Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.
Federico García Lorca (1931), Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros
Sevilla, 14/II/2021
Vuelvo a escribir unas palabras desde Andalucía, porque nada catalán -por humano- me es ajeno, sobre la base de las que publiqué ante la jornada electoral de las anteriores elecciones celebradas en Cataluña el 21 de diciembre de 2017. No quiero alterar el texto de lo que ese día escribí en este cuaderno digital, aunque sí ha cambiado el contexto en el que se desarrollan estas elecciones de febrero de 2021, porque en aquellas reflexiones suspiraba por una Cataluña integrada en España, cuestión que sigo defendiendo hoy con ardor guerrero y con la ardiente paciencia de Neruda. Es lo que sigo pensando ahora ante una oportunidad democrática tan importante como son unas elecciones. Por esta razón, en las horas previas a las 8 de la tarde, hora exacta en la que se iniciará el recuento de votos en las elecciones que se están celebrando hoy en Cataluña, vuelvo a leer una y otra vez el discurso dedicado a las floristas de La Rambla de Barcelona, que Federico García Lorca leyó en una cena en el hotel Majestic de esa ciudad, el 22 de diciembre de 1935. Lorca estaba en Barcelona porque se estaba representando allí su obra «Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores», junto a la compañía de Margarita Xirgu.
Desde Andalucía, sueño con el paralelismo de las palabras de Lorca, pero haciéndolas extensivas a Cataluña, porque en la quintaesencia de La Rambla (Las Ramblas) está una Comunidad a la que apreciamos mucho desde Andalucía y que nunca hemos querido que se independice. Todo es un símbolo, pero se me antoja necesario pensar en Cataluña como una calle rodeada de flores, «que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros y antigua de sangre». ¡Qué mejor reconocimiento a una extraordinaria Comunidad, con palabras de un andaluz universal que supo cantar la quintaesencia de un pueblo al que tanto amamos!
Parafraseando una frase de Gaudí en relación con un símbolo cultural muy querido en Cataluña, el trencadís, “A puñados se tienen que poner [las piezas rotas de cerámica], si no, no acabaremos nunca”, es decir, una forma de unir piezas rotas de cerámica de forma aleatoria, es urgente recordar hoy esta técnica catalana como metáfora, salvando lo que haya que salvar, para unir de una vez por todas a las partes implicadas en el proceso catalán e intentar buscar la mejor argamasa para unir piezas rotas hoy pero que en un futuro pueden brillar en todo su esplendor. Trencadís político en estado puro, porque si no, «no acabaremos nunca» con esta situación política de ruptura civil del pueblo catalán y, por extensión, de este pueblo con España.
Cuando la poesía y la escritura es compromiso activo, comprendemos bien para qué y a quién sirve, porque no son inocentes. Afortunadamente. Lo aprendí también de otro poeta andaluz, Juan Cobos Wilkins, en un libro precioso, Para qué la poesía, que intenta despejar muchos interrogantes al respecto. Se refiere, con bellas palabras, a la forma de expresarse cada persona en vida, de muchas formas posibles: desvivir, revivir, convivir, conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir, eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía. La mejor respuesta, la final: para sanar, vivir…, cada día.
Comparto hoy estas palabras, de nuevo, como un transeúnte desconocido por las calles imaginarias y reales de Cataluña, para «aprender de ellas cómo puede persistir el espíritu propio de una Comunidad» [ciudad], porque queremos superar las rosas de pena y palabras, que aún nos quedan.
¡Salud para el pueblo catalán en momentos difíciles de la pandemia, para que su decisión democrática nos una a partir de ahora en un proyecto común de convivencia pacífica!
A las floristas de La Rambla de Barcelona
Federico García Lorca
Señoras y señores:
Esta noche, mi hija más pequeña y querida, Rosita la soltera, señorita Rosita, doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de la Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina.
La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.
Como una balanza, la Rambla tiene su fiel y su equilibrio en el mercado de las flores donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos. Estos puestos de alegría entre los árboles ciudadanos son el regalo del ramblista y su recreo y aunque de noche aparezcan solos, casi como catafalcos de hierro, tienen un aire señor y delicado que parece decir al noctámbulo: «Levántate mañana para vernos, nosotros somos el día». Nadie que visite Barcelona puede olvidar esta calle que las flores convierten en insospechado invernadero, ni dejarse de sorprender por la locura mozartiana de estos pájaros, que, si bien se vengan a veces del transeúnte de modo un poquito incorrecto, dan en cambio a la Rambla un aire acribillado de plata y hacen caer sobre sus amigos una lluvia adormecedora de invisibles lentejuelas que colman nuestro corazón.
Se dice, y es verdad, que ningún barcelonés puede dormir tranquilo si no ha paseado por la Rambla por lo menos una vez, y a mí me ocurre otro tanto estos días que vivo en vuestra hermosísima ciudad.
Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra ala abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer.
Yo también tengo que pasar todos los días por esta calle para aprender de ella cómo puede persistir el espíritu propio de una ciudad.
Amigas floristas, [con] el cariño con que os saludo bajo los árboles, como transeúnte desconocido, os saludo esta noche aquí como poeta, y os ofrezco, con franco ademán andaluz, esta rosa de pena y palabras: es la granadina Rosita la soltera.
Salud.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Caronia (caracola) de Marsoulas (izqda. y dcha.) y caracola de Nueva Zelanda (centro)
Sonido Caronia, Do, Re y Do sostenido
Sevilla, 12/II/2021
Los amantes de la historia de la música estamos de enhorabuena porque se ha publicado recientemente, en la revista Science Advances (Febrero, 2021), un artículo sobre el descubrimiento del instrumento de viento más antiguo del mundo hasta nuestros días, la caronia, una concha de caracol que tiene una antigüedad de alrededor de 17.000 años, en una cueva de Marsoulas (Francia, región de Mediodía-Pirineos, departamento de Alto Garona, en el distrito de Saint-Gaudens y cantón de Salies-du-Salat).
El resumen científico del mismo atestigua que estamos ante un hallazgo excepcional que corrobora la atención que el ser humano ha prestado desde siempre a la música: “Antropólogos y etnomusicólogos afirman que no hay sociedad sin canto, y más específicamente, no hay ritual o celebración sin acompañamiento del sonido. La producción de sonidos en contextos sociales es muy antigua. Aquí, informamos sobre el estudio de una concha marina de la cueva decorada de Marsoulas y demostramos que los homínidos magdalenienses de este sitio transformaron esta concha en un instrumento de viento. Es uno de los ejemplos muy raros, si no el único para el paleolítico, de un instrumento musical confeccionado a partir de una gran concha, y la primera caracola de este uso hasta ahora descubierta. Ya sabemos que las personas de la prehistoria transformaron muchas conchas en ornamentos portátiles y que, por lo tanto, les atribuyeron un simbolismo corporal sustancial. Este cuerno de concha marina, con su sonoridad única, profunda y fuerte con una reverberación duradera, arroja luz sobre una dimensión musical hasta ahora desconocida en el contexto de las sociedades del Paleolítico Superior”. Verdaderamente fascinante para el conocimiento del ser humano y su inteligencia musical, que también existe, como ya demostró en el siglo pasado Howard Gardner a través de las llamadas “inteligencias múltiples”.
Me ha gustado conocer que este descubrimiento está muy cerca de la costa cantábrica. Tal y como lo manifiestan los científicos que informan detalladamente sobre el hallazgo: “[…] Aunque raro, [este molusco] sigue presente en el Golfo de Vizcaya y en las costas vasca y asturiana de España. Este animal habita en fondos rocosos, a veces intercalados con espacios arenosos de hasta 80 m. de profundidad. Charonia también existe en el mar Mediterráneo, pero estos especímenes son más pequeños y delgados (18, 19cm.). Su tamaño (31 cm de largo y 18 cm de ancho) y su robustez, especialmente el espesor de la concha, alcanzando los 0,8 cm en algunas zonas, argumentan a favor de una adaptación a las condiciones de agua templada/fría (20 grados). Arqueológicamente, el vínculo entre los habitantes de Marsoulas y la costa atlántica está respaldado por algunos artefactos encontrados en la entrada y el interior de la cueva; en la industria ósea, hay un fragmento de punta de lanza hecho de un hueso de cetáceo, y, entre las conchas, el origen atlántico de dos especímenes de Capulus ungaricus, perforados por la abrasión y encontrados en la misma capa que los lampas de Charonia, es cierto”.
También llama la atención la intervención humana para que la caracola emitiera sonidos, es decir, su sonido característico y combinado con un mensaje, que desconocemos, no tuvo que ser inocente: “Nuestro análisis detallado de la Charonia reveló numerosas pistas de intervención humana. Para caracterizarlos y describirlos en su superficie, digitalizamos el caparazón a través de fotogrametría y realizamos (con DStretch Image) una observación de las imágenes de superficie para resaltar los pigmentos menos visibles. Además, las tomografías computarizadas (TC) proporcionaron una visualización muy detallada de las partes internas del caparazón o concha, como la columella y los verticilos de aguja. Estas observaciones sugieren que se hicieron transformaciones considerables en la caracola para permitir que se pudiera soplar en ella”.
A continuación recojo el detalle de la morfología de la caronia descubierta en la cueva de Marsoulas, según la publicación citada:
(A) Sección sagital del modelo tridimensional (3D) de la concha que permite visualizar el agujero perforado a la altura de la sexta cavidad (después de abrir el ápice; véase la Fig. 2), probablemente para introducir un tubo para facilitar el montaje de una boquilla. (B) Detalle de la perforación circular realizada desde el ápice. Las rayas en el borde se deben a una herramienta de frotación. (C) Vista superior del modelo 3D que muestra la perforación. (D) Sección transversal tridimensional (3D) a nivel de la séptima cavidad. (E) La caracola de las Marsoulas en su contexto magdaleniano (restitución hipotética). (F) Caracola del Sudeste Asiático, cuya boca está cubierta con una capa negra, destinada a proteger los labios del soplador. (G y H) Concha de Siria y detalle de su boca astillada, cerca de la de Marsoulas. (I y J) Caracola de Nueva Zelanda y su boquilla hecha de un tubo óseo decorado. [Capturas de modelos 3D (A D): C. Fritz; dibujo (E): G. Tosello; fotos (F a J): Musée du Quai Branly-Jacques Chirac/E. Kasarhérou.
