Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 2. ¿Y qué importancia tenemos en el tribunal del olvido?

Sevilla, 6/V/2023 (publicado en la serie original el 30/V/2021)

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX

Leo una y otra vez las preguntas de Neruda, publicadas un año después de su fallecimiento en 1974, como un homenaje a su eterna pregunta vital sobre qué vino él a hacer en este mundo. Están recogidas en 74 capítulos, con un ordenado desorden, cómo si fluyeran a borbotones en su intensa vida. Pero no, hay un hilo conductor reconocido por todas las personas que lo conocieron y amaron: se movió sin querer, aunque él pensó en estar inmóvil, iba del timbo al tambo rodando sin ruedas, volando sin alas ni plumas y le dio por transmigrar -por decirlo de forma eufemística- cuando sus raíces estaban en Chile.

Hoy me he detenido en una pregunta suya dedicada al olvido, ¿Y qué importancia tengo yo en el tribunal del olvido?, sobre todo porque vivo en un país muy dado a propagar con silencios cómplices el delicado pasado que ha llenado páginas tristes de su historia; que no reconoce en vida a los grandes protagonistas del progreso de este país y que no tolera en muchas ocasiones los éxitos de los demás, sea quien sea, condenando al ostracismo a todos los que hablan de cambio y transformación de nuestra sociedad caduca. Siendo esto así, no digamos el triste papel que para estos silenciadores juegan los anónimos en este país, cuando miles de ellos son los que sacan a diario a flote a esta sociedad maltrecha. Los tribunales del olvido en este país abundan por doquier y creo que habría que organizar una operación para descubrirlos y desenmascararlos con urgencia porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicarnos como personas dignas ante esos tribunales el olvido.

Recuerdo una canción de mis años jóvenes, Ausencia, que cantaba María Dolores Pradera extraordinariamente bien, con sentimiento pleno, sobre todo su estribillo final: Ausencia / quiere decir olvido / Decir tinieblas, decir jamás / Las aves pueden volver al nido / Pero las almas no vuelven más. La ausencia de valores está configurando una forma de ser y estar en el mundo muy diferente a cuando están presentes en cada acto humano. Los echamos de menos y es un hilo conductor en la razón ética de las personas dignas. Es lo más parecido a la ausencia de seres queridos, familiares o amigos del alma, cuando se alejan de nosotros por razones físicas, psíquicas o sociales. También, cuando se constata el olvido palmario de las ideologías, de la conciencia de clase, incluso del sentimiento de pertenecer a un grupo social donde nos podemos entender mejor todos los que participan de una ideología que busca sólo el interés general. Es lo que está pasando en nuestra sociedad española, que lo revestimos de palabras y frases eufemísticas tales como desafección, desencanto y desmovilización. Nada se puede ver afectado, encantado o movilizado si no hay ideología o creencias, que José Ferrater Mora, de quien tanto aprendí, resumía en cuatro para entendernos: personas, naturaleza, sociedad o dios o dioses. Todas legítimas, todas accesibles, todas necesarias, todas imprescindibles como horizonte en la vida, atendiendo a la pregunta siguiente de Neruda en este capítulo que tratamos hoy, si somos capaces de dar respuesta digna al indeseable tribunal del olvido: ¿Cuál es la representación del resultado venidero? Porque lo dicho anteriormente vale cuando se trabaja, como el campo, en un frente popular y salvando siempre el interés general.

Como entre canciones y cantores o cantoras también puede andar el juego, he recordado a un cantor de mi juventud, Silvio Rodríguez, que me aportó ideología y compromiso en mi azarosa vida, bastante enfrentada al tribunal del olvido. Se trata de su canción Ausencia, que me compromete a seguir creyendo que “Hay ausencias que son como el olvido / que empolvan madrugadas y semillas / que se fueron perdidas en sus mares / donde nunca podrán hallar la orilla…”. Y sigue su canción de una forma que aclara definitivamente que decir olvido es decir ausencia de casi todo:

Hay ausencias que rozan con el alma,
mariposas celosas del espacio,
austeras prisioneras de las flores,
que te ponen su miel para los labios.

Ausencia, remoto fantasma que violas las puertas
que cantas, que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerda la distancia

Hay ausencias gaviotas que te salvan
que desdeñan fronteras y estaciones,
que rondan las paredes, las palabras
dibujando la fe con sus creyones.

Hay ausencias que te hablan de un mañana,
que se tornan de todos los colores,
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenan los balcones.

Ausencia, remoto fantasma
que violas las puertas, que cantas,
que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo,
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerdas la distancia

La representación del resultado venidero, si no atacamos de frente el olvido y sus tribunales por doquier, es que volveremos a sufrir mucho si no hacemos un esfuerzo especial por recobrar las ideologías que nos ayuden, de nuevo, a recuperar el sentido de la vida, porque sabemos que el olvido es siempre ausencia de alma, tinieblas, el jamás, sabiendo como sabemos que las aves pueden volver al nido, pero que las almas no vuelven más. Aunque hoy podamos escribir la canción que falta y que siempre nos permitirá recordar la distancia que nos separa de la dignidad.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Las personas no somos islas inútiles

Sevilla, 5/V/2023

Ayer se otorgó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al filósofo, escritor y gran conocedor del pensamiento y la literatura renacentista, Nuccio Ordine (Diamante, Italia, 1958), al que he dedicado bastantes páginas de respeto intelectual en este cuaderno digital. Me alegra conocer este reconocimiento por su obra de compromiso activo en relación con la educación como derecho y no como mercancía, tal y como se ha recogido en el acta del jurado sobre la concesión de este Premio: “por su defensa de las humanidades y su compromiso con la educación y los valores enraizados en el pensamiento europeo más universal. Ordine establece un diálogo con la sociedad contemporánea para transmitir, en especial a los más jóvenes, que la importancia del saber se encuentra en el proceso mismo del aprendizaje. La utilidad de la educación se ha de entender en términos de pasión por la búsqueda del conocimiento y de lo mejor de cada persona, sin circunscribirse a un interés económico. Su trabajo académico, centrado en figuras relevantes del Renacimiento, destaca la necesidad de recuperar la riqueza del humanismo para las nuevas generaciones”.

Vivimos instalados en una sociedad utilitarista, presidida por el imperio del mercado y sus mercancías. Los que tenemos la sensación de habernos equivocado de siglo lo pasamos muy mal, lejos del Renacimiento, porque estamos convencidos del placer de lo inútil. La lectura del libro de Ordine, La utilidad de lo inútil (1), me refresca siempre estos conceptos y considero que es una buena recomendación para espíritus inquietos que priman el valor del conocimiento y de la admiración por todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Imprescindible para militantes de mi querido Club de las Personas Dignas. Son 172 páginas útiles para comprender el oxímoron (2) “utilidad de lo inútil”, pero se despeja inmediatamente cualquier duda al explicar el autor que la referencia a la utilidad se centra solo en aquellos saberes “cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”. Es útil todo aquello que nos ayuda a ser mejores y decir esto en una sociedad de mercado puro y duro es para obtener matrícula de honor en la Universidad de las grandes avenidas digitales del mundo actual, a las que se asiste a clases llamadas “útiles” en zapatillas (pantuflas), como explicaba muy bien en su momento el profesor libertario Michel Onfray: “Si siguiera trabajando dentro del Ministerio de Educación debería respetar un programa, unos autores, unos conceptos, preparar a los alumnos para superar unos exámenes de acuerdo con unas determinadas fórmulas… todo eso está bien pero hay mucha gente que satisface esa demanda, que se adapta al molde. En el Ministerio te dejan enseñar la filosofía como quieres, pero sólo oficialmente porque hay que hablar de Platón, de Aristóteles, de todos los grandes autores, antiguos y modernos… no queda tiempo para adentrarse en otros terrenos”. Si a esto agregamos la realidad de la Universidad digital/global que es en sí mismo Internet, a la que puedes asistir con pantuflas también, desde tu casa, podemos atisbar que el gran reto del siglo actual es trabajar al servicio de la inteligencia compartida, del cerebro, gran desconocido desde el punto de vista científico.

