Nueva imagen, nuevas ilusiones, nuevas ideas

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Mercedes Sosa, Todo cambia (letra de Julio Numhauser)

Dedicado especialmente a mi hijo Marcos, porque hace nueve años que me animó y asesoró para que iniciara esta maravillosa aventura de escribir y proyectar mis creencias, ideas, sueños, imágenes y palabras en este blog. Ahora, porque ha sido el artífice, con la calidad técnica que le caracteriza, de que todo esté a punto para cambiar la imagen y servicios de este cuaderno de inteligencia digital que busca islas desconocidas. Porque sabe tratar muy bien los sueños de los demás.

Como habrán observado las personas enroladas en esta “Isla Desconocida”, un barco muy querido por Saramago, el blog ha cambiado su imagen con un nuevo tema llamado Sorbet, que ofrece novedades de interés para todos. Fundamentalmente, la letra que utiliza, muy clara en su trazado y cuerpo, así como nuevos accesos a post de interés particular a través de los buscadores, calendario que resalta en rojo las entradas en un determinado mes, la nube de categorías, enlaces a post relacionados, rebloguear, clics “me gusta”, así como la disponibilidad de las llamadas “Páginas” de especial interés donde he situado por orden alfabético las publicaciones en formato libro que están a la libre disposición de las personas interesadas, con la única salvedad de que no se conviertan en mercancía o se copien sin hacer referencia a su autoría, sobre todo porque no son inocentes, estando protegidas por la licencia Creative Commons 4.0. También lo he acercado más a las redes sociales, ya que se pueden incorporar automáticamente seguidores, así como conectar directamente el post leído con Facebook, Twitter, Google +, etc. Por último, el blog se puede visualizar indistintamente desde un ordenador de mesa, tableta o teléfono inteligente, sin perder calidad alguna.

He esperado una semana para hacer públicos estos cambios, hasta que he consolidado en términos de calidad sentida y percibida todas las publicaciones desde diciembre de 2005, dado que ya cumplirá el próximo mes nueve años de singladura y quería garantizar la consistencia de este nuevo formato en todos y cada uno de sus textos e imágenes.

WORDPRESS

Sigo editando con WordPress, como desde el principio, por convencimiento pleno de lo que se denomina conocimiento libre y transferencia social del mismo, utilizando WordPress una avanzada plataforma semántica de publicación personal orientada a la estética, los estándares web y la usabilidad, con tecnología básica de software de fuentes abiertas. Además, porque WordPress es libre y, al mismo tiempo, gratuito.

Cambia, todo cambia. Ya lo dije en 2007, cuando celebraba el tercer aniversario del comienzo de esta singladura digital y me reafirmo en aquellas palabras porque son la quintaesencia de este blog: “He vuelto a abrir el cuaderno de derrota [en lenguaje del mar], sabiendo que el rumbo o dirección me lleva siempre a alguna parte previamente analizada en cartas náuticas/neuronales desplegadas en la corteza cerebral. O no, porque la isla desconocida guarda en sí misma un secreto a voces: solo se la conoce cuando se sale al exterior de uno mismo: es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (José Saramago, El cuento de la isla desconocida)”.

Y he vuelto a salir al exterior, buscando nuevas ideas, nuevos sueños, nueva imagen, para conocer todavía mejor este cuaderno de inteligencia digital, que ya leen muchas personas, más de quinientas setenta mil a lo largo de nueve años.

Sevilla, 16/XI/2014

La doble cara del emperador Augusto

AUGUSTO2

Ayer leí una entrevista extraordinaria de Guillermo Altares a Adrián Goldsworthy, Lecciones de Augusto para un mundo en riesgo. Augusto, emperador del presente, con motivo de la publicación en España de su obra “Augusto. De revolucionario a emperador” (1), porque aborda cuestiones de actualidad política en nuestro país. Es verdad que una imagen vale más que mil palabras y en este caso es así. El busto de Augusto, encontrado en 1910 en Meroe (Sudán), refleja cara de preocupación pese a la juventud que intenta representar el autor del mismo. Los ojos tristes, sobre todo, así como la comisura arqueada de los labios, simbolizan muchas caras de hoy ante lo que está pasando en el ámbito político, donde la democracia sale mal parada siempre: “Cuando [la democracia] se rompe, aparece gente como él”, afirma Goldsworthy.