He escuchado el sonido real de la Caronia y pude transportarnos 17.000 años atrás aunque desconozcamos el lenguaje musical que llevaba dentro y en boca de nuestros antepasados: “De acuerdo con los científicos, esta concha también muestra la capacidad de los antiguos grupos humanos para transformar un objeto complejo en un instrumento de viento. “Aún debemos meditar sobre la función del sonido en el Paleolítico, pero podemos decir que la relación entre la música y el simbolismo humano es muy fuerte. En Marsoulas es difícil no establecer el paralelismo entre el sonido y el arte rupestre. Las caracolas han servido como instrumentos musicales, dispositivos de llamada o señalización, y objetos sagrados o mágicos según las culturas”, escriben los autores. Y concluyen: “Hasta donde sabemos, el caparazón de Marsoulas es único en el contexto prehistórico, no solo en Francia sino a la escala de la Europa Paleolítica y quizás del mundo” (1). Excepcional hallazgo.
A modo de libreto para una partitura imaginaria de palabras, he escrito estas líneas. Si Mozart hubiera conocido la Caronia, aunque ya estaba allí, en Marsoulas, en su lugar de origen, la habría rescatado y habría compuesto una “Sonata para Caronia”, en Do mayor, de belleza incalculable, porque él amaba los instrumentos de viento, habiéndonos dejado muestra de ello en composiciones inolvidables.
NOTA: las imágenes se han tomado de la revista Science Advances y corresponden al artículo citado.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Se ha estrenado un documental recientemente, Artemisia Gentileschi, pintora guerrera, sobre la vida y obra de esta pintora del barroco, con un título que intenta sintetizar en un adjetivo el perfil de una mujer extraordinaria e imprescindible por su aportación excelente a la historia de la pintura. Así lo ha presentado un artículo magnífico de Berta Gómez, en elDiario.es, que resume a la perfección la atractiva vida y obra de la Gentileschi y el retrato que hacen de ella en el citado documental.
La plataforma Filmin presenta también el documental con palabras sencillas y esclarecedoras: “En el 1618, a los 23 años, Artemisia Gentileschi es la primera mujer en ser admitida a la Academia de Diseño. Fue la primera mujer artista italiana en tener una carrera internacional, siempre bien integrada en los ambientes intelectuales y artísticos más sofisticados. Tuvo importantes contactos con los mayores genios de la época, entre ellos Caravaggio. El film recorre toda la vida de la artista, símbolo del feminismo mundial por su carácter y por la ferviente defensa de su dignidad profesional, que surgen en la correspondencia con coleccionistas y personalidades de la época, entre ellos Galileo Galilei”.
Siento una satisfacción especial cada vez que el mundo de la cultura se detiene en la trayectoria vital y profesional de esta pintora, a la que ya he dedicado algunas páginas en este cuaderno digital, que reproduzco a continuación, en un artículo que escribí el año pasado sintiendo su proximidad pictórica por albergar el Museo de la catedral de Sevilla una obra suya excelente, María Magdalena como la melancolía, sobre el que reflexiono en su relación con la copia de la misma pintora que se encuentra en la actualidad en México y donde se interpretan dos variaciones sobre el mismo tema, no una mujer que está apoyada sobre su brazo, como figuraba en los catálogos primigenios, sino cómo una mujer sufre de melancolía, sentimiento que pintó como ningún otros artista, hombre o mujer, ha hecho a lo largo de los siglos.
Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Pablo Neruda, Me gustas cuando callas
Sevilla, 16/VII/2020
La cultura en este blog va por barrios. La melancolía, también. A Mozart, melancólico por naturaleza propia, le entusiasmó la idea de estrenar su preciosa y enigmática ópera La flauta mágica en un teatro de barrio de Viena, la ciudad de los palacios reales. He escrito bastante sobre esta “debilidad ética” de Mozart poco tiempo antes de fallecer muy joven. Hoy, la cultura en este cuaderno digital va por la pintura y por la melancolía. Verán. Les presento en esta ocasión a una pintora barroca extraordinaria, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), que he procurado conocer en profundidad a través de la historia del arte y de biógrafos solventes. Hay un motivo que me ha impulsado a conocer con detalle a esta pintora y ha sido la elección de una obra de la misma en la exposición que actualmente se está desarrollando en el Museo del Prado bajo un título muy sugerente, Reencuentro, con motivo de la reapertura de sus salas el pasado 6 de junio y que se mantendrá abierta hasta el 13 de septiembre, reubicando más de 190 piezas que evocan la museografía existente cuando el Prado abrió sus puertas por primera vez. En esta colección se presenta una obra de Artemisia Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista (ca. 1635), en el que se representa a San Juan, desnudo, atendido por un grupo de mujeres. Salvo error por mi parte, es la única obra de una mujer pintora que se recoge en esta muestra tan especial. De ahí que me llamara tanto la atención.
Me interesó esta obra porque desde hace tiempo estaba estudiando la presencia de Artemisia Gentileschi en España y, concretamente, en Sevilla, con una obra enigmática, María Magdalena como la melancolía, que me consta que era muy querida por su autora por su identificación con ella como mujer “pecadora” (?) que sufrió mucho en su vida ajetreada y singular aunque ha sido muy maltratada por la historia y por la Iglesia oficial. Artemisia sufrió un triste episodio de juventud, concretamente la violación cuando solo tenía 17 años, en 1612, por parte del mentor propuesto por su padre, Agostino Tassi (1566-1644), ya que al ser mujer no podía cursar los estudios oficiales de pintura en las Academias correspondientes, solo para hombres, lo que propició un juicio promovido por su padre, muy estudiado, que ganó y que se puede conocer con detalle en una obra muy interesante dedicada a esta pintora (1).
Esta pintura se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Sevilla, considerándose el original de las dos versiones que existen en la actualidad con el mismo título, siendo la segunda versión la que se encuentra en el Museo Soumaya de Ciudad de México, como segunda interpretación de la melancolía de María Magdalena, no una copia, cuestión que hoy es el eje de este artículo.
Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1622) Museo de la Catedral de Sevilla
Artemisia Gentileschi, María Magdalena como la melancolía / Detalle (Ca. 1625) Museo Soumaya (Ciudad de México)
Las principales diferencias entre las dos obras estriban en que la pintura original, la que se encuentra en la catedral de Sevilla, sufrió una intervención de la censura por haberla considerado con graves faltas de recato. Pruebas radiográficas han demostrado que se cubrió el hombro y el pecho izquierdos con un lienzo en el que se aprecia el cambio de color en la zona agregada por la censura: “Este último cuadro [el que está en Sevilla] es el original, y el otro, que se encuentra en el museo Soumaya en la ciudad de México, es una copia de la misma época. Pero es evidente que la copia revela que el original fue intervenido después de ser copiado, para que pudiese entrar sin escándalo en los recintos sagrados. En efecto, radiografías de la pintura muestran que el ropaje fue ampliado para cubrir lo que la Iglesia consideraba indecente y lujurioso. Lo más interesante es que, muy probablemente, fue la misma Artemisia quien pintara la copia hacia 1622, antes de que el comprador del cuadro, el duque de Alcalá y virrey de Nápoles, se llevara el cuadro [original] a su colección (según lo explica la historiadora Mary D. Garrard en su libro Artemisia Gentileschi around 1622: The shaping and reshaping of an artistic identity, Oakland, University of California Press, 2001). Seguramente tuvo una nueva encomienda de pintar a una Magdalena melancólica, y por ello copió ella misma su obra primera. La obra fue a dar, no se sabe cómo, a una colección privada en Lyon; después fue adquirida por Carlos Slim para el Soumaya” (2).
En el establecimiento de las diferencias entre ambas obras, me ha gustado mucho la reflexión localizada al respecto en el documento citado anteriormente: “Se cree que la copia de la Magdalena melancólica fue hecha por la misma Artemisia porque en ella la santa tiene un rostro diferente; un copista normalmente hubiese copiado los rasgos originales, sin crear un personaje nuevo, con la cara más redonda, la nariz más puntiaguda, la boca más curvada hacia abajo y los ojos más grandes con párpados pesados. La primera Magdalena tiene una actitud soñadora y sensual; en la copia su rostro es adusto y desconsolado. Las dos caras de la melancolía que pintó Artemisia reflejan posiblemente su propia experiencia como “pecadora”, ya que sufrió de muy joven una violación y tuvo que enfrentar un largo y penoso juicio promovido por su padre contra el violador que se negó a casarse con ella”.
He profundizado en conocer cómo llegó a Sevilla el cuadro de “María Magdalena como Melancolía”. Varios estudios coinciden en la trazabilidad histórica del mismo desde la compra hasta su llegada a la catedral, es decir, que la pintura pertenecía a la colección de Fernando Enríquez-Afán de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, V marqués de Tarifa, VI conde de Los Molares y virrey de Nápoles (1629-1631), años en los que coincidió con Artemisia Gentileschi en la citada ciudad. Se sabe que la obra llegó a la catedral procedente de la Casa de Pilatos, donde atesoraba el virrey de Nápoles un importante fondo artístico de pinturas y antigüedades. Como dato curioso, esta obra aparecía en el inventario como “una Magdalena sentada en una silla durmiendo sobre el brazo”. Nada más.
Estamos viviendo una etapa muy alargada en el tiempo en torno a la melancolía y podemos incluso dar la razón a Víctor Hugo cuando decía que la melancolía era la felicidad de estar triste. La melancolía es un talante, una forma de ser talantoso o no. El adjetivo “talantoso” es el claro exponente de lo que queremos decir cuando una persona tiene talante, es decir, se asegura que la persona está de buen humor o semblante. Y aquí es donde quería llegar: al humor o semblante. Ya lo decía Nebrija y el Padre Alcalá en sus Vocabularios y acertaban en su análisis, porque, al final, de humores se trata cuando hablamos de talante. La melancolía o el humor proveniente de la bilis negra (eso significa la conjunción de las dos palabras de raíz griega, “melan” (negra) y “colía” (bilis) es en definitiva un estado de humor anímico. La visión clásica de la melancolía se encuadra en la teoría de los cuatro humores, “adoptada por los filósofos y físicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los físicos europeos hasta la llegada de la medicina moderna en el siglo XIX. En esencia, esta teoría mantiene que el cuerpo humano está lleno de cuatro sustancias básicas, llamadas humores, cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona. Así, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de estos cuatro humores. Estos fueron identificados como bilis negra [melancolía], bilis, flema y sangre. Tanto griegos y romanos como el resto de posteriores sociedades de Europa occidental que adoptaron y adaptaron la filosofía médica clásica, consideraban que cada uno de los cuatro humores aumentaba o disminuía en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría de superávit o desequilibrio de líquidos, entonces su personalidad y su salud se veían afectadas”.