Ordine también ha escrito un manual para enseñarnos el arte de vivir, mostrando un recurso extraordinario basado en la lectura de autores clásicos, que siempre abordaban la vida diaria con arte, porque en ellos se encuentra siempre sabiduría basada en la experiencia de vivir y en su capacidad de admiración de todas las cosas, tal y como me enseñó Aristóteles hace ya muchos años. Me refiero en concreto a su libro de imprescindible lectura, Clásicos para la vida (3), en el que el autor vuelve a defender a capa y espada la utilidad de lo que hoy se llama “lo inútil”. Dice Ordine en su libro que la formación “requiere plazos largos. Orientarla exclusivamente por las presuntas ofertas del mercado laboral es perder de antemano la partida. No necesitamos reformas genéricas, sino asegurar una buena selección de los docentes. Los jóvenes reclaman sobre todo profesores que vivan con pasión y con verdadero interés la disciplina que imparten. Se trata de una exigencia sacrosanta, cuyos efectos beneficiosos todos nosotros hemos podido experimentar en nuestra vida estudiantil [-…] No se puede hablar al alumnado sin amar lo que se enseña”. O tirar de powerpoint o prezi sin más, repitiendo todo lo que allí se expone sin orden ni concierto, sin alma didáctica alguna a pesar de la modernidad digital.

Finaliza el autor con una referencia a Einstein en el capítulo dedicado a la educación en su libro, Mis ideas y opiniones, y su canto a la curiosidad innata en los seres humanos, que permite desarrollar la creatividad y la fantasía, curiosidad de la que tantas veces he hablado en este cuaderno digital. Dice Ordine que: “La buena escuela no la hacen ni las pizarras interactivas multimedia, ni las tablets, ni los managers, ni los demagógicos acuerdos a corto plazo con empresas y centros profesionales: la hacen solo los “buenos docentes”, aquellos que, renunciando a las “medidas coercitivas”, logran que “la única fuente de respeto del alumno al profesor sean las cualidades humanas e intelectuales de éste” (pág. 71s del libro de Einstein). Al docente le incumbe la delicada misión de hacer comprender a sus estudiantes que la enseñanza es una gran oportunidad ofrecida por la sociedad para ayudarnos a hacernos mejores, mujeres y hombres libres capaces de saber vivir”.

Por último, Ordine publicó el año pasado la que considero su última obra didáctica, Los hombres no son islas. Los clásicos nos ayudan a vivir (4), cuya sinopsis oficial nos abre un panorama muy alentador sobre lo que significa el poder liberador de la lectura de los clásicos: “Partiendo de la célebre meditación de John Donne, Nuccio Ordine amplía su «biblioteca ideal» invitándonos a leer—y a releer—más páginas escogidas de la literatura universal. Convencido de que una cita brillante puede despertar la curiosidad del lector y animarlo a leer la obra de la que procede, Ordine continúa su defensa de los clásicos, demostrando que la literatura es fundamental para fomentar el entendimiento y la compasión entre las personas. En una época marcada por el individualismo, las terribles desigualdades sociales y económicas, el miedo al «forastero» y el racismo, estas páginas nos invitan a entender que «vivir para los demás» es una oportunidad de dotar de sentido nuestras vidas. Como La utilidad de lo inútil y Clásicos para la vida, este nuevo volumen es una defensa y un himno de todo lo que lamentablemente una parte de la sociedad acostumbra a desairar porque no reporta provecho material”.

Creo que soy capaz de comprender a Ordine en sus planteamientos, lo que me lleva a tenerlo muy presente en mi clínica del alma, mi biblioteca y en mi escritura diaria. Hoy, más orgulloso que nunca porque me alegra que le hayan concedido un nuevo reconocimiento por su obra, en un mundo diseñado por el enemigo, sobre todo, el capital, en este país tan dual y cainita. Soy consciente de que no somos islas y que la mejor actitud humana es salir de nosotros mismos para conocernos mejor y compartir la vida con las personas que elegimos y queremos, en el camino diario para vivir, tal y como me lo enseñó también José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, cuando una gran protagonista, una mujer muy sencilla al servicio del rey, una limpiadora, me ofreció la mejor respuesta a los interrogantes de la soledad humana y del aislamiento social: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

¡Enhorabuena, auguri, Nuccio Ordine, desde Sevilla!   

(1) Ordine, Nuccio,  La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017, 17ª ed.

(2) Oxímoron (RAE. Diccionario usual): combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.

(3) Ordine, Nuccio, Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2017.

(4) Ordine, Nuccio, Los hombres no son islas, Barcelona: Acantilado, traducción de J. Bayod Brau, 2022.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Preguntas de Mayo en un mundo al revés / 1. ¿Dónde se encuentra el amor?

Luar Na Lubre – Romeiro Ao Lonxe (Con Diana Navarro)

Sevilla, 4/V/2023

Amor, amor, aquel y aquella
Si ya no son, ¿dónde se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
¿cuándo volveremos a vernos?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XXII

En el mes de mayo de 2021, saliendo del túnel de la pandemia, escribí una serie de diez artículos en torno a diez preguntas inquietantes de Pablo Neruda, a las que pretendí ofrecer alguna respuesta a la Noosfera, en un inmenso mar de preguntas y en un tiempo lleno de dudas para vivir dignamente. Por esta razón, he vuelto a leer una obra póstuma suya, muy querida y presente en mi biblioteca del alma, Libro de las preguntas (1), siempre inquietantes cuando te aproximas a las cosas de personas mayores porque ya no vivimos las cosas de niño, recordando aquellas hermosas palabras de un viajero incansable, Pablo de Tarso, en su primera alocución a los Corintios (13, 11): «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño».

Hoy, siguiendo también al pie de la letra el consejo de Federico García Lorca en su alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada), en 1931, con motivo de la inauguración de su biblioteca pública, » [—] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: “Dime qué lees y te diré quien eres”, refiriéndose al escritor francés François Mauriac, que agregaba a esas palabras un final inolvidable: “Dime lo que lees y te diré quién eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”, he vuelto a leer la serie citada, pero comenzando por el último artículo, aunque el orden de su lectura no altera el mensaje a compartir con quienes los quieran leer de nuevo.

Sí comienzo a releer la serie de nuevo, al revés, es porque es muy importante en mi vida saber, en cada momento, dónde se encuentra el amor en un mundo también al revés, como lo expresaba Eduardo Galeano en el pasado siglo, pero tan actual siempre: “Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

Preguntas de Mayo / y 10. ¿Dónde se encuentra el amor?

 Sevilla, 31/V/2021

En Galicia conocí una tradición preciosa en torno a San Andrés de Teixidó. Una vez más, a través de una canción del grupo gallego Luar na Lubre (resplandor de la luz en el bosque celta), Romeiro ao Lonxe (1.999), sentí hace años la realidad de la búsqueda del amor, que se encuentra incluso cuando alguna vez se va y no se llega a conocer nunca dónde fue, en una composición con la que despido, junto a estas palabras, la serie que he dedicado durante este mes a preguntas de Neruda compiladas en un libro póstumo, Libro de las preguntas, de las que he seleccionado las que me han conmovido especialmente en este tiempo de coronavirus y que hoy se cierra con un homenaje a la gran pregunta del amor, Amor, amor, aquel y aquella / Si ya no son, ¿dónde se fueron? En esta ocasión, Neruda sólo cita tres veces la palabra amor en sus setenta y cuatro capítulos, aunque creo que está presente en ellos de múltiples formas. Respeto, profundo respeto es lo que manifiesto a esta realidad que mueve el mundo y que el poeta chileno cantó siempre a los cuatro vientos incluso, a veces, de forma desesperada. ¿Por qué he elegido a Luar na Lubre para intentar responder a estas preguntas? Creo que por una razón geológica, la proximidad del mar que siempre apreció especialmente Neruda desde sus casas en Valparaíso o en Isla Negra y al que canta con frecuencia este grupo folk coruñés. También por lo que dice la letra de esta canción respetando una tradición multisecular gallega, envuelta en una canción popular inglesa “Scarborough Fair” (La feria de Scarborough), de la que se conservan datos desde el siglo XII, que conocimos también hace años por la versión de Simon & Garfunkel y ahora por Luar na Lubre.