El emperador Augusto, personaje histórico controvertido ante todo, plantea numerosos interrogantes en su recorrido vital que pueden servirnos de lecciones en la democracia española actual y a nivel mundial: “Cayo Octavio (63 antes de Cristo-14 después de Cristo), bajo el nombre de César Augusto, es una figura ineludible para entender lo que fue Roma y, por tanto, lo que somos nosotros y, a la vez, absolutamente contemporánea, porque su biografía plantea cuestiones cruciales como el naufragio que puede sufrir una democracia cuando sus instituciones dejan de funcionar o la tragedia de tener que elegir entre el caos o la dictadura (libios, iraquíes y sirios tendrían mucho que decir sobre este tema)”.

De la entrevista publicada, he reflexionado sobre algunos extremos clarificadores. El primero cuando Goldworthy afirma que cuando el pueblo está desesperado, desencantado, se puede aceptar cualquier líder que proporcione paz y estabilidad. Es un aviso para caminantes actuales, porque a río revuelto ganancia de pescadores… o salvadores de la patria, entrando como caballo en cacharrería en lo que hasta ahora ha funcionado con más o menos efectividad. La figura de Augusto se movía en la dialéctica tiranía/buen gobierno, siendo un modelo muy peligroso, siendo del color que sea la citada tiranía o dictadura, en términos contemporáneos.

En segundo lugar, las leyendas urbanas engrandecen a personas probablemente pequeñas, porque el populismo es la gran tentación de algunos políticos cuando llegan al poder. No se puede agradar a todo el mundo, pero se pretende y al final surge el león dormido de los gobernantes, de múltiples formas, pero aparece. Las apariencias temporales engañan, como pudo ser en la anécdota recogida por el autor de esta monumental biografía: “cuando [Augusto] ordenó construir el foro, los propietarios de unos terrenos se negaron a vender y él no quiso ni expropiar, ni quitárselos por la fuerza, por eso el foro no es un rectángulo, sino que le falta una esquina. Prefirió que su gran proyecto arquitectónico fuese imperfecto a saltarse su propia ley”. El que quiera entender que entienda.

Además, la dialéctica sempiterna con la religión, cristiana por más señas. El empadronamiento ordenado por Augusto y recogido por el evangelista Lucas, dejaba entrever que el gobierno romano estaba organizado más allá de sus fronteras naturales, aunque no temblaron sus huestes ante la insurrección de un profeta revolucionario llamado Jesús de Nazareth, cuyo “reino” no era el de Augusto. Es importante también esta reflexión sobre el nerviosismo de los emperadores de hoy de nuevo cuño, con trajes nuevos, cuando surgen voces disidentes con visión nueva y a veces profética ante la corrupción desnuda.

En cuarto lugar, su cara misteriosa espléndidamente representada en el busto citado anteriormente, “encarna el misterio y el abismo del poder. Y por eso será siempre nuestro contemporáneo”, tal y como finaliza su entrevista Guillermo Altares. No se nos debe olvidar esta lección de historia, que no será nunca tal y como me la contaron en mi infancia, donde Augusto fue el emperador que quiso acabar de una vez por todas con alternativas a su poder corrupto ante el Senado, a través de un ciudadano de su imperio, no empadronado, llamado Jesús, rey de los judíos, un revolucionario que no quiso ser emperador, que contaba cosas muy interesantes, que formó un gran equipo y que quería atender sobre todo a los más desprotegidos, a los engañados por el poder. Y era una persona corriente, lo que suele poner muy nerviosos a los malos gobernantes: cuando se cansaba, dormía sobre el cabezal del barco, como nos lo contó hace ya muchos años un joven periodista de nombre Marcos.

Sevilla, 9/XI/2014

NOTA: La fotografía es un fragmento de la publicada en la entrevista citada en el post, recuperada de http://cultura.elpais.com/cultura/babelia.html.

(1) Goldsworthy, Adrian (2014). Augusto. De revolucionario a emperador. Madrid: La Esfera de los Libros.

Personas, no basura

INMIGRANTES
El grupo de inmigrantes (1), en el momento de su traslado en un camión del servicio de basuras. / BORJA SUAREZ (REUTERS)

Esta imagen de una playa de Maspalomas (Gran Canaria) vale más que mil palabras, porque resume muy bien el estado de la falta de ética que está arraigando en nuestro país. Es una mezcla de miedo, ignorancia, desprecio, sinsentido, hartazgo de los pobres, de los sin papeles, de los subsaharianos, de las pateras, de ese mundo que no queremos ver ni que nos lo recuerden a diario. Parece que ese fuera su sitio, el camión de la basura del primer mundo, aunque no lo hayan pretendido las autoridades competentes, pero leer la noticia (1) es cuando menos sobrecogedor.

