de Olimpo; Píticas, para los vencedores de los juegos de Delfos; Nemeas, de Nemea; e ístmicas, del istmo de Corinto.

Lo que importa destacar hoy es que por encima del ámbito deportivo, Píndaro resaltó siempre los valores humanos de los deportistas. Quizá sea la Oda a Trasideo de Tebas el mejor resumen de su canto a la vida, más allá de los éxitos fugaces de los Juegos: Pitónico y Trasideo triunfaron en las careras de carros de Olimpia y Pito, que de acuerdo con su edad lograron sus triunfos con su esfuerzo porque cuando lo hacen los mediocres, los de “en medio”, es decir, “poseen flor de prosperidad más duradera”, hay que echarse a temblar porque es el destino propio de las tiranías. Píndaro resalta algo muy importante en esta Oda: Dedicado estoy a los logros compartidos: fuera los envidiosos. / Mas cuando uno alcanza la cima / y con pacífica conducta escapa / de la funesta desmesura, puede hacer más bella travesía hasta el límite / de la negra muerte si a su gratísima descendencia / ha proporcionado renombrada gloria, más poderosa que todas las riquezas. Es lo que corresponde resaltar de participantes tales como Yolao, el hijo de Ificles, Cástor, Polideuces, Aristóclides, el hijo de Aristófanes, vencedor en el pancracio, “bello de cuerpo y con una conducta que no desdice de su hermosura”, un héroe en el mar, algo más allá de la Olimpiada.

En esta Oda, que he elegido a modo de discurso simbólico de clausura para hoy en Tokyo, Píndaro quiso que sus palabras se compadecieran de la forma más sublime, a modo de acto de justicia, al elogiar al valeroso, no al más alto, al más rápido o al más fuerte. Le bastaba un ejemplo final apropiado para su época: Del rubio Aquiles, ya de niño, cuando en casa de Fílira / vivía, grandes hazañas eran los juegos: muchas veces / con sus manos lanzaba, veloz como el viento, la jabalina de breve hierro, / en su lucha a leones salvajes la muerte causaba / y a los jabalís aniquilaba; / hasta los pies del Crónida Centauro / llevaba los cuerpos agonizantes, / a los seis años por vez primera y en todo el tiempo postrero…

Como he manifestado anteriormente en este cuaderno digital al comentar la Olimpiada de Tokyo, sería maravilloso que el Comité Olímpico Internacional recuperara el pentatlón de las musas y, también, una nueva visión de la ética del deporte en general, debiéndose operar un giro copernicano en su ordenación y organización a través del Comité Olímpico Internacional (COI). Creo que es urgente su recuperación y contar con muchas más manifestaciones artísticas. Es probable que en esa relación del deporte con el arte o del arte con el deporte, tanto monta monta tanto, se podría recuperar la belleza de la vida ensalzada por Coubertin en su Oda al Deporte, que ahora se podría completar con una nueva Oda al Deporte y al Arte. No faltarían candidatos. Otro gallo cantaría si un día decidiéramos buscar las musas de nuestra vida, sin distinción de género buscador y sin necesidad de Olimpiadas específicas, como si lo pudiéramos considerar como una rutina diaria, participando todos los días de nuestro quehacer cotidiano, sin competitividad alguna. Nos daríamos cuenta de que sólo consiste en estar atentos a lo que nos transmite la vida a través de pequeñas cosas, sobre todo de palabras que suenan como la música, el auténtico secreto de las musas que desean transmitir en todo momento.

Llevamos siglos con una invocación muy bien relatada por John Milton, en El paraíso perdido, cuando pide a las musas algo muy sutil: “Canta, celeste Musa, la primera desobediencia del hombre. Y el fruto de aquel árbol prohibido cuyo funesto manjar trajo la muerte al mundo y todos nuestros males con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre, más grande, reconquistó para nosotros la mansión bienaventurada”. Como si no existieran otras Musas que nos indicaran una y mil veces el camino de la belleza y del amor sin tener que recurrir al pecado, al fracaso humano, a perder muchas veces en las diversas carreras de la vida sin alcanzar los sueños soñados. Lo explicó de forma espléndida Píndaro de Tebas hace ya veinticinco siglos, hablando de las Olimpiadas en Delfos: ¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es? Sueño de una sombra, eso es el hombre (Pítica VIII, 95).

Hoy Píndaro escribiría su Oda a Tokyo para el acto de clausura, resaltando tres hechos importantes y con nombre propio: la participación del equipo olímpico de refugiados (29 atletas originarios de 11 países, que representan a 82,4 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza en todo el mundo en 2020, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), la petición de asilo en Polonia de la corredora bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, presunta represaliada por el régimen de su país de origen y, en tercer lugar, el testimonio de la gimnasta norteamericana Simone Biles, en nombre y representación de la forma en la que se prepara en muchos países del mundo el “alto rendimiento” de los deportistas de élite. Al igual que en la Oda a Trasideo y otros, Píndaro pondría hoy letra y música a sus palabras para cantar la belleza de sus cuerpos y almas, pero sobre todo “su conducta, porque no desdicen para nada su hermosura”.

