DATOS PÚBLICOS MASIVOS / 2. ¿Digitalizar el desorden?

Seguimos avanzando en esta serie. Creo que he declarado públicamente mi opción por aplicar inteligencia pública digital en todas y cada una de las acepciones contempladas en el post anterior, con un denominador común: la inteligencia humana, amplificada por la red neuronal pública, es un recurso imprescindible para predecir cómo se deben abordar problemas que afectan todos los días a la ciudadanía, a quien sirve la Administración en disponibilidad total, 24x7x365, con la ayuda de las TIC. Lógicamente, para dar respuestas en fracciones de segundo, en consultas de atención primaria, por ejemplo, como nos muestra un proyecto tan interesante como Savana, que sigo de cerca desde 2014. ¡Cuánto podría aportar la historia de salud digital en Andalucía, Diraya, a este proyecto!

He trabajado muchos años en la Administración y he sido testigo directo de cómo se puede digitalizar el desorden si los objetivos de la misma no se han definido previamente con carácter estratégico, confundiéndose permanentemente inversión digital con gasto público digital multimillonario que hasta permite ganar premios nacionales e internacionales, pero sin resultado práctico alguno, sin inteligencia digital aplicada. En estos momentos, se echa la culpa de todo a los recortes sin dedicar tiempo, espacio y dinero público a aplicar el análisis de big data de gasto público digital, que se puede hacer en muy poco tiempo, para constatar que con la aplicación inteligente, predictiva y estratégica de los análisis obtenidos, se puede deducir que hay que actuar con urgencia o, más aún, con un plan de emergencia digital, para que no se siga gastando dinero público en infraestructuras digitales y programas informáticos, digámoslo claramente, hardware y software al servicio teórico de la Administración, que no de la ciudadanía, que crece como esporas en chiringuitos digitales, sin mezcla de resultado alguno desde la perspectiva de interés general y solo para los exquisitos digitales que los controlan.

En la Administración no se debe digitalizar nada que no esté previamente ordenado, es decir, la ciudadanía, a quien sirve, debe tener garantizada la aplicabilidad digital de lo que se gasta en presupuestos digitales de amplio espectro. Y esto solo se consigue con estrategias públicas digitales, enmarcadas en políticas digitales, que declaran mediante disposiciones legales el alcance de lo planificado al servicio de la ciudadanía, de su empoderamiento digital, que también debe existir. Hoy, el tratamiento de big data de carácter público, permite analizar con urgencia qué está pasando en el seno de la Administración, con visión de Estado. Las tecnologías traspasan el ámbito del Estado de las Autonomías, con carácter transversal y esto hay que tenerlo en cuenta si no queremos seguir digitalizando el desorden, en ámbitos tan cruciales como empleo, educación, salud o servicios sociales. La inteligencia pública digital es poderosa y todo no es cuestión de dinero, como nos recordaba machaconamente aquél asesor de Clinton en la campaña de 1992, tan actual hoy: ¡the economy, stupid!

Apliquemos inteligencia pública digital a estos datos públicos que enuncio y veremos cómo es posible dar un giro copernicano a la política digital de nuestro país, en beneficio de todos. Objetivo: no seguir digitalizando el desorden, porque la inteligencia pública digital que existe ya en la Administración, tratada en clave de big data, puede ofrecer información predictiva a los propios profesionales y funcionarios, para ofrecer las mejores respuestas a la ciudadanía. Ordenadas digitalmente, en el amplio sentido de estas palabras.

Sevilla, 8/XI/2016

 

¡Pasen y vean!

congreso_de_diputados

Me gustaría escribir todos los días sobre el hilo conductor de este blog, la inteligencia digital. Pero están sucediendo acontecimientos en este país desde hace diez meses, de una importancia transcendental, que me llevan a reflexionar casi a diario sobre lo que nos ocupa políticamente en su sentido más profundo y como ciudadano pre-ocupado [sic] por la realidad social que se dirige desde el Gobierno correspondiente. He escrito en muchas ocasiones en este blog sobre las políticas públicas y sobre cómo se tendría que llevar a cabo la Política Digital, por ejemplo y entre otras de marcado interés general. Pero lo que está sucediendo en estos meses me sobrecoge porque la ética política que respalda la ideología, que nunca es inocente, es imprescindible en cualquier acción de Gobierno y ahora brilla por su ausencia con todo lo que ha ocurrido y que no debe pasar de forma desapercibida. Esta es mi razón principal para escribir ahora sobre «la cosa política» (res política), que es pública por cierto y que nos afecta a todos en el aquí y ahora de cada uno.