España debería pararse un tiempo para reflexionar sobre lo que está pasando, fiel reflejo de lo que también sucede fuera del país, pero algo no va bien cuando no sabemos reaccionar ante estas situaciones, donde echamos la culpa al ébola. Pero esa no es la razón auténtica. Existe un miedo escénico a esta enfermedad, es verdad, pero ya sabemos que se puede vencer. Aún en el peor de los casos de que se hubiera comprobado que estas personas estaban en un proceso de ébola, no son las formas adecuadas tenerlos cinco horas al sol, rodeados de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, sin atención directa, como apestados. Han sido una vez más los miembros de Cruz Roja y médicos de la Consejería de Sanidad de Canarias los que con su apreciación directa han descartado tal eventualidad y ya han podido ser evacuados…, sin dignidad alguna, en el camión de la basura de la playa, a pesar de sus advertencias.

Creo que es urgente tomar cartas en el asunto y los poderes políticos tienen una gran responsabilidad, sin que tengamos que esperar a las próximas elecciones. Se impone celebrar inmediatamente un pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados y en los diferentes Parlamentos Autonómicos, para sentarse y dialogar sobre los puntos de convergencia que sentimos todos como imprescindibles para negociar una salida digna a esta crisis, pasando inexcusablemente por abordar urgentemente medidas extraordinarias contra la corrupción, paro y blindaje de derechos fundamentales, con prioridades que se reflejen en textos legales sobre salud, educación y servicios sociales. Aquí es donde echo de menos el liderazgo de las fuerzas políticas que tradicionalmente lo han podido hacer por sus idearios, como son partido socialista e izquierda unida. Podemos ha venido a remover los cimientos de esta situación de desencanto consustancial con nuestras vidas, que se ha hecho insostenible, pero no podemos ni debemos esperar a las próximas elecciones.

He escrito en diversas ocasiones en este cuaderno de inteligencia digital sobre la realidad de la inmigración, del sinsentido de las vidas de estas personas del camión: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

Es probable que con una regeneración ética iniciada con carácter urgente y extraordinario, a través de una segunda transición, a nadie se le ocurra ya este tipo de traslados, que simbolizan el estado ético en quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones que lleven a alguna parte, sobre todo digna. No queda otro camino. Estas personas del camión, entre otras muchas, se lo merecen.

Sevilla, 6/XI/2014

(1) Santana, Txema (2014, 6 de noviembre). 23 inmigrantes, cinco horas aislados en una playa por sospechas de ébola. El País.com

Yo y tú, nosotros, nosotras…

DOS DIAS UNA NOCHE

La vida es una dialéctica permanente entre el yo y el nosotros, por no agravar el problema si desarrolláramos todos los pronombres posibles, integrando también a él y ella, vosotros y vosotras, ellos y ellas. Pero tenemos que enfrentarnos todos los días a esta situación al subir al escenario del gran teatro del mundo de cada uno, de cada una. Cuestión difícil, máxime cuando lo abordamos en la situación actual de crisis, donde aflora el miedo a lo desconocido todavía, desencadenando acciones que provienen de respuestas que elabora nuestro cerebro primitivo, reptiliano, al que afortunadamente rodean desde hace millones de años las nuevas estructuras cerebrales que nos identifican como personas.

Esta reflexión la hago después de haber integrado el mensaje de una película reciente, Dos días y una noche, que plantea un dilema muy cercano a nuestra realidad actual del yo y del nosotros. El argumento es complejo en sí mismo, porque una trabajadora, Sandra, ha sufrido una baja por depresión. Cuando se va a reincorporar al trabajo, conoce que sus compañeros han votado a favor de cobrar una paga extraordinaria a sabiendas de que ese dinero le pertenece a ella, porque si ellos la cobran, pierde definitivamente su trabajo, porque entre otras razones “no es productiva” y el trabajo que antes hacían 17 personas ahora lo pueden hacer dieciséis. De esta forma, ayudada en todo momento por su marido, dedica un fin de semana, el que da título a la película, a intentar convencer a sus compañeros de que reconsideren su decisión.