La sinopsis de esta canción es presentada por este grupo como mensaje de paz y concordia mundial a través del amor, algo que deseo utilizar hoy como broche final de esta serie: “En el fin del mundo, como el dicho popular proclama a San Andrés de Teixido, “va de muerto el que no fue de vivo”, los peregrinos comparten el camino con los animales, que son las almas de los que no pudieron cumplir en vida la peregrinación, por lo que no pueden recibir ningún tipo de maltrato. Los romeros solían llevar una larga camisa blanca con cenefas formando ondas y en algunos puntos del camino depositaban piedras que iban haciendo crecer: milladoiros. Alrededor de la ermita los vecinos aún siguen haciendo los sanandreses, hermosa artesanía de miga de pan endurecido en el horno y coloreado, con imágenes del santo en su barca de piedra. En el atrio crece la hierba de enamorar, a la que se atribuyen propiedades casamenteras. En la canción peregrina el cormorán, el alcatraz y el lagarto ocelado -vistoso ejemplar con cabeza de intenso color azul-, en este espacio que despierta las ansias de amor y paz y la hermandad entre vivos, muertos, animales, plantas y aguas”. Fraternidad universal.

He sentido un profundo respeto a la hora de traducir la letra de la canción, en gallego y escrita por Xulio Cura, porque hay palabras y expresiones que pierden toda su fuerza cuando intentamos volcarla a la lengua española. Aún así, voy a intentar destacar lo que considero de mayor interés para esta reflexión, publicando íntegramente la letra de la canción en gallego, como corolario de esta serie, porque el hilo conductor está expresado en la canción: tenemos que buscar el auténtico sentido de las preguntas de la vida en el santuario de la felicidad y de la creencia particular y colectiva, un espacio común en el que se despiertan “las ansias de amor y paz y la hermandad entre vivos, muertos, animales, plantas y aguas”, que en tiempos tan complejos como los actuales es importante recordar.

La vida es como una romería permanente que busca siempre algún pretexto para intentar encontrar su sentido esencial, a veces con cosas tan sencillas como unas pequeñas hierbas que simbolizan el amor y sus caricias, porque nos pesan las tradiciones de nuestros mayores que, boca a boca, conocían alguna formas de encontrarlo de esta forma. En la canción original inglesa, Scarborough Fair, era recurrente la cita de hierbas para enamorar: perejil, salvia, romero y tomillo. Al ser un acontecimiento tan importante hay que presentarse con las mejores galas, vistiendo una camisa de lino que ella, la persona a la que amamos (lo que o a quien amamos como símbolo), nos tejió y adornó -en un día ya lejano- con esas pequeñas hierbas, para que la pudiéramos utilizar en las mejores fiestas de la vida. Esto lo comprenden el lagarto azul, las amapolas, que demuestran el sinsentido de las guerras humanas y sus tambores lejanos, los alcatraces que brincan por el acantilado y cuidan el atrio familiar. También el cormorán que sobrevuela los montoncillos de piedras [amilladoiro] que cada persona, que acude al santuario, deposita a lo largo del camino, cuidando que todo quede en el recuerdo de un pan santo iluminado con colores que dignifican e iluminan esta aventura de amor y que cada uno, cada una, guardará siempre en su corazón.

Desde cada finisterre particular, que también existe, podemos hoy comprender mejor las últimas preguntas de Neruda en esta serie, que simbolizan el motor que mueve el mundo, el amor, sin que sepamos al despedirnos hoy cuando volveremos a vernos:

Amor, amor, aquel y aquella
Si ya no son, ¿dónde se fueron?
Ayer, ayer dije a mis ojos
¿cuándo volveremos a vernos?

Romeiro ao lonxe

Romeiro hei de ir lonxe ao San Andrés [de Teixidó]
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.
Hei de vestir a camisa de liño
que ela teceo para min
con herbiñas de namorar;
anda o lagarto azul e souril
a acaroar mapoulas bermellas,
nacidas de fusís,
co aloumiño do meu amor,
alleo á guerra e ao seu tambor.
Morto ou vivo hei volver á terra
que ela andou canda min
con herbiñas de namorar;
chouta o mascato polo cantil
a vela-lo adro familiar,
ala lonxe, na fin,
co aloumiño do meu amor.
Cabo do mundo, ó pé dun aguillón
doéme a guerra ruín
entre herbiñas de namorar;
corvo mariño voa xentil
o amilladoiro a levantar
e pan santo a colorir
co aloumiño do meu amor.
Romeiro hei de ir lonxe ao San Andrés
con herbiñas de namorar,
dareille a quen alén mar está
o aloumiño do meu amor.

(1) Neruda, Pablo, Libro de las preguntas. Barcelona: Seix Barral – Planeta, 2018.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Condiciones de vida en España – 2022

Sevilla, 3/V/2023

El pasado 24 de abril publicó el Instituto Nacional de Estadística los resultados definitivos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022. Creo que es de sumo interés conocerlos, aunque sea de forma abreviada, porque marcan una tendencia que es necesario analizar con detalle, en el sentido de que mejoran para el país sus cifras globales, pero siguen siendo muy preocupantes en términos absolutos, según se muestra a continuación. Siento una vez más que sólo nos permita hacer una evaluación sumativa de lo ocurrido en 2021, casi dos años después, cuando lo verdaderamente importante sería trabajar siempre con evaluaciones formativas de las diferentes medidas del gobierno correspondiente para combatir las desigualdades sociales y la pobreza severa en nuestro país, en este aquí y ahora.

Para empezar, el porcentaje de la población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE, ARisk OPoverty or social Exclusion) disminuyó hasta el 26,0%, desde el 27,8% de 2021, teniendo en cuenta que esta tasa se construye con la unión de la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo: “Así, se define la población en riesgo de pobreza o exclusión social como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones: riesgo de pobreza, carencia material y social severa, y baja intensidad en el empleo”:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

A pesar de este leve repunte, es muy importante reseñar que por grupo de edad, la tasa AROPE bajó un punto entre los menores de 16 años, y 2,7 en el grupo de 16 a 64 años, siendo también muy relevante que constatar que subió 0,8 puntos entre los de 65 y más años, datos que reflejan que se mantiene una situación muy compleja en relación con este indicador:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

También es importante conocer mediante esta encuesta que el riesgo de pobreza es un indicador relativo que mide desigualdad: ”No mide pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos con relación al conjunto de la población. En 2022 (teniendo en cuenta los ingresos de 2021) el porcentaje de población con ingresos por debajo del umbral de riesgo de pobreza (la llamada tasa de riesgo de pobreza) se situó en el 20,4% de la población residente en España, frente al 21,7% del año anterior. Por grupo de edad, la tasa de riesgo de pobreza se redujo un punto para los menores de 16 años y 1,9 puntos para el grupo de edad de 16 a 64 años. Por el contrario, subió 1,2 puntos para las personas de 65 y más años”. Una vez más se observa que la población de más edad sigue viviendo una realidad económica muy compleja:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

En relación con el segundo componente de la tasa AROPE, la población en situación de carencia material y social severa, es importante conocer su contenido porque se considera que una persona está en situación de carencia material y social severa si declara tener carencia en al menos siete elementos de los 13 de la lista que se figura en la encuesta (siete definidos a nivel de hogar y seis a nivel de persona):

A nivel de hogar:

1. No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.

2. No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.

3. No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.

4. No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos (de 800 euros) .

5. Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.

6. No puede permitirse disponer de un automóvil.

7. No puede sustituir muebles estropeados o viejos.

A nivel de persona:

8. No puede permitirse sustituir ropa estropeada por otra nueva.

9. No puede permitirse tener dos pares de zapatos en buenas condiciones.

10. No puede permitirse reunirse con amigos/familia para comer o tomar algo al menos una vez al mes.

11. No puede permitirse participar regularmente en actividades de ocio.

12. No puede permitirse gastar una pequeña cantidad de dinero en sí mismo.

13. No puede permitirse conexión a internet.

El porcentaje de población en situación de carencia material y social severa en 2022 se situó en el 7,7%, frente al 8,3% del año anterior. La principal conclusión de este apartado estriba en que “de los siete conceptos definidos a nivel de hogar, el que más empeoró en 2022 fue no puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada (17,1%, frente a 14,3%). Por su parte ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal o en compras a plazos en los últimos 12 meses mejoró situándose en el 13,2%, frente al 14,4% del año anterior”.

