Diccionario urgente para construir un país diferente

BARBARISMOS

La semana pasada se publicó el nuevo Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), en su 23ª edición, que califico como acontecimiento no inocente dado que los diccionarios no lo son, porque intentan dar respuesta a palabras actuales en contextos muy diferentes, dando como resultado muchas situaciones de forma desigual cuando intentamos describirlas con palabras (dicciones) aparentemente neutrales. También se ha publicado en estos días un “diccionario” alternativo al citado anteriormente, que lleva por nombre Barbarismos y cuyo autor es el escritor argentino Andrés Neuman. Su propuesta es “…una puesta al día de acepciones de medio millar de palabras adaptadas a la realidad palpitante, no como entes solos, sino conectados con el individuo y la historia”, porque “En el mundo de Andrés Neuman, las personas tienen una piel y una armadura hecha de palabras. Parte del ADN de los habitantes de ese mundo son esas mismas palabras que, como organismos vivos, tienen una memoria que les otorga una perpetua naturaleza mutante que sirve no solo para señalar las cosas, sino, sobre todo, para entenderlas y ver su evolución” (1).

Me ha parecido muy sugerente la propuesta de El País, de invitar a veinte escritores para que propusieran acepciones diferentes a las usuales del DRAE, al igual que las de Barbarismos, para hacer un diccionario actualizado de la vida, por lo que he considerado oportuno hacer una operación rescate de las acepciones que utilizo normalmente para abordar respuestas a situaciones urgentes de este país. Tarea nada fácil, pero sugerente, sin tener que calificar necesariamente estas nuevas acepciones como barbarismos. Nada más lejos de mi intención…, no inocente por cierto, fundamentalmente porque he seleccionado solo diez para configurar la primera página a título de prólogo imaginario de un hipotético diccionario urgente para un país diferente:

Dignidad. 1 Cualidad prehistórica en desuso por muchas instancias oficiales y particulares en el mundo actual, que se busca normalmente con linterna, casi siempre vinculada como en el siglo XVIII a la Iglesia, a la Corte y a la idea del hombre frente a la mujer, como lo traduce el ejemplo en relación con la utilización que hace Fernando de Rojas, en Calixto y Melibea, en boca de Sempronio, el criado de Calixto: “…Sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca mujer”, aceptando el lema digno como correspondiente, proporcionado, conforme al mérito y dignidad del sujeto, referido fundamentalmente a acciones beneméritas o acreedoras de algún honor, recompensa o alabanza, con ejemplos muy vinculados a méritos a la realeza o a la prohombres de la Iglesia o a hombres de la sociedad renacentista. // 2 Lo más próximo o lejano para muchas personas (según se mire…) de la seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras.

Ética. 1 Suelo firme que debe justificar todos los actos humanos. // 2 Solería de la vida, que no se vende todavía en el polvero de mercado. // 3 Conducta que se refiere solo a la obra que escribió un día Aristóteles con ese título, de imposible cumplimiento para muchos hoy día, fundamentalmente por su antigüedad. 4 Arte de detenerse en las propias contradicciones. (A. Neuman). // 5 Moral sin púlpito. (A. Neuman).

Honestidad. 1. Señora muy seria en la que se convierten las personas exquisitas del lugar. 2 Palabra secuestrada por instancias de Gobierno, Políticas y, a veces, por la Iglesia oficial. // 3 Forma de presumir las carencias propias de su género. // 3 Espectáculo inverso cuando falta, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, que traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma, que no es honesta.

Mercancía. 1 En lo que se convierte todo ser humano cuando pierde la toma de conciencia de sus derechos y deberes. // 2 Elemento social y económico en guerra abierta con los derechos y deberes humanos. 3. Entiéndase como elemento consustancial para quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, del que defiende normalmente las mercancía en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Por ejemplo, no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra (Cfr. Ética) en las vidas de los que los diseñan.

Palabra. 1 Conjunto de signos que cada vez simbolizan menos. // 2 Algo residual que les queda a algunos si han perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiran, como un anillo, al agua (Blas de Otero). // También, dícese de lo que le queda a algunos si han sufrido la sed, el hambre, todo lo que era propio y resultó ser nada, incluso si han segado las sombras en silencio; si abren los labios para ver el rostro puro y terrible de nuestra patria hoy, incluso hasta desgarrárselos.

Persona. 1 Palabra destrozada por el vocabulario actual de objetos. // 2 Ciudadano que suele aparecer como tal en etapa de elecciones. // 3 Vocablo que solo se entiende su contenido cuando se habla de VIPs en el mercado mundial. // 4 Ser que se olvida en el mayor espectáculo del mundo de las mercancías, de la economía de mercado.

Picaresca. 1 Arte de eludir responsabilidades de todo cuño. // 2 Escenario habitual en tertulias y compromisos fiscales, teniendo como protagonistas a personas “listas” (los demás, personas cumplidoras, son los “tontos” del lugar). // 3. Actitud del que se burla permanentemente de las personas honestas.

Responsabilidad. 1 Capacidad de dar respuestas a través de la inteligencia y la libertad para actuar en consecuencia, siempre que haya preguntas adecuadas. // 2 En sentido figurado, autoridad y si es militar, mejor, por supuesto. // Cuestión que por definición solo afecta a los demás.

Valores. 1 Creencias que se pierden diariamente y de las que todo el mundo comenta la urgencia de su rescate, pero “a mí que no me llamen”. // 2 Creencias que cada día cotizan más en el mercado de las mercancías.

Vicio. 1 Virtud pública y oscura de personas “listas” que es censurada por todos los que las “sufren” a diario. // 2 Actividad privada de determinadas personas que se suele rentabilizar como virtud pública, hasta que un día las descubren (entiéndase como un ejemplo claro el de las tarjetas “black” de Caja Madrid). // 3. Es probable que el conocimiento nos permita comprender que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

En este caso, cualquier parecido de estas palabras con lo que significan en la nueva versión del Diccionario “oficial” de la Real Academia Española, no debería solo ser pura coincidencia. Es probable que me convierta a partir de ahora en consultor asiduo de la Fundación del Español Urgente, para estar cerca de las recomendaciones diarias y respuestas a las consultas que reciben, porque necesitamos estar muy presentes en la vida ordinaria de las palabras que utilizamos, escribimos y… vivimos, quedándonos finalmente con ellas, configurando de esta forma un diccionario actualizado que nos ayude a comprender y construir nuestra complicada vida y la del país en general.

Sevilla, 20/X/2014

(1) Manrique Sabogal, Winston (2014, 18 de octubre). Diccionario alternativo sin la RAE. El País, Babelia, 10s.

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