Carlos Boyero, en su crítica de esta película decía de forma acertada: “Este es el arranque de una película que reproduce tenebrosamente el aquí y ahora en una Europa masacrada por la crisis que propiciaron los grandes e impunes villanos. Habla de algo fundamental en medio de la desdicha personal llamado puesto de trabajo, de la tragedia que supone en un mercado sin salida que te despojen injustamente de él, de la solidaridad y de su ausencia entre trabajadores, de las sucias salvaciones cotidianas, de la asfixia económica que puede hacer aflorar la mezquindad, del sálvese quien pueda, del mantenimiento de la dignidad en circunstancias duras que exigen un precio alto”.

Creo que más allá de la dialéctica que enunciaba al principio de estas palabras, el problema habría que situarlo en él, ella y en ellos, ellas, sobre todo cuando se desplazan permanentemente responsabilidades sobre los demás, escondiendo la cabeza en actitud vergonzante cuando habría que dar la cara ante situaciones clamorosas. Cuando Él o Ella retratan perfectamente a organizaciones, Gobiernos, Administraciones, poderes públicos, políticos y responsables corruptos, porque todos no somos iguales. Es muy triste que se eche a pelear a la sociedad entre sí, a Sandra y a sus compañeros de trabajo, cuando las razones de tanta miseria actual están en personas sin escrúpulos, como estamos viendo a diario. Aunque a nivel doméstico, es bueno que veamos películas como ésta, porque al final todos estamos implicados en comprometernos de una forma u otra con el nosotros solidario, más allá de lo que nos afecta solo al yo y tú personal, el de todos y el de secreto.

Sevilla, 2/XI/2014

¿Por qué escribo?

VOCACION
William-Adolphe Bouguereau (1825-1905), Vocación

Es una pregunta a la que todavía no había dado respuesta, como a tantas preguntas de mi vida, sobre todo tres que superan con creces a ésta (Eclesiastés, 3, 1-22): ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

Escribir es una realidad más terrenal, pero tiene un misterio intrínseco a su razón de ser y existir, que deseo revelar en lo que me afecta personalmente. ¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

José Manuel Blecua, director de la RAE, ha dicho recientemente que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…

Sevilla, 30/X/2014

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

Sí me importa

He conocido el proyecto «Sí me importa» que impulsa Oxfam Intermón para promover la inversión pública en cooperación internacional (1), que aconsejo visitar en su portal web específico. Creo que hay que colaborar con este proyecto desde cualquier sitio que ocupemos en la sociedad y siempre he pensado que un blog puede ser un medio importante para reforzar estos proyectos solidarios y promover el movimiento celular que haga posible un tejido social crítico en situaciones como éstas. Esta es la razón de por qué afirmo rotundamente que sí me importa tratar estos asuntos en este cuaderno de inteligencia digital, como una forma de compromiso activo que intenta siempre explorar islas desconocidas: «hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima, su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar».

Hay muchas formas de colaborar con «Sí me importa» y una de ellas me ha parecido extraordinaria por su originalidad, por su proyección a través del arte, el cómic, el cine, el teatro o el arte contemporáneo. Desde este momento se puede visualizar ya este compromiso colectivo a través del cómic, en la siguiente dirección web: http://comicontour.ojoylapiz.com/webapp/, que culminará con una publicación de un libro en el mes de diciembre, que editará Astiberri: «El proyecto Viñetas de Vida se ha cocinado con todos esos ingredientes de la mano de los mejores artistas del cómic español. Acompañados de sus cuadernos de viaje, Miguel Gallardo, Sonia Pulido, Álvaro Ortiz, Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou (laGRUA), Paco Roca, David Rubín, Antonia Santolaya y Enrique Flores, viajaron a países de África, América Latina y Asia para conocer de primera mano proyectos de cooperación y a los millones de personas que se encuentran detrás. El resultado son 8 historias en viñetas que nos trasladan a Guatemala, Colombia, Nicaragua, República Dominicana, Marruecos, Mauritania, Burundi y Filipinas. […] Son relatos en viñetas contados desde la libertad y la creatividad de los autores y autoras, que muestran a personajes reales: hombres, mujeres y niños que, con el apoyo de la cooperación, son capaces de cambiar sus vidas y las de sus comunidades. Ante el panorama de los drásticos recortes que la ayuda oficial al desarrollo viene sufriendo desde el inicio de la crisis, ahora corre peligro».