También figuran en el informe de resultados datos muy relevantes en relación con las dificultades económicas de los hogares en 2022, “si bien los ingresos recogidos en la ECV corresponden al año anterior a la entrevista (2021), además de los elementos de la carencia material y social también se preguntan otras cuestiones que describen la situación económica percibida en el momento de la entrevista, que tuvo lugar en el segundo cuatrimestre de 2022”:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

Por último, es también muy relevante el conjunto de resultados obtenidos por comunidades y ciudades autónomas: “Los ingresos medios anuales más elevados (en 2021) se dieron en País Vasco (16.427 euros por persona), Comunidad Foral de Navarra (15.970) y Comunidad de Madrid (15.695). Por su parte, los más bajos se registraron en Extremadura (10.133 euros por persona), Región de Murcia (10.632) y Andalucía (10.703). En cuanto a las tasas AROPE de riesgo de pobreza o exclusión social, las más elevadas se dieron en Extremadura (36,9%), Canarias (36,2%) y Andalucía (35,8%). En el lado contrario, Comunidad Foral de Navarra (14,5%) y País Vasco (15,7%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza o exclusión social más bajas. Respecto a las tasas de riesgo de pobreza, las más elevadas se dieron en Extremadura (30,0%), Canarias (29,4%) y Andalucía (29,1%). Comunidad Foral de Navarra (10,9%) y País Vasco (12,2%) presentaron las tasas de riesgo de pobreza más bajas”:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

Es importante completar los datos anteriores con un gráfico que muestra las dificultades económicas de los hogares de las citadas comunidades y ciudades autónomas, en cuatro indicadores bien definidos:

Fuente: INE Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) – 2022

Los datos expuestos con la brevedad que exige hoy esta reflexión escrita, no ocultan una realidad de condiciones de vida que siguen siendo muy difíciles para millones de personas en este país, porque la población española en riesgo de pobreza y exclusión social arroja cifras escandalosas, hasta alrededor de 3,6 millones de personas, a mediados del año pasado. Y por decirlo todo, porque me afecta de lleno, la situación en Andalucía es para hacer una reflexión preelectoral antes de depositar los votos, porque ante estas cifras la realidad es que todos los partidos no actúan igual ante el malestar social, por llamarlo de un forma decente. Sólo algunos ejemplos y finalizo este artículo de denuncia social, para aclarar cifras totales y sepamos algo más allá del mero porcentaje: en Andalucía, el 33,5 de los hogares no puede irse de vacaciones una semana al año, alrededor de 1,2 millones de hogares del territorio andaluz, de acuerdo con los datos de hogares según el INE en 2020, 1,3 millones no tiene tampoco capacidad para afrontar imprevistos, casi medio millón no puede pagar normalmente su vivienda ni las compras a plazos y más de trescientos mil tienen muchas dificultades para llegar a fin de mes.

Lo afirmé en un artículo sobre pobreza y exclusión social que publiqué en octubre de 2022: Conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población,  están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país. En mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se  pueden aprobar leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación, transformando la sociedad española para avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies

NOTA: la imagen de la cabecera se ha recuperado del informe Familias en riesgo, publicado en 2020 por la ONG Save the Children

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Se llamaba Claudia y sufrió acoso escolar

Ministerio de Educación y Formación Profesional / Servicio de atención telefónica en casos de maltrato y acoso escolar

Sevilla, 1/V/2023

Siento hablar de Claudia en pasado, una joven de 21 años que vivía en Gijón, porque es socialmente injusto. El sábado pasado supimos que había decidido no seguir viviendo en un mundo tan adverso para ella. No voy a entrar en detalles escabrosos tan propicios para el sensacionalismo barato y cruel, pero creo que es una ob-ligación (así, con guion) ciudadana luchar con todos los recursos posibles para erradicar esta plaga, el acoso (bullying), que hace sufrir a miles de personas en nuestro país, porque estamos obligatoriamente obligados a romper los silencios cómplices que se han convertido en una plaga en torno a los acosos de todo tipo que se dan a diario en familias, escuelas, institutos, universidades, trabajos y en determinados entretenimientos digitales.

Antes de llevar a cabo su acción liberadora a nivel personal, porque sentía que no había alternativas a su sufrimiento personal e intransferible, Claudia dejó una carta manuscrita que transcribo literalmente: «Queridos acosadores. Sabéis quienes sois. Soy yo, Claudia, ‘Ratatui’. Espero que todos y cada uno de vosotros sepáis el daño que vuestras acciones han hecho. Habéis cogido a una niña de alta autoestima y de altas capacidades y la habéis machacado hasta el punto de no salir de la cama en años y de llevarla al suicidio. Sí, vosotros, estudiantes del año 2002 [sic] del Colegio La Asunción de Gijón. Me da igual que seáis hijos de famosos, que tengáis más de 10.000 seguidores en redes sociales o que os victimicéis. DAIS ASCO. Que sepáis que habéis hundido a muchas personas y ahora espero que carguéis con una muerte en vuestra conciencia. Por favor, parad el acoso, dejad a las personas ser quienes son. #STOP BULLYING [aparece enmarcado]. Hasta siempre«.

Sobran comentarios, porque la realidad del acoso sufrido es evidente, como también la realidad de esta situación en el país, que afecta a miles de personas de toda clase y condición, siendo mucho más lacerante en los afectados más vulnerables por múltiples razones, fundamentalmente porque el acoso se ha convertido en un ecosistema social y cultural que de forma silenciosa se va instalando en estamentos educativos, sociales y laborales. Lo que suele comenzar con bromas de mal gusto y etiquetas sociales insultantes, suele acabar con violencia hacia los compañeros y compañeras más indefensos ante una sociedad que no tiene compasión en muchas ocasiones con el que está al lado, sólo, a veces, por el mero hecho de ser diferentes, singulares, por no reírles todas las gracias a los líderes «graciosos» de turno, matones y matonas de la peor clase.

El verdadero problema radica en la educación que reciben esos acosadores por parte de sus propias familias y entornos desestructurados en muchas ocasiones, tan propicios para alimentar estas conductas salvajes hacia los más débiles, en el amplio sentido del término «débil». Luego, saben que cuentan en muchas ocasiones con los silencios cómplices colectivos, porque casi nadie quiere complicarse la vida participando en las denuncias imprescindibles e inmediatas que se tienen que llevar a cabo en el momento que se conocen este tipo de situaciones. A pesar de los protocolos que en la actualidad suelen aprobarse en los colegios ante el acoso escolar, por ejemplo, la realidad es que también se burocratizan hasta la eternidad y los niños y niñas o jóvenes que lo sufren se sienten abandonados, junto a sus familias, iniciándose a veces auténticos caminos de calvario ante la soledad social en la que suelen desarrollarse y acabar estas acciones.

Lo que escribe Claudia me ha conmovido y conturbado, así como su decisión asociada de suicidio. Estas palabras son un reconocimiento a su vida y una llamada de atención personal para que estemos atentos a si en algún momento conocemos alguna situación de bullying, no sólo en el ámbito escolar sino en cualquier ámbito de la vida, porque esta realidad está extendida en la sociedad y es más habitual de lo que parece. Debemos identificar a sus autores inmediatamente, denunciarlos y que el estado de derecho funcione en todos sus estamentos de responsabilidad, sin olvidar que en la familia y en los centros educativos existe una responsabilidad prioritaria de atención, no delegable, que se debe asumir con extrema urgencia. Claudia lo dejó escrito: Por favor, parad el acoso, dejad a las personas ser quienes son.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Cuando calla la Orquesta Sinfónica de Sevilla calla la vida

Imagen captada ayer a las 12:00 horas, en el Teatro de la Maestranza – Sevilla / JA COBEÑA

Más el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros

Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera

Sevilla, 30/IV/2023

Ayer estuve muy cerca de la huelga que declaró el pasado 23 de marzo y hasta el 17 de junio el comité de empresa de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS). Estaba programado un Concierto de Primavera, en el Teatro de la Maestranza, bajo la dirección del maestro Lucas Macías, con un repertorio muy cercano a la ciudadanía: “la obertura del “El Barbero de Sevilla” de Gioacchino Rossini, las suites 1 y 2 de la popular ópera cómica “Carmen” del compositor francés Georges Bizet, ambientada igualmente en Sevilla, la Suite nº2 “Danza Final” de “El sombrero de tres picos” del compositor gaditano Manuel De Falla, o el “Bolero” de Maurice Ravel, pieza inspirada en una danza española y cuya versión de concierto es una de las obras musicales más interpretadas en todo el mundo”. Finalmente, no se pudo celebrar, y así se anunció por la megafonía a la hora exacta en la que debía haber dado comienzo.