La melancolía se entiende popularmente y según la RAE, en una primera acepción como «Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia». Cuando deriva hacia una enfermedad, la cuarta acepción del Diccionario de la lengua española la define como «Estado patológico caracterizado por una depresión profunda acompañada de diversas alteraciones físicas y de comportamiento». La melancolía que retrató a la perfección Artemisia Gentileschi corresponde al primer sentimiento expresado y sentido a nivel popular, pero que suele remitir una vez pasado un tiempo de aceptación del hecho causante y el duelo correspondiente. Casi siempre deja huella y hay que aprender a vivir con ese estado de humor o de ánimo. En ocasiones deriva en una patología que necesita atención profesional para salir de ella.
En este contexto y a pesar del dolor interno que experimentó Artemisia por la violación sufrida, dedicó su obra a ensalzar la figura de la mujer representándola con gran coraje y valor, siendo la obra titulada Judit decapitando a Holofernes la que se considera más icónica de la venganza que quiso expresar por la citada violación. Junto a esta obra, en muchas otras figura siempre el protagonismo de la mujer a través de acciones y expresiones muy sorprendentes para la época en las que las pintó. Mujeres, siempre, que actúan solas o en común reivindicando su papel en la historia, alejadas de elementos sacros y con un viso laico de pintura reivindicativa rompiendo el canon de la época.
La investigadora principal de la obra de Artemisia Gentileschi, Mary Garrad, sintetiza en la dedicatoria de su libro Artemisia Gentileschi. The Image of the Female Hero in Italian Baroque Art (1989), lo que significa esta artista en el devenir de los siglos: “Este libro está dedicado al tema tratado en él, Artemisia Gentileschi, artista prima inter pares, con admiración, gratitud y afecto”. Fue el primer texto académico que abordó con objetividad plena la vida y obra de la excelsa pintora.
En cualquier caso, la figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica?) Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.
El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este momento: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.
Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis
Un detalle de última hora nos puede dar una idea de la importancia mundial de esta pintora barroca. El pasado 8 de julio, Google dedicó su doodle del día a Artemisia Gentileschi, recordando el 427 aniversario de su nacimiento. Millones de personas abrieron su sesión con una recreación del autorretrato que encabeza estas líneas y tuvieron la oportunidad de conocerla gracias al mágico mundo de Internet. ¡Feliz coincidencia y homenaje implícito!
Me consuela históricamente pensar que podré visitar aquí, en Sevilla, a Artemisa y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido qué significa el poder reparador de su melancolía.
(1) Gentileschi, Artemisia (Edición de Eva Menzio). Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro, 2016. Madrid: Anaya (Cuadernos de Arte Cátedra).
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Visto lo visto no hay duda alguna: ¡salvemos a las personas en esta pandemia, Estado y Gobiernos de las Comunidades Autónomas! Hay que decirlo alto y claro, sólo debemos salvar a las personas en esta pandemia tan letal y con tantos daños colaterales, alejando el fantasma de salvar la semana santa, las ferias múltiples del país y prepararnos y mentalizarnos de que hay que afrontar el verano con responsabilidad plena, antes de salvarlo a palo seco, porque estamos sufriendo las consecuencias terribles de haber salvado el verano y la navidad. Comprendo perfectamente que la dialéctica qué hacer y qué medidas tomar en relación con el binomio salud/economía, está sobre muchas mesas de grandes decisores, pero creo que no hay duda alguna: puestos a elegir, hay que salvar a las personas y no hay término medio salvo los que se marquen por las autoridades sanitarias, en su caso.
Refuerza esta posición el dato del comportamiento social en muchos ámbitos de nuestro país. Conocer que sólo en Madrid se han celebrado casi 300 concentraciones de personas para celebraciones de todo tipo, sin medida alguna de control sanitario, desoyendo todo tipo de normas y recomendaciones saludables, estremece el alma, porque radiografía una parte de nuestra sociedad que sí está de verdad enferma, pero de ausencia de valores de todo tipo, fruto de una educación pésima en el sentido más puro de la palabra educación.
Cuando llegue el momento oportuno de evaluar todo lo que ha ocurrido en torno a la pandemia habrá que hacerlo, sobre todo, del comportamiento de la sociedad española en general, para reconocer que la inmensa mayoría ha sido responsable y que otra parte importante del país se ha puesto el coronavirus por montera por decirlo en términos muy castizos y para que lo entienda todo el mundo. Este reconocimiento de alta responsabilidad se corresponde con los resultados del último barómetro del CIS correspondiente al mes de enero de este año, en los que se puede ver cómo en las dos primeras preguntas del cuestionario publicado, el índice de preocupación es muy alto, desde las respuestas de entrevistados a partir de los 18 años hasta el rango superior de 65 años y más, siendo también un dato de interés que el grado de preocupación de los efectos de la pandemia sobre la salud y la economía, es inversamente proporcional en el resultado de las respuestas de los jóvenes y de las personas mayores, por razones obvias de impacto sobre el futuro personal inmediato.
Asimismo, la pregunta séptima del cuestionario tiene un valor incalculable atendiendo a los resultados obtenidos:
De forma notoria, el índice total de respuestas se reparte, en un porcentaje similar entre la reacción con civismo y solidaridad a la pandemia, junto al poco civismo e indisciplina que se viene observando, 47 y 44,3% respectivamente, lo que se traduce en una percepción de que la mitad del país está condicionando las olas sucesivas de la pandemia frente a la otra mitad cívica, lo que permite hacer una reflexión seria sobre lo que de verdad está ocurriendo en todo el territorio nacional. Además, llama la atención el diferencial de casi diez puntos entre las respuestas de hombres y mujeres, predominando el porcentaje en hombres en relación con la respuesta más positiva, cuestión no baladí por la influencia de género en estas actitudes, frente al porcentaje mayor en mujeres cuando se trata de reconocer que la mayoría está siendo cívica y solidaria. También, es un dato revelador de lo que está ocurriendo, el de valoración de la población más joven de 18 a 34 años, cuando reconoce con porcentajes bastante altos, del 59,2 en jóvenes de 18 a 24 años y del 55,9 en los de 25 a 34 años, que la mayoría está siendo bastante poco cívica e indisciplinada. El dato se invierte en porcentajes cuando ambas preguntas se responden por parte de las personas mayores en los rangos de edad de 55 a 65 años y más.
Los datos anteriores nos permiten concluir que hay un reconocimiento de la juventud, con un diferencial de 27,1 puntos, en el tramo de 18 a 24 años, de que la mayoría está siendo poco cívica e indisciplinada. Lo que no sé es si es un autorreconocimiento de lo que está sucediendo a ellos mismos, pero contra hechos no valen argumentos, que decían los clásicos y basta leer y analizar con atención estos datos para comprobar lo que está siendo un clamor popular, teniendo en cuenta también que en el rango por debajo de los 18 años hay una población no encuestada en el país que también ha mostrado un comportamiento nada ejemplar en bastantes ocasiones, no siendo así, mayoritariamente, en niños y adolescentes, hasta los 14 años, aproximadamente.
Volvemos al eslogan que deberíamos grabar a fuego en nuestra conducta personal y social: ¡hay que salvar a las personas! Sólo se debe salvar la economía cuando las autoridades sanitarias recomienden actuaciones personales y grupales ponderadas y respetando los juicios científicos sobre los riesgos aceptables porque no existe el riesgo 0. La tentación de rememorar la célebre respuesta del asesor de la campaña a la presidencia de los Estados Unidos de Bill Clinton en 1992, ¡es la economía, estúpido!, no debería aparecer nunca en las tomas de decisiones actuales sobre qué hacer ante la pandemia. Es lo que deberían valorar hasta sus últimas consecuencias el Estado y los Gobiernos Autonómicos correspondientes que, por cierto, también han sido un claro objeto de pregunta en el barómetro citado, como se puede apreciar en el cuadro adjunto, correspondiente a los datos de respuesta a la pregunta 6, en la que los resultados de colaboración entre el Estado y los gobiernos de las comunidades autónomas son muy equilibrados, reforzando la idea de que hay que salvar a las personas y atender al comportamiento “poco cívico e indisciplinado” por parte de muchos ciudadanos y ciudadanas de este país, con la colaboración siempre entre ambos gobiernos:
Un dato más para la reflexión. En este barómetro se ha preguntado también sobre cuál es a su juicio el principal problema que existe hoy en España y la respuesta de “poca conciencia ciudadana (falta de civismo, de sentido espíritu cívico)” figura en 8º lugar, detrás de los peligros para la salud (COVID-19, el coronavirus), la falta de recursos suficientes para hacer frente a la pandemia; la crisis económica, los problemas de índole económicos; los problemas políticos en general; el paro; el mal comportamiento de los/as políticos/as; el Gobierno y partidos o políticos/as concretos/as; la falta de acuerdos, unidad y capacidad de colaboración y la situación e inestabilidad política. De las diez primeras respuestas, las dos últimas que siguen a la analizada de poca conciencia ciudadana, siguen lo que hacen los partidos políticos y la sanidad.
Recomiendo la consulta de este barómetro especialmente centrado en la pandemia actual en nuestro país. No nos dejará indiferentes, porque el conocimiento de lo que está pasando, escuchando las respuestas de otros, nos permitirá evaluar a nivel personal lo que está pasando y emitir juicios bien informados.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
José Saramago pronuncio una conferencia el 10 de julio de 2006, en Potes (Cantabria), en el marco de un seminario sobre «El júbilo del aprendizaje: Beatos y bibliófilos en la pedagogía de la imagen”, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, en la que expresó su concepción del mundo de la imagen en la sociedad actual, donde ahora se vive «una especie de culto a la imagen como un valor en sí mismo» y donde la televisión hace una utilización «totalmente gratuita» de esas imágenes, «echando a la cara» de quien mira la pantalla una tras otra sin otro resultado que el aturdimiento. Es verdad porque en bastantes informativos y no digamos en programas de “entretenimiento”, se mezcla muchas veces lo divino con lo humano, en un acto puro y duro de lo que él llamaba “insensibilidad”, donde se pasa de comentar de forma soez e irrespetuosa la vida de cualquier personaje “famoso” con la información de las personas fallecidas por el coronavirus, «lo que significa que tanta importancia tiene una cosa como la otra». Él se refería en aquél acto a acontecimientos contemporáneos como las bombas en Irak o una epidemia de Sida en África.
