Un mural que nos pregunta ¿qué ha ocurrido?

MURAL MADRID PACO ROCA

Sevilla, 25/VII/2020 – Actualizado a las 19:58

Ayer se inauguró en la estación Plaza de Castilla, del metro de Madrid,  un mural del ilustrador valenciano Paco Roca o cómo el mismo se denomina, dibujante ambulante, de 8 metros de largo y 1,90 metros de alto, como recuerdo sentido de las personas mayores que fallecieron durante el estado de alarma por la COVID-19 y para ofrecerles un homenaje simbólico de lo que significan en el aquí y ahora de nuestras vidas. Hoy se ha anunciado el galardón que ha recibido, el Premio Eisner 2020 de Estados Unidos “a la mejor edición de material internacional” por “The house”, la versión de su novela gráfica “La casa”, publicada por la editorial Astiberri en 2015 y que la editorial estadounidense Fantagraphics editó en castellano e inglés a finales de 2019. Los premios Eisner son algo así como los Óscar del Cómic. Mi enhorabuena por ello.

Está bien este tipo de reconocimientos artísticos porque la cultura ennoblece siempre el alma humana, pero también debería conducirnos a una reflexión objetiva, rigurosa y de respeto al comportamiento social y político en relación con la atención sociosanitaria a las personas mayores en todo el país, donde se ha podido comprobar que el nivel asistencial en este tiempo tan difícil ha dejado mucho que desear, dejándonos muchas preguntas sin respuesta. Cada palo debe aguantar su vela y tenemos que reconocer que las cosas no se han hecho bien, no de forma global, porque seríamos injustos al descalificar genéricamente la atención que se les ha prestado, pero sabiendo que su situación ha tenido tintes dramáticos en determinados lugares del país que merecen todavía un análisis para pedir las responsabilidades a las que hubiera lugar y sin distinción alguna de personas o autoridades directamente implicadas en lo ocurrido. El Estado está obligatoriamente obligado, por transparencia y dignidad pública, a dar las explicaciones necesarias, objetivas y veraces, para que se sepa a la mayor brevedad ética posible, la verdad de lo ocurrido con el fallecimiento por el coronavirus de las personas mayores en residencias asistenciales. Nada puede justificar el silencio, mucho menos si es cómplice.

MURAL MADRID2 PACO ROCA

Volviendo al mural, tengo que reconocer que Paco Roca trata con respeto a las personas mayores en su vida artística, habiéndolo demostrado de forma sobrada en su obra “Arrugas”, donde abordó temas delicados, hasta ahora escasamente tratados en cómics, como son el Alzheimer y la demencia senil. Me ha llamado la atención la sinopsis en relación con “La casa”, la obra galardonada hoy con el premio Eisner, porque ilustra también el comportamiento familiar que se produce en muchas familias cuando mueren los progenitores, a través de los tres hermanos protagonistas, cuando vuelven un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron: “A lo largo de los años el dueño llena de recuerdos su casa, testigo mudo de su vida. Y aquél es también la fiel imagen de ella. Como las parejas que han convivido siempre juntas. Así, cuando su ocupante desaparece para siempre, el contenido de la casa se paraliza por el polvo esperando que alguna vez su dueño regrese. Los tres hermanos protagonistas de esta historia volverán un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron. Su intención es venderla, pero con cada trasto que tiran se enfrentan a los recuerdos. Temen estar deshaciéndose del pasado, del recuerdo de su padre, pero también del suyo propio. Se perciben en esta obra de Paco Roca ecos autobiográficos que surgen de una necesidad de contar una situación que ha tocado de cerca al autor”.

Siempre recuerdo en las referencias a las personas mayores, a uno de mis maestros, el investigador Oliver Sacks, del que tanto he aprendido. En un artículo extraordinario escrito en 2015 a modo de testamento ético sobre la realidad de la vida, De mi propia vida, subrayo una frase que me sigue emocionando igual que el primer día que lo leí: “Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte” (1).

Las ideas anteriores se pueden y deben aplicar a los abuelos y abuelas que murieron durante la pandemia sin poder decirnos adiós. Como nos lo recuerdan todos los personajes del mural de Roca, que nos muestran en una secuencia alegre que cada ser humano es único e irrepetible, que traza su propio camino, que vive su propia vida y que merece siempre nuestro afecto y respeto en la trazabilidad de la existencia de cada uno, de cada una, sin que nada o nadie, sombras en definitiva, nos impidan decirnos adiós: Te marchaste sin decirnos adiós / Yo sé que tú no pudiste decirnos adiós / ¿No sabes tú que tampoco / nosotros hemos podido / decirte adiós? / Tiempos malditos y tristes / en los que hasta un triste adiós / hay sombras que lo prohíben (Rafael Alberti, Canción 55, Baladas y canciones del Paraná /1953-1954). Es verdad que cuando una persona muere es imposible reemplazarla. Así me lo recuerda siempre Oliver Sacks, aunque el mural de Roca me haga contemplar hoy la maravillosa realidad de que todos podemos vivir alegres y soñar despiertos incluso cuando nos decimos adiós.

(1) En el diario El País (2015, 20 de febrero), se puede leer la traducción del citado artículo original.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.