Podemos llevar a cabo múltiples acciones solidarias para que el Gobierno central y los autonómicos sean sensibles con la cooperación internacional, incluso en tiempos de crisis, porque la situación es absolutamente desproporcionada. A lo que aquí llamamos pobreza, en otros lugares del mundo lo llaman desnutrición, muerte infantil, juvenil y de adultos, y desolación. El tiempo corre en contra de los más desheredados y es necesario tomar partido desde este momento, desde ese momento en que cada persona se muestra cercana a estas realidades no tan lejanas.

La historia de Miguel Gallardo, Aquí vive Dios, me ha sobrecogido especialmente, sobre todo porque ya tuve la oportunidad de conocer la impresionante sensibilidad de su persona de secreto en un cómic que guardo en el corazón, María y yo, sobre el que escribí en este blog en 2011, porque era una historia entrañable para personas preocupadas por la inteligencia colectiva y conectiva, por su capacidad para resolver problemas.

Sevilla, 28/X/2014

(1) Constenla, Tereixa (2014, 28 de octubre). El cómic de la conciencia. El País, p. 56.

La culpa de la crisis no la tiene la gente

Quién tiene la culpa si la paloma sueña ser águila
Quién tiene la culpa de que la flor se muera de espaldas
Quién tiene la culpa de la indiferencia que cierra los ojos para la decencia y los abre grandes a las apariencias

ESTRIBILLO
Ni yo ni usted ni el vecino, ni siquiera sus parientes, la culpa de todo esto, la tiene la gente (BIS)

De acuerdo con Groucho Marx, estamos alcanzando con nuestro único esfuerzo las más altas cotas de la miseria, viniendo la humanidad de la nada, pero es muy importante distinguir bien quién tiene la culpa de lo que está sucediendo alrededor de la crisis generalizada o miseria obscena que nos rodea y quiénes son los culpables directos de la misma, porque todos no somos iguales, ni somos partícipes de la misma forma en lo que está ocurriendo. Estamos en un momento muy delicado como para seguir aceptando que la culpa no está identificada, porque no es así.

Las personas de mi generación, que ya ha superado con creces los sesenta años, hemos crecido con un capítulo de culpas en nuestras espaldas, con nuestro único esfuerzo, según Groucho de nuevo, muy alentado por las tesis creacionistas que alentaron el pecado original como la causa de todos los males actuales, aunque siga defendiendo que el primer problema que desató la culpa en el ser humano no fue la manzana del paraíso sino la soledad humana, cuando el primer hombre y la primera mujer decidieron cambiarse de sitio y comunicarse con los demás, dándonos cuenta que convivir es difícil como lo ha demostrado la democracia, afortunadamente, durante tantos siglos, dando vida diaria a los capítulos de culpa de cada uno y de todos en general: “Adán y Eva… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo. Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso” (1).

No hace falta ser Einstein para identificar los culpables actuales de lo que está ocurriendo en el mundo abierto que crearon nuestros antepasados hace millones de años. Son los que han organizado la respuesta a la soledad de los viajes humanos mediante cualquier capital, ofreciendo a precio de préstamo los placeres de la vida, alejándonos del esfuerzo y de la educación ante la adversidad, porque al final, dicen, todo se puede comprar con dinero, incluso a plazos que cuestan la misma vida cumplirlos. Es fácil entonces poner nombres y apellidos a los culpables de lo que está ocurriendo con la crisis actual, en torno siempre al capital: personas y sociedades mercantiles, bancos y cajas, Gobiernos y Partidos de aquí y allá, de derechas e izquierdas, empresarios sin escrúpulos, proteccionistas de la economía sumergida, expertos en silencios cómplices, porque poderoso caballero es don dinero, porque de todo hay en el Paraíso del Señor, al que se lanzaron desenfrenadamente nuestros primeros padres, según los creacionistas y así les fue, teniendo que salir de él con lo puesto. Los que profesamos fe en la evolución, también nos encontramos con que algunos inician de la misma forma este viaje hacia ninguna parte, empeñados en encontrar siempre El Dorado de nuestras vidas, no respetando para nada lo que dice la ciencia: que desde África se emprendió otro viaje apasionante de creación de la humanidad actual, abandonando aquellos antropoides sus usos y costumbres personales y familiares de toda la vida, donde queremos volver muchas veces desesperadamente, en gritos ecológicos de vida lenta y alternativos a las costumbres tan arraigadas en la sociedad actual de consumo a cualquier precio, de conversión mundial a la mercancía.