Salimos del Teatro y nos acercamos a los componentes de la Orquesta que estaban explicando su postura a quien quisiera información directa junto a una pancarta reivindicativa, fundamentalmente porque quería manifestarles mi solidaridad con ellos. Hablé con dos componentes, profesores de oboe y clarinete, respectivamente, que nos entregaron un documento con un titular ¡Por el futuro de la orquesta!, en el que se ofrecía información y aclaraciones al último comunicado de la empresa sobre la continuidad de su postura actual, entre las que destaco su flexibilidad sobre su propuesta inicial, aunque la empresa no lo ha hecho así, mostrando un inmovilismo permanente, situación que entre otras se hizo patente ayer. También ofrecía un enlace para conocer toda la información a través del blog oficial del Comité, la ROSS por dentro, que recomiendo consultar para conocer con detalle lo que está pasando, lo que permite emitir juicios bien informados y no sólo de la parte oficial de la empresa, que también, aunque escasa.

A continuación, deseamos saludar al maestro y director en el concierto citado, Lucas Macías, a quien profeso gran admiración y respeto, como se puede comprobar en múltiples artículos y citas sobre él en este cuaderno digital. Pude estrecharle la mano y expresarle mi agradecimiento y reconocimiento por su trayectoria profesional honesta, de gran calidad artística y de éxito permanente, tanto como solista de oboe como de director de orquesta, puesto que compatibiliza de forma permanente en la actualidad en Oviedo y Granada. Me explicó que los ensayos habían ido muy bien y que sentía la cancelación del concierto, sobre todo por el público que deseaba escucharlo, dado que eran obras conocidas por el gran público y porque siempre les debe el respeto máximo.

Hubo una imagen que me impactó sobremanera. Junto al monumento dedicado a Mozart, muy cerca del Teatro, estaban bastantes profesores de la Orquesta Sinfónica con una pancarta reivindicativa desplegada y pensé que nadie mejor que él les podía servir de portavoz, con su trayectoria tan claramente proclive a los inconformismos, tal y como lo mostró en su trayectoria vital y profesional. Todo un símbolo. También comprendí mejor que nunca lo que Horacio Guaraní quiso expresar al mundo cuando presentó la canción Si se calla el cantor, como banda sonora de la película del mismo nombre estrenada en 1973, que hoy recuerdo especialmente habiendo vivido en directo el silencio de la Sinfónica de Sevilla:

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Si se calla la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, calla la vida de la ciudad, del mundo, simbolizado en cada acto en que no comparece por su legítimo derecho a la huelga, en una ciudad en la que el gran escritor Stefan Zweig dijo hace ya muchos años que «aquí se puede ser feliz», algo que le ocurrió a él en una visita llevada a cabo en 1905: «La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí se puede ser feliz”. Pero los responsables directos, públicos, Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla, que permiten que su trayectoria de los últimos años sea la crónica de una descapitalización artística y un deterioro anunciado de la misma, deberían ser conscientes de la gravedad de la situación, porque no sólo calla la vida, que mucho es, sino que si se calla de nuevo la ROSS, mueren de espanto la esperanza, la luz y la alegría. Incluso la felicidad de sus ciudadanos y ciudadanas, tal y como lo sintió Stefan Zweig. Una vez más, la Sinfónica de Sevilla se muestra como la pariente pobre de la cultura en esta ciudad. Una muestra clara es que según el comunicado del Comité de Huelga del pasado 27 de abril, “[…] el viernes pasado [21 de abril], el Pleno del Ayuntamiento de Sevilla rechazaba debatir una moción urgente en defensa de la ROSS y en apoyo de las demandas de su plantilla durante la última sesión ordinaria del mandato que había presentado la confluencia progresista encabezada por Podemos e Izquierda Unida. No parece compatible el rechazo de esta moción urgente con las manifestaciones de los responsables de la empresa por atajar el conflicto y evitar mayores consecuencias”.

Ante la situación tan compleja en relación con la huelga que permanece activa, agradecería que todos los responsables de la misma, obviamente aquellos que no dan su brazo a torcer en el diálogo, recordaran unas palabras del poeta sevillano Luis Cernuda, desde el exilio, dedicadas a sus paisanos: Más el trabajo humano / Con amor hecho, merece la atención de los otros, o lo que es lo mismo ante la huelga: el trabajo humano y profesional de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, merece la atención de la empresa y de la ciudadanía en Sevilla. Estamos identificados y no deberíamos mantener silencios cómplices ante lo que está pasando y estamos viendo durante este tiempo de huelga.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La polarización es necesaria en la ideología democrática: todos no somos iguales, ni vamos en el mismo barco

Sevilla, 28/IV/2023

Por si faltara poco para el debate político sano, ha saltado a la palestra política otra palabra, polarización, que conviene descubrir en su justo sentido y sacarla de las interpretaciones erróneas en las que se confunde a la sociedad a sabiendas de lo que se hace. Como lo primero es lo primero, ateniéndonos al correcto significado del vocablo, conviene señalar que “polarización” es la acción de concentrar la atención o el ánimo en algo y de orientar en dos direcciones contrapuestas, como dos acepciones principales de diccionario que se sitúan fuera de los fundamentos físicos que la rodean. En política, ha alcanzado unos niveles muy preocupantes, porque de la simple discrepancia en las creencias e ideologías políticas se ha pasado a la crispación mantenida en el tiempo y casi sin barrera alguna para encauzar los enfrentamientos que provocan, siendo una realidad alarmante que la llamada polarización política ya está en la calle desde hace tiempo, sin mezcla de entendimiento alguno.

En 2019 se publicó un estudio por expertos de la Universidad de Princeton y de Jerusalén, Cómo la ideología, la economía y las instituciones dan lugar a la polarización afectiva en las políticas democráticas, en el que se señalaba que España figuraba en primer lugar en el ranking de polarización afectiva en relación con partidos contrarios, en 20 democracias occidentales entre 1996 y 2015, incluyendo por primera vez en la comparación a los Estados Unidos, dándole un valor medio de 7,34 en la escala de 0 a 10, donde 10 denota máximo disgusto y 5 denota sentimientos neutrales hacia ese contrario, casi siempre relacionado este dato con la realidad del desempleo y a las políticas laborales de cada país en concreto. A España siguen Grecia, Francia y Canadá, por más señas de identidad de este patrón tan curioso pero real en la vida de este país. Una conclusión importante del estudio es que aflora siempre el debate sobre el papel que desempeña la polarización ideológica de las élites políticas de los partidos y su influencia en la conducción de la polarización afectiva a nivel de masas, en una correlación de responsabilidades dignas de un nuevo estudio.

En este contexto, he leído un artículo extraordinario de Joan Coscubiela, La polarización refuerza la democracia, con una entradilla que no deja lugar a duda alguna, llamando a la polarización por su auténtico nombre: “Eso que se presenta como mayor polarización es a mi entender la vuelta de la ideología a la política. Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”. Intenta recuperar en su artículo el autentico sentido de esta palabra, polarización, porque no es inocente: “Algo de eso está pasando con “polarización”. La usamos para referirnos a cosas tan distintas que, para explicarnos, tenemos que acompañar al substantivo con una infinidad de adjetivos –ideológica, partidista, afectiva, emocional, cotidiana–. Además, la polarización nos sirve como el “pharmacos” al que colgarle la culpa de todo lo que no nos gusta o nos produce desazón. Algunos incluso la utilizan para canalizar su melancolía –nostalgia de lo que nunca existió– de tiempos pasados donde supuestamente reinaba la armonía social y política. En su libro Polarizados –cuya lectura recomiendo–, Luis Miller utiliza los datos del CIS para constatar que la sociedad española está hoy más dividida. A partir del seguimiento de preguntas que se han ido repitiendo durante 30 años detecta un aumento significativo de la polarización de opiniones entre los votantes de diferentes partidos”.