Cuando Píndaro finalice su discurso,  podremos darnos cuenta de que podemos vivir unidos por las emociones en la Olimpiada de la Vida, sin ser los más altos, rápidos o más fuertes, sólo porque nuestro cerebro trae de fábrica un recurso humano, fantástico, llamado hipocampo, sin necesidad de tener que comprarlo en el gran Mercado del Mundo, porque afortunadamente todavía no está catalogado como mercancía. Además, porque somos inteligentes, aunque a partir de hoy muchos sepamos que cada día tenemos que salir a cabalgar en un curioso equino cerebral, el hipocampo (caballo encorvadocaballito del mar), que juega un papel tan importante en la carrera de la vida humana, para susurrar a este pequeño corcel, en sus oídos, que hay que identificar bien el largo camino hacia Ítaca de la memoria emocional. Cabalgando despacio, porque sabemos que es posible conocerlo bien y saber qué papel tan trascendental juega en la vida de cada una, de cada uno, en la Olimpiada Diaria de la Vida.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un regalo precioso de Extremadura al presente y futuro de todos

Sevilla, 7/VIII/2021

Me pareció un proyecto precioso que había que analizar a fondo. Extremadura preparó hace meses la campaña de turismo 2020-2021, como un proyecto para frecuentar el presente y el futuro de todos, con un eslogan premonitorio, «Extremadura. Todo lo que imaginas, donde no te lo imaginas», cuya sinopsis oficial conviene recordar por respeto institucional a su mensaje implícito: En tiempos adversos también suceden historias que trascienden la realidad de los momentos difíciles que se viven y que dan lugar a la esperanza. Momentos para la esperanza, para la vida y para el amor. La historia que os presentamos a través de este cortometraje, narra un amor romántico que se une con el amor por una tierra. La situación extraordinaria que se vive en 2020 supone un cambio vital para una pareja que se conoce a través de una videoquedada de amigos y que poco a poco se van enamorando. La historia hace un paralelismo entre este descubrimiento y enamoramiento personal, con el descubrimiento y amor por Extremadura para alguien que no la conocía. Y cómo esa relación se convierte en un cambio vital, que vinculará, al protagonista principal, para siempre con Extremadura. La historia se cuenta desde el futuro [en 2071], con el paso del tiempo se ve que cosas que en un principio pueden suponer un problema (confinamiento, pandemia…), se convierten en un impulso para conocer algo que nunca conoció el protagonista: Extremadura”.

La verdad es que ha sido una idea muy original y convincente a su vez. En estos días de verano de 2021 han vuelto a reponer en televisión esta historia, a través de un anuncio breve sobre el original que encabeza estas líneas. Sobran más comentarios porque verlo es un placer para los sentidos y para almas inquietas en estos tiempos de coronavirus. Dos últimos detalles: la banda sonora se debe a Robe, con una canción, Un suspiro acompasado, con una adaptación al corto que refleja el sentimiento de una persona que ama y no olvida: Se va y a la vida le pierdo el apego. / Y el juicio recupero / Si encuentro un indicio de su paradero / Llega el viento mecido / Porque acaba de estar contigo. / Noto en el aire un suspiro, / Y todo cambia de sentido. También, la aparición fugaz de un fotograma de Buñuel en el laberinto de las tortugas, en los primeros planos, realizado por la productora responsable de este anuncio, The Glow, que nació como un cortometraje de animación, pero durante su producción se decidió hacer un largometraje, convirtiéndose en una película de animación” que fue galardonada como tal con un Premio Goya 2020 . Cuenta la historia de cómo Luis Buñuel rodó su segunda película, el documental Las Hurdes, tierra sin pan. Extremadura ayer, hoy y mañana, pura y dura.

Mi agradecimiento personal, explícito, por esta bella historia, porque nos permite frecuentar el presente y el futuro, algo que amo sobre muchas cosas de mi alrededor de cada día y que deseo compartir con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera. Ha sido un regalo con estela y sé lo que he recibido como mensaje principal: lo importante es compartir el tiempo con las personas a las que quieres, aunque sea sólo para decir: ¿has visto ese atardecer? ¿a que es precioso?, porque hay que aprovechar cada momento y exprimirlo, sin dejar ni una gota de experiencia para mañana. Y respirar, y sonreír, y respirar.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

He vuelto a entrar en el Cinema Paradiso

Melodía principal de Cinema Paradiso

Sevilla, 6/VIII/2021

En septiembre de 2019 cambié la imagen de cabecera de este cuaderno digital por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque siempre me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: EufrósineAglaya y Thalia o lo que es lo mismo: Alegría, Belleza y Abundancia, respectivamente, porque las necesitamos tener presentes en nuestras vidas. Dos años después, que no han sido anónimos, cambio de nuevo la imagen que representa temporalmente el blog, recurriendo a una que ya ha estado presidiendo estas palabras en años anteriores, la sonrisa de asombro de Totó junto al proyeccionista, Alfredo, una pareja que nunca he olvidado en la película de mi vida y como homenaje a una que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Entro decidido para contemplar en este mes de agosto las proyecciones mejores de mi existencia.

Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en Cinema Paradiso de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados en papel, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda, iluminados por una bombilla incandescente. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que he recogido en la imagen que preside estas líneas. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía al niño que amaba tanto el cine, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento homónimo, “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

Tampoco he olvidado, nunca, el Cinema Ideal de mi infancia, un cine de verano situado en la calle Jesús del Gran Poder, aquí en Sevilla, del que solo escuchaba las bandas sonoras de las películas desde el balcón de la casa donde nací, que daba a la calle Becas, en el que, entre barrotes, imaginaba historias preciosas con sólo cuatro años. Pasado el tiempo, he comprendido muy bien el consejo de Alfredo, porque siempre he procurado amar todo lo que he hecho. Ahora, pienso también en los momentos difíciles que he vivido en esta larga vida, quizá por la especial sensibilidad que se ha creado por la pandemia creando anticuerpos para el dolor y la aflicción. Como contrapunto, mi amor al cine me devuelve también a mi Cinema Ideal tan particular, un recuerdo de películas inolvidables de Spielberg, entre las que destaco por su lección histórica nacida en su corazón y en su alma judía, La lista de Schindler. Aunque parezca mentira, no me quiero quedar con el dolor de su argumento de fondo, sino con el tema principal de la banda sonora de la misma, compuesta por John Williams, de la que inserto hoy en este post una interpretación memorable, al violín, de su gran amigo de vida y creencias, Itzhak Perlman, uno de los mejores violinistas de la historia de la música que aún comparte vida con nosotros. Escucharlo y sentirlo al mismo tiempo nos permite comprender que, efectivamente, el hombre, si quiere, no es un lobo para el hombre, porque todo lo humano no nos es ajeno (Terencio), es más, nos pertenece.