Estos días de investidura estoy recordando mi infancia en Madrid, cuando asistía los jueves por la tarde al circo estable Price para ver los espectáculos semanales que dirigían la familia Carcellé. Lo que está sucediendo estos días en el Congreso de los Diputados, dicho con todos los respetos, se asemeja ahora al mayor espectáculo del mundo, porque los números que estamos contemplando sabemos que solo son una representación bajo la sombra de una investidura anunciada, donde los discursos, réplicas, contrarréplicas, votaciones, mayorías absolutas y relativas están perfectamente recogidos en el guion político que todos conocemos de antemano. Es igual que lo que recuerda mi memoria de hipocampo de aquél circo de la niñez rediviva, donde comenzaba el espectáculo con la frase clásica del director de pista, ¡pasen y vean!, en el que los artistas de cada sesión, uno tras otro, desfilaban con trajes de lentejuelas y colores muy vivos, coronados por los payasos de mi época, Emy, Goty y Cañamón, entre aplausos enfervorizados. Sobre todo, cuando actuaban después los trapecistas con el triple salto mortal sin red. Tengo que decir al respecto, que cualquier parecido de este ejemplo con la realidad de hoy, no es ya pura coincidencia…

Efectivamente, en el Congreso y a la voz de ¡pasen y vean!, asistimos estos días a un espectáculo que aporta muy poco por manoseado y mal tratado en sede democrática. Primero, porque por enésima vez escuchamos discursos tras discursos del candidato y de los líderes y portavoces de los diferentes partidos que ocupan escaño en el Congreso, que al final siempre han dicho lo mismo en estos diez meses, para acabar ayer en una primera votación que ya se sabía que iba a ser igual que la anterior, es decir, vence el no matemático y vergonzante para algunos, de cuyo nombre no quiero expresamente acordarme. Aunque dentro de 48 horas esos «algunos» diputados cambien el sentido del voto en aras de la gobernabilidad de España. Sin comentarios. Segundo, porque se volverá a votar mañana sábado, eso sí con puntualidad suiza, para que se produzca un hecho, lamentable desde la ética política más heterodoxa, en el que se sabe de antemano que, con la abstención del PSOE, se podrá investir a Rajoy como Presidente del Gobierno de España. Está claro: NO es SÍ.

¡Pasen y vean! He recordado también que una vez se presentó en el Price el espectáculo de las motos voladoras. El director de pista, con voz engolada, anunció el número más difícil todavía, con una frase memorable, porque unos artistas portugueses tenían que subir y bajar en vertical por un majestuoso cilindro metálico a gran velocidad, obviamente sin caerse: “en el ejercicio que van a ver ahora, la palabra «miedo» ha sido sustituida por intrepideeez…”, con una «e» prolongada hasta el infinito que sobrecogía a nuestras almas pequeñas. Es verdad, ahora en el Congreso, la palabra NO ha sido sustituida por abstención, a secas, sin «o» prolongada… Más difícil todavía, desafiando al miedo y sin condición alguna. ¡Qué intrepidez!, comprendida tal y como define la Real Academia Española esta palabra en su segunda acepción, es decir, ¡qué osadía y falta de reflexión!, porque la primera, arrojo, valor de los peligros, ya lo han «demostrado» hasta la saciedad. Desgraciadamente.

Sevilla, 28/X/2016

La cara ya no es el espejo universal del alma

humores.jpg

Lo han descubierto científicos españoles en las islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea), según un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista JEP: General, de la Asociación Estadounidense de Psicología acerca de la sonrisa y sus significados en esa zona tan apartada del mundo en el que vivimos. Igualmente ha ocurrido con otra expresión facial, la del miedo, publicada también en este mes por la revista PNAS. Han llegado a la conclusión de que las expresiones faciales, como la sonrisa o el miedo, entre otras, son herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica interna. En unos sitios la sonrisa puede significar alegría, como en nuestro país, pero en Papúa Nueva Guinea representa una invitación o atracción social. Igual que el rostro habitual del miedo, que allí significa amenaza o enfado. Todos recordamos el famoso cuadro “El grito”, de Munch, aunque pensándolo bien podemos comprender ahora por qué el artista temblaba de ansiedad aquél día de 1892, cuando oyó un grito infinito y lo pintó como un arquetipo ejemplar y para la posteridad, de su azarosa vida de todos y, fundamentalmente, la de secreto. Muerto de cansancio existencial.