El problema radica en que hemos elevado al santoral digital, una palabra inglesa, el rating o audiencia, donde sumar y aumentar dígitos es el Santo Grial de los medios de comunicación y, sobre todo, de las televisiones por lo que significa en ingresos por publicidad. En ese acto, Saramago comentó que ahora existe una «santa venerada en los altares de todo el mundo», que es la «santa audiencia (rating)», en cuyo nombre se cometen muchos crímenes contra la razón honesta y verdadera, la sensibilidad y el buen gusto, con el aplauso además de las propias víctimas, porque «el sistema ha convertido a las víctimas en cómplices y eso pasa todos los días», subrayó Saramago, quien considera que los ciudadanos deberían exigir que se les respetase, sobre todo a los medios y también el poder político correspondiente, utilizando el medio por excelencia, la palabra. El problema se radicaliza cuando se funden palabra e imagen con el mismo sentido espurio, cuando cabe la posibilidad ética de que imagen y palabra se conviertan en aliados en el territorio del conocimiento, que también es una palabra pero que según él «está diciendo algo».
Comento lo anterior porque me han informado de que ayer Telecinco, al comenzar su programa estrella “Sálvame”, utilizó como cebo una imagen personal de José Saramago, una fotografía suya, para enumerar una serie de “famosos” que llevan ese nombre, José, acabando con el claro objeto de su deseo, llegar a un personaje del corazón que también se llama así y que garantizaba la “santa audiencia” del programa de ayer. Creo que en este caso, como en el de otras personas de bien, no vale el “todo vale”, porque es radicalmente innecesario en su fondo y forma. He recordado inmediatamente el artículo que Manuel Vicent publicó en 1980 en la revista Triunfo, No pongas tus sucias manos sobre Mozart, en el que intentaba explicar de forma rotunda que no debemos confundir nunca la ética con la estética, el valor de las palabras y de las cosas, con su precio; la dignidad de las personas, con la “santa audiencia”, la mediocridad galopante actual de determinados medios de comunicación en nuestro país con el arte de vivir dignamente y transmitir lo que verdaderamente vale la pena leer, ver o escuchar en cada momento. Anoche lo pudimos contemplar también al ver la cara de perplejidad del presentador del informativo de la noche en Telecinco, Pedro Piqueras, al producirse la transición al mismo desde «Sálvame» con unas imágenes grotescas, pasando directamente a la noticia de arranque que era la del número de contagios y fallecidos en el día por el coronavirus, sin contemplarse ni siquiera un segundo de respiro ético en el citado cambio de programa. Todo vale por la «santa audiencia».
Me rebelo contra este tipo de manipulaciones torticeras. Me pasa igual cuando se utilizan de forma espuria canciones emblemáticas para una parte de la sociedad que lucha todos los días por la democracia y al final acaba adulterándose todo por el famoso “todo vale” para garantizar la “santa audiencia”. Así lo escribí en 2019 en relación con dos canciones que forman parte de la banda sonora de las democracias mundiales: Bella Ciao y El pueblo unido, jamás será vencido. Mi generación puso mucho empeño en cambiar las cosas para que cambiaran de verdad y pudiéramos vivir en democracia. Muchos decidimos comprometernos en la búsqueda de futuro marcado por el bienestar común, propiciado por la aprobación de la Constitución en 1978 y por las llamadas políticas de izquierdas a partir de 1982, con la entrada triunfal del partido socialista en el Gobierno de nuestro país. En la banda sonora de cualquier persona de izquierda suenan estas canciones de una forma especial. Si escribo hoy estas líneas es debido a la utilización torticera actual de estas canciones o de la imagen de líderes intelectuales, sus letras y su música. Por una parte, por el mercado puro y duro, que las incluye como banda sonora de películas o música para escuchar a cualquier precio o, por otra, por partidos políticos que entonan estribillos tergiversados del tipo “la derecha unida jamás será vencida”, descontextualizándolas de su auténtico sentido primigenio.
En mi biblioteca particular o clínica de mi alma, Saramago ocupa un lugar principal y me molesta que sea utilizado como parte del cebo de un programa de televisión dedicado al entretenimiento a cualquier precio. Él es el hilo conductor de este cuaderno digital a través de un mensaje extraordinario que figura en El cuento de la isla desconocida: hay que salir cada día de nuestro mundo de confort y navegar hacia islas desconocidas donde no valga todo igual, que permita no seguir confundiendo, como todo necio, valor y precio.
Avanzando en la difícil singladura del coronavirus, hoy quería dedicar a Saramago unas palabras de desagravio, con el ruego prestado de Vicent a los que dirigen esos programas y viven obsesionados con la “santa audiencia”: no pongáis, por favor, de esa forma, vuestras manos sobre Saramago, porque merece siempre el respeto a su legado literario y personal en beneficio de todos los que aman la democracia y la libertad por encima de todo, en silencio anónimo a veces, sin necesidad de formar parte de los datos de esa «santa audiencia» que a muchos no les interesa para nada.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Todos los viejos llevan en los ojos un niño, y los niños a veces nos observan como ancianos profundos.
Pablo Neruda, Oda a la edad
Sevilla, 8/II/2021
Este año es una oportunidad histórica para enfocar adecuadamente el problema actual de la financiación de las pensiones en nuestro país. Se ha dado un paso muy importante en 2020 al aprobarse el 19 de noviembre, en una sesión plenaria del Congreso de los Diputados, la tercera renovación en 25 años de las recomendaciones del Pacto de Toledo para la reforma del sistema público de pensiones. Las anteriores datan de 2003 y 2011, habiendo sido la segunda un auténtico varapalo al sistema. Son 21 recomendaciones que se deben abordar con urgencia absoluta dado el deterioro del sistema actual.
Recomendación 0: Defensa del mantenimiento y mejora del sistema público de pensiones. — Rechaza la sustitución del sistema de reparto por otro de capitalización. — La financiación del sistema de la Seguridad Social debe adecuarse a la naturaleza de la protección, de modo que las prestaciones no contributivas se financien mediante aportaciones del Estado.
Recomendación 1: Consolidación de la separación de fuentes y restablecimiento del equilibrio financiero. Separación de fuentes: — Las cotizaciones sociales deben ser destinadas exclusivamente a financiar prestaciones contributivas. — La financiación de las prestaciones no contributivas de la Seguridad Social ha de efectuarse exclusivamente a través de aportaciones del Estado. Existen gastos hasta ahora sufragados por la Seguridad Social que deben ser asumidos por el Estado con financiación tributaria (con cargo a sus Presupuestos Generales), según un calendario que permita superar el déficit financiero de la Seguridad Social no más tarde de 2023.
Recomendación 2: Mantenimiento del poder adquisitivo y mejora de las pensiones. La Comisión defiende el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas mediante la revalorización anual de sus pensiones en base al IPC real, así como su garantía por Ley y su preservación mediante la adopción de medidas para asegurar el futuro equilibrio social y financiero del sistema.
Recomendación 3: Fondo de reserva. — La disminución del Fondo obedece al persistente desequilibrio financiero que ha deteriorado las cuentas de la Seguridad Social durante sucesivos ejercicios presupuestarios, siendo conveniente establecer un remanente mínimo sujeto a una regla endurecida de disponibilidad. — Una vez que se recupere el equilibrio de las cuentas de la Seguridad Social, debe retomarse la regla según la cual los excedentes de las cotizaciones, sin límite alguno, han de incorporarse al Fondo de Reserva, así como que la disposición de sus activos debe ajustarse estrictamente al pago de prestaciones de naturaleza contributiva. — El Fondo de Reserva puede ser una importante ayuda para resolver desequilibrios coyunturales entre los ingresos y los gastos de la Seguridad Social, pero no es el mecanismo adecuado para resolver desequilibrios financieros de naturaleza estructural.
Recomendación 4: Integración y convergencia de regímenes. Se requiere un análisis de convergencia de los diferentes regímenes hasta reducirlos a dos: trabajadores por cuenta ajena y trabajadores por cuenta propia. Se debe continuar avanzando hacia la plena equiparación de los derechos y obligaciones de los trabajadores autónomos con los del Régimen General. Deben promoverse, en el marco del diálogo social, las medidas necesarias para aproximar las bases de cotización de los autónomos a sus ingresos reales.
Recomendación 5: Adecuación de las bases y periodos de cotización. — Evaluación de la ampliación de la progresiva del período de cálculo de la base reguladora de las pensiones. — Evaluación de la ampliación del periodo cotizado exigible, por Ley, para alcanzar una pensión del cien por cien de la base reguladora. — Resulta adecuado el mantenimiento y mejora de las pensiones mínimas, con una estructura y cuantías que no desincentiven la cotización.
Recomendación 6: Incentivos al empleo. El sistema de incentivos debe concentrarse en las situaciones y colectivos cuyo empleo se persigue favorecer de forma especial. A este respecto, solamente debe priorizarse con este tratamiento preferente a los colectivos de personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social y a las víctimas de violencia de género; asimismo, deben adoptarse medidas de fomento de la contratación de los parados de larga duración, y de los jóvenes, así como incentivarse el mantenimiento del empleo de las personas contratadas que tengan 55 o más años.
Recomendación 7: Modernización e información al ciudadano. Debe darse cumplimiento a las obligaciones de información de modo que cada ciudadano pueda disponer de información periódica individualizada sobre sus futuros derechos de pensión.
Recomendación 8: Gestión del sistema. Potenciar la mejora de la gestión, a través de la creación de una agencia de la Seguridad Social que permita la gestión integrada de las funciones de afiliación, recaudatorias y de gestión de prestaciones, con arreglo al marco competencial establecido en la Constitución y los diferentes Estatutos de Autonomía. Abordar de manera inmediata un plan integral de recuperación y renovación de la plantilla de personal al servicio de la Seguridad Social.