Les confieso que hablar de Cinema Paradiso y La lista de Schindler es, en el fondo de estas palabras, un homenaje a su obra musical en el mundo del cine, a través de dos bandas sonoras memorables compuestas por Ennio Morricone y John Williams, respectivamente. El pasado año recibieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes y el acta del jurado decía textualmente que “[…] Dotados de una inconfundible personalidad, entre sus obras se encuentran algunas de las composiciones musicales más icónicas del séptimo arte, que ya forman parte del imaginario colectivo. Williams y Morricone muestran un dominio absoluto tanto de la composición como de la narrativa, aunando emoción, tensión y lirismo al servicio de las imágenes cinematográficas. Sus creaciones llegan incluso a transformarlas y trascenderlas, sosteniéndose por sí mismas como magníficas obras sinfónicas que se encuentran entre el repertorio habitual de las grandes orquestas. Todo ello los convierte en dos de los compositores vivos más venerados en todo el mundo”. Morricone falleció el 7 de julio de 2020 y sus obras mantuvieron y expresaron siempre su dignidad personal y profesional. Ahora, estoy seguro que seguirá poniendo música inolvidable a su cielo particular.

Cuando salgo de mi imaginario Cinema Ideal y entro hoy en el auténtico y renovado Cinema Paradiso, no olvido las palabras de Alfredo a Totó, porque nos pueden ayudar en este mes de agosto para salir de la zona de dolor, que no confort, por la pandemia y sus daños colaterales, cada uno con los suyos, de la forma más digna posible: hagamos lo que hagamos, amémoslo porque el viaje de la reconstrucción personal, de nuestras familias, del país, de nuestras ciudades y barrios es ahora tarea de todos, para amarlo sin excepción alguna y sin dejar a nadie atrás.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Agosto nos ofrece un reencuentro con los libros

Sevilla, 5/VIII/2021

Los libros pusieron fin al trágico confinamiento de las vivencias y de la experiencia en el alma individual desde el momento de su aparición en este mundo imperfecto. Leyendo de nuevo Encuentros con libros (1), de Stefan Zweig, vuelvo a sentir sus palabras como un bálsamo en este mundo al revés, porque “desde que existe el libro nadie está ya completamente solo, sin otra perspectiva que la que le ofrece su propio punto de vista, pues tiene al alcance de su mano el presente y el pasado, el pensar y el sentir de toda la humanidad. En nuestro mundo de hoy, cualquier movimiento intelectual viene respaldado por un libro; de hecho, esas convenciones que nos elevan por encima de lo material, a las que llamamos cultura, serían impensables sin su presencia”. Maravillosa reflexión en estos momentos cruciales que estamos viviendo a escala mundial.

Mientras leía el primer capítulo denominado “El libro como acceso al mundo”, he subrayado aquellas frases que me iluminan en un momento en el que necesitamos recuperar el encuentro con los libros y, sobre todo, he recordado paso a paso la experiencia personal que cuenta el autor, que deriva en un canto a la lectura que no se olvida. Viajaba en un barco italiano, recorriendo el mar Mediterráneo, de Génova a Nápoles, de Nápoles a Túnez y de allí a Argel. En ese espacio conversaba a menudo con un joven italiano que formaba parte de la tripulación, “un mozo que ni siquiera tenía el rango de camarero, pues se ocupaba de barrer los camarotes, de fregar la cubierta y de realizar otras tareas menores, que la gente, por regla general, no valora”. Canta sus dotes de todo tipo, llegando incluso a “tenerle cariño”, en palabras textuales suyas, hasta tratarse “con la camaradería propia de dos amigos”. A partir de ese momento surgió lo inesperado: “Entonces, de la noche a la mañana, un muro invisible se alzó entre él y yo. Habíamos recalado en Nápoles, el barco se había llenado de carbón, de pasajeros, de hortalizas y de correo, su dieta habitual en cada puerto, y luego se había hecho de nuevo a la mar. […] Entonces se presentó de repente, con una sonrisa de oreja a oreja, se plantó delante de mí y me mostró orgulloso una carta arrugada que acababa de recibir, pidiéndome que la leyera. No dejaba de darle vueltas a lo que acababa de ocurrir. Por primera vez me había encontrado cara a cara con un analfabeto, con uno europeo además, una persona que me había parecido inteligente y con la que había hablado como con un amigo. ¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo, que desconocía la escritura? Al principio me costó entender lo que quería de mí. Pensé que Giovanni había recibido una carta en un idioma que no entendía, francés o alemán, seguramente de una muchacha—era obvio que debía de tener mucho éxito entre las chicas—, y que había venido a buscarme para que se la tradujera. Pero no, la carta estaba escrita en italiano. ¿Qué quería entonces? ¿Que me la leyera? Nada de eso. Lo que quería es que se la leyera, tenía que saber qué decía aquella carta. Y, de pronto, comprendí lo que estaba pasando: aquel muchacho inteligente, de una belleza escultural, dotado de gracia y de auténtico talento para el trato humano, formaba parte de ese siete u ocho por ciento de italianos que, según las estadísticas, no saben leer: era analfabeto”.