Más inquietante es la publicación del libro The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, en la que describe 156 emociones diferentes, no las cinco clásicas y más primarias y universales (hasta ahora…) que pudimos comprobar y sentir en la película de la factoría Disney, Del revés (alegría, tristeza, enfado, miedo, asco). Una me ha sorprendido mucho: “el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. «En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out [Del revés], pero la realidad, a lo mejor, es otra» (1).

Depende entonces nuestra cara del entorno cultural en el que cada uno vive y del humor que tenga ese día. Aunque tengo mis dudas, porque el sábado, viendo la película de Bayona, Un monstruo viene a verme, todos lloráramos ante lo que estábamos viendo. Nuestra cara, nuestras lágrimas sí eran en ese momento el reflejo de las almas que allí estábamos, sin distinción de edad o clase social. Quizá porque en la oscuridad estábamos solos y no interactuando con los demás. Luego las lágrimas, simbolizando la tristeza pasajera, son el espejo del alma. Cuando está sola (esa es la cuestión). O cuando se van los sueños, ideologías y personas que queremos, como pasa en Papúa Nueva Guinea. Tan lejos…

Sevilla, 18/X/2016

(1) Ansede, Manuel (2016, 19 de agosto). El pueblo en el que la sonrisa no significa alegría. El País.com.

NOTA: la imagen representa los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Imagen recuperada de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Alletemp.jpg, el 2 de marzo de 2008.

Todos no somos iguales

He recibido hoy una carta del director del diario EL PAÍS (se adjunta al final de este post), que le honra, en la que me comunica que ha conocido mi solicitud de baja de la suscripción del periódico “como muestra de desaprobación por nuestra cobertura de la reciente crisis en el PSOE y, en particular, por nuestro editorial del día 29 de septiembre”. Me transmite “con toda sinceridad su tristeza” por esta decisión, aludiendo a que siempre ha sostenido como director que “los lectores son los verdaderos dueños del periódico, y que nada de lo que hacemos aquí tiene sentido ni razón sin los lectores”.

Continúa en su carta explicando que “No descarto que nosotros, como medio que pretende estar lo más cerca posible del ánimo de esa sociedad [aludiendo a un párrafo anterior dedicado a la explicación de la turbulencia política en la que estamos inmersos], hayamos sido presa, en el editorial que aludo o en alguna otra oportunidad, de la misma efervescencia que denunciamos y combatimos. Si así ha sido, o lamento profundamente”.

Finaliza su carta con estas palabras: “Como le decía, trabajamos para nuestros lectores. Así es que, tomo nota de su queja y haré lo que esté en mi mano para corregir errores. Confío en que estas líneas puedan servir para recuperar su confianza en EL PAÍS. Si es así, se lo agradezco de corazón e intentaré no volver a decepcionarle. De lo contrario, sepa que valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”.

Para las personas que no han podido seguir el hilo conductor de mi posición al respecto en la semana de autos, creo que hay un post en este cuaderno digital que sintetiza bien la citada toma de posición. Me refiero concretamente al que escribí el pasado 1 de octubre, Se cerrarán las grandes alamedas…, así como alguno posterior, en el que expresaba mi desencanto con los poderes fácticos de este país entre los que incluí de forma expresa al diario EL PAÍS: “Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo”.

Como es de bien nacido ser agradecido, lo hago en esta ocasión reproduciendo fielmente la carta del director de EL PAÍS, Antonio Caño, que me ha dirigido el pasado 7 de octubre y que le agradezco especialmente. Soy un ciudadano de a pie, con conciencia de clase, que suelo ir con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, también del timbo al tambo como le gustaba decir a García Márquez, que sigue creyendo en la importancia del movimiento celular de las bases individuales, sociales y de partidos que, junto a otras, pueden al final mover el mundo, siendo España una parte importante en este momento de autos, como decía anteriormente, para que la democracia participativa y exigente con los derechos y deberes de la ciudadanía, sea un ejemplo a seguir siempre.