Recomendación 9: Mutuas colaboradoras con la Seguridad Social. Es necesario completar el proceso de modernización y transparencia en el funcionamiento de las Mutuas, así como dotarlas de un cierto margen de flexibilidad en el uso de sus recursos, compatible con un estricto control por la Seguridad Social.
Recomendación 10: Lucha contra el fraude. — Debe favorecerse que todas las Administraciones implicadas puedan cruzar la información existente en sus bases de datos. — Deben reforzarse los medios de la Inspección de Trabajo y el régimen sancionador a las empresas que no cumplan con sus obligaciones frente a la Seguridad Social.
Recomendación 11: Contributividad. Es necesario preservar y reforzar el principio de contributividad sin menoscabo de la solidaridad del sistema.
Recomendación 12: Edad de jubilación. Es necesario reforzar dos líneas básicas de actuación: — Fomentar la permanencia de los trabajadores en activo. — Atender a las situaciones de vulnerabilidad que la prolongación de la vida laboral pueda generar en determinados colectivos.
Recomendación 13: Prestaciones de viudedad y orfandad. Debe llevarse a cabo de manera gradual la reformulación integral de las prestaciones por muerte y supervivencia —en especial la de viudedad— manteniendo su carácter contributivo.
Recomendación 14: Juventud y Seguridad Social. Los jóvenes se ven especialmente perjudicados por la precariedad y el subempleo, lo que dificulta generar amplias carreras continuas de cotizaciones. Estas circunstancias determinan el descrédito de nuestro sistema de seguridad social entre la juventud. Un objetivo básico es que los jóvenes recuperen la confianza en el sistema.
Recomendación 15: Solidaridad y garantía de suficiencia. En relación con el concepto de suficiencia, es preciso: — Fijar una referencia adecuada, que podría ser la tasa de sustitución (porcentaje de la pensión media sobre el salario medio de los trabajadores ocupados) — Establecer un ámbito territorial de medición comparada, en concreto el de los países más avanzados de la Unión Europea.
Recomendación 16: Sistemas complementarios. Es necesario impulsar los planes de pensiones de empleo, sustentados en el marco de la negociación colectiva. En cuanto al tercer pilar, su gestión debe ser más transparente.
Recomendación 17: Mujeres y Seguridad Social. Se deben adoptar medidas de carácter estructural para conseguir la equiparación de la cobertura por pensiones entre mujeres y hombres, y potenciar la corresponsabilidad entre géneros.
Recomendación 18: Personas con discapacidad. Deben intensificarse las medidas dirigidas a su activación, favoreciendo su acceso al empleo. En particular, se propone la compatibilidad de la percepción de las pensiones por incapacidad permanente con la realización de un trabajo.
Recomendación 19: Trabajadores migrantes. Deben apoyarse los puentes de inmigración legal para satisfacer la demanda del mercado laboral español. A tal fin, la Seguridad Social debe adecuar los procesos con medidas que faciliten la gestión de los trámites de contratación, afiliación e integración en el sistema.
Recomendación 20: Seguridad Social y economía digitalizada. Debe actuarse frente a realidades relacionadas con las características de las actividades que se desarrollan a través de plataformas digitales, como son la economía informal, los falsos autónomos y la infracotización.
Recomendación 21: Control parlamentario, seguimiento, evaluación y reforma del Pacto de Toledo. El Gobierno debe comparecer anualmente ante la Comisión para informar de la situación puntual de la Seguridad Social en relación con el cumplimiento de las recomendaciones efectuadas. Transcurridos cinco años, el Congreso de los Diputados habrá de proceder a una revisión general de las recomendaciones, así como evaluar a su grado de cumplimiento.
Con este programa tan ambicioso de actuación, estamos a la altura de febrero de 2021, en plena pandemia, y la situación a 1 de enero de este año es la siguiente en relación con las pensiones de jubilación (Gráfico 1), por su carácter mayoritario en relación con la población afectada en esta serie, adjuntando a continuación un gráfico descriptivo (Gráfico 2) de las pensiones contributivas en general.
Gráfico 1: Evolución de las pensiones del Sistema de Seguridad Social. Avance enero 2021 (elaboración propia)
Gráfico 2: Pensiones contributivas en vigor a 1 de enero de 2021
En este contexto, el Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en su comparecencia del pasado 28 de enero, en la Comisión de Trabajo, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Congreso de los Diputados afirmó que se está “diseñando una reforma de pensiones que tiene como marco de referencia las recomendaciones aprobadas por el Pacto de Toledo en noviembre”, con el siguiente detalle, abordándose en primer lugar un primer bloque de reformas de especial calado económico y social:
1. Las grandes líneas “quedan plasmadas en el componente 30 del Plan de Recuperación y Resiliencia previo diálogo con los interlocutores sociales”, con objeto de que . En este sentido, el ministro ha afirmado que “el sistema de pensiones sea equitativo, moderno y sostenible”.
2. Algunas de las recomendaciones que se aprobaron en el Pacto de Toledo ya se han comenzado a implementar tras su aprobación en el Parlamento. Es importante señalar el traspaso de una gran parte de los gastos no contributivos del sistema, “lo que permite cumplir en gran medida la recomendación 1 del Pacto, referida a la consolidación de la separación de fuentes”. De esta forma, según la Ley de Presupuestos Generales del Estado de 2021 el Estado aportará casi 14.000 millones de euros, lo que permitirá avanzar en “el equilibrio del sistema mediante el traslado del déficit a aquellas partes de la Administración con capacidad para corregirlo”.
3. La recomendación 17, referida a la reducción de la brecha de género, se ha comenzado a abordar con la entrada en vigor desde el 1 de enero de la igualación de los permisos por nacimiento de hijo entre hombres y mujeres. También se anunciará en los próximos días el nuevo complemento para la reducción de la brecha de género, que sustituirá al actual complemento de maternidad y estará en vigor hasta que la brecha de género en pensiones se sitúe por debajo del 5%.
4. También se ha comenzado a abordar un punto crítico en la situación actual del sistema, la reforma e impulso de los sistemas complementarios de pensiones, siguiendo la recomendación número 16. En los Presupuestos Generales ya vigentes para 2021, ya figura “la habilitación para crear un fondo de pensiones colectivo de promoción pública”, pendiente de desarrollo.
5. Respecto al nudo gordiano de la revalorización de las pensiones, “se está ultimando un acuerdo con los interlocutores sociales sobre un nuevo mecanismo permanente de revalorización”. Este nuevo mecanismo, será “sencillo, transparente, justo y basado en el IPC” y será llevado próximamente al Parlamento, cumpliendo la recomendación 2 del Pacto de Toledo.
6. Se abordarán también medidas con carácter inmediato para alinear la edad efectiva y legal de jubilación, siguiendo la recomendación número 12, con dos escenarios en las mesas de diálogo: la reforma de los incentivos a la jubilación demorada y la revisión del sistema de jubilación anticipada.
7. Formando parte de un segundo paquete de reformas a tenor de las recomendaciones señaladas por el Pacto de Toledo, se está analizando la cotización por ingresos reales de los trabajadores autónomos, siguiendo la recomendación 4: “estamos trabajando en un sistema progresivo y flexible, en el que los trabajadores podrán elegir su base de cotización en función de las previsiones de rendimientos esperadas y modificarla a lo largo del año”.
8. Atendiendo a las recomendaciones 5, 11 y 17: “se realizará un análisis en profundidad para que el sistema de pensiones sea más justo y acorde a las diferentes trayectorias laborales”, porque uno de los objetivos prioritarios es “atender a la realidad de un mercado laboral en el que las interrupciones y las lagunas son cada vez menos excepcionales”, porque “la contributividad es identificada como uno de los pilares clave en el Pacto de Toledo” y, en el contexto actual de carreras menos lineales y con mayores interrupciones y cambios, “exige una perspectiva amplia de la trayectoria laboral”.
9. También se estudiará “un replanteamiento de las bases máximas como instrumento para corregir la desigualdad”, porque la evidencia empírica demuestra “que la esperanza de vida de pensionistas de diferentes niveles de ingresos no es la misma”.
10. Una gran medida será la “sustitución del factor de sostenibilidad por un mecanismo de equidad intergeneracional”, que no sería regresivo y que tendría en consideración “otros indicadores al margen de la esperanza de vida”.
Hay mucho trabajo por delante, pero creo sinceramente que estamos en el buen camino de hacer la vida más amable de los pensionistas de este país, aunque hay que abordar medidas de mucho calado como he intentado sintetizar en este artículo. Ante la pregunta planteada en el título, ¿Es España un país para personas mayores, en el ámbito de las pensiones?, creo que podemos llegar a serlo, pero abordando con urgencia los problemas señalados en las 21 recomendaciones del Pacto de Toledo, fruto de un consenso político aleccionador en el Congreso de los Diputados.
Como aprendí en mi niñez sobre los diez mandamientos, el mundo de las pensiones en nuestro país se encierra al final en dos recomendaciones, la 0 y la 1 del Pacto de Toledo: hay que rechazar de plano, en nuestro Estado de Bienestar, la sustitución del sistema de reparto por otro de capitalización, para salvaguardar la equidad y solidaridad del sistema. En segundo lugar, las cotizaciones sociales deben ser destinadas exclusivamente a financiar prestaciones contributivas, es decir, la financiación de las prestaciones no contributivas de la Seguridad Social ha de efectuarse exclusivamente a través de aportaciones del Estado. La brecha económica y social en el mundo de los pensiones, entre las contributivas, no contributivas y entre las categorías establecidas tanto a nivel nacional como de Comunidades Autónomas, es una cuestión que hay que analizar a fondo y sin demora.
Cerrando esta serie, donde he escrito sobre tres ámbitos de la pregunta sobre si este país es para personas mayores, soy consciente de que sólo he hecho maniobras de aproximación al problema, porque quedan muchos aspectos por analizar, pero tanto en relación con la pandemia, como en la dependencia y en las pensiones tenemos mucho recorrido por delante para dar un primer paso, estar perfectamente informados, porque el conocimiento de lo que está pasando nos permitirá ser más libres, aunando esfuerzos y voluntades con un denominador común: la unión de todas las personas, sin discriminación de edad para vivir en un mundo mejor. Este país sólo tendrá interés para personas mayores si frecuenta el futuro justo, si va hacia adelante, con tu quiero y mi puedo, con ideología solidaria, que nunca es inocente al igual que nos pasa a las personas mayores, porque llevamos siempre en nuestros ojos un niño dentro de mirada profunda, como me ha recordado hoy Pablo Neruda al enfrentarme a la página en blanco de este artículo, porque no creemos sólo en la edad. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento:
Al hombre, a la mujer que consumaron acciones, bondad, fuerza, cólera, amor, ternura, a los que verdaderamente vivos florecieron y en su naturaleza maduraron, no acerquemos nosotros la medida del tiempo que tal vez es otra cosa, un manto mineral, un ave planetaria, una flor, otra cosa tal vez, pero no una medida..