A partir de aquí, Stefan Zweig reflexiona de forma admirable sobre el poder de la lectura, a través de dos preguntas muy concisas y claras: “¿Cómo se reflejaba el mundo en un cerebro como el suyo [el mozo del barco], que desconocía la escritura? Traté de imaginarme la situación. ¿Cómo sería el no saber leer?” A partir de aquí desgrana múltiples aseveraciones sobre el encanto de la lectura que recomiendo de principio a fin porque nos alegrará conocerlo en estos días del ferragosto español, sobre todo, salvando lo que haya que salvar, imaginándonos qué es la lectura para personas que no siendo analfabetas no han leído un libro en su vida o no lo hacen habitualmente. Y es verdad que se reproducen de nuevo sus sensaciones ante aquella experiencia que también puede ser lo que ocurre ahora en las personas que detestan los libros y la lectura: “Por un momento me puse en el lugar de aquel muchacho. Coge un periódico y no lo entiende. Coge un libro, lo sostiene en sus manos, nota que es algo más ligero que la madera o que el hierro, tiene forma rectangular, toca sus cantos, sus esquinas, observa su color, pero nada de eso tiene que ver con su propósito, así que vuelve a dejarlo, porque no sabe qué hacer con él. Se detiene ante el escaparate de una librería y se queda mirando los hermosos ejemplares, amarillos, verdes, rojos, blancos, todos rectangulares, todos con estampaciones de oro sobre el lomo, pero es como si se encontrara ante un bodegón cuyos frutos no puede disfrutar, ante frascos de perfume bien cerrados cuyo aroma queda confinado dentro del cristal”.

Y reflexiona a partir de este momento sobre qué sería su vida sin los libros, algo que no era posible porque “[…] cualquier objeto, cualquier elemento que me parase a considerar estaba unido a recuerdos y experiencias que tenían que ver de una forma u otra con los libros, cualquier palabra despertaba innumerables asociaciones que me remitían a algo que había leído o aprendido”. Lo que de verdad me ha impactado hoy es su reflexión sobre la presumible desaparición del libro, ·el tiempo del libro ha acabado”, ante la llegada de la técnica, como una premonición preocupante: […] el gramófono, el cinematógrafo, la radio son más prácticos y más eficaces a la hora de transmitir la palabra y el pensamiento, y de hecho comienzan a arrinconar el libro, por lo que su misión histórica y cultural no tardará en formar parte del pasado”.

Stefan Zweig no temía esta irrupción de las tecnologías en el mundo, porque estaba convencido de que “la luz de una lámpara eléctrica no puede compararse con la que irradia un pequeño volumen de unas pocas páginas, no existe ninguna fuente de energía que pueda compararse con la potencia con que la palabra impresa alimenta el alma. […] A medida que crece nuestra intimidad con los libros, vamos profundizando también en los distintos aspectos de la vida, que se multiplican fabulosamente, pues ya no los vemos sólo con nuestros propios ojos, sino con una mirada en la que confluyen multitud de almas, una mirada amorosa que nos ayuda a penetrar en el mundo con una agudeza soberbia”.

Nos quedan las palabras en los libros. En estos momentos tan delicados para la humanidad por los estragos de la pandemia, tenemos la obligación ética de hacer una operación rescate de placeres útiles como el de la lectura, proclamándola como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer cuando vamos siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer, ni hay un compromiso de Estado para que España lea: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2).

(1) Zweig, Stefan. Encuentros con libros. Barcelona: Acantilado, 2020.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

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¿Necesitamos un diccionario para entender el Boletín Oficial del Estado (BOE)?

Sevilla, 4/VIII/2021

Ya tenemos en las librerías el primer diccionario ilustrado para entender el Boletín Oficial del Estado, con un subtítulo que promete: Aprende el idioma que dicta las normas y sus recovecos, dando por hecho que estamos ante una maraña de palabras, que llegan a conformar disposiciones de muy alto rango, leyes, por ejemplo. Sus autores son Eva Belmonte y Mauro Entrialgo y lo ha publicado la editorial Ariel. Eva Belmonte es una periodista muy conocida por ser la Co-Directora de la Fundación Civio y responsable directa de contenidos del blog El BOE nuestro de cada día | Civio, un proyecto de la Fundación que tanto aprecio, como ya he señalado en alguna ocasión en este cuaderno digital. En la sinopsis oficial del libro se dice lo siguiente, utilizando también un lenguaje desenfadado para llegar al mayor número de lectores posibles: “Ya puedes ser superprofesional en inglés o aprender chino que, si no dominas el lenguaje del Boletín Oficial del Estado, pringas. Este diccionario ilustrado traduce, de forma directa y clara, sin rimbombancias jurídicas, los conceptos que necesitas entender porque, quieras o no, lo que se publica en el BOE te afecta. Y el libro lo explica con retranca —habrá que reírse al menos— y con una retahíla de ejemplos de abusos perpetrados por quienes sí entienden, y bien, el lenguaje de la burocracia”.

En mi vida profesional ha sido un referente continuo, de obligada lectura, acompañado siempre del Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA), en el que he aparecido en bastantes ocasiones por razón de cargo y cargas, aunque como alto cargo siempre he pedido, en el caso del BOJA, que mis ceses fueran a petición propia, acompañando a esta observación, por cortesía burocrática, eso sí, del consabido “agradecimiento por los servicios prestados”, como es habitual en el lenguaje propio de los periódicos oficiales.