Por ahora…, sigo sin comprar EL PAÍS. Desde la economía de mercado y sin ser el estúpido de la famosa campaña de Clinton, sé que no supone nada para ellos perder una suscripción, pero me ha dado que pensar la frase de Antonio Caño, su director: “[…] valoro su baja, como la de cada uno de nuestros lectores, como una pérdida irreparable”. Le creo y lo asumo…, porque todos no somos iguales.

Sevilla, 17/X/2016

carta-el-pais

La verdad viene a vernos siempre

Es un honor para este país la realización de una película preciosa, Un monstruo viene a verme, dirigida por Juan Antonio Bayona, que he visto y sentido con admiración absoluta. Con independencia de la protección mediática de Mediaset en su carta de presentación, nunca inocente en el tratamiento de sus mercancías, hay que reconocer su calidad excepcional, basada en un best-seller de corte cinematográfico escrito por Patrick Ness (guionista asimismo de la película), sobre una idea original de la escritora Siobhán Dowd, especializada en literatura infantil, que murió antes de finalizar su obra en ciernes. Cuenta con un reparto en el que se mezcla la calidad de actores consagrados con noveles, como se demuestra en el del papel principal del adolescente Conor O’Malley, que interpreta magistralmente desde el más puro anonimato Lewis MacDougall, junto a Felicity Jones (su madre), Liam Neeson (el monstruo-tejo de sus sueños), Sigourney Weaver (su abuela) y Geraldine Chaplin (directora del Colegio).

El argumento traduce la compleja realidad del mundo infantil y adolescente que tiene que enfrentarse a hechos reales que conforman la tríada de acoso escolar, separación de los padres y enfermedad letal de la madre, en un mundo que poco favorece la comprensión de situaciones límite en almas de niño. Todos podemos sentirnos reflejados en el sentimiento de Conor, cuando todos los días y a las 12:07 horas de la noche, da paso a la realidad terca de los sueños como respuesta a deseos que no se cumplen en la vida ordinaria, convirtiéndose en pesadillas. Hasta que un día y a esa hora un monstruo le espera en el jardín de su casa, que personifica el árbol viejo y robusto, un tejo, que veía con frecuencia desde la ventana de la cocina. Ahora tiene brazos que le cobijan, piernas y una cara aterradora con ojos luminosos y con tres historias que contarle, aunque con una condición: él, a pesar de su corta edad, tiene que contarle también una cuarta historia, que es la última y quizá la más importante.

Las secuencias animadas de las tres historias contadas por el monstruo son excelentes y de alto contenido educativo, aunque enigmáticas y contradictorias para Conor, porque la verdad es una dialéctica casi imposible de entender en la vida, que nunca es un cuento. Cuando al finalizar la película parecen resueltos por pura resignación los problemas que genera siempre la verdad, te levantas de la butaca del cine pensando en lo duro que es seguir viviendo todos los días enfrentándonos ya como adultos a las verdades que sentimos en nuestra persona de secreto y que pocas veces contamos a los que más queremos. Es lo que Bayona pretende decirnos al oído, para que sigamos escribiendo el mejor guion de nuestra vida. Con esta película, él nos ayuda, porque no solo es mercancía, sino un catálogo sucinto de pequeños derechos y deberes para seguir viviendo con dignidad y con la verdad por delante a pesar de todo.

Sevilla, 16/X/2016

¿Por qué la llaman abstención cuando quieren decir renuncia?

GROUCHO Y CHICO.jpg

Una vez más recuerdo a Groucho Marx (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?), cuando pienso en una palabra vergonzante en este país, abstención, que no amor, para un partido concreto de la llamada izquierda, de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. Es clamorosa la situación que se ha creado en torno a esta palabra, de las que se buscan en estos días y desesperadamente sinónimos y antónimos, para no pronunciarla más en foros que comprometan la credibilidad de unas siglas muy concretas. Incluso se está elucubrando sobre la utilización de fórmulas aritméticas que solo sonrojen a los votos personales que se necesiten finalmente, “técnicamente” llaman algunos, para “abstenerse” en la votación de investidura y facilitar de esta forma el gobierno de Rajoy. Todo para no llamar a las cosas por su nombre, en beneficio de todos.