Me niego a admitir que todos somos iguales respecto de la culpa original de lo que está ocurriendo. Tenemos un origen común, sin lugar a dudas, una condición humana que compartimos, probablemente complicada y compleja, pero muchas personas, millones, no son culpables de nada, porque a esa señora, la culpa, nunca se la han presentado, ni se han quedado con su cara, no la conocen. Unos pocos, vinculados casi siempre a los fondos de inversión y que caben en un taxi, deciden hoy, en este momento, en un piso de cualquier rascacielos de Manhattan, cómo se reparte hoy la miseria del mundo y la respuesta es pulsar un botón para distribuirla, nada más. Esa acción no está al alcance de cualquiera y la mayoría silenciosa o ruidosa mundial no acaba de entender nunca por qué viniendo de donde venimos, ya sean creacionistas o evolucionistas, estamos alcanzando la más alta cota de la miseria actual. Y lo que es peor, con el solo esfuerzo de algunos que han demostrado hasta la saciedad que no son inocentes.

Sevilla, 26/X/2014

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (2011). ¿Por qué existe el mal?: http://www.joseantoniocobena.com/?p=2151

Diccionario urgente para construir un país diferente

BARBARISMOS

La semana pasada se publicó el nuevo Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), en su 23ª edición, que califico como acontecimiento no inocente dado que los diccionarios no lo son, porque intentan dar respuesta a palabras actuales en contextos muy diferentes, dando como resultado muchas situaciones de forma desigual cuando intentamos describirlas con palabras (dicciones) aparentemente neutrales. También se ha publicado en estos días un “diccionario” alternativo al citado anteriormente, que lleva por nombre Barbarismos y cuyo autor es el escritor argentino Andrés Neuman. Su propuesta es “…una puesta al día de acepciones de medio millar de palabras adaptadas a la realidad palpitante, no como entes solos, sino conectados con el individuo y la historia”, porque “En el mundo de Andrés Neuman, las personas tienen una piel y una armadura hecha de palabras. Parte del ADN de los habitantes de ese mundo son esas mismas palabras que, como organismos vivos, tienen una memoria que les otorga una perpetua naturaleza mutante que sirve no solo para señalar las cosas, sino, sobre todo, para entenderlas y ver su evolución” (1).

Me ha parecido muy sugerente la propuesta de El País, de invitar a veinte escritores para que propusieran acepciones diferentes a las usuales del DRAE, al igual que las de Barbarismos, para hacer un diccionario actualizado de la vida, por lo que he considerado oportuno hacer una operación rescate de las acepciones que utilizo normalmente para abordar respuestas a situaciones urgentes de este país. Tarea nada fácil, pero sugerente, sin tener que calificar necesariamente estas nuevas acepciones como barbarismos. Nada más lejos de mi intención…, no inocente por cierto, fundamentalmente porque he seleccionado solo diez para configurar la primera página a título de prólogo imaginario de un hipotético diccionario urgente para un país diferente:

Dignidad. 1 Cualidad prehistórica en desuso por muchas instancias oficiales y particulares en el mundo actual, que se busca normalmente con linterna, casi siempre vinculada como en el siglo XVIII a la Iglesia, a la Corte y a la idea del hombre frente a la mujer, como lo traduce el ejemplo en relación con la utilización que hace Fernando de Rojas, en Calixto y Melibea, en boca de Sempronio, el criado de Calixto: “…Sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca mujer”, aceptando el lema digno como correspondiente, proporcionado, conforme al mérito y dignidad del sujeto, referido fundamentalmente a acciones beneméritas o acreedoras de algún honor, recompensa o alabanza, con ejemplos muy vinculados a méritos a la realeza o a la prohombres de la Iglesia o a hombres de la sociedad renacentista. // 2 Lo más próximo o lejano para muchas personas (según se mire…) de la seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras.

Ética. 1 Suelo firme que debe justificar todos los actos humanos. // 2 Solería de la vida, que no se vende todavía en el polvero de mercado. // 3 Conducta que se refiere solo a la obra que escribió un día Aristóteles con ese título, de imposible cumplimiento para muchos hoy día, fundamentalmente por su antigüedad. 4 Arte de detenerse en las propias contradicciones. (A. Neuman). // 5 Moral sin púlpito. (A. Neuman).

Honestidad. 1. Señora muy seria en la que se convierten las personas exquisitas del lugar. 2 Palabra secuestrada por instancias de Gobierno, Políticas y, a veces, por la Iglesia oficial. // 3 Forma de presumir las carencias propias de su género. // 3 Espectáculo inverso cuando falta, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, que traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma, que no es honesta.