A título de ejemplo, en el nuevo diccionario, cuando se recoge la expresión “Alto cargo”, explica su significado: “Desde el presidente del Gobierno pasando por ministros, secretarios de Estado, presidentes y vicepresidentes de organismos públicos… De director general para arriba todo son altos cargos. Si tienes dudas: si le nombra el Consejo de Ministros y esa decisión aparece en el BOE, lo es (excepto los subdirectores generales). Es el rango más alto cuando se trabaja en lo público y la teoría, sobre el papel, es que para serlo es obligatorio cumplir varias condiciones. La primera, ser idóneos para el puesto. Y eso aquí también tiene un significado propio. La idoneidad, según la ley que lo regula, es el combo de dos factores: la honorabilidad (que te condenen por malversación no ayuda) y contar con la formación y experiencia suficiente para hacer lo que te toque, esto es, saber de qué va el curro para el que te han elegido. Lo habitual es que estar en política, aunque no seas un experto en el campo concreto al que te vas a dedicar, por muy especializado o técnico que sea, da para aprobar la asignatura de idoneidad. Eso para ser nombrado. Mientras ejerce, el alto cargo tiene que seguir cumpliendo algunos requisitos —repetimos, condiciones sobre el papel, no se vayan a creer que aquí pecamos de inocencia: trabajar para el interés general y no el propio y dedicarse en exclusiva al cargo para el que ha sido nombrado y no a otras labores—. Con excepciones, claro: escribir sesudos artículos de propaganda en periódicos, dar la turra en congresos o trabajar en organizaciones sin ánimo de lucro (sí, valen fundaciones de partidos) está permitido, siempre que no se cobre un duro por hacerlo. O, como mucho, solo las dietas. También tiene luz verde administrar el patrimonio personal o familiar”.

Pero a modo de comentario de texto y ahí está parte de la gracia del libro, hay siempre un apartado que lleva por título Uso y abuso, en el que afirma lo siguiente, aportando también un dato estadístico referido a este constructo –Alto cargo- que “aparece 971 veces en los últimos diez años:

Solo en la administración y los organismos estatales, sin sumar los de comunidades autónomas y entidades locales, a 31 de diciembre de 2020 había 736 altos cargos, 70 más que cuando acabó 2019. Las cifras de los últimos años van desde los 642 de la Nochevieja de 2016 a esos 736, la más alta desde 2014.

A continuación acompaña a cada lema o constructo una ilustración como la siguiente, referida obviamente a los “altos cargos”:

Creo que es un esfuerzo encomiable para apear de viajes oficiales al argot burocrático del derecho administrativo que muchas veces es bastante incomprensible para el común de los mortales. Doy fe de ello porque en muchas ocasiones he sido “redactor” de dichas disposiciones, de las que puedo asegurar que siempre pensé en sus destinatarios finales. A título de ejemplo, detestaba usar la palabra “interesado”, que es propia del argot tributario, por ejemplo, porque junto a la palabra “sujeto” formaba un constructo bastante alejado de la intelección simple de que una persona es la verdaderamente afectada por la disposición correspondiente.

Es curioso constatar que estadísticamente «la palabra concesión, por ejemplo, aparece en el Boletín 106.851 ocasiones en los últimos diez años, la que más de las recogidas en el Diccionario. Referido a un tipo de contrato público, ese eufemismo esconde la privatización de algo: una carretera, un hospital, un parking. Según la autora, también codirectora del proyecto Civio (“datos que cuentan contra la opacidad”), “esto es importante porque con el paso del tiempo hemos visto que las condiciones de estos contratos son muy ventajosas para las empresas y muy poco para la Administración pública, además de que se suelen degradar las condiciones laborales”. Preocupante lectura e interpretación final ajustada a derecho” (1). En la misma entrevista, a la pregunta ¿Es realmente el BOE una herramienta útil para la ciudadanía?, ella responde: “A mí me parece crucial para saber los derechos que tenemos las personas en una determinada situación, como ocurrió durante el estado de alarma. Sirve para cosas tan cotidianas como pedir una ayuda o presentarse a una oposición, pero lo más importante es que te permite conocer tus derechos: qué puedes hacer, reclamar, y qué no”.

Conviene leer este diccionario y consultarlo cuando haga falta, porque nos aclara muchas cosas, sobre todo términos aparentemente casi imposibles de entender y porque la amenidad con la que se describen e interpretan a través de ilustraciones y metáforas visuales, ayudan siempre a entrar en un edificio virtual de palabras, a veces a modo de torre de Babel que necesitamos ordenar e interpretar en democracia. Tengo que confesar que todo lo relacionado con la Fundación Civio me entusiasma, como así lo descubrí desde su nacimiento en 2012 y por conversaciones con su artífice principal David Cabo, Co-Director actual de la misma, con quien quise llevar a cabo un proyecto muy interesante para democratizar el acceso al presupuesto general de la Junta de Andalucía en 2012. Es lo que me da más confianza para leer el libro y comprender cómo se puede hacer más accesible la ordenación y organización del Estado, en este caso a través de un periódico oficial nada inocente, como casi todo en la vida.