Estamos asistiendo a un gran espectáculo de renuncia ideológica de un partido que se vanagloria de una tradición de más de cien años, con solera política. Se trata de renunciar definitivamente a luchar por una alternativa de progreso y de diálogo incansable, mandatado por las urnas, con otras formaciones que puedan sustentar una ideología latente y manifiesta para acabar con una situación lastrada por la corrupción y que, de forma vergonzante, estamos recibiendo mensajes a diario en las últimas declaraciones del cabecilla de la red Gürtel, que algunos viven como si pasaran por allí algún día y hubiera ocurrido algo que ya no les concierne: “ocurrió hace ya muchos años”. De vergüenza manifiesta. Por cierto, estos “algunos” pertenecen ya, con desparpajo total, a cualquier hemisferio: norte, sur, este y oeste. Lo digo por lo de la derecha e izquierda, arriba o abajo, que da igual en este caso.

En la cultura lingüística de España, la palabra “abstención” se recogió por primera vez en 1853, en el diccionario enciclopédico de la lengua española de Gaspar y Roig, definiéndose como “virtud o acto de prescindir de una cosa por lo común material”. En la actualidad, la primera acepción es “acción y efecto de abstenerse”. Creo que nos da la razón el diccionario en su trazabilidad histórica, porque con este acto que se convertirá próximamente en la crónica de una abstención anunciada, se prescindirá de esta virtud de votar porque, al fin y al cabo, es solo algo material, aunque se lleve por delante la ética que lo sustenta que, para algunos, es perfectamente renunciable.

Y como hay que construir un relato creíble para millones de personas y, sobre todo, para militantes y simpatizantes del PSOE, no toquemos la palabra “abstención”, que así son las rosas (nunca mejor dicho). Busquemos sinónimos y antónimos, sobre todo renunciemos a la quintaesencia de la creencia política que da identidad al partido socialista, cueste lo que cueste y a cualquier precio. Hablemos de “gobernabilidad” consecuente, por ejemplo, renunciando a cualquier atisbo de crítica sobre lo que ha sido lo tradicional de la “gobernabilidad” antecedente durante los últimos cuatro largos años y que tanto sufren millones de ciudadanos españoles todos los días, hoy mismo. Creo que está naciendo una nueva teoría política sobre gobiernos imposibles, pero algunos eruditos a la violeta se empeñan todos los días en sentar cátedra al respecto. Veremos.

Sevilla, 15/X/2016

Es algo personal

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Juan Manuel Serrat, Algo personal

Cuando veo un informativo en televisión o leo noticias en periódicos atómicos o digitales, en los que de forma recurrente está presente la guerra de Siria, el camino errante de los refugiados, las lanchas que se pierden para siempre en el Mediterráneo, la niña de Mallorca que es golpeada sin piedad por compañeros del Colegio, mujeres maltratadas, agresiones sexuales, corrupción política, niños que viven con amargura su realidad diferente de ser y estar en el mundo con los demás y el paro galopante que golpea a familias completas en nuestro país, me acuerdo siempre de una canción preciosa de Serrat, Algo personal, porque entre esos tipos que propician estas situaciones tan dolorosas y yo, efectivamente, hay algo personal.

Sería mucho más importante y de amplio impacto social que entre esos tipos y los Estados, incluido el nuestro, hubiera también algo personal, para que las consecuencias de su existencia pasaran de ser noticia a hechos atendidos con prioridad absoluta sobre otros, porque ya está bien de mirar hacia otro lado calificándose siempre como noticias molestas, porque mientras que no se actúe con contundencia política, ética y práctica, no se eliminarán del imaginario diario de nuestras vidas.

Por eso vuelvo a escuchar a Serrat, porque a esos responsables de estas situaciones “Probablemente en su pueblo se les recordará / como cachorros de buenas personas, / que hurtaban flores para regalar a su mamá / y daban de comer a las palomas. / Probablemente que todo eso debe ser verdad, / aunque es más turbio cómo y de qué manera / llegaron esos individuos a ser lo que son / ni a quién sirven cuando alzan las banderas”. Ahora comprendo, mejor que nunca, que entre esa clase de tipos y yo sigue habiendo algo personal.