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Ayer se celebró el centenario del estreno en Nueva York de El chico (The Kid), una película muda inolvidable, autobiográfica en su fondo argumental, que no necesitaba palabra alguna para comprender su guion lleno de encanto, magia, sentimientos y emociones, en la que Charles Chaplin desempeñó todos los papeles posibles: actor, director, guionista, productor y director de montaje, acompañado por un actor infantil, Jackie Coogan, que nos ofreció planos llenos de pícara ternura. En el cartel oficial de la película figuraba de forma destacada una frase: “Seis rollos de alegría”, porque técnicamente se triplicaba por primera vez el metraje habitual con dos rollos, lo que permitía una duración de 68 minutos.
Recordando este acontecimiento cinematográfico, que marcó hace cien años un hito en la historia del cine, se ha estrenado de nuevo la película en una versión remasterizada y adaptada a la tecnología 4K, producción que se ha llevado a cabo en Italia. Según el biógrafo de Chaplin, Jeffrey Vance, “El chico” permanece “como una importante contribución al arte del cine, no solo por el innovador uso de secuencias dramáticas en un largometraje cómico, sino por lo que revela de su creador. Sin duda, cuando Chaplin define la cinta en su inicio como “Una película con una sonrisa y, puede, alguna lágrima”, tiene su credo artístico, y vital, en mente”.
Un guion. aparentemente simple, tragicómico, de un niño abandonado que es recogido y atendido por un vagabundo que, finalmente, vuelve a reencontrarse con su madre después que lo abandonara en un coche de una familia adinerada. Chaplin lanzó mensajes no inocentes en la película, recordando ahora el momento de la salida del hospital al dar a luz la madre de John, el chico, como un grito reivindicativo a la sociedad americana tan dual y puritana, a través de las clásicas escenas de texto en el metraje: «La mujer cuyo pecado era ser madre» o el comportamiento despiadado de los servicios sociales americanos de la época al arrancarle al niño de su protección al ser un vagabundo, aunque sale victorioso de tal situación.
Chaplin ha sido siempre un compañero del gran viaje de mi vida. Escribí en este cuaderno digital, tiempo atrás, que cuando era pequeño me emocionaban las dos palabras inglesas, The End, que aparecían siempre en los últimos planos de las películas de sesión continua, en los cines refrigerados del ferragosto madrileño. Fue especial el día de Candilejas, porque Chaplin era un ídolo de mi vida en el barrio Salamanca, para un niño del Sur que soñaba con su tierra de origen, viviendo el discreto encanto de la burguesía, tan lejana de la ternura triste de Charlot, de los cómicos, como el que representaba el payaso Calvero en aquella hermosa película. También, el de El chico, con un mensaje que debido a mi corta edad me situaba más cerca del niño John en su experiencia vital al vivir separado de su madre.
Todas las películas tienen un final (es lo que tienen de malo…), pero la vida sigue dispuesta a ofrecernos siempre miles de oportunidades para creer que todavía es posible ser y estar en el mundo de otra forma, soñando despiertos para volver a verlas como en el caso de “El chico”, porque deseamos cambiar aquello que no nos hace felices, que mina a diario la persona de todos o la de secreto que llevamos dentro. El cine de mi infancia contemplaba siempre descansos pero, cuando soñamos, la vida no se detiene sino que solo esperamos, mientras caminamos, que se cumplan los deseos irrefrenables de alcanzar resultados pretendidos. Descansar es, a veces, despertar a nuevas experiencias de lo que está por venir, donde cualquier parecido con la realidad, a diferencia de lo que ocurre con las películas, no es pura coincidencia, sino el fruto de un sueño realizado, porque es legítimo que así sea.
Como en el campo, los sueños realizados son solo para quienes los trabajan. Como los de Charlot o Chaplin, protegiendo a John, El chico, escuchando ahora la canción final de la película, Dreamland o El Fin, como finalizaban las mejores películas de nuestra infancia.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Siendo justos y benéficos, incluso saludables en el sentido más profundo de la palabra, hay que reconocer que en el ámbito de la dependencia este país ha dado pasos de gran interés y beneficio social a través de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia (LAPAD), pero es justo señalar también las carencias actuales, agravadas por la situación de la Covid-19, como explicaré a continuación basándome en estadísticas oficiales hasta el 31 de diciembre de 2020.
Como facilito los enlaces a los extensos documentos citados, sólo quiero resaltar algunas realidades tercas que se pueden deducir de los datos entregados a la sociedad para su análisis, recomendando siempre acudir a las fuentes que se citan para contrastar los datos en su fondo y forma, sin interpretaciones personales previas que los puedan contaminar.
Entre marzo y noviembre de 2020 se observa un exceso de mortalidad de 45.665 personas en el SAAD (incremento del 31,8% de la esperada) afectando a un 2,40% del total de solicitantes del SAAD.
Por rangos de edad, el 82,0% de las personas fallecidas en exceso tenía 80 o más años (37.445 personas).
El exceso de mortalidad en las mujeres con solicitud de dependencia durante el periodo marzo-noviembre de 2020 (32,2%) fue ligeramente superior al de los hombres en todos los grupos de edad (31,2%).
Del 1.748.292 de personas que contaban con valoración de dependencia en marzo (con o sin grado de dependencia) se han observado entre marzo y noviembre un total de 42.407 fallecimientos en exceso (2,43% sobre el total). El mayor impacto se observa en las personas con grado II [dependencia severa], con un 34,6% de exceso de fallecimientos (13.366), seguido de las personas con grado III [gran dependencia], con un 34,1% de exceso de fallecimientos (19.310) y el menor en las personas valoradas sin grado de dependencia, con un 25,8% de exceso de fallecimientos (3.094).
Del total de personas dependientes atendidas con servicios o prestaciones se observa un exceso de fallecimientos de 40.250 entre marzo y noviembre de 2020 (3,59% del total de personas atendidas).
Se observa un impacto muy elevado en la mortalidad excesiva en personas con atención en residencia, con un exceso de fallecimientos de 22.718 personas (9,12% del total de personas dependientes atendidas en residencia). Si bien destaca que dicho exceso se concentró en los meses de marzo-mayo, mientras que en junio-septiembre y noviembre el exceso de mortalidad fue similar independientemente del lugar de la prestación, y en octubre el comportamiento fue contrario ya que el exceso de mortalidad en personas con atención en residencia fue inferior que en apoyo en el domicilio.
Entre las personas atendidas con apoyos domiciliarios también se dieron excesos en fallecimientos en el periodo marzo-noviembre con 17.612 fallecidos en exceso sobre un total de 872.358 de personas atendidas en marzo (2,02%), si bien con un impacto mucho menor en los meses de marzo-mayo que en residencias. En cambio, destaca el incremento del exceso de mortalidad en personas con apoyo domiciliario en el mes de octubre.
Por tipo de servicio o prestación domiciliaria, en personas con cuidados no profesionales en el entorno familiar el exceso de fallecimientos fue de 6.073 personas (1,41% sobre el total de atendidos con estos cuidados) mientras que en personas dependientes con servicios de proximidad (ayuda a domicilio, centro de día…) los fallecidos en exceso fueron 11.539 personas (un 2,62% sobre el total).
Por territorios, las mortalidades observadas en personas dependientes tienen una enorme variabilidad. La tasa de fallecimientos observados en personas atendidas en el conjunto nacional se sitúa en 117 por cada 1.000 para el periodo marzo-noviembre, si bien en la Comunidad Foral de Navarra, Castilla La Mancha, Aragón, Cataluña y la Comunidad de Madrid, se superan los 137 fallecidos por cada 1.000 atendidos mientras que en La Rioja y Melilla no alcanzan los 74 fallecidos/1.000. Es evidente que hay que contemplar la correlación entre el ataque sufrido por la COVID-19 en la oleada marzo-noviembre por territorios y las mortalidades observadas y sus excesos en el SAAD.
Estos datos nos llevan a deducir que la COVID-19 ha tenido un gravísimo impacto en las personas mayores, tanto en residencias como en domicilios, dato a tener muy en cuenta en el análisis del tiempo en que han ocurrido los fallecimientos, fijados en el correspondiente a la primera y segunda ola, respectivamente, con un impacto fundamental en los mayores de 80 años: “De las 130.118 personas beneficiarias con prestación de dependencia fallecidas en marzo-noviembre de 2020, 108.795 tenían 80 años o más (33.305 personas fallecidas más de los esperado, un exceso de mortalidad del 43,5%), 16.659 estaban en el grupo de edad de 65 a 79 años (5.564 personas más de lo esperado, un exceso de mortalidad del 49,3%) y 4.664 eran menores de 65 años (1.382 personas más de lo esperado, un exceso de mortalidad del 39,4%)”.
De la prolija información de la que se dispone, el fondo de la cuestión es el verdaderamente importante ante una pregunta inquietante. ¿están funcionando correctamente las residencias de personas mayores? y su correlato, ¿están funcionado correctamente estas residencias durante la pandemia?, junto a otra preguntas importantes desde el punto de vista de la responsabilidad del Estado: ¿son adecuadas las condiciones de habitabilidad de personas mayores en sus domicilios? Ya se sabe que la Fiscalía ha abierto expedientes en relación con la atención que han recibido las personas mayores en las residencias durante la pandemia, siendo de una gran dificultad llegar a conocer con exactitud las condiciones de atención familiar y profesional de las personas con dependencia en sus domicilios. Creo que aquí está el nudo gordiano de esta reflexión y donde el Estado tiene una responsabilidad directa sobre lo ocurrido. En relación con las Residencias, cuidar su situación con una evaluación continua más que en una inspección coercitiva e igualmente en la inspección en relación con la situación en los domicilios, sobre todo cuando se reciben ayudas amparadas en la llamada Ley de la Dependencia.