Hoy, he recibido unas palabras de la Fundación que me suenan muy cercanas y que me recuerdan cómo nos debemos relacionar con la Administración y sus palabras: “Si has llegado hasta aquí, suponemos que deseas conocer mejor el funcionamiento de lo público, las decisiones de gobiernos e instituciones y cómo te afectan. Y, en particular, aquella información que se resisten a sacar a la luz. Nos dedicamos a eso desde 2012. Civio es una organización independiente y sin ánimo de lucro que, además de periodismo de investigación y de servicio público, hace presión para levantar las alfombras de nuestras instituciones y ayudar a la ciudadanía a conocer las decisiones que nos afectan, cómo se toman, cómo se aplican y qué resultados obtienen. Nuestro foco está en lo público, lo que nos afecta a todos. Lo hacemos gobierne quien gobierne. Lo hacemos cada día mejor. Y no lo hacemos solo porque nos guste, que también. Lo hacemos porque es esencial para lograr una sociedad y una gestión de lo público más abiertas, justas, inclusivas y eficientes para todos”.

Lo escrito anteriormente es la garantía de lo que está detrás de este diccionario ilustrado del BOE. Lo necesitamos. No nos defraudará su lectura y consulta. Es su hilo conductor. Entren en la página principal del proyecto El BOE nuestro de cada día | Civio y comenzarán a entender muy bien las bases de la democracia y sus palabras que, afortunadamente, aún nos quedan.

(1) Aprende a leer el BOE, te puedes estar perdiendo algo importante (publico.es)

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¡No me llames gitana!, dijo una vez una hormiga sabia

Sociedad Entomológica de América / Proyecto de mejores nombres comunes

Sevilla, 3/VIII/2021

En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio. Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.

Augusto Monterroso, El Fabulista y sus críticos, en La oveja negra y demás fábulas

Parece una fábula propia del siglo XXI, pero es una realidad como la vida misma. La Sociedad Entomológica de América (ESA) ha iniciado un proyecto muy interesante para abordar cambios en la denominación de insectos por razones obvias de respeto científico y social, entre las que se encuentran “nombres de especies invasoras con referencias geográficas inapropiadas, nombres que ignoran de manera inapropiada cómo podrían llamar al insecto las comunidades nativas. Estos nombres problemáticos perpetúan el daño contra personas de diversas etnias y razas, crean un entorno entomológico y cultural que es hostil y no incluyente, interrumpen la comunicación y el alcance, y contrarrestan el propósito mismo de los nombres comunes”.

En este sentido, la citada Asociación ha emitido una nota recientemente en relación con la denominación actual de la polilla Lymantria dispar y la hormiga Aphaenogaster araneoides, porque “contenían un término despectivo para el pueblo romaní [gitanas]”: “En junio, la Junta de Gobierno de la ESA decidió eliminar los nombres comunes de ambas especies de la Lista de Nombres Comunes de Insectos y Organismos Relacionados de la ESA. La ESA buscará convocar a un grupo de voluntarios para proponer un nuevo nombre común para L. dispar, que luego estará disponible para comentarios de los miembros de la ESA y estará sujeto a la aprobación del Comité de Nombres Comunes de Insectos de la ESA y la Junta de Gobierno de la ESA. Mientras tanto, la ESA anima a las personas a referirse a los insectos por sus nombres latinos. Si desea unirse a un grupo de trabajo para participar en el proceso de cambio de nombre de Lymantria dispar, complete este formulario. Si desea sugerir un nuevo nombre sin unirse a un grupo de trabajo, complete este formulario”. Interesante y aleccionadora iniciativa de participación popular.

Se sabe que la Lymantria dispar llegó por primera vez a los Estados Unidos en 1869 desde Europa, y sus orugas dejan los árboles vulnerables a las enfermedades. La denominación de “gitana” viene utilizándose desde hace mucho tiempo. En el caso de la Aphaenogaster araneoides, la hormiga, se conoce que recibió ese apelativo por parte de Terry McGlynn, profesor de la Universidad Estatal de California Dominguez Hills, en 2000, aunque ha manifestado en diversas ocasiones que desconocía el impacto social del nombre y de la decisión de proponer a la EA esta denominación en 2006: “Son insectos itinerantes que se mueven de un lugar a otro, con una serie de lugares específicos en los que se quedarán temporalmente, pero nunca ocupan uno solo de forma permanente”. Sobran los comentarios. En este sentido, Margaret Magache, directora del Programa Roma en el Centro FXB para la Salud y los Derechos Humanos, de la Universidad de Harvard, fue consultada como parte de la eliminación del nombre. Dijo que el cambio, aunque parece pequeño, es relevante en la conversación sobre los derechos de los romaníes: “Las palabras tienen poder y, más aún, los insultos raciales como la palabra G [Gipsy] han sido particularmente ofensivos y peligrosos para los romaníes», dijo Matache. «Nos han deshumanizado constantemente a través de los medios del lenguaje y los vínculos con los insectos, los animales, la criminalidad, la opulencia. Cambiar el nombre de este insecto es muy importante para rectificar las narrativas dominantes sobre el pueblo romaní. Nuestro pueblo, nuestra historia y nuestra cultura se han tergiversado y burlado con demasiada frecuencia, y el prejuicio siempre se ha utilizado para justificar el racismo y la discriminación contra los romaníes, un pueblo presente en todo el mundo”.