Sevilla, 12/X/2016

Se cerrarán las grandes alamedas…

psoe

Hemos vivido una semana para olvidar en la historia de la democracia española. Lo sucedido con el golpe de estado político en el Partido Socialista Obrero Español, contra Pedro Sánchez como Secretario General por parte de los críticos pertenecientes a la Comisión Ejecutiva del PSOE, para forzar la salida vergonzante de su cargo, sin esperar al escenario democrático de hoy en el Comité Federal, donde se podría haber debatido todo con métodos ortodoxos en democracia interna y externa, es para lanzarse a la noosfera de internet y no quedarse callado mediante silencios cómplices tan frecuentes en este país. Obvio entrar en detalles ya conocidos de forma manifiesta por los medios de comunicación durante toda la semana, porque siento vergüenza ajena con lo sucedido hoy en la sede del PSOE, que habrán contemplado en vivo y en directo millones de personas en este país y fuera de él, ofreciendo un espectáculo impresentable desde la perspectiva de valores democráticos de un país civilizado.

Lo que verdaderamente he sentido, como ciudadano de a pie, preocupado por lo que sucede en España, en su presente y futuro más próximo, es la flagrante participación de los poderes fácticos de este país y de fuera de él, es decir, el poderoso caballero don dinero, que meten sus narices en los acontecimientos de estado, siendo responsables directos, indirectos y circunstanciales de todo lo ocurrido. El eslabón perdido de Felipe González en la cadena SER, pasando por Bono en Colombia, los miembros de la ejecutiva que han dimitido y las manifestaciones en batería de los barones socialistas contrarios a Sánchez, han mostrado junto a medios de comunicación de todo cuño, los de siempre y los sorprendentemente nuevos que se agregan a esa lista de la derecha de siempre, que el golpe de estado político había que darlo sin contemplaciones contra la cúpula actual del PSOE, como si fueran unos facinerosos, demostrando que todo estaba atado y bien atado. Un ejemplo lamentable es el que viene dando desde días atrás el diario El País, que me duele especialmente, porque desde su nacimiento en 1976 soy un lector asiduo hasta estos momentos en los que estoy pensando darme de baja en la suscripción anual que mantengo. Siempre he apreciado su cordura en los editoriales que leo de forma casi obligada día a día, pero lo que he leído esta semana en sus editoriales con ataques continuos a la persona de Pedro Sánchez, sin contemplaciones, sobrepasa todos los límites que se puedan pensar en democracia periodística. Su implicación no es inocente, como casi nunca en lo que afirma, pero lo de esta semana alcanza cotas muy preocupantes para la fijación de los límites éticos del periodismo.

Lo han conseguido entre todos, han matado políticamente a Sánchez y él solo se murió, como conocemos por el dicho popular, porque la Gestora ya está aquí. Imagino hoy que tanto el Partido Popular como Ciudadanos estarán frotándose las manos porque el trabajo sucio ya está hecho. La Presidencia de Rajoy está más cerca que nunca, mediante la abstención del PSOE, palabra mágica con mayúsculas, ABSTENCIÓN, que nadie del sector crítico se ha atrevido a pronunciar antes y en el momento de autos del golpe, porque era la palabra en consigna, en clave criptográfica, del sector autor del golpe, que la ha rebautizado con el nombre de “gobernabilidad”.

Por eso he titulado este artículo con unas palabras contrarias al sentido de las que pronunció Allende el día del golpe de estado en Chile, en septiembre de 1973. La democracia en España, con el ejemplo de lo sucedido con la caída de Sánchez y el asalto a Ferraz, se resentirá y no permitirá durante un tiempo y para muchas personas, que lleguen días en las que se abran definitivamente las grandes alamedas del hombre libre, porque hoy nos han enseñado que algunos están más cómodos cerrándolas, al menos temporalmente, para llevar a cabo los trabajos de fontanería que gusta al poder fáctico de siempre, hombres de negro incluidos, para garantizar el Gobierno de Rajoy a corto plazo, tan ejemplar él a pesar de todo lo sufrido bajo su mandato. Sencillamente lamentable, siendo esta la razón por la que, humildemente, no he querido abstenerme de opinar hoy en este cuaderno tan querido, que persigue siempre la búsqueda de islas desconocidas de libertad.