Un dato que refleja la situación en relación con la demora en las valoraciones de las solicitudes de dependencia se refleja en la siguiente aportación en el informe (véase el cuadro adjunto): “[…] de las 185.837 personas con solicitud de dependencia que fallecieron en el periodo[marzo-noviembre 2020], 170.514 (el 91,8%) ya contaban con una resolución de grado de dependencia, mientras que 15.323 (el 8,2%) estaban pendientes de una resolución de grado”, es decir, 15.323 mayores de 65 años fallecieron antes de que se les reconociera o no el derecho solicitado.
También es importante conocer los tipos de prestación con mayor exceso de mortalidad en el periodo marzo-noviembre de 2020, que se distribuye de la siguiente forma de acuerdo con la regulación establecida: “la prestación económica vinculada al servicio (un exceso de mortalidad del 84,9%, con 14.181 prestaciones de personas beneficiarias más de lo esperado), la promoción de la autonomía personal y prevención de la dependencia (un exceso del 79,5%, con 2.974 prestaciones más), la atención residencial (un exceso de mortalidad del 56,7%, con 12.923 prestaciones más de lo esperado), y los centros de día/noche (un exceso del 48,0%, con 1.826 prestaciones más de lo esperado. En concreto, de las prestaciones económicas vinculadas al servicio, las que registraron un mayor exceso de mortalidad fueron la prestación económica vinculada al servicio de teleasistencia (un exceso del 226,3%, pero con sólo 14 prestaciones más de lo esperado), la prestación económica vinculada al servicio de promoción de la autonomía personal y prevención de la dependencia (exceso del 126,4%, con 401 prestaciones más de lo esperado), la prestación económica vinculada al servicio de centro de día/noche (exceso del 87,9%, con 1.505 prestaciones más de lo esperado)”.
Aporto también un gráfico para la reflexión de lo ocurrido en el ámbito de la dependencia en el Estado de las Autonomías, porque las cifras también deben llevarnos a una reflexión profunda sobre lo ocurrido, sobre todo por los cambios espectaculares entre las primera y segunda ola de la pandemia: “[…] las CCAA con un exceso de mortalidad en las personas con solicitud de dependencia superior a la media en el mes de noviembre (16,7%) han sido Aragón (46,0%), Castilla y León (37,4%), el Principado de Asturias (34,4%), Andalucía (25,9%) y la Región de Murcia (24,5%), así como Melilla (79,1%) y Ceuta (82,2%). En cambio, las CCAA con un exceso de mortalidad en las personas con solicitud de dependencia inferior en el mes de noviembre han sido la Comunidad de Madrid (0,0%), Canarias (3,9%) y Extremadura (5,4%)”.
Ante todo lo expuesto anteriormente, se desprende del informe la urgente necesidad de evaluación de lo ocurrido, con objeto de que el Estado tome con urgencia legal, económica, evaluadora, ética y pública las medidas necesarias para erradicar las situaciones de gran vulnerabilidad que se ha observado en el tiempo transcurrido y donde los datos pueden ayudar a esclarecer la situación y devolver la dignidad necesaria a las personas mayores que pueden verse afectadas por su situación tan precaria en muchas residencias y domicilios del país. Sirvan estas palabras como acicate para corresponsabilizarnos todos en la llamada de atención al Estado sobre la situación actual de las personas mayores.
También, aporto otra información relevante sobre la situación a 31 de diciembre de 2020, de las personas beneficiarias y pendientes de recibir prestación amparada por la Ley de Dependencia, con unas variaciones asombrosas por Comunidad Autónoma en los tres grados explicados anteriormente, que se pueden observar en el gráfico siguiente y que arrojan cifras muy preocupantes desde el punto de vista de la equidad en estas prestaciones a nivel de Estado, siendo los afectados, mayoritariamente, personas mayores:
Grado I (dependencia moderada): hay 135.892 personas pendientes de recibir prestación del Grado I, lo que supone un 28,70% del total de las personas beneficiarias de Grado I.
Grados II (dependencia severa) y III (gran dependencia): hay un total de 96.351 personas de los Grados III y II pendientes de recibir prestación, esto es un 10,91% de las personas, de estos Grados, que ya han sido declaradas con derecho a servicio o prestación.
Vuelvo a mi rincón de pensar y a leer detenidamente un documento que recomiendo de principio a fin, Las personas mayores en España. Informe 2016 (el último publicado en las series bianuales), también facilitado por la Administración Pública (Imserso) a la que tanto respeto, porque una de nuestras obligaciones como ciudadanos es emitir juicios bien informados, dado que la transparencia pública de la información veraz es donde radica el gran secreto de la evaluación pública y personal, como es ahora mi caso. Espero con la ardiente impaciencia aprendida de Neruda que nuestros gobernantes trabajen sin descanso sobre un Pacto de Estado de Atención Integral a las Personas Mayores, en beneficio de todos pero, sobre todo, de los que más están sufriendo en la pandemia en su pasado, presente y futuro si no se pone antes remedio público: las personas mayores. Lo decía en mi artículo anterior de esta serie: “Es alarmante constatar que todavía no se sabe a ciencia cierta el número de víctimas mortales que el coronavirus ha dejado en las aproximadamente 5.457 residencias de ancianos españolas, ya sean públicas, concertadas o privadas. Creo que ha llegado el momento, por transparencia y dignidad pública, que se sepa la verdad de lo ocurrido desde el principio de la pandemia hasta el momento actual, a la mayor brevedad ética posible”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Hoy se cumple el 54 aniversario de la ausencia, en este mundo complejo y difícil, de una mujer extraordinaria, Violeta Parra, que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, desde que era niño, pensaba como niño y actuaba como niño, porque daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa, el llanto:
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que, cuando los abro, Perfecto distingo lo negro del blanco, Y en el alto cielo su fondo estrellado Y en las multitudes el hombre que yo amo.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado el oído que, en todo su ancho, Graba noche y día grillos y canarios; Martillos, turbinas, ladridos, chubascos, Y la voz tan tierna de mi bien amado.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario, Con él las palabras que pienso y declaro: Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando La ruta del alma del que estoy amando.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados; Con ellos anduve ciudades y charcos, Playas y desiertos, montañas y llanos, Y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco Cuando miro el fruto del cerebro humano; Cuando miro el bueno tan lejos del malo, Cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, Los dos materiales que forman mi canto, Y el canto de ustedes que es el mismo canto Y el canto de todos, que es mi propio canto.
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Comprendo más que nunca que un día le dedicara su hermano Nicanor estas hermosas palabras:
Pero yo no confío en las palabras ¿Por qué no te levantas de la tumba A cantar a bailar a navegar En tu guitarra?
Cántame una canción inolvidable Una canción que no termine nunca Una canción no más una canción Es lo que pido.
Violeta y Nicanor Parra nos enseñaron que el compromiso social también se podía llevar a cabo a través del canto y de las palabras, porque Violeta era cantora para ilusionar y ayudar a los demás, sobre todo a los que menos tienen (Facundo Cabral afirmaba que cantante es el que puede cantar, mientras que cantor es el que debe cantar) y Nicanor sabía que llegaría el día en que se pararía la montaña rusa de su poesía, enseñándonos que las palabras de compromiso humano tienen la urgencia social dentro: “Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían de otra. ¿Por qué utilizan esa jerga que se llama lenguaje poético y que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad?”. Lo resolvió con un poema inolvidable:
Durante medio siglo La poesía fue El paraíso del tonto solemne. Hasta que vine yo Y me instalé con mi montaña rusa.
Sólo cuando los dos hermanos, Violeta y Nicanor, ya no pueden interpretar directamente sus poemas y canciones, les reconocemos hoy que hemos aprendido de su testimonio vital y que hay que mantenerlas vivas, transmitiendo la cruda realidad, sin palabras artificiales, recurriendo sin descanso a sus palabras con la imaginación más bella, para que no terminen ni se olviden nunca, porque todavía van y vienen por la vida de todos, por la de secreto. Poniendo música a la persona imaginaria de Nicanor, su hermano del alma, a la que a todos nos gustaría copiar algún día:
El hombre imaginario vive en una mansión imaginaria rodeada de árboles imaginarios a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios penden antiguos cuadros imaginarios irreparables grietas imaginarias que representan hechos imaginarios ocurridos en mundos imaginarios en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes imaginarias sube las escaleras imaginarias y se asoma al balcón imaginario a mirar el paisaje imaginario que consiste en un valle imaginario circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario entonando canciones imaginarias a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario vuelve a sentir ese mismo dolor ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario
Hoy, gracias a Violeta Parra, en plena crisis del coronavirus, me permito recordar con ella, como persona imaginaria en un sueño muy especial, que debo estar muy agradecido a la vida, sobre todo porque me permite escribir con alma, porque… ¡me ha dado tanto!: el sonido, el abecedario y con él las palabras que hoy pienso y declaro. También, la familia y los amigos y amigas, junto con la luz necesaria, en este tiempo tan difícil, para alumbrar la ruta del alma de las personas a las que tanto amo, aunque esté ahora rodeado de dichas y quebrantos, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto, el canto de todos, que es mi propio canto.
Al igual que hizo su hermano Nicanor, hoy he recordado a Violeta en una sola canción, una canción inolvidable, que no termina nunca.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.
Te marchaste sin decirnos adiós / Yo sé que tú no pudiste decirnos adiós / ¿No sabes tú que tampoco / nosotros hemos podido / decirte adiós? / Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben.
Rafael Alberti, Canción 55, Baladas y canciones del Paraná (1953-1954)
“Preferiría no hacerlo”, era la frase icónica de Bartleby, el escribiente. Siento ahora la misma sensación al abordar la página en blanco sobre un asunto que me ocupa y pre-ocupa, así, con guion. Se trata de la situación social de las personas mayores en nuestro país, no sólo por la covid-19, sino por otras dos realidades que vivimos día a día: la larga y extensa espera en las listas del reconocimiento público de la dependencia y los millones de pensionistas que malviven con una pensión exigua para sus necesidades diarias. Se une a esta situación una actitud ética, personal y quizá transferible que radica en no participar de los silencios cómplices, por tierra, mar y aire, políticos y sociales, tan característicos de este país.
En este sentido, nuestro país no goza de buena salud política y social en relación con los mayores, visto lo visto con la pandemia y aunque suene muy fuerte decirlo así, de forma tan concisa y abrupta. Es verdad que se han logrado avances significativos en relación con la situación de partida desde la transición, pero creo que no nos deberíamos conformar con lo conseguido porque las tres realidades enunciadas anteriormente nos dejan, a algunas personas, helado el corazón. El conformismo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa de las personas mayores está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?