Más allá del terreno de la fábula, las hormigas están muy presentes en la vida de todos los seres humanos, fundamentalmente porque de ellas hemos aprendido a vivir en sociedad. Personalmente, me ha sorprendido siempre el mundo de las hormigas desde la visión de la neurología y la sociología, por el interés que ha despertado siempre la investigación sobre su forma de ser y estar en el mundo, una especie animal que destaca sobre todo por su vida social y por su longevidad, realidades científicas sobre las que he escrito anteriormente en este cuaderno digital: “Precisamente, la longevidad es el resultado de que siendo tantas se organicen perfectamente, “viven como un grupo, trabajan para el grupo, colaboran, se protegen, se ayudan, hasta pueden fabricar medicamentos para evitar que ciertas bacterias se propaguen en el interior de una colonia. Es lo mismo que ha ocurrido con el ser humano”. Fascinante. Así, siglos y siglos, desde que unos africanos salieron a dar una vuelta por el mundo hace millones de años, al igual que las hormigas, que también viajaron y mucho. Hasta que la división del trabajo llegó a la sociedad humana, extrapolada de lo que ya venían haciendo hace millones de años las hormigas, tan pequeñas y laboriosas ellas. Y este descubrimiento trajo soluciones y problemas sociales, porque la unión hace la fuerza, en palabras de Keller: “Todo ello mejora enormemente la productividad, surgen las ciudades modernas y todo esto, unido a las mejoras en la sanidad y la higiene, dispara en muy poco tiempo la población mundial. En 1930 ya había unos 2.000 millones de personas en el mundo, y eso no es nada: hoy hay más de 7.000 millones, y ciudades con más de diez y veinte millones de personas. Como se suele decir, la unión hace la fuerza”.

Las especies de polillas y hormigas mal llamadas “gitanas” merecen nuestro respeto, como símbolo de cómo debemos llamarlas, al igual que a las personas de etnia gitana, por su nombre y apellidos. Esto no es una fábula, sin más, pero se debe divulgar como una gran lección de sensibilidad científica y humana para todos. Entiendo ahora mejor que nunca que “existan rebeliones internas en las colonias y guerras entre hormigas, cuando combaten por un mismo espacio. Por ejemplo, esto se está dando con las especies invasoras que están llegando a Europa sobre todo de América Latina, y estas especies son muy agresivas y luchan contra las hormigas europeas. Y también hay una base genética para el conflicto”. Están preparadas para morir y saben que es un comportamiento asociado a su especie. Saben restar las bajas de sus soldados muertos”. Y de los insultos despectivos.

Vuelvo a hacer hoy una confesión final que ya he manifestado en este cuaderno digital: tenemos hormigas libres de estereotipos y apodos insultantes para rato, porque a pesar de que intentemos imitarlas hasta la saciedad, cosa que no nos iría mal en principio, tenemos que asumir, como la cigarra altiva, que saben más que nosotros, porque saben hacer las cosas muy bien, porque cunde el ejemplo entre ellas del trabajo bien hecho. Además, parecen inmortales “como especie prácticamente sí que lo son, han sido capaces de sobrevivir a todo y lo seguirán haciendo”, según Lauren Keller, Presidente de la Sociedad Europea de Biología Evolutiva y el mejor amigo de las hormigas, conocido como monsieur fourmis (señor hormiga). Y sobrevivirán al ser humano, tan altivo él, porque siguiendo a Plauto el ser humano suele desconocer a los demás con frecuencia, cosa que no hacen las hormigas. Debería cundir su ejemplo hasta hacerse real esta nueva experiencia, es decir, poder gritar a los cuatro vientos: homo homini formica o lo que es lo mismo, las personas son como las hormigas para las mismas personas, porque trabajan, viven, se ilusionan y comparten todo con los demás, a diferencia de lo que aprendimos de Tomás Hobbes en su aserto “el hombre es un lobo para el hombre” (homo homini lupus). A pesar de las castas, por mera necesidad política, en el sentido más puro del término. Sin insultarnos o despreciarnos con nombre inapropiados, por el único motivo de pertenecer a otras razas, etnias o religión.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un “sorpasso” digno en el “ferragosto”

Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant) y Bruno Cortona (Vittorio Gassman), Il sorpasso

Sevilla, 2/VIII/2021

Estos italianismos vinieron a España en el siglo pasado para quedarse, aunque todavía no han tenido la acogida en el diccionario de la lengua española de la RAE. Quizá sea “sorpasso” la que más ha calado popularmente y sobre todo en el ámbito político, desde que Julio Anguita, el líder carismático del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida en los años ochenta y noventa, la cooptó del partido comunista italiano. Su acepción más clara es “adelantamiento” y junto a “ferragosto” tuvimos la oportunidad en España de asociarlas siempre a través de una película de culto, Il sorpasso (1962), que en este país se tradujo, creo que de forma equivocada, por La escapada, quitándole la fuerza de la palabra en su país de origen. Esta película, una road movie en estado puro, la dirigió Dino Risi y sus dos protagonistas inolvidables fueron Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Un auténtico «capolavoro», en una bellísima palabra italiana, es decir, una obra maestra. Inolvidable el comentario de Bruno (Gassman) al comienzo de la película y recorriendo Roma con su vehículo en pleno mes de agosto: «Está todo cerrado, Roma parece un cementerio”. Más o menos, el tedio de la vida corriente.

La realidad es que agosto es el mes de una festividad laica en Italia, el ferragosto, en homenaje a la feria de Augusto (Feriae Augusti), una fiesta que comenzó a celebrarse en Roma en el siglo I a.C., el día 15 de este mes, con motivo de la finalización de las tareas en el campo. Me ha traído a mi persona de secreto, como en los famosos “yo me acuerdo” de Brainard en su libro homónimo, la perfecta sincronía entre las dos palabras en el momento actual, comparando la gran lección de aquella película que no dejó indiferente a nadie. ¿Es verdad que se puede producir ahora un sorpasso a este ferragosto simbólico? Intentaré relacionarlo con unas reflexiones que vienen al caso, porque el hilo conductor de la película es un exponente de la misma vida, de una huida hacia adelante que muchas veces llevamos a cabo cuando estamos desorientados, situación en la que llevamos inmersos desde hace bastante tiempo.