Mercancía. 1 En lo que se convierte todo ser humano cuando pierde la toma de conciencia de sus derechos y deberes. // 2 Elemento social y económico en guerra abierta con los derechos y deberes humanos. 3. Entiéndase como elemento consustancial para quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, del que defiende normalmente las mercancía en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Por ejemplo, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra (Cfr. Ética) en las vidas de los que los diseñan.

Palabra. 1 Conjunto de signos que cada vez simbolizan menos. // 2 Algo residual que les queda a algunos si han perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiran, como un anillo, al agua (Blas de Otero). // También, dícese de lo que le queda a algunos si han sufrido la sed, el hambre, todo lo que era propio y resultó ser nada, incluso si han segado las sombras en silencio; si abren los labios para ver el rostro puro y terrible de nuestra patria hoy, incluso hasta desgarrárselos.

Persona. 1 Palabra destrozada por el vocabulario actual de objetos. // 2 Ciudadano que suele aparecer como tal en etapa de elecciones. // 3 Vocablo que solo se entiende su contenido cuando se habla de VIPs en el mercado mundial. // 4 Ser que se olvida en el mayor espectáculo del mundo de las mercancías, de la economía de mercado.

Picaresca. 1 Arte de eludir responsabilidades de todo cuño. // 2 Escenario habitual en tertulias y compromisos fiscales, teniendo como protagonistas a personas “listas” (los demás, personas cumplidoras, son los “tontos” del lugar). // 3. Actitud del que se burla permanentemente de las personas honestas.

Responsabilidad. 1 Capacidad de dar respuestas a través de la inteligencia y la libertad para actuar en consecuencia, siempre que haya preguntas adecuadas. // 2 En sentido figurado, autoridad y si es militar, mejor, por supuesto. // Cuestión que por definición solo afecta a los demás.

Valores. 1 Creencias que se pierden diariamente y de las que todo el mundo comenta la urgencia de su rescate, pero “a mí que no me llamen”. // 2 Creencias que cada día cotizan más en el mercado de las mercancías.

Vicio. 1 Virtud pública y oscura de personas “listas” que es censurada por todos los que las “sufren” a diario. // 2 Actividad privada de determinadas personas que se suele rentabilizar como virtud pública, hasta que un día las descubren (entiéndase como un ejemplo claro el de las tarjetas «black» de Caja Madrid). // 3. Es probable que el conocimiento nos permita comprender que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

En este caso, cualquier parecido de estas palabras con lo que significan en la nueva versión del Diccionario “oficial” de la Real Academia Española, no debería solo ser pura coincidencia. Es probable que me convierta a partir de ahora en consultor asiduo de la Fundación del Español Urgente, para estar cerca de las recomendaciones diarias y respuestas a las consultas que reciben, porque necesitamos estar muy presentes en la vida ordinaria de las palabras que utilizamos, escribimos y… vivimos, quedándonos finalmente con ellas, configurando de esta forma un diccionario actualizado que nos ayude a comprender y construir nuestra complicada vida y la del país en general.

Sevilla, 20/X/2014

(1) Manrique Sabogal, Winston (2014, 18 de octubre). Diccionario alternativo sin la RAE. El País, Babelia, 10s.

Si puedes…

Hoy he recordado un poema precioso de Rudyard Kipling, Si, que sigue siendo un exponente claro de la dialéctica de la vida, en la clave que aprendí también hace ya muchos años de Pascal: diversión o compromiso en la vida personal e intransferible, porque… esa es la cuestión. Y siempre he optado por l´engagement (el compromiso), tal y como se conocía históricamente en su correcto francés. Es importante volver a leer ese poema completo para comprender bien que en la vida hay tiempo de todo, viviendo con el espíritu finalista del Eclesiastés, aunque hay preguntas transcendentales que difícilmente tienen respuesta lógica: agregar años sin fin a la vida, diferenciarse de los animales al morir, porque somos polvo, y la soledad porque no hay acompañamiento posible para conocer lo que hay después de la vida. Es decir, preguntas y problemas sin respuesta: “Paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy se debaten en guerras fratricidas: el Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna” (1). Por eso es importante releer una y mil veces a Kipling y situarse en cualquiera de sus condicionales.