Lo que verdaderamente me ha emocionado del artículo citado es cuando afirma sin ambages que “Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”: “Eso que se presenta como mayor polarización es a mi entender la vuelta de la ideología a la política. A partir de una obviedad, en nuestras sociedades existen conflictos de intereses entre diferentes sectores sociales y diversas maneras de abordarlos. Los hay sobre el modelo relaciones laborales o el salario mínimo. Sobre la consideración de la vivienda como un derecho humano o un producto financiero. Sobre el papel del Estado y el mercado en la economía y la sociedad. Sobre los derechos civiles de las minorías. Sobre las políticas de acogida de la inmigración. O sobre la igualdad de género. En definitiva, sobre el modelo de sociedad. En mi opinión esta polarización ideológica no solo no debilita la democracia, sino que la refuerza. Lo que erosiona la democracia no es la polarización, sino la indistinción política entre los diferentes partidos”.

Creo, por tanto, que estamos de enhorabuena si sabemos encauzar la polarización ideológica, porque todos no somos iguales, la política y políticos tampoco y así hasta el infinito de ejemplos. Lo que ocurre es que necesitamos identificar bien esa no igualdad, algo que muchas veces he definido en este cuaderno digital como una forma de saber en qué barco viajamos por la vida, en aforismos que vienen al caso, porque todos no vamos en el mismo. Asimismo, es importante destacar algo que explica muy bien Coscubiela: “Por eso no deberíamos identificar la polarización ideológica con las dinámicas de crispación organizada. Confundirlas es una estrategia que alimenta la extrema derecha y sus portavoces mediáticos para diluir sus responsabilidades. Pretenden hacernos creer que todos los partidos o medios de comunicación son igualmente responsables del clima de crispación. Y no es así.

En tiempos de polarización política, pensamiento único, deserciones políticas, corrupción, desencanto con casi todo lo que se mueve, justificaciones imposibles, desafección del compromiso social y mala prensa del sector público, es fácil iniciar conversaciones en las que los que piensan de forma diametralmente opuesta a nuestras convicciones suelen rematar la faena dialógica diciendo con sonrisa sarcástica algo que me enerva: al fin y al cabo, da igual lo que estamos discutiendo porque estamos diciendo lo mismo. Por si había alguna duda sobre este aserto tan vano, agregan un estrambote final más impresentable todavía: es que todos vamos en el mismo barco. No. Hay que huir como de la peste de las personas que opinan de esta forma con maniobras envolventes, querulantes, para agregarnos al Club de los Tibios e Indignos, que todos los días fletan barcos de desencanto y conformismo, porque no soportan verte en la cola del Club que está siempre enfrente: el de las Personas Dignas, siempre abierto, sobre todo para los que navegan en patera, en mares sociales procelosos y no suelen tirarse al mar cuando la sociedad en general va a la deriva.

Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este cuaderno digital. Estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo. Navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él, un mar repleto de desertores de la dignidad. Lo he sintetizado alguna vez en un aforismo claro y conciso, para personas “polarizadas”, sobre todo en estos días preelectorales: A veces, falta mar para recoger a todos los que se tiran del barco… A veces, falta barco para recoger a todos los que se tiran a ese mar…

Todos no vamos en el mismo barco de la indignidad, del desencanto, de los silencios cómplices, del conformismo feroz, del capitalismo salvaje, de la desafección social, de la no polarización ideológica por el qué dirán. Eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras.

Es probable que a estas pateras éticas y llenas de dignidad y esperanza, que tienen suelo firme pero no quilla, como la cáscara de una nuez, no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como a los tristemente famosos hombres vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico, financiero y ético mundial, desde un rascacielos en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares de patera, para ellos procelosos.

Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta. Es cuando tiene sentido seguir viajando en las pateras éticas que hacen singladuras difíciles y comprometidas con la sociedad que menos tiene, con un cuaderno de derrota (en lenguaje del mar) que lleva a localizar las islas desconocidas que tanto amaba Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba su cuento de la isla desconocida, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa, viajando en pateras de dignidad.

Todo lo anterior es lo que me lleva hoy a unirme a lo que afirma Joan Coscubiela en su excelente artículo: “Quizás la polarización ideológica, que canaliza los conflictos que surgen de los diferentes intereses sociales en juego, no solo no debilita la democracia, sino que la refuerza. Y en cambio, la polarización que se hace acompañar de gregarismo, hooliganismo o crispación la corroe. De momento y a la espera de la publicación del libro de Gonzalo Velasco “Pensar la polarización” continuaré leyendo y escuchando para intentar comprender la complejidad del fenómeno”. Gracias, Joan. Eso haré.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

El cine es el semblante de Meryl Streep

Meryl Streep (Summit, EE. UU.), 22 de junio de 1949)

Sevilla, 27/IV/2023

Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Hoy, me atrevería a decir, emulando humildemente al gran director americano, ídolo de mi infancia, que “el cine es el semblante de Meryl Streep”, en el sentido que el Diccionario de Autoridades, tan querido por mí, da a ese lema: «La representación exterior en el rostro de algún interior afecto del ánimo, […] de lo que se siente en el corazón» (RAE A, 1739). Quizá ha sido uno de los elementos humanos principales para haberle otorgado ayer el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia. A lo largo de cinco décadas, Meryl Streep ha desarrollado una carrera brillante encadenando interpretaciones en las que da vida a personajes femeninos ricos y complejos, que invitan a la reflexión y a la formación del espíritu crítico del espectador. La honestidad y responsabilidad en la elección de sus trabajos, al servicio de narrativas inspiradoras y ejemplarizantes, traspasan la pantalla y los escenarios con una impecable técnica interpretativa, armada únicamente con su gestualidad, voz y mirada. Activista incansable a favor de la igualdad, con su talento y rigor ha posibilitado que diferentes generaciones disfruten de interpretaciones inolvidables, conquistando el respeto que este gran arte merece”.

En este cuaderno tiene su sitio desde hace años, concretamente a través de dos películas excelentes de la actriz que tanto admiro, Memorias de África y Los puentes de Madison. En relación con la primera, escribí en 2019 un artículo, Memorias de Mozart, en el que unía la interpretación magistral de Meryl Streep con la banda sonora de la película, en un homenaje compartido con mi gran maestro musical Wolfgang Amadeus Mozart al contemplar, ensimismado, una galería de imágenes en el diario El País, dedicadas a Meryl Streep, la excelente actriz ganadora de tres Oscar y reconocida intérprete de películas inolvidables, entre las que escojo “Memorias de África”, que resume a la perfección lo que pienso sobre esta película: “La inolvidable banda sonora de John Barry, su bellísima dirección de fotografía o frases como “Yo tuve una granja en África, al pie de las colinas de Ngong” forman parte para siempre de la memoria colectiva cinematográfica. También la química exhibida por la pareja formada por Streep y Robert Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados del momento en Hollywood”. La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia. […] Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio. Para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en junio de 2019. Ni a mujeres excelentes como Meryl Streep y lo que representan para la historia de la humanidad”.

Respecto de Los puentes de Madison, volví a resaltar su figura en un artículo de 2021, Futuro imperfecto / 8. Todavía nos quedarán los puentes de Madison, encabezado por una frase de Francesca, la protagonista interpretada por Meryl Streep, que resumía bien su mensaje implícito en su semblante y sus eternos silencios en los que su mirada lo expresaba todo: Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida… ¡Hay tanta belleza! Dije entonces que en la película se trata una historia corta, muy corta, de cuatro días, aunque luego se transforme en una realidad inexorable para toda la vida: “Si me apuran, casi de un minuto, el momento álgido y en silencio de la mano de Francesca sobre la manecilla interior de la puerta del coche que, definitivamente, no se abre a una nueva vida. En un plano muy corto, pero rodeado de planos perfectos y secuenciales, se resume la película: abandonamos un camino, aparentemente de libertad, porque en el fondo nos da miedo cogerlo, estando rodeados de mundos muy difíciles de abandonar. Lo que viene después, es harina de otro costal. ¿Cuántas veces nos pasa esto? Lo que ocurre es que por esta vez, cualquier parecido de lo que les ocurre a Francesca y Robert, no es pura coincidencia con la realidad, sino la realidad máxima con su principio asociado. Pasa todos los días y me atrevo a decir que ahora mismo está pasando, pero el imperativo categórico de la moral establecida, que no ética en su sentido primigenio, pesa mucho en nuestras conciencias, sobre todo a los que somos mayores, como nos llama el Estado”.