En el momento actual, en el que se podría decir sotto voce (en voz baja), en una Sevilla desierta, en el ferragosto de 2021, saliendo a duras penas de una pandemia, con permanentes avisos para navegantes de que la prudencia es la mejor consejera para salir de esta grave epidemia, es necesario reflexionar sobre cualquier ocurrencia de sorpasso sobre lo que está ocurriendo, porque todavía sabemos poco sobre lo que ha pasado y sus consecuencias. Es verdad que imitando a Vittorio Gassman podemos salir una tarde cualquiera en busca de algo trivial para seguir viviendo, encontrarnos que en este mes está casi todo cerrado por vacaciones (algo menos que otros años por la dichosa pandemia) y encontrar almas cándidas que nos ofrecen una solución inmediata a nuestra necesidad. Llamada telefónica, WhatsApp, redes sociales, cualquier oportunidad de salir fuera de nosotros una vez y alejarnos de los confinamientos grabados a fuego en nuestras personas de secreto. Después, podemos acompañar a los dos protagonistas, Bruno Cortona (Vittorio Gassman) y Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), ocupando una plaza en su Lancia Aurelia B24 Spider, como testigos de cargo de sus aventuras hacia ninguna parte y hasta el fatal sorpasso, al igual que nos puede ocurrir en la vida ordinaria, porque la huida hacia adelante no suele traer nada bueno. En el fondo es el escapismo que vimos tantas veces en Anthony Blake, un profesional de esta suerte de magia.

La película transmite un hilo conductor complejo, centrado en la soledad acompañada que es la peor que uno puede vivir. Son mundos diferentes pero que caminan en paralelo en una aventura de búsqueda de algo que dé sentido a la vida, pero con un condicionante: que ese algo sea en el instante que nosotros elijamos no el que la vida nos ofrezca. Además, aquella película nos enseñó la gran dialéctica de la vida, la separación que se nos presenta a menudo al vivir sin tener en cuenta a los demás, como puede estar pasando ahora con el desprecio a las personas a las que muchos pueden contagiar, por el mero hecho de que unos pocos “tienen derecho a divertirse”, importándoles nada las medidas de seguridad que, de forma tan reiterativa, se transmiten por todos los medios a nuestro alcance. En el fondo es lo mismo que el desprecio a las clases sociales más desfavorecidas que, en este aquí y ahora, puede ser cualquiera, es decir, todavía es peor por el comportamiento de falta de civismo, respeto y solidaridad con las personas susceptibles de contagio, por el mero hecho de hacer ahora lo que me plazca sin miramiento alguno. Bruno Cortona en estado puro.

Un diálogo de la película, escogido por mí, resume bien el sentido metafórico del sorpasso italiano: “Parece que estamos en Inglaterra”, dice Bruno (Trintignant), a lo que contesta Roberto (Gassman): “¿por la campiña? “No, es que viajamos siempre por la izquierda…”, responde finalmente Bruno. Los sorpassi permanentes e imposibles de la película, con el trato vejatorio a las personas y vehículos a los que adelantan los protagonistas, son el reflejo de los adelantamientos innecesarios, peligrosos y suicidas de la vida, en una alocada huida hacia adelante. El principio de realidad debe ser aplicado siempre y Bruno, a pesar de su juventud, lo sabe: “Cada uno de nosotros tiene un recuerdo fallido de la infancia. ¿Sabes por qué siempre decimos que fue la época más hermosa? Porque en realidad ya no la recordamos como era”. Una de las razones para la huida del tedio de la vida con adelantamientos (sorpassi) arriesgados y peligrosos en el caminar diario que, al igual que en esta película de Gassman y Trintignant, pueden tener un final muy triste.

Es verdad. Todas las películas tienen un final (es lo que tienen de malo…), pero la vida sigue siempre dispuesta a ofrecernos miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos, en el mejor sorpasso jamás soñado. Descansar en agosto es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea. Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan, incluso en el ferragosto más próximo, que nos puede permitir, si nos empeñamos en ello, efectuar el mejor sorpasso a lo que verdaderamente no nos gusta y nos hace sufrir a diario.

Una cosa más en este ferragosto. Siempre me gustaron las interpretaciones de Trintignant -no olvido su papel en Il conformista– y después de Il sorpasso, tuve un reencuentro con él en 2019, cuando vi una película suya inolvidable, Los años más bellos de la vida, porque me permitió soñar de nuevo, hacer viajes casi imposibles, utilizar la tecnología para perpetuar los reencuentros a través de un selfi (autofoto), porque da igual casi todo, excepto el amor verdadero: la autoridad, las prohibiciones o la cicatería en el amor. Porque siempre quedará París, antes Roma, recorrido de punta a punta gracias a la cámara de Lelouch en un plano secuencia memorable, que utiliza un corto suyo de ocho minutos (Era una cita) para transmitirnos que el mundo sólo tiene interés hacia adelante cuando respetamos el amor de cada presente, sin necesidad de sorpassi, es decir, adelantamientos sorprendentes e innecesarios. Incluso, como en esta película, en las tinieblas del Alzhéimer, con una banda sonora de fondo gracias a Francis Lai y con los semáforos en rojo de la vida. Sin necesidad de saltárselos o de entrar en calles con dirección prohibida, como vemos en los primeros planos de Il sorpasso. Sobre todo, si alguien nos espera al final de un largo camino y en una cita inolvidable para ser más felices. Al final, sería el mejor sorpasso, en este ferragosto, a la pandemia que nos asola.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.