Hoy me centro en el impacto de la cosa de la pandemia en las personas mayores. Las cifras actuales dan pánico, son tercas y debemos acudir a ellas para no cometer errores en este planteamiento. En tal sentido, recojo los datos que ofrece el Informe nº 63. Situación de COVID-19 en España. Casos diagnosticados a partir 10 de mayo Informe COVID-19, elaborado por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) y publicado por el Instituto de Salud Carlos III. Son datos actualizados desde 10 de mayo de 2020 a 27 de enero de este año. Es importante reseñar que la fecha de 10 de mayo no es aleatoria sino el resultado de la entrada en vigor, a partir del 11 de mayo de 2020, de la nueva Estrategia de Vigilancia y Control en la fase de transición de la pandemia de COVID-19, que propició un cambio en la notificación de las CCAA al Ministerio de Sanidad, simplificando la encuesta epidemiológica a cumplimentar por las citadas CCAA, para hacerla más ágil.
Atendiendo las observaciones finales del informe, recojo algunas de ellas a continuación (en cursiva) con un planteamiento secuencial que no es el del informe, pero que me parece demostrativo de lo que está ocurriendo en esta tercera ola, con un total estadístico digno de mención: “En el análisis de los casos notificados a la RENAVE con fecha de diagnóstico posterior al 10 de mayo, y hasta las 15:30 h del 27 de enero de 2021, se identifican 2.435.880 casos de COVID-19 en España. Un 5,7% de los casos han sido hospitalizados, un 0,5% han sido admitidos en UCI y un 1,1% han fallecido”:
1. La mayor proporción de casos de COVID-19 se producen en el grupo de 15 a 59 años (66% del total), siendo el grupo de 15-29 años el más representado, con un 20.5% de los casos. Se confirma que el comportamiento de los jóvenes ha sido crucial en esta etapa tan desfavorable, otra vez, para los mayores, siendo evidente en el cruce con el ámbito de posible exposición, el entorno domiciliario, que se ha convertido en el principal foco de contagio. Miles de jóvenes han vuelto a sus casas después de salidas descontroladas e irresponsables.
2. El porcentaje de hospitalizaciones y defunciones con COVID-19 aumenta con la edad, alcanzando un 26% y 11.1% en mayores de 79 años, respectivamente. Es evidente el impacto del contagio y sus consecuencias directas, de nuevo, en las personas mayores.
3. A nivel nacional, entre las semanas 01/2021 (4 – 10 de enero) y 02/2021 (11 – 17 de enero), la incidencia semanal acumulada de COVID-19 aumenta un 26%. El mayor ascenso se produce en los menores de 15 años (53%) y en los mayores de 80 años (41%). Es evidente que la cruzada de salvación nacional de puentes, navidades, año nuevo y reyes, han propiciado estas cifras, si tenemos en cuenta el informe anterior como ejemplo de esta trazabilidad: “A nivel nacional, entre las semanas 53/2020 (28 de diciembre – 3 de enero) y 01/2021 (4 – 10 de enero), la incidencia semanal acumulada de COVID-19 aumenta un 60%, y entre las semanas 01/2021 y 02/2021 (11-17 de enero) el aumento es de al menos un 9%. Entre las semanas 53/2020 y 01/2021, el ascenso es igual o superior al 50% en todos los grupos de edad. El mayor ascenso se produce en los grupos de 15-29 años y de 50-59 años, con un incremento del 65%”.
4. Con respecto a la distribución por sexo y edad de la población española, los casos de COVID-19, están sobrerrepresentados en los hombres de 15-34 años, en mujeres de 15-54 años y en mayores de 84 años para ambos sexos, especialmente en mujeres. Otra vez sorprende la edad de la población afectada, a diferencia de la primera ola.
5. Un 35,7% no refería contacto conocido con un caso diagnosticado de COVID-19, porcentaje que asciende al 38,8% al restringir el análisis a las últimas tres semanas epidemiológicas. El rastreo ha brillado por su ausencia y aunque se recoja esta cifra como dato objetivo, es obvio pensar que los comportamientos que hemos visto en varios tramos de edad no eran los propicios para una fiabilidad absoluta en lo comunicado a los profesionales sanitarios, simplemente porque las grandes aglomeraciones eran un vector clarísimo de contagio.
6. El ámbito más frecuente de exposición se da en el entorno del domicilio (34,7%). Este dato es muy difuso y confuso, atendiendo a la clasificación que figura en el informe bajo el descriptor, “Ámbito de posible exposición”, en el que los centros sociosanitarios, como podrían ser las residencias de mayores, sólo registran un 3,0 por ciento de los casos, siendo muy desconcertante el epígrafe de “Otros”, con un segundo porcentaje más elevado, el 10,3 del total, ocupando el “Laboral” el tercer puesto con un 5,6 por ciento del total. La conclusión primera más importante es que la vuelta a casa por el puente de la Inmaculada y las fiestas de Navidad ha sido letal para la pandemia.
Del análisis completo del documento se desprende una conclusión muy dura: el 50 por ciento de todas las personas ingresadas han sido personas con más de 70 años, una cifra de distancia clamorosa sobre casi el 3 por ciento de los más jóvenes. Estas cifras se agravan porque el 34 por ciento tuvieron que ser ingresados en UCI, teniendo en cuenta que las personas de entre 70 y 79 años fueron en torno al 27% y las mayores de 80 alrededor del 7. El resultado final ha sido que el 85 por ciento de los 27.781 fallecidos, han sido personas mayores de 70 años. Andalucía ha registrado un total de 4.653 personas fallecidas, siendo la Comunidad que ha registrado el porcentaje más alto del país.
Cuando escuchamos a diario las cifras de fallecimientos de las personas fallecidas por la Covid-19, en general, experimentamos dolor, sabiendo que son días de lágrimas para las familias que han sufrido la terrible ausencia de sus parientes más cercanos, personas mayores en un porcentaje muy alto, dejando abiertas las creencias de cada uno en este momento de duelo para comprender el día después de la forma más humana posible. También, días muy dolorosos para los profesionales sanitarios que los han atendido de forma heroica hasta el último suspiro en su silencio y soledad acompañada. Decía Alberti en el prólogo del libro que recoge la canción citada en el encabezamiento de estas líneas, entre otras cosas, que “[…] como por transparencia, entrelazados al río y raro paisaje que las provocan, se ven latir en ellas todos los años de dolor y nostalgia que andan dentro de mí, al mismo ritmo de la sangre; porque yo no podré cantar ya nunca dividiendo en dos partes el correr de mi vida; aquí, de este lado, lo sereno, luminoso, optimista, y de este otro, lo dramático, oscuro, triste, todo lo señalado por los signos crueles de mi tiempo. Por esta causa son así, no de otro modo”. Me ocurre hoy lo mismo. No puedo estar tan tranquilo con lo que está sucediendo aunque yo esté del lado de los no afectados, porque al escribir hoy siento el dolor de lo que está ocurriendo y no puedo escribir solo sobre lo sereno, luminoso u optimista, porque estas ausencias me llegan a lo más profundo de mi corazón.
Queda mucho por analizar y por hacer a través de una evaluación continua, pública, transparente y responsable de lo que está sucediendo. Recuerdo en este momento a Benedetti porque escribió en Testigo de uno mismo (1) un soneto del pensamiento, algo precioso que leyéndolo de nuevo me ha pre-ocupado (así, de nuevo con guion), en mi persona de secreto, sobre todo por la segunda estrofa: sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos. Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa del coronavirus? lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, que también existe. Más adelante, en el mismo soneto, dice Benedetti: la mente se acostumbra a ese vacío / no sabe ya de nortes ni de sures / no sabe ya de invierno ni de estío. Quizás, tampoco de coronavirus. Es verdad, porque el conformismo lleva a un electroencefalograma plano de la inteligencia que inhibe para tomar conciencia de lo que está sucediendo con las personas mayores. Lo que ocurre es que cuando se decide salir del conformismo que nos invade, el pensamiento, acostumbrado al vacío, huye de ángeles y tahúres y busca desesperadamente la noche, para pensar en lo que está pasando, a troche y moche. Es lo que me ha ocurrido hoy al recordar a las personas mayores, mis compañeros actuales de viaje, pero confieso que necesito ver la luz del día.
Lo decía en tiempos de la primera ola de la pandemia y en esta tercera estamos viviendo otra vez los estragos de un tsunami de contagio y propagación de una enfermedad letal y desconocida todavía en su alcance actual de mutaciones, aunque no en su base científica. En este desconcierto mundial nos queda la palabra y hoy quiero dedicarla a estas personas que han fallecido sin que hayamos podido decirles adiós, porque no me quiero quedar callado como si no estuviera pasando nada, porque está pasando y lo estamos escuchando y viendo, tal y como se puede refrendar en los informes oficiales del Ministerio de Sanidad, acercándome a los familiares y personas más llegadas de los ausentes, en silencio no cómplice y a través de la palabra que aún me queda. También, para reivindicar con todas mis fuerzas que el mejor homenaje que podemos hacerles hoy, más allá de banderas a media asta, corbatas y trajes negros, crespones también negros y funerales de Estado o panegíricos diversos, tan lejanos ya porque ahora sólo son cifras, es urgir a nuestros gobernantes para que se trabaje sin descanso sobre un Pacto de Estado de Atención Integral a las Personas Mayores. Es alarmante constatar que todavía no se sabe a ciencia cierta el número de víctimas mortales que el coronavirus ha dejado en las aproximadamente 5.457 residencias de ancianos españolas, ya sean públicas, concertadas o privadas. Creo que ha llegado el momento, por transparencia y dignidad pública, que se sepa la verdad de lo ocurrido desde el principio de la pandemia hasta el momento actual, a la mayor brevedad ética posible. La evaluación de carácter público proporciona siempre juicios bien informados para que el Pacto de Estado de Atención Integral a las Personas Mayores sea una realidad próxima en beneficio de todos pero, sobre todo, de los que más están sufriendo en la pandemia en su pasado, presente y futuro.
(1) Benedetti, Mario (2014, 2º ed.). Testigo de uno mismo. Madrid: Visor Libros, pág. 122.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.