Meryl Streep borda su interpretación en esta película, cuando todo empieza en los silencios que sufre Francesca como mujer, esposa y madre, excepcionalmente interpretados por ella en planos inolvidables. Su expresión lleva dentro el silencio de una vida anodina, reiterativa, frustrante, rota en definitiva, para una persona que antes de la emigración a América era una mujer italiana, nacida en Bari, culta y llena de proyectos. Su vida es un guion preestablecido e impuesto por la sociedad, del que no te puedes evadir, asunto tratado muy bien en el guion a través de la mujer rodeada de murmuración popular en el Condado. Francesca es el prototipo de mujer americana, rodeada de un supuesto bienestar económico y familiar pero que no coincide con su realidad anímica. Quizá sea una frase de su diario, la que resume bien lo dicho anteriormente: “Cuando una se hace mayor, los temores se apaciguan y lo que realmente se hace cada vez más importante es que te conozcan. Que te conozcan por todo lo que has sido durante esta breve estancia. ¡Qué triste me parece abandonar este mundo sin que aquellos a quienes más quieres sepan realmente quién eras!”. Efectivamente, suele pasar esto en muchos casos. El famoso puente Roseman pasaría a la posteridad.

A Meryl Streep la premian por su trayectoria, por su vida llena de detalles, “por dignificar el arte de la interpretación y conseguir que la ética y la coherencia trasciendan a través de su trabajo, con la virtud de subrayar que los seres humanos, y concretamente las mujeres, deben latir y destacar a partir de su singularidad, de su diferencia”, como lo ha reconocido el jurado al concederle el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2023. Ella misma lo expresa, simbólicamente, en Los puentes de Madison, en palabras que no olvido, cuando dirigiéndose con su mirada a Robert, el fotógrafo, le dice en un mar de dudas sobre si se debe ir con él o quedarse en su vida rutinaria: “Robert, por favor. No lo entiendes, nadie lo hace. Cuando una mujer toma la decisión de casarse, de tener hijos, de cierta manera su vida comienza, pero en otro aspecto termina. Construyes una vida de detalles. […] Sólo quiero conocer la rutina, el procedimiento para no perturbar tu vida ¿sabes? […] Te conviertes en una madre, una esposa, y en ese momento te detienes y te quedas quieta para que tus hijos se puedan mover. Y cuando ellos se van, se llevan tu vida de detalles con ellos”.

Definitivamente, me quedo hoy con el semblante de Meryl Streep a través de sus películas, porque define a la perfección qué es el cine. Indudablemente, con su rostro lleno de expresión, en silencio, como lo supo interpretar aquél fotógrafo que un día paró en la puerta de su casa para preguntar por un puente famoso, Roseman, para hacer unas fotos. Nos transmitió de forma simbólica algo importante: todo acabó donde había empezado, en ese puente, cumpliéndose el deseo de Francesca al esparcir sus hijos sus cenizas en sus alrededores. Es la maravilla del cine, una historia breve pero que al ser buena se convierte en dos veces buena. Un poema de Lord Byron, muy querido por Robert, estaba “dentro” de la vasija funeraria y se quedó con ella volando hacia el aire que quisieron respirar juntos en aquellos cuatro días mágicos, inolvidables:

Hay un placer en los bosques sin senderos,
hay un éxtasis en la costa solitaria,
hay compañía, allí donde nadie se hace presente,
al lado del mar profundo, y música en su rugido.
No amo menos al hombre, sino más a la naturaleza,
a partir de nuestros encuentros,
a los que asisto sigiloso,
a partir de todo lo que puedo ser,
o que he visto antes,
para fundirme con el universo y sentir,
lo que nunca puedo expresar
aunque me sea imposible ocultar
.

NOTA: la imagen se ha recuperado de Meryl Streep – Premiados – Premios Princesa de Asturias – Fundación Princesa de Asturias (fpa.es) 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

25 de abril: de nuevo, en cada esquina un amigo, una amiga y en cada rostro, igualdad

Sevilla, 25/IV/2023

Dedicado especialmente a nuestro hijo Marcos, a quien tanto queremos

Hace tres años, cuando estábamos viviendo la terrible pandemia en sus primeros días de absoluto desconcierto vital, escribí las páginas que siguen, que siguen teniendo el mismo valor que llevaban dentro en aquellos momentos tan difíciles, porque este día es un día especial, diferente, en mi persona de todos y en la de secreto, por las razones que vuelvo a recordar como si fuera ayer, ese 25 de abril de 1974, una fecha revolucionaria que no olvido. Este día es una hoja de calendario que me indica también, cada año, que hoy se celebra la festividad de San Marcos, el evangelista que hizo funciones de periodista para contarnos el día a día de una persona a la que seguía y admiraba mucho, Jesús, el líder nacido en Belén. Entre la revolución de los claveles y la del mensaje cristiano de base, llegó el momento de poner el nombre a nuestro hijo, Marcos, sin duda alguna. Era un símbolo de agradecimiento por lo aprendido en los años jóvenes y para que nunca olvidáramos el mensaje de este joven tan atrevido que nos contó hechos maravillosos de una persona humilde pero carismática, de nombre Jesús. Sólo por esas dos razones históricas, la revolución de los claveles y el nacimiento de Marcos, vuelvo a recordar hoy a protagonistas de historias ya contadas. ¡Ojalá no olvide nunca que en cada esquina puedo encontrar un amigo, una amiga y en cada rostro, igualdad!, como he cantado tantas veces en esta fecha tan especial, haciendo el coro a Jose Afonso, en su interpretación impecable de Grándola, Vila Morena.

Durante varias décadas, compraba este día con ilusión especial el diario personal de cabecera, El País, porque recogía siempre semblanzas y reportajes recordando la revolución de los claveles. Hoy, después de varios años sin comprarlo y leerlo en soporte papel, al haberme dado de baja por su cambio de rumbo ideológico y por el sometimiento drástico al poderoso caballero don dinero, lo he comprado de nuevo, para comprobar si seguía presente en sus páginas la revolución de los claveles y me he encontrado con una doble hoja que lo envolvía, con un anuncio de una empresa, Mango, en las que aparecía a toda página el jugador Antoine Griezmann luciendo los nuevos modelos de esta temporada, con una leyenda: Avanzar, presentados por el citado jugador. Sin comentarios. He retirado la portada y la contraportada envolvente y ha aparecido en la última página, ¡oh, sorpresa!, una entrevista interesante de Tereixa Constenla, a quien admiro, con un fotógrafo que estuvo presente en los primeros momentos de la citada revolución de los claveles, Alfredo Cunha, quedándome con dos respuestas de sumo interés dado el tiempo transcurrido: «Estoy satisfecho por la libertad, la democracia, el fin de la guerra y lo felices que fuimos. Estoy muy insatisfecho por la sociedad que hemos creado, la desigualdad, la corrupción y todo lo negativo que ha ocurrido. No culpo a este Gobierno, creamos un sistema que, en vez de producir riqueza, produce ricos. […] Mi padre era fotógrafo comercial y mi abuelo, también. Mi hermano era juez y mis hermanas eran amas de casa. Tenía una vida normal. Teníamos dificultades, todos los portugueses las tenían. Portugal era un país… hay una frase de Salazar que dice: “Somos infelices gracias a Dios”. Quiere decir que aquí vamos viviendo, es una forma muy portuguesa». Agradezco que El País haya recordado este día, que no es poco cuando amanece en momentos dolorosos de ocaso de la democracia.

25 de abril: en cada esquina un amigo, una amiga y en cada rostro, igualdad

Cada año vivo este día de forma especial. En primer lugar, porque celebramos el santo de nuestro hijo Marcos, no tanto por el olor de la santidad de su nombre sino porque su nombre programático, que ya he explicado otras veces en este cuaderno digital, me activa la memoria de hipocampo para recordar que poner el nombre no debe ser nunca una tarea inocente, sino un programa de vida que hay que cumplir. Marcos, un avezado “periodista” en tiempos de Jesús de Nazareth, hizo un trabajo encomiable: preparar las buenas noticias de un tal Jesús a pesar de hacer una maravillosa crónica de una muerte anunciada (lo que luego se llamó “evangelio”), de que el mundo podía cambiar, de que podemos ser diferentes, más siendo que teniendo: “Al apearlo de la peana santa, Marcos es hoy símbolo de revolución humana, de los que pensamos que todavía es posible ser personas en su real medida, la que cada uno desea a pesar de los pesares”. Marcos fue el intérprete directo y sincero de las historias que contaba Pedro sobre la amistad que tuvo con Jesús de Nazaret, y que le sobrecogió de tal forma que decidió grabarlas en su cerebro y transmitirlas boca a boca a toda aquella persona que quisiera escucharle, tal como lo ha confiado a la historia Eusebio de Cesarea: Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso (Eusebio, Hist. Ecl. iii. 39).