Hoy he elegido uno en concreto, porque traduce muy bien esa dialéctica, más cuando la has vivido personalmente:

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Sueños, pensamientos, sentimientos, Triunfo y Desastre, la verdad, manipulación, destrucción, volver a empezar, ave fénix, etc., son elementos que nos acompañan en muchos momentos de la dialéctica de la vida, porque es la marca del “natural” humano, que decía un querido profesor mío, la condición humana de Camus, sobre todo porque la gracia nunca puede presuponer lo que la naturaleza no da, que en latín suena maravillosamente: gratia non datur, natura dispensatur.

SI
Edición de Si por Doubleday Page and Company, Garden City, New York, 1910.

Kipling finaliza el análisis de todos sus condicionales con un presagio hermoso, sobre todo cuando lo vives así como ejemplo para cualquier hijo de los que en este mundo han sido (y serán), en una carrera desenfrenada a veces, buscando siempre la felicidad en un viaje hacia alguna parte, aunque la dialéctica de la vida de cada uno, de cada una, siga agregando momentos mágicos, irrepetibles, sabiendo que el tiempo huye siempre con un condicional implacable que nos recuerda todos los días que hay que vivirlo, no solo pasarlo…:

Si puedes llenar el implacable minuto,
con diligente labor por valor de sesenta segundos

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!

Sevilla, 18/X/2014

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=4

Parábola del ébola

RIO EBOLA
Río Ébola, República Democrática del Congo

Llevamos unos días centrados en la realidad del ébola en España, mucho más cerca de nuestras vidas que cuando nos lo contaban a través de los medios de comunicación desde Sierra Leona o Liberia. A esta realidad se suma ahora un estado de opinión individual y social lastrado por la corrupción en muchos frentes, que no permiten levantar cabeza a este país. ¿Qué hacer, en aquella clave leninista revolucionaria que aprendimos en años difíciles de este complejo territorio español? No es fácil abordar respuestas de manual a estos momentos de crisis, cual bálsamo de Fierabrás, pero he recordado una forma de entender estas situaciones a través de un género literario, la parábola, que hace ya muchos años me dejó una marca indeleble en mi vida, en mi persona de secreto. Antonio Machado, ya recurrió a ellas en tiempos revueltos de este país:

Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón.
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.

Porque el problema radica en buscar y encontrar la verdad de lo que está sucediendo, nada más, que es la que nos libera. Es probable que todo se deba a lo que un día Jesús de Nazareth, tal y como me lo contaron en clase, en clave de parábola, intentaba explicar a sus compañeros de viaje: “Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden”. Me impresionó mucho unas imágenes que vi hace ya unas semanas en televisión donde aparcaban una furgoneta frente a un hospital de Sierra Leona, si mal no recuerdo, y allí se bajaban como podían, como si fueran fardos, enfermos de ébola en fase terminal, adultos y niños, sin que nadie más los atendieran porque el hospital que los podía salvar estaba cerrado. Habían muerto también todos los profesionales que lo dirigían. Y otros lugareños asistían como testigos mudos a esta clamorosa situación de abandono.

Lo que está sucediendo en este país en torno al virus del ébola es una llamada de atención a la sociedad en general, de que necesitamos reforzar la solidaridad mundial y la respuesta necesaria ante una enfermedad que aparentemente estaba lejos, pero que ya está más cerca, muy cerca, porque siguiendo con las parábolas de Jesús de Nazareth, la situación actual estriba en que estamos embotados desde hace años: “Escucharéis bien, pero no entenderéis, miraréis bien, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hechos duros sus oídos, y sus ojos se han cerrado; no sea que vean con sus ojos, y con sus oídos oigan, y con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los cure”. A lo que él tenía una respuesta clara, porque la situación ha cambiado en el mundo actual, si sabemos entenderlo: “¡Dichosos, pues, vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!”. Los ojos y los oídos de la ciencia, de profesionales excelentes, junto a la generosidad de organizaciones gubernamentales, sobre todo, están dando ya respuesta a la realidad del ébola.

Comprendo mejor que nunca a Machado: la verdad del ébola ya la vamos teniendo en nuestra razón, en nuestro corazón, en nuestras manos, si sabemos buscarla. Es probable que necesitemos completar esta búsqueda con otra parábola suya, recordando con él que una vez, un marinero hizo un jardín junto al mar, y se metió a jardinero. Cuando estaba el jardín en flor, el jardinero se fue por esos mares de Dios, un Dios que según su parábola todos llevamos, todos hacemos, todos buscamos y que en muchos casos nunca encontraremos, porque “la verdad es la esperanza”, por mucho que a la razón humana, tan sabia ella, le cueste reconocerlo.

Sevilla, 17/X/2014