Sevilla, 1/X/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: https://ignaciotrillo.files.wordpress.com/2012/10/psoe-roto1.jpg

El rincón de escuchar

Entre otras obras iniciáticas, estoy preparando el comienzo de mis clases de piano, el jueves próximo, perfeccionando los matices del mal llamado Adagio de Albinoni (Adagio en sol menor, arreglado por Remo Giazotto en 1945, sobre compases de una melodía encontrada en las ruinas de la Biblioteca Estatal de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial y atribuidos a Albinoni), que en mi clave suena de forma especial, sobre todo si utilizo los registros del órgano barroco. Escucho con frecuencia la interpretación de Xaver Valnus, tocando esta obra tan sobrecogedora en el órgano del Palacio de las Artes de Budapest, para aprender de él el sentimiento que refleja por la forma de acariciar las teclas superpuestas.

Hoy quiero compartirla con las personas que viajan conmigo en este espacio digital, porque creo que todos necesitamos un pequeño respiro en el rincón de escuchar del terco día a día, inspirándonos en composiciones tan bellas como ésta, que nos proporcionan paz de espíritu. Es lo que siento al tocarla, sobre todo cuando dialogan los dedos de las dos manos en los diferentes claves y compases de la melodía y hasta su portentoso final.

Sevilla, 27/IX/2016

Esperando a nuestro Godot político

esperando-a-godot

Se han celebrado ya las elecciones en Galicia y País Vasco y… no hay nada nuevo que celebrar, porque seguimos esperando a nuestro Godot político que sabemos que no está en los cielos, ya que ni siquiera se asaltan para reducir la espera. Como si no hubiera pasado nada, todos podemos ser hoy en España como Vladimir y Estragón, los dos vagabundos de la famosa obra de Samuel Beckett, que seguimos esperando a un tal Godot político que según dicen los viejos políticos del lugar ni existe ni se le espera.

Pertenezco a una generación que lleva mucho tiempo esperando a ese tal Godot, que durante muchos años nos intentaron convencer que era lo más parecido a Dios, pero que luego algunos descubrimos que era un ser imaginario que no existía en la realidad terca de cada día. Por ese motivo lo he recordado hoy, porque en la situación política actual podemos caer en la tentación de creer que necesitamos un Godot para salvarnos o por lo menos para que nos lleve por el buen camino político en nuestro país.

Pero Godot no existe, ni se le espera, aunque algún líder se empeñe todavía en demostrarnos que hoy todavía no viene, como cualquier Ernst Bloch aficionado, pero mañana sí, sabiendo de antemano que es mentira. Pero ya lo he manifestado en varias ocasiones en este blog: si en política, determinados políticos de siempre dijeran alguna vez la verdad, mentirían. Porque sigo defendiendo que todos no son iguales, con perdón de Godot si es que existe.

Me voy a la cuarta pared, a la que pertenezco desde siempre y leo un párrafo inicial de la obra citada de Samuel Beckett, para ambientar humildemente el escenario de representación en el gran teatro del mundo en el que cada uno desempeña un papel: Un camino en el campo. Un árbol. De tarde (Primer acto). Como la vida misma, nada más, porque todos seguimos esperando a un tal Godot, político por más señas, que en verdad no existe. Y asalto el escenario para decir a los principales actores políticos de hoy que no somos vagabundos o ignorantes, que hemos votado ya dos veces, que ya está bien, que por qué no se sientan a dialogar y a comprender que en la nueva mesa política tiene que estar la mayoría que ha salido en las urnas, variopinta, diversa, abierta, dialogante, soñadora (¿por qué no?), realista, atenta a los que menos tienen, que marquen prioridades políticas que forjarán el presente y el futuro de este país en ámbitos tan delicados como la educación, la salud, los servicios sociales, la economía social y distributiva. Que tenemos prisa personal y social legítima. Que se den cuenta de que todos no somos iguales y que eso se nota en los votos emitidos. Porque, de verdad, el nuevo Godot político ni existe, ni se le espera, por mucho que se empeñen en demostrarnos lo contrario.

Sevilla, 26/IX/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://asbarez.com/App/Asbarez/eng/2012/04/Waiting-for-Godot-1.jpg