En segundo lugar, porque tal día como hoy, hace ya cuarenta y seis años, aprendimos de la revolución de los claveles que era verdad, que la vida puede y debe ser más agradable para todos, sobre todo para los que menos tienen. Y que las revoluciones silenciosas o ruidosas existen, son necesarias y triunfan cuando compartimos ideologías, sentimientos y emociones: “En 1974, tal día como hoy, 25 de abril, festividad de San Marcos, muchos portugueses pensaron en sus corazones que otro mundo era posible en su país y surgió la revolución de los claveles, con expresiones cantadas por Jose Afonso (Grândola, Vila Morena) de forma admirable:

“en cada esquina, un amigo
en cada rostro, igualdad…”

No es una fecha inocente, como le ocurre siempre a las ideologías cuando son sinceras y comprometidas con las personas que nos acompañan a vivir juntos, con el tu quiero y mi puedo que cada uno, cada una, mejor conoce, se aplica a sí mismo y entrega a los demás. El pueblo es quien más ordena, Marcos del siglo XXI, es otra estrofa preciosa de la canción cantada por Zeca. Lo recuerdo hoy porque lo aprendí de Marcos, del siglo I, en Galilea y de Jose Afonso, del siglo XX, en su pequeño rincón de Grândola.

En plena crisis de la pandemia por el coronavirus, siguen vivos hoy los recuerdos de lo que nos enseñó Portugal en su revolución y nos sigue enseñando hoy día en su inteligente y equitativa acción política sociosanitaria tan cercana y ejemplar. También, de épocas en las que luchábamos como ellos por salir del túnel de la dictadura, sobre todo cuando escucho también una canción contemporánea de Luis Pastor, que me marcó desesperadamente, gracias a la composición de fondo creada por Mario Benedetti en su compromiso activo y porque ahora, más que nunca, ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena / cada cual en su faena / porque en esto no hay suplentes:

Audio de Mario Benedetti recitando Vamos juntos

Vamos juntos (Letras de emergencia, 1969-1973, Versos para cantar)

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero

algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia

con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.
Reproductor de audio

Luis Pastor, Vamos juntos

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

“Intelectual” no es una palabra ambigua, tampoco inocente

David Jiménez Torres: La palabra ambigua. Los intelectuales en España (1889-2019). Taurus, 2023

¿Quién de nosotros, los que escribimos para el público, no ha usado, no ya una sino muchas veces, en estos últimos tiempos el sustantivo intelectual? […] Y la verdad es que si se nos pidiera a cuantos nos hemos servido de semejante denominación, el que la definiéramos, nos habríamos de ver, los más de nosotros, en un gran aprieto.

Miguel de Unamuno, 1905

Sevilla, 24/IV/2023

Ha llegado a mis manos un libro que me parece de un interés especial en un momento álgido de este país en el que los esfuerzos intelectuales se convierten en algo baldío ante tanta mediocridad que nos asola por tierra, mar y aire. Su título, La palabra ambigua (1), es una declaración de intenciones en sí misma, tal y como lo explica muy bien su sinopsis oficial: “Los españoles llevan más de cien años hablando -bien, mal y regular- sobre los intelectuales. Pero ¿qué hay detrás de este término huidizo?¿Es cierto que los intelectuales desempeñaron un papel fundamental en los años veinte y treinta del siglo pasado, y que también fueron importantes durante la Transición? ¿Por qué se les ha acusado tantas veces de haber traicionado su presunta esencia? ¿Qué lugar les otorgaron los distintos movimientos políticos del siglo XX? ¿Por qué, cuando la palabra se ha empleado para referirse a mujeres, ha servido también para cuestionar su feminidad? Y ¿desde cuándo se afirma que el intelectual ya no es tan influyente como lo fue en el pasado, que está «en crisis» o que incluso «ha muerto»? La palabra ambigua examina lo que en España se ha dicho sobre los intelectuales desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. De esta manera reconstruye la imagen que la sociedad española ha ido teniendo de las personas a las que el término designaba: su misión, su comportamiento, sus virtudes, sus errores, su relación con el poder o su responsabilidad en todo lo ocurrido desde la llegada de la Segunda República hasta la crisis de 2008. En este ensayo brillante y original -vertebrado sobre una gran cantidad de fuentes que van desde obras filosóficos hasta canciones de rock-, David Jiménez Torres expone los cambiantes contornos de un concepto al que Ortega se refirió como «la palabra ambigua», y ofrece una manera novedosa de asomarnos a la historia, la política y la cultura españolas”.

En su Introducción, el autor deja bien claro el propósito de su obra, para que no nos llamemos a engaño con un título que amenaza a priori con despistarnos del cometido principal de la palabra intelectual y de las personas intelectuales en este país, tan necesitado de ellos y ellas, para no cometer errores de género: “Este no es un estudio sobre unos individuos concretos, ni sobre los espacios y grupos que frecuentaron, ni sobre las ideas que propusieron, ni sobre su apoyo a —o denuncia de— determinados regímenes. Este libro se centra, más bien, en el largo y sorprendente viaje de una palabra: intelectual, en su uso como sustantivo. Una palabra cuya acepción moderna tiene unos ciento treinta años de historia y que, a lo largo de ese tiempo, ha ejercido una singular atracción. El objetivo es mostrar cómo se ha utilizado esa palabra en España, qué sentidos se le ha ido otorgando, en qué debates ha aparecido y qué nos enseña todo ello acerca de nuestra historia y nuestra cultura. Se busca explicar, por ejemplo, por qué tantas personas hoy en día tienen una idea formada acerca de los intelectuales, por qué esa idea suele tener una fuerte carga de atracción o de rechazo, y por qué suele estar ligada a episodios de nuestra historia como la Segunda República o la Guerra Civil”.

Es un asunto que me preocupa y que vengo explicando en este cuaderno digital desde el primer día en el que empecé a escribir en sus páginas en blanco, porque para mí, este blog, me exige un compromiso intelectual, ¡ya salió la palabra!, sobre el que escribí en 2006, habiendo transcurrido unos meses desde el comienzo de esta “singladura” literaria. Vuelvo a utilizar aquellas palabras, sin sacarlas de su texto y contexto, pero creo que las puedo suscribir hoy en su totalidad, sin sonrojo alguno y diecisiete años después, porque insisto para mí no tiene ambigüedad alguna la palabra “intelectual”, ni sus derivadas sintácticas y gramaticales.

Decía en aquella ocasión, en un artículo denominado El compromiso intelectual, que “Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tanta veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo”.

Lo dije ayer, siguiendo el espíritu y la letra de Fray Luis de León, lo he dicho a lo largo de estos años de vida del blog y lo sigo diciendo hoy: hay que poner la inteligencia de cada uno, de cada una, al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra, adquiriendo un compromiso asociado con la responsabilidad social, que lleva a dar respuestas ante la vida diaria, a través del conocimiento que trabajamos a diario y la libertad para desarrollarlo en beneficio del interés general. Como decía anteriormente, “esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza”. Creo que esta explicación recuperada hoy en una operación rescate en mi economía circular literaria y, por qué no decirlo, intelectual, me lleva a afirmar de forma rotunda que “hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario”. ¿Por qué? Fundamentalmente porque “cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista”.

Lo que queda claro hoy es que ser intelectual es una forma de dignificar la vida humana propia y la asociada. Para mí, no es un término ambiguo, ni tampoco inocente, en cualquiera de sus acepciones. Es uno de mis principios y si no gustan…, no tengo otros, a diferencia del ínclito y nunca bien ponderado Groucho Marx (que, por cierto, sabía lo que decía, como buen intelectual al uso, en su tiempo y en su momento).

(1) Jiménez Torres, David, La palabra ambigua, Barcelona: Taurus, 2023.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!